Máscaras de gas y asbesto: riesgos para la salud, exposición y medidas de seguridad

Las máscaras de gas antiguas, especialmente algunos modelos militares y civiles fabricados durante la Segunda Guerra Mundial y en las décadas posteriores, pueden contener amianto en sus filtros. Por ese motivo, una máscara de gas histórica no debe ponerse en la cara ni utilizarse como equipo respiratorio si no se ha confirmado mediante un procedimiento especializado que está libre de amianto.

El peligro principal no procede necesariamente de la carcasa o de la goma de la máscara, sino del filtro y de los materiales internos que pueden liberar fibras cuando se abren, golpean, deterioran o manipulan. El amianto puede causar asbestosis, cáncer de pulmón, mesotelioma y otras enfermedades graves, cuyos síntomas pueden aparecer entre 10 y 40 años o más después de la exposición.

Por qué algunas máscaras de gas contienen amianto

El amianto es un conjunto de silicatos fibrosos naturales, cuyas características fisicoquímicas principales son el gran potencial de resistencia a altas temperaturas, a la manipulación química y a las elevadas tensiones1. Las fibras de amianto no tienen olor ni sabor. No se disuelven en agua ni se evaporan y resisten altas temperaturas, el fuego, y la degradación por productos químicos y biológicos.

Debido a estas propiedades, el amianto se ha usado extensamente en muchas industrias. Estas fibras son resistentes al calor, al fuego y a las sustancias químicas y no conducen electricidad. Por estas razones, el asbesto se ha usado extensamente en muchas industrias.

En las máscaras antiguas, el amianto podía incorporarse al material filtrante como parte de una matriz fibrosa. Según una investigación citada sobre una máscara antigás de la Segunda Guerra Mundial, el filtro principal de metal contenía una matriz tipo “algodón” en la que estaban incrustadas o entrelazadas fibras de crisotilo.

La existencia de filtros de carbón activado no excluye la posible presencia de amianto: el carbón activado puede utilizarse para retener determinados contaminantes químicos, mientras que el amianto pudo formar parte de otros componentes del filtro. Por tanto, no debe suponerse que una máscara es segura únicamente porque su filtro contenga o parezca contener carbón activado.

Tipos de amianto que pueden aparecer en filtros antiguos

Existen dos subgrupos de fibras de amianto según si su configuración es rectilínea (anfíboles) o curvada (serpentinas), que muestran características fisicoquímicas diferentes. Un tercer subgrupo incluye las fibras mixtas que, como su propio nombre indica, contienen fibras serpentinas y anfíboles.

Dentro de las fibras serpentinas tenemos como único representante el crisotilo o amianto blanco (su uso representaba un 95% de la producción mundial). En cuanto a las fibras anfíboles tenemos la crocidolita o amianto azul, la amosita o amianto marrón, la tremolita o amianto gris y la antofilita o amianto amarillo2.

El asbesto crisotilo es el único tipo dentro de la familia serpentina. El asbesto anfibólico incluye la actinolita, tremolita, antofilita, crocidolita y amosita. El asbesto anfibólico tiene fibras rectas como agujas que son más quebradizas que las fibras del asbesto serpentina y tienen más limitación para poderse trabajar.

Todas las formas del asbesto son peligrosas, y todas pueden producir cáncer, pero las formas de asbesto anfíbol se consideran más peligrosas para la salud que el crisotilo. Las fibras de asbesto anfíbol generalmente son quebradizas y a menudo tienen forma de varillas o agujas, mientras que las fibras de asbesto crisotilo son flexibles y curvas.

TipoFamiliaCaracterísticas descritas
CrisotiloSerpentinaAmianto blanco; fibras largas, rizadas, flexibles y curvas.
CrocidolitaAnfíbolAmianto azul; fibras rectas, quebradizas y con forma de aguja.
AmositaAnfíbolAmianto marrón.
TremolitaAnfíbolAmianto gris.
AntofilitaAnfíbolAmianto amarillo.
ActinolitaAnfíbolForma fibrosa de amianto anfibólico.

Qué modelos y periodos históricos requieren especial precaución

En Gran Bretaña, entre 1935 y 1942 se fabricaron aproximadamente 25 millones de “respiradores de servicio general (GSR)” militares, y los producidos después de 1937 contenían crocidolita o filtros de asbesto azul.

Después de 1942 y hasta aproximadamente 1965, se produjeron aproximadamente 3 millones de “respiradores ligeros (LR)”, algunos de los cuales también contenían filtros de crocidolita.

