Qué es una descalcificación en el hombro: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

La descalcificación o tendinitis calcificante del hombro es una enfermedad que se caracteriza por el depósito de cristales de calcio en el tendón. La tendinitis calcificante del hombro es el proceso que se origina por la formación de depósitos de calcio en los tendones del hombro.

El calcio provoca la irritación de los tendones del manguito rotador, lo que puede desembocar en dolor agudo. Es una de las causas más frecuentes de dolor de hombro en los pacientes entre 40 y 50 años, afecta algo más a las mujeres que a los hombres y también puede aparecer en ambos hombros.

Qué significa una descalcificación o calcificación del hombro

Las calcificaciones en el hombro, también conocidas como tendinitis calcificante, son depósitos de calcio que se forman en los tendones del hombro. Esta condición puede causar dolor agudo y limitar el movimiento del hombro.

El tendón afectado con mayor frecuencia es el supraespinoso, en su zona distal, que representa el 80% de los casos de tendinitis calcificante. En otras clasificaciones, el supraespinoso aparece afectado en el 65% de los casos, el infraespinoso en el 30% y el subescapular en el 5% restante.

Aproximadamente entre el 10 y el 35 % de los pacientes que acuden a consulta por dolor en el hombro tendrán una calcificación. Habitualmente estos depósitos se localizan en el espesor del tendón y en la bursa subacromial, por encima del tendón.

No todas las calcificaciones del hombro son dolorosas: a veces se encuentran casualmente al hacer una radiografía por otro motivo. Muchas personas con calcificaciones en el hombro no experimentan síntomas.

Depósitos de calcio en tendones del hombro

A quién afecta y cuáles son sus causas

La tendinitis calcificante es más habitual en mujeres entre los 40 y 50 años, aunque también puede afectar a pacientes más jóvenes. Es algo más frecuente en el brazo dominante, aunque no siempre es así.

Aunque en una tercera parte de los pacientes que sufren calcificación en un hombro pueden sufrirlo en el contralateral, la mayor parte de los pacientes no tienen calcificaciones en otras articulaciones, por lo que parece ser un proceso local de los hombros y no una enfermedad generalizada de los tendones.

En la actualidad no se conoce la causa del depósito de calcificaciones del manguito rotador del hombro. Por tanto, todavía a día de hoy se trata de un proceso de causas no del todo conocidas.

Aunque se puede hablar de causa multifactorial, algunas hipótesis barajan alteraciones a nivel metabólico, la destrucción degenerativa de las células, la vascularización precaria del tendón que favorece los microtraumatismos de repetición y otras causas genéticas.

  • Las alteraciones del metabolismo pueden contribuir a la formación de calcificaciones en los tendones del hombro.
  • La degeneración celular puede desempeñar un papel en la acumulación de cristales de calcio.
  • Algunas personas pueden tener una predisposición genética a desarrollar calcificaciones en el hombro.
  • Los microtraumatismos por repetición pueden generar estrés en los tendones y favorecer la acumulación de calcio.
  • Algunos trastornos endocrinos pueden afectar la regulación del metabolismo y favorecer la deposición de calcio en los tendones.

En general afecta a gente sana, sin antecedentes de enfermedades destacables, aunque puede ser un poco más frecuente en pacientes con trastornos de tiroides o trastornos endocrinos. Puede haber alguna correlación con calcificaciones o piedras en el riñón o en la vesícula, pero muy indirecta.

Tampoco parece haber una relación estrecha con las actividades que haga el paciente, ya sean laborales o deportivas, y las calcificaciones aparecen en pacientes que trabajan manualmente, pacientes con trabajo sedentario y pacientes que no trabajan.

Por regla general no es necesario pedir pruebas reumáticas, ni estudiar el metabolismo del calcio, ya que muy pocas veces aporta algo al tratamiento. La causa frecuente en la aparición de las calcificaciones no está completamente establecida.

Fases de la tendinitis calcificante

Los síntomas de la tendinopatía calcificante van a depender de la fase en la que se encuentre la enfermedad, cuya cronología se divide en tres fases: pre-calcificación, calcificación y post-calcificación.

Fase de pre-calcificación o fase formativa

En esta fase los pacientes no suelen presentar síntomas o son muy leves. En el tejido se desarrolla una metaplasia fibrocartilaginosa.

La fase formativa puede durar varios años. Es la etapa en la que se forman los depósitos de calcio y el dolor suele ser inexistente o moderado.

