El agua de manantial no debe considerarse potable únicamente por proceder de una fuente natural: solo puede calificarse como apta para el consumo cuando los análisis demuestran que no contiene microorganismos patógenos ni sustancias químicas por encima de los límites establecidos. La apariencia transparente, la ausencia de olor o el sabor agradable no garantizan su seguridad.
Los manantiales son aguas subterráneas que debido a la orografía del terreno emergen a la superficie, generalmente en laderas o llanuras, al encontrar las corrientes capas impermeables en los suelos por los que discurren. El agua que se encuentra en la naturaleza no es pura, a través de su paso por el suelo se carga de minerales que le darán sus características peculiares, pero también puede recoger materia orgánica, gases o microorganismos.
Qué significa que el agua sea potable
El control de la potabilidad y calidad es sumamente importante si se tiene en cuenta que el agua es un importante vehículo de transmisión de enfermedades por contaminación microbiológica producida por patógenos intestinales: bacterias, virus, protozoos, helmintos; o por contaminación fisicoquímica debido a la aparición de sustancias no deseables o que siendo elementos de la composición habitual del agua superan la Concentración Máxima Admisible (CMA), ya sean de procedencia natural o artificial5.
Se consideró agua potable la que no superaba la Concentración Máxima Admisible en los parámetros citados. La calidad del agua se evalúo conforme a la legislación vigente para abastecimiento y control del agua potable1,12,13.
El agua salubre y de fácil acceso es importante para la salud pública, tanto si se utiliza para beber, para uso doméstico, para producir alimentos o con fines recreativos. Todas las personas tienen derecho a disponer de forma continuada de cantidades suficientes de agua salubre, físicamente accesible, asequible y de una calidad aceptable para el uso personal y doméstico.
Por qué el agua de manantial no es automáticamente segura
Tradicionalmente la población asocia el agua de manantial con buena calidad, confiando que el proceso de depuración natural, al filtrarse por distintas capas freáticas, elimine las sustancias no deseadas. Sin embargo, la filtración natural no garantiza por sí sola la eliminación de todos los microorganismos, sustancias químicas o contaminantes que pueden alcanzar el acuífero y la captación.
Las fuentes constituyen para muchas personas una alternativa a la red pública de abastecimiento, ante alteraciones en el suministro, excursiones, paseos, o porque tradicionalmente se le asocien unas propiedades específicas. Si bien la legislación establece la periodicidad de controles sobre las fuentes públicas1, éstos sólo se realizan en la mayoría de los casos en las que se localizan dentro del municipio, quedando las situadas en el campo sin control sanitario.
Tampoco se aplican medidas oficiales de protección de los manantiales, por lo que éstos únicamente cuentan con los cuidados de algunos ayuntamientos, asociaciones de ganaderos y usuarios que realizan labores de limpieza y mantenimiento. Las fuentes de manantial tienen un control analítico escaso o inexistente, especialmente las alejadas de los núcleos urbanos, lo que supone un riesgo sanitario por la posibilidad de la presencia en el agua de microorganismos patógenos y sustancias indeseables.
Contaminación microbiológica y química
En 2022 había en el mundo al menos 1700 millones de personas que tomaban agua para consumo de fuentes contaminadas con heces. La contaminación microbiana del agua potable como resultado de la presencia de heces supone el mayor riesgo de toxicidad.
El agua para consumo humano contaminada con microbios puede transmitir enfermedades diarreicas, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis. Se calcula que cerca de un millón de personas fallecen cada año a causa de enfermedades diarreicas contraídas como resultado de la insalubridad del agua, de un saneamiento insuficiente o de una mala higiene de las manos.
Debido a la gestión inadecuada de las aguas residuales urbanas, industriales y agrícolas, cientos de millones de personas beben agua con contaminación biológica o química. Además, el agua para consumo humano, sobre todo si procede del subsuelo, puede contener productos químicos, como arsénico y fluoruros, y cantidades elevadas de otros productos químicos, como plomo, a causa de la lixiviación de tuberías de conducción.
Aunque los principales productos químicos presentes en este tipo de agua que acarrean riesgo son el arsénico, los fluoruros y los nitratos, hay nuevos contaminantes, como determinados fármacos, plaguicidas, moléculas perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, y microplásticos que también son peligrosos.
