La calidad del agua determina factores tan importantes como la salud de los ecosistemas, la seguridad del contacto humano y su idoneidad para el consumo. Los estándares requeridos dependen del uso que se vaya a hacer de ella: no se exigen los mismos parámetros de calidad para su consumo, para su uso industrial o para garantizar el equilibrio biológico de un ecosistema.
La turbidez del agua es uno de los parámetros más importantes en la calidad del agua de consumo humano. Un agua turbia no solamente tiene un impacto estético negativo para el consumidor, la turbidez es también un indicativo de una mayor probabilidad de contaminación microbiológica y por compuestos tóxicos, que se adhieren a la materia dispersa en el agua.
Qué es la turbidez del agua
La turbidez (o turbiedad) del agua, es la medida del grado de pérdida de transparencia del líquido, ó el grado de opacidad de este.
La turbidez se refiere a la turbidez o neblina de un fluido, causada por un gran número de partículas individuales que generalmente son invisibles a simple vista.
La turbidez es debida a la cantidad de sólidos suspendidos en el agua. De manera que, cuántos más sólidos suspendidos tenga el líquido, mayor será su turbidez.
Estas partículas pueden incluir sedimentos, microorganismos, materia orgánica, contaminantes químicos y diversos otros tipos de residuos. La presencia de estas partículas dispersa y absorbe la luz, disminuyendo así la transparencia del agua.
La turbidez es una propiedad óptica de los cuerpos de agua, que se puede medir a través de la cantidad de luz dispersada y absorbida por las partículas en una columna de agua, proporcionando unas características físicas que pueden ser captadas por los sensores a través de la radiación reflejada en distintas longitudes de onda.
A diferencia de otros indicadores, la turbidez se basa en un principio físico: la dispersión de la luz. Permite obtener una imagen instantánea de la pureza del agua y constituye una herramienta valiosa para el seguimiento ambiental y el control de las instalaciones de tratamiento.
Partículas responsables de la turbidez
La turbidez puede tener su origen tanto en fuentes naturales como antropogénicas.
- Las fuentes naturales incluyen la erosión del suelo, la proliferación de algas y la presencia de materiales orgánicos como plantas en descomposición.
- Las actividades humanas como la construcción, la minería, la escorrentía agrícola y el vertido de aguas residuales pueden aumentar significativamente los niveles de turbidez.
- La turbidez del agua puede tener muchas causas.
- En aguas naturales, una turbidez elevada resulta de una alta concentración de partículas en suspensión.
La turbidez es un buen indicador de la erosión del suelo o de la contaminación difusa provocada por escorrentías, especialmente tras episodios de lluvias intensas.
Durante episodios de fuertes precipitaciones, la turbidez aumenta significativamente. Este exceso de partículas complica las etapas de tratamiento.
A medida que las sociedades crecen y las actividades industriales se expanden, la gestión de la turbidez se ha vuelto cada vez más importante para el mantenimiento de los ecosistemas naturales y la salud humana.
Turbidez y sólidos en suspensión
Aunque a menudo están relacionados, la turbidez y los sólidos en suspension (TSS) son parámetros distintos.
La turbidez mide la capacidad del agua para dispersar la luz, mientras que los solidos en suspensión cuantifican la masa de partículas contenida en un volumen de agua.
La turbidez es un indicador indirecto de la presencia de sólidos en suspensión en el agua.
La diferencia es importante porque una medición de turbidez no expresa directamente la masa de partículas presentes. La respuesta óptica depende de las características de las partículas y de la composición de la muestra.
Importancia para el agua de consumo humano
La medición de la turbidez se emplea como un parámetro para discernir sobre la calidad del agua. Lógicamente, cuanto mayor sea la turbidez del agua menor será su calidad.
Por ejemplo, el valor de la turbidez se usa para determinar si el agua es potable o no.
En términos generales, la turbidez no representa un riesgo directo para la salud humana, pero puede actuar como un indicador de la presencia de otros contaminantes que sí lo son.
Los niveles altos de turbidez pueden indicar una mala calidad del agua y la posible presencia de sustancias nocivas, que pueden ser perjudiciales para la vida acuática y peligrosas para el consumo humano.
