Desinfección del aire y superficies: métodos eficaces y recomendaciones

La desinfección eficaz del aire y de las superficies requiere combinar ventilación, limpieza previa, selección adecuada del desinfectante, respeto de la concentración y del tiempo de contacto, y mantenimiento de los equipos de climatización. La limpieza elimina la suciedad y la materia orgánica; la desinfección reduce o destruye los microorganismos; y la esterilización elimina todas las formas de vida microbiana, incluidas las esporas bacterianas.

En espacios interiores, el riesgo de contagio por vía aérea es más elevado si existe poca ventilación. La ventilación natural con aire exterior, siempre y cuando sea posible, reduce el riesgo de contagio por vía aérea. Cuando no sea suficiente o no pueda realizarse, la calidad del aire interior puede mejorarse mediante filtración, purificación y sistemas específicos de desinfección, siempre aplicados de acuerdo con sus requisitos técnicos y de seguridad.

Diferencia entre limpieza, desinfección, descontaminación y esterilización

La limpieza consiste en la eliminación de la suciedad visible, tanto orgánica como inorgánica, de las superficies y los objetos. Cuando hablamos de limpieza, nos referimos a aquellas actividades que realizamos para quitar la suciedad de las superficies, como quitar el polvo, grasas, aceites o restos de comida.

La desinfección es el proceso de eliminación de microorganismos patógenos de objetos y superficies mediante procedimientos químicos, físicos o radiación. La desinfección supone la destrucción de microorganismos pero no necesariamente de las formas de resistencia como las esporas bacterianas o los agentes biológicos enquistados.

La descontaminación es el proceso de eliminación de los microorganismos patógenos de los objetos de forma que su manipulación sea segura. La esterilización es el proceso por el que se destruyen completamente todas las formas de vida microbiana, incluidas las esporas bacterianas, que son las más resistentes.

Limpieza y desinfección son dos conceptos íntimamente relacionados ya que para una correcta desinfección de una superficie es preciso haberla limpiado antes, es decir, haber eliminado previamente suciedad, grasa, partículas de comida, pelo… para posteriormente proceder a desinfectar. Dicho de otro modo, no puede existir una buena desinfección sin una correcta limpieza previa.

La limpieza de materiales u objetos siempre va a ser un requisito previo a los métodos específicamente establecidos para destruir los microorganismos: la desinfección y la esterilización. Además de eliminar microorganismos, la limpieza va a retirar sangre u otra materia orgánica cuya presencia reduce la eficacia de los agentes desinfectantes, bien porque provocan su inactivación, bien porque protegen, encapsulan o aíslan a los microorganismos.

ProcedimientoObjetivo principal
LimpiezaEliminación de suciedad y materia orgánica.
DesinfecciónReducción o destrucción de microorganismos, sin garantizar la eliminación de esporas.
DescontaminaciónEliminación de microorganismos patógenos para permitir una manipulación segura.
EsterilizaciónDestrucción completa de todas las formas de vida microbiana, incluidas las esporas bacterianas.

Principios básicos para desinfectar correctamente

La elección del método de descontaminación debe tener en cuenta el uso al que está destinado el material u objeto, su composición, la resistencia al tratamiento elegido y el riesgo de infección que supone para la persona que lo maneja.

La elección de las técnicas de limpieza y desinfección se realizará en función de la superficie a ser higienizada, la cantidad y tipo de materia orgánica presente y la urgencia o necesidad con que deba ser limpiada. El nivel de desinfección obtenido depende de la cantidad y localización de los microorganismos, la resistencia de los microorganismos al método empleado, el tipo y cantidad de materia orgánica e inorgánica, la concentración del desinfectante, la temperatura, el tiempo de contacto, el pH y la dureza del agua.

  • La superficie debe limpiarse antes de aplicar el desinfectante.
  • El producto debe utilizarse en la concentración indicada.
  • Debe respetarse el tiempo de contacto establecido por el fabricante.
  • La aplicación debe cubrir toda la superficie que se desea tratar.
  • La materia orgánica debe retirarse porque puede inactivar el desinfectante o proteger a los microorganismos.
  • Debe comprobarse la compatibilidad del producto con el material.
  • Los productos deben conservarse en sus envases adecuados, cerrados y protegidos de condiciones que alteren su estabilidad.
  • La eficacia del procedimiento debe verificarse cuando el nivel de riesgo lo requiera.

Desinfección de superficies: procedimiento paso a paso

1. Ventilar el espacio

Para conseguir una buena purificación del aire, es de vital importancia mantener abierta las ventanas de cada habitación. Las dejaremos abiertas al menos durante 5 minutos para que el aire pueda regenerarse.

2. Retirar el polvo y la suciedad

Previo a la desinfección, debemos retirar la suciedad. Para ello, con un paño o plumero, quita el polvo, los restos de grasas o comidas de las superficies que vayas a desinfectar.

El proceso de limpieza también tiene un procedimiento propio que, en este caso, consiste en ir desde la parte más limpia a la más sucia de forma que en la operación no extiendas la suciedad de unas zonas a otras.

3. Aplicar el desinfectante

Una solución recomendable es usar una disolución de hipoclorito de sodio con agua en concentraciones del 0,1% (mezclar 20ml de lejía de uso doméstico al 3-5% con 980ml de agua) y, preferentemente, la dilución debe prepararse el día de su utilización.

Otra solución eficaz para la limpieza de superficies es el alcohol al 70-90%. En ambos casos, primero se limpiará la superficie con agua y jabón o con un detergente específico para eliminar la suciedad de las superficies y tras eso, proceder a la desinfección.

