Los abrazos pueden realizarse con un riesgo relativamente bajo si son breves, se llevan mascarillas, las personas miran en direcciones opuestas, no hablan ni tosen y se hacen preferiblemente al aire libre. Sin embargo, el riesgo no desaparece por completo: la forma más segura de evitarlo es no abrazarse.
La recomendación general es evitar los abrazos, especialmente con personas vulnerables o que presenten síntomas de covid-19. Si el contacto afectivo se considera imprescindible, debe durar pocos segundos, sin juntar las caras ni las mejillas, conteniendo la respiración durante el acercamiento, el abrazo y la separación, y con un lavado de manos posterior.
Por qué un abrazo puede transmitir el virus
El contacto físico es algo fundamental para los seres humanos y su ausencia debilita nuestras relaciones más cercanas, le dice a la BBC Robin Dunbar, profesor de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oxford (Inglaterra). Son gestos que nos hacen sentir más felices, reducen nuestros niveles de ansiedad, estrés y nos generan confianza en los otros.
En medio de la actual pandemia de coronavirus, que se transmite principalmente cuando inhalamos las microgotas que expulsa una persona infectada, los abrazos, por razones obvias, se han convertido en un vestigio del pasado. La recomendación de mantener distancia social se ha hecho por algo, explica Tang. "La transmisión a través del aire aumenta con la proximidad. Si te abrazas no solo estás cerca de la otra persona, sino que la estás tocando. Solo por eso es riesgoso".
El riesgo depende de múltiples circunstancias. "Depende de si la persona está infectada y de cuándo se infectó. Si fue hace dos semanas puede que la carga viral sea baja, pero si fue recientemente la carga puede ser alta", explica Tang, haciendo énfasis en que no se ha podido descifrar la cantidad de partículas virales a la que un individuo debe estar expuesto para infectarse.
Que el riesgo sea bajo, no significa que no exista. "El riesgo es bajo cuando se hace ocasionalmente. No creo que debas ir por ahí repartiendo abrazos todo el día. Limítalos para aquellas situaciones afectivas que son realmente importantes", dice Marr.
La posición más segura durante un abrazo
Hay que evitar abrazos cara a cara, también con mascarilla: El problema reside en que, si una de las personas es más baja que la otra, al mirar la primera hacia arriba, el aire que exhala viaja hasta la zona de respiración de la más alta. Si la primera padece coronavirus, puede contagiar a la segunda, incluso si es asintomática.
"Abrazar frente a frente es la posición de mayor riesgo porque las caras están muy juntas", ha indicado Linsey Marr, una de las principales expertas mundiales en enfermedades transmitidas por el aire, al medio neoroykino. En este sentido, la científica ha advertido de que "cuando la persona más baja mira hacia arriba, su aliento exhalado, debido a su calor y flotabilidad, viaja a la zona de respiración de la persona más alta" y que "si la persona más alta está mirando hacia abajo, existe la posibilidad de que las respiraciones exhaladas e inhaladas se mezclen".
No se deben unir las mejillas en la misma dirección, pues el aire que exhala cada individuo pasa a la zona de respiración del otro. Lo ideal es que las dos personas miren en direcciones opuestas.
La posición recomendada consiste en colocar la boca de una persona fuera de la zona situada frente a la cara de la otra y mantener las cabezas giradas lateralmente en sentidos contrarios. También se debe evitar el contacto entre la cara o la mascarilla y el cuerpo o la ropa de la otra persona.

Cómo abrazarse con mascarilla
Según Linsey Marr, investigadora especializada en la ciencia de los aerosoles de Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, en Estados Unidos, el riesgo que plantea un abrazo breve, sobre todo si se toman ciertas precauciones, es relativamente bajo.
Por lo tanto, dice la investigadora, si las personas que se abrazan "tiene mascarilla, miran para lados opuestos, no tosen y no hablan mientras se abrazan, el riesgo es muy bajo". "Cuanto más rápido mejor", añade, en referencia a la duración de un abrazo típico, que toma alrededor de 10 segundos.
