La mascarilla de oxígeno pediátrica es un dispositivo médico que permite administrar oxígeno suplementario a niños que presentan hipoxemia, dificultad respiratoria, enfermedades pulmonares, cardiopatías o situaciones de emergencia. Su elección depende de la concentración de oxígeno necesaria, el flujo indicado, la gravedad del cuadro, la edad del paciente y la anatomía respiratoria.
La oxigenoterapia constituye una intervención fundamental en el manejo de la hipoxemia, y debe considerarse una terapia ajustada, monitorizada y escalonada, integrada en el manejo global del paciente pediátrico. La selección inicial del sistema de administración de O2 no debe fundamentarse exclusivamente en el valor aislado de la SpO2, sino en una valoración clínica integral del paciente.
¿Qué es una mascarilla de oxígeno pediátrica?
Una mascarilla de oxígeno es un dispositivo médico que permite administrar oxígeno suplementario a pacientes con dificultad respiratoria, hipoxemia o como soporte en terapia de emergencia. En pediatría, la interfaz debe tener un tamaño y una forma adaptados a la fisonomía infantil para cubrir correctamente la nariz y la boca sin ejercer una presión excesiva.
La oxigenoterapia se define como el aporte de oxígeno (O2) a un paciente a una concentración mayor que en el aire ambiente. Es el tratamiento fundamental de la hipoxemia. El diseño del dispositivo varía dependiendo del flujo de oxígeno necesario, la concentración de oxígeno que se busca alcanzar (FiO₂) y la condición clínica del paciente.
La mascarilla facial pediátrica tiene un tamaño reducido y una forma ergonómica adaptada a la fisonomía infantil. Sus materiales suaves ayudan a evitar irritaciones, y su uso es esencial en hospitales, clínicas y situaciones domiciliarias donde se necesite administrar oxígeno a pacientes pediátricos.

¿Cuándo puede necesitar oxígeno un niño?
La indicación principal de oxigenoterapia es la presencia de hipoxemia, definida por una PaO2 menor a 60mmHg, lo que corresponde, aproximadamente, con una SpO2 menor al 90%. La oxigenoterapia tiene como objetivo evitar las consecuencias de la hipoxemia -hipertensión arterial pulmonar, acidosis metabólica, poliglobulia e hipoxia tisular- y controlar la sintomatología, mediante la reducción del trabajo respiratorio y el trabajo miocárdico generados por la puesta en marcha de mecanismos compensatorios.
Su indicación, pasada la estabilización inicial, es adecuada en cualquier proceso agudo con presión arterial de oxígeno (PaO2)<60mmHg o saturación transcutánea de oxígeno (SpO2)<90%. Para la mayoría de los pacientes con insuficiencia respiratoria hipoxémica se acepta este nivel de PaO2>60mmHg o SpO2>90%, pero, dados los posibles errores de la pulsioximetría, se recomienda una SpO2 objetivo de 93-97%, para tener margen de seguridad.
Por lo general, se deben evitar las lecturas sostenidas de SpO2 del 100% -excepto, por ejemplo, en la hipertensión pulmonar o intoxicación por monóxido de carbono [CO]-. Como toda modalidad terapéutica, la oxigenoterapia tiene sus dosis, modos de administración, efectos terapéuticos y efectos adversos.
Indicaciones en enfermedad aguda
En las enfermedades pulmonares puede aparecer hipoxemia por alteración en la relación ventilación/perfusión, hipoventilación alveolar o ambas. Neumonía, bronquiolitis, asma y atelectasias son algunos ejemplos.
La hipoventilación alveolar disminuye la entrada de O2 y eleva el dióxido de carbono (CO2), llevando a la hipoxemia. Esto ocurre, por ejemplo, en enfermedades neuromusculares o en depresiones respiratorias por fármacos.
Los cortocircuitos derecha/izquierda permiten el paso de sangre no oxigenada a la circulación sistémica y pueden ser resistentes a la corrección con O2 suplementario. Sucede en cardiopatías congénitas cianosantes, fístulas arteriovenosas y tromboembolias, entre otras situaciones.
