La evidencia científica disponible no demuestra que el hipoclorito utilizado correctamente para potabilizar el agua cause cáncer por sí mismo, y la cloración sigue siendo una de las medidas de salud pública más importantes para prevenir enfermedades transmitidas por el agua. El principal riesgo inmediato del hipoclorito de sodio concentrado es su carácter cáustico y la posibilidad de intoxicación por ingestión, contacto o inhalación, especialmente cuando se mezcla con amoníaco.
La relación con el cáncer se estudia sobre todo en relación con los subproductos de la desinfección, como los trihalometanos, que se forman cuando el cloro reacciona con materia orgánica presente en el agua. Algunos estudios epidemiológicos han observado asociaciones con el cáncer de vejiga, pero esas asociaciones no prueban por sí solas que el agua clorada sea la causa, y las concentraciones habituales del agua potable tratada deben interpretarse dentro de los límites establecidos por las autoridades sanitarias.
Qué son el hipoclorito, el dióxido de cloro y el clorito
El hipoclorito de sodio es un químico que se encuentra comúnmente en blanqueadores, purificadores de agua y productos de limpieza. Es un químico cáustico que si tiene contacto con el tejido puede causar lesiones.
El dióxido de cloro es un gas manufacturado de color amarillo a amarillo-rojizo. No ocurre naturalmente en el ambiente. Cuando se agrega al agua, el dióxido de cloro forma clorito iónico, el que también es un compuesto muy reactivo.
El dióxido de cloro se usa como agente blanqueador en plantas que manufacturan papel, y en plantas de tratamiento de aguas públicas para hacer el agua segura para beber. En el año 2001, el dióxido de cloro y el clorito se usaron para desinfectar varios edificios públicos después de la liberación de esporas de ántrax en Estados Unidos.
El cloro es un elemento químico presente en la naturaleza, utilizado habitualmente para el tratamiento y desinfección del agua en las plantas de tratamiento de aguas. Cuando se añade cloro gas (Cl₂) al agua se forman dos nuevas especies químicas: ácido hipocloroso e hipoclorito.
La relación entre las cantidades de estas dos especies depende del pH del agua. El ácido hipocloroso es más reactivo y también más desinfectante, y predomina en pH ligeramente ácido.
Por qué se utiliza el hipoclorito en el agua potable
La presencia de organismos patógenos en el agua de bebida producía en nuestras ciudades, hasta muy recientemente, epidemias catastróficas de enfermedades mortales como cólera, tifus, disentería y gastroenteritis.
La primera planta de cloración de agua se puso en marcha en Middelkerke (Bélgica) en 1902, y a partir de ahí se extendió su uso por todo el mundo. Desde entonces, la cloración del agua ha sido uno de los procedimientos sanitarios que más ha contribuido a nuestra salud y bienestar; un proceso que además resulta económico.
En España, entre 1910 (década en que se generalizó la cloración) y 2010, la esperanza de vida se duplicó al pasar de los 40 a los 80 años. Por desgracia, se calcula que en 2010 aún quedaba un 13 % de la población mundial sin acceso a agua potabilizada.
El ácido hipocloroso es capaz de penetrar la membrana celular y acceder al interior de las células de los microorganismos patógenos, lo que causa daños irreversibles al oxidar su ADN.
Hoy en día disponemos de otros métodos de potabilización, como el uso de ozono y de radiación ultravioleta. Su coste podría competir con el de la cloración, pero existe un problema importante.
Desde la salida de la planta potabilizadora, el agua circula por muchos kilómetros de tuberías, y tiene que seguir siendo potable y estando libre de patógenos cuando llega a nuestros grifos.
Por ello, aunque inicialmente se use otro método, se aplica una poscloración en la que se añade una cantidad residual de cloro para garantizar que el agua que bebemos es potable.
Hipoclorito de sodio: efectos tóxicos de la exposición
La ingestión de hipoclorito de sodio puede llevar a una intoxicación. De la misma manera, la inhalación de los vapores de esta sustancia puede causar intoxicación, especialmente si el producto se mezcla con amoníaco.
