Piedras de agua hepáticas: causas, síntomas y tratamiento

La expresión «piedras de agua hepáticas» no corresponde a un diagnóstico médico preciso. Puede utilizarse para describir la ascitis, es decir, la acumulación de líquido dentro del abdomen, o confundirse con los cálculos biliares, que son depósitos sólidos formados principalmente en la vesícula biliar. La ascitis suele relacionarse con enfermedad hepática avanzada, especialmente con cirrosis e hipertensión portal, mientras que los cálculos biliares afectan a la vesícula y pueden obstruir las vías biliares.

La acumulación de líquido en la cavidad abdominal se denomina ascitis. La ascitis es común en personas con cirrosis y generalmente se desarrolla cuando el hígado comienza a fallar. En general, el desarrollo de la ascitis indica una enfermedad hepática avanzada y los pacientes deben ser remitidos para considerar un trasplante de hígado.

Qué significa cada término

Ascitis: acumulación de líquido en el abdomen

La ascitis es el nombre dado a la acumulación de líquidos dentro de la cavidad abdominal, conocida popularmente como barriga de agua. La ascitis es un síntoma típico de la cirrosis hepática y a menudo ocurre cuando el paciente presenta hipertensión portal.

La ascitis puede estar causada por muchos trastornos, pero el más frecuente es la presión alta en las venas que llevan sangre al hígado, conocida como hipertensión portal, por lo general debida a la cirrosis. Si se acumulan grandes cantidades de líquido, el abdomen aumenta mucho de volumen, causando a veces pérdida de apetito y dificultad para respirar.

Cálculos biliares: depósitos sólidos en la vesícula

La vesícula biliar es una víscera hueca y pequeña que forma parte de nuestro aparato digestivo. Este órgano se encarga de almacenar la bilis, un líquido producido en el hígado con el fin de digerir las grasas obtenidas tras la ingesta de alimentos.

Los cálculos biliares, también designados como colelitiasis o litiasis biliar en el entorno médico, se definen como el depósito de material sólido en las vías biliares, sobre todo en la propia vesícula biliar. El tamaño de los cálculos biliares es muy variable y va desde un grano de arena hasta una pelota de golf, si bien la mayoría presentan unas dimensiones intermedias (20 milímetros o menos).

ProblemaQué se acumulaÓrgano o zona principalManifestación característica
AscitisLíquidoCavidad abdominalDistensión abdominal, aumento de peso y dificultad para respirar
Cálculos biliaresMaterial sólidoVesícula y vías biliaresDolor intenso en la parte superior derecha del abdomen, náuseas y vómitos

Por qué aparece la ascitis relacionada con el hígado

La cirrosis del hígado es la causa más común de ascitis, pero otras enfermedades como la insuficiencia cardíaca, la insuficiencia renal, una infección o un cáncer también pueden causar ascitis. La ascitis es causada por una combinación de presión elevada en las venas que recorren el hígado, conocida como hipertensión portal, y una disminución de la función hepática causada por cicatrización del hígado, es decir, cirrosis.

La causa más frecuente de la ascitis es la hepatopatía. Otras causas menos comunes de ascitis son enfermedades no relacionadas con el hígado, como el cáncer, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, inflamación del páncreas, pancreatitis, y la tuberculosis que afecta el revestimiento del abdomen.

La ascitis tiende a aparecer más en afecciones hepáticas de larga duración, crónicas, que en los procesos de corta duración, agudos. La hipertensión portal también puede estar causada por coágulos de sangre en los vasos sanguíneos que entran o salen del hígado, o por una infección parasitaria llamada esquistosomiasis.

Cirrosis e hipertensión portal

La cirrosis hepática es la consecuencia final de muchas enfermedades hepáticas crónicas que lleva a la pérdida de la arquitectura normal del hígado y una disminución progresiva de sus funciones. Cualquier enfermedad que produzca una inflamación crónica del hígado puede, en el curso de los años, llegar a producir cirrosis.

Hay muchas causas de cirrosis. Las principales en nuestro medio son dos: el consumo excesivo de alcohol, cirrosis etílica o alcohólica, y la hepatitis crónica por virus C, cirrosis por virus C, que son responsables del 80 por ciento de los casos de cirrosis en España.

La vena porta o sistema porta hepático es una vena grande que se encuentra en la entrada en el hígado encargada de drenar la sangre desde el sistema gastrointestinal. Toda la sangre del estómago, bazo, páncreas y los intestinos pasa a través de la vena porta y por el hígado antes de volver al corazón.

