Desventajas de una planta desalinizadora: costes, energía e impacto ambiental

Las principales desventajas de una planta desalinizadora son el elevado consumo energético, los altos costes de construcción, operación y mantenimiento, la generación de grandes volúmenes de salmuera y los posibles efectos sobre los ecosistemas marinos. También deben gestionarse los productos químicos empleados durante el tratamiento, la captación de organismos marinos y, en algunos casos, la huella de carbono asociada a la electricidad utilizada.

La desalinización permite convertir el agua de mar o salobre en agua dulce apta para el consumo humano, el riego agrícola o el uso industrial, pero no constituye una fuente de agua completamente libre de impactos. Estos dependen en gran medida de la tecnología utilizada y de la forma en que se obtiene la energía, se capta el agua y se devuelve al medio el agua residual.

Qué es una planta desalinizadora y por qué se utiliza

Una planta desalinizadora es una instalación diseñada para eliminar la sal y otros minerales del agua del mar o de aguas salobres, convirtiéndola en agua dulce apta para el consumo humano, el riego agrícola o el uso industrial. Este proceso, conocido como desalinización, permite aprovechar fuentes hídricas que antes eran inutilizables, contribuyendo a reducir la dependencia de los recursos de agua dulce tradicionales.

La desalinización es una solución habitual en lugares de escasez hídrica, aunque cuenta con mayor implantación en Oriente Medio, Norteamérica y algunos países del sur de Europa. El principal uso del agua desalada es el abastecimiento de poblaciones, especialmente en zonas costeras donde la escasez de agua dulce puede comprometer el desarrollo urbano y turístico.

Además, cada vez es más común destinar agua desalada a usos agrícolas, permitiendo el riego en regiones áridas o con suelos salinizados. También en la industria, sectores como la energía, la minería o la alimentación utilizan agua con bajos niveles de salinidad para sus procesos, por lo que la desalinización se está consolidando como una herramienta clave para el desarrollo económico sostenible en entornos con limitaciones hídricas.

1. Alto consumo energético

Uno de los principales retos de las plantas desaladoras es su elevada demanda energética. Especialmente en el caso de la ósmosis inversa, el proceso de presurización del agua requiere una gran cantidad de electricidad, lo que incrementa los costes operativos y puede limitar su viabilidad en zonas con acceso limitado a energía asequible.

A diferencia de otros métodos de tratamiento del agua que requieren menos consumo de energía,la desalinización del agua requiere mucha electricidad para crear agua utilizable. La extracción de sal del agua requiere un alto consumo energético, lo que contribuye a una elevada huella de carbono.

En las desaladoras de ósmosis inversa, se aplica presión para que el agua salada pase a través de una membrana y se genere, por un lado, agua muy pura y, por otro lado, agua con una concentración de sales muy elevada. La ósmosis inversa consume, en promedio, 3 kilovatios hora de electricidad por metro cúbico de agua, es decir, por cada mil litros de agua.

Para obtener un metro cúbico de agua desalinizada, se necesita entre tres y tres punto cinco kilowatt hora de energía. La dependencia de combustibles fósiles para obtener energía plantea preocupaciones sobre la sostenibilidad ambiental y el cambio climático.

La huella de carbono depende del origen de la electricidad

Además, cuando esta energía procede de fuentes fósiles, se incrementa la huella de carbono del proceso, lo que plantea un conflicto entre la necesidad de agua y los objetivos de sostenibilidad climática. Las plantas de desalación suelen requerir grandes cantidades de electricidad para operar, lo que puede contribuir a la emisión de gases de efecto invernadero si la energía proviene de fuentes no renovables como el carbón o el gas natural.

La desalinización es un proceso intensivo en energía. Las plantas desalinizadoras transforman el agua no potable en potable mediante el proceso de desalinización, de ahí su nombre, pero el coste climático de esa transformación depende de la fuente energética utilizada.

La integración de fuentes de energía renovable -como la solar, la eólica o la geotérmica- en las plantas desaladoras es una de las claves para reducir su huella de carbono. En muchas regiones soleadas o con alto potencial eólico, ya se están desarrollando proyectos híbridos que combinan la desalinización con sistemas de generación limpia, lo que permite un funcionamiento más respetuoso con el medio ambiente.