El hipoclorito de sodio se encuentra en sustancias químicas utilizadas para agregarle cloro a las piscinas, desinfectantes, algunas soluciones blanqueadoras y purificadores de agua.
El hipoclorito de sodio diluido en agua generalmente causa solo una irritación estomacal leve. Ingerir cantidades más grandes puede ocasionar síntomas más serios.
El blanqueador de uso industrial contiene una concentración mucho más alta de hipoclorito de sodio, la cual puede causar lesiones serias.
Qué ocurre al ingerirlo
Los síntomas de la intoxicación con hipoclorito de sodio pueden incluir ojos llorosos, enrojecidos y con ardor, quemaduras en el esófago, dolor u opresión en el tórax, tos por los vapores, sensación de náuseas, dolor en la boca o garganta, dolor abdominal o estomacal, vómitos, a veces con sangre, y debilidad.
También pueden presentarse coma, delirio, babeo, presión arterial baja, irritación cutánea de la zona expuesta, quemaduras o ampollas, shock, latidos cardíacos lentos e hinchazón de garganta, que puede causar dificultades para respirar.
Qué ocurre al inhalar sus vapores
Los niveles altos de dióxido de cloro pueden irritar la nariz, los ojos, la garganta y los pulmones.
Respirar aire con gas de dióxido de cloro puede causar irritación de la nariz, la garganta y los pulmones. Ingerir o tomar grandes cantidades de sales de clorito puede causar irritación en la boca, el esófago o el estómago.
NUNCA mezcle amoníaco con hipoclorito de sodio, blanqueadores o productos que contengan blanqueador, ya que este error doméstico común produce cloro, el cual es gas tóxico que puede provocar asfixia y problemas respiratorios graves.
Qué hacer ante una exposición
Busque asistencia médica inmediata. NO provoque el vómito en la persona, a menos que así lo indique el Centro de Toxicología o un profesional de la salud.
Si el químico entró en contacto con la piel o los ojos, enjuague con abundante agua durante al menos 15 minutos. Si la persona ingirió el químico, suminístrele agua o leche inmediatamente, a menos que un proveedor de atención médica haya dado otras instrucciones.
NO suministre leche o agua si la persona presenta síntomas que dificulten la deglución, como vómitos, convulsiones o disminución de la lucidez mental.
Si la persona inhaló el tóxico, trasládela inmediatamente a un sitio donde pueda tomar aire fresco. Determine la edad, peso y estado de la persona, el nombre del producto, sus ingredientes y concentración si se conocen, la hora en que fue ingerido y la cantidad ingerida.
Sin embargo, NO espere para buscar ayuda si esta información no está disponible de inmediato.
¿El hipoclorito de sodio causa cáncer?
El daño agudo producido por el hipoclorito de sodio es principalmente corrosivo e irritante. Las lesiones graves pueden afectar a la boca, la garganta, los ojos, los pulmones, el esófago, la nariz y el estómago, según cómo haya ocurrido la exposición.
El cáncer de esófago es de alto riesgo para las personas que viven después de ingerir hipoclorito de sodio, especialmente de concentración industrial.
Esta afirmación se refiere a personas que han sobrevivido a una intoxicación grave con lesiones corrosivas, no a la exposición habitual al agua potable correctamente tratada. Sin el tratamiento oportuno, es posible que se presente daño considerable en la boca, la garganta, los ojos, los pulmones, el esófago, la nariz y el estómago.
Los agujeros, o perforaciones, en el esófago y estómago pueden provocar graves infecciones tanto en el tórax como en la cavidad abdominal que pueden llevar a la muerte.
Trihalometanos: el vínculo que se investiga con el cáncer
Los trihalometanos son moléculas pequeñas, constituidas por un átomo de carbono, tres átomos de halógenos y un átomo de hidrógeno.
Se forman durante los procesos de cloración del agua por reacción entre el cloro y moléculas pequeñas, como aminoácidos, aldehídos y cetonas, que a su vez se generan durante la descomposición por hidrólisis, reacción con agua, de la materia orgánica, como hojas y ramas.