La forma de aplicación será pulverizando un paño o toallita con el líquido desinfectante con el que luego limpiarás cada superficie. Una vez sobre la superficie, debemos dejar actuar durante 5 minutos y después aclarar. Para el resto de desinfectantes, leeremos sus instrucciones para ver cuál es el tiempo que debe pasar antes del aclarado.

4. Respetar las medidas de seguridad

Utilizar desinfectantes puede resultar tóxico si no se usan las concentraciones adecuadas o si se mezclan. Por ejemplo, la mezcla de lejía con amoníaco es tóxica y puede causar irritaciones respiratorias porque liberan gases potencialmente mortales.

Procura mantener las ventanas abiertas al preparar y usar este tipo de productos desinfectantes, asegúrate de que los envases están bien cerrados tras su uso y lávate a conciencia las manos después de usarlos.

El uso de guantes está recomendado, a la protección anterior deberás sumarle una mascarilla quirúrgica y una protección para los ojos para evitar irritaciones respiratorias y oculares. Los guantes y las mascarillas deben desecharse después de su uso.

Superficies que conviene priorizar

Una correcta limpieza y desinfección de superficies en entornos no sanitarios ayuda a disminuir el riesgo de contagio por la COVID-19. Al referirnos a entornos no sanitarios hacemos alusión directa a las viviendas, las oficinas, las escuelas y universidades, los gimnasios, los mercados y centros comerciales, los edificios públicos, los medios de transporte y los espacios de restauración, entre otros.

En estos lugares la clave es establecer un criterio de prioridades para desinfectar cuanto antes los puntos susceptibles de soportar un mayor riesgo de contacto como son los pomos de las puertas y ventanas, las zonas donde se cocina, las encimeras, los pulsadores e interruptores de la luz, las superficies de los baños, los dispositivos con opciones táctiles, los teléfonos, etcétera.

  • Pomos y tiradores de puertas y ventanas.
  • Interruptores, pulsadores y controles.
  • Encimeras y zonas de preparación de alimentos.
  • Superficies de baños e inodoros.
  • Mesas, sillas y mobiliario de uso frecuente.
  • Teléfonos, teclados, pantallas y dispositivos táctiles.
  • Asideros y superficies de contacto en vehículos.

Aunque con menor frecuencia, también debemos desinfectar asiduamente aquellas superficies a las que más uso le damos, como el baño o inodoro, o mesas y sillas.

Ventilación y renovación del aire interior

Dado que la principal via de transmisión del virus SARS-CoV-2 se considera la aérea, la ventilación y climatización de espacios cerrados con concurrencia humana son dos factores importantes a tener en cuenta para la prevención y el control de la COVID-19.

La ventilación natural con aire exterior, siempre y cuando sea posible, reduce el riesgo de contagio por vía aérea. En el interior de los edificios, el riesgo de contagio por vía aérea es más elevado si existe poca ventilación.

Se recomienda un valor mínimo de 12,5 L/segundo en la renovación de aire por ocupante para considerar al aire de buena calidad. Así, es posible que se deba recalcular la ocupación máxima en los espacios en base a este criterio.

Debemos verificar que los equipos encargados de la renovación del aire trabajen en condiciones previstas de servicio, garantizando un caudal máximo de ventilación. Desconectar los controles específicos de calidad del aire, dando prioridad al uso continuado y a máximo caudal del sistema.

  • Ventilar de forma natural cuando las condiciones del edificio y del clima lo permitan.
  • Comprobar los caudales reales de ventilación.
  • Evitar la recirculación innecesaria del aire.
  • Mantener la extracción de aseos y zonas anexas.
  • Revisar filtros, rejillas, difusores, conductos y baterías.
  • Adaptar la ocupación al caudal de aire exterior disponible.

La recomendación es que antes de la apertura de cualquier comercio, ya sea pequeño o una gran superficie comercial, se ponga la ventilación forzada de aire exterior, siempre que exista y se pueda, a caudal nominal al menos dos horas antes de la apertura, y dejar un caudal más bajo 2 horas después del cierre del establecimiento.

Por las noches y fines de semana: mantener la ventilación forzada funcionando a bajo caudal. Cerrar compuertas de recirculación trabajando con aire exterior en las unidades de tratamiento con circulación de aire. Parada de los Recuperadores de Calor de tipo rotativo. Mantener de forma permanente los sistemas de extracción dedicados a las zonas de aseos u otras zonas anexas a la oficina.

Esquema de ventilación y renovación de aire

Temperatura y humedad relativa

Si hasta ahora se requería un control de temperatura y, en algunos casos, de humedad, ahora tenemos que añadir un factor más: la salud de las personas.

En los edificios y locales de uso público, en la actualización del RITE del 2021, en verano la temperatura operativa debe estar entre 23 y 25ºC con una humedad relativa entre el 45 y el 60%. En invierno, la temperatura operativa debe estar en 21 y 23ºC con una humedad relativa entre el 40 y el 50%.

El gobierno, ha limitado mediante decreto-ley, hasta el 1 de noviembre de 2023, esta temperatura en edificios púbicos y establecimientos comerciales, estableciendo que la temperatura de estos recintos calefactados no podrá ser superior a 21 grados, mientras que en los recintos refrigerados esta no será inferior a 26 grados.

En ambos casos, la humedad relativa del ambiente deberá estar comprendida entre el 30 y el 70 por ciento.

Mantenimiento de los sistemas de climatización

No menos importante es la realización de una revisión de la instalación de climatización antes de la reapertura de oficinas, centros comerciales o pequeños comercios. Esta debe asegurar la limpieza o reemplazo de los filtros de aire exterior, en caso necesario, para maximizar en lo posible el caudal de ventilación.