La turbidez es un parámetro clave en la evaluación de la calidad del agua. Se manifiesta por un aspecto turbio, causado por la presencia de partículas en suspensión como sedimentos, materia orgánica o ciertos contaminantes que pueden comprometer su calidad.
Su control es fundamental para garantizar el cumplimiento de las normas vigentes y optimizar los tratamientos, ya sea de aguas potables, residuales o efluentes industriales.
Indicador de contaminación microbiológica
La presencia de partículas en suspensión en el agua potable puede favorecer el desarrollo de microorganismos patógenos como bacterias, virus o parásitos, responsables de diversas enfermedades.
Una turbidez elevada suele ocultar la presencia de estos contaminantes y comprometer la eficacia de los tratamientos de desinfección, en particular con cloro o radiación ultravioleta.
Los patógenos, las sustancias químicas y los sedimentos asociados a la turbidez pueden comprometer la seguridad del agua, provocando trastornos gastrointestinales y otros problemas de salud.
Las partículas en suspensión y los sólidos dispersos en el agua turbia no solo sirven como vectores de contaminación microbiológica, sino que también facilitan la adhesión de metales pesados, compuestos orgánicos tóxicos y pesticidas.
A medida que la turbidez aumenta, se incrementa la presencia de partículas en suspensión en el agua, creando microambientes propicios para que bacterias, virus y protozoos patógenos encuentren refugio en los intersticios de estas partículas suspendidas.
Relación con la desinfección
El control de la turbidez del agua guarda una estrecha relación con la eficacia de los procesos de desinfección, ya sean químicos, como el cloro u otros biocidas, o físicos, mediante radiaciones UV.
La turbidez puede afectar la eficacia de los procesos de desinfección.
Además de las partículas inertes en suspensión, el agua turbia puede contener materia orgánica en suspensión, lo que disminuye la efectividad de los biocidas.
Estos pierden su eficacia al reaccionar con la materia orgánica, dando lugar a la formación de subproductos de la desinfección, como trihalometanos y tricloroaminas, que son perjudiciales para la salud humana.
Repercusiones en las instalaciones de tratamiento
Como ya se mencionó, una alta turbidez sobrecarga los sistemas de tratamiento, haciendo la purificación más compleja y costosa.
Las partículas obstruyen los filtros y aumentan el consumo de reactivos químicos, lo que repercute directamente en los costes de explotación.
Además, las plantas de tratamiento de agua pueden afrontar mayores costos operativos asociados con la eliminación de la turbidez.
En las estaciones depuradoras, la turbidez es un indicador clave de rendimiento para el seguimiento del tratamiento.
Permite detectar rápidamente fallos de decantación, sobrecargas hidráulicas o colmatación de filtros, incluso antes de que aumenten los sólidos en suspensión.
Un incremento de la turbidez también puede indicar una dosificación incorrecta de reactivos, pérdida de lodos o fallos mecánicos.
Gracias a la medición de la turbidez, los operadores pueden ajustar el proceso en tiempo real, evitar superar los límites de vertido y garantizar el cumplimiento normativo.
La medición de la turbidez ofrece así una solución eficaz para supervisar la estabilidad del tratamiento final.
Marco normativo del agua de consumo humano en España
El 12 de enero de 2023 entró en vigor el Real Decreto 3/2023 sobre aguas de consumo, con el objetivo de minimizar los riesgos en la cadena de suministro de agua potable.
El Real Decreto 3/2023 refuerza la seguridad y calidad del agua de consumo en España, estableciendo nuevos parámetros analíticos y obligaciones de control y transparencia.
Ref. Se fijan parámetros y valores paramétricos a cumplir en el punto donde se pone el agua de consumo humano a disposición del consumidor.
Ante incumplimientos de los criterios de calidad que señala esta disposición, será necesaria la investigación de la causa subyacente y garantizar que se apliquen lo antes posible las medidas correctoras y preventivas para la protección de la salud de la población abastecida.
Los parámetros de calidad del agua, por lo tanto, son los que miden la ausencia (o mejor dicho un rango determinado controlado) de contaminantes, y se rigen por el Real Decreto 140/2003.
La norma anterior quedó derogada, con efectos de 12 de enero de 2023, por la disposición derogatoria única del Real Decreto 3/2023, de 10 de enero.
Valor paramétrico y control reglamentario
Valor paramétrico: el nivel máximo o mínimo fijado para cada uno de los parámetros a controlar.
