El hipoclorito de sodio (NaOCl) es uno de los irrigantes más utilizados en endodoncia por su potente acción antimicrobiana y su capacidad para disolver tejido orgánico, tejido necrótico y restos de la instrumentación.
Sin embargo, su alcalinidad, sus propiedades oxidantes y hemolíticas y su potencial citotóxico obligan a emplearlo dentro de un protocolo riguroso. Una extrusión inadvertida a través del foramen apical, una perforación o una alteración anatómica pueden provocar un accidente con hipoclorito de sodio, con dolor intenso, edema, hemorragia, hematoma facial, necrosis tisular, parestesia e incluso compromiso de la vía aérea.

Importancia del hipoclorito de sodio en endodoncia
En la terapia endodóntica, el hipoclorito de sodio (NaOCl) es uno de los compuestos más comúnmente utilizados para este fin debido a sus potentes propiedades antimicrobianas y su capacidad para disolver tejido necrosado y restos orgánicos.
El objetivo de cualquier procedimiento de terapia endodóntica es prevenir infecciones secundarias o la aparición de lesiones en la raíz.
El NaOCl, utilizado en concentraciones entre 0.5 y 5.25%, es el irrigante estándar debido a su efectividad y bajo costo (3).
El NaOCl es un desinfectante comúnmente utilizado en odontología por ser altamente efectivo como agente antimicrobiano, esto lo vuelve indispensable para el resultado exitoso de los tratamientos endodónticos; sin embargo, si no se utiliza adecuadamente puede ocasionar accidentes significativos, como lesiones graves o daños en las estructuras.
Este irrigante es una sal formada por ácido hipocloroso (HOCl) e hidróxido de sodio (NaOH), usado como primera elección en los tratamientos de conductos radiculares, por sus propiedades antimicrobiana, antimicótica y antiviral, incluyendo el virus de la inmunodeficiencia humana y posee una acción residual que se puede extender hasta 72 horas.
Comparado con la clorhexidina en gel, tiene mejores propiedades antimicrobianas, disolución de tejidos y remoción de detritos en la porción más apical del conducto radicular.
Desde 1941, el hipoclorito de sodio viene siendo utilizado, en múltiples concentraciones, como solución irrigante primaria en tratamientos de endodoncia, por delante de otros como la clorhexidina.
Es ampliamente utilizado por eliminar tejido orgánico, tanto vital como necrótico.
Adicionalmente, su alto nivel de penetración en el sistema de conductos conferido por su baja tensión superficial, lo hace efectivo al alcanzar zonas anatómicas de difícil acceso en la instrumentación.
Concentración, composición y mecanismos de acción
El hipoclorito de sodio tiene una gran capacidad antimicrobiana y de disolución de tejidos, empleándose en concentraciones del 0.5% al 5.25%.
El NaOCl resulta indispensable en los tratamientos de conducto debido a su capacidad para desinfectar áreas donde la instrumentación puede no ser suficiente, especialmente en las zonas más profundas de los conductos radiculares.
Este irrigante de primera elección destaca por sus propiedades antimicrobianas y su capacidad para disolver tejidos; sin embargo, su alto potencial de disolución no se limita solo al tejido necrótico, por lo que puede dañar tejido vital.
Se han reportado daños en el ligamento periodontal al usarlo, incluso a bajas concentraciones (3).
Los principales mecanismos de acción del NaOCl incluyen la saponificación, la oxidación y la cloraminación.
La saponificación implica la acción del hipoclorito como solvente orgánico, degradando las grasas en glicerina y jabón (sales de ácidos grasos); esta acción facilita la limpieza de los conductos radiculares al descomponer los componentes grasos de los residuos orgánicos.
Por otro lado, la oxidación del hipoclorito transforma los aminoácidos en aldehídos, modificando las proteínas bacterianas y del tejido, alterando su estructura y función, lo que contribuye a la eliminación de los microorganismos presentes en el conducto.
El uso del hipoclorito se masifica antes que surgieran los antibióticos cuando no existían muchas posibilidades de combatir los microorganismos, y aún persiste su empleo a pesar del gran avance de la medicina antibiótica - en 1928 Alexander Fleming descubre la penicilina- y de los efectos deletéreos que ha causado en tejidos vivos.
| Característica | Importancia clínica |
|---|---|
| Concentración | 0.5% al 5.25% |
| pH | 11-12,5 |
| Acción principal | Desinfección y disolución de tejido orgánico |
| Mecanismos | Saponificación, oxidación y cloraminación |
| Riesgo | Citotoxicidad, hemólisis, edema y necrosis tisular |
Como agente irrigante, el NaOCl continúa siendo la primera elección; su concentración varía entre 0,5 % hasta 6 %, siendo la del 5,25 % la concentración más empleada por su gran potencial y rapidez en la disolución del tejido orgánico, pero a su vez, mayor citotoxicidad.