La idea es acercarse rápidamente, abrazarse por un lapso muy breve y separarse en seguida. Durante el abrazo, no se puede hablar, ya que la saliva es una fuente de propagación del virus.
- Las personas que se abracen deberán llevar siempre puesta la mascarilla, también en el caso de los niños a partir de los seis años de edad.
- Las dos personas deben mirar en direcciones opuestas y evitar que sus caras o mejillas se junten.
- No hay que hablar, toser ni realizar ninguna otra actividad que produzca microgotas.
- El abrazo debe durar unos pocos segundos.
- Es recomendable contener la respiración durante el acercamiento, el abrazo y la separación.
- No hay que tocar la cara o la mascarilla de la otra persona.
- Después del abrazo, hay que lavarse las manos a fondo con agua y jabón, o gel hidroalcohólico.
En cuanto a hacerlo con una máscara puesta, Tang está en desacuerdo con Marr. "El problema con el tapabocas es cuando exhalas, la trayectoria del aire cambia de dirección por la mascarilla. No va hacia adelante, sino hacia los costados, y puede entrar en la zona donde respira la otra persona, por eso creo que es importante contener la respiración".
Por otro lado, "todo lo que está atrapado por fuera de la mascarilla puede contaminar el hombro o el cuello de la otra persona". El problema, en su opinión, es que habría que mantener la respiración no solo durante el abrazo sino también en el momento de acercarse y alejarse del otro, que son los más peligrosos.
El lugar y la duración del abrazo
Es preferible que los saludos se hagan en espacios exteriores y abiertos que estén bien ventilados. Esto conlleva evitar la concentración de muchas personas dentro de la casa o en una misma habitación.
"Solo tienes que hacerlo con cuidado y es mejor al aire libre que en un espacio cerrado. Pero no repartas abrazos. Guárdalos solo para quien te resulte muy importante".
El abrazo debe ser breve ya que "el riesgo de transmisión aumenta con un contacto más prolongado". Aunque la duración de un abrazo típico puede rondar los 10 segundos, la recomendación práctica es acercarse, abrazarse durante muy poco tiempo y separarse inmediatamente.
No es recomendable abrazar a una persona que está tosiendo o tiene síntomas del COVID-19. También es importante intentar no llorar porque las lágrimas y el goteo nasal incrementan el riesgo de entrar en contacto con más fluidos que contienen el virus.
Abrazos entre adultos
A menos que hayamos mantenido un estrecho contacto con la persona a la que queremos abrazar durante el confinamiento, estas son las medidas a tomar.
- Es importante que no se trate de personas de riesgo cuya salud peligre si se contagian.
- Hay que evitar abrazos cara a cara, también con mascarilla.
- No se deben unir las mejillas en la misma dirección.
- Lo ideal es que las dos personas miren en direcciones opuestas.
- Durante el abrazo no se debe hablar, toser ni respirar hacia la otra persona.
- El contacto debe ser muy breve.
- Después del abrazo hay que lavarse las manos.
El lavado de manos sigue siendo una de las medidas más efectivas contra el SARS-CoV-2. "Evita el contacto entre las manos, y una vez que termines, lávatelas", dice con insistencia, y sugiere incluso que la cara, puede lavarse también.
"La única forma de eliminar el riesgo es no hacerlo". La forma de eliminar este riesgo es, en su opinión, simplemente no hacerlo.
Cómo abrazar a un niño
En lo referente a los niños, los expertos afirman que está permitido que abracen alrededor de las rodillas o la cintura de adultos porque los rostros están bastante separados y, por tanto, el riesgo de contagio es bajo, aunque se recomienda lavarse las manos después y que el adulto lleve la mascarilla puesta durante el abrazo.