En términos generales, en cada abastecimiento se controlarán los parámetros fijados en los anexos I y X.
Tiene por objeto facilitar al gestor y a la autoridad sanitaria la información necesaria para determinar el cumplimiento de todos los valores paramétricos establecidos en el anexo I.
El protocolo de autocontrol y gestión del abastecimiento elaborado por el gestor del abastecimiento estará a disposición de la autoridad sanitaria y deberá ser revisado y actualizado de forma continua o ratificado nuevamente al menos cada cinco años por parte de cada gestor.
Las aguas de consumo humano distribuidas al consumidor por redes de distribución públicas o privadas, cisternas o depósitos deberán ser desinfectadas.
Turbidez del agua captada
Cuando la calidad del agua captada tenga una turbidez mayor de 1 unidad Nefelométrica de Formacina (UNF) como media anual, deberá someterse como mínimo a una filtración por arena, u otro medio apropiado, a criterio de la autoridad sanitaria, antes de desinfectarla y distribuirla a la población.
| Aspecto de control | Requisito indicado |
|---|---|
| Agua captada | Cuando la turbidez sea mayor de 1 unidad Nefelométrica de Formacina (UNF) como media anual, deberá someterse como mínimo a una filtración por arena, u otro medio apropiado. |
| Agua distribuida | Deberá ser desinfectada. |
| Incumplimiento | Será necesaria la investigación de la causa subyacente y la aplicación de medidas correctoras y preventivas. |
Laboratorios y métodos de análisis
Los laboratorios que superen cinco mil muestras anuales de agua de consumo, deberán tener todos los métodos de análisis acreditados por la norma UNE-EN ISO/IEC 17025: «Evaluación de la conformidad.
Los métodos de análisis utilizados por los laboratorios se ajustarán a lo especificado en el anexo IV.
Un aspecto fundamental es la calibración de los instrumentos de medición con estándares predefinidos.
Independientemente del método elegido, la consistencia y la precisión de las mediciones son vitales.
Es fundamental adherirse a protocolos estandarizados para garantizar la fiabilidad de los datos y facilitar la toma de decisiones eficaz en el futuro.
Unidades de medición
La turbidez se mide típicamente en Unidades Nefelométricas de Turbidez (UNT), que cuantifican la cantidad de luz dispersada en una muestra de agua en relación con un estándar.
En términos normativos, la OMS recomienda una turbidez inferior a 5 NTU.
La OMS no da un valor guía relacionado con la salud, recomienda que la turbidez sea la mínima posible y señala que los valores deben estar por debajo de 5 UNF (Unidades Nefelométricas de Turbidez), dependiendo de las circunstancias locales, idealmente deben estar debajo de 1 UNF, y cuando la turbidez llega a 6 UNF se recomienda calificar el agua como no apta para el consumo.
Estas referencias no deben confundirse con el criterio de tratamiento aplicable al agua captada: cuando la calidad del agua captada tenga una turbidez mayor de 1 unidad Nefelométrica de Formacina (UNF) como media anual, deberá someterse como mínimo a una filtración antes de desinfectarla y distribuirla a la población.
Principios oficiales de medición de la turbidez
La base del análisis de turbidez se puede expresar como la evaluación de la muestra según su absorción o dispersión de la luz.
Hay diversas maneras de medir la turbidez del agua, dependiendo de la norma aplicada: luz infrarroja o luz blanca o visible que pasa a través de una muestra de agua, usando nefelómetros o turbidimetros ópticos, que determinan la intensidad de la luz dispersada.
Método nefelométrico
El método nefelométrico es hoy el más utilizado para medir la turbidez.
Se basa en la detección de la luz dispersada a 90° por las partículas en suspensión cuando un haz de luz atraviesa la muestra.
Para la medición de turbidez mediante el método Nefelométrico se utiliza un equipo que permite medir la luz dispersada por las partículas suspendidas en el agua.
La turbidez se mide típicamente en Unidades Nefelométricas de Turbidez (UNT), que cuantifican la cantidad de luz dispersada en una muestra de agua en relación con un estándar.
La ISO 7027-2016 establece como única fuente de luz para la medición de la turbidez la fuente de luz Infrarroja a 860 nm.