Fase de calcificación o fase reabsortiva

En esta fase el paciente alterna fases de formación y reabsorción de calcio. El paciente siente un dolor muy intenso.

La fase reabsortiva es la que produce los brotes de dolor agudo, ya que el calcio se libera y se inflaman los tejidos. Puede durar entre uno y seis meses.

Los pacientes que se presentan con un dolor muy intenso suelen estar en una fase reabsortiva que afortunadamente es de corta duración. Esta fase puede preludiar la desaparición del depósito de calcio.

Fase de post-calcificación o fase de reposo

En esta fase tiene lugar la maduración del tejido de granulación y se forma el colágeno. El nivel de dolor sigue persistente, pero en menor grado.

En la fase de reposo el calcio se mantiene estable. Sigue existiendo, pero no se libera, por lo que no suele mostrar síntomas, aunque en ocasiones el dolor no llega a desaparecer del todo.

Las fases se alternan entre ellas. Algunos pacientes, entre una crisis y la siguiente, están perfectamente, aunque otros no terminan de estar del todo bien.

Síntomas de las calcificaciones en el hombro

El paciente suele acudir a consulta cuando tiene un dolor muy intenso en el hombro, que no relaciona con ninguna causa y que en muchos casos es insoportable. Se describe como uno de los dolores no traumáticos más intensos que pueden producir las articulaciones.

El síntoma más habitual es un dolor agudo en el hombro sin causa aparente, sin que hayan ocurrido traumatismos o sobreesfuerzos. El dolor puede ser constante, agravarse con el movimiento y persistir incluso en reposo.

Dolor intenso y repentino

Las calcificaciones en el hombro pueden causar un dolor agudo y persistente en el área afectada. El dolor tiende a empeorar con los movimientos del hombro, especialmente al elevar el brazo o al intentar alcanzar objetos por encima de la cabeza.

El dolor puede irradiarse hacia el brazo, llegando hasta el codo o incluso la mano, dependiendo de la severidad de las calcificaciones y la inflamación. La zona alrededor del hombro puede volverse sensible al tacto.

En ciertos movimientos puede percibirse una sensación de crujido debido a las calcificaciones al mover el hombro. La intensidad y naturaleza del dolor pueden variar según el tamaño y la ubicación de las calcificaciones.

Dolor nocturno y dificultad para dormir

A nivel clínico es característico sufrir fuertes crisis de dolor que son más frecuentes durante las horas nocturnas. Impiden el sueño al paciente y limitan mucho la movilidad.

Las calcificaciones en el hombro no solo causan dolor agudo, sino que también pueden dificultar el sueño. El malestar y la incomodidad al intentar hallar una postura cómoda pueden llevar a noches de descanso interrumpido o de calidad reducida.

El dolor suele empeorar por la noche o en reposo, ya que el flujo sanguíneo cambia y los tejidos inflamados reaccionan con mayor sensibilidad. Esta falta de un sueño reparador puede repercutir negativamente en el ánimo y el desempeño de las tareas cotidianas.

Limitación de la movilidad y pérdida de fuerza

Las calcificaciones pueden provocar una notable disminución en la capacidad de mover el hombro en su rango completo, especialmente al intentar levantar el brazo lateralmente o realizar movimientos por encima de la cabeza.

La limitación en el movimiento puede hacer que actividades diarias comunes, como vestirse, peinarse, alcanzar objetos en estantes altos o incluso tareas simples como cocinar o escribir, se vuelvan difíciles y dolorosas.

En ocasiones se producen pérdidas de movilidad y fuerza. Además de la limitación en el movimiento, las calcificaciones pueden causar una pérdida de fuerza en el hombro afectado, dificultando levantar objetos o ejercer presión con el brazo.

Los pacientes a menudo adoptan posturas compensatorias y evitan utilizar el hombro afectado, lo que puede llevar a un mayor debilitamiento y atrofia muscular por desuso.

Rigidez y hombro congelado

La rigidez en el hombro es común, lo que puede limitar aún más la movilidad y hacer que el inicio de cualquier movimiento sea particularmente incómodo.

Los pacientes con síntomas más crónicos suelen desarrollar además rigidez de hombro, llamada capsulitis adhesiva, así como pérdida de fuerza de la musculatura del hombro.