También puede existir hipoxia tisular sin hipoxemia. Esto sucede cuando se produce un bajo gasto cardíaco o una alta demanda de O2, como en el shock, la anemia, la sepsis, la insuficiencia cardíaca, el traumatismo severo o las convulsiones.
En la intoxicación por CO, el CO desplaza el O2 de la hemoglobina y altera la liberación tisular, generando hipoxia celular a pesar de una PaO2 normal. La oxigenoterapia con altas concentraciones (100%) está indicada para acelerar la eliminación del CO y revertir la hipoxia.
Indicaciones en enfermedad crónica
Entre las indicaciones pediátricas se encuentran la hipoxemia crónica grave, definida como 3 desviaciones estándar por debajo de lo esperable, con el niño en situación estable respirando aire ambiente; las desaturaciones nocturnas significativas durante más del 20% del tiempo de registro; y la presencia de hipertensión pulmonar, hipertrofia ventricular derecha o policitemia secundaria a hipoxemia crónica.
Las enfermedades pulmonares crónicas, la hipertensión pulmonar, las enfermedades parenquimatosas, la fibrosis pulmonar y la displasia broncopulmonar pueden requerir oxigenoterapia. También pueden necesitarla los niños con enfermedades cardíacas asociadas a hipertensión pulmonar, enfermedades neuromusculares, alteraciones de la pared torácica u obstrucción de la vía aérea superior.
Principales tipos de mascarillas y sistemas de oxígeno en pediatría
La oxigenoterapia se puede administrar tanto en pacientes con ventilación mecánica -invasiva o no invasiva- como en ventilación espontánea. En ventilación espontánea, los diferentes tipos de soporte respiratorio se clasifican de acuerdo con el flujo administrado, diferenciando dos grupos: sistemas de bajo flujo y sistemas de alto flujo.
| Dispositivo | Flujo orientativo | FiO₂ aproximada o máxima | Uso principal |
|---|---|---|---|
| Cánulas nasales | 1-5 L/min; en lactantes limitar a 2 L/min | 24%-40% | Hipoxemia leve o moderada |
| Mascarilla simple | 5-10 L/min | 35%-60% | Aporte moderado de oxígeno |
| Mascarilla de reinhalación parcial | 6-10 L/min | 50%-70% | Hipoxemia moderada o recuperación posquirúrgica |
| Mascarilla de no reinhalación | 10-15 L/min | 80%-100% | Emergencias e hipoxemia severa |
| Mascarilla Venturi | Según adaptador y fabricante | 24%-50% | FiO₂ fija y controlada |
| Mascarilla para nebulización | Habitualmente 6-8 L/min | Variable | Administración de medicamentos inhalados |
| Mascarilla de traqueostomía | Según sistema | Variable | Oxígeno y humidificación a través del estoma |
Mascarilla facial pediátrica simple
La mascarilla simple administra una mezcla de oxígeno y aire ambiente. Es ligera y cómoda, no tiene reservorio ni válvulas y cuenta con orificios laterales para permitir la salida de aire exhalado y la entrada de aire ambiental.
La mascarilla simple cubre boca y nariz, y el cuerpo de la máscara actúa como una pequeña cámara de mezcla antes de la inhalación. Aporta una FiO2 variable, aproximadamente entre el 30% y el 60%, según el flujo administrado, el patrón respiratorio y el ajuste de la interfaz.
Los flujos habituales son de 5 a 10 L/min. No debe utilizarse con flujos inferiores a 5-6 L/min, porque aumenta el riesgo de reinhalación de CO2. En pacientes pediátricos puede utilizarse cuando se necesita un aporte de oxígeno moderado, como en casos de insuficiencia respiratoria leve, descompensaciones respiratorias temporales, estancias en observación o reanimación posquirúrgica.
Su principal ventaja es que resulta económica y fácil de colocar. Su limitación más importante es la dilución variable del oxígeno por el aire ambiente, por lo que la FiO₂ alcanzada no es completamente fija.
Mascarilla pediátrica con reservorio
La mascarilla con reservorio se trata de una mascarilla que cubre boca y nariz y lleva asociada una bolsa reservorio en la parte frontal. La bolsa almacena oxígeno para proporcionar una concentración superior a la de una mascarilla simple.