Este enfoque, definido por la norma ISO 7027, utiliza luz infrarroja para reducir las interferencias debidas al color.
Método de la formazina
Se utilizan diferentes métodos de prueba para el análisis de turbidez en el agua.
Uno de estos métodos es el método de la formazina.
En el método de formazina, la función de dispersión de luz se utiliza en aguas naturales arcillosas y turbias.
La turbidez se mide típicamente en Unidades Nefelométricas de Turbidez (UNT), que cuantifican la cantidad de luz dispersada en una muestra de agua en relación con un estándar.
Procedimiento aplicado en muestras de agua
Las muestras de agua sirvieron para determinar su calidad, evaluándose los parámetros de Turbidez por el método Nefelométrico, basado en una comparación instrumental de la intensidad de luz dispersada por una muestra patrón de referencia bajo las mismas condiciones en capsulas de 15 ml (Termo, AQ5000).
La medición debe realizarse con una muestra representativa y bajo condiciones controladas, porque el resultado depende de la dispersión y absorción de la luz por las partículas presentes.
Otros métodos de evaluación
La turbidez se puede medir mediante diversos métodos, desde sencillas pruebas de campo hasta análisis de laboratorio más complejos.
Disco Secchi
En ciertos casos, la turbidez puede evaluarse visualmente mediante un disco Secchi, utilizado a menudo en medios naturales, o con tubos de turbidez.
Esta herramienta sencilla y económica consiste en un disco con peso que se sumerge en el agua hasta que desaparece.
La profundidad a la que desaparece el disco proporciona una evaluación indirecta de la turbidez.
Si bien este método es práctico para algunas aplicaciones, factores como el color del agua y la presencia de partículas pueden afectar la precisión.
Análisis gravimétrico
Otros métodos incluyen el análisis gravimétrico, que consiste en filtrar un volumen conocido de agua a través de un papel de filtro y pesar el sedimento recolectado.
Este método puede proporcionar información detallada sobre la composición de los sólidos en suspensión, pero es laborioso y requiere mucho tiempo.
Sensores en línea
Los sensores de turbidez aplican el método nefelométrico para garantizar una medición en tiempo real, integrándose directamente en tuberías o depósitos.
Los datos recogidos se transmiten por wifi para ajustar instantáneamente los parámetros de tratamiento.
Los equipos de medición pueden incorporar sistemas de limpieza automática, comunicación digital, resistencia a interferencias y transmisores integrados para la gestión del agua.
Control de la turbidez en redes y abastecimientos
El gestor de los depósitos públicos o privados de la red de abastecimiento o la red de distribución, cisternas, y el propietario de los depósitos de instalaciones interiores, vigilará de forma regular la situación de la estructura, elementos de cierre, valvulería, canalizaciones e instalación en general, realizando de forma periódica la limpieza de los mismos, con productos que cumplan lo señalado en el artículo 9.
Los puntos de muestreo se determinarán de modo que se garantice el cumplimiento con los puntos de cumplimiento definidos en el artículo 6.
En el caso de suministros a través de redes de distribución, se podrán tomar muestras para determinar parámetros específicos en puntos de muestreo distintos de los establecidos en el artículo 6, siempre que pueda demostrarse que ello no afectará negativamente a los valores que se obtengan de los parámetros de que se trate.
El muestreo en la red de distribución o salida de ETAP o depósito se realizará con arreglo a la norma ISO 5667-5.Water quality - Sampling - Part 5: Guidance on sampling of drinking water from treatment works and piped distribution systems.
Las muestras de cumplimiento respecto a determinados parámetros químicos se tomarán en el grifo del consumidor sin descarga previa.
Debe realizarse un muestreo aleatorio diurno de un volumen de un litro.
Los municipios velarán por el cumplimiento de las obligaciones de los titulares de los establecimientos que desarrollen actividades comerciales o públicas en relación con lo que señala esta disposición.
Interpretación de una turbidez elevada
Generalmente se considera el agua turbia no apta para el consumo, dado que diversos materiales responsables de la turbidez pueden ser tóxicos o crear las condiciones óptimas para productos químicos tóxicos, por lo que a su vez, cuanto más inocua es el agua, menos turbidez suele presentar.
Una turbidez elevada puede deteriorar la calidad bacteriológica del agua, impedir el buen funcionamiento de ciertos procesos de tratamiento y alterar las condiciones ambientales de los ecosistemas acuáticos.