Sin embargo, el uso de energías renovables no elimina todos los inconvenientes: la planta sigue necesitando infraestructura, equipos, membranas, sistemas de captación y mecanismos para gestionar la salmuera.

2. Generación de grandes cantidades de salmuera

Uno de los principales subproductos de la desalinización es la salmuera. Cuando se elimina la sal y se procesa el agua purificada, el producto de sodio restante requiere una manipulación especial.

En la ósmosis inversa se obtiene agua desalada por un lado y una corriente de rechazo con alta concentración salina por otro, conocida como salmuera. Esta agua sobrante presenta una concentración salina muy elevada y debe gestionarse de manera adecuada para evitar impactos en el medio ambiente marino.

Un estudio advierte del peligro que representan las más de 16.000 plantas de desalinización que operan en todo el mundo y que producen al día 142 millones de metros cúbicos de salmuera, un 50 % más de lo previamente estimado. Por cada litro de agua potable producido por las plantas desalinizadoras en todo el mundo, se generan una media de 1,5 litros de salmuera.

Unas 16 mil plantas de desalinización en el mundo producen más residuos tóxicos que agua potable, según el primer estudio mundial sobre la materia. Por cada litro de agua obtenido del mar o de aguas salobres, un litro y medio de barro salado, llamado salmuera, termina en el océano o la tierra.

ElementoDato
Salmuera generada por cada litro de agua potable1,5 litros
Plantas analizadas en el estudiomás de 16.000
Salmuera producida diariamente142 millones de metros cúbicos
Producción anual estimada de salmueramás de 50 mil millones de metros cúbicos

Por qué la salmuera puede dañar el medio marino

Si no se toman medidas para reducir sus efectos, la salmuera descartada por las plantas desaladoras puede dañar las comunidades de seres vivos que viven en el fondo del mar, al tener más sal, pesar más y tender a hundirse. La salmuera extremadamente salada es todavía más tóxica al estar compuesta por químicos utilizados en el proceso de desalinización, como por ejemplo el cobre y el cloro.

Toda esta sal adicional aumenta la temperatura de las aguas costeras y disminuye el nivel de oxígeno, lo que puede crear «zonas muertas». Aumenta la temperatura del agua del mar y reduce la cantidad de oxígeno en el agua lo que causa graves daños a la vida acuática.

El vertido de salmuera -el residuo con alta concentración salina que se genera tras la desalinización- puede afectar negativamente a los ecosistemas marinos si no se gestiona correctamente. Este residuo, al ser devuelto al mar, puede alterar la salinidad del entorno y poner en riesgo a especies sensibles.

En el caso de las plantas térmicas, además, hay que añadir las altas temperaturas a las que sale el agua residual. Por eso, la evaporación térmica puede provocar impactos adicionales frente a la ósmosis inversa, que no descarga un residuo con la misma temperatura elevada.

La gestión de la salmuera no elimina el problema

Las plantas desalinizadoras a gran escala suelen diluir la salmuera y descargarla en zonas con buenas condiciones de intercambio hídrico para minimizar el impacto en los ecosistemas marinos. El método de tratamiento debe cumplir con la normativa local de protección ambiental y vertidos.

En las plantas de ósmosis inversa se utilizan estrategias para diluir la concentración de sales y equilibrarla con la del medio marino en el menor tiempo posible. Además, el diseño de la descarga es relevante, y los organismos marinos pueden tolerar aumentos en la salinidad de hasta un cinco por ciento sobre la salinidad basal.

La salmuera, al ser más densa, se desplaza hacia el fondo y el área afectada por el aumento de salinidad es bastante acotada, generalmente no más de uno a cuatro metros desde la descarga. Estas medidas pueden reducir el impacto local, pero no convierten la salmuera en un residuo inocuo.

El aspecto más positivo del estudio es que los autores señalan que la salmuera puede ser aprovechada económicamente por ejemplo en acuicultura, para la irrigación de especies tolerantes a la sal, generar electricidad y recuperando productos como magnesio, yeso, calcio, potasio, cloro, litio e incluso uranio.

En lugar de verlos como residuos, se están explorando métodos para su valorización industrial, como la extracción de minerales, metales o compuestos químicos con potencial comercial. Estas estrategias no solo mitigan el impacto ambiental, sino que también pueden abrir nuevas oportunidades económicas.