Algunos clínicos no recomiendan esta concentración por su efecto irritante sobre los tejidos periapicales, sin embargo, utilizarlo al 0,5 %, no es suficiente para actuar sobre algunos microorganismos como el Staphylococcus aureus.
Es usado en diversas concentraciones que varían entre 2.6 y 5.25; a mayor concentración es mayor su capacidad de disolver tejidos, a su vez, está demostrado que a una concentración mayor de 0,5% tiene capacidad citotóxica.
A 1% ya posee efecto antimicrobial y puede disolver tejido orgánico, pero en el tratamiento de conductos se usan concentraciones mayores que potencian los riesgos.
Una revisión sistemática analizó 20 artículos publicados entre 2020-2025.
El NaOCl al 2.5% mostró menor toxicidad que concentraciones superiores.
Por qué puede producir daño tisular
Su manejo cuidadoso es crucial debido a su alcalinidad y propiedades irritantes.
Posee un pH de 11-12,5, siendo una solución alcalina y muy irritante debido a sus propiedades oxidantes y hemolíticas (3).
Cuando entra en contacto con los tejidos circundantes del diente como mucosas, hueso alveolar, cemento radicular y ligamento radicular, los oxida rápidamente, causando ulceraciones, hemólisis y destrucción de células del epitelio, fibroblastos y neutrófilos, que son la primera línea de defensa del organismo (4).
Su propiedad hemolítica, además de sus efectos oxidantes sobre las proteínas, aumenta la permeabilidad vascular, causando edema y sangrado abundante en el canal radicular (3).
Entre las desventajas más importantes es que tiene un alto poder de toxicidad si entra en contacto con los tejidos blandos, causando primero una inflamación aguda que finalmente resulta en necrosis, excepto en epitelios altamente queratinizados.
El efecto final a altas concentraciones (5,25%) es hemolisis de los tejidos orgánicos debido a su Ph entre 11 y 12.5 lo cual causa efectos oxidativos a nivel de las proteínas, hidrolisis y un efecto osmóticamente activo.
A nivel vascular aumenta la permeabilidad de los vasos probablemente debido al daño en sus paredes o por la liberación de mediadores químicos como la histamina; estos efectos producen edema y usualmente un sangrado profuso a través del canal radicular, cuando el NaOCl no es usado adecuadamente por el clínico.
La extrusión hacia tejidos periapicales puede causar complicaciones severas: inflamación, necrosis tisular, hematomas faciales, parestesia y compromiso de vía aérea.
Qué es un accidente con hipoclorito de sodio
Una imprevista extravasación de hipoclorito por el foramen apical y/o una perforación inadvertida puede causar daño tisular significativo y sintomatología importante, conocido como “Accidente con hipoclorito de sodio”.
El paso de hipoclorito de sodio hacia los tejidos periapicales es una situación indeseable para el especialista, pues el daño puede comprometer incluso, la salud general del paciente.
Los accidentes con hipoclorito de sodio se presentan muy poco si se tiene en cuenta el número de casos tratados por endodoncia.
La extrusión de hipoclorito de sodio durante la irrigación endodóntica representa una complicación iatrogénica infrecuente, aunque potencialmente severa, por su capacidad de inducir daño tisular agudo.
El daño se relaciona con citotoxicidad, necrosis química, hemólisis e inflamación aguda, mientras que los principales factores predisponentes fueron la presión excesiva de irrigación, errores en la longitud de trabajo, perforaciones y variaciones anatómicas apicales.
Cómo ocurre la extrusión durante la irrigación
Durante la terapia endodóntica, el irrigante puede ser extruido a través del foramen apical debido al aumento de la presión positiva cuando la aguja no alcanza la longitud de trabajo, por lo que queda atascada en el canal y no existe reflujo hacia la cámara.
Suele ocurrir en dientes con longitudes radiculares largas y con algún grado de reabsorción apical relacionada con enfermedades que afectan el periápice.
