La madera filtra y absorbe más agua que el hormigón porque es un material natural, poroso e higroscópico que reacciona de forma inmediata ante la humedad. Cuando absorbe agua del ambiente o por contacto directo, sufre hinchazón y deformaciones, provocando que se combe, se abra o se agriete.
El hormigón también puede absorber agua porque es poroso y no completamente impermeable, pero ofrece una mayor resistencia frente a la penetración y los efectos de la humedad. Por ello, entre ambos materiales, la madera es más permeable y vulnerable al agua, mientras que el hormigón necesita una impermeabilización adecuada para evitar filtraciones, fisuras, carbonatación y corrosión de sus armaduras.
Comparación directa entre madera y hormigón frente al agua
| Característica | Madera | Hormigón |
|---|---|---|
| Comportamiento ante el agua | Absorbe agua y humedad con facilidad. | Es poroso y puede absorber agua con el tiempo. |
| Respuesta inicial | Sufre hinchazón y deformaciones. | Puede mantener su estabilidad, aunque la humedad facilite procesos de deterioro. |
| Principales daños | Hongos, moho, pudrición, insectos xilófagos, pérdida de resistencia y deformaciones. | Carbonatación, corrosión de armaduras, fisuras, grietas y pérdida de durabilidad estructural. |
| Mantenimiento | Requiere tratamientos protectores contra plagas y humedades, además de pintura o barnizado periódico. | Requiere limpieza, sellado y revisión de la impermeabilización para prevenir filtraciones. |
| Impermeabilización | Debe protegerse de la humedad y separarse del contacto directo con el agua. | Puede impermeabilizarse mediante morteros cementosos y otros sistemas específicos. |
Por qué la madera filtra y absorbe más agua
La madera es un material natural y poroso que reacciona de forma inmediata ante la presencia de humedad. Cuando absorbe agua del ambiente o por contacto directo, sufre hinchazón y deformaciones, provocando que se combe, se abra o se agriete.
Uno de los principales inconvenientes de la madera viene determinado por su higroscopicidad, que depende de la humedad relativa del ambiente y del contenido de humedad de ésta. Son agentes relacionados con factores climáticos y meteorológicos que causan deformaciones, desplazamientos, hinchamientos, etc.
La higrospicidad hace que un factor climatológico como es la humedad, pueda derivar en un grave problema de cambios de dimensión. Estos afectan directamente a su capacidad resistente, llegando a provocar fallos de resistencia y rigidez de los elementos estructurales.
La madera es un elemento constructivo con funciones estructurales. Sin embargo, comparada con una estructura de hormigón, sufre unos problemas característicos propios de la naturaleza del material en sí: Limitaciones intrínsecas de ésta, como son la biodeteriorabilidad, la combustibilidad, la deformabilidad, la degradación por agentes externos, la higroscopidad, la hendibilidad o rajabilidad.
Cómo afecta el agua a una estructura de madera
El acción del agua . Una de las más peligrosas para la madera y de presencia obligada en todos los edificios y casas. Repercute en que tarde o temprano una construcción de este tipo sufrirá la acción de este agente.
El acción del agua se centra en dos aspectos: Constitución de un ambiente adecuado para el biodeterioro Movilidad higroscópica de la madera.
Además, la humedad favorece la aparición de hongos y moho, acelera el desprendimiento de barnices y tratamientos protectores y crea el entorno ideal para la proliferación de insectos xilófagos, como la carcoma o las termitas, que se alimentan de la madera debilitada.
Otro problema que se puede producir y que está directamente relacionado con la humedad, son las pudriciones por hongos. Los hongos producen una pérdida de masa en la madera y en consecuencia de su resistencia específica.
Se puede identificar con la aparición de cambios de coloración, destonificaciones y manchas de hongos. Otra dificultad a la que se enfrenta este material son los agentes xilófagos, organismos vivos que se nutren comiendo la propia madera, reduciendo su capacidad estructural, llegando a ver comprometida la propia resistencia de la estructura y edificación.
