Río Manzanares: especies que filtran el agua y recuperan su ecosistema

Las principales especies autóctonas reintroducidas en el río Manzanares son la boga, la colmilleja, el cacho y la bermejuela, peces de agua dulce que habitaron el río hasta mediados del siglo XX y desaparecieron tras las modificaciones sufridas en su hábitat. Su recuperación no consiste únicamente en liberar ejemplares: también exige mejorar la calidad del agua, restaurar el cauce y el bosque de ribera, mantener los caudales ecológicos y controlar las especies exóticas invasoras.

Estos peces no funcionan como filtros artificiales capaces de depurar por sí solos el agua, pero contribuyen al equilibrio del ecosistema fluvial al alimentarse de vegetación, algas, detritos, larvas e invertebrados. Su presencia, junto con la recuperación de la vegetación y de otros organismos acuáticos, indica que el Manzanares vuelve a ofrecer condiciones más favorables para la vida.

Qué especies viven o vuelven a vivir en el Manzanares

EspecieEstado y característicasHábitat y alimentación
BogaEspecie vulnerable, de aspecto parecido a la carpa, aunque de menor volumen y con ojos grandes.Tramos medios con corriente y embalses; se alimenta de vegetación, pequeños invertebrados y detritos.
ColmillejaEspecie endémica de la península ibérica y vulnerable.Tramos medios y bajos, con poca corriente, fondos de arena y grava y vegetación acuática; consume larvas, invertebrados, algas y detritos.
CachoEspecie vulnerable, robusta, de crecimiento rápido y gran capacidad de adaptación.Tramos medios y zonas altas de montaña; tolera distintos rangos de temperatura, oxigenación, corriente y disponibilidad de alimento.
BermejuelaEspecie vulnerable e incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.Ríos y lagos sin conexión directa con el mar, con corriente lenta y buena profundidad; se alimenta de insectos, crustáceos, detritos y materia vegetal.

La función ecológica de estos peces

La boga se alimenta de vegetación y, en menor proporción, de pequeños invertebrados y detritos. El cacho, la bermejuela y la colmilleja también consumen distintos organismos y restos orgánicos, por lo que participan en las relaciones alimentarias del río y en la circulación de materia dentro del ecosistema.

La presencia de peces autóctonos forma parte de una comunidad más amplia en la que intervienen algas, plantas acuáticas, macroinvertebrados, anfibios, aves y mamíferos. Las hidrotecnias modifican la circulación del agua y crean depósitos de distintos tamaños, zonas de remanso, áreas de mayor profundidad y otras con mayor velocidad de corriente.

Esto propicia una mayor variedad de especies de algas, plantas y macroinvertebrados, favorece la presencia de peces autóctonos e incrementa la biodiversidad. Por tanto, la recuperación de los peces no debe entenderse de manera aislada, sino como parte de la restauración de toda la red ecológica del Manzanares.

Especies autóctonas del río Manzanares

La boga: un pez gregario de aguas corrientes

La boga es una especie de gran parecido a la carpa, aunque de menor volumen y ojos de gran tamaño. Vive en los tramos medios de los ríos, en zonas de marcada corriente, pero también prolifera en las aguas de los embalses.

Es un pez muy gregario, especialmente durante la migración pre-reproductiva que efectúa curso arriba. Se alimenta de vegetación y, en menor proporción, de pequeños invertebrados y detritos.

El cacho: adaptación a ambientes diferentes

El cacho es un pez de complexión robusta, aunque su cuerpo no es demasiado grande. Es una especie de crecimiento rápido, propia de los tramos medios de los ríos, aunque al mismo tiempo puede convivir con la trucha en tramos altos de montaña.

Estos dos hábitats tan distintos hacen que esta especie tenga un gran poder de adaptabilidad a los diferentes rangos de temperaturas, oxigenación del agua, velocidad de la corriente y disponibilidad de alimento.

La bermejuela: dependiente de la calidad del agua

La bermejuela es una especie de pequeño tamaño. Su alimentación consiste en pequeños invertebrados como insectos y crustáceos, detritos y algo de materia vegetal.

Habita ríos y lagos que no tienen conexión directa con el mar, donde tiende a mantenerse en zonas con corriente lenta y buena profundidad. Es una especie que depende mucho de la calidad del agua de su hábitat.