Que haya materia orgánica en el agua de ríos, lagos y manantiales subterráneos es normal e inevitable. No es un indicio de contaminación, y su cantidad no es constante, sino que varía según la época del año, del régimen de lluvias y del arrastre por escorrentía.
Las moléculas precursoras de los trihalometanos están disueltas incluso en los manantiales más prístinos, y no es viable retirarlas del agua antes de la cloración.
La cloración es un método de potabilización y desinfección, no de eliminación de contaminantes.
Cuanto mayor sea la carga orgánica del agua y más cloro se añada, más posibilidades hay de que se formen trihalometanos. Estas sustancias tienden a pasar a la fase gas, por lo que a medida que el agua avanza por las tuberías y sale de los conductos su concentración disminuye.
Aun así, siempre tendremos una pequeña cantidad de trihalometanos presente. Para minimizar nuestra exposición lo ideal sería alcanzar un balance entre la cantidad de materia orgánica, el cloro añadido y el tiempo de aireación del agua antes de beberla.
La solubilidad de los gases aumenta al disminuir la temperatura, de modo que a temperatura ambiente habrá menos trihalometanos que en agua muy fría.
En cualquier caso, las cantidades que quedan en el agua son minúsculas, del orden de partes por billón (ppb). En las cantidades que bebe una persona sana no deberían representar un problema de salud.
| Aspecto | Información |
|---|---|
| Formación | Reacción entre el cloro y materia orgánica |
| Ejemplos | Cloroformo, bromodiclorometano, dibromoclormetano y bromoformo |
| Valor medio informado para España | 28,8 ppb |
| Máximo permitido citado | 100 ppb |
| Ejemplo de ingesta calculada | 72 µg con 2,5 litros de agua diarios |
Para una ingesta de 2,5 litros de agua diarios, con el valor medio informado para España en el estudio arriba mencionado de 28,8 ppb, muy por debajo del máximo permitido de 100 ppb, la ingesta sería de 72 µg (0,000072 g).
Esto, suponiendo que el agua estuviera a la temperatura de máxima solubilidad de los trihalometanos, o sea, muy fría. El dato real sería notablemente inferior, dado que el agua caliente presenta una solubilidad bastante menor.
Qué dice la evidencia sobre cáncer de vejiga
No hay estudios de cáncer en seres humanos expuestos al dióxido de cloro o al clorito. Basado en información incompleta en seres humanos y en animales, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y la EPA han determinado que el dióxido de cloro y el clorito de sodio no son clasificables en cuanto a carcinogenicidad en seres humanos.
En cambio, los estudios sobre agua clorada han investigado posibles asociaciones entre los trihalometanos y el cáncer de vejiga.
Un estudio publicado la semana pasada ha generado alarma al sugerir la posible relación entre el cáncer de vejiga y el consumo de agua con presencia de trihalometanos.
Este tipo de asociaciones de datos, generalmente sesgadas, mal explicadas por los medios y peor comprendidas por la población, generan quimiofobia y no contribuyen en nada a la implantación de sistemas de toma de decisiones basada en evidencias.
El estudio antes mencionado se basa en el seguimiento rutinario, mediante cuestionarios y acceso a datos en abierto, de cuatro trihalometanos, cloroformo, bromodiclorometano, dibromoclormetano y bromoformo, en agua de distribución.
Las proyecciones realizadas no reflejan exposiciones pasadas ni futuras por parte de la población.
Además, los factores considerados, edad, sexo, nivel educativo, uso de tabaco, ocupación de alto riesgo, consumo diario e ingesta de café, no reflejan otros extraordinariamente relevantes, relacionados con la ingesta de otras sustancias que incidan sobre el cáncer de vejiga.
Entre dichas sustancias podrían encontrarse algunas sustancias de consumo habitual, alimentos, suplementos de la dieta, infusiones, sustancias de abuso legales, alcohol y tabaco, sustancias de abuso ilegales, drogas, fármacos, la exposición a la contaminación urbana o industrial y el modo mayoritario de ingesta de agua.
En 2016 se informaron 135 011 casos de cáncer de vejiga en la Unión Europea, de los que la práctica totalidad correspondieron a mayores de 20 años.