3. Impacto sobre la vida marina durante la captación

La toma de agua de mar y el rechazo de salmuera pueden tener efectos negativos en los ecosistemas marinos locales. La entrada y salida de agua pueden atrapar o afectar a organismos marinos como peces y larvas, y el rechazo de salmuera puede alterar la salinidad del agua circundante, afectando a la vida marina.

Qadir también dijo que las plantas desalinizadoras suponen otro impacto negativo al medioambiente porque el proceso de absorber agua marina para desalinizar elimina muchos animales marinos que son atrapados en redes para evitar ser succionados.

La primera fase consiste en captar el agua marina mediante tuberías sumergidas o pozos costeros. Este paso debe realizarse de forma cuidadosa para evitar el arrastre de organismos marinos y minimizar el impacto en el ecosistema.

Arrastre y retención de organismos

La retención, o “impingement”, que se refiere a la captura de peces en la captación de agua, es un problema que está “relativamente resuelto”. Se ha estudiado la velocidad de captación, y con un diseño adecuado y una velocidad menor a 0,15 metros por segundo, los peces pueden entrar y salir de la captación sin ser succionados.

Además, señaló que el efecto de retención se calcula en aproximadamente 1,81 kilos de peces por día, lo cual “es comparable a lo que come un pelícano diariamente”. Esta cifra se refiere a un caso y a unas condiciones concretas, por lo que el impacto real depende del diseño, la ubicación y la escala de cada instalación.

El arrastre, o “entrainment”, se refiere a la succión de huevos y larvas de especies marinas y propágulos de algas, así como del zooplancton, en las captaciones. Aunque se puede evitar la entrada de peces, es más difícil prevenir la succión de organismos microscópicos.

Para evaluar el impacto, se utiliza el concepto de “pérdida de adultos equivalentes”, que estima cuántas larvas y huevos succionados se habrían convertido en organismos adultos. Aunque se puede evitar la entrada de peces, es más difícil prevenir la succión de organismos microscópicos.

Medidas para reducir el daño en la captación

La velocidad de captación, limitada a 0,15 metros por segundo según la autoridad ambiental, la autoridad marítima y la Subsecretaría de Pesca, asegura que los organismos marinos mayores puedan entrar y salir sin ser succionados.

La ubicación de las captaciones a profundidades superiores a veinte metros, por debajo de la termoclina, la barrera térmica natural en el mar, reduce significativamente la captación de fitoplancton y zooplancton, que tienden a concentrarse en las capas superiores del agua.

Para mitigar este problema, se han implementado tecnologías como las cortinas de burbujas, que además de reducir el ruido subacuático, pueden disminuir la entrada de vida microscópica y otros contaminantes.

Estas medidas respaldadas por estudios de biología y oceanografía pueden reducir el impacto, pero la captación continúa siendo una fase que requiere vigilancia, diseño específico y seguimiento ambiental.

4. Alteración de los ecosistemas marinos

La productividad primaria del planeta, clave para la vida, se concentra en las zonas costeras, áreas sensibles que deben ser protegidas. Por ello, una planta desalinizadora puede afectar un entorno ecológicamente relevante aunque su funcionamiento se limite a una superficie relativamente pequeña.

El impacto ambiental de una planta no depende únicamente del volumen de agua producido. También influyen la localización de las tomas y los emisarios, la profundidad, las corrientes, la composición del fondo marino, la concentración de la salmuera y la presencia de especies sensibles.

La desalinización de agua no es una técnica libre de impactos. Estos dependen en gran medida de la tecnología utilizada, pero se dividen fundamentalmente en dos: los impactos derivados de la energía consumida y la forma en que fue producida esa energía y los impactos en el medioambiente de la liberación del agua sobrante del proceso, con una concentración salina muy elevada.

5. Residuos químicos y productos de tratamiento

Durante el proceso de pretratamiento y limpieza de los equipos, se emplean productos químicos que, si no son tratados adecuadamente, también pueden representar una amenaza ambiental. Por ello, cada vez se trabaja más en técnicas de vertido controlado y neutralización de residuos.