En casos prolongados o severos, la falta de movimiento y el dolor continuo pueden llevar a una condición conocida como hombro congelado o capsulitis adhesiva, donde el rango de movimiento se reduce drásticamente.

Repercusión en el trabajo y el deporte

El dolor puede impedir realizar actividades cotidianas, como levantar los brazos, motivo por el cual debe tratarse si desea continuar su jornada laboral con normalidad.

El dolor puede ser cada vez más frecuente e intenso y provoca limitaciones para practicar ciertos deportes como el tenis, la natación o llevar una rutina diaria en el gimnasio.

Muchos pacientes tienen limitaciones deportivas, especialmente en deportes como la natación, los deportes de raqueta o los que implican cargar peso por encima de los hombros.

Por qué pueden doler tanto las calcificaciones

Cuando los depósitos de calcio comienzan a liberarse durante la fase reabsortiva, el cuerpo reacciona con una inflamación importante, especialmente en los tejidos del manguito rotador.

Esta inflamación genera un aumento de la presión interna e irritación directa sobre los receptores del dolor, lo que desencadena una molestia severa. El calcio acumulado también puede alterar la mecánica normal del hombro.

Los tendones, al estar irritados e inflamados, pierden su capacidad de deslizarse correctamente, provocando un pinzamiento doloroso al levantar el brazo. Esta combinación entre inflamación y fricción mecánica intensifica la sensación dolorosa.

Esto explica por qué gestos cotidianos como peinarse, vestirse o dormir de lado se vuelven especialmente difíciles y por qué muchos pacientes tienen dificultades incluso para descansar.

Cómo se diagnostica una calcificación del hombro

El diagnóstico de la tendinitis calcificante del hombro es clínico y radiológico. Se basa en la presencia de un depósito de calcio, que se identifica fácilmente en radiografías simples de hombro.

El diagnóstico comienza con una exploración clínica detallada, en la que el especialista evalúa el dolor, la movilidad y la presencia de limitaciones funcionales. La sospecha suele surgir cuando aparece un dolor intenso sin traumatismo previo, especialmente si es repentino o dificulta el descanso nocturno.

Siempre hace falta hacer al menos dos radiografías en diferentes posiciones, en general en rotación interna y externa, ya que, dependiendo de dónde esté la calcificación, puede no verse por la superposición del húmero proximal.

PruebaUtilidad principal
Exploración clínicaEvalúa el dolor, la movilidad y las limitaciones funcionales.
Radiografía simplePermite visualizar el depósito de calcio y valorar su tamaño, forma y posición.
EcografíaAyuda a localizar la calcificación y valorar los tendones y las estructuras cercanas.
Resonancia magnéticaPermite estudiar los tejidos que rodean la articulación y descartar lesiones asociadas.

Si el paciente tiene un dolor muy intenso de causa no traumática, de características inflamatorias, y en las radiografías se aprecia una calcificación del hombro, casi con seguridad su dolor es secundario a la calcificación.

Muchas veces el paciente no se deja explorar debido al intenso dolor, y es difícil evaluar el rango de movilidad del hombro y la fuerza. No se recomienda hacer una exploración sistemática de fuerza y movilidad cuando el paciente está en un brote de dolor agudo, ya que podemos incrementar los síntomas.

La ecografía o la resonancia, aunque no sean imprescindibles para el diagnóstico inicial, pueden ayudar a localizar mejor la calcificación, valorar el estado de los tendones y descartar otros procesos existentes.

Los tendones no suelen estar rotos, aunque el depósito de calcio está parcialmente dentro del tendón y por tanto sí implica una degeneración tendinosa, lo que no es exactamente igual que una rotura.

Si en las radiografías no se aprecian calcificaciones de hombro, deben descartarse otras causas de dolor. Las pruebas de imagen también pueden ayudar a descartar artrosis de hombro, artrosis acromioclavicular o reducción del espacio subacromial.

Tratamiento de la calcificación del hombro

El tratamiento de las tendinitis calcificantes depende mucho de los síntomas. Los pacientes que no tienen dolor no necesitan tratamiento, ya que la mayor parte de las calcificaciones de hombro se acaban reabsorbiendo y desapareciendo con el tiempo.

La mayoría de los casos de calcificaciones en el hombro acaban desapareciendo por sí mismos. Finalmente, la mayor parte de los pacientes se curan solos, aunque la calcificación suele tardar en desaparecer.