Existen dos tipos principales: de reinhalación parcial y de no reinhalación. La mascarilla de reinhalación parcial cuenta con una bolsa reservorio que almacena el oxígeno inhalado, mientras que parte del aire exhalado, rico en oxígeno, regresa al paciente.
La mascarilla de reinhalación parcial puede proporcionar aproximadamente entre el 40% y el 70% de FiO₂ con flujos de 6 a 15 L/min. Está indicada en pacientes con hipoxemia moderada o en recuperación postquirúrgica. Su principal limitación es el mayor riesgo de reinhalación de CO₂ si el flujo es insuficiente.
La mascarilla de no reinhalación, también denominada NRB, tiene válvulas unidireccionales y una bolsa reservorio. No permite que el aire exhalado entre de nuevo, por lo que puede proporcionar concentraciones altas de oxígeno rápidamente.
La mascarilla de no reinhalación se recomienda en emergencias médicas, hipoxemia severa, traumatismos, shock, intoxicación por monóxido de carbono, insuficiencia respiratoria grave y preoxigenación antes de la intubación. Puede alcanzar aproximadamente entre el 60% y el 95% o más de FiO₂, según el ajuste, el flujo y las condiciones del paciente.
Debe asegurarse un flujo suficiente, habitualmente de 10 a 15 L/min, para mantener la bolsa permanentemente distendida y evitar su colapso durante la inspiración. Los flujos menores de 10 L/min tienen riesgo de reinhalación de CO₂.
La eficacia depende del ajuste facial, del estado de las válvulas y de la bolsa, así como del flujo aplicado según el protocolo. Requiere monitorización constante, ya que un reservorio colapsado puede indicar que el flujo no cubre las necesidades inspiratorias del paciente.

Mascarilla pediátrica de Venturi
La mascarilla de Venturi es un sistema de alto flujo que incluye adaptadores de diferentes colores para regular el flujo y la concentración de oxígeno. Es el referente cuando se necesita garantizar una fracción inspirada de oxígeno exacta e independiente de la respiración del paciente.
El oxígeno a presión entra por un orificio estrecho y arrastra aire ambiente en una proporción fija predeterminada mediante el efecto Venturi. El oxígeno y el aire se mezclan en el mecanismo regulador, que se ajusta en función de la concentración de oxígeno deseada.
Los adaptadores pueden fijar concentraciones como 24%, 28%, 31%, 35%, 40% y 50%, aunque los valores disponibles dependen del sistema utilizado. Cada dispositivo dispone de una tabla orientativa para ajustar el flujo de oxígeno.
La Venturi es especialmente útil en niños con necesidades de oxígeno estrictamente controladas, insuficiencia respiratoria crónica o enfermedades pulmonares crónicas. En pacientes con EPOC u otras situaciones de riesgo de hipoventilación, es crucial evitar niveles altos de oxígeno que puedan comprometer la función respiratoria.
Su ventaja clínica es que la FiO₂ es constante y no se modifica de forma significativa por la frecuencia respiratoria o el esfuerzo respiratorio del paciente. Su limitación es que requiere el adaptador adecuado y un ajuste correcto del flujo conforme a las indicaciones del sistema.
Mascarilla pediátrica con nebulizador
La mascarilla con nebulizador está conectada a un nebulizador que transforma los medicamentos líquidos en pequeñas partículas inhalables. Facilita el tratamiento de afecciones respiratorias y está indicada en pacientes con asma, bronquiolitis, bronquitis, EPOC u otras infecciones respiratorias que requieren medicamentos inhalados.
El flujo continuo de gas pulveriza el fármaco en micropartículas respirables que llegan directamente a las vías aéreas inferiores. Entre las ventajas de las nebulizaciones se encuentran un fácil acceso al sistema broncoalveolar, una acción directa y dirigida, un menor requerimiento de dosis de los fármacos y la posibilidad de administrar medicamentos de forma simultánea.
La nebulización es compatible con el uso de oxigenoterapia y ventilación asistida. Como desventajas, presenta inexactitud de la dosis que se deposita en los pulmones, ruido y necesidad de una fuente de energía. Puede producir taquicardia e hiperreactividad bronquial en los niños.