El estudio mencionado realiza una proyección de que 6 561 casos podrían ser atribuibles a la exposición a trihalometanos. Aun aceptando la proyección que, como se ha puesto de manifiesto, es cuestionable, se trataría de un 4,8 % de los casos.
Además, de los datos aportados se deriva que casi la mitad de los casos de cáncer de vejiga reportados se producen en 2 países de 26, a pesar de lo cual se extiende el análisis a la totalidad del conjunto.
La existencia de una asociación estadística no equivale automáticamente a demostrar una relación causal. Para establecer causalidad se necesitan resultados consistentes, mediciones fiables de la exposición, control adecuado de factores de confusión y estudios que permitan valorar la magnitud real del riesgo.
Exposición durante la ducha, el baño y la natación
Estudios epidemiológicos previos encontraron una asociación entre la exposición a los subproductos de la desinfección del agua potable y el riesgo de cáncer de vejiga.
Concretamente uno de estos informes, coordinado por el CREAL, concluyó que esta asociación se daba por exposición dérmica e inhalada como la que se produce durante la ducha, el baño o la natación.
Nadar en piscinas cubiertas tratadas con cloro puede provocar efectos genotóxicos, daño en el ADN, así como efectos respiratorios.
Los DBPs formados en las piscinas son fruto de las reacciones surgidas entre los desinfectantes del agua de las piscinas como el cloro y la materia orgánica, que se presenta de manera natural o bien es introducida por los nadadores a través del sudor, las células de la piel y la orina.
La evidencia de los efectos genotóxicos se observaron en 49 adultos sanos después de nadar durante 40 minutos en una piscina cubierta tratada con cloro.
En concreto, los investigadores encontraron un aumento de los niveles de dos de los biomarcadores de genotoxicidad en relación con la concentración de los tipos más comunes de DBPs en el aire expirado después de nadar.
Los biomarcadores que aumentaron fueron micronúcleos, tipo de biomarcador que indica daño en el ADN, en sangre, que es un biomarcador predictor del riesgo de cáncer en sujetos sanos, y con la mutagenicidad urinaria, que es un biomarcador de exposición a agentes genotóxicos.
También se realizaron mediciones detalladas de los subproductos de la desinfección exhalados más comunes, trihalometanos, en el aire de alrededor de la piscina y en el aire exhalado de los sujetos antes y después de nadar.
Los investigadores midieron los biomarcadores de efectos respiratorios después de nadar y sólo se encontraron cambios en uno, un ligero aumento de la proteína CC16 en suero, lo que sugiere un aumento de la permeabilidad del epitelio pulmonar.
Este aumento en la proteína CC16 se ha detectado previamente en un estudio en Bélgica y se puede explicar por los efectos del propio ejercicio, así como la exposición a los DBPs.
Aún así, se necesita investigación adicional para clarificar la relevancia clínica de este cambio agudo y especialmente en su importancia en el asma.
Además, los autores identificaron más de 100 DBPs en el agua de las piscinas, algunos nunca antes descritos en agua de piscina y/o agua potable tratada con cloro.
En ensayos in vitro mostraron que el agua de la piscina era mutagénica a niveles similares a la del agua potable, aunque era más citotóxica, puede matar a las células a una concentración más baja, que el agua potable.
Las exposiciones humanas estudiadas por este trabajo fueron de corta duración, 40 minutos. Por ello, ahora son necesarias más investigaciones sobre los efectos genotóxicos y respiratorios de las exposiciones de larga duración.
También se señala la necesidad de nuevas investigaciones sobre una serie de piscinas bajo diversas condiciones de mantenimiento y uso, así como de los posibles efectos de la amplia gama de compuestos presentes en el agua de piscina.
Se trata de resultados que deben ser confirmados en estudios con un número más elevado de participantes.
Los impactos positivos para la salud de la natación pueden aumentarse si se reducen los niveles de estos productos químicos. En ningún caso se plantea que se deje de nadar sino fomentar la reducción de productos químicos en las piscinas garantizando la desinfección de las mismas.