Factores que pueden contaminar un manantial
En la calidad de las aguas o en su contaminación contribuyen especialmente factores que intervienen en diversas fases del abastecimiento y que en el caso de las fuentes se refieren a la captación y conducción2. Estos factores de riesgo contaminante (FRC), sin ser directamente responsables de la contaminación, contribuyen con su presencia al aumento de la probabilidad de que aparezca dicha contaminación, pudiendo afectar tanto a parámetros físico-químicos como microbiológicos, modificándolos y dando lugar a la falta de potabilidad del agua3.
Algunos de estos factores pueden ser: presencia cercana de excretas humanas y/o animales de sangre caliente, animales vivos en la corriente, rebosamiento de aguas residuales, escorrentías, presencia de fisuras, empleo de material inadecuado en la construcción, filtraciones a través del suelo, maleza, vertederos, impregnación del suelo por sustancias tóxicas naturales o procedentes de vertidos de la agricultura o industria etc.
Tiene enorme importancia la calidad del terreno, ya que los arenosos suelen dar aguas menos contaminadas por procesos de filtración, mientras los arcillosos, al ser impermeables, no producen este efecto, y el agua pasa a través de grietas4.
- Presencia cercana de excretas humanas o animales.
- Animales vivos en la corriente.
- Rebosamiento de aguas residuales o cruces con aguas residuales.
- Escorrentías y estancamiento de aguas.
- Fisuras en la captación o en la conducción.
- Materiales inadecuados en la construcción.
- Filtraciones a través del suelo.
- Maleza y vegetación sin mantenimiento.
- Vertederos y sustancias tóxicas procedentes de la agricultura o la industria.
- Pastoreo y presencia de abrevaderos dependientes de la fuente.
Qué mostró el estudio de 38 fuentes de manantial
El objetivo de este trabajo fue estudiar los factores de riesgo contaminante de los manantiales y determinar la potabilidad del agua de los mismos. Se realizó un estudio descriptivo transversal, con investigación de la frecuencia y distribución de los factores de riesgo contaminante según la ubicación urbana o rústica del manantial.
El estudio se realizó entre junio de 2001 y febrero de 2002 en las localidades comprendidas en la Zona Básica de Salud de Sigüenza, que abarca una extensión de 631,48 Km2, con un censo de población de 5.821 habitantes, lo que supone una densidad de población de 9,22hab/km2. Se incluyeron en el estudio 38 fuentes de manantial no conectadas a la red pública de abastecimiento, en las que se recogía agua habitualmente o eran susceptibles de frecuentarse.
El resultado fue de 13 manantiales urbanos y 25 manantiales totalmente rústicos. De cada fuente se realizaron dos tomas de muestras, separadas seis meses, la primera en primavera-verano del 2001 y la segunda en el otoño-invierno de 2001-2002.

Factores de riesgo según la ubicación
La distribución de la frecuencia de los FRC relacionados con cada abastecimiento muestra la diferencia según la ubicación de la fuente, siendo en las urbanas los más frecuentes: pastoreo, maleza y cruce con aguas residuales o pozos negros, presentes cada uno de ellos en el 53,8 %. En los abastecimientos rústicos el más frecuente fue el pastoreo (72%), maleza (32%) y escorrentías o estancamientos de aguas (32%).
| Ubicación de la fuente | Factores de riesgo más frecuentes |
|---|---|
| Fuentes urbanas | Pastoreo (53,8%), maleza (53,8%) y cruce con aguas residuales o pozos negros (53,8%) |
| Fuentes rústicas | Pastoreo (72%), maleza (32%) y escorrentías o estancamientos de aguas (32%) |
Del total de las fuentes analizadas en el estudio el 89,6% presentaban entre 1 y 4 FRC, el 7,8% entre 5 y 8, y sólo un 2,6% no presentaba ninguno.
En dos fuentes se detectó en el segundo control que los factores estructurales habían cambiado drásticamente: en una mejoraron, haciéndolo también la calidad del agua y en la otra se había deteriorado en gran manera la construcción y la captación, apareciendo un alto nivel de contaminación bacteriana fecal que no apareció en el primer análisis realizado.
Resultados de los controles de potabilidad
En el primer control, superaron los criterios de potabilidad el 53,8% de las fuentes urbanas y el 60% de las fuentes rústicas. Superaron el segundo control el 76,9% de las primeras y el 68 % de las segundas.