En este caso, el adulto debe llevar siempre mascarilla y no respirar nunca sobre la cabeza del menor. La forma más segura de abrazar es no agacharse a la altura del pequeño y mantener la cabeza girada hacia el lado contrario.
Otras alternativas: podemos permitir que los niños abracen a los abuelos a la altura de la cintura o de las rodillas (siempre sin juntar las caras), o que estos abracen a sus nietos por la espalda y les besen en la nuca (sin quitarse jamás la mascarilla y, en la medida de lo posible, conteniendo la respiración durante esos segundos).
Los besos en las mejillas están terminantemente prohibidos y, después del saludo, es conveniente lavarse las manos. En cuanto a los besos a los pequeños, lo mejor es dárselos en la parte trasera de la cabeza.
Pedirle a un niño o a un anciano, por ejemplo, que cumpla con estas indicaciones, no es precisamente algo sencillo, aclara el investigador. Controlar la efusividad puede no resultar fácil, sobre todo para los más pequeños, pero el esfuerzo valdrá la pena.
Qué ocurre con las personas mayores
A muchos abuelos se les hace muy difícil no poder abrazar a sus nietos. El efecto psicológico del aislamiento puede ser más más difícil de llevar para las personas mayores.
Tang no niega los beneficios de un abrazo, pero los relativiza frente al peligro del contagio. "Puede que los beneficios sean inmediatos, pero por ese beneficio a corto plazo, existe el riesgo potencial de que la otra persona, (por ejemplo una madre o una abuela en el abrazo con un niño) se infecte y, potencialmente, se muera, y ese es un efecto permanente", le dice el científico a BBC Mundo.
"Abrazar conlleva un riesgo alto. Si alguien quiere o no quiere asumir ese riesgo estará en función de los beneficios que cree que le puede aportar. Y eso es una decisión personal".
Por este motivo, es preferible no abrazar a las personas vulnerables y mantener alternativas de contacto afectivo cuando el riesgo de contagio pueda tener consecuencias especialmente graves.
Por qué se extrañan tanto los abrazos
Unos sueñan con el momento en que puedan volver a tomarse una cerveza con los amigos o juntarse a cenar. Otros dicen que lo que más les hace falta es regresar al gimnasio, ir al cine, a un concierto, o simplemente pasar una tarde en familia. Pero lo que todos parecen extrañar, independientemente de sus intereses personales, es un dar y recibir buen abrazo.
"Ese tipo de contacto más íntimo -un brazo alrededor del hombro, una palmada en el brazo y esas cosas reservadas para las amistades cercanas y los miembros de la familia- son realmente importantes", señala el investigador.
Los expertos también destacan los beneficios de los abrazos. Y es que el afecto físico reduce el estrés y calma nuestro sistema nervioso simpático, tal y como ha afirmado el científico Johannes Eichstaedt.
"Los humanos tienen vías cerebrales que están específicamente dedicadas a detectar el contacto afectivo", ha explicado, al tiempo que ha indicado que el "contacto afectivo es la forma en que nuestros sistemas biológicos entienden que estamos seguros, que somos amados, y que no estamos solos".
Cuando abrazamos o recibimos un abrazo, liberamos estrés y ansiedad, y aumenta el nivel de oxitocina, lo que mejora nuestro estado de ánimo y, por lo tanto, la depresión. De ahí la sensación de bienestar y tranquilidad que produce este tipo de contacto.
Alternativas al abrazo
Las alternativas para mostrar afecto sin abrazarse pasan por chocar pies o codos, abrazar de lejos, sonreír o saludar a distancia.
La pandemia ha alterado nuestras pautas de comportamiento y ha impuesto la distancia social, también con nuestros familiares y seres más queridos. Durante meses, hemos estado sin verles ni abrazarles, hemos experimentado la soledad, y en estas fechas de vacaciones, para muchos llega el momento de los reencuentros… y los abrazos.