La urbanización, la contaminación, la introducción de especies exóticas y la destrucción de su entorno afectan notablemente a su población. La bermejuela figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, lo que indica que es necesaria su vigilancia para evitar que pase a la categoría de vulnerable.

La colmilleja: una especie endémica ibérica

La colmilleja es una especie endémica en toda la península ibérica que ha desaparecido del cauce de algunos ríos como el Ebro y el Guadalquivir. Habita en las partes medias y bajas de los ríos con poca corriente, de fondos de arena y grava y vegetación acuática.

Los adultos se alimentan principalmente de larvas de insectos, otros invertebrados, algas y detritos. El periodo de desovado comienza en mayo y se prolonga hasta el mes de julio. Las hembras pueden poner hasta 1.400 huevos.

Por qué desaparecieron estas especies

La colmilleja, la bermejuela y el cacho son tres especies de peces autóctonos que desaparecieron del tramo urbano del río Manzanares a mediados del pasado siglo, cuando el río dejó de serlo para convertirse en una auténtica cloaca a cielo abierto.

Un conducto de aguas grises discurría bajo un palmo de espuma por un cauce hormigonado y totalmente desnaturalizado. Las principales amenazas que sufren estas especies son la realización de infraestructuras hidráulicas, como canalizaciones y presas, la contaminación por vertidos industriales, urbanos y agrícolas, y la extracción de agua y áridos para fines agrícolas.

La extracción de agua y áridos destruye los lugares donde acuden a desovar los peces. Las canalizaciones, los encauzamientos y las presas modifican la corriente, fragmentan el hábitat y pueden impedir los desplazamientos necesarios para la reproducción.

El impacto de las especies invasoras

Estas especies se enfrentan a un desafío extraordinario: las especies invasoras son la principal amenaza de su reintroducción y desarrollo satisfactorio. La introducción de especies exóticas en los ríos españoles, la mayoría de ellas piscívoras, causa perturbaciones y alteraciones del medio físico.

Estas especies tienen el potencial de depredar huevos, larvas, alevines y adultos de especies de peces de agua dulce autóctonos. Por ello, su control y retirada debe ser una actuación mantenida a largo plazo.

La presencia de peces exóticos puede afectar especialmente a las poblaciones recién reintroducidas, porque los ejemplares jóvenes y las fases reproductivas son más vulnerables. Para minimizar estos riesgos, los servicios municipales han identificado las áreas más adecuadas para la suelta y han llevado a cabo campañas de control de especies invasoras en los puntos seleccionados.

Cómo se realiza la reintroducción

Los ejemplares que pasan a formar parte del río fueron capturados en años anteriores en distintos puntos de la Comunidad de Madrid a partir de dos parámetros: la cercanía genética de la especie y la estimación poblacional.

La boga y la bermejuela se recogieron en el río Lozoya, la colmilleja en el río Guadarrama y el cacho en el arroyo de Canencia. Tras su captura, los peces vivieron un periodo de adaptación en estanques acondicionados en la Estación Regeneradora de Aguas Residuales de Viveros de la Villa.

El Ayuntamiento de Madrid continúa con un proyecto de conservación ex situ, es decir, actuaciones para la conservación de especies y poblaciones desarrolladas fuera de su ambiente natural. Con la cría en cautividad de estos peces de agua dulce, se busca consolidar la formación de reservas genéticas y obtener ejemplares aptos para su reintroducción al medio natural.

Identificación y análisis de los ejemplares

El primer paso de la suelta consiste en medir, determinar el sexo y marcar cada ejemplar de los estanques situados en la ERAR de Viveros de la Villa. Además, se toma una muestra de escama y aleta de 30 de ellos para llevar a cabo un análisis genético.

Este trabajo se realiza en colaboración con los laboratorios del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC para el desarrollo de un futuro estudio genético sobre la evolución de la diversidad de las poblaciones. Estos estudios permitirán evaluar la evolución genética y la diversidad de las poblaciones reintroducidas.

Transporte y aclimatación

Después, los peces se transportan en bidones azules de 60 litros con aireadores portátiles hasta la zona de suelta, situada en los alrededores de la pasarela de Mingorrubio, cercana al aparcamiento y a la zona de recreo de El Pardo.

Una vez allí, si es necesario, tienen un tiempo de aclimatación a la temperatura del agua del río para su posterior suelta. Tras un breve tiempo de adaptación a la temperatura del agua, se procede a liberar los ejemplares en el cauce.

