Los árboles limpian el aire mediante la fotosíntesis, la retención de partículas en hojas y ramas y la absorción de diversos gases contaminantes. También contribuyen a regular la temperatura, captar la lluvia, almacenar dióxido de carbono, proteger el suelo y ofrecer refugio a numerosas especies.
Las hojas de los árboles filtran la contaminación atmosférica, pero sólo si se plantan cerca de las personas que los necesitan; la mayor parte de la filtración se produce a menos de 30 metros de un árbol. Sin embargo, la vegetación puede reducir y redistribuir los niveles de contaminación, pero no eliminarlos por completo.
Cómo purifican el aire los árboles
Fotosíntesis y captura de dióxido de carbono
Uno de los mecanismos más potentes que los bosques emplean para limpiar el aire es la fotosíntesis. Las hojas de los árboles absorben dióxido de carbono (CO2), un gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global, y liberan oxígeno en su lugar.
Este proceso no solo ayuda a mantener los niveles de oxígeno en la atmósfera, sino que también reduce la concentración de CO2, contribuyendo así a la regulación del clima y al bienestar del planeta. Mediante la fotosíntesis, los árboles absorben dióxido de carbono del aire y lo almacenan en su madera.
Los árboles y las plantas almacenarán este dióxido de carbono a lo largo de toda su vida, lo que ayuda a reducir en nuestra atmósfera el ritmo de acumulación del gas que ha estado calentando rápidamente nuestro planeta. Cada año, los bosques del mundo absorben un tercio del dióxido de carbono liberado por la quema de combustibles fósiles en todo el mundo.
Los árboles y bosques actúan como filtros naturales, mejorando la calidad del agua al absorber contaminantes y reducir la erosión del suelo. Los bosques son una de las soluciones climáticas naturales más prometedoras, es decir, acciones para proteger, gestionar mejor o restaurar la naturaleza para que almacene más carbono.
Retención de partículas contaminantes
Los árboles eliminan el tipo de contaminación atmosférica más peligrosa para nuestros pulmones: la materia fina particulada. Esta contaminación procede de la quema de combustibles fósiles y puede alcanzar concentraciones peligrosas en las ciudades más grandes, así como en barrios cercanos a autopistas y fábricas.
Las hojas y las ramas de los árboles retienen partículas como el polvo, el polen y otros contaminantes, evitando que lleguen a las zonas urbanas y afecten la salud de las personas. Las partículas que son particularmente dañinas para los pulmones quedan retenidas en la superficie de los árboles, mientras que las hojas actúan como filtros, absorbiendo los gases contaminantes.
Los árboles actúan como auténticos filtros naturales, capturando partículas en suspensión y químicos nocivos presentes en el aire. La capacidad de las plantas para eliminar contaminantes del aire depende de varios factores, incluyendo el tipo de planta, el tamaño de la planta, el área superficial de las hojas y la cantidad de contaminantes en el aire.
Absorción de gases contaminantes
Además del dióxido de carbono, los árboles que purifican el aire también pueden absorber otros contaminantes como el ozono, el monóxido de carbono, el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno y las partículas. Además, ciertos compuestos químicos como el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno, son absorbidos por los árboles, reduciendo su presencia en la atmósfera y disminuyendo así los riesgos para la salud.
Un nuevo estudio internacional demuestra la función crucial que tienen unos microorganismos presentes en las hojas de los árboles de retirar compuestos nitrogenados del aire. El estudio demuestra que los árboles no sólo son excelentes absorbiendo dióxido de carbono, sino que desempeñan un papel sorprendente en la retención y transformación de otros contaminantes como los compuestos nitrogenados.
El equipo científico, con Rossella Guerrieri a la cabeza, investigadora Marie Sklodowska Curie en el CREAF mientras se llevó a cabo esta investigación, ha descubierto la presencia de unos microbios nitrificantes en las hojas de los árboles que interactúan con compuestos nitrogenados presentes en la atmósfera (amoniaco y amonio, altamente contaminantes) y los transforman en nitratos.
Este proceso de transformación se llama “nitrificación”. El proceso de nitrificación es una parte clave del ciclo del nitrógeno que, hasta ahora, se pensaba que sólo se daba bajo tierra.