En los casos de enfermedad hepática grave, especialmente en la cirrosis, el hígado sufre un proceso de fibrosis, cicatrización y endurecimiento del tejido del hígado, que puede causar la obstrucción de la vena porta, lo que dificulta la llegada de la sangre por este grande vaso.

Si la vena porta está bloqueada, habrá una gran congestión de sangre y un aumento de la presión, no sólo en la vena porta, sino también en todas las venas del tracto gastrointestinal. Este cuadro se llama hipertensión portal y es responsable de varios de los signos y síntomas que se explican a continuación.

Cómo se forma el líquido ascítico

Cuando existe una enfermedad hepática, el líquido ascítico se filtra desde la superficie del hígado y del intestino y se acumula dentro del abdomen. Esto se debe a una combinación de factores.

  • Hipertensión portal.
  • Retención de líquidos en los riñones.
  • Alteraciones en diversas hormonas y sustancias químicas que regulan los líquidos corporales.
  • Fugas de albúmina de los vasos sanguíneos hacia el abdomen.

En condiciones normales, la albúmina, la proteína principal en la sangre, ayuda a evitar que el fluido se escape fuera de los vasos sanguíneos. Cuando se produce una fuga de albúmina de los vasos sanguíneos, también se produce una fuga de líquido.

Causas de las enfermedades hepáticas que pueden producir ascitis

Consumo de alcohol

El consumo excesivo y crónico de alcohol es una de las causas más comunes de enfermedad hepática. Provoca hepatopatía alcohólica, que incluye hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis.

El hígado procesa el alcohol, pero el consumo excesivo y prolongado puede sobrepasar su capacidad de desintoxicación, causando inflamación y muerte de las células hepáticas.

Infecciones virales

Los parásitos y los virus pueden infectar el hígado y causar inflamación, es decir, hinchazón e irritación. La inflamación impide que el hígado funcione de forma correcta.

  • Hepatitis A.
  • Hepatitis B.
  • Hepatitis C.

La hepatitis B se transmite a través de la sangre, el semen u otros fluidos corporales. La hepatitis B crónica puede provocar cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado si no se trata.

La hepatitis C se transmite principalmente por vía sanguínea, a menudo al compartir agujas o mediante procedimientos médicos no regulados. La hepatitis C crónica puede provocar daño hepático grave y cirrosis.

Hígado graso y alteraciones metabólicas

La enfermedad del hígado graso no alcohólico, EHGNA, es la enfermedad hepática más común a nivel mundial y está estrechamente relacionada con la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico.

Se produce cuando la grasa se acumula en el hígado sin un consumo excesivo de alcohol. Si no se trata, la EHGNA puede progresar a esteatohepatitis no alcohólica, EHNA, que puede causar cirrosis.

Las dietas ricas en alimentos procesados, azúcares y grasas no saludables contribuyen a la inflamación hepática y la acumulación de grasa. Un estilo de vida sedentario también aumenta el riesgo de obesidad, lo que a su vez incrementa el riesgo de desarrollar hígado graso y otros problemas hepáticos.

Enfermedades autoinmunes y hereditarias

La hepatitis autoinmune se produce cuando el sistema inmunitario ataca por error al hígado, lo que provoca inflamación y daño hepático. Si no se trata, esto puede eventualmente causar cirrosis.

La colangitis biliar primaria, CBP, es una enfermedad autoinmune crónica que provoca la destrucción progresiva de los conductos biliares del hígado, lo que provoca acumulación de bilis y daño hepático.

La hemocromatosis es un trastorno genético que hace que el cuerpo absorba demasiado hierro, lo que provoca una acumulación de hierro en el hígado, lo que puede dañar las células del hígado y causar cirrosis.

La enfermedad de Wilson es otro trastorno genético que conduce a la acumulación de cobre en el hígado, lo que provoca daño hepático y síntomas neurológicos.

Medicamentos, suplementos y toxinas

El uso prolongado de ciertos medicamentos, como acetaminofén, estatinas o esteroides, puede sobrecargar el hígado y provocar daño hepático, especialmente si se toman en dosis excesivas.

Además, algunos suplementos herbales pueden ser tóxicos para el hígado, causando inflamación hepática o insuficiencia hepática. La exposición a toxinas ambientales, como ciertas sustancias químicas, pesticidas y contaminantes industriales, puede dañar el hígado con el tiempo.