Madrid recupera especies autóctonas en el río Manzanares con 200 nuevos peces

Conservación ex situ y conservación in situ

La conservación ex situ permite mantener peces fuera del medio natural, controlar su adaptación, formar reservas genéticas y disponer de ejemplares aptos para su reintroducción. Sin embargo, la protección de las especies debe venir acompañada de la protección y restauración del hábitat.

Las actuaciones de conservación in situ realizadas en el río Manzanares se centran en la recuperación de los hábitats del cauce y del bosque de ribera, la mejora de la calidad del agua, el mantenimiento de los caudales ecológicos y el control y gestión de las especies exóticas invasoras.

Todas estas actuaciones deben desarrollarse a largo plazo para garantizar el éxito y la recuperación real del espacio natural. La reintroducción de fauna forma parte de una estrategia más amplia de restauración del río Manzanares.

La renaturalización del Manzanares

En 2016 el Ayuntamiento de la ciudad decidió iniciar la renaturalización del Manzanares para devolverle la condición de río a lo largo de los siete kilómetros y medio del tramo urbano. Entre otras acciones, se procedió a la eliminación de residuos, la retirada de obstáculos y, lo más importante, la apertura de compuertas de las nueve presas que desde 1940 actuaban como barreras fluviales y frenaban su corriente.

De ese modo, las propias aguas libres ejercieron de agente limpiador, facilitando el arrastre de sedimentos y desembozando el cauce. La lámina de agua empezó a ensancharse, se formaron numerosas islas fluviales y las orillas se cubrieron de vegetación autóctona.

Allí donde antes se acumulaban toda clase de desperdicios ahora crecen eneas, juncos y carrizos. Una flora espontánea que, junto a álamos, sauces y otros árboles de ribera, ha dado forma a un bosque de galería más desarrollado y favorable para la fauna.

La vegetación de ribera y su papel en el agua

Dependiendo de la distancia al agua, en las zonas más próximas se sitúa la vegetación palustre, formada fundamentalmente por eneas, juncos churreros, sauces, arbustos y arbolillos que protegen a la orilla de la erosión del río.

Más alejados de la orilla del río se encuentran suelos muy fértiles con árboles caducifolios como chopos y fresnos, así como olmos. Estas especies sirven de refugio a la fauna, fijan los suelos y protegen los taludes de los ríos.

La vegetación acuática y de ribera contribuye a retener sedimentos, ofrecer refugio a peces y macroinvertebrados, estabilizar las orillas y crear zonas de sombra. También proporciona alimento y lugares de reproducción para aves, anfibios y otros animales vinculados al río.

Un río con más biodiversidad

La naturaleza ha recuperado protagonismo y los aficionados a las aves han incluido el centro de Madrid en sus rutas ornitológicas. Entre el Puente de los Franceses y el Nudo Sur se pueden observar más de ciento veinte especies que pueblan hoy el renacido cauce del Manzanares.

Entre ellas se encuentran el martín pescador, la oropéndola, la abubilla, el pechiazul y el abejaruco. También hay aves acuáticas como el martinete, la garceta grande, la grulla y la garza imperial, además de especies escasas y difíciles de observar como la agachadiza chica, el escribano palustre y la garcilla cangrejera.

En el tramo urbano del río Manzanares cohabitan más de 50 especies de aves como la garza real, la garceta, la gallineta, el martinete, el martín pescador, el cormorán grande y el chorlitejo chico, así como distintas especies de gaviotas, fochas comunes, gansos del Nilo y ánades reales.

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Río Manzanares: especies que filtran el agua y peces autóctonos que recuperan su cauce

Las especies que viven en el río Manzanares no “filtran” el agua como lo haría un sistema artificial de depuración, pero forman parte de una red ecológica que contribuye a mantener el equilibrio del ecosistema fluvial. Entre ellas destacan la boga, la colmilleja, el cacho y la bermejuela, peces autóctonos que habitaron el río hasta mediados del siglo XX y que están siendo reintroducidos tras la recuperación de su hábitat.

La mejora de la calidad del agua, la recuperación del bosque de ribera, el mantenimiento de los caudales ecológicos, la eliminación de barreras y el control de las especies exóticas son elementos esenciales para que estas poblaciones puedan sobrevivir. Los peces se alimentan de vegetación, algas, detritos, larvas de insectos y otros invertebrados, y forman parte de una cadena ecológica relacionada con la transparencia, la oxigenación y la biodiversidad del río.