El total de fuentes que superaron el primer control fue de 57,9% y el segundo de 71%. La variación de potabilidad entre los dos controles se localizó en el 34,3% de las fuentes, al detectarse contaminación en un solo control, frente al 18,3% que resultaron no potables en los dos exámenes realizados, siendo detectada en éstas últimas la contaminación más importante, tanto cualitativa y cuantitativamente.
Sólo el 47,4% de las fuentes pudo cumplir los criterios de potabilidad en los dos controles realizados. Estos resultados muestran que un análisis aislado no permite garantizar que el agua mantenga la misma calidad a lo largo del tiempo.
| Indicador | Resultado |
|---|---|
| Fuentes urbanas potables en el primer control | 53,8% |
| Fuentes rústicas potables en el primer control | 60% |
| Fuentes urbanas potables en el segundo control | 76,9% |
| Fuentes rústicas potables en el segundo control | 68% |
| Fuentes potables en ambos controles | 47,4% |
| Fuentes no potables en ambos exámenes | 18,3% |
Parámetros analizados para determinar la potabilidad
Los parámetros analizados fueron características organolépticas, parámetros físico-químicos y parámetros microbiológicos. Se observó subjetivamente la ausencia de olor y color, excluyendo el sabor por ser aguas no tratadas y suponer un riesgo para el examinador.
Los parámetros físico-químicos incluyeron turbidez, conductividad, pH, calcio, nitritos, nitratos, amonio, oxidabilidad al permanganato, flúor, dureza total y magnesio. Los parámetros microbiológicos fueron bacterias aerobias a 22ºC y 37ºC, coliformes totales, coliformes fecales, estreptococos fecales y clostridios sulfito reductores.
No observó subjetivamente ninguna alteración de las características organolépticas (olor y color). Las alteraciones microbiológicas afectaron al 44,7% de los manantiales y las alteraciones físico-químicas al 13,1%.
Alteraciones físico-químicas
La distribución en los dos periodos del estudio fue: la turbidez resultó alterada en tres muestras (4%), el amonio en dos muestras(2,6%) y la oxidabilidad en una muestra (1,3%), y los nitratos en cinco muestras (6,6%). Los niveles de pH, calcio, dureza total, magnesio, conductividad, y nitritos cumplieron la normativa establecida en todos los casos.
Todos los manantiales contenían flúor, aunque los niveles por lo general no superaron los 0,3 mg/l, exceptuando una fuente rica en sales minerales que presentó una cifra de 0,6 mg/l.
Alteraciones microbiológicas
Los parámetros microbiológicos fueron los principales responsables de la falta de potabilidad del agua. En los 76 exámenes realizados, el recuento de Aerobias a 22ºC superaba las 100 ufc/ml en 11 muestras (14,5%), las Aerobias a 37ºC superaba las 10ufc/ml en 13 muestras (17,1%).
Se detectaron Coliformes Totales en 12 muestras(15,8%), Coliformes Fecales en 12 muestras(15,8%), Estreptococos Fecales en 14 muestras(18,4%) y Clostridios Sulfito Reductores en cinco muestras (6,6%).
| Parámetro | Resultado de las muestras |
|---|---|
| Aerobias a 22ºC | 11 muestras (14,5%) |
| Aerobias a 37ºC | 13 muestras (17,1%) |
| Coliformes totales | 12 muestras (15,8%) |
| Coliformes fecales | 12 muestras (15,8%) |
| Estreptococos fecales | 14 muestras (18,4%) |
| Clostridios sulfito reductores | 5 muestras (6,6%) |
Por qué son necesarios los controles periódicos
Al realizar dos controles analíticos se produce una disminución del porcentaje de fuentes potables, lo que revela el riesgo y susceptibilidad de estos abastecimientos y la necesidad e importancia de controles sanitarios periódicos.
Los factores de riesgo contaminante pueden afectar un manantial ante la falta de protección suficiente, y su estudio proporcionará claves sobre la posibilidad y procedencia de la contaminación. La variación de potabilidad entre los dos controles se localizó en el 34,3% de las fuentes, al detectarse contaminación en un solo control.
La calidad del agua puede cambiar cuando se modifican las condiciones de la captación, la conducción, el terreno, las lluvias, las escorrentías, la actividad ganadera o el estado de las instalaciones. En dos fuentes se detectó en el segundo control que los factores estructurales habían cambiado drásticamente.