El papel de los microorganismos de las hojas
“Investigaciones anteriores ya demostraban que las copas de los árboles, gracias a la cutícula de las hojas y su estructura morfológica (por ejemplo, la presencia de pelos), hacían una función de filtro pasivo. Pero no estaba convencida de que fuese un mecanismo simple y pasivo.
Consciente de la gran biodiversidad que se encuentra en los bosques, y en particular en las copas de los árboles, empecé a preguntarme si, en cambio, este proceso no dependía de la intervención de microorganismos que viven en las hojas".
La nitrificación aumenta la disponibilidad de nitratos en el suelo, una forma de nitrógeno que los árboles necesitan para su crecimiento y son capaces de absorber. Así, cuando el aire está poco contaminado de compuestos nitrogenados, gracias a la nitrificación en las hojas, aumenta la concentración de nitratos en el suelo, fertilizando el suelo y aportando más nutrientes al bosque.
Ahora bien, en las zonas donde el aire está altamente contaminado, especialmente a donde llega mucho el amoníaco (por la dispersión aérea de fertilizantes provenientes de la agricultura u otras actividades humanas), la actividad de los microbios de las hojas se dispara.
Esto hace que se produzcan nitratos en grandes cantidades, que se filtran hacia los acuíferos, comprometiendo la calidad de las aguas subterráneas, o incluso se vuelven a dispersar hacia la atmósfera. Esta "sobre-fertilización" perjudica a los bosques y la calidad de las aguas subterráneas.
Sin ellos, las copas de los árboles no serían capaces de transformar estos contaminantes atmosféricos y todo el nitrógeno se devolvería a la atmósfera aumentando el balance de gases de efecto invernadero.
La investigación se ha realizado en bosques europeos de áreas ligeramente contaminadas (en los países escandinavos), moderadamente (zona mediterránea) y altamente contaminadas (de Europa Central). Para encontrar estos microbios, el grupo de investigación ha utilizado la innovadora técnica Generation Sequence Analysis (NGS) que consiste en la secuenciación masiva de ADN ambiental para detectar la presencia de nuevos organismos.
Para evaluar las propiedades nitrificantes han analizado muestras de agua de la lluvia dentro y fuera del bosque e incluso han analizado hojas de los árboles de distintas alturas, que han recolectado escaladores profesionales en todos los países.
Este descubrimiento, publicado en Nature GeoScience, revela la gran importancia de unos organismos tan pequeños. Artículo de referencia Guerrieri, R., Cáliz, J., Mattana, S. et al. Substantial contribution of tree canopy nitrifiers to nitrogen fluxes in European forests. Nat. Geosci. 17, 130-136 (2024).
Qué contaminantes pueden retener los árboles
| Contaminante o sustancia | Forma de interacción |
|---|---|
| Materia fina particulada | Las hojas y ramas la retienen en su superficie. |
| Polvo y polen | Quedan adheridos a las hojas y ramas. |
| Dióxido de carbono | Se absorbe durante la fotosíntesis y se almacena en la biomasa. |
| Ozono | Puede ser absorbido por los árboles. |
| Monóxido de carbono | Puede ser absorbido por los árboles. |
| Dióxido de azufre | Es absorbido por los árboles. |
| Óxidos de nitrógeno | Son absorbidos por los árboles y pueden interactuar con microorganismos de las hojas. |
| Amoníaco y amonio | Son transformados por microbios nitrificantes presentes en las hojas. |
| Hidrocarburos aromáticos policíclicos | Son capturados por hojas y agujas, especialmente en determinadas especies. |
Qué especies pueden ser más eficaces
Los análisis muestran que diferentes especies de árboles tienen diferentes habilidades para absorber contaminantes del aire. Las coníferas generalmente absorbieron más HAP gaseosos que los árboles de hoja ancha.
Otra ventaja de las coníferas es que además actúan como purificadores del aire en invierno, cuando la contaminación del aire suele ser más alta. De hecho, las agujas de las coníferas continuaron absorbiendo contaminantes del aire durante varios años.
Los árboles de hoja ancha y caduca, por su parte, mostraron otras ventajas: eran más eficientes en la limpieza del aire de partículas, lo que se cree que se debe a que sus hojas poseen un área de superficie más grande a la que estas partículas pueden adherirse.
Las diversas especies diferían más de lo que esperábamos. El alerce, una conífera que muda sus agujas cada otoño, fue el mejor en la prueba. Los árboles de alerce absorbieron la mayoría de los contaminantes ligados a partículas, pero también fueron buenos para capturar HAP gaseosos.