El flujo de oxígeno recomendado para terapia broncoalveolar es de 8 L/min. La reducción del flujo a 6 L/min puede limitar su biodisponibilidad hasta un 30%. Para terapia de la vía aérea superior, orofaríngea o laríngea, deben utilizarse flujos más bajos, de 4-6 L/min, ya que favorecen la impactación de las partículas a ese nivel.
El volumen total de la solución a nebulizar se recomienda que sea entre 3-5 ml. La mayoría de la medicación nebulizada se administra en los primeros 5 minutos, y aumentar el tiempo de nebulización por encima de 10 minutos no ofrece ninguna ventaja.
Cuando un paciente está llorando se reduce marcadamente el depósito en los pulmones, por lo que convendría en este caso administrarlo mientras el paciente duerme.
Mascarilla o campana de traqueostomía
La mascarilla o campana de traqueostomía es un dispositivo ergonómico curvado diseñado para adaptarse específicamente al cuello sobre una cánula de traqueotomía. Se ajusta mediante una cinta elástica cervical y suministra oxígeno y vapor humidificado directamente al estoma.
Dispone de un conector giratorio de 360° para líneas estándar de 22 mm y puede ser compatible con sistemas de nebulización o alto flujo. Su ventaja clínica es que evita el resecamiento de las secreciones y protege la mucosa traqueal en pacientes traqueostomizados o laringectomizados.
Campana de oxígeno para bebés
Una campana de oxígeno o caja de cabeza se utiliza para bebés que son capaces de respirar por sí solos, pero que aun así necesitan oxígeno adicional. Una campana es un domo de plástico o caja con oxígeno caliente y humidificado en su interior.
Suele contener un dispositivo que mide la cantidad exacta de oxígeno que recibe el bebé. La campana se coloca sobre la cabeza del bebé para administrarle oxígeno, sin cubrir directamente la nariz y la boca.
Cánulas nasales pediátricas
Como alternativa a la campana, se puede usar una sonda plástica suave y delgada llamada cánula nasal. Esta sonda tiene puntas que encajan suavemente en la nariz del bebé.
Las cánulas nasales son ligeras y cómodas y permiten hablar, toser, comer y beber con normalidad, garantizando una excelente tolerancia. Trabajan habitualmente con flujos de 1 a 5 L/min y una concentración estimada del 24% al 40%.
En recién nacidos, el flujo a través de este dispositivo se debe restringir a 2 L/min, y en pacientes pediátricos puede alcanzar hasta 4 L/min según la situación clínica y el protocolo. No se aconseja la utilización de este tipo de cánulas cuando son necesarios flujos superiores a 6 L/min, debido a que los flujos mayores ocasionan irritación de la mucosa nasal y no aumentan la FiO2.
El oxígeno fluye a través de la sonda, pero por los lados se escapa una pequeña cantidad, por lo que el bebé no siempre recibe la cantidad de oxígeno suministrada. Su eficacia disminuye en respiradores bucales o durante el sueño.
Cánulas nasales de alto flujo
La oxigenoterapia de alto flujo con cánulas nasales consiste en la administración de un flujo elevado de aire mezclado con oxígeno, u oxígeno puro, a través de cánulas nasales específicas. El flujo administrado es suficiente para proporcionar la totalidad del gas inspirado, independientemente del patrón respiratorio del paciente, permitiendo regular de forma más exacta la FiO2.
Estas cánulas permiten administrar mezclas controladas de aire y oxígeno a flujos muy elevados que superen el flujo inspiratorio del paciente. Pueden generar un discreto aumento de la presión CPAP a nivel de la vía respiratoria, sobre todo en recién nacidos y lactantes.
Para el uso de alto flujo en cánulas nasales, es indispensable humidificar y calentar el aire. Se debe comenzar con flujos bajos, en torno a 0,5-1 l/kg/min, y posteriormente aumentar en función de las necesidades del paciente y de la tolerancia, hasta un máximo en torno a 1,5-2 l/kg/min.
Este sistema mejora la oxigenación del paciente porque el flujo de aire administrado es superior al pico de flujo inspiratorio, evitando teóricamente la inhalación de aire ambiente. Permite, además, renovar el gas del espacio muerto en la nasofaringe.
