El clorador salino se ensucia principalmente por la acumulación de cal, minerales y sedimentos en las placas o electrodos de la célula. La suciedad aparece con mayor rapidez cuando el agua tiene mucha dureza cálcica, contiene metales en suspensión, procede de un pozo o mantiene el pH fuera del intervalo recomendado.
Para evitarlo, hay que mantener la salinidad dentro del rango indicado por el fabricante, controlar el pH entre 7,2 y 7,6, vigilar la alcalinidad y la dureza del agua, asegurar una filtración suficiente y limpiar la célula únicamente cuando presente depósitos. Un mantenimiento adecuado evita que disminuya la producción de cloro y ayuda a prolongar la vida útil del equipo.
Qué función cumple la célula del clorador
Un clorador salino convierte la sal en cloro, un desinfectante natural, para mantener el agua de la piscina libre de bacterias y microorganismos. La célula desempeña un papel esencial en el funcionamiento del clorador salino, siendo la responsable de la producción de cloro.
Aunque la mayoría de los cloradores están equipados con electrodos autolimpiables mediante la técnica de «inversión de polaridad», en ciertas ocasiones pueden acumularse minerales y sedimentos, lo que podría disminuir la producción de cloro y acortar la vida útil de la célula. Actualmente, la gran mayoría de cloradores salinos del mercado son autolimpiables.
A pesar de ello, es posible que dependiendo del nivel de pH del agua, su pureza, la concentración de sal u otros factores, la célula se ensucie. Lo más habitual es que se genere acumulación de cal u otros minerales, en los electrodos de la célula.
Causas de la suciedad rápida en el clorador
Dureza cálcica elevada
Si el agua de tu piscina presenta dureza cálcica, contiene minerales en suspensión o proviene de un pozo, es probable que los electrodos se ensucien con mayor rapidez. Cuanto más dura sea el agua, más posibilidades de que esto ocurra.
Lo más habitual es, que con el tiempo, se produzcan incrustaciones de cal en la propia célula. Estos depósitos suelen aparecer como una capa blanca o de color gris en las placas o electrodos de la célula.
pH fuera de rango
Un clorador salino puede darte un agua muy estable, pero solo si mantienes esto bajo control: salinidad correcta, pH estable y célula limpia. El pH entre 7,2 y 7,6: es el punto más importante para evitar incrustaciones en la célula y que el cloro sea eficaz.
El clorador salino de las piscinas de sal necesita un pH equilibrado para producir cloro correctamente. Un pH demasiado alto o bajo reduce la eficacia del cloro y puede dañar los electrodos del equipo.
- pH alto (>7.8): El cloro generado se vuelve menos efectivo, el agua puede volverse turbia y la irritación ocular aumenta.
- pH bajo (<7.2): Corrosión de metales, irritación de piel y ojos, y desgaste acelerado del equipo.
Cómo evitarlo: mide el pH al menos una vez por semana. Ajusta con productos específicos: ácido para bajar el pH o incrementadores de pH para subirlo. Mantén el pH entre 7.2 y 7.6 para un rendimiento óptimo del clorador.
Metales y minerales en suspensión
La presencia de metales en suspensión puede tener un impacto considera ble en la integridad de la célula del clorador salino, afectando negativamente su rendimiento a lo largo del tiempo. Este fenómeno se debe a que, durante el proceso de electrólisis, los metales presentes en el agua tienden a adherirse a las placas del clorador salino, acelerando así el deterioro de su superficie.
Si el suministro de agua de tu piscina proviene de un pozo, o si existe la sospecha de la presencia de metales como hierro o magnesio en el agua de la piscina, es fundamental llevar a cabo un proceso de eliminación de metales.
La solución a este problema implica el uso de un líquido antimetales diseñado específicamente para piscinas. Siguiendo las indicaciones del fabricante, debes aplicar este producto, lo que contribuirá a neutralizar la presencia de metales en suspensión en el agua de la piscina.
Este proceso no solo protegerá eficazmente la célula de electrólisis de sal, sino que también prolongará significativamente su vida útil.
Salinidad incorrecta
El error más común es no mantener los niveles de sal dentro del rango recomendado por el fabricante del clorador.