Sin embargo, una desventaja es que las agujas y las hojas de los árboles pese a absorber los contaminantes no los descomponen, por lo que existe el riesgo de que el suelo bajo los árboles se contamine cuando estas se desprendan y descompongan, algo que puede afectar al ecosistema en el suelo.
En concreto, los COV (Compuestos Orgánicos Volátiles) de algunas especies de árboles interactúan con la luz del sol y con los óxidos de nitrógeno emitidos por los combustibles fósiles, y los convierten en ozono y otras sustancias químicas del aire.
A título informativo, te contamos que aunque no son muchas, existen algunas pocas especies arbóreas que son capaces de producir casi la misma cantidad de ozono que absorben. Por otro lado, algunas especies de árboles pueden liberar mayores cantidades de polen, lo que puede influir en la calidad de vida de las personas alérgicas.
Por lo tanto, en beneficio de todos, es esencial que los árboles urbanos elegidos tengan en cuenta todos estos y otros factores. Diferentes tipos de árboles y plantas tienen diferentes mecanismos de filtración y absorción, lo que aumenta la eficacia global del ecosistema en la purificación del aire.
Árboles y planificación urbana
Los árboles y otras zonas verdes de las ciudades brindan muchos beneficios que son importantes para el bienestar de sus residentes. Regular la temperatura e incluso repercutir beneficiosamente en la salud mental son algunas de las bondades demostradas de la presencia de la naturaleza en nuestras urbes.
Los árboles que purifican el aire contribuyen a reducir la creciente contaminación del aire de las ciudades, algo que los máximos responsables de las urbes saben que tienen que aprovechar no solo para garantizar la propia calidad del aire, sino también para reducir los efectos del cambio climático, así como los costes sanitarios por problemas respiratorios y de otros tipos.
Pero la apuesta por crear zonas verdes que “purifiquen” las urbes no es algo tan sencillo como simplemente plantar una gran cantidad de árboles y listo. La estrategia para conseguir buenos resultados es mucho más compleja y requiere elegir entre los árboles que muestran una mayor eficacia a la hora de filtrar los agentes contaminantes del aire y menos efectos negativos (como alérgenos, contaminantes, etc.) para la comunidad.
Varios factores determinan el beneficio. Por ejemplo, un callejón de árboles en una calle angosta puede reducir el flujo de aire, lo que afectaría negativamente la dispersión y dilución de los contaminantes, aumentando las concentraciones de contaminantes localmente en las calles concurridas.
Esto significa que en calles estrechas protegidas del viento puede ser preferible la vegetación baja, como los setos. Por ello, según los investigadores resulta crucial una planificación urbana cuidadosa que combine diferentes especies de árboles para optimizar la purificación del aire y tener en cuenta otras funciones y beneficios de la vegetación.
Plantando árboles a nivel local puede contribuir a reducir (por deposición en la vegetación) y redistribuir (por dilución en el aire) los niveles de contaminación pero no a eliminarlos por completo. Al final del día, la medida más importante es reducir las emisiones.
El efecto refrigerante de los árboles
La sombra de un árbol actúa como aire acondicionado natural, manteniendo el área varios grados más fresca que las zonas circundantes. Los árboles en la ciudad, entre otros efectos como el control de los vientos, de la humedad y la absorción de calor, reducen las islas de calor y enfrían el aire por medio de la evapotranspiración.
La evapotranspiración no es otra cosa que la cantidad de agua del suelo que vuelve a la atmósfera por la evaporación y la transpiración de agua de la vegetación, en este caso, de los árboles ornamentales. Los barrios con mucho pavimento absorben más calor y pueden experimentar entre cinco y ocho grados más temperatura que las zonas circundantes.
Además, estas zonas permanecen calurosas hasta altas horas de la noche, lo que es perjudicial para nuestra salud. La sombra de un árbol actúa como un aire acondicionado natural e incluso puede reducir los costes energéticos de nuestros sistemas de aire acondicionado.
Las calles con sombra ofrecen una serie de beneficios para la salud en comparación con las calles sin sombra. Y recuerda que a menor demanda de energía, menor emisión de combustibles fósiles a la atmósfera.