Paradójicamente, estas mismas ventajas, (pH alcalino, su capacidad de actuar por contacto, disolución de tejidos y su baja tensión superficial), obligan al operador a manipularlo dentro de un esquema riguroso que evite este tipo de eventos adversos como el sobrepaso más allá del foramen, lo que garantiza la seguridad e integridad del paciente.
La presión de irrigación, la longitud de trabajo, el diámetro apical, la anatomía radicular, el diseño de la aguja y la posibilidad de reflujo influyen en la seguridad del procedimiento.
Silva y otros, sugieren que las agujas con punta de doble salida lateral llevan menos deshechos hacia el ápice comparadas con las agujas con salida única en el extremo.
Lo anterior sugiere que la presión ejercida en el embolo por el operador empleando agujas de salida lateral, es menor a la presión requerida para agujas con salida en la punta, lo que reduce la posibilidad de extrusión del irrigante a través del ápice.
La selección del diámetro de la aguja y de la jeringa influye sobre la seguridad con que será ejecutado este paso del tratamiento.
Chang y otros realizaron un estudio in vitro donde informaron que además del tipo de salida de la aguja, la selección de la jeringa determina la cantidad de irrigante que se lleva al ápice.
Adicionalmente, también interfiere la longitud radicular y la forma del canal en la porción apical.
En el tercio apical de canales ovales, la ocurrencia de sobrepaso es menor, lo que indica que hay espacio suficiente para el reflujo del irrigante.
Con la irrigación manual convencional, se llevan más deshechos e irrigante comparado con la irrigación utilizando jeringa con cuerpo de bomba.
Activación del hipoclorito con EndoActivator
La activación del hipoclorito de sodio es un paso clave para el éxito del tratamiento de conducto si se toman las precauciones necesarias.
Para la activación de hipoclorito existen mecanismos sónicos y ultrasónicos.
El mecanismo sónico actúa empleando ciclos vibratorios bajos que crean extensiones mayores si lo comparan con el mecanismo ultrasónico.
Estas extensiones evitan la desfiguración y desgarramiento de las paredes del conducto (11).
En el tratamiento endodóntico examinado, se empleó un endoactivador para la activación del hipoclorito de sodio, una técnica clave para mejorar la eficacia del irrigante.
El endoactivador es un dispositivo sónico que genera vibraciones dentro del conducto radicular, optimizando la limpieza y la desinfección al facilitar la penetración del hipoclorito en áreas difíciles de alcanzar.
La activación mejora la distribución y el intercambio del irrigante, pero no elimina el riesgo de extrusión cuando existen alteraciones anatómicas o se aplica una presión excesiva.
Factores anatómicos y clínicos de riesgo
El conocimiento de los factores causantes del accidente con hipoclorito de sodio durante la irrigación son un punto clave para prevenir este suceso: la identificación de la anatomía radicular y los posibles cambios que se pueden observar por enfermedades que modifican el tercio apical, forma del conducto para selección de largo, tipo de salida y calibre de la aguja, selección de la jeringa y longitud a la que debe hacerse la irrigación.
Los expertos también señalan que se debe trabajar desde el comienzo con el apoyo de exámenes complementarios como las radiografías para detectar, en caso de que existan, alteraciones en la anatomía y morfología de raíces y conductos, para realizar un diagnóstico certero y comprobar la extensión del acceso en la apertura e instrumentación, previniendo errores como formación de escalones o perforaciones (10).
De poder acceder a ellos, se debe priorizar el uso de tecnología avanzada como Tomografías Computarizadas o sistemas rotatorios, ya que serían eficaces para disminuir los errores durante el procedimiento.
La evaluación preoperatoria con tomografía computarizada de haz cónico permite identificar defectos anatómicos que aumentan riesgo de extrusión.
Un factor crucial en este contexto fue la ausencia de estudios radiográficos y otros exámenes complementarios antes de la intervención.
La falta de estas evaluaciones previas impidió la detección temprana del fallo óseo de la tabla cortical externa del paciente, lo que podría haber prevenido el accidente.
Este hallazgo resalta la importancia de implementar medidas de diagnóstico exhaustivas y la utilización de tecnología avanzada en el ámbito de la salud pública, para reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la seguridad del paciente durante los procedimientos endodónticos.
Manifestaciones clínicas del accidente
Los autores Khandelwal A & Ajitha P (9) describen que la aparición temprana de sintomatología y signos clínicos son características de un accidente con hipoclorito de sodio.