Una turbidez elevada suele ocultar la presencia de estos contaminantes y comprometer la eficacia de los tratamientos de desinfección, en particular con cloro o radiación ultravioleta.
Sin embargo, la turbidez por sí sola no identifica un contaminante concreto ni sustituye el análisis microbiológico, químico o radiológico requerido para evaluar la seguridad del agua de consumo humano.
La interpretación debe relacionar el valor obtenido con el punto de muestreo, el método empleado, la unidad utilizada, la tendencia temporal y el resto de parámetros de control.
Consecuencias ambientales de la turbidez
La turbidez también podría ser una señal de otros problemas en el ecosistema, como la proliferación de algas nocivas que pueden producir toxinas perjudiciales tanto para la vida acuática como para los seres humanos.
Por otro lado, las aguas turbias tienen incidencia en la capacidad fotosintética del fondo, ya que evitan la propagación de la luz en las capas más profundas.
Estos organismos son la base de las redes tróficas acuáticas; sin ellos, todo el ecosistema se vuelve menos productivo.
En ambientes acuáticos, la transmisión de la luz es crucial para la supervivencia de los organismos fotosintéticos.
Cuando los niveles de turbidez aumentan, la penetración de la luz se ve limitada, inhibiendo el crecimiento de plantas acuáticas y fitoplancton, que constituyen la base de muchas redes tróficas acuáticas.
La disminución de estos organismos resulta en la disminución de las fuentes de alimento para peces herbívoros y otras formas de vida acuática, lo que intensifica el efecto dominó en la cadena alimentaria, culminando en la reducción de las poblaciones de peces y la biodiversidad.
Además, una alta turbidez suele estar relacionada con mayores concentraciones de sustancias nocivas como metales pesados, sedimentos y contaminantes orgánicos.
Estos contaminantes pueden ser absorbidos por los organismos acuáticos, lo que provoca bioacumulación, lo que supone riesgos no solo para la salud de la vida acuática, sino también para los seres humanos que los consumen.
La turbidez puede inducir a cambios en la estructura térmica vertical del lago, jugando un papel importante en la producción primaria autóctona, así como en el aumento de la temperatura de la superficie del agua.
Control operativo y medidas correctoras
La gestión eficaz de la turbidez es fundamental para mantener la calidad del agua y garantizar la salud tanto de los ecosistemas como de las poblaciones humanas.
Ante todo, es fundamental implementar prácticas eficaces de uso del suelo.
Implementar medidas de control de la erosión, como la plantación de vegetación a lo largo de las riberas (zonas de amortiguamiento riparias), puede reducir significativamente la escorrentía de sedimentos hacia los cuerpos de agua.
Esta práctica no solo estabiliza las riberas y minimiza la erosión, sino que también ayuda a filtrar los contaminantes antes de que lleguen al agua.
En entornos agrícolas, la aplicación de buenas prácticas de gestión (BPM), como los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos y la labranza reducida, puede ayudar a minimizar la alteración del suelo y reducir la sedimentación.
La construcción de estanques de retención de sedimentos también puede filtrar los sólidos en suspensión antes de que lleguen a los cuerpos de agua cercanos.
En las zonas urbanas, la implementación de sistemas de gestión de aguas pluviales es crucial.
Las prácticas de infraestructura verde, como los jardines de lluvia, los pavimentos permeables y los biofiltros, pueden ayudar a absorber la escorrentía y filtrar los contaminantes antes de que lleguen a los cursos de agua, mitigando así los niveles de turbidez.
Los marcos regulatorios estrictos y la supervisión del cumplimiento son vitales para las industrias que pueden afectar la calidad del agua.
Las industrias deben adherirse estrictamente a las regulaciones destinadas a proteger la calidad del agua, incluyendo métodos adecuados de eliminación de residuos y la supervisión periódica de las emisiones.
Invertir en tecnologías y sistemas más limpios también puede reducir la introducción de contaminantes que generan turbidez en el medio ambiente.
Durante el tratamiento, los operadores deben utilizar la medición para detectar cambios en la decantación, la filtración, la dosificación de reactivos y la desinfección.