Si tomar ciertos medicamentos causa cirrosis, el único tratamiento suele ser dejar de tomar los medicamentos que causaron el problema. Hable con su médico antes de dejar de tomar cualquier medicamento.

Síntomas de la ascitis

Manifestaciones iniciales

Las cantidades pequeñas de líquido dentro del abdomen generalmente no suelen producir síntomas. Las cantidades moderadas pueden aumentar el perímetro de la cintura y provocar el aumento de peso.

La mayoría de los pacientes que desarrollan ascitis observan una distensión abdominal y un rápido aumento de peso. Algunas personas también desarrollan edema en los tobillos y dificultad para respirar debida a la acumulación de líquido alrededor de los pulmones.

En algunas personas con ascitis, los tobillos pueden hincharse porque el exceso de líquido se acumula en ellos, causando edema. Se siente tirantez en el abdomen, y el ombligo se ve aplanado o incluso protruye hacia fuera.

Ascitis avanzada

Cantidades masivas pueden causar hinchazón abdominal, distensión, lo que puede llevar a dificultad para respirar por presión en los pulmones, dificultad para comer por presión en el estómago y malestar.

El dolor abdominal, el malestar y la dificultad para respirar pueden presentarse cuando se acumula demasiado líquido en la cavidad abdominal. Esto puede limitar la capacidad para comer, caminar y realizar las actividades de la vida diaria.

La acumulación de líquidos en el pecho se denomina hidrotórax hepático y el líquido abdominal llena las cavidades del pulmón, sobre todo del lado derecho, además de la cavidad abdominal. Este trastorno puede dar como resultado dificultad para respirar al hacer esfuerzos o a veces también en reposo.

Complicaciones de la ascitis

Peritonitis bacteriana espontánea

La infección del líquido ascítico se denomina peritonitis bacteriana espontánea, SBP, y generalmente causa dolor abdominal, sensibilidad, fiebre o náuseas.

La peritonitis bacteriana espontánea a veces ocurre en personas con ascitis y cirrosis, especialmente en personas que beben grandes cantidades de alcohol. Si se desarrolla, la persona puede tener molestias abdominales y el abdomen puede estar sensible a la palpación.

Las personas afectadas pueden tener fiebre y sentir malestar general. Pueden sentirse confusas, desorientadas y adormecidas. Si no se trata, esta infección puede ser mortal.

El diagnóstico generalmente se hace tomando una muestra del líquido de la cavidad abdominal. Esta infección puede tratarse con antibióticos por vía intravenosa y, después de la recuperación, los pacientes requerirán tratamiento con antibióticos a largo plazo para evitar que recurra la SBP.

Hernias

La presión intraabdominal elevada puede conducir al desarrollo de hernias umbilicales, alrededor del ombligo, e inguinales, de la ingle, que pueden causar malestar abdominal.

Generalmente, se evita la reparación quirúrgica a menos que haya dolor intenso, que sugiere que los intestinos o algún tejido pueden estar siendo pinzados o retorcidos, junto con una persistente protuberancia por la hernia.

Hipertensión portal y sangrado digestivo

La obstrucción de la vena porta provoca un aumento de la presión en todo el sistema venoso del aparato digestivo, incluyendo las venas del estómago y del esófago. Este aumento en la presión provoca varices en estos órganos, facilitando la ocurrencia de sangrados.

La hemorragia digestiva por sangrado de várices esofágicas es una manifestación típica de cirrosis hepática en estadios avanzados. El paciente presenta súbitamente cuadro de vómitos hemorrágicos pudiendo perder gran cantidad de sangre en estos episodios.

Las personas que vomitan sangre o tienen heces negras o con sangre deben ir a un hospital de inmediato. Los médicos pueden realizar procedimientos mediante una endoscopia gastrointestinal superior o utilizar procedimientos quirúrgicos para detener el sangrado.

Encefalopatía hepática

El hígado retira de la sangre sustancias tóxicas para el cerebro. Si el hígado fracasa, estas sustancias producen una intoxicación cerebral manifestada por insomnio nocturno, somnolencia diurna, cambios en la conducta y en el humor, desorientación y progresiva disminución del nivel de consciencia, que puede llegar al coma.

La encefalopatía hepática es el resultado de la acción de estas toxinas en el cerebro. Dependiendo del grado de insuficiencia hepática o hipertensión portal el paciente puede presentar desde cuadros leves, con letargo, irritabilidad y dificultad para concentrarse, incluso severa encefalopatía, con una reducción en el nivel de conciencia y coma.