Antes de iniciar el proceso de desalinización propiamente dicho, el agua captada pasa por un pretratamiento que elimina sólidos en suspensión, algas, bacterias y otros contaminantes. Este paso es crucial para proteger las membranas o sistemas térmicos de obstrucciones y garantizar un rendimiento óptimo durante la desalinización.

La salmuera extremadamente salada es todavía más tóxica al estar compuesta por químicos utilizados en el proceso de desalinización, como por ejemplo el cobre y el cloro. La generación de residuos sólidos y líquidos, así como productos químicos utilizados en el tratamiento del agua, exige sistemas de almacenamiento, control y eliminación adecuados.

Asimismo, aseguró que la descarga de productos químicos distintos a la salmuera es “prácticamente inexistente”, ya que los químicos utilizados en el tratamiento del agua se procesan dentro de la planta, y aquellos que se descargan deben cumplir con la normativa vigente (Decreto 90).

La preocupación por los productos químicos no significa que el agua producida sea necesariamente insegura. El agua resultante del proceso de desalinización se somete a un tratamiento final para remineralizarla y ajustar su pH, ya que al salir del sistema puede estar químicamente desequilibrada.

6. Costes elevados de construcción, operación y mantenimiento

Las plantas desalinizadoras pueden ser costosas de construir y operar, lo que puede crear barreras económicas para su implementación en algunas regiones. Además, los costes de construcción y mantenimiento de las instalaciones de desalinización de agua de mar son relativamente altos.

Aunque los costes de la desalinización han disminuido en las últimas décadas gracias a los avances tecnológicos, aún siguen siendo elevados en comparación con otras fuentes de agua. A esto se suman los gastos de mantenimiento, ya que las membranas, bombas y sistemas de filtrado deben estar en condiciones óptimas para garantizar la eficiencia del proceso.

Los costes de construcción y funcionamiento del sistema de desalinización de agua de mar pueden ser relativamente altos, y su coste total fluctuará debido a los cambios en los precios de la energía. Algunos estudios han demostrado que el agua desalinizada es cinco veces más cara de obtener que el agua dulce, lo que puede limitar su accesibilidad en determinadas regiones.

Como es de suponer, la construcción de máquinas de desalinización requiere recursos considerables, incluyendo dinero, equipos y materiales de construcción. Además, los gastos de mantenimiento continuo y los costos energéticos pueden generar costos considerables.

Membranas, bombas y filtros requieren mantenimiento constante

Las algas y otros contaminantes del agua de mar pueden dañar las membranas. Los sistemas de desalinización por ósmosis inversa de agua de mar deben incorporar filtros de cartucho que eliminen las partículas grandes para evitar el fallo prematuro de la membrana.

El mantenimiento regular y la sustitución oportuna de las membranas de ósmosis inversa son esenciales para alcanzar la vida útil esperada. Los grandes sistemas de desalinización industriales pueden funcionar entre 20 y 30 años con un mantenimiento adecuado.

La vida útil de una planta desalinizadora depende de la calidad del agua de alimentación, el tamaño del sistema y las prácticas de operación y mantenimiento. En general, las plantas desalinizadoras están diseñadas para durar entre 15 y 25 años.

Las unidades desalinizadoras más pequeñas o portátiles suelen tener una vida útil de 5 a 10 años. La duración real depende del desgaste de los equipos, la calidad del pretratamiento, la corrosión y la regularidad de las tareas de mantenimiento.

7. El agua desalada puede resultar menos accesible

El coste de la energía, la construcción y la operación puede trasladarse al precio final del agua. Esto puede dificultar el acceso de comunidades con menos recursos y crear diferencias entre las regiones capaces de financiar grandes infraestructuras y aquellas que no pueden hacerlo.

Esto puede resultar en desafíos para garantizar el acceso equitativo al agua, especialmente para comunidades de bajos ingresos. En muchos casos, el precio del agua desalada es asumible solo gracias a subsidios o financiación pública.

Hay una urgente necesidad de hacer las tecnologías de desalinización más baratas y extenderlas a países con ingresos bajos o medios. Más del 90% de las plantas de desalinización se hallan en países ricos, lo que demuestra que la tecnología es cara.

La asequibilidad y la reducción de costos constituyen un desafío clave para la adopción e implementación generalizada de plantas de desalinización. El problema no es solamente producir agua, sino hacerlo con un coste compatible con las necesidades de la población, la agricultura y la industria.