Se manifiesta en los pacientes un dolor grave, una inflamación de comienzo agudo que se distribuye de forma extendida, incluso sobrepasando el área de la pieza afectada dentro y fuera de la cavidad oral, pudiendo llegar hasta la zona orbitaria del mismo lado, ocasionando un hematoma facial extenso, daño sensorial o motor y trismo.
También puede aparecer coloración en glóbulos oculares en la córnea, dolor y visión nublada, asociados a accidentes con hipoclorito durante el tratamiento en incisivos centrales y caninos maxilares (9).
Los signos y síntomas relatados en la literatura van desde la quemadura química por contacto directo o por vapores que pueden generar ulceraciones en la córnea del ojo, hasta una reacción anafiláctica.
Usualmente estos signos y síntomas varían mucho dependiendo del grado de compromiso facial y de la severidad del cuadro, y de lo inmediato o tardío de la reacción.
Generalmente el paciente experimenta Inicialmente dolor severo, o sensación de ardor, edema y hemorragia que puede ser profusa por hemolisis a través del canal radicular o vascular visible a través de hematomas, en los tejidos blandos adyacentes a la pieza tratada.
Estos signos también pueden durar según lo intensidad y la prontitud de la terapia instaurada.
Dependiendo del contacto puede generar necrosis de tejidos blandos dejando úlceras y alteraciones nerviosas como parestesia, anestesia temporal o permanente y en raros casos hiperestesia.
La resolución ha sido variable en los casos reportados en la literatura desde pocos días o semanas hasta daños permanentes dependiendo del compromiso nervioso.
También se ha reportado extrusión de hipoclorito al seno maxilar y al conducto dentario inferior.
En casos de ingestión de hipoclorito, este podría producir obstrucción de la vía aérea.
También en algunos casos se ha visto infección secundaria, ya que inhibe la migración de neutrófilos y produce daño a nivel endotelial y de tejido conectivo.
Diferencias entre extrusión, hematoma, anafilaxia y enfisema
El diagnóstico se basa en la inspección clínica, cuando el paciente tiene un antecedente de alergia a una sustancia conocida; generalmente los primeros síntomas son cutáneos y respiratorios, e incluyen enrojecimiento facial, urticaria, broncoespasmo, hipotensión, edema laríngeo, entre otros.
También hay que diferenciar la anafilaxis con un hematoma y un edema angioneurótico, aunque la anafilaxis tiene un cuadro más severo en las manifestaciones cardiorrespiratorias.
Adicionalmente debemos diferenciar la anafilaxis con ataque agudo de asma, obstrucción de la vía aérea por cuerpo extraño, embolismo pulmonar, pérdida de la conciencia; reacción vasovagal, ataque epiléptico, infarto agudo de miocardio y arritmias.
La condición clínica que representa una mayor similitud con la anafilaxis es el enfisema subcutáneo, que ocurre al infundir aire bajo presión a espacios profundos causando neumotórax, neumopericardio, falla cardiaca, falla pulmonar, daño al nervio óptico, o causar obstrucción del flujo coronario, resultando en un embolismo gaseoso cardiaco con consecuencias fatales.
En este caso también aparece un edema rápido en cara y a veces en cuello, pero esta última tiende a auto limitarse.
Lo clásico de un enfisema subcutáneo es que al palpar la zona edematizada, el tejido crepita; el dolor es variable entre leve y agudo y si compromete el cuello puede haber una dificultad para deglutir, disfonía y disnea.
Caso clínico: extrusión durante la activación en el diente 1.3
Evaluación inicial y procedimiento
Este artículo presenta un caso de un paciente de 67 años con pulpitis irreversible sintomática en el diente 1.3.
Paciente de sexo masculino de 67 años que acude referido a la consulta odontológica por presentar caries extensa en zona cervical de la pieza 1.3.
Se le realizó un examen clínico y radiográfico junto con la prueba de sensibilidad pulpar al frío, obteniendo un diagnóstico de Pulpitis Irreversible Sintomática.
Empleando anestesia infiltrativa con 1 cartucho de lidocaína al 2% con epinefrina 1:80000 y aislamiento absoluto con dique de goma, se comenzó el protocolo convencional de endodoncia.
El protocolo incluyó apertura, localización, instrumentación con preserie e instrumentos rotatorios reciprocantes para la instrumentación mecanizada utilizando limas Blue S1® (Fanta-Dental), alcanzando una conicidad y diámetro de 40.04.