Los árboles como sumideros de carbono
Los árboles y las plantas almacenarán este dióxido de carbono a lo largo de toda su vida, lo que ayuda a reducir en nuestra atmósfera el ritmo de acumulación del gas que ha estado calentando rápidamente nuestro planeta. Los árboles más viejos y de mayor tamaño almacenan mucho más carbono que los jóvenes, por lo que es importante que, además de plantar árboles nuevos, conservemos y protejamos los gigantes de nuestros bosques.
Los árboles (urbanos o no) actúan a modo de sumideros de carbono, absorbiendo el dióxido de carbono y devolviendo a cambio oxigeno a la atmósfera. La respuesta es sencilla: los mejores sumideros naturales de CO2 son los bosques que se encuentran en todo nuestro planeta.
Gracias a la absorción del CO2 que realizan los bosques de nuestra atmósfera se consigue la reducción del conocido efecto invernadero y, por lo tanto, ayudan a evitar y mitigar los duros efectos del cambio climático. Por lo general, los grandes sumideros de CO2, son aquellos bosques considerados primarios, es decir los que se mantienen más vírgenes y menos afectados por la mano del hombre.
Los bosques son una de las soluciones climáticas naturales más prometedoras, es decir, acciones para proteger, gestionar mejor o restaurar la naturaleza para que almacene más carbono. Los bosques nativos no solo nos asombran por albergar el 80% biodiversidad terrestre, ser nuestros héroes frente al cambio climático gracias a su capacidad de absorber co2, regular el ciclo hídrico, entre tantos beneficios más, sino que también desempeñan un papel crucial en la mejora de la calidad del aire que respiramos.
Regulación del agua y protección del suelo
Los árboles se encargan de captar la lluvia y son grandes reservorios de bióxido de carbono, protegen el suelo y son hogar y refugio de diversas especies. Los bosques llevan a cabo ese filtrado eliminando contaminantes y sedimentos de las precipitaciones y vertiendo el agua lentamente a los cursos de agua y acuíferos subterráneos.
Gracias a los árboles, esta agua naturalmente más limpia es más fácil y económica de tratar antes de que acabe en tu grifo. El suministro de agua también es más estable porque toda el agua de lluvia no acaba en un río de inmediato, sino que se filtra a través de estos filtros naturales a lo largo del tiempo.
Las raíces de las plantas ayudan a eliminar contaminantes del suelo y evitan que se filtren en las aguas subterráneas. Las plantas ayudan a prevenir la erosión del suelo al mantener el suelo en su lugar con sus raíces.
Esto evita que el suelo se lave durante fuertes lluvias. Algunas plantas son especialmente efectivas para eliminar contaminantes del suelo. Estas plantas se conocen como hiperacumuladoras.
Hábitat y biodiversidad
Un bosque es más que un conjunto de árboles. Es un ecosistema complejo de plantas y animales diversos. Y esta relación interconectada de todas las especies forestales garantiza la prosperidad de todo el bosque, desde el suelo hasta el dosel.
Los bosques antiguos, los que necesitamos proteger con más urgencia, crean hábitats a nivel del suelo, en lo alto de sus copas y en todos los lugares intermedios. Todos estos hábitats diferentes en una misma zona permiten que prospere una gran diversidad de especies.
Las plantas proporcionan hábitat para la vida silvestre, incluyendo aves, insectos y mamíferos. Esto ayuda a mantener la biodiversidad en los ecosistemas.
Los grandes herbívoros como los alces pueden desempeñar un papel clave en la salud de un bosque al pastar, dispersar semillas y servir como presa y carroña para otras especies de vida silvestre.
Beneficios para la salud humana
Los árboles nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas. Son el escenario de nuestros recuerdos favoritos y ese retazo bienvenido de verde que buscamos al mirar por la ventana. Aunque silenciosos e inmóviles, los árboles tienen poderes asombrosos, entre ellos el de mejorar nuestras vidas y hacerlas más saludables.
Un estudio realizado por un científico de TNC muestra que pasar tiempo en la naturaleza, como un paseo entre los árboles en un parque de la ciudad, se correlaciona con una disminución de la ansiedad y la depresión. Además de fomentar el ejercicio físico saludable, los espacios verdes reducen los niveles de estrés.
El acceso a espacios verdes cercanos también contribuye a una mejor salud física al alentarnos a movernos y hacer ejercicio. Debido a que somos más activos cuando tenemos acceso a árboles y a parques, la naturaleza puede ayudar a reducir las tasas de obesidad.