8. Dependencia de una infraestructura compleja

Una planta desalinizadora no funciona como una fuente aislada de agua. El sistema necesita captaciones, pretratamiento, bombas, membranas o equipos térmicos, sistemas eléctricos, almacenamiento, postratamiento, conducciones y una red de distribución.

Desde la captación del agua del mar hasta su distribución final, cada fase requiere un control riguroso para asegurar tanto la eficiencia del sistema como el cumplimiento de los estándares sanitarios y medioambientales.

La primera fase consiste en captar el agua marina mediante tuberías sumergidas o pozos costeros. Después, el agua pasa por sistemas de filtrado y pretratamiento, atraviesa el proceso de separación de la sal, recibe un postratamiento y finalmente se almacena o se integra en las redes de distribución.

La necesidad de mantener todos estos elementos en funcionamiento aumenta la vulnerabilidad de la planta frente a averías, interrupciones eléctricas, episodios de contaminación, proliferación de algas o variaciones en la calidad del agua de entrada.

9. Impactos durante la construcción

Durante la construcción de las plantas desalinizadoras, la resuspensión de sedimentos y el ruido submarino pueden afectar a los organismos marinos. Las obras de captación, las conducciones y los emisarios pueden alterar temporalmente el fondo marino y modificar la turbidez del agua.

El ruido submarino generado durante la construcción de las plantas desalinizadoras, especialmente en operaciones como las tronaduras, debe estudiarse cuidadosamente. El ruido submarino es muy constante y no tiende a absorberse rápidamente en la columna de agua.

La resuspensión de sedimentos, otro impacto de la construcción, puede ser modelada para predecir su dispersión y tomar medidas preventivas. Con la tecnología adecuada, es posible reducir el ruido a niveles inferiores a los producidos por algunos mamíferos marinos.

La construcción también puede ocupar áreas costeras, alterar hábitats y generar tráfico de maquinaria, ruido terrestre, polvo y residuos. Por este motivo, los impactos deben analizarse antes de iniciar las obras y no solo durante la fase de explotación.

10. Conflictos territoriales y aceptación social

La implantación de una planta desalinizadora puede generar resistencia entre las comunidades cercanas. Las preocupaciones suelen relacionarse con el impacto ambiental, la transformación del litoral, el consumo energético, el precio del agua y la confianza en los estudios realizados.

El biólogo marino concluyó destacando la complejidad creciente de los estudios de impacto ambiental, los planes de monitoreo y la aceptación social de estos proyectos. Esta falta de aceptación inicial puede generar resistencia a la construcción de plantas, hasta que se demuestran los efectos reales de su funcionamiento.

Los requerimientos de estudio ambiental y los planes de monitoreo son cada vez más difíciles de llevar a cabo. La combinación entre exigencias técnicas elevadas y aceptación social limitada puede retrasar los proyectos, aumentar sus costes y dificultar la planificación hídrica.

11. La desalinización no sustituye a la gestión de la demanda

La desalinización proporciona una fuente de agua segura y confiable, especialmente en áreas propensas a sequías o con suministros de agua inestables. Sin embargo, aumentar la oferta de agua no elimina la necesidad de reducir el consumo, reparar fugas, reutilizar agua y proteger los acuíferos.

Las plantas desalinizadoras permiten una planificación más estable del suministro, al no depender de precipitaciones estacionales ni de fuentes superficiales que pueden verse afectadas por la sequía. Pero una disponibilidad constante puede favorecer un aumento de la demanda si no existe una política de uso responsable.

La desalinización puede aliviar la presión sobre ríos, lagos y acuíferos que ya están sobreexplotados debido al crecimiento poblacional y al cambio climático. Aun así, no resuelve por sí sola los problemas de sobreconsumo, pérdidas en las redes, usos ineficientes del agua o expansión de actividades con elevada demanda hídrica.

Con lo cual, como solución absoluta, debemos cuidar de los recursos hídricos y naturales que tenemos hoy para no tener que lamentar en el futuro, cada vez más incierto, el no haberlo hecho cuando los teníamos.

12. Limitaciones según la tecnología utilizada

Ósmosis inversa

La ósmosis inversa es el proceso de desalinización más extendido en el mundo. Consiste en hacer pasar el agua salada a presión a través de una membrana semipermeable que permite el paso de las moléculas de agua, pero bloquea las sales y otros contaminantes.