Su uso debe acompañarse de un seguimiento estrecho que confirme la buena respuesta e impida el retraso de otros tipos de asistencia. A mayor flujo pautado, peor tolerancia por parte del paciente, lo que puede limitar la eficacia del dispositivo.
Otro limitador importante es el tamaño de la cánula nasal seleccionado, que puede restringir el flujo administrado. Se debe elegir la cánula nasal adecuada en función de la edad y del flujo que se desee pautar.
CPAP nasal y ventilación no invasiva
Un sistema nasal CPAP se utiliza para bebés que necesiten más ayuda de lo que pueden obtener de una campana de oxígeno o una cánula nasal, pero aún son capaces de respirar por ellos mismos.
El aire con oxígeno es administrado bajo alta presión, lo que ayuda a que las vías respiratorias y los pulmones se mantengan abiertos. El aire fluye de la nariz del bebé a través de sondas adheridas a puntas nasales o a una mascarilla pequeña.
La ventilación no invasiva se considera un nivel de asistencia mayor que los sistemas convencionales previamente descritos. No invade la vía aérea del paciente y, por tanto, no supone la intubación endotraqueal o la traqueotomía.
La ventilación no invasiva permite regular la FiO2 administrada para optimizar el estado de oxigenación del paciente. Su principal inconveniente es la falta de tolerancia del paciente y la presencia de fugas, que pueden llegar a condicionar su eficacia.
Ventilación mecánica invasiva
Finalmente, puede ser necesario un respirador o ventilador que le suministre al bebé una cantidad mayor de oxígeno y que respire por él. Un ventilador puede dar presión adicional utilizando la propia respiración del bebé, pero también puede administrar respiraciones al bebé si éste está demasiado débil, cansado o enfermo para respirar.
En este caso, el oxígeno fluye a través de un tubo colocado en la tráquea del bebé. El bebé suele recibir una cantidad de oxígeno cercana a la que se le administra.
Se debe asegurar que el volumen corriente en cada respiración sea suficiente para llevar a cabo un adecuado intercambio gaseoso, permitiendo con ello la oxigenación y el intercambio de PCO2. Habitualmente, se buscan volúmenes en torno a 4-6 ml/kg en lactantes y volúmenes en torno a 6-8 ml/kg en edad pediátrica.
Cómo elegir la mascarilla pediátrica adecuada
La oxigenoterapia requiere seleccionar el dispositivo exacto según el caudal, la precisión de la fracción inspirada de oxígeno (FiO2) y la anatomía respiratoria del paciente. La selección debe integrar el grado de trabajo respiratorio, la estabilidad hemodinámica, el nivel de consciencia y la evolución temporal del cuadro.
- Valorar el objetivo clínico. Si se necesita una concentración más controlada, la mascarilla Venturi suele ser una opción habitual. Si se requiere un aporte elevado en una situación aguda, puede estar indicada una mascarilla con reservorio según el protocolo.
- Considerar la gravedad. En los pacientes clínicamente estables con SpO2<92%, puede iniciarse oxigenoterapia mediante cánulas nasales. Si la hipoxemia persiste o la situación clínica es de mayor gravedad, se recomienda escalar a dispositivos de mayor flujo y FiO2.
- Elegir el tamaño correcto. La mascarilla debe adaptarse a la cara del niño y cubrir nariz y boca hasta la barbilla sin producir fugas excesivas ni presión innecesaria.
- Comprobar la tolerancia. Algunos pacientes toleran mejor las cánulas nasales que una mascarilla facial. El llanto, la ansiedad o el desplazamiento de la interfaz pueden reducir la eficacia del tratamiento.
- Revisar la vía aérea. La traqueostomía, la necesidad de nebulización, la obstrucción de la vía aérea y la necesidad de humidificación determinan qué interfaz puede utilizarse.
- Verificar la fuente de oxígeno. La fuente puede ser una red hospitalaria, una botella o un concentrador. Es necesario comprobar la compatibilidad con el sistema de regulación y caudal.