Las máscaras antigás civiles que se produjeron entre 1937 y 1942, durante el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, contenían predominantemente filtros de crisotilo o amianto blanco, aunque algunas se produjeron con crocidolita.

Durante este tiempo se produjeron aproximadamente ciento siete millones de máscaras antigás civiles para adultos, niños y bebés. Es importante tener en cuenta que las máscaras de gas de otros países también pueden contener amianto y, por tanto, se deben tomar las mismas precauciones.

La presencia de amianto no puede determinarse con seguridad por el país de fabricación, el color del filtro, la forma de la máscara o la apariencia exterior del recipiente. El aspecto visual por sí solo no es suficiente para confirmar la presencia de amianto.

Por qué una máscara antigua no debe utilizarse

Se ha advertido a los consumidores que seguir utilizando máscaras antigás antiguas que contienen amianto como aparatos respiratorios puede ser peligroso para su salud, incluido el riesgo de desarrollar mesotelioma en el futuro.

Una máscara antigua tampoco debe utilizarse como protección para pulir con chorro de arena, aplicar aerosoles químicos, trabajar con polvo o realizar reparaciones. La Comisión Australiana de Competencia y Consumidores indicó que algunos consumidores podían estar usándolas como una alternativa barata para una variedad de propósitos, incluido el pulido con chorro de arena y el uso de aerosoles químicos para el jardín.

El deterioro de otros componentes añade riesgos independientes. Algunas membranas de goma pueden estar empezando a deteriorarse, ya no funcionar y provocar una reacción cutánea. Además, una máscara envejecida puede no ofrecer estanqueidad, protección respiratoria ni resistencia mecánica adecuadas, aunque su filtro no contuviera amianto.

El riesgo puede aumentar cuando el filtro se desmonta, se abre, se golpea, se sacude, se perfora o se intenta limpiar. Las fibras pueden liberarse al aire y ser inhaladas por quien manipula el objeto o por otras personas presentes.

Qué hacer si ya se ha usado una máscara antigua

Una exposición ocasional no significa que la persona vaya a desarrollar necesariamente una enfermedad. En casi toda muestra de aire pueden detectarse bajos niveles de asbesto que representan poco o ningún riesgo para la salud. Sin embargo, no es posible establecer por cuenta propia si una máscara liberó fibras ni cuantificar una exposición pasada a partir de las sensaciones o de la ausencia de síntomas.

Las personas que han estado expuestas (o que sospechan haber estado expuestas) a las fibras de asbesto en su trabajo, por el ambiente o en su casa por algún familiar, deben informar a su médico sobre sus antecedentes de exposición y si experimentan algún síntoma o no.

Los síntomas de las enfermedades relacionadas con el asbesto pueden presentarse muchas décadas después de la exposición. Es especialmente importante que consulten con un médico si tienen cualquiera de los síntomas siguientes:

  • Adelgazamiento.
  • Dificultad para pasar alimentos.
  • Dolor o tensión en el pecho.
  • Falta de aire, silbidos o ronquera.
  • Falta de apetito.
  • Fatiga o anemia.
  • Hinchazón del cuello o de la cara.
  • Sangre en la flema que sale de los pulmones al toser.
  • Tos persistente que empeora con el tiempo.

No se recomienda realizar pruebas domésticas, abrir el filtro para “comprobarlo” ni sacudir la máscara para observar si desprende polvo. La ausencia de polvo visible no demuestra que no existan fibras, porque las fibras de amianto pueden ser extremadamente finas e invisibles a simple vista.

Cómo conservar una máscara sospechosa sin aumentar el riesgo

La máscara debe dejarse en el lugar donde se encuentra, sin volver a ponérsela ni manipular innecesariamente el filtro. No se debe desmontar, cepillar, aspirar, lavar, lijar, perforar ni reparar el recipiente.

No debe transportarse suelta en un vehículo, enviarse por servicios postales ordinarios ni entregarse a otra persona sin asesoramiento especializado. Es ilegal vender y posguerra máscaras, filtros y bolsas si contienen amianto pero, a pesar de la ley, sigue siendo cierto que se comercializan regularmente en eBay y se envían a los clientes a través de servicios postales estándar.

El filtro no debe sellarse de forma improvisada con cinta adhesiva, bolsas, pintura, resinas o productos domésticos. El sellado o la retirada del amianto sólo debe realizarlo un asesor de amianto profesional y cualificado.