Cuando se detecta un incumplimiento, será necesaria la investigación de la causa subyacente y garantizar que se apliquen lo antes posible las medidas correctoras y preventivas para la protección de la salud de la población abastecida.
Teledetección y seguimiento territorial
Los métodos utilizados para la evaluación de los parámetros de la calidad del agua se han basado habitualmente en mediciones tomadas en campo.
Las técnicas de teledetección han demostrado su utilidad para proporcionar medios adecuados en la estimación de algunos de los parámetros relacionados con índices de calidad del agua.
El avance en el diseño de nuevos sensores satelitales ha incrementado considerablemente las resoluciones espaciales, espectrales y temporales, permitiendo una mejora en la captación de la superficie terrestre.
Debido a la necesidad de una gran precisión en los estudios a escala local, se han desarrollado algunos de los sensores en plataformas espaciales como SeaWi-FS, EO-1 / Hyperion, ALOS AVNOR-2, IKONOS, HICO, y Landsat-8, o sobre plataformas aerotransportadas como CASI, AISA, AVIRIS, HyMap.
El avance actual en imágenes hiperespectrales, con la capacidad de registrar simultáneamente hasta 200 canales espectrales, son los más recomendables para la detección de parámetros hídricos.
Son numerosos los estudios en los que se han determinado parámetros relativos a la calidad del agua en superficies marinas, como la clorofila, fitoplancton, materia orgánica disuelta, sólidos disueltos en suspensión o turbidez.
La utilización de rangos espectrales desde el visible al infrarrojo cercano, información donde gran parte la energía es absorbida, han demostrado su utilidad para determinar datos sobre la calidad del agua.
Otros trabajos recientes, se centran en analizar mediante técnicas de teledetección parámetros de la calidad del agua en aguas interiores.
Estos ambientes se caracterizan por su complejidad, en los que intervienen diversos e importantes procesos como la erosión, transporte de sedimentos y deposición en todas las cuencas hidrográficas, sedimentación de los embalses y contaminación del agua.
Aplicación en la cuenca del río Conchos
La cuenca del río Conchos, situada en el Estado de Chihuahua (México), ha sufrido un notable deterioro por el desarrollo de las actividades humanas.
El crecimiento urbano, la industrialización y la agricultura han degradado de manera notable los recursos hídricos de esta cuenca.
Para examinar la calidad de sus aguas se han analizado los embalses de la presa de Las Vírgenes, el lago Colina y la presa la Boquilla, determinando los parámetros de Oxígeno Disuelto, pH, Nitratos, Sólidos Totales Disueltos, Turbidez y Temperatura a partir de muestras de agua.
Mediante estos datos y la información espectral de imágenes del satélite Landsat 5 se evaluaron 30 modelos de regresión lineal de los cuales, la turbidez obtuvo el mejor ajuste.
Las regiones del espectro 0,52 - 0,6 μm y 0,63 - 0,69 μm, aportados por la variable predictora, se mostraron como los rangos de mayor correlación con los valores de turbidez.
Los embalses que se analizaron en este trabajo forman parte de la cuenca del río Conchos, localizada en el sur del Estado de Chihuahua, que ocupa el 26 por ciento de la superficie estatal, y una pequeña parte del norte del Estado de Durango (México).
Las aguas de sus cauces provienen de las cumbres de la Sierra Tarahumara en la Sierra Madre Occidental y llegan hasta su confluencia con el río Bravo en el Desierto Chihuahuense, límite natural de la frontera con Estados Unidos.
La fecha de muestreo se planificó siguiendo el calendario orbital del satélite Landsat 5.
A bordo de una embarcación durante el periodo del 21 al 23 de marzo del 2011, se obtuvieron 37 muestras de agua de los tres embalses en puntos previamente fijados, los cuales fueron ubicados in situ mediante un receptor GPS.
En este trabajo se utilizaron dos escenas capturadas por el sensor Thematic Mapper (TM) del satélite Landsat 5, correspondientes al 22 de marzo de 2011.
En una primera fase, se trató de determinar las relaciones estadísticas entre los valores de los diferentes indicadores físico-químicos del agua obtenidos in situ y los niveles digitales (ND) asociados a la reflectancia a distintas longitudes de onda del espectro electromagnético, captadas por el satélite Landsat 5.