Esta complicación es grave y requiere ingreso hospitalario. La confusión o desorientación grave puede ser un signo de encefalopatía hepática, una afección en la que las toxinas se acumulan en el cerebro debido a una insuficiencia hepática.

Otros síntomas de enfermedad hepática avanzada

En las fases iniciales, los pacientes pueden estar asintomáticos. Progresivamente, el paciente se encuentra cansado, sin energía, sin apetito, puede tener molestias digestivas y perder peso y masa muscular.

Cuando la enfermedad está avanzada, el paciente se encuentra siempre enfermo, no puede llevar vida normal y aparecen, entre otros, los siguientes síntomas:

  • Ictericia: coloración amarillenta de la piel por la incapacidad del hígado de eliminar la bilirrubina de la sangre.
  • Cambios en la piel: dilataciones vasculares, sobre todo en mejillas, tronco y brazos; además, puede aparecer enrojecimiento de las palmas de las manos y pulpejos de los dedos.
  • Retención de sal y agua: acúmulo de líquido en las extremidades inferiores, edemas, y en el abdomen, ascitis.
  • Facilidad para el sangrado: sangrado por las encías, por la nariz y aparición de hematomas con golpes suaves.
  • Cambios en la conducta y en el nivel de consciencia: insomnio nocturno, somnolencia diurna, desorientación y disminución del nivel de consciencia.
  • Cambios en la función sexual: pérdida del deseo y la potencia sexual en los varones y de la menstruación y de la fertilidad en las mujeres.
  • Desnutrición: pérdida de masa y fuerza muscular.

Ictericia, orina oscura y heces claras

Ictericia es el nombre dado a la coloración amarillenta de la piel, ojos y mucosas, que se presenta debido a la acumulación de bilirrubina en la sangre.

Cuando el hígado se enferma, pierde la capacidad de metabolizar o eliminar la bilirrubina que se produce constantemente por el bazo. En esta situación hay acumulación de bilirrubina en la sangre y deposición de exceso en la piel, lo que provoca la apariencia de color amarillento.

La ictericia está frecuentemente asociada con picazón, pues la bilirrubina depositada en la piel causa irritación de las terminaciones nerviosas. Dos otros signos suelen aparecer junto con ictericia: heces claras, acolia fecal, y orina muy oscura.

La orina oscura, color de Coca-Cola o Mate, se produce por el filtraje del exceso de bilirrubina circulante en la sangre por los riñones, que termina por ser excretado por la orina.

Alteraciones cutáneas y hormonales

Las telangiectasias, también llamadas arañas vasculares, son lesiones vasculares compuestas por una arteriola central rodeada por muchos vasos pequeños. Las telangiectasias son, a menudo, más encontradas en el tronco, cara y brazos.

En la cirrosis, cuanto más avanzada es la enfermedad, mayor suele ser el tamaño y el número de arañas vasculares presentes. El eritema palmar es el nombre dado a una palma de la mano muy roja, principalmente en las áreas tenar e hipotenar.

Los pacientes del sexo masculino con cirrosis frecuentemente presentan ginecomastia. Se cree que es debido a la elevación de la concentración de estrógeno en la sangre, que se produce tanto por el aumento de la producción como por la reducción del metabolismo de esta hormona femenina por el hígado.

Alteraciones de la coagulación y nutrición

El paciente con enfermedad hepática puede presentar una mayor facilidad en desarrollar equimosis, manchas púrpuras en la piel, y sangrados después de traumas de poca intensidad. Esto es porque el hígado es responsable de la producción de proteínas que participan del sistema de coagulación de la sangre.

Además de la deficiencia de los factores de coagulación, que puede ocurrir en cualquier situación de disfunción hepática, los pacientes con cirrosis e hipertensión portal a menudo también cuentan con un número bajo de plaquetas, que es otro factor que contribuye para una mayor dificultad para la coagulación de la sangre.

El hígado es muy importante en la absorción y aprovechamiento de los nutrientes que ingerimos. Por ello, en fases avanzadas, los cirróticos se hallan desnutridos y pierden mucha masa y fuerza muscular.

Síntomas de los cálculos biliares

La mayoría de los pacientes con cálculos biliares son asintomáticos, hasta el 80 %, si bien hasta el 10 % comienzan a presentar signos en los 5 años tras su formación.