En 2004, el Museo Imperial de la Guerra emitió una guía para su personal en relación con las máscaras antigás antiguas de la Segunda Guerra Mundial y sobre cómo nunca deben usarse, debido a los componentes de asbesto dentro de sus filtros. El consejo dado al personal fue que los filtros se pueden sellar o que se puede eliminar el amianto. Sin embargo, esto sólo debe ser realizado por un asesor de amianto profesional y cualificado.

Un objeto destinado a exposición debe mantenerse fuera del alcance de niños y personas no informadas, protegido frente a golpes y deterioro, y gestionado conforme a la normativa local aplicable a materiales que puedan contener amianto.

Cómo confirmar si una máscara contiene amianto

La única forma segura de saber si un material contiene amianto es realizar un análisis en laboratorio. Para ello, se debe extraer una pequeña muestra siguiendo estrictos protocolos de seguridad y enviarla a un laboratorio acreditado para su análisis microscópico.

En general, el amianto se puede detectar de dos maneras:

  1. En forma de cuerpos de amianto, visibles por microscopia óptica.
  2. En forma de fibras de amianto.

La detección de las fibras de amianto requiere el uso de la microscopia electrónica. Ambas técnicas requieren una alta cualificación del laboratorio tanto para preparar las muestras como para eliminar de ellas la materia orgánica.

La toma de muestras de un filtro antiguo no debe realizarla el propietario ni un coleccionista. La apertura del recipiente puede liberar fibras y convertir un objeto intacto en una fuente activa de contaminación.

Qué es el amianto y por qué es peligroso

El amianto o asbesto es un conjunto de silicatos fibrosos naturales. Asbesto es el nombre asignado a un grupo de seis materiales fibrosos -amosita, crisotilo, crocidolita y las formas fibrosas de tremolita, actinolita y antofilita- que ocurren naturalmente en el ambiente.

Los minerales de asbesto consisten de fibras delgadas dispuestas en forma paralela y que se pueden separar una de otra. Estas fibras son resistentes al calor, al fuego y a las sustancias químicas y no conducen electricidad.

Las fibras de amianto presentan una densidad relativa de aproximadamente 2,5 y un punto de fusión superior a 1.000°C, por los que son minerales muy resistentes al calor.

El principal peligro del amianto radica en su toxicidad al ser inhalado. Una vez que las fibras entran en los pulmones, pueden permanecer allí durante años, provocando inflamación, cicatrices y, con el tiempo, enfermedades graves, entre las que destacan la asbestosis, el mesotelioma y el cáncer de pulmón.

El amianto ha sido clasificado como un cancerígeno humano reconocido por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, por la Oficina de Protección Ambiental y por la Oficina Internacional para la Investigación del Cáncer.

Cómo se produce la exposición

La exposición al amianto se produce cuando sus fibras se liberan al aire. El asbesto en sí mismo no es perjudicial siempre que permanezca sin alterarse. Sin embargo, cuando los materiales con asbesto se dañan o se manipulan, ya sea por renovaciones, demoliciones o desgaste, pequeñas fibras se liberan al aire y pueden ser inhaladas.

La manera más probable de exponerse al asbesto es a través de la inhalación de fibras de asbesto suspendidas en el aire. Estas fibras pueden provenir de fuentes naturales de asbesto o del desgaste o perturbación de productos manufacturados como por ejemplo material aislante, frenos y embragues de automóviles, balsosas y azulejos, paredes de piedra seca, tejas para techado y cemento.

Las fibras de asbesto no se evaporan al aire ni se disuelven en agua. Sin embargo, fragmentos de fibras pueden entrar al aire y al agua por la erosión de depósitos naturales y el desgaste de productos manufacturados de asbesto.

Las fibras de diámetro pequeño y partículas pequeñas que contienen fibras pueden permanecer suspendidas en el aire largo tiempo y así ser transportadas largas distancias por el viento o corrientes de agua antes de depositarse. Las fibras y partículas de mayor tamaño tienden a depositarse más rápido.

Vías de exposición relacionadas con el amianto

Exposición laboral

Principalmente se ha utilizado en el ámbito laboral2. De las diferentes actividades laborales destacamos la explotación minera, la construcción, la industria de papel y plástico, la automoción, la industria ferroviaria, la industria naval, la industria textil, las centrales térmicas, las centrales nucleares y la siderurgia.