Para el protocolo de irrigación se emplearon agujas de salida lateral, hipoclorito de sodio al 5% y suero fisiológico para reducir la concentración.
Accidente durante la activación
Durante la activación con el Endoactivador, el paciente manifestó dolor intenso en la zona infraorbitaria y presentó abundante sangrado.
Inmediatamente se realizó el control de la hemorragia con solución salina y cerrado de la cavidad con cemento provisional sin eugenol Cavit® (3M).
Posteriormente se observó la manifestación de hematoma en la zona infraorbitaria y en la mucosa que rodea al diente.
La aparición temprana de sintomatología y signos clínicos coincidió con las características descritas para un accidente con hipoclorito de sodio.
Manejo inicial y seguimiento
Se prosiguió inmediatamente con la administración de una ampolla de 8mg/12ml de Dexametasona intramuscular.
Se prescribieron analgésicos antiinflamatorios: Paracetamol 500 mg cada 6 horas durante 3 días, Ibuprofeno 600 mg cada 8 horas durante 3 días.
Se prescribieron antibióticos: Clindamicina de 300 mg cada 8 horas durante 7 días, debido a que el paciente es alérgico a las Penicilinas.
También se indicó la aplicación de una pomada de Poliéster mucopolisacárido del ácido sulfúrico al 0.300% en todo el rostro.
Durante los siguientes días se llevó a cabo un control fotográfico del caso, en donde el paciente siempre permaneció asintomático.
Pasados los 30 días después del accidente, el hematoma había desaparecido en su totalidad.
Sin embargo, luego del control de la hemorragia, el paciente se mantuvo asintomático durante todo el proceso, desapareciendo el hematoma completamente después de 30 días, lo que refuerza la evaluación de que el incidente tuvo una gravedad baja.

Reanudación del tratamiento
Tras la resolución del hematoma y confirmación de la integridad de las estructuras adyacentes, el tratamiento endodóntico se completó exitosamente con técnicas menos invasivas y precauciones adicionales.
Se empleó nuevamente el protocolo de irrigación con hipoclorito al 5% y suero fisiológico, disminuyendo la longitud de ingreso al momento de la activación.
Para la obturación final se empleó la técnica de cono único con cemento biocerámico BioRoot® RCS.
Dado que fue un paciente referido, se cerró la cavidad con provisional Cavit® para su posterior restauración definitiva.
Estas medidas precautorias resultaron efectivas, ya que se evitó la ocurrencia de accidentes adicionales y no surgieron complicaciones.
Hallazgo tomográfico
Como estudio complementario para analizar las posibles causas del accidente, se realizó una tomografía del paciente, en el que se observó que no cuenta con tabla cortical externa.
El diagnóstico mostró una falta de tabla cortical externa en el área afectada, permitiendo la extravasación del hipoclorito hacia los tejidos blandos.
En el caso descrito, se utilizó una tomografía computarizada para investigar las posibles causas de la extrusión de hipoclorito de sodio, revelando que el paciente carecía de tabla cortical ósea externa.
En el presente reporte, se determinó que la causa del incidente fue la falta de la tabla cortical ósea externa; de manera similar, en el reporte de Salvadori, M et al. (7) se describe un accidente causado por una fenestración apical.
Protocolo inmediato ante la extrusión
Los accidentes con hipoclorito de sodio se deben manejar basándose en las circunstancias individuales en las que ocurre.
El operador debe ser capaz de actuar rápidamente para intentar disminuir lo más posible el daño a los tejidos y prevenir complicaciones.
Si se realiza un manejo adecuado, el tratamiento de endodoncia puede ser exitoso.
En el manejo inicial del paciente se debe mantener la calma, tranquilizarlo y permitirle que colabore en la solución de la situación; esto facilitara el diagnóstico y manejo temprano, ya sea una quemadura por contacto directo o una reacción alérgica o anafiláctica.
- Anestesiar el paciente de forma inmediata.
- Irrigar los conductos con solución salina para diluir el químico.
- Controlar la hemorragia.
- Suspender el procedimiento.
- Administrar analgésicos de manera inmediata para aliviar el dolor del paciente.
- Valorar la necesidad de corticosteroides, antibióticos y derivación médica.
- Controlar la permeabilidad de la vía aérea.
- Realizar seguimiento clínico y fotográfico.
Los investigadores asimismo establecen un protocolo para manejar lesiones leves causadas por hipoclorito de sodio.