Más árboles en las ciudades, sobre todo en los barrios de bajos ingresos cercanos a autopistas y fábricas, pueden reducir dolencias como el asma y las cardiopatías, que causan el 5% de las muertes en todo el mundo.
La contaminación del aire puede tener efectos graves en la salud humana, incluyendo enfermedades respiratorias y cardiovasculares, cáncer y otras enfermedades crónicas. También tiene efectos adversos en el ecosistema, incluyendo la reducción de los rendimientos de los cultivos, la lluvia ácida y el daño a bosques, lagos y ríos.
Árboles urbanos y salud ambiental
La contaminación del aire es causada tanto por fuentes naturales como por fuentes humanas. Las fuentes naturales incluyen erupciones volcánicas, incendios forestales y tormentas de polvo. Las fuentes humanas incluyen el transporte, la generación de energía, las actividades industriales y la agricultura.
Existe una conexión comprobada entre la exposición a los contaminantes del aire y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y problemas de las vías respiratorias. En las ciudades, el tráfico es la mayor fuente de estos contaminantes, que se liberan debido a la combustión incompleta de los motores.
Los árboles pueden eliminar contaminantes del aire, haciéndolo más limpio y saludable para que los humanos respiren. Este proceso se conoce como fitoremediación.
Sin embargo, los árboles no sustituyen la reducción de las emisiones contaminantes. Cortar las fuentes de contaminación y limpiar nuestro aire ayudará en la lucha contra el cambio climático, el mayor problema ambiental al que nos enfrentamos.
Especies mencionadas por su capacidad de purificación
Árbol kiri
También conocido como Paulownia tormentosa o árbol Emperatriz, este es el árbol que más descontamina del mundo. De hecho, se le considera uno de los agentes naturales más potente contra el calentamiento global.
Originario de China, el árbol kiri es capaz de purificar hasta un suelo infértil a la vez que absorbe 10 veces más CO2 que cualquier otro tipo de árbol o planta del mundo. Además, las características fisiológicas con las que cuenta esta especie le permite adaptarse a cualquier clima, incluso a temperaturas.
Otras especies arbóreas
- Pino carrasco
- Pino piñonero
- Alcornoque mediterráneo
- Jacaranda
- Melia o cinamomo
- Acacia de tres espinas
- Olmo común
El pino piñonero es otra de las especies de pinos más comunes de la Península Ibérica y utilizadas para combatir el proceso de desertificación que sufre el país debido a los efectos del cambio climático. Sin embargo, el Pinus pinea, nombre científico que recibe esta especie, absorbe un poco más de la mitad de CO2 que el pino carrasco.
El alcornoque mediterráneo oQuercus suber es otra de las especies propias de los bosques mediterráneos. El alconorque, también conocido a veces como encino, es capaz de absorber hasta 4 toneladas y media de CO2 al año a la vez que produce una gran cantidad de oxígeno.
Este árbol tan utilizado en parques y jardines de las grandes ciudades por su tamaño y sus preciosas flores malva, también realiza una función saneadora. En su caso, durante su proceso de respiración vegetal produce una gran cantidad de oxígeno y puede llegar a absorber más de 1 tonelada de CO2 al año, por lo que ayuda enormemente a purificar el aire contaminado.
Al igual que la jacaranda, la Melia azedarach, también llamado cinamomo, agriaz, piocha, o árbol del paraíso, es un árbol que se ha utilizado por su valor ornamental y que, desde hace poco tiempo, también se utiliza para limpiar y purificar el aire de las ciudades.
Otro de los árboles que más oxígeno producen es la acacia de tres espinas, también conocida como Gleditsia triacanthos, es uno de los árboles de crecimiento rápido, alcanzando los 30 metros menos de 40 años, es originaria de Argentina y tiene una capacidad de absorción de poco más de 1 tonelada de CO2 al año.
Este árbol de origen mexicano también es otra de las especies más extendidas por el planeta. Y, aunque su capacidad de producción de oxígeno y de absorción de CO2 no llega a la tonelada, el olmo común o Ulmus minor sigue siendo uno de los árboles que más facilitan la limpieza del aire, y también se utiliza por sus pocos cuidados y resistencia a variaciones de temperatura.