En caso de que alguna de estas formaciones provoque un bloqueo en las vías biliares y se produzca la consiguiente inflamación de la vesícula biliar, se pueden experimentar dolor repentino, que se intensifica rápido, en la parte superior derecha del abdomen.

Este dolor puede extenderse a tórax, hombros y espalda, lo que a veces se confunde con un infarto u otro problema cardiaco. También pueden aparecer indigestión, vómitos y náuseas.

Muchos pacientes sintomáticos refieren que estos signos aparecen después del consumo de comidas copiosas, sobre todo si estas son ricas en grasas, aunque también es común que el dolor se presente sin ningún desencadenante aparente. Ni los vómitos ni la evacuación alivian el cuadro clínico.

Signos de posible complicación biliar

  • Dolor abdominal tan intenso que impide sentarse o encontrar una posición de comodidad.
  • Fiebre.
  • Coluria, presencia de bilirrubina en la orina.
  • Ictericia, color amarillo de piel y mucosas por la acumulación de bilirrubina.
  • Escalofríos.

Cuanto más tiempo estén los cálculos presentes, más probable es que se desarrollen posibles complicaciones. Entre los posibles cuadros asociados a la presencia de colelitiasis destacan la inflamación de la vesícula, la obstrucción del conducto colédoco, la obstrucción del conducto pancreático y el cáncer de vesícula.

Causas y factores de riesgo de los cálculos biliares

Cómo se forman

Hay 3 principales caminos para la formación de cálculos biliares.

  1. Saturación de colesterol: si el hígado produce más colesterol de lo que la bilis es capaz de disolver, el exceso puede depositarse en forma de cristales en la vesícula biliar.
  2. Exceso de bilirrubina: la cirrosis hepática, las infecciones de las vías biliares, ciertos trastornos sanguíneos y otras condiciones pueden traducirse en un incremento de la bilirrubina circulante.
  3. Hipomotilidad de la vesícula biliar: si la vesícula biliar no se vacía de manera efectiva, la bilis puede concentrarse demasiado y formar cálculos biliares.

Dependiendo del agente causal, los cálculos biliares pueden variar en su composición y en la presentación sintomática. De todas formas, lo importante es tener claro que ocurren cuando las sustancias de la bilis alcanzan sus límites de solubilidad, sea cual sea el desencadenante.

Tipos de cálculos

Los cálculos de colesterol representan los cálculos más usuales y están compuestos en su mayoría por colesterol, sustancia cerosa que se encuentra en la sangre. Suelen ser de tono verdoso-amarillento y causan el 80 % de las colelitiasis en países de alto ingreso como Estados Unidos.

Los cálculos pigmentarios responden al 20 % de los cuadros restantes. Son de color oscuro y están formados por sales cálcicas de pigmentos biliares, como la bilirrubina, y otros compuestos.

Factores que aumentan el riesgo

  • Sexo biológico femenino.
  • Edad, especialmente a partir de los 40 años.
  • Embarazo.
  • Obesidad.
  • Sedentarismo.
  • Dieta con un contenido alto de grasas.
  • Diabetes.
  • Antecedentes familiares de cálculos renales.
  • Trastornos sanguíneos previos.
  • Pérdida de peso repentina.
  • Enfermedades hepáticas previas.
  • Enfermedad celíaca.
  • Enfermedad de Crohn.

Las personas de sexo biológico femenino son más proclives a desarrollar cálculos biliares que aquellas de sexo masculino. El estrógeno aumenta la secreción biliar de colesterol, provocando en ocasiones una sobresaturación de colesterol en la bilis.

Diagnóstico

Evaluación de la enfermedad hepática y la ascitis

El diagnóstico de la enfermedad hepática implica una combinación de historia del paciente, examen físico, pruebas de laboratorio y estudios de imágenes.

La historia clínica incluye antecedentes de consumo de alcohol, factores de riesgo para la hepatitis crónica B y C, fármacos, tratamientos de herbolarios y homeópatas, consumo de drogas, presencia de prurito en la mujer, patología pulmonar o historia familiar de enfermedades hepáticas.

La exploración del paciente puede mostrar hepatomegalia, aumento del tamaño del hígado, esplenomegalia, aumento del bazo, lesiones cutáneas como las arañas vasculares, telangiectasias en los pómulos o enrojecimiento de las palmas de las manos.