Qué especies contribuyen al equilibrio del río Manzanares

Las especies que han pasado a formar parte del caudal del río son la boga, la bermejuela, la colmilleja y el cacho. Todas ellas habitaron el río hasta mediados del siglo XX y desaparecieron de sus aguas tras las modificaciones sufridas en su hábitat.

La boga, la colmilleja y el cacho son especies vulnerables y están incluidas en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, circunstancia que implica la necesidad de adoptar medidas para evitar que pasen a estar en peligro de extinción. La bermejuela es una especie protegida, figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, lo que indica que es necesaria su vigilancia para evitar que pase a la categoría de vulnerable.

EspecieHábitat y alimentaciónSituación de conservación
BogaTramos medios con corriente y aguas de embalses; se alimenta de vegetación, pequeños invertebrados y detritos.Especie vulnerable.
ColmillejaPartes medias y bajas de ríos con poca corriente, fondos de arena y grava y vegetación acuática; consume larvas, invertebrados, algas y detritos.Especie endémica de la península ibérica y vulnerable.
CachoTramos medios y zonas altas de montaña; tolera diferentes temperaturas, niveles de oxigenación, velocidades de corriente y disponibilidad de alimento.Especie vulnerable.
BermejuelaRíos y lagos sin conexión directa con el mar, normalmente en zonas de corriente lenta y buena profundidad; consume invertebrados, detritos y materia vegetal.Especie vulnerable y protegida.
peces autóctonos del río Manzanares

La boga: un pez gregario de aguas corrientes

La boga es una especie de gran parecido a la carpa, aunque de menor volumen y ojos de gran tamaño. Vive en los tramos medios de los ríos, en zonas de marcada corriente, pero también prolifera en las aguas de los embalses.

Es un pez muy gregario, especialmente durante la migración pre-reproductiva, que efectúa curso arriba. Se alimenta de vegetación y, en menor proporción, de pequeños invertebrados y detritos.

Los ejemplares de boga fueron recogidos en el río Lozoya, atendiendo a la cercanía genética de la especie y a la estimación poblacional. Tras su captura vivieron un periodo de adaptación en los estanques habilitados en la depuradora de Viveros de la Villa.

La colmilleja: especie endémica de la península ibérica

La colmilleja es una especie endémica en toda la península ibérica que ha desaparecido del cauce de algunos ríos como el Ebro y el Guadalquivir. Habita en las partes medias y bajas de los ríos con poca corriente, de fondos de arena y grava y vegetación acuática.

Los adultos se alimentan principalmente de larvas de insectos, otros invertebrados, algas y detritos. El periodo de desovado comienza en mayo y se prolonga hasta el mes de julio. Las hembras pueden poner hasta 1.400 huevos.

La colmilleja se obtuvo en el río Guadarrama y fue trasladada posteriormente a los estanques acondicionados de la Estación Regeneradora de Aguas Residuales de Viveros de la Villa. La especie forma parte de los programas de reintroducción destinados a recuperar peces que desaparecieron del Manzanares como consecuencia de las alteraciones de su hábitat.

El cacho: un pez con gran capacidad de adaptación

El cacho es un pez de complexión robusta, aunque su cuerpo no es demasiado grande. Es una especie de crecimiento rápido, propia de los tramos medios de los ríos, aunque al mismo tiempo puede convivir con la trucha en tramos altos de ríos de montaña.

Estos dos hábitats tan distintos hacen que esta especie tenga un gran poder de adaptabilidad tanto a los diferentes rangos de temperaturas, la oxigenación del agua o la velocidad de la corriente y la disponibilidad de alimento.

El cacho fue capturado en el arroyo de Canencia. Su capacidad para vivir en ambientes fluviales diferentes favorece su incorporación a proyectos de restauración ecológica en los que existen variaciones de corriente, profundidad, temperatura y oxigenación.

La bermejuela: muy dependiente de la calidad del agua

La bermejuela es una especie de pequeño tamaño. Su alimentación consiste en pequeños invertebrados como insectos y crustáceos, detritos y algo de materia vegetal.

Habita ríos y lagos que no tienen conexión directa con el mar, donde tiende a mantenerse en zonas con corriente lenta y buena profundidad. Es una especie que depende mucho de la calidad del agua de su hábitat.

La urbanización, la contaminación, la introducción de especies exóticas y la destrucción de su hábitat afectan notablemente a su población. Por esta razón, la presencia de bermejuelas puede relacionarse con la conservación de ambientes acuáticos suficientemente estables y con una calidad del agua adecuada.