Cuando el dolor y la restricción de movimiento son significativos, el tratamiento puede variar desde opciones conservadoras como fisioterapia, medicamentos antiinflamatorios y cambios en la actividad física hasta procedimientos más invasivos.

Medicamentos, frío y control del dolor

Inicialmente se trata de un tratamiento conservador centrado en la toma de antiinflamatorios con protección gástrica, con el objetivo de reducir la inflamación del tendón y el dolor.

En los brotes de dolor agudo se utilizan analgésicos de acuerdo con la intensidad de los síntomas. Habitualmente el dolor de la tendinitis calcificante cede en pocos días.

También se recomienda poner frío local con una bolsa de hielo durante 10 o 15 minutos cuatro o cinco veces al día. Algunos pacientes por su cuenta se ponen calor, pero suele aumentar los síntomas en la fase aguda.

Es importante seguir las indicaciones médicas y evitar la automedicación. La elección y la duración del tratamiento deben ajustarse a la situación de cada paciente.

Fisioterapia y ejercicio terapéutico

Al mismo tiempo, es recomendable seguir un programa de rehabilitación que se dirija al aumento de la movilidad del hombro y a la reducción del dolor. La fisioterapia abarca desde un programa de ejercicios hasta la utilización de técnicas de electroestimulación y, a veces, la aplicación de radiofrecuencia.

La fisioterapia desempeña un papel fundamental en el tratamiento de las calcificaciones en el hombro. Los ejercicios y las técnicas de terapia física ayudan a fortalecer la musculatura del hombro, mejorar la movilidad y reducir el dolor.

Al principio se recomiendan movilizaciones suaves para evitar la rigidez articular mientras disminuye la inflamación. De a poco, el fisioterapeuta incorpora ejercicios de fortalecimiento del supraespinoso, infraespinoso y subescapular, siempre dentro de un rango de dolor tolerable.

También se trabajan los músculos escapulares, ya que su función es esencial para el correcto movimiento del hombro. En etapas avanzadas de recuperación se suman ejercicios funcionales adaptados al paciente.

En las fases iniciales de rehabilitación, los ejercicios de movilización pasiva y los pendientes ayudan a mantener el movimiento en el hombro sin forzar la articulación, disminuyendo la rigidez y el dolor.

Si el dolor disminuye, se suman ejercicios de fortalecimiento progresivo del manguito rotador, que mejoran la estabilidad del hombro y previenen futuras recaídas. También son importantes los estiramientos suaves del deltoides y el pectoral.

Los ejercicios que fortalecen la musculatura posterior y lateral del hombro pueden ayudar a quitar el hábito de ir encorvado hacia delante y proporcionar simetría al hombro. Una herramienta útil son las gomas elásticas, con las que se pueden hacer múltiples ejercicios e incrementar su intensidad progresivamente.

Es importante que este proceso lleve un seguimiento hecho por especialistas para evitar movimientos erróneos que puedan retrasar la recuperación. La fisioterapia controlada y el ejercicio terapéutico son claves para la recuperación a largo plazo.

Infiltraciones de corticoides

Si el dolor es muy fuerte o persiste, existen las infiltraciones a base de corticoides y anestesia local. En ocasiones es preciso realizar infiltraciones en las fases agudas de dolor.

La infiltración con corticoides consiste en inyectar directamente el medicamento en el espacio alrededor de las calcificaciones dentro del tendón afectado. En algunos casos puede proporcionar un alivio significativo del dolor y una mejora de la función del hombro.

Los efectos de los corticoides son generalmente temporales y el tratamiento no aborda la causa subyacente de las calcificaciones. Hay un límite en la cantidad de veces que se pueden realizar infiltraciones en una misma área debido al riesgo de daño tisular y debilitamiento de los tendones.

Aunque relativamente raros, los efectos secundarios pueden incluir infecciones, cambios en el color de la piel, aumento de la glucosa en sangre en diabéticos y, en casos muy raros, daño al tejido circundante.

Ondas de choque

En caso de no conseguir mejoría, otro tratamiento de segunda línea son las ondas de choque, que intentan fragmentar la calcificación y estimular la regeneración del tendón inflamado.

La terapia por ondas de choque extracorpóreas es una técnica no invasiva que utiliza ondas de sonido de alta energía para descomponer las calcificaciones en el hombro. El objetivo es estimular el proceso de curación y promover la reabsorción de los depósitos de calcio.

