Cómo medir la potabilidad del agua en casa

Un agua potable es aquella que se puede consumir sin peligro para la salud, no siendo tóxica ni estando infestada de bacterias, parásitos o virus nocivos para el ser humano. Para determinar si el agua es potable, es necesario analizar su calidad microbiológica y química.

Las comprobaciones caseras permiten obtener una primera orientación sobre el aspecto, el olor, el sabor, la dureza, el pH, el cloro, los nitratos y algunos sólidos disueltos, pero estas pruebas solo ofrecen una indicación superficial. La mejor manera de confirmar la potabilidad es realizar un análisis completo en un laboratorio especializado.

Qué significa que el agua sea potable

La calidad del agua es el término que describe las características químicas, físicas y biológicas del agua dependiendo del uso que se le va a dar. Para determinarla, se miden y analizan estos elementos, como, por ejemplo, la temperatura, el contenido mineral disuelto en ella y la cantidad de bacterias que tiene.

A partir de esa información, los datos obtenidos se comparan con ciertos estándares para decidir cuál es el uso apropiado para esa agua analizada. Es decir, una determinada agua puede ser apta para lavar, pero no para beber.

La calidad del agua determina factores tan importantes como la salud de los ecosistemas, la seguridad del contacto humano, en el baño, por ejemplo, y su idoneidad para el consumo. Los estándares requeridos dependen del uso que se vaya a hacer de ella: no se exigen los mismos parámetros de calidad para su consumo, para su uso industrial o para garantizar el equilibrio biológico de un ecosistema.

Las enfermedades contagiosas causadas por las bacterias patógenas, los virus y los parásitos están a menudo relacionadas con el consumo de agua que no responde a los criterios mínimos de potabilidad. Constituyen el riesgo sanitario más común y extendido.

Qué factores pueden afectar a la potabilidad

La calidad del agua del grifo tiene que ver mayoritariamente con 4 puntos: la dureza del agua, los tratamientos químicos a los que se expone para potabilizarla, el estado de las tuberías por dónde pasa hasta llegar a nuestro grifo y el estado de los depósitos o cisternas donde se almacena.

Para analizar la calidad del agua, se debe tener en cuenta todo el proceso. Primero su origen en embalses, ríos y pozos; después, durante su tratamiento en las ETAP, Estaciones de tratamiento de agua potable; y, finalmente, en su llegada al consumidor a través de las redes de distribución correspondientes.

Las fuentes de contaminación del agua proceden de actividades industriales, ganaderas, agrícolas, urbanas e incluso de fuentes naturales y pueden deteriorar el agua desde su origen, en las captaciones, en las aguas subterráneas o en otros puntos de la zona de abastecimiento. Un mal tratamiento no solo produce una reducción de la calidad, sino que también presenta riesgos sanitarios.

Primera comprobación: observar el agua

Llena un vaso de cristal totalmente transparente de agua. Una vez tengas el vaso lleno, ponlo a contraluz y observa el agua.

El agua pura no tiene color, es totalmente transparente. De esta manera, cualquier tipo de coloración en el agua indica contaminación, generalmente por materiales ajenos al sistema, y se suele deber a un material suspendido y/o a uno disuelto.

El color provocado por un material suspendido se denomina color aparente, mientras que el que produce un material disuelto, incluso después de haber eliminado el material suspendido se conoce como color verdadero o real.

Si observas partículas blanquecinas o oscuras flotando o en el fondo del vaso, puede existir un exceso de minerales, sedimentos, corrosión u otra alteración que debe comprobarse mediante un análisis.

El agua con tonalidades marrón, amarilla o verde puede contener metales o materia orgánica. La presencia de sedimentos o partículas en suspensión puede ser un indicativo de contaminación o exceso de minerales.

Vaso transparente con agua turbia

Segunda comprobación: oler y probar el agua

Cuando el agua es pura, es insípida e inodora, no tiene sabor ni olor. Por lo tanto, si puede percibirse algún tipo de sabor u olor, existe contaminación en el agua.

El siguiente paso es oler el agua. Si tiene olor a cloro, lejía, huevos en mal estado o cualquier otro olor desagradable, conviene tomar medidas.