- Exceso de sal: Puede provocar corrosión en la piscina, desgaste prematuro del equipo y afectar la comodidad de los bañistas.
- Falta de sal: Reduce la eficiencia del clorador y puede provocar que no se genere suficiente cloro, dejando el agua susceptible a bacterias y algas.
Cómo evitarlo: usa un kit de medición de sal regularmente (cada 1-2 semanas). Añade sal gradualmente y distribúyela uniformemente. Nunca superes la concentración máxima recomendada.
Verifica regularmente los niveles de sal en la piscina utilizando un kit de prueba específico para cloradores salinos. Añade sal según las recomendaciones del fabricante si los niveles son bajos.
Filtración y caudal insuficientes
Filtración suficiente: el clorador no hace su función si el agua no circula; si filtras poco, la producción se vuelve irregular. Buena hidráulica: la célula necesita caudal. Cartucho/filtro sucio = menos caudal = peor producción.
Un clorador salino necesita flujo constante de agua para funcionar correctamente. Encenderlo sin agua o con la bomba apagada puede dañar los electrodos y el propio sistema de las piscinas de sal.
Asegúrate de que la bomba esté funcionando antes de encender el clorador. Instala un interruptor de flujo o sensor si tu modelo lo permite. Nunca operes el clorador en seco; esto es uno de los errores más costosos.
Temperatura baja e invierno
Adicionalmente, cuando la temperatura del agua es baja, la conductividad del agua también disminuye, lo que lleva al clorador salino a compensar esta reducción aumentando la intensidad eléctrica. Esta mayor intensidad eléctrica, sin embargo, puede acortar la vida útil de las placas del electrodo del clorador salino.
Algunas piscinas se cierran en invierno, y el clorador puede dañarse si queda agua en los conductos o si se congela. Si la piscina se mantiene operativa, verifica que la temperatura del agua esté dentro del rango permitido para el equipo.
Cómo saber si la célula necesita limpieza
La célula es la pieza que más mantenimiento necesita. Con el tiempo puede acumular cal y la producción cae.
- Baja la producción aunque la sal esté bien.
- Aparecen avisos tipo “low chlorine / low production” con parámetros correctos.
- Ves depósitos blancos o “costra” en las placas.
- Suben las horas de filtración y aun así cuesta mantener el nivel.
La célula del clorador salino se debe limpiar cuando veamos bastante cal o suciedad acumulada en las placas, la frecuencia para limpiar la célula puede ser cada varios meses o años, todo dependerá de las características del agua donde residas.
Evidentemente, si el agua de tu piscina tiene un alto contenido de calcio u otros minerales, lo mas probables es que necesites limpiar la célula con una mayor frecuencia.
Consejo importante: limpia solo cuando lo necesite. Limpiar “por costumbre” acorta la vida si se hace con demasiada frecuencia o con productos agresivos.
Cómo limpiar correctamente la célula
1. Apagar la depuradora y cerrar las llaves
El primer paso de todos es apagar nuestra depuradora pulsando el interruptor en el cuadro eléctrico, de esta manera, la bomba dejará de impulsar agua por el circuito de la piscina.
Después tenemos que cerrar todas las llaves de la depuradora, cerramos las llaves de impulsión, fondo/sumidero, limpiafondos y skimmer. Es importante también que coloquemos la válvula selectora en posición de cerrado.
Cómo es lógico, primero debemos parar el sistema de filtración de la piscina (bomba y filtro). También debemos cerrar todas las válvulas; impulsores, skimmers, limpiafondos…
Aquí sí es recomendable que la instalación cuente con un bypass, lo cual facilitará el proceso. Así evitamos perdidas innecesarias de agua y todo resulta más cómodo.
2. Apagar el clorador y desconectar la célula
El segundo paso, es apagar el clorador salino y desconectar la célula. Esto es vital para proteger el clorador durante el proceso de limpieza.
Tiraremos de las gomas para sacar los cubre bornes, desenroscaremos las tuercas para desconectar los cables. De esta manera, ya podremos sacar la célula del recipiente del clorador salino.
Una vez apagados, debemos desconectar la célula, desenroscarla y sacarla de la carcasa.