En edificios y establecimientos que hayan cesado su actividad, realizar una revisión general de la instalación de climatización y ventilación antes de la reapertura, limpiando rejillas, difusores, conductos, filtros y batería, nos asegura un control sobre la limpieza y seguridad de estas instalaciones.

Filtros de aire

Los filtros son elementos esenciales en los sistemas de climatización y ventilación, ya que su función es retener la suciedad del aire que entra e impedir que la contaminación del exterior pase al interior.

Debemos tener en cuenta que estos filtros necesitan un mantenimiento para impedir que un exceso de partículas se acumule en su interior, perdiendo así la eficiencia de filtrado. Un filtro saturado puede reducir el caudal de aire en circulación en la unidad.

Por lo que se recomienda reemplazar los filtros de aire respetando las indicaciones del programa de mantenimiento anteriormente establecido.

Filtros HEPA

Solo si el ventilador del equipo lo permite, se recomienda mejorar la eficacia del filtro, siempre que se garantice el caudal de aire nominal del equipo. Siendo así, existe la opción de incorporar filtros de alta calidad, como son los filtros HEPA.

Los filtros HEPA “High Efficiency Particulate Air” están compuestos por una malla de fibras de vidrio con un diámetro de 0,5 a 2,0 micras. Su función es la de atrapar aquellas partículas imperceptibles al ojo humano, como por ejemplo virus y bacterias, purificando así el aire de agentes contaminantes.

La diferencia entre un filtro normal y el filtro HEPA es que este último atrapa el 99,97% de las partículas con un tamaño superior a 0,3 micras. Este tipo de filtros se pueden utilizar tanto en sistemas de ventilación domésticos como en salas blancas de hospitales y centros médicos o salas blancas industriales.

Por último, debemos tener en cuenta que estos filtros necesitan un mantenimiento para que no se acumulen en su interior un exceso de partículas y pierda la eficiencia de filtrado.

Unidades de impulso y retorno

Aunque se recomienda realizar una por temporada, dada esta situación excepcional, se recomienda reforzar el mantenimiento de los climatizadores especialmente en los siguientes puntos:

  • Verificación de las unidades y secciones cerradas: juntas, puertas o registros.
  • Verificación de presiones y caudales nominales de la unidad.
  • Limpieza de equipos y componentes: baterías, superficie interior, etc.

Purificación y desinfección del aire

En el caso concreto de aquellas zonas o espacios en los que no es posible ventilar de forma natural, se debe mejorar igualmente la calidad de aire interior mediante sistemas de purificación del aire.

Existen varios tipos, pero nos centraremos en los sistemas basados en ozono, luz ultravioleta y filtración de partículas. Cada tecnología tiene condiciones de eficacia, limitaciones y requisitos de seguridad diferentes.

Purificación mediante filtros

Los filtros retienen partículas presentes en el aire y pueden contribuir a reducir la carga contaminante cuando están correctamente dimensionados, instalados y mantenidos.

Solo si el ventilador del equipo lo permite, se recomienda mejorar la eficacia del filtro, siempre que se garantice el caudal de aire nominal del equipo.

La eficacia real de un filtro depende de su clase, del caudal, de la estanqueidad del montaje y del mantenimiento. Un filtro saturado puede reducir el caudal de aire en circulación y perjudicar el funcionamiento de la unidad.

Radiación ultravioleta UV-C

Si queremos mejorar la calidad del aire, una buena opción también serían los purificadores de aire UV, los cuales utilizan UVGI para matar y eliminar los microbios que pasan a través del sistema, con una sencilla instalación.

La irradiación ultravioleta germicida, UVGI, utiliza luz ultravioleta de longitud de onda corta, UVC, para matar microorganismos al destruir su ácido nucleico y alterar su ADN, por lo que no pueden realizar funciones celulares vitales.

La radiación ultravioleta tiene diversas aplicaciones potenciales, pero su efectividad germicida y su uso se ve influenciado por la materia orgánica, la longitud de onda, la temperatura, el tipo de microorganismo y la intensidad la cual, a su vez, se ve afectada por la distancia y la suciedad de las lámparas.

La eficacia de los rayos UV germicidas depende de la duración del tiempo de exposición, la longitud de onda e intensidad del UV y otras partículas que pueden proteger a los microorganismos contra los rayos UV y el nivel de resistencia de cada microorganismo específico a la exposición a los rayos UV.

Debido a su bajo poder de penetración su uso se limita a microorganismos no envueltos, virus, bacterias y hongos. Este método es particularmente útil contra los microorganismos presentes en el aire y, en menor medida, contra los microorganismos presentes en superficies o en materiales que no resisten la acción de otros métodos.

El incremento en las necesidades de desinfección debido a la pandemia de Covid-19 ha causado un mayor uso de equipos de luz UV-C para desinfectar el aire y superficies en espacios interiores. Esta tecnologia debe utilizarse de manera competente en lo que respecta a la dosis y la seguridad, ya que su uso inapropiado puede ser perjudicial para la salud.

Los equipos UV-C deben instalarse y utilizarse de manera que la radiación no alcance directamente a las personas. La eficacia no depende únicamente de encender una lámpara, sino de proporcionar la dosis adecuada en el lugar y durante el tiempo necesarios.

Lámpara UV-C para desinfección del aire

Ozono

El ozono, O3, es una molécula compuesta por tres átomos de oxígeno. Es un gas que se encuentra de forma natural en capas altas de la atmósfera y se caracteriza por tener un gran poder oxidante.

La desinfección con ozono elimina patógenos mediante la oxidación de la cobertura de virus, bacterias y hongos y un amplio espectro de microorganismos, que quedan desactivados. Una vez que esto ha ocurrido, el ozono se descompone de la misma manera que ocurre en la atmósfera de forma natural y vuelve a ser oxígeno, por lo que no deja ningún tipo de residuo químico.