El sabor y el olor del agua pueden explicarse por causas naturales o artificiales. Las artificiales suelen estar relacionadas con el proceso de desinfección, cloración, de ahí que percibamos que el agua de una zona de una ciudad tiene un sabor distinto a la de otra.

Sin embargo, existen causas naturales para el sabor y el olor, como la acción de algunas impurezas naturales disueltas en el agua. Algunos compuestos que dan sabor y olor al agua pueden ser tóxicos, por lo que es imprescindible que el agua potable tenga el menor sabor y olor posible.

Un olor fuerte a azufre, huevos podridos, puede indicar la presencia de sulfuro de hidrógeno. Si huele a huevo en mal estado, cloaca o tierra, el problema puede venir por la presencia de sulfuro o moho como consecuencia del mal estado de las tuberías o cisterna donde se almacena el agua.

Un sabor metálico, salado o químico podría indicar contaminación. No obstante, la ausencia de olor, color o sabor extraño no demuestra que el agua sea potable, porque muchos contaminantes no pueden detectarse mediante los sentidos.

Prueba casera del azúcar

Llena un vaso de cristal completamente transparente de agua y añádele una cucharada sopera de azúcar. Déjalo reposar durante 24 horas y comprueba el estado del agua.

Si después de las 24 horas la observas blanquecina, el agua de tu hogar no goza de niveles óptimos de calidad y pureza. Esta prueba puede señalar una alteración visible, pero no identifica qué sustancia la causa ni permite confirmar la potabilidad.

Prueba de hervido

Si al hervir el agua se forman residuos en el fondo, podría haber una alta concentración de minerales. Hervir el agua durante al menos 5 minutos elimina bacterias, aunque no elimina contaminantes químicos.

La prueba de hervido no permite determinar si el agua contiene nitratos, metales pesados, pesticidas, sales disueltas o sustancias procedentes de tuberías deterioradas. Por eso, no sustituye al análisis químico y microbiológico.

Pruebas caseras con reactivos

Una prueba rápida consiste en añadir unas gotas de lejía sin perfume al agua, 2 gotas por litro. Si el agua no cambia de color y no tiene un olor fuerte, podría ser segura temporalmente.

También se puede mezclar el agua con bicarbonato y luego con vinagre. Si burbujea mucho, puede tener impurezas.

Estas pruebas no permiten confirmar que el agua sea potable y pueden generar interpretaciones erróneas. La prueba del cloro, la mezcla de bicarbonato y vinagre y cualquier otro procedimiento doméstico no sustituyen un análisis profesional.

Utilizar un kit de evaluación de la calidad

Si quieres comprobar la pureza del agua de tu hogar con un sistema más preciso, puedes utilizar un kit de evaluación. Estos test normalmente miden minerales, cloro, nitratos y dureza del agua.

Son muy fáciles de interpretar: tienes que poner las tiras en contacto con el agua del grifo, dejarlas en la tabla que incluye el kit y observar el tipo o tipos de impurezas que contiene el agua.

Los kits se pueden comprar en ferreterías con un precio que puede oscilar entre los 10 € y los 150 € en función de la precisión y profundidad del análisis del tipo de kit que elijas.

Cintas reactivas

Las cintas reactivas son tiras pequeñas que se usan una sola vez y que cambian de color para indicar la concentración de un producto químico específico.

Dependiendo de la prueba, el usuario “activa” la tira de papel o de plástico sumergiéndola en la muestra de agua y removiéndola, o sosteniendo la tira en un chorro de agua.

Después de una breve espera, el usuario compara el color de la tira de prueba con una tabla de colores para saber el nivel de concentración del producto químico.

Estos kits son muy simples, pero menos precisos que otros métodos, especialmente si los usuarios no siguen las instrucciones.

Kits de discos de colores

En un caso habitual, el usuario añade un paquete de polvo o unas pocas gotas de un reactivo líquido a una muestra de agua en un tubo de plástico reutilizable.

Luego, coloca el tubo de muestra en una pequeña caja de plástico para comparar el color. Esta caja contiene un disco de plástico con un gradiente de colores impreso en él.

El usuario gira el disco para encontrar la parte que mejor coincide con el color de la muestra e identifica el nivel de concentración del producto químico en el disco.