Es normal que en una edificación con estructura de madera, a diferencia de la estructura de hormigón, intervengan uno o varios de estos agentes simultáneamente, como por ejemplo la combinación de humedad+hongos+insectos.
Cualquiera de ellos por separado o en conjunto pueden producir distintos fallos en la construcción. Los más significativos que se pueden producir en una estructura de madera son:
- Los que afectan a la solidez, como pérdida de capacidad mecánica (resistencia), estabilidad, rigidez, lo que conlleva una pérdida en seguridad.
- Los que afectan a la utilidad, como puede ser la pérdida de nivelación, horizontal o vertical, con su respectiva repercusión en la durabilidad.
- Los que afectan a la parte estética, como son los cambios de coloración o las fisuraciones. Estas suelen tener una mínima relevancia estructural.
A largo plazo, una humedad persistente en la madera puede tener consecuencias graves. Elementos estructurales como vigas, suelos, techos o marcos pueden perder progresivamente su resistencia, comprometiendo la seguridad del edificio.
En muchos casos, los daños no son visibles hasta que el deterioro está avanzado, lo que deriva en intervenciones complejas y costosas. Por ello, detectar el origen de la humedad y aplicar una solución técnica adecuada es clave para preservar la durabilidad y la función estructural de la madera.

Cómo absorbe agua el hormigón
Aunque el hormigón parece un material sólido e impermeable, no lo es completamente. Es poroso y puede absorber agua con el tiempo.
Cuando el agua entra en contacto con los materiales de construcción, no solo altera su aspecto, sino también sus propiedades físicas y mecánicas.
La humedad puede aparecer por distintas causas:
- Capilaridad desde el terreno.
- Filtraciones de agua.
- Condensación.
- Defectos de impermeabilización.
En el hormigón, la humedad puede facilitar reacciones químicas, provocar la corrosión de las armaduras internas, generar fisuras y grietas por ciclos de humedad y secado, y producir una pérdida de durabilidad estructural.
El mayor peligro aparece cuando la humedad llega a las armaduras, el acero se oxida, aumenta de volumen y provoca roturas internas que no siempre son visibles a simple vista.
Filtraciones, carbonatación y corrosión del hormigón
La carbonatación. Una de las principales causas del deterioro de una estructura de hormigón y el principal efecto de ésta es la oxidación de las armaduras.
Es un proceso químico y en sí misma no es ninguna patología, pero sus efectos sí que se pueden considerar patológicos ya que reducen la durabilidad y / o resistencia.
Se produce cuando el CO2 del ambiente consigue penetrar a través de los poros del hormigón hacia el interior. Una vez en el interior del hormigón, el dióxido de carbono actúa con el hidróxido cálcico del cemento de la mezcla, formando carbonato cálcico insoluble.
Por efecto de la oxidación de las armaduras éstas tienden a aumentar su volumen, lo que genera tensiones internas en el hormigón que se traducen en forma de fisuras y grietas.
Las principales causas de la carbonatación son:
- La principal y más común, la baja calidad del hormigón, lo que se traduce en una menor durabilidad.
- Si no se dosifica correctamente el hormigón o no se usa una granulometría de áridos adecuados, se forman muchos poros en la mezcla, lo que facilita la penetración del CO2 y este tipo de reacción.
- La existencia de agua en contacto con el hormigón.
- Estructura de hormigón con un escaso recubrimiento de las armaduras, ya que los efectos de la reacción avanzarán hacia el interior del mismo llegando a oxidar las armaduras más rápidamente.
Fisuras en el hormigón armado. La mayoría de ellas no comprometen la resistencia de la estructura, aunque la reparación de estas no atiende sólo a motivos estéticos, sino también funcionales o de durabilidad, ya que estas fisuras favorecen la aparición de otras patologías como son la corrosión de armaduras o la carbonatación.
¿Qué material es más impermeable?