La utilización de ozono es un método de especial utilidad en la industria agro-alimentaria, ya que, a su alta eficacia en la eliminación de microorganismos, como hongos, bacterias, virus y protozoos, así como compuestos químicos contaminantes, se suma la gran ventaja que supone su nula residualidad: el ozono se descompone rápidamente sin dejar subproductos tóxicos.

Al tratarse de un gas, logra llegar a todos los rincones, algo que no ocurre por ejemplo, con la lejía. Además, la desinfección con ozono no daña los materiales que se tratan, por las bajas concentraciones de O3 y los bajos tiempos de exposición que son requeridos.

El ozono, como cualquier otro agente oxidante, puede resultar perjudicial si no es manejado correctamente en sus aplicaciones en aire. La única vía de exposición del ozono es la inhalatoria, es decir, si se respira en cantidades grandes, superiores a las recomendadas en la normativa, o durante largos periodos de tiempo.

Si esto ocurre, el ozono puede provocar irritación en los ojos o la garganta, la cual suele pasar después de respirar aire fresco durante algunos minutos.

Las desinfecciones de choque con concentraciones más altas deben realizarse en ausencia de personas para asegurar la máxima seguridad y eficacia. Como ocurre con cualquier biocida, lejía, alcohol o cloro, han de seguirse sus recomendaciones de uso.

En cualquier caso, la aplicación de ozono debe combinarse con una correcta ventilación y una filtración adecuada de partículas, que aseguren que la calidad del aire interior es óptima.

Desinfección por vía aérea de superficies y ambientes

La desinfección por vía aérea de superficies y ambientes, DSVA, es una tecnología muy apropiada para completar los procesos de limpieza y desinfección, ya que es capaz de alcanzar zonas críticas a las que sería difícil de acceder con las técnicas tradicionales.

Este procedimiento también conocido como procedimiento de desinfección no dirigido permite que, desde una fuente emisora de solución desinfectante y en ausencia de personas, se pueda efectuar un tratamiento por vía aérea, alcanzando tanto la desinfección del ambiente como de las superficies, sobre todo superficies de difícil acceso para la desinfección tradicional.

En la industria alimentaria y, en particular, en el sector pecuario está muy extendido el uso de técnicas de desinfección de superficies por vía aérea como acción complementaria a la desinfección habitual de superficies siendo las más empleadas la nebulización húmeda, la termonebulización o la fumigación o nebulización en seco.

La DSVA no sustituye a la limpieza previa ni debe realizarse en presencia de personas si el producto o el procedimiento exige un recinto vacío.

Nebulización y fumigación en seco

Una de las ventajas de la nebulización en seco frente a otros procedimientos como la termonebulización es la reducción del consumo de agua en los procedimientos de limpieza y desinfección de las industrias alimentarias.

El humo actúa como transporte de la materia activa y permite su aplicación en zonas a desinfectar donde el uso del agua no es recomendado o la humedad puede suponer un problema.

El humo se suspende, fluyendo en el aire del área confinada durante un tiempo hasta que finalmente las micropartículas se depositan sobre todas las superficies. Así pues, la actividad biocida se inicia en el aire para después continuar en las superficies.

Como en cualquier proceso de desinfección, los resultados microbiológicos se verán afectados por el nivel de limpieza del que partamos, así como, de la correcta cubicación y estanqueidad de la sala y del plazo de seguridad o actuación del producto en el recinto.

  • Granjas avícolas e incubadoras.
  • Áreas de procesamiento.
  • Locales de almacenamiento de productos acabados y materias primas.
  • Laboratorios.
  • Cámaras frigoríficas.
  • Cámaras de maduración y secado.
  • Salas de envasado y manipulación.
  • Salas blancas.
  • Conductos de aire.
  • Silos y camiones para el transporte de productos alimenticios sólidos o en polvo.

Desinfección térmica

Según un estudio realizado por el IRTA, el 99,99% de la carga vírica de coronavirus presente en espacios cerrados y superficies se inactivaria sometiéndolos a 56ºC durante 52 minutos, o a 65ºC durante 7,5 minutos.

La limpieza mecánica mediante lavadoras puede incluir un aclarado desinfectante con agua caliente, mínimo 71ºC durante 3 minutos, y el secado completo de las piezas.

La esterilización por vapor se desarrolla en un autoclave y consiste en exponer cada elemento al contacto directo con vapor de agua saturado a la presión y la temperatura requeridas durante el tiempo especificado.

Métodos de limpieza de superficies y equipos

Limpieza manual por inmersión

Consiste en la inmersión completa de los objetos en la solución limpiadora de forma que se garantice que tanto el agente limpiador como los instrumentos de limpieza alcanzan la suciedad presente.

La limpieza propiamente dicha con cepillos, chorro de agua, etc. debe realizarse por debajo de la superficie de la solución limpiadora. El proceso se completa con el escurrido de la solución limpiadora y un completo aclarado y secado de los elementos lavados.

Limpieza manual sin inmersión

Consiste en la limpieza de los elementos que no pueden mojarse. El proceso implica la limpieza con paños impregnados en la solución limpiadora, cuidando de que esta no penetre en el dispositivo.

El proceso debe completarse con el aclarado y completo secado, manual o en cámaras de secado.

Limpieza mecánica

Uno de los aspectos más importantes es la colocación de los dispositivos de forma que permitan la máxima exposición y una adecuada circulación de agua y detergente durante el ciclo de lavado en el que se suceden distintas etapas a diferentes temperaturas.