Los kits de discos de colores incluyen comúnmente múltiples pasos a seguir y tiempos de espera estipulados, por lo que son un poco más complicados y costosos, pero en general más precisos.

Instrumentos digitales portátiles

Se examina el agua con medidores digitales livianos y portátiles, colorímetros y fotómetros.

Estos, aunque proporcionan los resultados más precisos entre los tres métodos mencionados, son los más caros y delicados, y requieren baterías y calibración.

Los instrumentos digitales son útiles para los técnicos en terreno y forman una parte esencial de cualquier red de monitoreo permanente o a distancia, pero es muy poco probable que sean adecuados para la “ciencia ciudadana” o las pruebas de calidad del agua realizadas mediante modelos de colaboración masiva.

Qué parámetros conviene medir

Para analizar la calidad del agua, se deben estudiar sus características físicas, químicas y biológicas. En cada momento se deben analizar muestras en el laboratorio para concretar si el agua es o no adecuada para el consumo humano.

Parámetros físicos

  • Olor.
  • Sabor.
  • Color.
  • Temperatura.
  • pH.
  • Turbidez.

Parámetros químicos

  • Aluminio.
  • Mercurio.
  • Plomo.
  • Hierro.
  • Fluoruro.
  • Cobre.
  • Cloruro.
  • Sulfatos.
  • Nitratos.
  • Amonio.
  • Cloro residual.
  • Conductividad.

Parámetros biológicos

  • Algas.
  • Bacterias.
  • Hongos.
  • Mohos.
  • Levaduras.
  • Virus y parásitos.

Color y turbidez

El color del agua se mide en el laboratorio mediante comparación visual o por método espectrofotométrico.

La OMS no da un valor guía en relación con la salud, solo recomienda un valor por debajo de 15 mg/L Pt/Co, platino-cobalto, y así lo expresa también el Real Decreto 140/2003, pero dependiendo de las circunstancias locales, y cuando llega a 30 mg Pt-Co/L la OMS recomienda calificarla como no apta para el consumo.

El agua pura es clara y no absorbe la luz. Así, si existe turbidez en el agua es que hay contaminación.

La turbidez en el agua se produce cuando hay materiales sólidos en suspensión o disueltos o cargas microbianas, aunque existen diferencias entre ellos en su capacidad de absorber la luz.

Generalmente se considera el agua turbia no apta para el consumo, dado que diversos materiales responsables de la turbidez pueden ser tóxicos o crear las condiciones óptimas para productos químicos tóxicos.

Hay diversas maneras de medir la turbidez del agua, dependiendo de la norma aplicada: luz infrarroja o luz blanca o visible que pasa a través de una muestra de agua, usando nefelómetros o turbidímetros ópticos, que determinan la intensidad de la luz dispersada.

La OMS no da un valor guía relacionado con la salud, recomienda que la turbidez sea la mínima posible y señala que los valores deben estar por debajo de 5 UNF, Unidades Nefelométricas de Turbidez, dependiendo de las circunstancias locales, idealmente deben estar debajo de 1 UNF, y cuando la turbidez llega a 6 UNF se recomienda calificar el agua como no apta para el consumo.

pH del agua

El pH es la medida que determina la concentración de iones de hidrógeno en el agua. La escala va de 0 a 14.

Justo en el centro, es decir, un pH de 7 denota un líquido neutro. Por debajo de 7 se considera ácida y por encima de 7 es alcalina.

El agua pura suele tener un pH que oscila entre un 6,5 y un 8. El Real Decreto 140/2003 especifica un valor paramétrico mínimo de 6,5 y un máximo de 9,5 unidades de pH.

Por debajo de 7 se considera ácida, pero no por ello deja de ser potable, a no ser que llegue a niveles inferiores a 5,5, generalmente por la presencia de metales en disolución por vertidos industriales o pesticidas o purines, o incluso por causas naturales, como la lluvia ácida, los microbios en el suelo, las raíces de los árboles o las formaciones rocosas como la pirita.

De forma muy sencilla se podría decir que el valor de pH depende de la concentración de iones de hidrógeno, H+. Cuantos más se encuentren en el líquido, más ácido será.