3. Comprobar la célula
Cuando desconectemos la célula, nos fijaremos bien si tiene restos de calcio u otros minerales. Estos depósitos suelen aparecer como una capa blanca o de color gris en las placas o electrodos de la célula.
Una vez que está seca, al realizar ligeros toques en la célula, es habitual que se desprendan las placas de cal.
4. Preparar la solución de limpieza
Para limpiar la célula, necesitaremos echar reductor de ph o un limpiador especial de células y un poco de agua. La proporción recomendada es de 1 parte de reductor de ph por cada 4 partes de agua.
Mezclaremos bien el agua y el ácido en un cubo resistente como el que se puede observar en las imágenes.
Si después de esto, la célula aún está sucia, te recomendamos que la limpies con producto. Lo más habitual es sumergir los electrodos en una disolución de, por ejemplo, ácido clorhídrico y agua.
Otros profesionales plantean la opción de utilizar ácido sulfúrico u otros ácidos, siempre reducidos en agua. Nunca, repetimos, nunca, limpies los electrodos directamente en ácido (sin agua), dañaras la célula de forma irremediable.
5. Cepillar y enjuagar
El paso siguiente, será sumergir la célula en la mezcla con ácido para que se desprendan los restos de suciedad, el líquido debe cubrir la célula por completo, si no es así no pasa nada.
Moveremos la célula por el líquido para que el líquido haga contacto y limpie hasta el último rincón. Quitaremos la célula de la mezcla y usaremos un cepillo de cerdas suaves para eliminar cualquier residuo.
La limpieza correcta consiste en apagar la depuración y cerrar válvulas si tu instalación lo permite. Desmonta la célula con cuidado y enjuaga con agua (a veces solo con esto basta).
6. Sumergir la célula el tiempo necesario
Cuando ya hayamos limpiado la célula con un cepillo con ayuda del ácido, volveremos a sumergir la célula en el cubo, debe quedar completamente cubierta como hemos mencionado en el punto anterior.
Dejamos la célula en el ácido durante 15-20 minutos para que surta efecto la limpieza, o también, podremos observar que los depósitos de calcio se disuelven por completo, esto se hace para que la suciedad restante se desprenda y se deshaga.
Si hay cal incrustada: usa limpiador específico de células o una mezcla suave tipo ácido en agua (nunca al revés), el tiempo justo hasta que deje de burbujear.
7. Enjuagar la célula
Cuando veamos que se haya desprendido la cal y la suciedad, sacaremos la célula del ácido para aclararla con agua, podemos hacerlo con una manguera a un poco de presión, así eliminaremos cualquier residuo que no se haya podido eliminar con el ácido.
Una vez hayas terminado, enjuaga la célula con agua. El aclarado debe ser total antes de volver a instalarla.
8. Volver a instalar la célula
Cuando veamos que la célula esté limpia y seca, la conectaremos al clorador salino, fíjate en que las llaves estén abiertas, sobre todo la llave de impulsión y la válvula selectora en posición de filtrado, por último, encenderemos la depuradora.
Arranca y revisa que no haya fugas.
9. Comprobar el funcionamiento
Como último paso, comprobaremos que el clorador salino esté funcionando correctamente. Nos fijaremos si la producción de cloro es la correcta para que el agua de la piscina esté limpia y desinfectada.
Para un correcto funcionamiento, es indispensable limpiar la célula del clorador salino cuando está sucia. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que el equipo no desinfecte como debe, con los correspondientes problemas en el agua.
Qué no se debe hacer al limpiar la célula
Nunca utilices elementos punzantes y/o metálicos para desincrustar la suciedad de los electrodos. Si lo haces, también puedes dejar la célula inservible.
Nunca limpies los electrodos directamente en ácido (sin agua), dañaras la célula de forma irremediable.
También deben evitarse los productos abrasivos que puedan rayar el metal. Usa soluciones de limpieza recomendadas y respeta las indicaciones del fabricante.
Cómo reducir la acumulación de residuos
Ahora que has aprendido cómo limpiar el clorador salino, lo siguiente es controlar y ajustar regularmente los niveles de pH del agua. Esto ayuda a reducir la formación de depósitos de calcio en la célula del clorador salino.