Los estudios analíticos pueden mostrar alteración en el número de células sanguíneas, marcadores de la función hepática o de infecciones por los virus de la hepatitis B o C, entre otros, y alteraciones en el estudio de la coagulación.

La ecografía abdominal permite el diagnóstico indirecto en muchos de los casos. El diagnóstico directo de certeza se realiza mediante la elastografía hepática y la biopsia hepática.

En función de cuánto líquido esté presente en el abdomen, el médico puede diagnosticar la ascitis mediante un examen físico, pero generalmente se confirma mediante pruebas como la ecografía o una tomografía computarizada del abdomen.

En la mayoría de los pacientes, el médico recomendará que se inserte una pequeña aguja a través de la pared abdominal, después de una anestesia local, para extraer líquido que se examinará en laboratorio. Este análisis se llama paracentesis.

El líquido extraído se examinará para detectar signos de infección o de cáncer, y para determinar la causa de la acumulación de líquido. El análisis del líquido en el laboratorio puede ayudar a determinar la causa.

Diagnóstico de los cálculos biliares

La anamnesis es esencial en el diagnóstico de esta condición, pues es posible comenzar a sospechar de cálculos biliares simplemente con el dolor característico referido por el paciente, repentino, en el cuadrante superior derecho del abdomen, y que se puede expandir a zonas adyacentes.

Los análisis de laboratorio, sangre y orina, pueden mostrar valores alterados que inicien el proceso de detección, pero sin duda las pruebas de diagnóstico por imagen son las más empleadas.

La ecografía abdominal es el estudio que más se emplea para la detección de cálculos biliares. Esta tiene una sensibilidad del 84 % y una especificidad del 99 %, lo que avala su eficacia.

De todas formas, a veces son necesarias otras pruebas diagnósticas, como la resonancia magnética, la tomografía computarizada o la colangiopancreatografía por resonancia magnética, CPRM.

Tratamiento de la ascitis

Reducción del sodio

El paso más importante para tratar la ascitis es reducir estrictamente el consumo de sal. El consumo de sal se debe limitar a 4-5 gramos al día, 2,000 mg de sodio, o menos.

Generalmente se recomienda que los pacientes con ascitis vean a un nutricionista para que les aconseje sobre los diversos alimentos que deben evitar, ya que puede ser difícil determinar el contenido de sal de cada alimento.

Los pacientes pueden utilizar un sustituto de sal, pero es esencial elegir uno sin potasio, porque los niveles de potasio pueden incrementar con determinados medicamentos para tratar la ascitis. Es importante consultar con un médico o un nutricionista acerca de las diferentes opciones seguras para sustituir la sal en las comidas.

Diuréticos y seguimiento

En la mayoría de los casos, los pacientes necesitarán píldoras de agua, diuréticos, para tratar la ascitis. Los diuréticos utilizados comúnmente son la espironolactona, Aldactone®, o furosemida, Lasix®, y sus dosis se ajustan adecuadamente.

Estas píldoras de agua pueden causar problemas con los electrolitos de la sangre, niveles de sodio y potasio, y por tanto se puede requerir una estrecha supervisión mediante análisis de sangre.

Es importante tener en cuenta que tomar píldoras de agua no es un sustituto para la reducción del consumo de sal, dado que las píldoras de agua funcionan únicamente cuando se toman junto con un consumo restringido de sal.

Comprobar el peso diariamente en una báscula y ponerse en contacto con el médico cada vez que haya un aumento de más de 10 libras, o más de 2 libras al día durante 3 días consecutivos, es una buena estrategia para mejorar el manejo de los pacientes con ascitis.

Paracentesis y otros procedimientos

Cuando la acumulación de líquidos no se puede tratar óptimamente con diuréticos y una dieta baja en sal, los pacientes pueden requerir que se elimine una gran cantidad de líquido, paracentesis, para aliviar los síntomas.

Si la ascitis resulta molesta o dificulta la respiración o la ingestión de alimentos, el líquido se puede extraer mediante una aguja insertada en el abdomen, un procedimiento denominado paracentesis terapéutica.

El líquido tiende a acumularse de nuevo a menos que se siga una dieta baja en sodio y se tomen diuréticos. Dado que generalmente se pierden grandes cantidades de albúmina de la sangre en el líquido abdominal, se puede administrar albúmina por vía intravenosa.