Durante el procedimiento se aplican pulsos de energía controlados directamente sobre la zona de la calcificación. Estos pulsos generan ondas de choque que penetran en los tejidos profundos del hombro sin dañar los tejidos circundantes.

Las ondas de choque ayudan a descomponer los cristales de calcio en partículas más pequeñas, lo que facilita su reabsorción por parte del organismo. También estimulan la circulación sanguínea en el área afectada.

La terapia suele realizarse en sesiones ambulatorias y puede durar de 15 a 30 minutos. El número de sesiones necesarias puede variar según la gravedad de las calcificaciones y la respuesta individual del paciente.

Es importante destacar que la terapia por ondas de choque puede causar cierta incomodidad o sensación de presión durante el procedimiento. Sus resultados son variables y, en el mejor de los casos, se ha descrito entre un 30 y un 40% de éxito en la desaparición de las calcificaciones.

Ondas de choque aplicadas a la tendinitis calcificada del hombro

Punción, aspiración o barbotaje ecoguiado

Otra técnica es la punción de la calcificación con una aguja gruesa, llamada trocar, habitualmente ayudándonos de técnicas de imagen como radiografías o ecografía para localizar con precisión la calcificación e intentar aspirarla.

El barbotaje es una técnica ecoguiada que se basa en la eliminación de la calcificación aspirándola con una aguja y jeringa. Se realiza con anestesia locorregional.

Se localiza con la ecografía la calcificación y se punciona introduciendo suero con el objetivo de disolver la calcificación. También puede inyectarse un medicamento, como un corticosteroide, para reducir la inflamación y el dolor.

Es una técnica más precisa, ya que permite puncionar directamente la calcificación sin necesidad de cirugía. Sin embargo, en algunos casos la dureza del depósito de calcio, similar a la tiza, hace imposible su evacuación mediante punción.

La punción solo se puede hacer cuando el tendón está íntegro y se aplica anestesia local. Es una técnica a considerar, ya que no cierra ninguna puerta.

Cuándo se considera la cirugía

La cirugía no es necesaria en la mayor parte de las tendinitis calcificantes. Puede considerarse en casos refractarios a los tratamientos no invasivos, cuando el dolor se prolonga más de seis meses o cuando las calcificaciones son muy grandes y llegan incluso a bloquear la movilidad del hombro.

La opción quirúrgica también se contempla cuando han fracasado los tratamientos conservadores y el paciente mantiene mucho dolor y limitaciones físicas en su vida diaria.

La cirugía que se practica habitualmente es una artroscopia de hombro. Es una técnica mínimamente invasiva que permite localizar y eliminar la calcificación mediante pequeñas incisiones.

Cómo se realiza una artroscopia de hombro

La artroscopia se realiza introduciendo una cámara de visión, llamada artroscopio, a través de una mínima incisión de aproximadamente 5 mm en la parte posterior del hombro y otra u otras incisiones de tamaño similar en la cara lateral y anterior.

En otros casos se describen dos o tres incisiones de 2-3 mm alrededor de la articulación del hombro. Durante la intervención se localiza la calcificación y se elimina.

La operación suele realizarse con anestesia locorregional y sedación, de manera que los pacientes no están despiertos durante la operación. Mediante la artroscopia se puede inspeccionar la articulación glenohumeral y el espacio subacromial, que es donde suele encontrarse el calcio.

La mayor parte de los pacientes tienen una bursitis, es decir, una bolsa por encima de los tendones muy irritada, congestiva y hemorrágica, por lo que puede ser necesario hacer una limpieza de ese tejido mediante bursectomía.

Para limpiar el depósito de calcio se utilizan cucharillas y terminales de aspiración llamados sinoviotomos. Habitualmente se puede vaciar todo el calcio, aunque no debe realizarse una resección agresiva porque se dañarían los tendones.

La mayor parte de las veces queda un pequeño defecto en el tendón que no es necesario reparar. Si el depósito era muy grande y el defecto resultante es de espesor completo, podría ser necesario suturar el tendón.

En la mayor parte de los pacientes, especialmente por debajo de los 45 años, no es necesario realizar una acromioplastia. Si fuese necesaria en función de los hallazgos durante la cirugía, se haría en ese mismo momento.

Las ventajas de la artroscopia con respecto a la cirugía abierta son una menor tasa de complicaciones, una mejor valoración de todas las estructuras de la articulación y una menor afectación del músculo deltoides.