La bermejuela se obtuvo en el río Lozoya. También está incluida en el régimen de protección especial, por lo que su reintroducción requiere vigilancia y seguimiento de las poblaciones.

Cómo ayudan estas especies al funcionamiento del ecosistema

Los peces del Manzanares no actúan como filtros mecánicos del agua, pero sí participan en los procesos naturales que mantienen el funcionamiento del río. La boga consume vegetación y pequeños organismos, mientras que el cacho, la bermejuela y la colmilleja aprovechan distintos recursos, como larvas de insectos, crustáceos, algas, materia vegetal y detritos.

Esta variedad de dietas reduce la competencia directa entre especies y distribuye las funciones ecológicas dentro del cauce. La presencia de peces autóctonos también indica que existen refugios, zonas de corriente, fondos adecuados, vegetación acuática y recursos alimentarios suficientes para sostener una comunidad fluvial.

La calidad del agua ha mejorado visiblemente, se ha recuperado la dinámica natural del río provocando que los peces vuelvan a criar en el río y el crecimiento de la vegetación en el cauce ofrece hábitat y refugio a aves y anfibios.

En el tramo urbano del río Manzanares hay ejemplares de gobio y barbo y de especies reintroducidas como la colmilleja, el cacho y la bermejuela. La fauna subacuática puede circular con mayor libertad y el río presenta una mayor vitalidad biológica.

La recuperación del Manzanares y la mejora del agua

La biodiversidad fluvial sigue ganando protagonismo en Madrid para sorpresa de todos. La colmilleja, la bermejuela y el cacho son tres especies de peces autóctonos que desaparecieron del tramo urbano del río Manzanares a mediados del pasado siglo, cuando el río dejó de serlo para convertirse en una auténtica cloaca a cielo abierto.

Un conducto de aguas grises que discurría bajo un palmo de espuma por un cauce hormigonado y totalmente desnaturalizado. Ahora, con el renacer del río, acaban de ser reintroducidos y vuelven a nadar en sus transparentes aguas.

En 2016 el Ayuntamiento de la ciudad decidió, a propuesta de Ecologistas en Acción, iniciar la renaturalización del Manzanares para devolverle la condición de río a lo largo de los siete kilómetros y medio del tramo urbano.

Entre otras acciones, se procedió a la eliminación de residuos, la retirada de obstáculos y, lo más importante, la apertura de compuertas de las nueve presas que desde 1940 actuaban como barreras fluviales y frenaban su corriente. De ese modo, las propias aguas libres ejercieron de agente limpiador, facilitando el arrastre de sedimentos y desembozando el cauce.

La lámina de agua empezó a ensancharse, se formaron numerosas islas fluviales y las orillas se cubrieron de vegetación autóctona, de manera que allí donde antes se acumulaban toda clase de desperdicios ahora crecen eneas, juncos y carrizos.

Una flora espontánea que, junto a álamos, sauces y otros árboles de ribera, han dado forma a un esplendoroso y saneado bosque de galería. La naturaleza ha recuperado tal protagonismo y en tan poco tiempo que los aficionados a las aves han incluido el centro de Madrid en sus rutas ornitológicas.

renaturalización del río Manzanares

El bosque de ribera y su función ecológica

Dependiendo de la distancia al agua, en las zonas más próximas se sitúa la vegetación palustre, formada fundamentalmente por eneas, juncos churreros, sauces, arbustos y arbolillos que protegen a la orilla de la erosión del río.

Más alejados de la orilla del río se encuentran suelos muy fértiles con árboles caducifolios como chopos y fresnos, así como olmos. El papel ecológico de estas especies resulta de gran importancia ya que, además de servir de refugio de la fauna, fijan los suelos y taludes de los ríos.

El crecimiento de la vegetación en el cauce ofrece hábitat y refugio a aves y anfibios. Las isletas con abundante vegetación son el hábitat de un gran número de aves acuáticas como azulones, garzas reales y martines pescadores.

Por las orillas del resucitado tramo urbano del Manzanares transitan zorros y erizos, las nutrias chapotean por sus aguas, croan ranas de diversas especies, se deslizan galápagos leprosos y culebras viperinas, y nadan numerosos peces autóctonos que, como el barbo y el gobio, están recuperando la titularidad del río y desplazando a las especies exóticas.