Agua, saneamiento e higiene: impacto sobre la salud
El agua contaminada y el saneamiento deficiente contribuyen a la transmisión de enfermedades como el cólera, otras enfermedades diarreicas, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y la poliomielitis. Si no hay servicios de agua y saneamiento, o si estos son insuficientes o están gestionados de forma inapropiada, la población se expone a riesgos para su salud que, en realidad, se pueden prevenir.
Se necesitan cantidades suficientes de agua salubre para practica una buena higiene, que es fundamental para prevenir las enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias agudas y numerosas enfermedades tropicales desatendidas. En los lugares con poco acceso al agua potable, muchas personas pueden considerar que no hay que malgastarla lavándose las manos y, así, es más probable que se propaguen las enfermedades diarreicas y de otra índole.
Las principales enfermedades que se contraen al consumir alimentos o agua contaminados cursan con diarrea. Sin embargo, en la mayor parte de los casos estas enfermedades se pueden prevenir: si se abordasen esos factores de riesgo, cada año se podría evitar que fallecieran unos 395 000 niños menores de cinco años.
En 2021, más de 251 millones de personas requirieron tratamiento preventivo para la esquistosomiasis, una enfermedad grave y crónica provocada por helmintos causada por la exposición a agua infestada. También hay insectos en muchas partes del mundo que viven o crían en el agua y son portadores y transmisores de enfermedades, como el dengue.
Algunos de esos insectos, que se denominan vectores, crecen en aguas no contaminadas y pueden criar en los depósitos y recipientes domésticos de agua para consumo humano. Tan solo con cubrir estos depósitos y recipientes se puede reducir la cría de vectores y, por ende, la contaminación fecal del agua en los hogares.
Acceso mundial al agua potable
En 2021, más de 2000 millones de personas vivían en países con escasez de agua, situación que probablemente empeorará en algunas regiones como resultado del cambio climático y el crecimiento de la población.
En 2022, 6000 millones de personas, el 73% de la población mundial, se abastecían a través de un servicio de suministro de agua para consumo humano gestionado de forma segura, es decir, ubicado en el lugar de uso, disponible cuando se necesita y no contaminado.
La meta 6.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible consiste en proporcionar acceso universal y equitativo a agua potable salubre y asequible. El seguimiento de la meta se realiza mediante el indicador relativo a los servicios de suministro de agua potable gestionados de manera segura, es decir, agua potable procedente de una fuente mejorada ubicada en el lugar de uso, disponible cuando se necesita y sin contaminación fecal ni por sustancias químicas prioritarias.
Entre los restantes 2200 millones de personas sin servicios gestionados de forma segura se contaban en 2022: 1500 millones de personas que gozaban de servicios básicos, es decir, acceso a una fuente mejorada de suministro de agua a menos de 30 minutos en un trayecto de ida y vuelta; 292 millones de personas con servicios limitados, es decir, con una fuente mejorada de suministro de agua situada a una distancia de más de 30 minutos; 296 millones de personas que se abastecían de agua procedente de pozos y manantiales no protegidos, y 115 millones de personas que recogían agua superficial no tratada en lagos, estanques, ríos o arroyos.
A este respecto, en la actualidad sigue habiendo grandes desigualdades geográficas, socioculturales y económicas, no solo entre las zonas rurales y las urbanas, sino también dentro de las ciudades, donde muchas personas viven en asentamientos informales, ilegales o de baja renta, con escaso acceso a fuentes mejoradas de abastecimiento de agua potable.
Consecuencias económicas y sociales
Cuando el agua procede de fuentes de abastecimiento mejoradas y más accesibles, se gasta menos tiempo y esfuerzo en recogerla, lo que permite dedicar más tiempo para otras actividades. Además, ello redunda una mayor seguridad personal y causa menos trastornos osteomusculares, ya que reduce la necesidad de hacer viajes largos o peligrosos para recoger agua.
La mejora de estas fuentes de abastecimiento también ayuda a disminuir el gasto sanitario, ya que las personas enferman menos, incurren en menos gastos médicos y gozan de más salud, lo que comporta una mayor productividad.
Dado que los niños corren especial riesgo de contraer enfermedades que se transmiten a través del agua, el acceso a fuentes mejoradas de abastecimiento puede ayudar a mejorar su salud y, por tanto, a permitir que no pierdan días de escuela, con los correspondientes beneficios a largo plazo para su vida.
La mejora del abastecimiento, el saneamiento y de la gestión de los recursos hídricos puede impulsar el crecimiento económico de los países y contribuir en gran medida a reducir la pobreza.