Mide y ajusta los niveles de pH regularmente para asegurar una desinfección efectiva. Monitorea otros parámetros importantes, como alcalinidad y dureza del agua, y ajústalos según sea necesario.
Si utilizas un filtro antical, te puede resultar útil para minimizar la acumulación de cal en la célula. La otra opción es echar producto antical en el agua, el inconveniente de esto, es que hay que echarlo con mucha frecuencia.
Por lo que sale más rentable tener instalado un filtro antical, así no tendrás que preocuparte de estar pendiente.
Controlar el estabilizador
El estabilizador protege el cloro de la degradación por el sol, pero un nivel demasiado alto o demasiado bajo puede afectar la eficacia del clorador.
- Bajo (<30 ppm): El cloro se degrada rápidamente.
- Alto (>70 ppm): Reduce la capacidad desinfectante del cloro y puede favorecer algas.
Mide el estabilizador de manera periódica. Ajusta con productos específicos para mantenerlo entre 30-50 ppm.
Ajustar la producción de cloro
Si el agua está bien pero el cloro cae en días de mucho uso/calor, sube producción o horas de filtración. Si notas olor fuerte, irritación o cloro demasiado alto, baja producción y revisa pH (un pH fuera de rango empeora todo).
En verano, lo normal es necesitar más horas o más porcentaje; en invierno, suele bajar mucho.
Cómo actuar durante el invierno
El mantenimiento de una piscina salina durante el invierno es crucial, ya sea que decidas cerrar completamente la piscina o mantener la filtración activa durante esta temporada.
Una recomendación esencial es retirar la célula del clorador salino de la depuradora al finalizar la temporada de verano. Con las bajas temperaturas, la reproducción de algas y microorganismos disminuye, reduciendo la necesidad de cloro.
Durante los meses de otoño e invierno, se aconseja utilizar sistemas de dosificación de cloro lento, como las boyas de invernaje para piscinas.
Reduce producción al mínimo o apágalo si no hay bañistas, pero mantén una rutina básica de filtración. Antes del parón largo, deja el sistema limpio (célula revisada, filtro en buen estado) para no “arrancar mal” en temporada.
Drena o protege el clorador siguiendo las recomendaciones del fabricante. Guarda el manual a mano y sigue los procedimientos de cierre de temporada.
Diagnóstico rápido de los problemas más habituales
Cuando falla alguno, aparecen los típicos síntomas: “no produce”, sube el consumo, se encienden avisos, o el agua pierde claridad.
- “No produce”: revisa primero sal, luego pH, luego caudal (filtro sucio) y por último célula incrustada.
- Alarma de sal: mide con tiras/medidor y confirma; a veces es desajuste de lectura o agua muy fría.
- Célula se llena de cal: casi siempre es pH alto o TA descontrolada; corrige pH y reduce la tendencia a incrustar.
- Agua turbia: no es solo “cloro”; puede ser filtración insuficiente, mala química o filtro saturado.
Si ves que aunque la célula electrolítica esté limpia, el clorador no funciona correctamente, consulta con tu profesional de confianza.
Frecuencia de mantenimiento y vida útil
La frecuencia para limpiar la célula puede ser cada varios meses o años, todo dependerá de las características del agua donde residas. Si el agua de tu piscina tiene un alto contenido de calcio u otros minerales, lo más probable es que necesites limpiar la célula con una mayor frecuencia.
Un mantenimiento regular ayuda a prevenir el desgaste prematuro del clorador salino y sus componentes. La limpieza regular de la célula no solo asegura un rendimiento óptimo del clorador, sino que también contribuye a prolongar su vida útil y a mantener la eficacia en la desinfección del agua.
En cualquier caso, no debemos olvidar que, aunque realicemos un buen mantenimiento, las células tienen una vida útil determinada. La duración estimada de las células electrolíticas es una de las características que normalmente especifica cada fabricante.
Generalmente, se trata de miles de horas de uso. Dicha vida útil varía en función de las características y calidad del agua.
Al llevar a cabo estas prácticas de mantenimiento, se asegura una producción constante de cloro y se evita la posibilidad de problemas asociados con la acumulación de minerales y sedimentos en los electrodos.

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