En la construcción se empleó en material aislante para calderas, hornos, paredes, techos y canalizaciones; en fibrocemento; en recubrimientos de tejados ondulados, tejas, pizarra, baldosas, azulejos, particiones interiores, canalizaciones, tuberías, depósitos, jardineras y sombreretes de chimeneas.

La exposición al amianto acontece al sacar el asbesto de los sacos, preparación del material, cardado, hilado, tejido y limpieza, y mantenimiento de las máquinas. El más utilizado es el crisotilo.

Los trabajadores de demolición de edificios, quienes demuelen tablaroca o cartón-yeso o quienes remueven asbesto; y los bomberos y trabajadores de la industria automotriz, pueden también estar expuestos a las fibras de asbesto.

Exposición residencial o ambiental

La exposición residencial o de vecindario es aquella que se da al vivir cerca de minas, industrias o fábricas que desprenden fibras de amianto al ambiente3,4.

Los niveles cerca de una mina o fábrica de asbesto pueden alcanzar 10,000 fibras/m³ (0.01 fibras/mL) o más. Los niveles también pueden ser más altos que el promedio cerca de edificios que contienen productos de asbesto y están siendo demolidos o renovados o cerca de un sitio de desechos donde el asbesto no está cubierto o almacenado apropiadamente para protegerlo de la erosión por el viento.

Exposición en el hogar

La exposición en hogar es aquella que ocurre en el interior de la vivienda a consecuencia de reparaciones, degradación de materiales que contienen amianto, en actividades de ocio como jardinería o reformas del hogar.

En el aire del interior de viviendas y otros edificios, la concentración del asbesto depende de si éste se usó como material aislante, en baldosas o azulejos, o con otros propósitos, y de si estos materiales que contienen asbesto están en buenas condiciones o están deteriorados y se derrumban fácilmente.

Las concentraciones en hogares, escuelas y en otras viviendas que contienen asbesto varían entre aproximadamente 30 y 6,000 fibras/m³ (0.00003-0.006 fibras/mL).

Exposición doméstica o por convivencia

La exposición doméstica es aquella derivada de traer material contaminado al domicilio, como ropa de trabajo o pelo, o simplemente por convivir en la misma casa con personas expuestas laboralmente. La exposición por contacto en el hogar y la doméstica suelen englobarse juntas.

Se piensa que este riesgo es el resultado de la exposición a las fibras de asbesto que llegaron a casa en los zapatos, en la ropa, la piel y el cabello de los trabajadores.

Existen pruebas de que familiares de trabajadores con mucha exposición al asbesto tienen un riesgo mayor de presentar mesotelioma. También se han visto casos de mesotelioma en personas que no han estado expuestas al asbesto en el trabajo pero que viven cerca de las minas de asbesto.

Concentraciones ambientales y límites laborales

Tal y como informa la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades ATSDR5, en el aire pueden detectarse concentraciones bajas de amianto que representan poco o ningún riesgo para la salud.

En casi toda muestra de aire pueden detectarse bajos niveles de asbesto que representan poco o ningún riesgo para la salud. Por ejemplo, en el aire en áreas rurales se encuentran típicamente 10 fibras por metro cúbico (fibras/m³) de aire.

Los niveles que se encuentran generalmente en las ciudades son 10 veces más altos. Las concentraciones pueden alcanzar 10.000 fibras/m³ o más en las proximidades de minas o fábricas de amianto.

En la normativa española, el valor límite actual para la exposición al amianto es de 0,1 fibras por centímetro cúbico (f/cm³) de aire, medida como media ponderada durante un período de referencia de 8 horas.

El valor máximo permitido en el ámbito laboral en España son 0,1 fibras/cm3 que equivale a 100.000 fibras/m3.

La concentración de fibras en el aire se determina mediante técnicas de muestreo personal y análisis en laboratorio, utilizando filtros especiales y microscopía de contraste de fases o electrónica, siguiendo el método MTA/MA-051 del INSST.

El término VLA-ED significa Valor Límite Ambiental para la Exposición Diaria y forma parte del marco normativo que regula la seguridad y salud en el trabajo frente a agentes químicos y cancerígenos, como el amianto.

Estos valores límite son referencias legales de control laboral y no convierten una exposición en segura para el público ni autorizan a utilizar una máscara antigua de origen desconocido.

Qué hacer si se supera el valor límite

Si las mediciones ambientales revelan que la concentración de fibras de amianto supera el VLA-ED (0,1 f/cm³), es obligatorio actuar de forma inmediata para proteger la salud de los trabajadores y cumplir con la normativa de prevención de riesgos laborales.