No obstante, la escala del pH debe entenderse de forma que por cada número entero de la escala el grado de acidez se incrementa en un factor de 10.

Para determinar el pH en el agua se usan medidores de pH, tiras reactivas, pruebas de discos de colores o electrodos.

El pH no es un contaminante, pero es una variable química maestra. Afecta el comportamiento de otros componentes químicos, por ejemplo la eficacia del cloro residual contra la contaminación microbiana.

Los cambios repentinos en el pH también pueden revelar fallas de una planta de tratamiento o casos de contaminación en masas de agua natural, por ejemplo, vertidos industriales ilegales.

Cloro residual

En los sistemas de distribución de compuestos clorados, es importante monitorear el pH y el cloro residual.

Existen muchas maneras sencillas de examinar la presencia de cloro residual, entre ellas las tiras reactivas, los discos de colores e incluso los kits diseñados para hacer pruebas en piscinas.

También hay medidores digitales portátiles que pueden proporcionar datos cuantitativos confiables.

Un olor intenso a cloro puede indicar el uso excesivo de cloro o de productos químicos en el tratamiento al que se somete el agua para su potabilización, aunque el olor por sí solo no permite establecer una concentración exacta ni determinar si el agua es segura.

Dureza del agua

Cuando hablamos de dureza del agua nos referimos a la alta o baja concentración de minerales en la misma, como pueden ser el calcio y el magnesio.

Bajo dureza del agua se entiende la concentración de iones de calcio y magnesio. El contenido de sales de calcio y magnesio determina las propiedades del agua. Cuanto mayor sea su proporción, más dura será el agua.

Desde luego que esta dureza del agua no es perjudicial para la salud. El calcio y el magnesio son disueltos poco a poco de los estratos de roca y por medio del agua de lluvia son arrastrados hasta el agua subterránea.

Según la Organización de Consumidores y Usuarios, OCU, si la dureza del agua del grifo de tu casa supera los 30 ºf o los 300 mg/l de CaCO3 o carbonato de calcio, el agua es dura.

El término de dureza no está normalizado en Europa. En España se mide según los grados de dureza franceses: 15 a 25 ºfH se designa como duro. Todo lo que se encuentre por encima se considera muy duro.

Te darás cuenta de que el agua es dura porque puede tener un sabor distinto o resultar más difícil de digerir, aunque el sabor no permite cuantificar la dureza.

Para solucionar este problema, puedes utilizar un descalcificador para eliminar las sales de cal del agua. No obstante, aunque se trata de una herramienta muy eficaz, esta consume mucha agua y electricidad.

Otra opción es utilizar un sistema purificador o filtro para acabar con la cal del agua. Antes de instalar cualquier equipo en el hogar, primero hay que asegurarse de que realmente se necesita y conocer qué equipo resulta adecuado.

Conductividad y sólidos disueltos

La conductividad es la habilidad del agua para conducir corriente eléctrica. La conductividad en el agua puede estar causada por la presencia de metales como hierro y aluminio, iones con carga positiva, o compuestos inorgánicos como nitrato, sulfato y fosfato.

Se mide en micromhos. La conductividad del agua se determina midiendo la resistencia AC de una solución entre dos electrodos.

El Real Decreto 140/2003 determina un máximo de 2.500 µS/cm-1 a 20 ºC.

Los microsiemens se abrevian con el símbolo µS. Esta unidad de medida informa sobre la capacidad que tiene un líquido de conducir la corriente eléctrica.

Para ello es necesario que el agua contenga minerales. Por tanto, la conductividad eléctrica en µS indica cuántas sustancias están disueltas en el agua que puedan conducir corriente eléctrica.

El TDS, del inglés “Total Dissolved Solids”, o Total de Sólidos Disueltos, es uno de los métodos más utilizados para medir la calidad del agua.

El TDS es el porcentaje de residuo seco que engloba sales inorgánicas y pequeñas cantidades de materia orgánica disueltas en el agua. Sus principales constituyentes son los cationes de calcio, magnesio, sodio y potasio y los aniones de carbonato, bicarbonato, cloro, sulfato y nitrato.

El TDS se expresa en mg por unidad de volumen de agua, mg/L, o como partes por millón, ppm.