La reducción de los niveles de DBPs se puede conseguir aplicando con rigurosidad medidas como ducharse antes de nadar, utilizar gorro de baño, evitar orinar en las piscinas y realizar un mantenimiento adecuado de las mismas.
Cloro, dióxido de cloro y clorito: no son equivalentes
El hipoclorito utilizado en la desinfección del agua potable, el hipoclorito de sodio concentrado de los productos de limpieza y las soluciones de dióxido de cloro o clorito comercializadas para consumo no deben considerarse productos equivalentes.
El dióxido de cloro es un oxidante fuerte y su consumo supone un riesgo para la salud y que puede ser grave en algunos pacientes y requerir hospitalización.
El consumo de soluciones de dióxido de cloro y de soluciones de clorito de sodio (MMS) pone en riesgo la salud y puede producir efectos tóxicos graves tanto en su consumo directo como por inhalación de sus vapores.
No existe evidencia científica de ningún tipo de que sea eficaz para el tratamiento o prevención de la COVID-19 ni de ninguna otra patología.
No existen pruebas de ningún tipo de que pueda usarse para tratar o prevenir la infección por coronavirus, ni tampoco hay evidencia de que sea efectivo contra otras enfermedades como malaria, autismo, cáncer, enfermedades parasitarias o degenerativas.
Ninguno de estos productos está autorizado para el tratamiento de ninguna enfermedad.
La AEMPS recomienda encarecidamente no consumirlos en ningún caso: ni en formatos que se presentan aptos para consumo humano ni si se ofrecen como desinfectantes, blanqueantes o biocidas de uso industrial.
Efectos del dióxido de cloro y el clorito sobre la salud
Durante la situación sanitaria ocasionada por la COVID-19, se ha promocionado a través de redes sociales y páginas web el consumo por vía oral de soluciones de dióxido de cloro, directamente u obtenido a partir de clorito de sodio, también conocido como MMS, Miracle Mineral Solution, para el tratamiento o la prevención de la infección por SARS-CoV-2.
Además de esta promoción, aprovechando el COVID-19, se han promocionado también como tratamiento para muchas otras enfermedades, como malaria, autismo, cáncer, enfermedades parasitarias o degenerativas.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios advierte de que no existe ninguna prueba científica que avale estas supuestas propiedades, y estos productos no se han sometido a ningún tipo de evaluación o autorización por las autoridades competentes que garantice que la relación beneficio/riesgo sea positiva y así asegurar el derecho de los ciudadanos a la protección de su salud.
Su consumo directo puede producir dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, que pueden llevar a deshidratación, fallo renal, anuria, anemia hemolítica y metahemoglobinemia.
Sus vapores pueden causar irritación ocular o respiratoria, broncoespasmo o incluso edema pulmonar.
La AEMPS ya advirtió de los riesgos del dióxido de cloro, MMS, en 2010, a través de una nota informativa, por considerar que cuando se presentan con propiedades curativas y preventivas sin las debidas autorizaciones, estos productos infringen la normativa vigente.
Pese a todo, recientemente, el Instituto Nacional de Toxicología de España ha informado sobre varios casos de intoxicaciones causadas por el consumo de dióxido de cloro.
A nivel internacional, diferentes autoridades sanitarias han alertado de los riesgos para la salud del consumo de este producto y sobre la ausencia de pruebas de su utilidad terapéutica: la FDA estadounidense, la Organización Panamericana de la Salud, la Therapeutic Good Administration australiana, entre otras.
Las autoridades sanitarias canadienses, Health Canada, emitieron una alerta rápida en mayo 2010, en la que se informaba de efectos adversos graves en 6 casos, tras el consumo de este producto.
También la autoridad competente de Alemania, BFarm, advierte sobre la consideración de medicamento ilegal e informa de los riesgos asociados a su consumo.
Niños, embarazo y grupos vulnerables
Los niños expuestos a grandes cantidades de dióxido de cloro o clorito probablemente serán afectados de la misma forma que los adultos.
Los estudios en ratas han demostrado que la exposición de animales preñados al dióxido de cloro o la exposición de las crías recién nacidas puede retardar el desarrollo del cerebro.