El hormigón es más impermeable que la madera en su estado habitual, pero no debe considerarse completamente impermeable. Su capacidad para resistir el paso del agua depende de la calidad de la mezcla, la cantidad de poros, el recubrimiento de las armaduras, la presencia de fisuras, las juntas y el sistema de impermeabilización.
La madera, en cambio, presenta una movilidad higroscópica propia de su naturaleza. Su contenido de humedad cambia según las condiciones ambientales, por lo que puede absorber y liberar agua, modificando sus dimensiones y sus propiedades mecánicas.
La diferencia no significa que el hormigón no pueda sufrir filtraciones. Las estructuras de hormigón también pueden recibir agua por capilaridad, juntas, fisuras, defectos de sellado, presión hidrostática o fallos en el drenaje.
Impermeabilización del hormigón
Cuando queremos impermeabilizar una superficie lo primero que debemos tener en cuenta es cuál será el sistema más apropiado para mantener el agua fuera de la estructura que queremos proteger.
Dependiendo del uso, la necesidad de estanqueidad y las características de la superficie podremos optar por láminas o recubrimientos con distintos tipos de materiales, sólidos y líquidos. Pero también podremos elegir morteros cementosos que son muy eficaces para proteger estructuras y cimentaciones de las infiltraciones de agua y otros agentes externos.
Los morteros cementosos se componen principalmente de cemento, agregados finos y aditivos especiales que mejoran sus propiedades de impermeabilización y adherencia.
Están específicamente diseñados para evitar la penetración de agua en estructuras como muros, techos o terrazas, pero también en superficies que permanecen en contacto con el agua como depósitos, piscinas o en la cimentación de algunos edificios.
Estos morteros se aplican en capas delgadas sobre sustratos adecuadamente preparados y proporcionan una barrera efectiva contra la humedad y la filtración de agua.
En el mercado podemos encontrar una amplia variedad de soluciones entre este tipo de morteros: flexibles, semi-flexibles, monocomponentes, bicomponentes, de capa fina o gruesa, sulforesistentes, de cristalización, etc.
Aplicaciones de los morteros cementosos
Los morteros cementosos para impermeabilización se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, que incluyen la:
- Impermeabilización de terrazas y balcones a los que protegen contra la entrada de agua en áreas expuestas a la intemperie, evitando filtraciones y daños estructurales.
- Impermeabilización de zonas enterradas como sótanos, cimientos, garajes, trasteros.
- Impermeabilización de cuartos húmedos como baños, aseos, cocinas y lavanderías.
- Reparación y protección de estructuras de hormigón y depósitos de agua.
- Impermeabilización de piscinas y depósitos de agua.
Estas estructuras, si no están correctamente impermeabilizadas, pueden tener problemas de infiltraciones hacia el interior del edificio o en sus propias estructuras subyacentes como la corrosión del acero de refuerzo, la degradación del hormigón y la formación de moho en su interior.
Este tipo de impermeabilización también puede hacerse sobre superficies de hormigón fisuradas por la acción del sol, cambios de temperatura y movimientos estructurales. Una impermeabilización adecuada debe abordar la reparación de estas fisuras antes de aplicar el revestimiento impermeable.
Otros problemas que pueden provocar patologías es la falta de pendiente adecuada, las juntas y sellados deteriorados. La elección de materiales inadecuados o la falta de mantenimiento.
En la parte subterránea de los edificios podemos encontrar desde infiltraciones de agua por capilaridad, fugas de agua a través de juntas y fisuras, presión hidrostática que ejerce una fuerza significativa sobre los muros del sótano, fallos en el sistema de drenaje, falta de mantenimiento o suelos porosos o con alta capacidad de retención de agua (como suelen ser los arcillosos) que pueden aumentar el riesgo de infiltración si no se impermeabiliza correctamente.
Cuartos húmedos como baños, aseos, cocinas y lavanderías que presentan desafíos específicos debido a su exposición constante al agua y la humedad, ya sea por salpicaduras, fugas o condensación.