El agua mineral natural y el agua de grifo tienen un valor promedio de TDS de entre 100 y 200 mg/l, si bien en áreas con una alta concentración de minerales el agua de grifo puede tener valores bastante más altos. Pero gran parte del agua mineral tiene niveles mayores.

TDS en mg/lValoración indicada
Menos de 300Excelente
300 - 600Bueno
600 - 900Regular
900 - 1,200Pobre
Más de 1,200Inaceptable

Una medida muy utilizada para medir la calidad del agua es el TDS. Se trata de un método barato y sencillo de utilizar; pero, debido a su limitación para abordar todos los parámetros establecidos para la calidad del agua, se puede considerar problemático.

En realidad, no es suficiente medir el TDS en el agua dado que deja de lado características muy importantes para establecer su calidad.

Muchas de las sustancias disueltas en el agua no dicen nada sobre su calidad. Una alta conductividad debida a una gran cantidad de calcio, de hecho, proporciona una alta conductividad muy deseable en el agua.

Por el contrario, un agua puede contener muy pocos sólidos, pero si se trata de arsénico, con 20 µS será suficiente para envenenarme. Por tanto, no se trata de una medida alta o baja de TDS, sino de qué tipo de sólidos, no importa que sea mucha o poca cantidad, son los que están disueltos en el agua.

La conductividad y el TDS sirven para detectar la presencia global de sustancias disueltas, pero no identifican por sí solos qué contaminante está presente. Un resultado elevado debe interpretarse junto con otras mediciones.

Nitratos, nitritos y fertilizantes

Los niveles elevados de nitratos están asociados a la contaminación agrícola proveniente de los fertilizantes, nitrógeno y fósforo, y los desperdicios animales, nitrógeno.

Las letrinas, las aguas residuales, los vertederos y la contaminación industrial también pueden contribuir a la presencia de nitrógeno.

El monitoreo de los nitratos es una manera sencilla de evaluar los impactos de los residuos agrícolas y humanos sobre la calidad del agua.

Los nitratos son otro indicador de contaminación que produce alta conductividad en el agua potable. La dureza procedente de nitratos se forma debido a fertilizantes de nitrógeno orgánico e inorgánico, o por la filtración de aguas residuales.

Actualmente existen tiras reactivas para medir el nivel de nitratos en el agua. Para monitorear los nitratos existen tanto tiras reactivas como kits de prueba de discos de colores. Los nitratos se pueden medir también con un aparato digital.

Los nitratos son realmente peligrosos cuando durante el proceso digestivo, y en combinación con bacterias, se convierten en nitritos.

El amonio está presente de forma natural en el agua, proveniente de la descomposición de materia orgánica, proteínas y aminoácidos, así como de los procesos de desinfección del agua con cloramina.

Al oxidarse primero en nitrito y luego en nitrato, medir el amonio y estos dos elementos permite predecir cuánto tarda en contaminarse el agua con materia orgánica: cuando la concentración por amonio es más elevada que la del nitrito y el nitrato, la contaminación con materia orgánica ha sido reciente.

El Real Decreto 140/2003 establece un valor máximo de amonio en el agua de consumo humano de 0,50 mg/l.

Metales pesados y otros contaminantes

Para determinar si el agua de un pozo es potable, es necesario analizar su calidad microbiológica y química. Aunque a simple vista pueda parecer limpia, es posible que contenga bacterias, virus, metales pesados o contaminantes químicos.

Los metales pesados como el plomo, el mercurio, el cobre y el cromo suelen ser temas de interés local. La amplia mayoría de estos análisis adicionales se realizan de mejor manera en un laboratorio gracias a las tecnologías actuales.

Los fluoruros, el arsénico y los nitratos son parámetros que conviene priorizar en determinados programas de monitoreo químico.

Las opciones de pruebas de campo portátiles para el arsénico son limitadas, ya que este tipo de contaminante se puede medir mejor en un laboratorio.

Aunque las concentraciones de arsénico “medidas” con estos kits pueden ser imprecisas, efectivamente se puede detectar arsénico en casi todas las muestras mayores de 100 microgramos por litro, ug/L, así como en la mayoría de las muestras de entre 50 y 99 ug/L.