Duración y recuperación después de la artroscopia

El tiempo de duración es variable en función de factores como la experiencia del cirujano, el tipo de lesión que se esté tratando y las características del paciente. El tiempo medio oscila entre 30 y 60 minutos, aunque el proceso completo puede alcanzar los 90 minutos.

Lo habitual es que el paciente sea ingresado en el hospital durante 24 horas, marchando a casa con curas locales simples y con el brazo inmovilizado con un cabestrillo.

Después de una intervención artroscópica, el postoperatorio va a variar dependiendo de si se ha suturado o no el tendón. Sin sutura del tendón, los pacientes permanecerán inmovilizados 10 días con cabestrillo e iniciarán una fisioterapia precoz.

La recuperación sin sutura puede oscilar entre 4 y 8 semanas. En calcificaciones grandes, al retirar el calcio se crea un hueco en el tendón que se debe coser.

Si se realiza esta sutura, el tiempo de inmovilización en cabestrillo será mayor, aproximadamente 4 semanas, e implicará una recuperación más prolongada, de 3 a 6 meses.

La limpieza del calcio casi siempre se consigue de forma eficaz, pero esto no implica que el dolor vaya a desaparecer de forma inmediata. La fisioterapia supervisada ayuda a recuperar progresivamente la movilidad y la fuerza.

Posibles complicaciones

La infección, entre el 3 y el 5 % de los casos, y las molestias postoperatorias son las complicaciones más frecuentes a corto plazo.

A largo plazo pueden aparecer la recidiva de la lesión, es decir, la aparición de nuevas calcificaciones, y la rotura tendinosa. El riesgo concreto depende de las características de la lesión y del procedimiento realizado.

Cuánto tarda en curarse

La recuperación de una tendinopatía calcificante de hombro varía según el tamaño del depósito de calcio y la gravedad de la lesión. Cuando se trata de casos leves, los síntomas pueden mejorar en pocos días mediante antiinflamatorios, reposo alternando con sesiones de fisioterapia.

Si las calcificaciones son grandes o el proceso inflamatorio está avanzado, la curación puede extenderse entre tres y seis meses. Las calcificaciones más pequeñas tienen entre cinco y 10 mm, mientras que las más grandes pueden llegar a 3 cm.

El tamaño de la calcificación es uno de los parámetros más predictivos: cuanto más grande es, peor suele ser el pronóstico. Si son grandes, de más de un centímetro, el pronóstico puede ser más complicado.

Es muy difícil determinar en un paciente concreto cuánto tiempo va a tener dolor y síntomas. Aunque el dolor desaparezca antes de lo previsto, continuar con la rehabilitación de fisioterapia ayuda a evitar recaídas.

Prevención y cuidados cotidianos

No se conocen con exactitud las causas de las calcificaciones, por lo que no existe una forma garantizada de prevenirlas. Si un paciente las ha sufrido, es posible que vuelvan a ocurrir.

Una alimentación equilibrada con alto contenido en vitaminas y magnesio puede contribuir a la salud de los tendones, pero la eficacia del magnesio para prevenir o eliminar las calcificaciones es relativa y difícil de demostrar cuando se aplica como medida aislada.

Es importante alimentarse de manera saludable, evitar los sobreesfuerzos y acudir a un especialista ante los primeros síntomas. También puede ser útil mantener un peso saludable, ya que el exceso de peso puede aumentar la carga y tensión en el hombro.

Realizar ejercicio regularmente y fortalecer los músculos que rodean el hombro ayuda a mejorar la estabilidad y reducir el riesgo de sufrir microtraumatismos. Deben evitarse los movimientos repetitivos y bruscos que puedan lesionar los tendones.

Durante el ejercicio conviene utilizar técnicas adecuadas y asegurarse de calentar y estirar antes de comenzar cualquier actividad física que implique el uso del hombro.

Después de haber experimentado calcificaciones en el hombro, es fundamental mantener una postura correcta, evitar movimientos repetitivos y realizar ejercicios regulares de fortalecimiento de la musculatura del hombro.

Dejar que las calcificaciones en el hombro avancen sin el tratamiento adecuado puede llevar a una pérdida gradual pero significativa de movilidad. Con el tiempo, el dolor puede aumentar y las actividades cotidianas, como levantar el brazo, vestirse o dormir, pueden volverse cada vez más difíciles.

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