Madrid Río como corredor ecológico

Madrid Río es un gran parque lineal que, en menos de quince años, se ha convertido en uno de los espacios preferidos por los madrileños. Las razones: diez kilómetros de itinerarios peatonales, sendas ciclables, zonas deportivas y de juego infantil, iconos arquitectónicos y culturales y, sobre todo, la espectacular renaturalización del río Manzanares.

Esta operación de reequilibrio ecológico ha recuperado la biodiversidad del río y ha dotado a la zona de una fauna y flora sorprendente en el centro de una gran ciudad. Inaugurado en abril de 2011, Madrid Río se creó a raíz del soterramiento de parte de la autopista urbana M-30 que discurría al lado del cauce del río Manzanares.

El espacio ganado a una autovía de circunvalación que recorren a diario miles de coches acabó generando un gran espacio verde de 700 hectáreas para el uso y disfrute de ciudadanos y ciudadanas, así como de visitantes.

Madrid Río se ha convertido en un corredor de la fauna migratoria, que se mueve entre los parques del noroeste de la ciudad como Casa de Campo, Parque del Oeste, El Pardo, y los del sureste, como Manzanares Sur y el Parque Enrique Tierno Galván.

De esta manera, ejerce como un eje abierto de comunicación para aquellas aves y animales de desplazamiento nocturno. Así, en el tramo urbano del río Manzanares cohabitan más de 50 especies de aves como la garza real, la garceta, la gallineta, el martinete, el martín pescador, el cormorán grande o el chorlitejo chico.

También se observan distintas especies de gaviotas, fochas comunes, gansos del Nilo o ánades reales que anidan, sobrevuelan o chapotean por los alrededores. Para los interesados, periódicamente se realiza un itinerario ornitológico dentro del Programa de actividades ambientales que recorre el Parque Lineal del Manzanares hasta llegar a Madrid Río.

Las hidrotecnias y la creación de hábitats para peces

Las hidrotecnias son estructuras de ingeniería, formadas por rocas y restos vegetales, especialmente diseñadas para modificar la circulación del agua y el comportamiento del río en su entorno.

De esta forma, se crean diferentes hábitats en el propio lecho del río, con la generación de depósitos de distintos tamaños, zonas de remanso y mayor profundidad, y otras con mayor velocidad del agua.

Esto propiciará una mayor variedad de especies de algas, plantas y macroinvertebrados, favoreciendo así la presencia de peces autóctonos e incrementando la biodiversidad.

La rampa para peces del azud de El Pardo

Hasta marzo de 2019, el azud consistía en una pared que embalsaba el río, permitiendo la captación de agua, que no obstante, constituía una barrera que impedía el libre movimiento de los peces río arriba para su reproducción y generaba un remanso convirtiendo el río en un estanque con la consecuente pérdida del hábitat fluvial natural.

Para eliminar el problema, se procedió a crear una rampa para peces que permitiera compatibilizar ambas necesidades: el abastecimiento de agua y la recuperación del hábitat.

Por un lado se ha reducido el aliviadero, permitiendo la apertura del aliviadero y de la rampa, rebajar la cota de agua medio metro de altura y reducir la longitud del remanso, compatibilizándolo con la función de bombeo de agua.

Por otro lado, la construcción de una rampa naturalizada ha permitido eliminar el efecto barrera para los peces, permitiendo a especies grandes y pequeñas poder remontar el río.

rampa para peces del azud de El Pardo

Amenazas para las especies autóctonas

Las principales amenazas que sufren estas especies son la realización de infraestructuras hidráulicas, como canalizaciones, construcción de presas y otras modificaciones del cauce. También les afectan la contaminación por vertidos industriales, urbanos y agrícolas.

La extracción de agua y áridos para fines agrícolas destruye los lugares donde acuden a desovar. Estas alteraciones afectan a las zonas de reproducción y reducen las posibilidades de supervivencia de los peces autóctonos.

Pero se enfrentan a un desafío extraordinario: las especies invasoras, principal amenaza de su reintroducción y desarrollo satisfactorio. La introducción de especies exóticas en los ríos españoles, la mayoría de ellas piscívoras, causa perturbaciones y alteraciones del medio físico.

Estas especies tienen el potencial de depredar huevos, larvas, alevines y adultos de especies de peces de agua dulce autóctonos, por lo que su control y retirada debe ser una actuación mantenida a largo plazo.