- Reevaluar la respuesta. Ante la presencia de dificultad respiratoria significativa o respuesta clínica insuficiente, debe valorarse de forma precoz la necesidad de soporte ventilatorio avanzado.
En situaciones clínicas donde el suministro de oxígeno es vital, elegir la mascarilla de oxígeno adecuada puede marcar una gran diferencia en la oxigenación del paciente. Elegir bien ayuda a adaptar la administración a la situación clínica, al entorno y al material disponible, siempre siguiendo prescripción y protocolo.
Características de una mascarilla de oxígeno pediátrica
Una mascarilla de oxígeno pediátrica puede estar diseñada para la administración de oxígeno en terapias respiratorias pediátricas que requieren una concentración media de oxígeno, aproximadamente del 50%. Su diseño anatómico permite una correcta cobertura de la nariz y la boca hasta la barbilla, garantizando un ajuste estable y confortable.
Puede estar equipada con una lámina nasal ajustable de aluminio y un elástico de sujeción, lo que facilita su adaptación a la fisonomía del paciente y proporciona mayor comodidad durante la aplicación.
Fabricada en PVC transparente de grado médico, esta mascarilla proporciona visibilidad clínica, flexibilidad y seguridad. El conjunto puede incluir un tubo de oxígeno anti-aplastamiento de 2 metros, que mantiene el flujo de oxígeno incluso en condiciones de flexión o doblez del tubo.
| Característica | Descripción |
|---|---|
| Aplicación | Oxigenoterapia; concentración media aproximadamente del 50% |
| Tamaño | Pediátrico |
| Diseño | Anatómico, con cobertura completa de nariz y boca |
| Material de la mascarilla y el tubo | PVC transparente de grado médico |
| Conectores | Polipropileno (PP) |
| Sistema de ventilación | Silicona |
| Ajuste nasal | Lámina de aluminio |
| Sujeción | Elástico de látex/elastano |
| Tubo | Longitud de 2 metros, anti-aplastamiento |
| Uso | Producto no estéril, de uso único y no reutilizable |
| Clasificación | Dispositivo médico de Clase IIa |
Uso correcto y comprobaciones antes de colocarla
Antes de utilizar una mascarilla pediátrica, se debe verificar la prescripción o el protocolo y el objetivo de saturación. También es necesario comprobar la fuente de oxígeno, la disponibilidad del suministro y el funcionamiento del sistema de regulación.
- Comprueba la fuente de oxígeno y que haya suministro.
- Revisa el caudalímetro, las conexiones y la compatibilidad con la toma de pared, la botella o el concentrador.
- Verifica que la tubuladura esté íntegra y que no presente aplastamientos, cortes o desconexiones.
- Selecciona el tamaño pediátrico adecuado para la edad y la anatomía del paciente.
- Comprueba que la mascarilla cubra nariz y boca hasta la barbilla.
- Ajusta el elástico y la lámina nasal sin producir presión excesiva.
- Confirma que la bolsa reservorio, si existe, se mantiene distendida durante la inspiración.
- Comprueba que las válvulas de una mascarilla de no reinhalación se muevan correctamente.
- Monitoriza la saturación mediante pulsioximetría y observa el trabajo respiratorio.
- Reevalúa al paciente según el protocolo y modifica el soporte únicamente bajo indicación clínica.
Lo ideal es que el oxígeno sea humidificado para evitar sequedad de secreciones y calentado para prevenir hipotermia y broncoespasmo. En cualquiera de estas situaciones debe monitorizarse la saturación de hemoglobina mediante pulsioximetría.
Recomendaciones de seguridad en bebés y niños
Es probable que los bebés con problemas cardíacos o pulmonares necesiten respirar mayores cantidades de oxígeno para obtener los niveles normales de dicho gas en la sangre. La oxigenoterapia les brinda a los bebés el oxígeno adicional.
Tanto un exceso como una carencia de oxígeno pueden ser dañinos. Con muy poco oxígeno, es probable que las células no funcionen adecuadamente y mueran, y muchos de los órganos que se están desarrollando, como el cerebro y el corazón, pueden sufrir daño.
Un exceso de oxígeno también puede ocasionar lesiones. Respirar demasiado oxígeno puede ocasionar daño pulmonar. Para los bebés muy prematuros, la presencia de demasiado oxígeno en la sangre puede llevar a que se presenten problemas a nivel cerebral y ocular.