Retos para garantizar agua segura
Si queremos ofrecer una cobertura universal de los servicios básicos de agua potable en 2030, será necesario duplicar las tasas de progreso registradas hasta el momento y, para lograr el mismo objetivo con los servicios de suministro de agua para consumo humano gestionados de forma segura, las tasas tendrían que multiplicarse por seis.
La mejora de los sistemas de abastecimiento de agua debe lograrse haciendo frente al cambio climático, la mayor escasez de agua, el crecimiento de la población, los cambios demográficos y la urbanización. De hecho, más de 2000 millones de personas viven en países con escasez de agua, una situación que probablemente empeorará en algunas regiones como resultado del cambio climático y el crecimiento demográfico.
Con el cambio climático, habrá más fluctuaciones en la cantidad de agua de lluvia recogida y los recursos hídricos tendrán que gestionarse mejorar para garantizar el abastecimiento y la calidad del agua.
Una estrategia importante para recuperar agua, nutrientes y energía es reutilizar las aguas residuales. El uso de aguas residuales y lodos es una práctica extendida en todo el mundo; sin embargo, gran parte se utiliza sin los conocimientos adecuados, sin tratar y sin otros controles que garanticen la protección de la salud humana y del medio ambiente.
Si se hace correctamente, las aguas residuales y los lodos se pueden reutilizar sin riesgos y reportar múltiples beneficios, entre ellos un incremento de la producción de alimentos, una mayor resiliencia a la escasez de agua y nutrientes y una mayor circularidad en la economía.
Las fuentes de abastecimiento de agua para consumo humano y para riego seguirán evolucionando, y cada vez se utilizarán más aguas subterráneas y de fuentes alternativas, como las aguas residuales.
Medidas de protección y vigilancia
La OMS elabora una serie de directrices sobre la calidad del agua, en particular para consumo humano, el uso sin riesgos de las aguas residuales y la calidad del agua para fines recreativos.
En estas guías se recomienda que se establezcan metas basadas en la salud, que los proveedores de servicios de agua elaboren y apliquen planes de salubridad para definir los riesgos, que estos se eviten de la manera más eficaz, desde que se capta el agua hasta su llegada al consumidor, y que se lleve a cabo una vigilancia independiente para velar por la eficacia de estos planes y el cumplimiento de tales metas.
Además, la OMS ayuda a los países a aplicar las directrices sobre la calidad del agua mediante la elaboración de materiales de orientación práctica y la prestación de apoyo directo, la elaboración, aplicación y auditoría de planes de salubridad y el fortalecimiento de las prácticas de vigilancia.
Desde 2014, la OMS ha estado probando productos para el tratamiento de aguas con fines doméstico, con arreglo a sus propios criterios de eficacia basados en la salud, a través de su Plan Internacional de Evaluación de las Tecnologías de Tratamiento del Agua Doméstica.
El objetivo de este plan es garantizar que los productos protejan a los usuarios de patógenos causantes de enfermedades diarreicas y reforzar los mecanismos normativos, de reglamentación y de monitoreo en los países para utilizar esos productos de forma correcta y sistemática allí donde se necesiten.
Protección de los establecimientos de salud
Esta prevención se podría conseguir especialmente en los establecimientos de salud sin servicios de suministro de agua, saneamiento e higiene, donde tanto pacientes como profesionales corren más riesgo de contraer infecciones y enfermedades.
De cada 100 pacientes ingresados en hospitales de agudos, siete de países de ingresos altos y 15 de países de ingresos medianos y bajos contraen al menos una infección relacionada con la atención sanitaria durante su estancia hospitalaria.
Por otro lado, la OMS colabora estrechamente con el UNICEF en diversos ámbitos relacionados con el agua y la salud y, en particular, en los relativos al agua, el saneamiento y la higiene en los establecimientos de atención de salud.
En 2015, ambos organismos elaboraron conjuntamente la herramienta WASH FIT (Water and Sanitation for Health Facility Improvement Tool), con la que se adaptó el enfoque usado en los planes de salubridad del agua.
Los pequeños establecimientos de atención primaria de los lugares de ingresos bajos y medianos pueden usar esta herramienta para mejorar de forma continua sus servicios mediante evaluaciones, la clasificación de los riesgos por prioridades y la definición de medidas específicas y con objetivos concretos.
Agua de fuente / manantial en Sóller
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