La degradación del hábitat, la contaminación y la presencia de especies invasoras afectan directamente a la supervivencia de la bermejuela. Las mismas presiones perjudican a la colmilleja, la boga y el cacho cuando reducen la disponibilidad de refugios, alimento y zonas adecuadas para la reproducción.

Conservación ex situ e in situ

Tras el éxito obtenido en campañas anteriores, el Ayuntamiento de Madrid ha continuado con su proyecto de conservación “ex situ”, es decir, actuaciones para la conservación de especies y poblaciones desarrolladas fuera de su ambiente natural.

Con la cría en cautividad de estos peces de agua dulce, se busca consolidar la formación de reservas genéticas y la obtención de ejemplares aptos para su reintroducción al medio natural.

La protección de las especies debe venir acompañada de la protección y restauración del hábitat. En ese objetivo se centran las actuaciones de conservación in situ realizadas en el río Manzanares para recuperar los hábitats del cauce y del bosque de ribera, mejorar la calidad del agua, mantener los caudales ecológicos y controlar y gestionar las especies exóticas invasoras.

Todas estas actuaciones deben desarrollarse a largo plazo para garantizar el éxito y la recuperación real del espacio natural. El objetivo es favorecer la consolidación de las nuevas poblaciones y avanzar en la recuperación ecológica del Manzanares a largo plazo.

De dónde proceden los peces reintroducidos

Los ejemplares que desde hoy pasan a formar parte del río fueron capturados en años anteriores en distintos puntos de Madrid a partir de dos parámetros: la cercanía genética de la especie y la estimación poblacional.

La boga y la bermejuela se recogieron en el río Lozoya, la colmilleja en el río Guadarrama y el cacho en el arroyo de Canencia.

EspecieLugar de procedenciaLugar de suelta
BogaRío LozoyaAlrededores de la pasarela de Mingorrubio
BermejuelaRío LozoyaAlrededores de la pasarela de Mingorrubio
ColmillejaRío GuadarramaAlrededores de la pasarela de Mingorrubio
CachoArroyo de CanenciaAlrededores de la pasarela de Mingorrubio

En una de las campañas se reintrodujeron 200 ejemplares pertenecientes a tres especies autóctonas: la colmilleja, el cacho y la bermejuela. En otras actuaciones se incorporaron cuatro especies, incluida la boga.

Cómo se realiza la suelta

El primer paso de esta suelta ha sido medir, determinar el sexo y marcar cada ejemplar de los estanques situados en la estación regeneradora de aguas residuales de Viveros de la Villa.

Además, se tomó una muestra de escama y aleta de 30 ejemplares para llevar a cabo un análisis genético, en colaboración con los laboratorios del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC para el desarrollo de un futuro estudio genético sobre la evolución de la diversidad de las poblaciones.

Estos estudios permitirán evaluar la evolución genética y la diversidad de las poblaciones reintroducidas.

Después se transportan en unos bidones azules de 60 litros con aireadores portátiles hasta la zona de suelta en los alrededores de la pasarela de Mingorrubio. Una vez allí, tras un breve tiempo de aclimatación a la temperatura del agua del río, se procede a la suelta.

Los servicios de conservación del río del Área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad han determinado los lugares y métodos más idóneos para la suelta, atendiendo a las características ecológicas de las especies.

También han realizado una campaña de control de especies exóticas de peces en los puntos en los que han sido liberados.

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Seguimiento de la fauna piscícola

Anualmente el servicio de conservación del río del Ayuntamiento de Madrid lleva a cabo un seguimiento de la fauna piscícola del río a finales de la primavera.

El seguimiento permite comprobar la presencia de las especies, observar su adaptación al cauce y evaluar la evolución de las poblaciones reintroducidas. La vigilancia resulta especialmente importante en el caso de la bermejuela, la colmilleja, la boga y el cacho por su situación de vulnerabilidad y por la presión ejercida por las especies exóticas.

La conservación del patrimonio natural resulta clave para garantizar la salud presente y futura del planeta y, directamente ligada a ella, la propia salud humana.

Ruta por la senda del corredor ecológico

La Senda Corredor Ecológico del Río Manzanares recorre 7,6 kilómetros junto a la orilla del río Manzanares a su paso por el Monte de El Pardo. Es una ruta lineal, señalizada, de dificultad fácil y apta para toda la familia y edades.