Esta tecnología destaca por su eficiencia energética en comparación con otros métodos y por su capacidad para producir grandes volúmenes de agua con alta calidad. Sin embargo, necesita electricidad para generar presión, produce salmuera concentrada y requiere membranas, filtros y bombas sometidos a desgaste.

El pretratamiento también es indispensable, porque las partículas, microorganismos, algas y contaminantes pueden obstruir o deteriorar las membranas. Por eso, reducir el consumo energético de la ósmosis inversa no elimina los costes de mantenimiento ni la necesidad de gestionar el rechazo salino.

Destilación térmica

La destilación térmica reproduce de forma controlada el ciclo natural del agua: consiste en calentar el agua salada hasta que se evapora, separándola de las sales, y luego condensar ese vapor para obtener agua dulce.

Si bien este método requiere un mayor consumo energético, especialmente en forma de calor, es especialmente útil en regiones donde existen fuentes de energía térmica de bajo coste o donde se puede aprovechar el calor residual de otras instalaciones industriales.

Los sistemas basados en la desalación térmica usan energía, tanto térmica como eléctrica, para evaporar el agua salobre y luego condensarla de nuevo. Tienen el gran inconveniente de que consumen mucha energía, por lo que con la aparición de sistemas más eficientes, basados en ósmosis inversa, fueron cayendo en desuso.

En el caso de las plantas térmicas, además, hay que añadir las altas temperaturas a las que sale el agua residual. Por tanto, esta tecnología puede sumar al problema de la salmuera un impacto térmico sobre el entorno receptor.

Electrodiálisis y tecnologías emergentes

La electrodiálisis es una técnica que utiliza una corriente eléctrica para mover los iones de sal a través de membranas cargadas selectivamente, separando así el agua dulce del agua salada. Este método es más adecuado para tratar aguas salobres con baja concentración de sales, y se emplea en aplicaciones específicas donde se requiere un tratamiento menos intensivo.

Junto a la electrodiálisis, están surgiendo nuevos enfoques basados en nanotecnología, desalinización por congelación o procesos híbridos que combinan distintas técnicas. Estas innovaciones buscan mejorar la eficiencia, reducir costes y minimizar el impacto ambiental de la desalinización a gran escala.

Existen tecnologías emergentes, aunque todas se encuentran en fase de investigación y desarrollo o se usan a pequeña escala. Todas están enfocadas a reducir las necesidades energéticas de la desalinización y a avanzar hacia sistemas más sostenibles.

13. Posibles problemas de calidad del agua

El agua producida por una planta desalinizadora puede alcanzar una calidad elevada, pero no sale necesariamente lista para todos los usos inmediatamente después de atravesar las membranas. Al eliminar las sales, el agua puede quedar químicamente desequilibrada.

El agua resultante del proceso de desalinización se somete a un tratamiento final para remineralizarla y ajustar su pH, ya que al salir del sistema puede estar químicamente desequilibrada. Una vez acondicionada, el agua se almacena o se integra directamente en las redes de distribución para su uso final.

Es normal que surjan problemas con la calidad del agua, especialmente porque algunos productos químicos utilizados en el proceso de tratamiento pueden suponer riesgos para la salud. Si se utilizan productos químicos para el tratamiento, no es raro que el agua desalinizada presente un mayor contenido de sodio.

Las técnicas adecuadas de monitoreo y tratamiento son esenciales para garantizar la producción de agua potable segura y saludable. Esto implica controles continuos, ajustes de composición y cumplimiento de los estándares sanitarios aplicables al destino previsto.

14. La salmuera puede convertirse en un problema creciente

El volumen de salmuera aumenta a medida que crece la capacidad mundial de desalinización. Los autores indicaron que es esencial mejorar las tecnologías de desalinización y reducir su impacto medioambiental porque hasta 2.000 millones de personas viven en la actualidad en zonas con escasez de agua que se podrían beneficiar de la conversión de agua marina en agua potable.

La tecnología de desalinización ha beneficiado a muchas personas, pero no podemos ignorar la producción de salmuera, que se convertirá en un grave problema en el futuro. La magnitud del residuo obliga a buscar soluciones técnicas, regulatorias y económicas antes de que la expansión de las plantas aumente todavía más la cantidad de descarga.