  • Suspender los trabajos de forma inmediata.
  • Informar a los trabajadores y responsables de prevención.
  • Investigar la causa de la superación.
  • Aplicar medidas correctoras.
  • Mejorar los sistemas de extracción localizada.
  • Cambiar los procedimientos de trabajo mediante trabajo en húmedo o confinamiento.
  • Reforzar el uso y control de los equipos de protección individual.
  • Asegurar una correcta descontaminación de equipos y zonas de trabajo.
  • Realizar una nueva evaluación de riesgos.
  • Comunicar a la autoridad laboral si procede.

Cómo entra y permanece el amianto en el organismo

La mayoría de las fibras de amianto penetran en el organismo a través de la vía respiratoria, y posteriormente son fagocitados por los macrófagos alveolares.

Si usted inhala fibras de asbesto, algunas fibras se depositarán en las vías respiratorias y en las células que forman los pulmones. La mayoría de las fibras son removidas de los pulmones al ser transportadas o expulsadas en una capa de mucus hacia la garganta, donde son tragadas hacia el estómago.

Las fibras que se depositan en las partes más profundas del pulmón son removidas más lentamente. De hecho, algunas fibras pueden desplazarse a través del pulmón y pueden permanecer ahí por muchos años y nunca ser removidas del cuerpo.

Las fibras del asbesto anfíbol permanecen en el pulmón por más tiempo que las fibras del asbesto crisotilo. A medida que pasa el tiempo, la cantidad de fibras en el tejido pulmonar aumenta, pero algunas fibras, especialmente las fibras de crisotilo, pueden ser removidas del pulmón o pueden ser degradadas en el pulmón con el tiempo.

Si fibras de asbesto entran en contacto con su piel, muy pocas de estas fibras, o ninguna, pasan a través de la piel al interior del cuerpo.

Efectos sobre la salud

Los principales efectos sobre la salud que la evidencia científica hasta ahora ha estudiado corresponden principalmente a los de la exposición al amianto en el entorno laboral, contemplados en el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de Seguridad Social, incluyendo la asbestosis, los efectos fibrosantes de la pleura o pericardio, el mesotelioma pleural, peritoneal y de otras localizaciones, el cáncer de pulmón y, más recientemente, el cáncer de laringe.

La exposición al asbesto puede causar varios tipos de cáncer y afecciones graves de salud, a menudo entre 10 y 40 años después de la exposición inicial debido a sus largos periodos de latencia.

Asbestosis

Los trabajadores que inhalan repetidamente fibras de asbesto de 5 µm o más de longitud pueden desarrollar lentamente lesiones que parecen cicatrices en el pulmón y en la membrana que rodea los pulmones.

Este tejido parecido a cicatrices no se expande o contrae como lo hace el tejido del pulmón normal, por consiguiente, se hace difícil respirar. También puede que disminuya el flujo de sangre a los pulmones, y esto hace que el corazón se dilate.

Esta enfermedad se llama asbestosis. La gente que sufre de asbestosis tiene dificultad para respirar y a menudo tiene tos.

La asbestosis es una enfermedad grave que eventualmente puede producir incapacidad y la muerte en gente expuesta a altos niveles de asbesto durante largo tiempo.

Enfermedades pleurales

En gente expuesta ocupacionalmente al asbesto es común observar alteraciones llamadas placas pleurales en la membrana que rodea al pulmón.

Los efectos de las placas pleurales sobre la respiración generalmente no son graves. Aun no está claro si la presencia de placas pleurales en una persona predice con certeza la probabilidad de desarrollar una enfermedad más grave en el futuro.

También pueden aparecer engrosamiento pleural difuso, derrame pleural benigno y atelectasia redonda.

Cáncer de pulmón

Según la IARC, hay suficiente evidencia de que el asbesto causa mesotelioma y cánceres de pulmón, de laringe y de ovario.

Muchas investigaciones han demostrado que la combinación de fumar y la exposición al asbesto es particularmente peligrosa. Los fumadores que están también expuestos al asbesto tienen un riesgo mayor de presentar cáncer de pulmón que si se sumaran los riesgos individuales de la exposición al asbesto a los riesgos de fumar.

Existen pruebas de que dejar de fumar reduce el riesgo de cáncer de pulmón entre los trabajadores expuestos al asbesto.

Mesotelioma

El mesotelioma es un cáncer relativamente poco común de las membranas delgadas que revisten el pecho y el abdomen. Aunque es un cáncer poco común, el mesotelioma es la forma más común de cáncer asociada con la exposición al asbesto.