Otros procedimientos, tales como hacer que un radiólogo coloque una desviación dentro del hígado, llamada TIPS, para prevenir la acumulación significativa de líquido debido a la ascitis, están disponibles para pacientes que tienen una ascitis difícil de tratar.

La derivación portosistémica conecta la vena porta o una de sus ramas con una vena de la circulación general y por lo tanto la sangre no pasa por el hígado. Sin embargo, la colocación de la derivación es un procedimiento invasivo y puede causar problemas, como el deterioro de la funcionalidad cerebral, encefalopatía hepática, y el deterioro de la funcionalidad hepática.

Tratamiento de la infección

Los médicos recetarán antibióticos para tratar las infecciones bacterianas. Cuando se diagnostica una peritonitis bacteriana espontánea se administran antibióticos.

Como esta infección a menudo vuelve a aparecer en menos de un año, se administra un antibiótico diferente cuando remite la infección inicial para impedir que la infección se repita.

Tratamiento de la causa de la cirrosis

Los médicos no tienen tratamientos específicos que puedan curar la cirrosis y revertir el daño al hígado. Sin embargo, el tratamiento de las causas de la cirrosis puede prevenir la cirrosis o retrasar el daño hepático.

El tratamiento de las complicaciones de la cirrosis puede evitar que empeoren y prevenir la insuficiencia hepática. Para individualizar el riesgo de cada paciente, valorar la posibilidad de tratamiento de la enfermedad causante del daño hepático y prevenir complicaciones, deben ser vigilados periódicamente por el médico.

Enfermedad hepática asociada al alcohol

En el caso de las personas que tienen enfermedad hepática asociada al alcohol, es decir daño del hígado y de su función por beber demasiado alcohol, los médicos les recomendarán que dejen de beber alcohol por completo y podrán remitirlos para recibir tratamiento para el consumo de alcohol.

Enfermedad del hígado graso

Para tratar la enfermedad del hígado graso no alcohólica, EHGNA, los médicos pueden recomendar perder peso. En las personas que tienen sobrepeso u obesidad y EHGNA, perder peso puede ayudar a reducir la grasa, la inflamación y la cicatrización del hígado.

Algunas personas con cirrosis pueden perder peso a través de una planificación saludable de las comidas y la actividad física regular; los médicos a veces recomiendan tratamientos adicionales para bajar de peso, como medicamentos o cirugía.

Hepatitis viral

Para tratar una infección crónica, o de larga duración, por el virus de la hepatitis C, los médicos pueden recetar uno o más medicamentos antivirales, es decir, que atacan el virus.

Algunos estudios han demostrado que estos medicamentos pueden curar a más del 95% de las personas con hepatitis C crónica en un periodo de 8 a 12 semanas.

Para tratar una infección crónica del virus de la hepatitis B, los médicos pueden recetar medicamentos antivirales que desaceleran o impiden que el virus dañe aún más el hígado.

Enfermedades autoinmunes, biliares y hereditarias

Los médicos tratan la hepatitis autoinmunitaria con medicamentos que suprimen o disminuyen la actividad del sistema inmunitario.

Por lo general, los médicos tratan enfermedades que dañan, destruyen u obstruyen los conductos biliares con medicamentos o procedimientos médicos para abrir los conductos biliares que se han estrechado u obstruido.

El tratamiento de las enfermedades hepáticas hereditarias depende de la enfermedad. Los tratamientos pueden ayudar a prevenir, mejorar o controlar los síntomas y las complicaciones, como la cirrosis.

Tratamiento de las complicaciones de la cirrosis

Los médicos tratan la hipertensión portal con medicamentos para reducir el aumento de la presión sanguínea en la vena porta.

Para tratar las várices, los médicos pueden recetar medicamentos para reducir la presión sanguínea en las venas. Reducir la presión en las venas reduce la probabilidad de que las venas se ensanchen y se revienten y causen un sangrado interno.

Los médicos pueden recetar medicamentos que ayudan a reducir los niveles de sustancias tóxicas en el cerebro y a mejorar la función cerebral cuando aparece encefalopatía hepática.

Si tiene cirrosis, su médico puede sugerir pruebas de sangre y una ecografía u otro tipo de prueba de diagnóstico por imágenes para detectar cáncer de hígado. Los médicos pueden recomendar pruebas de detección de cáncer de hígado cada 6 meses.

La cirrosis es el factor de riesgo más importante para la aparición de cáncer de hígado. Encontrar el cáncer en una etapa temprana mejora la probabilidad de curar el cáncer.