Limpieza por ultrasonidos

La limpieza por ultrasonidos consiste en la cavitación debida a las burbujas de aire que se forman por la acción de ondas sonoras de alta frecuencia y elevada intensidad que provocan la rotura de la adherencia de la suciedad a las superficies.

Barrido húmedo

Esta técnica de desinfección consiste en la eliminación de la suciedad de las superficies contaminadas por materia inorgánica. Este procedimiento se realiza mediante medios que permiten la adherencia del polvo y otro tipo de partículas como paños o mopas húmedas, en el caso del suelo.

Técnica de doble cubo

Este sistema de fregado de suelo consiste en un dispositivo con dos cubos, uno de color azul, limpio, y otro de color rojo, sucio.

El azul se utiliza para empapar la fregona antes de limpiar la superficie y el de color rojo para escurrir el agua sucia después de fregar. Es una técnica de limpieza segura, ya que no mezcla los desinfectantes con los contaminantes.

Desinfectantes químicos

Los agentes desinfectantes son compuestos químicos o mezclas de los mismos que, bajo determinadas condiciones, son capaces de destruir los microorganismos. Cada agente desinfectante tiene características distintas y usos definidos, por lo que su elección y manipulación deben ajustarse lo máximo que sea posible al tipo de microorganismos presentes y al nivel de desinfección deseada.

Los desinfectantes se pueden presentar listos para su uso o bien precisar de dilución para conseguir la concentración adecuada al objetivo planteado.

Hipoclorito de sodio

El hipoclorito de sodio es más conocido como lejía o cloro. Una solución recomendable es usar una disolución de hipoclorito de sodio con agua en concentraciones del 0,1%.

El hipoclorito de sodio actúa sobre una gran cantidad de microorganismos, pero no sobre esporas.

Las soluciones diluidas no son estables y deben prepararse diariamente. Es incompatible con formaldehído, alcoholes y ácidos.

Alcohol

Otra solución eficaz para la limpieza de superficies es el alcohol al 70-90%. La superficie debe limpiarse previamente con agua y jabón o con un detergente específico para eliminar la suciedad.

Amonios cuaternarios

Entre estos tipos de desinfectantes encontramos el amonio cuaternario, en una disolución en agua del 0,2%.

Desinfectantes de nivel alto

Entre los desinfectantes de este tipo encontramos el glutaraldehído disuelto al 2% en agua. Son los desinfectantes más potentes, ya que permiten acabar con todo tipo de hongos, bacterias y esporas.

Desinfectantes de nivel medio

Entre estos desinfectantes podemos encontrar el hipoclorito de sodio, actúan sobre una gran cantidad de microorganismos, pero no sobre esporas.

Desinfectantes de bajo nivel

Entre estos tipos de desinfectantes encontramos el amonio cuaternario, en una disolución en agua del 0,2%.

Producto o métodoAplicación o característica
Hipoclorito de sodioSuperficies; concentración del 0,1% para la disolución indicada.
AlcoholSuperficies; concentración del 70-90%.
Amonio cuaternarioDesinfectante de bajo nivel; disolución en agua del 0,2%.
GlutaraldehídoDesinfectante de nivel alto; disuelto al 2% en agua.
UV-CRadiación germicida cuya eficacia depende de dosis, distancia, tiempo, longitud de onda y limpieza de la lámpara.
OzonoOxidante gaseoso que requiere control de concentración, tiempo de exposición y ausencia de personas en tratamientos de choque.

Factores que reducen la eficacia de la desinfección

Cuanto mayor sea el número de microorganismos mayor será el tiempo que tardaremos en eliminarlos. Sólo se desinfecta la superficie que se encuentre en contacto directo con el compuesto.

Tenemos que tener en cuenta que no todos los microorganismos tienen la misma resistencia ante las distintas sustancias desinfectantes. Por ello, la subpoblación de microorganismos más resistente será aquella que determine el tiempo de desinfección o esterilización, así como la concentración del compuesto.

A mayor concentración de desinfectante mayor será su eficacia y más corto será el tiempo necesario para conseguir eliminar a todos los microorganismos. Con excepción de los productos yodóforos, los cuales deben ser diluidos previamente.

Factores como la temperatura, pH, humedad relativa o dureza del agua son de gran importancia durante los procesos de desinfección.

Restos de suero, sangre, pus o heces pueden afectar a la actividad antimicrobiana de los desinfectantes, debido a que pueden reaccionar con las sustancias químicas de estos productos. Por ello es de gran importancia que la limpieza previa a la desinfección haya sido exhaustiva.

En caso de instrumentos médicos, estos deberán estar completamente inmersos en desinfectantes el tiempo pertinente en función del compuesto utilizado.

Desinfección de hospitales y centros sanitarios

El mantenimiento de la limpieza y desinfección en los centros hospitalarios tiene como objetivo, además de preservar la imagen del hospital, mantener bajo control la carga microbiana y prevenir las enfermedades nosocomiales.

Los hospitales ponen en marcha protocolos de limpieza y desinfección con los que se disminuyen los riesgos de contaminación cruzada. El principal objetivo de seguir un procedimiento de higiene y desinfección es proteger la salud tanto de los pacientes hospitalizados como del personal sanitario.

Áreas críticas

Son sectores, salas o servicios del hospital donde encontramos a pacientes graves, pacientes con enfermedades crónicas o estancias donde se realizan procedimientos invasivos.

  • Quirófanos.
  • Central de equipos y esterilización.
  • Unidad de cuidados intensivos.
  • Banco de sangre.
  • Laboratorios.
  • Camas, camillas, mesas de exploración y sillas de ruedas.

Áreas semicríticas

En estas áreas los pacientes pueden permanecer durante largos periodos de tiempo o bien estar de manera transitoria. Durante su estancia, el paciente puede entrar en contacto a través del mobiliario.