Recomiendan irrigar los conductos con solución salina para diluir el químico y administrar analgésicos de manera inmediata para aliviar el dolor del paciente.
Este enfoque coincide con las acciones realizadas por el especialista en el caso descrito, quien no solo siguió el protocolo de irrigación y analgesia, sino que también implementó un seguimiento exhaustivo durante 30 días para asegurar la recuperación completa de los tejidos afectados.
Corticosteroides y anestesia local
En caso de presentarse este tipo de evento adverso, es recomendable suministrar corticoesteroides para el manejo de la respuesta inflamatoria, debido a la acción estos tienen sobre la respuesta inmunológica exacerbada a nivel sistémico y local, especialmente el efecto supresor de la dexametasona sobre la fosfolipasa, precursora de leucotrienos y prostaglandinas.
También la administración de anestesia local en el área afectada junto con los corticoides, debido al bloqueo de las vías del dolor que esta genera y a la función que cumple en la reducción del pH.
Cuándo considerar atención hospitalaria
La prevención es muy importante instruyendo al paciente sobre los signos, síntomas y conducta a seguir en caso de una reacción.
Lo primero es eliminar el contacto con el agente desencadenante ya sea una sustancia ingerida o un elemento en contacto.
Ante todo mantener la vía aérea permeable, ojala con oxígeno al 100% si es posible.
Idealmente canalizar una vena para aplicación de líquidos endovenosos de más rápida absorción para controlar los signos vitales, si es del caso hospitalizar.
Una reacción anafiláctica presenta signos y síntomas multisistémicos, a nivel neurológico se presenta mareo, desmayo, debilidad, convulsiones; prurito ocular, lagrimeo, enrojecimiento de la conjuntiva, en la vía aérea superior congestión nasal, estornudos, estridor orofaríngeo, edema y obstrucción laríngea; en la vía aérea inferior: disnea, broncoespasmo, taquipnea, funcionamiento de los músculos accesorios, cianosis y falla respiratoria; en el sistema cardiovascular: taquicardia, arritmia, hipotensión, infarto agudo de miocardio y falla cardiaca; en piel eritema, prurito, urticaria, edema angioneurótico, maculas y pápulas pruriginosas; y por último, en del sistema gastrointestinal nauseas, vomito, dolor abdominal, diarrea.
Esta situación requiere atención inmediata, si la atención medica se retrasa puede ocurrir la muerte por un proceso que conduce a un colapso respiratorio o cardiovascular.
La primera opción es colocar un antihistamínico como epinefrina y tradicionalmente se ha aplicado por vía subcutánea, pero Simons FER, en una investigación publicada en el 2001, encontró que era mejor el resultado cuando se aplicaba intramuscular.
Prevención del accidente durante la irrigación y activación
Es fundamental discutir con el paciente las posibles complicaciones y obtener un consentimiento informado claro y concreto para cualquier intervención legal futura.
El paso de hipoclorito de sodio hacia los tejidos periapicales es una situación indeseable para el especialista, pues el daño puede comprometer incluso, la salud general del paciente.
Hay factores que influyen directamente sobre esta posibilidad y el especialista debe identificarlas previo al tratamiento.
- Evaluar la anatomía radicular y la morfología apical.
- Identificar fenestraciones, reabsorciones, perforaciones y defectos de la tabla cortical.
- Determinar correctamente la longitud de trabajo.
- Utilizar agujas de salida lateral.
- Evitar que la aguja quede trabada dentro del conducto.
- Mantener una longitud de inserción segura.
- Favorecer el reflujo del irrigante hacia la cámara.
- Evitar presión excesiva sobre el émbolo.
- Utilizar aislamiento absoluto y aspiración adecuada.
- Activar el irrigante con movimientos controlados y sin sobrepasar la longitud de seguridad.
- Considerar tomografía computarizada de haz cónico cuando la anatomía o el riesgo clínico lo justifiquen.
La selección del diámetro de la aguja y de la jeringa influye sobre la seguridad con que será ejecutado este paso del tratamiento.
En el tercio apical de canales ovales, la ocurrencia de sobrepaso es menor, lo que indica que hay espacio suficiente para el reflujo del irrigante.
La activación del hipoclorito de sodio es un paso clave para el éxito del tratamiento de conducto si se toman las precauciones necesarias.
A pesar de ello, se tomaron medidas de precaución para minimizar riesgos, como la reducción de la longitud de inserción durante la activación.