Los mayores problemas se concentran en el Oriente Medio y más específicamente en cuatro países: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar. Estos cuatro países producen un 55 % de la salmuera generada en todo el mundo al año.

España también aparece como uno de los principales productores de salmuera del mundo y el mayor de Europa. España genera 5,8 millones de metros cúbicos de salmuera al día, un 4,1 % de la cuota mundial y un 69 % de Europa occidental.

15. El caso de España y Almería

La agricultura intensiva en invernaderos ha prosperado en una de las provincias más soleadas y cálidas de Europa. La escasez de agua sigue siendo un desafío. En algunas zonas llueve menos de 200 milímetros al año.

Aun así, el sistema se sostiene gracias al riego hipereficiente y a la desalinización. La provincia de Almería cuenta con varias de las plantas desaladoras de mayor capacidad que existen en España, como la de Carboneras, capaz de producir 120 millones de litros de agua dulce al día, o la de Campo de Dalias, con 97,2 millones de litros al día.

España tiene una capacidad de desalinización de 5,6 millones de metros cúbicos al día, lo que representa el 5,9 % del total mundial y el 64 % de Europa occidental. La tecnología de desalinización utilizada en España es de las más avanzadas y más eficientes por lo que su impacto medioambiental es menor.

Esto no elimina las desventajas de las plantas desalinizadoras, pero muestra que la eficiencia energética, el diseño de las captaciones, la dilución de la salmuera y el control ambiental pueden reducir los impactos en comparación con instalaciones menos eficientes.

16. Cómo reducir las desventajas

El futuro de las plantas desaladoras pasa por optimizar su eficiencia energética, reducir su impacto ambiental y mejorar la gestión de residuos. En este sentido, los avances tecnológicos están centrados en el desarrollo de nuevas membranas más resistentes y con mayor capacidad de filtración.

También se está trabajando en la mejora de los sistemas de recuperación de energía, que permiten aprovechar parte de la presión generada durante el proceso para reducir el consumo global. Estas innovaciones, junto con el uso de tecnologías de automatización y análisis de datos, están permitiendo que las plantas desaladoras sean cada vez más sostenibles y rentables.

La utilización de energía solar, eólica o geotérmica puede reducir la huella de carbono, pero debe integrarse con sistemas de almacenamiento o con una gestión flexible de la producción para mantener la continuidad del abastecimiento.

La gestión de la salmuera puede incluir la dilución controlada, la mejora de los emisarios, la recuperación de minerales, el uso en acuicultura y la irrigación de especies tolerantes a la sal. Qadir destacó que, por ejemplo, ha sido utilizado ya en acuicultura para aumentar la biomasa de peces en hasta un 300 %, o para cultivar el suplemento dietario espirulina, producido a partir de algas azules.

La implementación responsable de tecnologías de desalinización, junto con medidas de mitigación y gestión adecuadas, puede ayudar a maximizar los beneficios mientras se minimizan los riesgos ambientales y sociales asociados.

Comparación de las principales desventajas

DesventajaConsecuencia principal
Alto consumo energéticoMayores costes operativos y posible aumento de la huella de carbono
Generación de salmueraAlteración de la salinidad, la temperatura y el oxígeno del medio receptor
Captación de agua marinaPosible arrastre o retención de peces, larvas, huevos y plancton
Uso de productos químicosNecesidad de tratamiento, neutralización y control de residuos
Construcción de la infraestructuraResuspensión de sedimentos, ruido submarino y ocupación del litoral
Costes de construcción y mantenimientoMayor precio del agua y barreras para regiones con menos recursos
Complejidad técnicaDependencia de bombas, membranas, filtros, electricidad y personal especializado
Calidad del aguaNecesidad de remineralización, ajuste del pH y controles continuos
Aceptación socialPosibles retrasos, conflictos territoriales y resistencia a nuevos proyectos

Las plantas desalinizadoras pueden ser una herramienta importante para garantizar el suministro en zonas áridas, costeras o afectadas por sequías, pero sus desventajas obligan a valorar cuidadosamente la energía utilizada, la gestión de la salmuera, la captación marina, los costes y la capacidad de control ambiental antes de ampliar su funcionamiento.

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