La mayoría de los casos de mesotelioma pleural se han relacionado con niveles altos de exposición. Sin embargo, los investigadores han descubierto enfermedades relacionadas con el asbesto en personas que estuvieron expuestas solo brevemente.

En un metaanálisis reciente3, estratificando por tipo de fibra y exposición doméstica vs. residencial, se obtiene un meta-RR 2,5-3,2 veces mayor para fibras mixtas respecto a crisotilo y un meta-RR 5,3- 5,6 veces mayor para fibras anfíboles respecto al crisotilo.

Existe evidencia de asociación entre MPM con incremento de riesgo en personas que conviven con un trabajador expuesto a amianto, en exposición doméstica y ambiental, en quienes viven bajo techos de amianto y con pavimento con desechos de amianto.

Otros efectos

Además del aparato respiratorio, se han descrito efectos otorrinolaringológicos, digestivos, ginecológicos y urológicos.

  • Respiratorio: placas pleurales, engrosamiento pleural difuso, derrame pleural benigno, atelectasia redonda, asbestosis, cáncer broncopulmonar y mesotelioma pleural maligno.
  • Otorrinolaringológico: cáncer de laringe.
  • Digestivo: mesotelioma peritoneal, diversos tipos de cánceres del tracto gastrointestinal y cáncer de faringe.
  • Ginecológico: cáncer de ovario.
  • Urológico: cáncer renal.

Factores que modifican el riesgo

Si usted está expuesto al asbesto, hay muchos factores que determinan si le afectará adversamente. Estos factores incluyen la dosis, la duración, la manera de exposición, las características y los hábitos personales, y si están presentes otras sustancias químicas.

  • Dosis o volumen de asbesto al que ha estado expuesta la persona.
  • Duración de la exposición.
  • Tamaño, forma y composición química de las fibras de asbesto.
  • Fuente de la exposición.
  • Tabaquismo y enfermedad pulmonar preexistente.
  • Edad, sexo, dieta, características personales y estilo de vida.
  • Factores genéticos, como tener una mutación de estirpe germinal en el gen BAP1.

Aunque todas las clases de asbesto se consideran peligrosas, los distintos tipos de fibras de asbesto pueden estar asociados con distintos riesgos para la salud. Por ejemplo, los resultados de varios estudios sugieren que el asbesto anfibólico puede ser más peligroso que el crisótilo, especialmente en relación con el riesgo de mesotelioma, porque suele permanecer en el pulmón por más tiempo.

Protección respiratoria: máscaras adecuadas frente a filtros antiguos

La protección respiratoria es el elemento más crítico en los trabajos con amianto, ya que la principal vía de entrada de sus fibras al organismo es la inhalación.

El fin primordial de los equipos de protección respiratoria es proteger al trabajador de la inhalación de fibras de amianto. Esto puede conseguirse reduciendo la concentración de las fibras de amianto en la zona de respiración del trabajador mediante su retención en un elemento filtrante, o bien proporcionándole gas respirable.

Los equipos filtrantes dependen del medio ambiente y retienen los contaminantes del aire antes de que sea respirado mediante el uso de un material filtrante, que puede formar parte de la propia mascarilla o estar contenido en un filtro independiente que se acopla a la máscara o media máscara.

Los equipos aislantes son independientes del medio ambiente y suministran el gas respirable de una fuente independiente.

Una máscara de gas histórica con filtro de composición desconocida no equivale a un equipo de protección respiratoria certificado. La antigüedad, el aspecto militar o la capacidad de cubrir toda la cara no garantizan filtración, estanqueidad ni protección contra amianto.

Equipos recomendados para trabajos profesionales con amianto

Para exposiciones prolongadas o situaciones de riesgo elevado, se recomienda el uso de equipos de respiración asistida o autónoma.

Para garantizar una defensa eficaz, se recomienda el uso de mascarillas autofiltrantes con nivel de protección P3, que ofrecen una alta eficiencia de filtrado frente a partículas muy finas.

Todos los dispositivos deben estar correctamente ajustados al rostro, ser revisados antes de cada uso y cumplir con las normativas europeas de seguridad EN 149, EN 143 o EN 12941, según el caso.

Se debe evitar el uso de equipos filtrantes en atmósferas con posible deficiencia de oxígeno, por ejemplo, en espacios confinados, si no queda garantizada la suficiente aportación de aire respirable, y también cuando se desconocen los tipos o la concentración de los contaminantes presentes o cuando la concentración supone un peligro inmediato para la vida y la salud.