Sin embargo, los niveles de exposición en estos estudios fueron mucho más altos que los que generalmente están expuestos los seres humanos a través de consumo de agua potable.
No hay estudios confiables acerca de los efectos del dióxido de cloro o del clorito sobre el desarrollo de seres humanos.
No hay ninguna evidencia de que el dióxido de cloro o el clorito afectan la reproducción en seres humanos.
Los niños son más vulnerables a sus efectos, generalmente porque pasan más tiempo bañándose en piscinas y porque su piel es más sensible, el cloro puede ser muy reactivo con las células de la piel.
Los efectos perjudiciales para la salud dependen de la concentración de esta sustancia en el agua, así como la duración y frecuencia de la exposición.
Límites y recomendaciones de seguridad
La EPA ha establecido un nivel de contaminante máximo de 1 miligramo por litro (1 mg/L) para clorito y de 0.8 mg/L para dióxido de cloro en agua potable.
Sin embargo, la concentración de ambas sustancias químicas en el agua potable puede ser más alta o más baja.
La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EE. UU. (OSHA) ha establecido un límite de 0.1 partes de dióxido de cloro o de clorito por millón de partes de aire (0.1 ppm) en el trabajo durante una jornada de 8 horas diarias, 40 horas semanales.
El dióxido de cloro es un compuesto muy reactivo y se degrada rápidamente en el ambiente.
En el aire, la luz solar degradará rápidamente al dióxido de cloro a cloro gaseoso y oxígeno. En el agua, el dióxido de cloro rápidamente forma clorito.
El clorito en el agua puede pasar al agua subterránea, aunque reacciones con el suelo y sedimentos pueden reducir la cantidad de clorito que alcanza el agua subterránea.
Ni el dióxido de cloro ni el clorito se acumulan en la cadena alimentaria.
Cómo reducir riesgos sin demonizar la cloración
El hecho es que se ha puesto en cuestión una técnica de potabilización que ha hecho una contribución fundamental a la salud humana y se ha generado desconfianza en la población.
La cloración es la mejor alternativa de que disponemos a día de hoy; es necesaria, segura e imprescindible.
La cloración nos ha regalado a todos muchos años de vida y ha reducido la incidencia de muchas enfermedades, algunas erradicadas en nuestra sociedad.
No se puede ni debe demonizar. Nuestras aguas son seguras para la bebida.
El agua potabilizada que recibimos en nuestros grifos es, sin duda, la alternativa de bebida más segura y económica.
Sigamos bebiendo agua del grifo, una alternativa económica y con un impacto ambiental muchísimo menor que otras.
Si detecta algún olor o sabor en el agua, llene una jarra y déjela airear un buen rato, la presión de vapor hará su función.
Salvo que beba cantidades anormalmente altas de agua, no tendrá problema.
Algunos productos pueden ofrecerse al consumidor de otros modos: como desinfectantes, no destinados a la aplicación directa a personas o animales, o como productos empleados para la desinfección del agua potable, tanto para personas como para animales.
También puede tener un uso industrial como blanqueante. Su uso como biocida o su uso industrial, observando estrictamente las instrucciones de uso, quedan fuera del ámbito de la presente nota informativa.
Desde la AEMPS somos conscientes y comprendemos la necesidad e inquietud de enfermos y familiares por encontrar soluciones a sus padecimientos, pero el uso de estos productos no sólo no reporta beneficios, sino que pueden suponer más complicaciones.
La recomendación sanitaria es distinguir entre el agua potable tratada bajo control, los productos de limpieza con hipoclorito concentrado y las soluciones de dióxido de cloro o clorito ofrecidas para consumo. Estas últimas no deben ingerirse bajo ninguna circunstancia.

tags: #agua #con #hipoclorito #cancer
Publicaciones populares:
- Beneficios del gel íntimo ozonizado: evidencia científica y aplicaciones
- Cómo quitar el tubo del filtro de aire
- Guía de filtros para campanas industriales: medidas y usos
- Cómo optimizar la calidad de audio de tus grabaciones
- Producción de agua ultrapura para laboratorio