Si no están adecuadamente impermeabilizados, el agua puede filtrarse en las paredes y el suelo, causando daños estructurales y promoviendo el crecimiento de moho y hongos.
Además, este tipo de estancias suele albergar tuberías y accesorios que, sin una impermeabilización o sellado, pueden tener escapes que causen daños significativos en paredes, suelos y techos, provocando la formación de manchas y daños en los materiales y acabados.
Ventajas de impermeabilizar el hormigón
Entre las ventajas de los morteros cementosos para impermeabilizar figura su excelente adherencia, ya que se pegan en una gran variedad de sustratos como hormigón, mampostería, metal o madera, formando una barrera impermeable muy duradera.
Los expertos también destacan el carácter flexible de este tipo de morteros que les permiten adaptarse a las deformaciones y movimientos estructurales sin agrietarse ni desprenderse.
Además, es muy valorada su resistencia a agentes químicos, incluyendo el agua salada, los ácidos débiles y las soluciones alcalinas, por lo que son adecuados incluso para aplicaciones en ambientes agresivos.
Su facilidad de aplicación, mediante técnicas de rodillo, brocha o pulverización, ya sea de forma manual o por proyección, permite una instalación rápida y eficiente.
Pero si hay una ventaja valorada de los morteros cementosos es su contribución a la sostenibilidad final del edificio al que aporta:
- Durabilidad y vida útil prolongada: Al proteger las estructuras contra las infiltraciones de agua y la corrosión, estos morteros prolongan la vida útil de los edificios, reduciendo la necesidad de reparaciones frecuentes y el consumo de recursos asociados.
- Eficiencia energética: Al prevenir la entrada de humedad, ayudan a mantener un ambiente interior más seco y confortable, lo que puede reducir la carga en los sistemas de calefacción y refrigeración y mejorar la eficiencia energética del edificio.
- Reducción de residuos y mantenimiento: Al evitar daños por humedad, minimizan la necesidad de demoliciones y reconstrucciones costosas, lo que reduce la generación de residuos de construcción y el consumo de materiales nuevos.

Protección de la madera frente al agua
Hay disposiciones que pueden mejorar la durabilidad de la madera, como por ejemplo:
- Aireación de los elementos de madera.
- Evitar condensaciones si la madera queda empotrada u oculta.
- Facilitar la evacuación de agua y lluvia en madera vistas.
- En caso de elementos de apoyo, como son los pilares, adoptar medidas que dejen las piezas levantadas y separadas del suelo.
- Disponer siempre de goterones en elementos horizontales y evitar superficies horizontales expuestas al exterior.
- Proteger a la madera del contacto con tuberías frías o húmedas y separarla todo lo posible de ellas.
- Garantizar la accesibilidad a las superficies de madera, de manera que se puedan cubrir periódicamente con tratamientos protectores como son el barniz o pintura y llegado el caso, sean de fácil reemplazo o reparación.
Cuando absorbe agua del ambiente o por contacto directo, sufre hinchazón y deformaciones, provocando que se combe, se abra o se agriete.
La acción del agua también constituye un ambiente adecuado para el biodeterioro. La combinación de humedad, hongos e insectos puede reducir progresivamente la capacidad estructural de la madera.
Durabilidad y mantenimiento: madera frente a hormigón
El mantenimiento de una casa prefabricada de hormigón es menor que el de una construcción tradicional de madera: el hormigón no sufre pudrición ni termitas y no necesita pintarse ni barnizarse con regularidad.
Su cuidado se limita sobre todo a la limpieza, el sellado de las superficies exteriores y la revisión de la impermeabilización para prevenir filtraciones.
El mantenimiento de casas prefabricadas de hormigón tiende a ser menor en comparación con otros tipos de construcción. Esto se debe a la resistencia inherente del hormigón, que es menos susceptible a problemas como la pudrición, termitas, y otros deterioros relacionados con la madera.