El EPR no debe ser fuente de riesgos, por lo que las condiciones del entorno, por ejemplo atmósferas explosivas o elevadas temperaturas, la necesidad de libertad de movimientos y el campo de visión resultante son elementos que deben tenerse en cuenta.

Ajuste de la protección respiratoria

La base del nivel de protección de las piezas faciales es la hermeticidad. Es importantísimo evaluar el correcto ajuste, tanto en la selección inicial de los equipos como en su uso diario.

La presencia de vello facial, cicatrices y otros rasgos puede afectar a la hermeticidad del conjunto cara-EPR. Si el usuario no logra un buen ajuste, no podrá utilizar el equipo objeto de ensayo.

Los ensayos de ajuste se deben realizar en el momento de seleccionar los equipos para los usuarios y cuando cambie algún aspecto de su fisionomía, por ejemplo, cambios de peso que aumenten o disminuyan el volumen y contorno de la cara.

En la comprobación de ajuste por presión negativa se debe colocar y ajustar la pieza facial de acuerdo con las instrucciones del fabricante, bloquear la entrada de aire, inhalar suavemente hasta que la pieza facial se hunda levemente en la cara y mantener la respiración durante unos diez segundos.

En la comprobación de ajuste por presión positiva se debe colocar y ajustar la pieza facial, cubrir el elemento filtrante con las manos o con un elemento que pueda tapar por completo la mascarilla o los filtros y exhalar con fuerza.

Si se detectan fugas de aire entre los bordes de la pieza facial y la cara, se debe reajustar la pieza facial o las bandas de ajuste y volver a realizar la comprobación. Si no se puede conseguir el ajuste correcto, no utilizar el equipo.

Tiempo de utilización y pausas

Partimos de la base del periodo máximo establecido, de cuatro horas diarias. Aparte, dicho tiempo deberá limitarse siempre al mínimo estrictamente necesario.

Para establecer los tiempos pertinentes de uso y de descanso de los EPR, se tendrá en cuenta la experiencia adquirida en trabajos similares, las tareas en las que es necesario su uso, la carga física asociada, el ritmo de trabajo, las condiciones ambientales, las características físicas y el estado físico de cada trabajador y el estrés térmico que el conjunto puede suponer en el usuario.

Las pausas se realizarán en una zona libre del riesgo de exposición a fibras de amianto, cumpliendo con el procedimiento aprobado para la salida del área de trabajo y la limpieza y descontaminación del trabajador y de los equipos de protección.

Otros equipos de protección individual

Ropa de protección

Para ello, se debe utilizar ropa de protección desechable, generalmente de tipo 5 y 6, que cubra todo el cuerpo, incluyendo capucha, mangas y pantalones, para evitar que las fibras entren en contacto con la piel.

El mono integral de protección debe tener capucha y no presentar costuras expuestas. Todo el equipo debe retirarse y eliminarse correctamente al finalizar el trabajo, para evitar la contaminación en otras áreas.

Guantes

Los guantes deben ser resistentes a la abrasión y a productos químicos, cubriendo adecuadamente las manos y extendiéndose hasta los antebrazos, para evitar que las fibras se adhieran a la piel.

Los guantes deben cubrir completamente las muñecas y solaparse con las mangas del mono para evitar cualquier contacto con la piel.

Calzado

El calzado debe ser cerrado, antideslizante y fácil de descontaminar o bien cubierto con protecciones desechables que se retiren antes de abandonar la zona contaminada.

No se deben utilizar zapatos con cordones, ya que retienen fácilmente fibras.

Protección ocular

En operaciones donde exista riesgo de salpicaduras o proyección de partículas, deben utilizarse gafas cerradas o pantallas faciales para proteger los ojos.

Contención, descontaminación y métodos de trabajo

Además de los equipos de protección individual, existen dispositivos y sistemas complementarios que refuerzan la seguridad durante los trabajos con amianto.

Uno de los más importantes es el sistema de extracción localizada, que ayuda a capturar y eliminar las fibras de amianto del aire en tiempo real, reduciendo significativamente la exposición.

También son comunes los sistemas de contención, como las cámaras de descontaminación, que permiten a los trabajadores eliminar sus equipos de forma segura y evitar la propagación de fibras fuera de la zona de trabajo.

En espacios confinados, es recomendable utilizar sistemas de ventilación controlada, que proporcionan aire limpio y mantienen la circulación del aire dentro de los límites seguros.