Tratamiento de los cálculos biliares

La mayoría de los casos asintomáticos de cálculos biliares no requieren tratamiento. De todas formas, la elección de los abordajes clínicos se realiza según el historial clínico del paciente, los resultados de las pruebas diagnósticas y los signos presentados.

Colecistectomía

La colecistectomía consiste en la extirpación completa de la vesícula biliar. Es el abordaje más habitual para tratar este trastorno y por sí sola resuelve los síntomas típicos del cólico biliar en el 95 % de los pacientes.

La vesícula biliar no es esencial para la vida y tampoco afecta drásticamente a la capacidad de digerir alimentos, por lo que esta cirugía no suele tener muchos efectos secundarios.

Medicamentos para disolver los cálculos

El ácido ursodesoxicólico es una opción medicamentosa para tratar los cálculos biliares, pero no del todo práctica. En primer lugar, el paciente debe tener cálculos de menos de 1 centímetro con alto contenido de colesterol.

Además, la terapia puede tardar entre 9 y 12 meses en disolver el cálculo, y esto solo ocurre en el 50 % de los casos.

Cuándo buscar atención médica urgente

Busca atención médica de inmediato si sientes un dolor abdominal tan fuerte que no puedes quedarte quieto. El dolor abdominal intenso, repentino y agudo, especialmente en el lado superior derecho, requiere valoración médica.

También requieren atención inmediata el sangrado abundante o persistente, la confusión o desorientación grave, la fiebre con dolor abdominal, los escalofríos, la ictericia de aparición reciente y los vómitos con sangre o las heces negras o con sangre.

Los cálculos biliares son comunes y no suelen generar síntomas, pero cuando se manifiestan lo hacen de forma muy dolorosa y requieren una intervención médica inmediata.

Medidas para proteger el hígado y evitar complicaciones

  • No beba alcohol ni consuma drogas ilícitas.
  • Hable con su médico antes de tomar medicamentos recetados, medicamentos de venta libre, suplementos dietéticos o productos a base de hierbas.
  • Tome sus medicamentos según las indicaciones del médico.
  • Vacúnese contra la hepatitis A, la hepatitis B, la gripe, la neumonía causada por ciertas bacterias y el herpes zóster.
  • Hágase una prueba de sangre para detectar la hepatitis C.
  • Consuma alimentos y bebidas saludables.
  • Evite la carne, el pescado y los mariscos crudos o poco cocidos.
  • Trate de alcanzar y mantener un peso corporal saludable.
  • Mantenga una alimentación equilibrada y realice actividad física regular.

Las vacunas contra la hepatitis A y B pueden ayudar a prevenir infecciones de hepatitis viral. La buena higiene, el lavado de manos y la seguridad alimentaria ayudan a prevenir la hepatitis A y otras infecciones.

Evita las conductas de riesgo. Utiliza un preservativo durante las relaciones sexuales. Si te haces tatuajes o perforaciones, elige una tienda que sea limpia y segura. No compartas las agujas al inyectarte.

Ten cuidado al tomar medicamentos. No mezcles medicamentos con alcohol. Consulta a tu proveedor de atención médica antes de mezclar suplementos herbarios, medicamentos de venta con receta médica u otro tipo de medicamentos.

Trasplante hepático

El desarrollo de la ascitis generalmente sugiere que el hígado no está funcionando bien. La tasa de supervivencia 5 años después de que se presenta la ascitis es sólo de 30-40% y es importante que el paciente y el médico hablen de una remisión a un especialista en hígado y a un centro de trasplantes de hígado.

Más de la mitad de estos pacientes pueden no sobrevivir más de 2 a 3 años sin un trasplante hepático. Los pacientes con ascitis tienen un riesgo grave para la salud y a menudo se les evalúa para un trasplante hepático.

El tratamiento definitivo de la cirrosis es el trasplante hepático. Se realiza en los pacientes en que se estima una supervivencia menor de dos años, a consecuencia de esa enfermedad, y en los que no existe contraindicación para realizarlo por otros motivos.

Los médicos considerarán un trasplante de hígado cuando la cirrosis provoque insuficiencia hepática. Los médicos consideran los trasplantes de hígado solo después de haber descartado todas las demás opciones de tratamiento.

La insuficiencia hepática, también llamada enfermedad hepática terminal, ocurre cuando el hígado deja de funcionar. El único tratamiento para la insuficiencia hepática es un trasplante de hígado.

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