Estos factores significan que los propietarios a menudo deben invertir menos en reparaciones a largo plazo.
Los costes de mantenimiento inicial incluyen limpieza y sellado de las superficies exteriores para prevenir la acumulación de humedad y el moho.
Es importante tener en cuenta que, aunque el hormigón es robusto, no está exento de necesidades de mantenimiento. Por ejemplo, es fundamental revisar el sellado y la impermeabilización para prevenir filtraciones.
La falta de atención a estos aspectos podría llevar a gastos repentinos si los problemas se agravan.
Las construcciones tradicionales, a menudo hechas de madera y otros materiales, presentan un mayor número de problemas de mantenimiento.
- Pudrición de la madera: Esto puede ser una preocupación significativa y requiere tratamientos frecuentes.
- Termitas: El coste de tratamientos contra plagas puede sumarse notablemente a lo largo del tiempo.
- Pintura exterior: Las propiedades de madera a menudo necesitan ser pintadas o barnizadas regularmente, lo que podría representar un considerable desembolso financiero.
Por otro lado, las casas prefabricadas requieren menor atención en estos aspectos. La durabilidad del hormigón reduce la necesidad de tratamientos constantes, permitiendo que los propietarios disfruten de una propiedad más esencialmente libre de problemas relacionados con mantenimiento a lo largo de los años.
Al considerar los requerimientos de mantenimiento a largo plazo, el hormigón destaca por su minimalismo en cuidado. A diferencia de otros materiales que pueden necesitar ser reemplazados o tratados con regularidad, el hormigón puede resistir condiciones climáticas adversas, lo que significa que tiene una menor tasa de reemplazo en componentes estructurales.
La humedad y la seguridad estructural
La humedad es uno de los principales enemigos de cualquier edificación. Aunque muchas veces se percibe solo como una molestia estética -manchas, moho, olor a cerrado, etc.-, en realidad puede comprometer la durabilidad, la seguridad estructural y la salubridad de una vivienda.
Cada material de construcción reacciona de forma diferente ante la humedad. Cuando el agua entra en contacto con los materiales de construcción, no solo altera su aspecto, sino también sus propiedades físicas y mecánicas.
En la madera, el deterioro por humedad puede afectar a la solidez, la estabilidad y la rigidez de los elementos. En el hormigón, el mayor riesgo aparece cuando el agua alcanza las armaduras metálicas y provoca su oxidación.
No todos los daños visibles indican la misma causa. Tratar la humedad sin un estudio técnico previo suele provocar:
- Soluciones temporales.
- Reaparición del problema.
- Gastos innecesarios.
Detectar y eliminar la humedad es, por tanto, clave para preservar tanto la eficiencia energética como el estado de los materiales.
¿El hormigón siempre es la mejor opción contra el agua?
El hormigón ofrece una mejor resistencia general frente al agua, pero su comportamiento depende de cómo se haya diseñado, fabricado, ejecutado y protegido. Una estructura de hormigón de baja calidad, con exceso de poros, fisuras, juntas defectuosas o escaso recubrimiento de armaduras puede sufrir filtraciones y deterioro.
En cambio, la madera puede utilizarse como material estructural cuando se controla cuidadosamente su exposición al agua. Para ello es necesario facilitar la ventilación, evitar el contacto con el suelo, impedir la acumulación de lluvia y aplicar tratamientos protectores.
La estructura de hormigón es el sistema de construcción más utilizado en todo el mundo en la actualidad, ya que es una material altamente resistente.
En cambio, cuando hablamos de una estructura de hormigón, destacan cuatro características o cualidades de éste. Las cuatro propiedades principales son: la trabajabilidad, la cohesividad, la resistencia y la durabilidad.
Como material de construcción se caracteriza por su capacidad resistente como hormigón estructural (armado y pretensado), su capacidad de aislamiento acústico y por su elevada inercia térmica, así como por sus irrelevantes costes de mantenimiento.