CaracterísticaDato
Distancia7,6 km.
Tipo de rutaLineal
Desnivel29 m.
Duración2 horas
DificultadFácil
SeñalizaciónSeñalizada
Cómo llegar40.2085, -3.713

El camino se encuentra bien señalizado y en buen estado. Existen dos viales paralelos: el vial principal, más ancho, y la “Senda fluvial”, un vial más estrecho que comienza bajo el puente ferroviario y discurre junto a la orilla del río.

Ambos caminos se cruzan y en algunos puntos coinciden. Durante todo el recorrido encontraremos señales que nos informarán de la dirección y distancia a los diferentes puntos de interés que nos iremos encontrando por el camino.

La “Senda fluvial” se encuentra señalizada por postes con señales azules y verdes que nos acompañarán durante todo el recorrido. Llegados al puente de los Capuchinos, la senda se bifurca y podremos optar por continuar por cualquiera de las dos márgenes.

El camino de la orilla derecha se encuentra bien adaptado y señalizado, mientras que por la margen izquierda el camino es más “salvaje” y no se recomienda para personas con dificultad de movilidad.

Vegetación y fauna durante el recorrido

La ruta comienza en el aparcamiento de Somontes situado en el desvío al Palacio de la Zarzuela. Un cartel explicativo da la bienvenida al sendero que discurrirá a la orilla del río Manzanares.

Por el camino llevaremos a nuestra derecha la valla del Club Tejar de Somontes, mientras que a nuestra izquierda nos encontraremos una tupida vegetación de ribera caducifolia que acompaña el curso del río Manzanares.

Recorrido un kilómetro desde el aparcamiento del área recreativa, llegaremos al puente de hormigón y hierro por el que transcurre la vía férrea. Justo al cruzar el vano, encontraremos un cartel junto a unas escaleras que bajan a la orilla del río, informándonos del comienzo de la senda fluvial del río Manzanares.

Desde este punto, la vegetación de ribera prácticamente desaparece dejando a la vista el río Manzanares, cuyas isletas con abundante vegetación son el hábitat de un gran número de aves acuáticas como azulones, garzas reales y martines pescadores.

Cruzado el pinar llegamos a las primeras edificaciones del pueblo de El Pardo. Continuando por el vial llegamos al pueblo de El Pardo, donde el camino se bifurca para continuar por la senda ecológica e introducirnos en un frondoso bosque de ribera.

Pasarela de Mingorrubio y fauna del entorno

Continuando la senda alcanzamos la pasarela de Mingorrubio. Se trata de un vado por donde el agua quedaba a baja altura y sobre el que se ha levantado una pasarela que permite acceder al área recreativa de Mingorrubio, donde existe un aparcamiento para numerosos vehículos y mesas.

Posteriormente, cuando regresemos, podremos cruzar y hacer el regreso por la orilla contraria descubriendo un paisaje diferente.

Seguimos la ruta y descubriremos el bosque mediterráneo acompañándonos a nuestra izquierda. En este punto, será probable encontrarnos con especies cinegéticas como los gamos, jabalíes y ciervos, pastando protegidos por la cerca que separa el Monte de El Pardo de la Senda fluvial.

Si nos encontramos en veroño, a finales de verano y principios de otoño, podremos escuchar la berrea, el espectáculo musical del Monte de El Pardo. El berrido del ciervo para atraer a la hembra puede ser escuchado a 3 km de distancia, siendo las mejores horas del día las primeras de la mañana o las últimas de la tarde.

Azud, pasarela y presa de El Pardo

La siguiente parada es el azud de El Pardo, un pequeño represamiento del río Manzanares, levantado en 1961, utilizado para captar y derivar agua a una balsa situada a un kilómetro de distancia para su utilización en caso de incendio.

Dejamos el azud de El Pardo y continuamos. Ahora tenemos la opción de continuar por el vial principal, más ancho, o por la “Senda fluvial”, más estrecha y tortuosa, y más próxima al río, por donde podremos apreciar la vegetación de ribera y la fauna fluvial.

Nuestro camino llegará a su fin cuando alcancemos el embalse de El Pardo, donde se forma una lagunilla con el agua arrojada por los desagües de chorro hueco.

La presa de El Pardo fue inaugurada en 1970 y regula las aportaciones del caudal del río Manzanares garantizando unas condiciones medioambientales satisfactorias. Asimismo, lamina las avenidas de agua para minimizar inundaciones en la capital.

mapa senda ecológica río Manzanares

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