Los bebés con ciertas afecciones cardíacas también pueden requerir niveles más bajos de oxígeno en la sangre. Los proveedores de atención médica del bebé lo supervisan atentamente y tratarán de equilibrar la cantidad de oxígeno que el bebé necesita.
No existen contraindicaciones absolutas para la oxigenoterapia. Entre las situaciones relativas se encuentran los pacientes con enfermedad pulmonar crónica, por riesgo de hipoventilación, y los pacientes con cardiopatía con shunt I-D, por riesgo de hiperaflujo pulmonar.
Riesgos relacionados con el exceso de oxígeno
Las complicaciones de la oxigenoterapia incluyen efectos adversos relacionados con la administración excesiva de O2 y con la duración prolongada del tratamiento. Su toxicidad depende de la concentración administrada y de la duración de la exposición.
Entre las complicaciones descritas se encuentran la retinopatía proliferativa en pacientes neonatos prematuros, la toxicidad pulmonar secundaria a la disminución de la síntesis de surfactante, las alteraciones en la relación ventilación/perfusión, la disminución de la actividad mucociliar, la formación de atelectasias y la depresión del centro respiratorio.
Riesgos relacionados con la interfaz
Los riesgos de los sistemas de administración de oxígeno se consideran, en general, leves y asociados en su mayor parte a la interfaz utilizada. Los más comunes son abrasiones y heridas locales en las fosas nasales y en la región de presión del dispositivo, así como sequedad de las mucosas oral y nasal.
Los bebés que reciben oxígeno pueden sentir frío si la temperatura de este gas no es suficientemente caliente. Por ello, suele calentarse y humidificarse.
Algunas cánulas nasales utilizan oxígeno seco. A tasas de flujo más altas, esto puede irritar la parte interna de la nariz y ocasionar agrietamiento de la piel, sangrado o tapones mucosos en la nariz, lo que puede aumentar el riesgo de infección.
Pueden producirse problemas similares con los dispositivos CPAP nasales. Además, algunos dispositivos de CPAP utilizan puntas nasales anchas que pueden causar roturas de la piel alrededor de la nariz si no se ajustan correctamente o si se desplazan durante su uso.
Oxigenoterapia de alto flujo en bronquiolitis
En la bronquiolitis, la oxigenoterapia de alto flujo ha demostrado beneficios frente a la oxigenoterapia convencional de bajo flujo, especialmente en la reducción de la tasa de fracaso terapéutico y de la necesidad de escalada de soporte respiratorio.
Sin embargo, no ha evidenciado una superioridad clara frente a otras modalidades, como la presión positiva continua en la vía aérea (CPAP), que continúa siendo más eficaz en casos de insuficiencia respiratoria moderada o grave.
Por ello, su uso debería considerarse fundamentalmente en lactantes con hipoxemia en quienes ha fracasado la oxigenoterapia convencional. Una vez instaurada, es imprescindible una monitorización estrecha de la respuesta clínica.
La ausencia de mejoría en un periodo de tiempo razonable debe obligar a reconsiderar la estrategia terapéutica, evitando retrasos en la instauración de medidas más eficaces, como la CPAP, ya que ello puede asociar un peor pronóstico.
En otras enfermedades respiratorias, como el estatus asmático o la insuficiencia respiratoria hipoxémica de diversa etiología, la evidencia disponible es limitada y, en ocasiones, contradictoria. En la neumonía con insuficiencia respiratoria hipoxémica, la oxigenoterapia de alto flujo no ha demostrado superioridad frente a otras modalidades, destacando la CPAP por mejores resultados en reducción de fracaso terapéutico y mortalidad.
Errores frecuentes al utilizar una mascarilla pediátrica
- Elegir la interfaz por costumbre sin considerar el objetivo de FiO2, la tolerancia y la urgencia.
- Utilizar una mascarilla de tamaño adulto en un paciente pediátrico.
- Aplicar un flujo insuficiente en una mascarilla simple o con reservorio.
- Permitir que el reservorio se colapse durante la inspiración.