Las cuantificaciones obtenidas en las regresiones lineales realizadas sirvieron para ofrecer un total de corte, que se estableció en los valores superiores a 0,6 en el estadístico R2, lo que permitió seleccionar los indicadores físico-químicos válidos para una segunda fase de análisis.
Sobre estos datos se aplicó el coeficiente de correlación de Pearson, elaborado para variables cuantitativas, en las que se mide el grado de covariación entre distintas variables relacionadas linealmente.
La asociación se basa en la posibilidad de encontrar variables fuertemente relacionadas, pero si no es de forma lineal, no se debe proceder a la utilización del test de correlación de Pearson.
Resultados físico-químicos relacionados
Los resultados de los análisis físico-químicos de las muestras de agua tomadas en este embalse proporcionan en general unos niveles de aceptables de OD, con una representación espacial relativamente homogénea, con valores porcentuales situados entre el 96,4 y 102,7 por ciento.
Los STD también muestran una gran homogeneidad con valores medios a lo largo de todo el embalse de 0,17 g/L.
Respecto a los niveles de nitratos, sí aparecen mayores cambios con valores elevados que pueden llegar a los 13 mg/L, y con una tendencia clara que aumenta hacia el cierre de la presa.
Los análisis obtenidos en las muestras de agua del lago Colina proporcionan unos valores con tendencias similares a los del Embalse de Las Vírgenes.
Pero la menor extensión de la lámina de agua proporciona resultados en general más homogéneos, a excepción del muestreo 1, que al ubicarse próximo a la presa se encuentra en la zona de agua más estancada, y esto explica sus valores diferentes al resto.
Respecto a las mediciones de los nitratos, llama la atención su elevada concentración, con valores que van en aumento desde la parte final del embalse en dirección a la presa hasta registros que llegan a los 23 mg/L.
Al igual que en el resto de embalses muestreados, el OD encontrado en el embalse de la Boquilla presenta valores homogéneos con datos que muestran un grado aceptable (media: 94,7).
La capacidad de la turbidez para reflejar cambios en la carga de partículas hace posible combinar las mediciones directas con información espectral y observaciones territoriales.
Buenas prácticas para un análisis oficial fiable
- Definir el punto de cumplimiento y los puntos de muestreo.
- Utilizar un método reconocido y una unidad de medida claramente identificada.
- Calibrar el instrumento con estándares predefinidos.
- Evitar interferencias derivadas del color, la iluminación y las condiciones atmosféricas.
- Registrar la fecha, el lugar, las condiciones de muestreo y el equipo utilizado.
- Comparar el resultado con el valor aplicable al punto concreto del abastecimiento.
- Relacionar la turbidez con parámetros microbiológicos, químicos y operativos.
- Investigar cualquier incumplimiento y aplicar medidas correctoras y preventivas.
- Mantener actualizado el protocolo de autocontrol y gestión del abastecimiento.
Una de las principales limitaciones que se plantean con la utilización de imágenes de satélite es que se encuentran afectadas por una serie de perturbaciones radiométricas, como pueden ser la iluminación solar y las condiciones atmosféricas.
En el caso de las imágenes de alta resolución espacial, como las de la familia de satélites Landsat, en las que la frecuencia temporal es baja, resulta necesario llevar a cabo procedimientos de transformación complejos.
Para ello, se realizó la corrección geométrica de las imágenes mediante la utilización de una serie de puntos de control y el algoritmo desarrollado por Pala y Pons (1995), implementado en el software Miramon, en el que se tiene en cuenta la distorsión topográfica mediante la incorporación de un MDT.
El uso de satélites puede proporcionar datos valiosos sobre los niveles de turbidez en amplias áreas, lo que ofrece un medio eficiente para monitorear la calidad del agua en tiempo real.
Sin embargo, estos métodos pueden requerir validación mediante verificación en terreno.
La concienciación y la participación comunitaria son cruciales para una gestión eficaz de la turbidez.
Educar a la población local sobre el impacto de sus acciones en la calidad del agua puede contribuir a una mayor eficacia de las iniciativas comunitarias para la reducción de la contaminación y la conservación de los recursos.
Las iniciativas colaborativas, como las jornadas de limpieza y los programas educativos, fomentan un sentido de responsabilidad social entre los miembros de la comunidad, fomentando su participación activa en la preservación de los cuerpos de agua locales.

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