Plantas para mejorar el aire interior
Las plantas juegan un papel crucial en la purificación del aire. Absorben contaminantes del aire y los convierten en sustancias inofensivas. El área superficial de las hojas es crítica para la capacidad de las plantas de eliminar contaminantes del aire.
Las plantas con hojas más grandes tienen una mayor área superficial y, por lo tanto, pueden eliminar más contaminantes del aire. La estructura de las hojas también es esencial. Algunas plantas tienen hojas especializadas que son más efectivas para eliminar contaminantes del aire.
- Kalanchoe
- Albahaca india
- Cactus de Navidad
- Filodendro
- Aloe vera
- Nim o neem
- Lengua de suegra
- Gerbera
- Lirio de la paz
Queremos hacer especial hincapié en las capacidades de esta última especie. El Spathiphyllum, conocido comúnmente como lirio de la paz o cuna de Moisés, es una de las plantas con mayor capacidad para dar oxígeno y purificar nuestro hogar.
Es gracias a sus flores blancas, encargadas de filtrar el aire, que se le conoce como una de las mejores opciones, de ahí su nombre, para crear ambientes saludables. Su época de floración es entre primavera y verano.
La planta araña es una de las plantas más efectivas para eliminar formaldehído del aire. El formaldehído es un contaminante común del aire interior que se encuentra en alfombras, tapicería y otros artículos del hogar.
El helecho de Boston es una de las plantas más efectivas para eliminar formaldehído del aire. También es efectivo para eliminar otros contaminantes, como benceno y xileno.
La hiedra inglesa es efectiva para eliminar formaldehído, benceno y otros contaminantes del aire. También es efectiva para reducir el moho en el aire.
El aloe vera es efectivo para eliminar formaldehído y benceno del aire. También es una planta de bajo mantenimiento y fácil de cuidar.
La planta serpiente es efectiva para eliminar varios contaminantes del aire, incluyendo benceno, formaldehído y tricloroetileno. También es una planta de bajo mantenimiento y puede sobrevivir en condiciones de poca luz.
La palma de bambú es efectiva para eliminar formaldehído, benceno y tricloroetileno del aire. También es un excelente humidificador, lo que la hace ideal para ambientes interiores secos.
Limitaciones y precauciones
Aunque las hojas son los órganos principales de las plantas responsables de la purificación del aire, las raíces también juegan un papel esencial. Las raíces de las plantas ayudan a eliminar contaminantes del suelo y evitan que se filtren en las aguas subterráneas.
La fitoextracción es un método efectivo para eliminar contaminantes del suelo y aguas subterráneas contaminadas. También es una alternativa rentable y ecológica a los métodos tradicionales de remediación del suelo.
Las agujas y las hojas de los árboles pese a absorber los contaminantes no los descomponen, por lo que existe el riesgo de que el suelo bajo los árboles se contamine cuando estas se desprendan y descompongan, algo que puede afectar al ecosistema en el suelo.
Además, plantar árboles a nivel local puede contribuir a reducir y redistribuir los niveles de contaminación, pero no a eliminarlos por completo. La selección de especies, la estructura de las calles, la ventilación y la proximidad a las fuentes contaminantes determinan en gran medida el resultado.
Conservación y restauración de los bosques
Los árboles ofrecen valiosos servicios ambientales. Se encargan de regular la temperatura, de purificar el aire, de captar la lluvia, en conjunto son grandes reservorios de bióxido de carbono, protegen el suelo y son hogar y refugio de diversas especies.
La diversidad biológica de los bosques también contribuye a su capacidad para limpiar el aire. Los bosques saludables y diversos son capaces de proporcionar una gama más amplia de servicios ecosistémicos, incluida la mejora de la calidad del aire.
La deforestación y la degradación de los bosques reducen su capacidad para limpiar el aire y aumentan la liberación de CO2. La reforestación y la gestión sostenible de los bosques son estrategias clave para mantener su función esencial como limpiadores naturales del aire.
Los árboles cuidan de nosotros, así que nosotros tenemos que cuidar de ellos. Aunque los árboles son resilientes, no son invencibles y necesitan nuestra ayuda.
México tiene 137.8 millones de hectáreas con vegetación forestal; que representa el 70.5 por ciento de nuestro territorio. Somos un país con una riqueza natural que debemos preservar.
Nuestros árboles, bosques y selvas son responsabilidad de todos, conocerlos, cuidarlos y conservarlos redituará en beneficio de las presentes y futuras generaciones.

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