  • Habitaciones para los pacientes.
  • Cuartos de curación.
  • Almacenes y pasillos.
  • Inodoros y retretes.

Áreas no críticas

Son áreas en las cuales las personas están de paso y no tienen contacto directo con los distintos elementos hospitalarios.

  • Oficinas.
  • Salas de espera.
  • Escaleras y ascensores.
  • Zonas exteriores.

Limpieza concurrente y limpieza terminal

Limpieza concurrente

Se trata del proceso de limpieza y desinfección hospitalaria realizado diariamente en todas las unidades del hospital con el fin de limpiar y mantener organizado el ambiente.

En este procedimiento está incluida la limpieza de todas las superficies horizontales, mobiliario, equipamiento, puertas, marcos de ventanas y suelos.

La limpieza recurrente también se encarga de la limpieza y desinfección de camas hospitalarias, mesa de comer, panel de oxígeno y aspiración, soporte de suero y, en definitiva, todo tipo de mobiliario que pueda ser utilizado por el paciente durante su estancia en el centro hospitalario.

Así mismo cabe indicar que las zonas de limpieza concurridas, como los pasillos o salas de espera, deberán limpiarse en aquellos horarios en que haya menor movimiento y cantidad de pacientes.

ÁreaFrecuencia habitual
Áreas críticas3 veces al día, en horario preestablecido.
Áreas semicríticas2 veces al día, en horario preestablecido.
Áreas no críticasUna vez al día, en el horario preestablecido.
Áreas externas2 veces al día, en horario preestablecido.

Limpieza terminal

Se trata del proceso de limpieza y desinfección hospitalaria más completo, incluyendo todo tipo de superficies horizontales, verticales, internas y externas.

El procedimiento incluye la limpieza de paredes, suelos, techos, paneles, equipamientos, todo tipo de mobiliarios como camas, sillas o mesas, lámparas, vidrios…

A diferencia de la limpieza concurrente, en este tipo de limpieza, debemos utilizar maquinaria para la limpieza de suelos, mientras que el uso de detergentes deberá limitarse a superficies que contengan materia orgánica.

La frecuencia de la limpieza terminal más común suele ser:

ÁreaFrecuencia habitual
Áreas críticasLimpieza semanal.
Áreas semicríticasLimpieza mensual.
Áreas no críticasLimpieza quincenal.
Áreas externasLimpieza quincenal.

Desinfección y esterilización de material

La desinfección por inmersión en productos químicos es uno de los métodos más utilizados debido a su relativo bajo coste, su eficacia y rapidez. Sin embargo, la desinfección química debe usarse con un objetivo concreto y no como un procedimiento de rutina.

No es un sustituto de la esterilización. La desinfección, por definición, no garantiza la esterilidad de los productos.

Los desinfectantes químicos pueden ser tóxicos, inflamables o corrosivos, pudiendo producir efectos perjudiciales para la salud de los trabajadores que los manipulan. Se deben escoger desinfectantes que, cumpliendo el objetivo previsto, sean lo menos peligrosos posible.

Desinfección química por inmersión

El proceso de desinfección consiste en tres pasos básicos: la limpieza previa del material que se va a desinfectar, la elección y uso de un desinfectante asegurándose de que la cantidad y las condiciones de uso del mismo son las recomendadas, concentración, temperatura y tiempo de contacto, y el aclarado completo para la eliminación de todo residuo de desinfectante.

El proceso de desinfección puede fallar y permitir la supervivencia de los microorganismos debido a la resistencia innata de los microorganismos, la inactivación del desinfectante, su preparación o un almacenamiento inadecuado.

Esterilización por vapor

Existen distintos tipos de autoclaves; los más utilizados son los autoclaves de desplazamiento por gravedad y los autoclaves de prevacío.

Los autoclaves de prevacío pueden funcionar a 134ºC, con lo que el ciclo se reduce a 3 minutos. Su uso es adecuado para materiales porosos pero no para líquidos, debido al vacío.

Los trabajadores deben usar EPI contra elementos muy calientes. Asimismo, estos equipos deben cumplir con los requisitos de seguridad establecidos para los aparatos a presión.

Esterilización por calor seco

La esterilización por aire caliente es útil para aquellos elementos que pueden soportar temperaturas elevadas. Es importante recordar que la temperatura se debe alcanzar en toda la carga y mantener durante el tiempo de contacto para la esterilización.

Es un método menos eficaz que la esterilización por vapor, pero es útil para la esterilización de líquidos no acuosos, cremas, pomadas, grasas, parafinas, glicerol, etc., y elementos que puedan ser dañados por el vapor.

Esterilización química a baja temperatura

Existen distintos procesos en los que la esterilización se realiza por la acción química de diferentes compuestos sobre los microorganismos. Estos procesos se caracterizan, además, por tener lugar a bajas temperaturas, lo que los hace idóneos para todo aquel material sensible al calor y al vapor.

Los agentes usados con mayor frecuencia son el óxido de etileno y el peróxido de hidrógeno, gas-plasma.

El peróxido de hidrógeno, gas plasma, se forma por la acción de radiofrecuencias o microondas sobre el vapor de peróxido de hidrógeno inyectado en la cámara de esterilización. El proceso transcurre a una temperatura de entre 37ºC y 44ºC durante aproximadamente 75 minutos.

Radiación ultravioleta en aire y superficies

La acción desinfectante y esterilizante de este procedimiento está directamente ligada al tipo de radiación utilizada, penetración e intensidad, la dosis empleada y el tiempo de exposición del objeto a la radiación.