Los pesticidas y los contaminantes industriales o mineros, como los bifenilos policlorados y el cianuro, también pueden requerir análisis específicos.

Hierro, manganeso y sales disueltas

Si los recursos lo permiten, conviene agregar los metales naturales de hierro y manganeso, y el contenido total de sólidos disueltos a los programas de monitoreo.

Estos tres elementos pueden causar problemas de sabor y olor que podrían motivar a los consumidores a buscar fuentes de agua más apetecibles y potencialmente inseguras.

Existen tanto tiras reactivas como kits de prueba de discos de colores para el hierro y el manganeso, que también pueden medirse usando instrumentos digitales portátiles.

Las pruebas de campo con equipos digitales se consideran confiables para ambos elementos químicos.

El contenido total de sólidos disueltos incluye una mezcla de sales inorgánicas, principalmente sodio, cloruro, potasio, calcio y magnesio.

Más que examinar los componentes particulares, el total de sólidos disueltos se monitorea evaluando la conductividad del agua con un medidor digital.

Análisis microbiológico: bacterias y microorganismos

El agua de consumo humano no debe contener bacterias, dado que son el gran enemigo de la salud pública. Si el agua tiene presencia de bacterias coliformes o Escherichia coli, E. coli, es que ha sido contaminada.

Esto puede suceder si el agua de lluvia que contiene excrementos de ganado se filtra en las canalizaciones de agua de grifo, por ejemplo.

El método de ensayos para detectar estas bacterias tiene como referencia la norma UNE EN ISO 9308-1:2000, aunque se pueden emplear otras según la ley española de criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano.

El Real Decreto 140/2003 sitúa en 0 UFC, Unidad Formadora de Colonias, en 100 ml de agua el límite de presencia de estos microorganismos, es decir, que no puede haber ninguna bacteria viable en la muestra tomada.

Las bacterias, los virus y los parásitos no siempre alteran el aspecto, el olor o el sabor del agua. Por eso, una evaluación sensorial nunca puede sustituir al análisis microbiológico.

Cómo medir el agua de un pozo

Contar con un pozo de agua es una gran ventaja, pero es fundamental asegurarse de que el agua sea apta para el consumo humano. Beber agua contaminada puede representar riesgos para la salud, por lo que es importante realizar análisis adecuados y aplicar tratamientos si es necesario.

Algunas señales que pueden indicar que el agua no es potable incluyen olor o sabor extraño, color anormal, sedimentos o partículas en suspensión y presencia de espuma o residuos grasos.

La mejor manera de saber si el agua de un pozo es potable es realizar un análisis en un laboratorio especializado.

Los parámetros clave a analizar incluyen el pH, la presencia de bacterias como Escherichia coli y coliformes, los niveles de nitratos y nitritos, los metales pesados como plomo, arsénico o mercurio y la dureza del agua, determinada por la cantidad de calcio y magnesio.

Estos análisis deben realizarse al menos una vez al año o si notas cambios en el agua.

El agua de un pozo se considera buena si cumple con los estándares de calidad establecidos por organismos de salud. Sin embargo, las pruebas caseras solo ofrecen una indicación superficial.

Análisis de agua de pozo en laboratorio

Cómo interpretar los resultados de un kit

En función de los resultados ya podrás valorar qué solución se adecua mejor a tus necesidades, pero un resultado aislado no permite diagnosticar por completo el origen del problema.

Las tiras reactivas son útiles para una primera comprobación de pH, cloro, nitratos y algunos metales, pero pueden verse afectadas por la iluminación, la fecha de caducidad, el tiempo de contacto y la interpretación del color.

Los kits de discos de colores suelen ser más precisos que las tiras cuando se siguen correctamente todos los pasos y tiempos de espera.

Los instrumentos digitales pueden ofrecer datos cuantitativos más precisos, pero necesitan calibración y deben utilizarse conforme a las instrucciones del fabricante.

Si un resultado indica turbidez, coloración, olor extraño, presencia de nitratos, pH anormal, conductividad elevada o contaminación microbiológica, no debe considerarse el agua segura únicamente porque otro parámetro se encuentre dentro del rango esperado.

Cuándo solicitar un análisis profesional

Antes de tomar la decisión de instalar cualquier equipo en el hogar, primero hay que asegurarse de que realmente se necesita. Los análisis de agua determinan el nivel de dureza, bacterias y otras impurezas que puede contener el agua del grifo.

Es especialmente importante solicitar un análisis profesional cuando el agua procede de un pozo, cambia repentinamente de color, olor o sabor, contiene sedimentos, existe una sospecha de contaminación agrícola o industrial, las tuberías son antiguas o hay una cisterna en mal estado.

También es recomendable analizar el agua después de reparar tuberías, modificar una instalación, limpiar un depósito o instalar un sistema de tratamiento.

Un análisis detallado debe incluir, según el origen y el uso del agua, parámetros físicos, químicos y microbiológicos. Los contaminantes concretos no pueden descartarse únicamente mediante una inspección visual o una medición de TDS.

Tuberías, depósitos y cisternas

Los conductos por los que pasa el agua, hasta que llega al grifo de la vivienda, también determinan el nivel de calidad del agua.

Una red de tuberías que esté dañada puede hacer que el agua salga turbia. Sobre todo si las tuberías están viejas o en mal estado, lo mejor es repararlas lo antes posible.

Algunas señales muy claras pueden ser que haya grietas y filtraciones de agua, que disminuya la presión del agua o la acumulación de suciedad y corrosión.

El agua puede ser adecuada en el punto de abastecimiento y deteriorarse después al atravesar una instalación doméstica defectuosa o permanecer en un depósito contaminado.

La revisión periódica de la red de agua potable de la vivienda ayuda a detectar fugas, corrosión, sedimentos y otras alteraciones que pueden afectar a la calidad del agua.

Tratamientos según el problema detectado

Instalar un sistema de purificación de agua puede ayudar a aumentar la calidad del agua. Lo que hace exactamente este sistema es pasar el agua por diferentes filtros, limpiándola antes de salir por el grifo de la casa.

Para solucionar la dureza elevada se puede utilizar un descalcificador para eliminar las sales de cal del agua. Otra opción es utilizar un sistema purificador o filtro para acabar con la cal del agua.

Los filtros de agua están avanzando mucho en lo que a la eliminación de nitratos en el agua se refiere.

Los filtros de carbón activo o los sistemas de ósmosis inversa pueden mejorar la calidad del agua, pero su conveniencia depende del contaminante que se haya identificado y de las características de la instalación.

La ósmosis inversa, un descalcificador y un sistema de purificación no resuelven necesariamente el mismo problema. La elección debe basarse en los resultados del análisis y en las condiciones del agua.

En la mayoría de los hogares se descalcifica con un intercambiador de iones. Estos deben ser regenerados con cloruro de sodio, por lo que contaminan en gran medida el agua residual y elevan la concentración de sodio en el agua potable.

Los fosfatos se utilizan como suavizante. Por simplicidad, la dosificación de fosfatos se conoce como descalcificación, pero en realidad este tipo de tratamiento del agua no elimina los iones de calcio y magnesio sino que simplemente evita su cristalización.

Medidas de prevención y mantenimiento

Acciones tan simples como ducharte en vez de bañarte, cerrar el grifo cuando hayas terminado de usar el agua o revisar cada cierto tiempo la red de agua potable de tu vivienda evitarán que la instalación se estropee y harán mucho menos probable que salga agua contaminada por las tuberías.

La demanda y la necesidad de más recursos hídricos puede crear problemas en la calidad del agua. La contaminación es la causa principal, dado que produce cambios en la composición física, química o biológica del agua por la introducción de sustancias o microorganismos no deseados.

El uso de productos biodegradables ayuda a evitar que la instalación se deteriore y reduce la entrada de determinadas sustancias en la red de aguas residuales.

Los problemas causados por el agua tienen graves consecuencias y deberían eliminarse a toda costa, aunque sea a base de dar la lata al proveedor de agua local, incluso, si es posible, con el apoyo de vecinos afectados cuando se trata de problemas graves.

Si el origen del problema no se puede corregir de inmediato, conviene evitar el consumo del agua hasta disponer de una evaluación fiable y seguir las indicaciones de los organismos sanitarios correspondientes.

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