Se sugieren adicionalmente que, al retomar el tratamiento de endodoncia tras un accidente con hipoclorito de sodio, se debería considerar el uso de un irrigante diferente para evitar riesgos adicionales.
En el caso presentado, se empleó nuevamente hipoclorito al 5% y suero fisiológico, disminuyendo la longitud de ingreso al momento de la activación.
Consentimiento informado, control y documentación
Los tratamientos de endodoncia suelen generar disconformidad en los pacientes, siendo los accidentes con hipoclorito de sodio particularmente notables, por lo que es crucial estar preparado para cualquier eventualidad.
Es fundamental discutir con el paciente las posibles complicaciones y obtener un consentimiento informado claro y concreto para cualquier intervención legal futura.
El control fotográfico y la vigilancia de la evolución permiten documentar la extensión del edema o del hematoma, identificar signos de necrosis o infección secundaria y confirmar la resolución de las alteraciones clínicas.
El seguimiento debe adaptarse a la intensidad de los signos, la localización anatómica, el compromiso neurológico y la presencia de síntomas respiratorios, oculares o sistémicos.
Consideraciones para la reanudación del tratamiento
El tratamiento endodóntico puede retomarse después de la resolución de los signos agudos y de la confirmación de la integridad de las estructuras adyacentes.
Al retomar el tratamiento se debería considerar el uso de un irrigante diferente para evitar riesgos adicionales.
Cuando se decide continuar con hipoclorito de sodio, deben incorporarse precauciones adicionales, entre ellas disminuir la longitud de ingreso de la aguja o del instrumento de activación, controlar cuidadosamente la presión y favorecer el reflujo.
Tras la resolución del hematoma y confirmación de la integridad de las estructuras adyacentes, el tratamiento endodóntico se completó exitosamente con técnicas menos invasivas y precauciones adicionales.
En el caso descrito, la obturación final se realizó mediante la técnica de cono único con cemento biocerámico BioRoot® RCS, y la cavidad se cerró con provisional Cavit® para su posterior restauración definitiva.
Relevancia de la tomografía computarizada
Este caso subraya la necesidad de manejar el hipoclorito de sodio con precaución para evitar accidentes endodónticos y enfatiza la importancia de la tomografía computarizada en la planificación del tratamiento endodóntico.
La tomografía computarizada de haz cónico permite identificar defectos anatómicos que aumentan el riesgo de extrusión.
En el presente caso, la ausencia de tabla cortical externa permitió la extravasación del hipoclorito hacia los tejidos blandos.
La falta de estudios radiográficos y otros exámenes complementarios antes de la intervención impidió detectar tempranamente el fallo óseo de la tabla cortical externa del paciente.
La utilización de tecnología avanzada en la planificación endodóntica puede ayudar a identificar alteraciones en la anatomía y morfología de raíces y conductos, comprobar la extensión del acceso y reducir errores como la formación de escalones o las perforaciones.
Tomografía computarizada de haz cónico. Decisiones aceptadas en endodoncia
Situaciones clínicas de mayor gravedad
En algunos casos, el accidente puede ocasionar una inflamación extensa, necrosis química, daño nervioso, infección secundaria, extrusión hacia el seno maxilar o el conducto dentario inferior y compromiso de la vía aérea.
Dentro de las complicaciones encontradas en otros casos, los pacientes refieren parestesia hasta 5 años después del accidente debido al compromiso que sufrieron las terminaciones nerviosas.
También se ha reportado extrusión de hipoclorito al seno maxilar y al conducto dentario inferior.
En casos de ingestión de hipoclorito, este podría producir obstrucción de la vía aérea.
La extrusión hacia tejidos periapicales puede causar complicaciones severas: inflamación, necrosis tisular, hematomas faciales, parestesia y compromiso de vía aérea.
La aparición de hematomas faciales es común en accidentes con hipoclorito de sodio, pudiendo ocurrir de manera inmediata o después de unas horas; también se podría presenciar parestesia o necrosis tisular en ciertas ocasiones.
En el caso clínico presentado, el paciente se mantuvo asintomático durante todo el proceso y el hematoma desapareció completamente después de 30 días.
El caso refuerza la necesidad de reconocer rápidamente el accidente, detener la irrigación, diluir el agente químico, controlar el dolor y la inflamación, vigilar la evolución y valorar la integridad de las estructuras anatómicas comprometidas.
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