- Usar una mascarilla Venturi sin el adaptador o el flujo correspondiente.
- Descuidar la regulación del oxígeno o utilizar un caudalímetro incompatible.
- Mantener fugas importantes por un ajuste deficiente.
- Colocar una interfaz dañada, con válvulas deterioradas o tubuladuras obstruidas.
- Ignorar la irritación nasal, las lesiones por presión o la sequedad de las mucosas.
- No reevaluar la respuesta clínica tras iniciar la oxigenoterapia.
- Retrasar la valoración de soporte ventilatorio avanzado ante una respuesta insuficiente.
- Usar una mascarilla de nebulización cuando el objetivo es administrar oxígeno convencional sin medicación aerosolizada.
Traslado de un paciente pediátrico con oxígeno
El cálculo del volumen de O2 que contiene una bala de O2 a presión ambiental es esencial durante la utilización de oxigenoterapia en un traslado. Las balas de O2 modernas cuentan con una pantalla digital que facilita el cálculo de litros restantes.
Para saber los minutos de uso que proporciona una bala, se dividen los litros restantes entre el flujo que se está utilizando.
Minutos de uso = litros de oxígeno restantes / litros por minuto.
Si no se dispone de este tipo de balas, los modelos más antiguos cuentan con un medidor de presión expresada en bares. Para conocer el tiempo que va a tardar en consumirse ese O2, es necesario conocer primero el volumen total que contiene la bala a 1 bar de presión, que corresponde a la presión ambiental.
O2 a presión ambiental = volumen de la bala (litros) × presión de la bala (bares).
Ejemplo: bala de 5 litros y con presión 150 bares, para un paciente con O2 por mascarilla Venturi a 6 litros por minuto en un traslado de 40 minutos de duración.
O2 a presión ambiental: 5 litros × 150 bares = 750 litros.
Minutos de uso: 750 litros / 6 litros por minuto = 125 minutos.
En este caso, sí sería posible trasladar al paciente con esa bala.
Oxigenoterapia
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre una mascarilla Venturi y una mascarilla con reservorio?
La Venturi se usa cuando interesa una FiO2 más controlada mediante boquillas o adaptadores. La mascarilla con reservorio se orienta a altas concentraciones en situaciones agudas, dependiendo del ajuste y del flujo aplicado según protocolo.
¿Para qué sirve una mascarilla con reservorio?
Se utiliza habitualmente en urgencias y emergencias cuando se busca un aporte alto de oxígeno. Es clave que la bolsa y las válvulas estén en buen estado y que el flujo sea el indicado por protocolo.
¿Cuándo se suele utilizar una mascarilla Venturi?
Se utiliza cuando se quiere una concentración más estable y controlada, especialmente en pacientes con necesidades estrictas de FiO2 o con enfermedades respiratorias crónicas.
¿Qué es mejor: cánula nasal o mascarilla simple?
Depende del objetivo y de la tolerancia. Las cánulas nasales suelen ser más cómodas y permiten comer y hablar; la mascarilla simple puede aportar más oxígeno que la cánula nasal en algunos escenarios. Debe decidirse según la indicación clínica.
¿La mascarilla de nebulización sirve como mascarilla de oxígeno normal?
Su finalidad principal es facilitar la aerosolterapia mediante medicación nebulizada, según el sistema y la pauta. Si se busca una interfaz clásica de oxígeno, debe utilizarse el dispositivo correspondiente al objetivo clínico.
¿Qué mascarilla se utiliza en un niño con traqueostomía?
Se emplean mascarillas específicas para traqueostomía, diseñadas para adaptar el suministro de oxígeno y vapor humidificado al estoma.
¿Se puede utilizar oxígeno en casa?
En domicilio, la elección y los parámetros deben estar indicados por un profesional. Si el oxígeno procede de un concentrador, conviene asegurarse de que la interfaz sea compatible y disponer de consumibles de recambio.
¿Cada cuánto se cambian las mascarillas y las tubuladuras?
Depende del tipo de dispositivo, del uso -un solo paciente o reutilización según la política del centro-, de la normativa interna y de las recomendaciones del fabricante. En general, en material desechable se prioriza la seguridad y la higiene según protocolo.
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