Los procedimientos de trabajo deben priorizar la contención, el trabajo en húmedo, la extracción localizada, la reducción del polvo y la descontaminación controlada. No se debe barrer en seco ni utilizar métodos que dispersen fibras.

Obligaciones en trabajos profesionales con amianto

La presencia de amianto en el entorno laboral impone al empresario una serie de obligaciones legales y preventivas destinadas a proteger la salud de los trabajadores y a cumplir con la normativa vigente en materia de prevención de riesgos laborales.

  • Identificar la presencia de materiales que contengan amianto y realizar una evaluación específica del riesgo antes de iniciar cualquier actividad que pueda liberar fibras al ambiente.
  • Contar con un plan de trabajo detallado, aprobado previamente por la autoridad laboral competente, cuando la intervención implique la manipulación o retirada de amianto.
  • Proporcionar formación específica sobre los riesgos del amianto, su correcta manipulación, el uso adecuado de los EPI y los procedimientos de emergencia.
  • Garantizar que los niveles de exposición no superen el VLA-ED mediante controles técnicos y organizativos.
  • Realizar mediciones periódicas de concentración de fibras en el aire.
  • Proporcionar, sin coste para el trabajador, los EPI adecuados.
  • Garantizar la vigilancia de la salud de los trabajadores expuestos.
  • Retirar, transportar y eliminar los residuos peligrosos con amianto mediante gestores autorizados.

La Directiva 2009/148/CE regula la protección frente al amianto en la UE, estableciendo requisitos sobre VLA, planes de trabajo, vigilancia médica, formación y uso de EPI.

La Directiva 89/391/CEE establece principios generales de prevención. Estas normas han sido transpuestas a la legislación española mediante el RD 396/2006, que actualmente establece el VLA-ED en 0,1 f/cm³.

Cómo reconocer materiales que podrían contener amianto

Reconocer la presencia de amianto en materiales de construcción no siempre es sencillo, ya que suele estar mezclado con otros componentes y no es visible a simple vista.

El amianto puede estar presente en una amplia variedad de elementos, entre ellos:

  • Tejas y placas onduladas de fibrocemento.
  • Tuberías de agua o desagüe hechas de fibrocemento.
  • Aislamientos térmicos en calderas, conductos o tuberías.
  • Baldosas vinílicas y adhesivos para suelos.
  • Falsos techos y paneles acústicos.
  • Revestimientos de paredes y techos con textura.
  • Juntas, guarniciones y materiales ignífugos en puertas cortafuego.

El aspecto visual por sí solo no es suficiente para confirmar la presencia de amianto. La antigüedad del edificio, el contexto de fabricación y la ubicación del material pueden justificar una evaluación, pero no sustituyen el análisis de laboratorio.

Cuándo solicitar valoración médica

Se puede recomendar un examen físico completo que incluya una radiografía de pecho y pruebas de funcionamiento de los pulmones.

La radiografía de pecho es actualmente la herramienta más común que se usa para detectar las enfermedades relacionadas con el asbesto. Aunque las radiografías de pecho no pueden detectar las fibras de asbesto en los pulmones, pueden ayudar a identificar cualquier signo inicial de una enfermedad pulmonar causada por la exposición al asbesto.

Una biopsia de pulmón que detecta fibras microscópicas del asbesto en muestras de tejido pulmonar extraído quirúrgicamente es la prueba más confiable para confirmar la exposición al asbesto.

Una broncoscopia es una prueba menos invasiva que la biopsia y detecta las fibras de asbesto en el material que se enjuaga después de extraerse del pulmón.

Es importante enfatizar que estos procedimientos no pueden determinar cuánta haya sido la exposición de una persona al asbesto o si se presentará una enfermedad. Las fibras de asbesto pueden detectarse también en la orina, en la mucosidad o en las heces, pero estas pruebas no son confiables para determinar la cantidad de asbesto que se encuentra en los pulmones de la persona.

Si no es posible identificar claramente una fuente de exposición al amianto durante la vida laboral del trabajador, debe valorarse la posibilidad de que haya existido una exposición ambiental, del hogar o doméstica, por lo que es importante tener este aspecto en cuenta a la hora de dirigir la anamnesis e incorporar estos datos en la historia clínica de los pacientes.

filtro antiguo de máscara antigás con amianto

COLECCIONAR MÁSCARAS ANTIGÁS ⚠️¿PELIGROSO?⚠️

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