Una de las consecuencias de esta distopía poscovid es que el miedo al contagio ha traído consigo nuevas formas de saludarse, alejadas del contacto tradicional, tan arraigado en los países mediterráneos como España.
Lo cierto es que hoy, algo tan natural, balsámico y positivo como darse un abrazo se ha convertido casi en una actividad de riesgo.
El riesgo depende del contexto
Marr llegó a esta conclusión basándose en cálculos elaborados a partir de modelos matemáticos que muestran cómo se comportan los virus respiratorios en el aire durante un encuentro cercano físico cercano.
A partir de allí, calculó, tomando como ejemplo un caso extremo (es decir, un abrazo donde las caras están muy cercas y una persona infectada tose sobre la otra), cuántas gotas puede inhalar una persona de la tos de otra que está infectada, así como cuantas pueden caer sobre sus ojos, nariz y boca.
El resultado fue que dado que la mayoría de estas gotas -que pueden variar enormemente en cuanto a su carga viral- caen al suelo, y que de las partículas que quedan suspendidas solo algunas son infecciosas, la persona sana podría estar expuesta solo a unos dos virus.
Sin embargo, los cálculos corresponden a condiciones concretas y no permiten considerar seguro cualquier abrazo. "Tienes que ser muy cuidadoso una vez que entras en el espacio de la otra persona", dice Bonn, en referencia al momento en que cruzamos el umbral de la distancia social.
"Ponte de modo que la boca de la otra persona no esté frente a tu cara, usa un tapabocas de buena calidad, contén la respiración, no tosas, no hables, ni hagas ninguna otra actividad que produzca microgotas", aclara. "Y, sobre todo, que sea breve, porque no sabes cuán bien te protege la mascarilla que estás usando", agrega.
El componente emocional de los reencuentros
Los abrazos han desaparecido en gran parte de la sociedad tras la llegada del COVID-19 a nuestras vidas. Evitamos saludar o despedirnos de nuestros familiares y amigos con un abrazo por el miedo a contagiarnos.
"Es normal, somos humanos y ansiamos un abrazo, el contacto físico que no hemos tenido", pero "no dejo de repetir lo mismo: esto no ha pasado, sigue ahí, en cuanto le demos la oportunidad, el virus resurge. Es un virus muy traicionero", explica a RTVE.es Ester, viróloga del Centro de Astrobiología (CAB), adscrito al CSIC y al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).
Difícil, raro, inevitable, emocionante. Son algunas de las palabras más repetidas para definir el reencuentro entre los testimonios recabados por RTVE.es. Desde que el 15 de marzo entrase en vigor el estado de alarma en España, la prohibición de la movilidad interprovincial separó a familias que, aunque han recurrido más que nunca a llamadas y videoconferencias, contaban los días hasta que se produjera el reencuentro.
La teoría está muy bien, pero después de cuatro meses sin ver a tu familia, aunque sea un abrazo con mascarilla y mirando hacia otro lado. ", reconoce Jorge. También Sara, que vive en Madrid, ha sentido sensaciones parecidas al volver a casa de sus padres, en Toledo. "Es extraño no poder tocarnos. Con hidroalcohol y mascarillas, pero no he podido evitar el abrazo", admitía.
Y es que tantos días de separación, de no poder dar muestras físicas de cariño a nuestros seres querido, han llevado a muchos a plantearse la necesidad de mostrar más sus sentimientos.
"Yo siempre he sido un poco desapegado, muy poco sentimental, no era de dar muchos abrazos, casi nunca he dicho 'te quiero'", reconoce Tomás. Pero estos meses de confinamiento, "viendo a tanta gente que no ha podido despedirse, gente que no ha podido recibir visitas en el hospital y a la que han devuelto a su familia en un féretro", le han hecho plantearse "si quizá no decimos suficientes 'te quieros', no damos abrazos suficientes. Damos por hecho que el otro conoce nuestros sentimientos, pero nunca está de más un 'te quiero'".
tags: #abrazo #con #mascarilla
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