La radiación ultravioleta, UV, tiene su máximo efecto bactericida a las longitudes de onda comprendidas entre 240-280 nm. La inactivación de los microorganismos resulta de la destrucción del ácido nucleico a través de la inducción de dímeros de timina.

Debido a su bajo poder de penetración, la radiación UV es más apropiada para el aire y para superficies expuestas que para materiales con zonas ocultas, suciedad o materia orgánica.

Higiene de manos y uso de guantes

En aquellos entornos que no permiten una higiene, limpieza y desinfección de sus superficies con regularidad, deberás asegurarte de limpiarte con mayor frecuencia las manos, así como evitar tocarte la cara.

Nuevamente la primera y principal acción de higiene a llevar a cabo es que te laves las manos con agua y jabón o usando un gel hidroalcohólico para manos.

Realiza la acción anterior nada más entrar a tu domicilio intentando no tocar y contaminar ninguna superficie hasta no haberte lavado las manos, ni siquiera debes tocar a ninguna persona o animal del entorno doméstico antes de limpiarte.

No se ha demostrado que el uso de guantes en espacios públicos sea una medida de prevención recomendada ni probada. En ningún caso es una medida de limpieza y prevención de contagio por la COVID-19 sustitutiva de la limpieza de las manos.

Tocarte la cara con unos guantes contaminados es igual de arriesgado que hacerlo con las manos sucias pero libres de estos protectores.

Alimentos y envases

A día de hoy no hay evidencia que certifique que la COVID-19 se puede transmitir a través de los comestibles ni de sus envases.

Los virus, incluyendo la familia del coronavirus, necesitan de un huésped animal o humano para reproducirse y no pueden hacerlo desde los alimentos.

La principal forma de transmisión del virus de COVID-19 es de persona a persona a través de las gotitas respiratorias y de pequeñas partículas, los aerosoles.

Antes de comer o manipular alimentos es importante que te laves las manos con agua y jabón. Esto se debe a que existe posibilidad de contaminación al tocarte los ojos, la boca y la nariz con las manos contaminadas por un objeto o superficie.

Desinfección de vehículos y espacios públicos

Con la aparición del virus SARS-CoV-2 a finales de 2019, y tras encontrar evidencias científicas de que el virus se transmite por el aire, surge la necesidad de desinfectar espacios públicos en general y mejorar los sistemas de ventilación.

Según un estudio realizado por el IRTA, el 99,99% de la carga vírica de coronavirus presente en espacios cerrados y superficies se inactivaria sometiéndolos a 56ºC durante 52 minutos, o a 65ºC durante 7,5 minutos.

Esta información servirá para el desarrollo de un sistema de desinfección térmica adaptado a espacios cerrados, como los vehículos de transporte público.

En el transporte seguro de residuos deben utilizarse contenedores impermeables y debidamente etiquetados para evitar errores o accidentes durante su manipulación.

Recomendaciones para elegir un desinfectante de superficies

La selección del desinfectante de superficies más adecuado no es sencilla, dada la amplia gama de productos comercializados, el número de aspectos a considerar y que no todos ellos cumplen todos los aspectos.

Los desinfectantes de superficies de ámbito sanitario se enmarcan en la categoría de biocidas. Los biocidas son sustancias o mezclas de sustancias activas cuyo objetivo es destruir, contrarrestar, neutralizar, impedir la acción o ejercer un control de otro tipo sobre cualquier organismo nocivo por cualquier medio que no sea una mera acción física o mecánica.

Los desinfectantes de superficies de ámbito sanitario están categorizados como tipo de producto 2, en adelante, TP2.

La selección debe considerar los siguientes aspectos:

  • Espectro antimicrobiano.
  • Actividad virucida, bactericida, fungicida o esporicida según el objetivo.
  • Velocidad de acción.
  • Concentración y tiempo de contacto.
  • Compatibilidad con las superficies y materiales.
  • Ausencia o reducción de toxicidad e irritación.
  • Facilidad de aplicación.
  • Impacto medioambiental.
  • Necesidad de aclarado.
  • Condiciones de almacenamiento.
  • Autorización y uso previsto.

Una revisión de 85 agentes biocidas observó que el 100% presentaba actividad bactericida, el 81,18% fungicida, el 78,82% virucida, el 50,59% levuricida, el 20% micobactericida o tuberculicida y el 17,65% esporicida.

En cuanto al modo de empleo, 40 de los 85 biocidas revisados, 47,06%, se presentaban en un formato de dosificación listo para usar y 34, 40%, permitían aunar limpieza y desinfección en un solo paso.

Un total de 14 productos, 16,47%, presentaban indicación en la desinfección de superficies vía aérea, 10 de ellos como indicación en exclusiva y los 4 restantes como indicación adicional a la desinfección por contacto.

Calidad del aire y equipos de aire acondicionado

El aire acondicionado, en sí mismo, no es alérgeno. El frío no produce alergia. Lo que puede producirla, y de manera muy directa, es lo que se acumula dentro del equipo cuando no recibe el mantenimiento adecuado.

Un split de uso doméstico o comercial mueve constantemente aire del interior de la habitación, lo filtra, lo enfría y lo expulsa de vuelta. En ese proceso, el aire arrastra partículas: polvo, pelo de animales, esporas de hongos del ambiente y polen.

Parte de esas partículas se quedan atrapadas en los filtros. Pero otra parte se deposita en el interior del equipo: en el evaporador, en las aletas, en la bandeja de condensados y en los conductos.

Con el tiempo, y con la humedad que genera el propio proceso de condensación, ese depósito orgánico se convierte en un medio de cultivo ideal para hongos, bacterias y ácaros.

Si los aparatos de aire acondicionado no se limpian a fondo y no se cambian los filtros cuando toca, estaremos proporcionando un caldo de cultivo para bacterias y hongos.