Una estructura de hormigón armado muestra resistencia a tracción y compresión, y además, el hormigón actúa como elemento protector de la armadura metálica.
Otros factores que influyen en la elección del material
Una de las ventajas de la estructura de madera en comparación con la de hormigón es el peso de la propia estructura.
Una estructura de hormigón tiene un peso muy superior a la de madera, pero esto también le aporta una mayor carga a la estructura y ayuda a su estabilización.
En la madera, la ejecución es más rápida y con menos materiales auxiliares. Mientras si la construcción es de hormigón in situ, requiere un proceso más largo, empezando por el montaje del encofrado y apuntalado de toda la superficie del forjado.
En cambio, la construcción prefabricada no requiere encofrado, le afecta menos la climatología, genera menos polvo y ruido, por tanto, menos molestias al entorno, además de reducir las posibilidades de cometer errores.
Otro aspecto a tener en cuenta es la seguridad del hormigón frente al fuego, ya que al ser un material no combustible, ofrece una elevada resistencia a éste, además de su capacidad de compartimentación en situación de incendio.
Estructuras que llegan a soportar incendios severos sin colapsar. Asimismo, es un material fácilmente reparable, y facilita la vuelta a la actividad del edificio incendiado.
Elección según el tipo de construcción
Un edificio debe cumplir tres requisitos fundamentales: proporcionar seguridad frente a agentes externos (climatológicos, sísmicos, incendios), ofrecer un entorno saludable y garantizar condiciones de confort térmico con el mínimo consumo energético posible.
Tanto la madera como el hormigón sostenible pueden cumplir estos objetivos si se emplean correctamente.
El hormigón sostenible resulta especialmente adecuado para edificios de gran altura, infraestructuras que requieren máxima durabilidad (puentes, túneles, obras hidráulicas), proyectos ubicados en zonas con alta exposición al fuego o climas extremos, y construcciones donde la masa térmica pueda aprovecharse para regular la temperatura.
Por su parte, la madera resulta especialmente útil para edificios de baja y media altura, construcciones que priorizan la rapidez de ejecución, proyectos con presupuestos ajustados donde el ahorro en cimentación y estructura es relevante, climas fríos donde el aislamiento térmico es prioritario, y edificios que buscan crear ambientes cálidos y saludables.
La madera ofrece una capacidad de aislamiento térmico extraordinaria: 15 veces superior al hormigón y 400 veces mejor que el acero.
En un clima como el nuestro, en el que las temperaturas en verano se van a disparar, necesitamos edificios con una alta inercia térmica que nos permitan mantener las temperaturas estables y relativamente frescas en verano.
Construcción híbrida de madera y hormigón
La madera y el hormigón sostenible son dos de los materiales más debatidos en la arquitectura actual. La primera destaca por su baja huella de carbono y su capacidad de aislamiento; el segundo vive una profunda transformación para reducir sus emisiones históricas.
La respuesta depende del contexto, y el futuro apunta a la hibridación de ambos.
La verdadera innovación no estará en elegir uno u otro material, sino en combinarlos inteligentemente.
Los sistemas híbridos madera-hormigón ya están demostrando su potencial, aprovechando las ventajas de cada material: la resistencia al fuego y la durabilidad del hormigón en los primeros niveles y núcleos de comunicación, y la ligereza, rapidez de montaje y eficiencia térmica de la madera en las plantas superiores.
Esta filosofía de «usar el material adecuado en el lugar adecuado» es probablemente el camino más sensato hacia la descarbonización del sector.
La construcción sostenible del futuro no será exclusivamente de madera o de hormigón verde. Será una construcción inteligente que utilice cada material donde aporta mayor valor, diseñada con criterios de análisis de ciclo de vida completo, con énfasis en la eficiencia energética durante el uso del edificio, pensada para ser duradera, adaptable y, eventualmente, desmontable y reciclable.

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