La humedad se puede acumular en bobinas y conductos de condensación, permitiendo que microorganismos vayan por el aire fresco, produciendo problemas respiratorios, entre otros.

Debemos asegurar que los sistemas de aire acondicionado se limpian regularmente y se cambian los filtros cada pocos meses.

Señales de mala calidad del aire

  • Tos seca o irritativa que aparece o empeora en espacios climatizados.
  • Sensación de picor o irritación en la garganta.
  • Estornudos frecuentes al entrar en una habitación con el aire encendido.
  • Congestión nasal o rinorrea que mejora cuando sales del espacio.
  • Crisis asmáticas más frecuentes sin causa ambiental aparente.
  • Picor, lagrimeo o enrojecimiento ocular.
  • Dolor de cabeza recurrente en espacios con climatización continua.
  • Cansancio o fatiga sin causa aparente.
  • Olor a humedad, a tierra húmeda o a cerrado.

Otro síntoma que podemos sufrir si somos alérgicos después de un tiempo prolongado expuestos a alérgenos es la fatiga, que suele ir acompañada de dolores de cabeza y sensación de debilidad.

Puede suceder, por ejemplo, después de un largo día de trabajo y ser causa del llamado “sindrome del edificio enfermo”, provocado por sistemas de aire acondicionado antiguos, centralizados y escasa ventilación.

La clave está en el correcto mantenimiento de los equipos de aire acondicionado. Con las operaciones de mantenimiento preventivo conseguimos que los equipos mantengan un alto rendimiento, trabajando de la manera más eficaz.

Aplicación práctica según el entorno

Viviendas

En una vivienda, la prioridad debe ser mantener una ventilación suficiente, limpiar las superficies de contacto frecuente y evitar la acumulación de polvo, grasa y humedad.

La primera y principal acción de higiene a llevar a cabo es que te laves las manos con agua y jabón o usando un gel hidroalcohólico para manos.

Las superficies de baños, inodoros, mesas, sillas, pomos, interruptores, teléfonos y encimeras deben limpiarse y desinfectarse con una frecuencia acorde con su uso y con el nivel de riesgo del entorno.

Oficinas, comercios y edificios públicos

En edificios y locales de uso público, la ventilación y climatización de espacios cerrados con concurrencia humana son factores importantes para la prevención y el control de infecciones.

Antes de la reapertura debe realizarse una revisión general de la instalación de climatización y ventilación, limpiando rejillas, difusores, conductos, filtros y batería.

Durante el funcionamiento, debe priorizarse la entrada de aire exterior, comprobarse el caudal de ventilación y mantenerse la extracción de aseos.

Centros sanitarios

Los hospitales y centros de salud son espacios muy concurridos por numerosas personas y, por ello, más susceptibles de contener virus y bacterias.

La elección de las técnicas de limpieza y desinfección hospitalaria se realizará en función de la superficie a ser higienizada, la cantidad y tipo de materia orgánica presente sobre en esta y la urgencia o necesidad con que deba ser limpiada.

Las áreas críticas requieren procedimientos más estrictos y una planificación diferenciada respecto de las áreas semicríticas y no críticas.

Industria alimentaria

En la industria alimentaria, el aumento de la concentración de ciertas levaduras, mohos y bacterias puede ser peligroso tanto para los alimentos que se fabrican como para el personal que trabaja en estos establecimientos.

Mejorar la calidad microbiana del aire se puede conseguir, en primer lugar, mediante la identificación de fuentes potenciales de contaminación y, en segundo lugar, mediante la implementación de medidas preventivas y de control que ayuden a conseguir una higiene óptima y unas condiciones de seguridad adecuadas.

Algunos aspectos a considerar son el diseño higiénico de la planta, el flujo de productos, materias primas y personal, la instalación de sistemas de ventilación, el mantenimiento adecuado del edificio y equipos y la ejecución de programas de limpieza y desinfección que contemplen tanto la desinfección de superficies como del ambiente.

Errores que deben evitarse

  • Desinfectar sin limpiar previamente.
  • Aplicar concentraciones improvisadas.
  • Reducir el tiempo de contacto por debajo del indicado.
  • Mezclar lejía con amoníaco, ácidos, alcoholes u otros productos incompatibles.
  • Utilizar equipos UV-C directamente sobre personas.
  • Aplicar ozono sin controlar la concentración y la exposición.
  • Usar filtros saturados o equipos de climatización sin mantenimiento.
  • Considerar que la desinfección equivale a la esterilización.
  • Utilizar la nebulización como sustituto de la limpieza manual.
  • Usar guantes como sustituto de la higiene de manos.
  • Desinfectar alimentos o envases sin una indicación específica.
  • Aplicar productos no autorizados para el uso previsto.

Lista de comprobación

  1. Identificar las superficies y zonas de mayor contacto.
  2. Determinar si el objetivo es limpiar, desinfectar, descontaminar o esterilizar.
  3. Retirar polvo, grasa, restos de alimentos y materia orgánica.
  4. Elegir un producto compatible con la superficie y adecuado al microorganismo objetivo.
  5. Preparar la concentración indicada.
  6. Aplicar el producto de manera uniforme.
  7. Respetar el tiempo de contacto.
  8. Aclarar cuando las instrucciones lo indiquen.
  9. Ventilar el espacio.
  10. Limpiar y mantener filtros, rejillas, conductos y bandejas de condensados.
  11. Utilizar equipos de protección adecuados.
  12. Registrar las operaciones en los entornos que dispongan de un programa de mantenimiento o desinfección.

tags: #desinfeccion #aire #y #superficies

Publicaciones populares: