Cómo clorar automáticamente el agua de pozo

Para clorar automáticamente el agua de pozo se instala un sistema que mide o estima el caudal, inyecta hipoclorito de sodio mediante una bomba dosificadora y mantiene un nivel controlado de cloro residual después de un tiempo de contacto suficiente. En depósitos o aljibes, la solución más estable suele combinar una bomba de recirculación, un panel de medición de cloro libre, una bomba dosificadora y controles automáticos.

El agua de pozo debe analizarse antes de elegir el equipo, porque puede contener bacterias, virus, parásitos, metales, nitratos, pesticidas, hierro, arsénico o materia orgánica. La cloración elimina microorganismos, pero no resuelve por sí sola todos los problemas químicos del agua, por lo que la dosificación, la filtración previa, el pH, el tiempo de contacto y el cloro residual deben ajustarse a las características de cada captación.

Qué es la cloración del agua de pozo

La cloración es un proceso de desinfección que utiliza compuestos de cloro para eliminar microorganismos patógenos presentes en el agua. Es, por lejos, uno de los métodos más utilizados en el mundo por su eficacia, bajo costo y capacidad residual (es decir, su permanencia en el agua a lo largo del tiempo). El objetivo de la cloración no es solo matar bacterias en el momento, sino también evitar que el agua se contamine posteriormente durante su almacenamiento o distribución.

De ahí la importancia de una dosificación precisa y un control técnico constante. La cloración es el método más habitual para la potabilización de agua logrando una correcta desinfección del agua a partir de determinadas concentraciones de cloro libre en un tiempo de contacto determinado.

Por qué es necesario clorar el agua de pozo

El agua subterránea, aunque aparentemente pura, puede esconder una serie de contaminantes invisibles. Cuando se extrae desde pozos, es común que contenga bacterias, virus o residuos orgánicos que deben eliminarse antes de su consumo humano.

Aunque el agua subterránea suele ser menos expuesta a contaminantes superficiales, no está exenta de riesgos sanitarios. Entre los peligros más comunes están las bacterias coliformes, el E. coli y virus entéricos, que pueden provenir de filtraciones de aguas negras, pozos mal sellados o infiltración de residuos agrícolas.

En zonas rurales o agrícolas, donde el uso de pozos profundos es habitual, clorar el agua no es una opción: es una necesidad. La ausencia de cloración puede acarrear enfermedades gastrointestinales, brotes epidémicos y pérdidas económicas asociadas a la atención sanitaria.

Qué contaminantes puede contener el agua de pozo

El agua de pozo es el agua subterránea que se encuentra bajo la superficie del suelo en la zona de saturación y en contacto directo con el suelo o el subsuelo. Su origen se encuentra en un estrato o yacimiento subterráneo, que brota de un manantial o es captada artificialmente mediante sondeo, pozo, zanja o galería, o bien, la combinación de cualquiera de ellos.

Estas aguas constituyen un recurso natural dotado de un significativo valor estratégico cuya protección reviste especial interés para el mantenimiento de los ecosistemas acuáticos de ellas dependientes y para el abastecimiento de agua potable. Es por ello que las masas de agua subterránea utilizadas para la extracción de agua potable o que se pretendan utilizar con esa finalidad en el futuro, deban ser objeto de especial protección, de modo que se evite el deterioro de su calidad, con objeto de reducir el nivel de tratamiento de purificación necesario para tal fin.

El agua de un pozo se caracteriza por su naturaleza, contenido de minerales y pureza original, no obstante, se puede ver afectada por agentes contaminantes que se encuentran por encima o por debajo de la superficie, provocando la presencia de bacterias, parásitos, metales, nitratos, entre otros químicos presentes en el agua.

Algunos de los agentes contaminantes provenientes de la superficie, pueden ser aguas pluviales, residuos de origen urbano, domésticos, industriales o agrícolas, y la escorrentía, entre otros. Por su parte, dentro de los agentes contaminantes que se encuentran presentes debajo de la superficie, se observan los drenajes, las fugas de las tuberías, los sistemas o pozos sépticos, los pozos abandonados, los pozos de construcción inadecuada, y la perforación de vertederos, entre otros.

Problemas microbiológicos y químicos

Debido al origen natural que caracteriza a las aguas subterráneas, existen elementos contaminantes que afectan directamente sus características, alterando su olor, color, sabor y turbidez, dentro de los cuales se encuentran:

  • En primer lugar, los agentes contaminantes químicos naturales, cómo serían el arsénico, el hierro y los sulfatos.
  • En segundo lugar, los agentes contaminantes de origen químico, tales como los nitratos, pesticidas, herbicidas, etc.
  • Y, en tercer lugar, los agentes contaminantes de tipo microbiológico, dentro de los cuales se puede mencionar a los patógenos, las bacterias coliformes, los protozoos, etc.

Estos elementos contaminantes son los principales problemas que se han de tener en consideración al momento de desinfectar y potabilizar el agua del pozo. La cloración está especialmente orientada a la desinfección microbiológica, mientras que otros contaminantes pueden exigir filtración, oxidación o tratamientos específicos.

Análisis previo antes de automatizar la cloración

El agua que proviene de una captación subterránea puede tener diversos usos. No obstante, cuando la misma es empleada para beber o preparar alimentos, sin tomar en consideración las medidas necesarias para su potabilización, puede traer como consecuencia problemas de salud, mediante la presencia de ciertas enfermedades, debido al uso de agua de pozo contaminada.

En ese sentido, es importante que se tenga la certeza que el agua de pozo se encuentra libre de microorganismos y productos químicos a niveles elevados que puedan configurar un riesgo para la salud. Sin embargo, no se puede enfrentar un problema que no se sabe que existe, por esa razón debe analizarse el agua de pozo, para conocer la calidad organoléptica, físico-química y microbiológica de la misma.

El análisis que se ha de efectuar para conocer la potabilidad del agua del pozo se ha de efectuar sobre la base de los parámetros de control previstos en el Real Decreto 3/2023, de 10 de enero, por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y suministro (RD 3/2023), parámetros que determinarán si el agua está apta para el consumo humano.

El agua que se encuentre en un pozo privado deberá ser analizada, como mínimo, una vez por año. No obstante, en el caso de los pozos de agua, de poca profundidad, los cuales están más expuestos a los factores contaminantes, se recomienda analizar el agua con mayor frecuencia.

Es importante señalar, que no sólo se debe analizar el agua del pozo, sino además el agua que sale del grifo, a los fines de determinar si se necesita un tratamiento para potabilizar el agua del pozo.

Cómo funciona un clorador automático

Un clorador automático es un dispositivo que se utiliza para inyectar cloro en el agua para desinfectarla. Funciona al medir la cantidad de cloro necesario para desinfectar el agua y liberarlo automáticamente. El cloro es un desinfectante eficaz que se emplea en todo el mundo para purificar el agua.

La automatización permite que el equipo responda a la circulación o al consumo real de agua, en lugar de liberar una cantidad fija sin tener en cuenta las variaciones del caudal. Los kits de cloración operan de manera automática mediante un interruptor de flujo. Este componente detecta el paso de agua por la tubería y activa la bomba dosificadora, que inyecta cloro diluido desde el tanque de solución.

Cuando el flujo se detiene, la bomba se apaga automáticamente. En lugares poco accesibles sin posibilidad de recurrir a alimentación eléctrica lo más habitual es recurrir a una cloración proporcional mediante contador-emisor de impulsos y bomba dosificadora que actuará de forma proporcional a la señal proporcionada por el contador regulando la concentración del agua de entrada.

Mediante un panel solar, batería de gel y regulador de carga se puede alimentar la bomba dosificadora para un funcionamiento totalmente autónomo.

Componentes de un sistema automático

Bomba dosificadora

Este sistema utiliza bombas dosificadoras peristálticas o de diafragma, que inyectan hipoclorito de sodio en cantidades exactas al flujo de agua. Se trata de una solución eficiente y controlada, muy común en instalaciones de mediana o gran escala.

La bomba dosificadora puede funcionar de manera proporcional al caudal, activándose mediante un interruptor de flujo o recibiendo impulsos de un contador. En un sistema de control continuo, la bomba también puede recibir órdenes de un medidor de cloro libre para corregir la concentración en el depósito.

Depósito de solución química

El hipoclorito sódico se almacena en un tanque de solución y se inyecta de forma controlada en la tubería o en el circuito de recirculación. El sistema puede incorporar cañas de aspiración con sensor de nivel y alarma por falta de producto químico.

Para la potabilización del agua de un pozo, se han de emplear sustancias químicas, así como medios filtrantes que tengan una calidad apta para ser utilizado, sin poner en peligro, directa o indirectamente la salud humana, quedando prohibida la utilización de sustancias o mezclas, y polímeros, cuya sustancia activa o monómero, a nivel de la Unión Europea, disponga de una clasificación armonizada como carcinógena o mutágena o tóxica para la reproducción, o haya sido identificada como alterador endocrino o tóxica por ingestión, las cuales no afectarán adversamente al color, olor o sabor del agua de consumo.

Interruptor de flujo o contador

El interruptor de flujo detecta el paso de agua por la tubería y activa la bomba dosificadora. Cuando el flujo se detiene, la bomba se apaga automáticamente.

También puede utilizarse un contador-emisor de impulsos, cuya señal permite regular la dosificación de manera proporcional al caudal de entrada. Este sistema resulta especialmente útil cuando el consumo cambia a lo largo del día.

Sonda o panel de medición

El clorador automático toma una pequeña parte de agua de esa recirculación, la filtra y la hace pasar por la sonda de medida a un caudal constante. Toma la medida en continuo y envía la información a una bomba dosificadora que inyecta hipoclorito sódico especialmente formulado para aguas de consumo humano, en la propia recirculación de manera que se distribuye homogéneamente por todo el aljibe.

Existen diferentes marcas en el mercado (CRF, Dosim, Bayrol, Seko…), con diferentes métodos de medida (colorimetría que ya esta prácticamente en deshuso, sondas de Redox, sondas amperomtricas, combinación de ambas…) y diferentes utilidades dependiendo de su orientación al cliente final (medida de pH, temperatura, conductividad, comunicaciones con otros equipos, wifi, tecnogía GSM…), pero para nuestro caso nos valdría con un equipo básico con medidas de cloro y temperatura.

Disponemos de equipos con sondas de medición amperométrica y potenciostática así como sistemas fotométricos de medición de cloro libre, cloro total, pH, rédox y temperatura.

Control del pH y la temperatura

En ocasiones es importante un control adicional del pH del agua, ya que en aquellos casos en los que el pH sea elevado la cloración no es eficaz siendo necesaria la adición de ácido clorhídrico para mantener el agua en el valor de pH adecuado tanto para su consumo como para su desinfección con cloro.

El clorador mantendrá el nivel de cloro en el depósito entre unos valores preestablecidos dependiendo de la renovación de agua del mismo, la compensación con la temperatura del agua y la distancia de tubería a recorrer por la red de distribución, con la finalidad de obtener una medida en los puntos terminales entre 0.2 y 1mg/l.

Cloración automática con depósito y bomba de recirculación

Una bomba de recirculación es un dispositivo que se usa para mantener el agua en movimiento en el aljibe. Funciona al tomar agua del aljibe y bombearla a través del clorador automático antes de devolverla al mismo.

La recirculación del agua ayuda a distribuir uniformemente el cloro en el agua y asegura que todas las partes del aljibe estén desinfectadas. En depósitos con disponibilidad de corriente eléctrica lo habitual es recurrir a una pequeña recirculación del mismo para favorecer la medida y difusión del cloro así como impedir la presencia de zonas muertas.

El sistema precisa de la instalación de un circuito de recirculación en los depósitos a tratar de modo que se pueda dosificar sobre un caudal al menos de un 20% del volumen de agua almacenada, o sea, el sistema debe ser capaz de hacer recircular el volumen total de agua en 5 horas, instalando una bomba y un circuito que se adecue a estas especificaciones.

En el proceso de recirculación se intercala el panel de medición de cloro libre con control sobre la actuación de la bomba dosificadora manteniendo de forma constante los niveles de cloro libre según los ppm especificados en el parámetro de valor de consigna.

Esquema de cloración automática con recirculación

Cloración automática directamente en la tubería

La dosificación proporcional en tubería es una alternativa para instalaciones en las que el agua se consume o se distribuye directamente desde el pozo, sin un depósito de almacenamiento suficientemente grande para establecer un circuito de recirculación.

Hidritec realiza proyectos para potabilización de aguas mediante sistemas automáticos de cloración estudiando cada caso concreto para tratamientos en depósitos de agua potable, dosificación en tubería proporcional al caudal mediante contador-emisor de impulsos, etc.

En lugares poco accesibles sin posibilidad de recurrir a alimentación eléctrica lo más habitual es recurrir a una cloración proporcional mediante contador-emisor de impulsos y bomba dosificadora que actuará de forma proporcional a la señal proporcionada por el contador regulando la concentración del agua de entrada.

Principales sistemas de cloración para pozos

Cloración por goteo

Este es uno de los sistemas más simples. Utiliza un recipiente que libera lentamente una solución clorada directamente en el pozo o en la línea de conducción. Su bajo costo lo hace ideal para instalaciones rurales o de bajo consumo, aunque su precisión puede ser limitada si no se calibra adecuadamente.

Inyección con bomba dosificadora

Aquí entramos en el terreno de la automatización. Este sistema utiliza bombas dosificadoras peristálticas o de diafragma, que inyectan hipoclorito de sodio en cantidades exactas al flujo de agua.

Además, se pueden integrar sensores de cloro residual que ajustan automáticamente la dosificación en función de la demanda, evitando tanto el subcomo la sobrecloración.

Cloración por tabletas sólidas

Ideal para pozos de uso intermitente o bajo caudal. Se introducen pastillas de cloro de disolución lenta dentro de un difusor, liberando gradualmente el agente desinfectante.

Si bien es menos precisa que una bomba dosificadora, requiere poco mantenimiento y es fácil de instalar.

SistemaCaracterísticasLimitaciones principales
Cloración por goteoLibera lentamente una solución clorada.Su precisión puede ser limitada si no se calibra adecuadamente.
Inyección con bomba dosificadoraInyecta hipoclorito de sodio en cantidades exactas al flujo de agua.Requiere ajuste, medición y mantenimiento.
Tabletas sólidasLibera gradualmente el agente desinfectante y requiere poco mantenimiento.Es menos precisa que una bomba dosificadora.

Dosificación, tiempo de contacto y cloro residual

No basta con agregar cloro al agua. La eficacia del sistema de cloración depende de tres factores clave:

  • Dosificación: La cantidad de cloro debe ajustarse a la calidad del agua. Un agua con alta carga orgánica o turbidez puede requerir dosis mayores.
  • Tiempo de contacto: Es esencial que el cloro permanezca en el agua el tiempo suficiente para eliminar microorganismos. El estándar es un tiempo de contacto mínimo de 30 minutos.
  • Cloro residual libre: Se debe mantener una cantidad mínima de cloro residual (usualmente entre 0,2 y 0,5 mg/L) al final del proceso, para garantizar la protección continua del agua.

El nivel de cloro residual debe mantenerse entre 0.2 y 1.5 ppm. En procesos industriales o agrícolas puede variar. Es indispensable medir el nivel de cloro libre periódicamente para asegurar que el agua sea segura y cumpla con normativas.

La concentración mínima de cloro libre residual medida en la llave de paso general del usuario deberá ser la que señale la autoridad sanitaria en cada caso. Si se utiliza otro desinfectante se cumplirá la norma por la que se autoriza su uso en agua de consumo.

Las diferencias entre los valores dependen del punto de medición, el tipo de instalación, la renovación del agua y las exigencias sanitarias aplicables. La consigna del equipo debe definirse a partir del análisis, del tiempo de contacto y de la concentración que debe llegar a los puntos terminales.

Filtración antes de la desinfección

Antes de ser distribuida deberá tener, antes de la desinfección, al menos, una filtración por arena, u otro medio filtrante apropiado en el caso de captaciones subterráneas cuando la calidad del agua captada tenga una turbidez mayor de la Unidad Nefelométrica de Turbidez (UNF) en más del 5% de las muestras anuales.

La filtración también puede ser necesaria cuando la autoridad sanitaria lo considere necesario, de acuerdo con la evaluación del riesgo. Siempre que sea posible, el sistema de filtración debe diseñarse para reducir los niveles de turbidez lo más bajo posible, con el objetivo de que la turbidez del agua tratada sea inferior a 0,8 UNF.

La presencia de turbidez y materia orgánica puede aumentar el consumo de cloro y dificultar la desinfección. Por esta razón, la filtración previa puede mejorar la eficacia del sistema automático y ayudar a mantener una medición más estable.

Cuánto cloro se debe utilizar

La dosificación típica recomendada es de 200 ml de hipoclorito de sodio al 13% por cada 10 litros de agua. El nivel de cloro residual debe mantenerse entre 0.2 y 1.5 ppm. En procesos industriales o agrícolas puede variar.

Esta referencia no debe aplicarse de forma automática a todos los pozos, ya que la demanda de cloro cambia según la turbidez, la materia orgánica, el pH, el caudal, la temperatura, el tiempo de contacto y la calidad del hipoclorito. Es indispensable medir el nivel de cloro libre periódicamente para asegurar que el agua sea segura y cumpla con normativas.

Usamos comparadores como el modelo Rainbow 752.

Cloración de choque del pozo

Uno de los métodos empleados para la desinfección, consiste en la cloración de choque, que permite eliminar la contaminación bacteriana. En este caso se basa en combinar suficientes químicos a base de cloro con el agua de pozo para formar una solución de cloro libre a lo largo de toda la red de distribución de agua (pozo, bomba, tubería de distribución, etc.).

No obstante, es importante destacar que esta sustancia es altamente corrosiva, por lo que se debe dejar actuar entre 12 y 24 horas y después purga el agua para vaciar por completo la instalación, teniendo en cuenta que el uso excesivo del cloro, puede dañar la calidad del agua, haciéndola no segura para su consumo.

La cloración de choque no sustituye necesariamente a un sistema automático de mantenimiento. Después de la desinfección debe comprobarse el agua y restablecerse una concentración adecuada de cloro residual antes de destinarla al consumo.

Instalación paso a paso de un clorador automático en un aljibe

La instalación de un clorador automático en su aljibe es un proceso el cual debe de hacer un profesional como INSA des. Estos son los pasos básicos:

Paso 1: seleccionar el equipo

Seleccione el clorador automático adecuado para su aljibe. Hay varios tipos de cloradores automáticos en el mercado, así que asegúrese de elegir uno que sea adecuado para el tamaño de su aljibe.

La selección debe considerar el volumen del depósito, el caudal de entrada y salida, la frecuencia de renovación, la distancia de la red, la disponibilidad eléctrica, el tipo de medición y la calidad del agua.

Paso 2: instalar el clorador

Instale el clorador automático en su aljibe. Debe seguir las instrucciones específicas de instalación del fabricante.

El equipo debe quedar integrado en una instalación que permita medir, dosificar y distribuir el cloro de forma uniforme, con acceso suficiente para revisar filtros, sondas, tuberías y depósito químico.

Paso 3: conectar la bomba de recirculación

La bomba de recirculación debe conectarse al clorador automático y colocarse en el aljibe para garantizar que el agua se recircule adecuadamente.

El agua debe recorrer el circuito de medición y dosificación antes de volver al depósito. La recirculación favorece la mezcla del cloro e impide la presencia de zonas muertas.

Paso 4: ajustar la cantidad de cloro

Es importante asegurarse de que el clorador automático esté ajustado correctamente para la cantidad adecuada de cloro en el agua. La mayoría de los cloradores automáticos tienen un ajuste que le permite ajustar la cantidad de cloro que se libera en el agua.

Ajuste el clorador de acuerdo con las recomendaciones del fabricante. El valor de consigna debe relacionarse con las mediciones efectuadas en el depósito y en los puntos terminales de la instalación.

Paso 5: verificar el funcionamiento

Debe verificar regularmente que el clorador automático esté funcionando correctamente y que la bomba de recirculación esté distribuyendo el cloro uniformemente en el agua.

También debe revisar el nivel de cloro en el agua con regularidad para asegurarse de que esté dentro de los niveles recomendados. La medición debe realizarse con un método adecuado y en los puntos que permitan comprobar tanto el depósito como el agua de consumo.

Funcionamiento continuo y control automático

Por lo general, el tratamiento más adecuado consiste en un sistema automático de dosificación, medición y control de cloro libre en un depósito de tratamiento mediante recirculación del mismo. De esta forma, se establecerá como consigna un valor adecuado de cloro libre en el depósito que se mantendrá estable en el tiempo mediante medición del equipo y la correspondiente actuación de la bomba dosificadora de cloro.

El clorador mantendrá el nivel de cloro en el depósito entre unos valores preestablecidos dependiendo de la renovación de agua del mismo, la compensación con la temperatura del agua y la distancia de tubería a recorrer por la red de distribución, con la finalidad de obtener una medida en los puntos terminales entre 0.2 y 1mg/l.

Este tipo de instalaciones son muy fiables pero delicadas y requieren un mantenimiento continuo para asegurar la integridad de las sondas de medida, filtrado previo y mantener un caudal constante que es fundamental en la medida.

Beneficios de la cloración automatizada

  • Ahorro de producto químico por dosificación precisa.
  • Mayor seguridad sanitaria para usuarios y procesos.
  • Menor intervención humana + más confiabilidad.
  • Cumplimiento de normativas sanitarias (NOM-127-SSA1).
  • Evita la proliferación de microorganismos y biopelículas.

Además de eliminar patógenos, la cloración también contribuye a oxidar hierro y manganeso, elementos comunes en aguas subterráneas que pueden manchar la ropa o generar incrustaciones en tuberías.

También permite mejorar las condiciones organolépticas del agua (olor, sabor y color), lo cual aumenta la aceptación del líquido por parte de los usuarios y refuerza la percepción de calidad del servicio.

Cloración y riesgo de Legionella

Según nos indica el RD 865/2003: La Legionella es una bacteria ambiental capaz de sobrevivir en un amplio intervalo de condiciones físico-químicas, multiplicándose entre 20ºC y 45ºC, destruyéndose a 70ºC.Su temperatura óptima de crecimiento es 35-37ºC.

Su nicho ecológico natural son lasaguas superficiales, como lagos, ríos, estanques, formando parte de su flora bacteriana. Desde estos reservorios naturales la bacteria puede colonizar los sistemas de abastecimiento de las ciudades y, a través de la red de distribución de agua, se incorpora a los sistemas de agua sanitaria (fría o caliente) u otros sistemas que requieren agua para su funcionamiento como las torres de refrigeración.

Como instalaciones de riesgo el Real Decreto 865/2003 nos indica:

Instalaciones con mayor probabilidad de proliferación y dispersión de Legionella

  • Torres de refrigeración y condensadores evaporativos.
  • Sistemas de agua caliente sanitaria con acumulador y circuito de retorno.
  • Sistemas de agua climatizada con agitación constante y recirculación a través de chorros de alta velocidad o la inyección de aire (spas, jakuzzis, piscinas, vasos o bañeras terapéuticas, bañeras de hidromasaje, tratamientos con chorros a presión, otras).
  • Centrales humidificadoras industriales.

Instalaciones con menor probabilidad de proliferación y dispersión de Legionella

  • Sistemas de instalación interior de agua fría de consumo humano (tuberías, depósitos, aljibes), cisternas o depósitos móviles y agua caliente sanitaria sin circuito de retorno.
  • Equipos de enfriamiento evaporativo que pulvericen agua, no incluidos en el primer apartado.
  • Humectadores.
  • Fuentes ornamentales.
  • Sistemas de riego por aspersión en el medio urbano.
  • Sistemas de agua contra incendios.
  • Elementos de refrigeración por aerosolización, al aire libre.
  • Otros aparatos que acumulen agua y puedan producir aerosoles.

Quedan excluidas del ámbito de aplicación de este real decreto las instalaciones ubicadas en edificios dedicados al uso exclusivo en vivienda, excepto aquellas que afecten al ambiente exterior de estos edificios. No obstante y ante la aparición de casos de legionelosis, las autoridades sanitarias podrán exigir que se adopten las medidas de control que se consideren adecuadas.

Para la desinfección y de estas instalaciones se suelen usar productos derivados del cloro y del bromo. El caso que nos ocupa, se procede a la cloración de agua potable que es retenida en aljibes o depósitos antes de ser impulsada por grupos de presión hasta los puntos de consumo.

Requisitos técnicos y sanitarios

Se deberá seguir el procedimiento previsto en el artículo 36 del RD 3/2023. Para la potabilización del agua del pozo, se requerirá el informe favorable de la autoridad sanitaria.

Para ello, la entidad pública o privada responsable del proyecto, deberá presentar a la autoridad sanitaria antes del inicio de las obras, a través de medios electrónicos, para el informe sanitario vinculante al menos la información siguiente:

  • Procedencia y destino del agua.
  • Zona de abastecimiento que va a suministrar, población abastecida y volumen de agua tratada por día.
  • Plano de principio y memoria explicativa de la estación para el tratamiento del agua potable y de los procesos unitarios de tratamiento para la potabilización del agua que se tengan previstos.
  • Sustancias activas, mezclas o polímeros que vayan a ser utilizados en el tratamiento y la dosis prevista, así como el material que vaya a estar en contacto con el agua de consumo.
  • Análisis del agua de procedencia.

En este caso en cuanto a las sustancias y medios filtrantes para el tratamiento de potabilización del agua, se han de tomar en consideración, lo previsto en el artículo 43. En el plazo de tres meses desde la presentación de esta documentación, la autoridad sanitaria emitirá un informe vinculante sobre la viabilidad sanitaria del proyecto.

En el caso de la desinfección del agua de pozo se observa que las aguas captadas deberán ser sometidas obligatoriamente a un tratamiento mínimo de desinfección, el cual deberá asegurar la ausencia de microrganismos patógenos y el cumplimiento de los parámetros microbiológicos.

El sistema de desinfección debe funcionar de forma automática y continuada garantizando el tiempo de contacto suficiente en función de tipo de desinfectante y su concentración de acuerdo con la referencias científicas y técnicas, por tanto, toda agua de consumo deberá estar desinfectada y deberá contener desinfectante residual.

Cuando el operador pueda probar que no hay riesgo de contaminación o crecimiento microbiano a lo largo de toda la red de distribución hasta el grifo del usuario, podrá solicitar a la autoridad sanitaria la exención de contener desinfectante residual o la exención de no filtrar el agua, siempre que la turbidez del agua en la entrada del tratamiento, sea menor a 1 UNF en el 100% de las determinaciones en los últimos diez años.

El operador deberá designar al menos a la salida de la estación o en el depósito de cabecera, un punto de muestreo para la toma de muestras.

Mantenimiento del sistema automático

El mantenimiento debe incluir la revisión del tanque de hipoclorito, las conexiones de aspiración, la bomba dosificadora, el interruptor de flujo, el contador, los filtros, las sondas, el caudal de medición y la bomba de recirculación.

La limpieza y calibración de las sondas son especialmente importantes, porque el sistema necesita un caudal constante para que la medición sea fiable. También deben comprobarse los niveles de producto químico y las alarmas de falta de solución.

Este tipo de instalaciones son muy fiables pero delicadas y requieren un mantenimiento continuo para asegurar la integridad de las sondas de medida, filtrado previo y mantener un caudal constante que es fundamental en la medida.

De forma opcional, Hidritec suministra skids de control de cloro y/o pH totalmente montados sobre bastidor de acero inoxidable y planchas de polipropileno termosoldado incluyendo bomba de recirculación, cuadro eléctrico de control, depósito de químicos, bombas dosificadoras y cañas de aspiración con sensor de nivel y alarma por falta de producto químico.

El skid de cloración puede suministrarse con la configuración necesaria según los parámetros de medida, tamaño del depósito, etc. Por otra parte es posible la monitorización remota del sistema mediante un control GSM con descarga de parámetros y cambios en las condiciones de operación y valores de consigna así como el almacenamiento y registro de los parámetros en una tarjeta o lápiz USB.

Cuándo solicitar una evaluación profesional

La instalación de un sistema de cloración no debe tomarse a la ligera. Cada pozo presenta condiciones únicas: caudal, profundidad, ubicación geográfica, uso del agua, etc. Por eso, es clave realizar una evaluación técnica previa.

La elección del sistema también depende de si el agua se almacena en un aljibe, circula directamente hacia los puntos de consumo o se utiliza en una instalación agrícola, alimentaria, residencial o industrial.

Como se ha podido observar, la desinfección y potabilización del agua de pozo, es un trámite complejo que requiere de la asesoría de profesionales que conozcan todos los aspectos tanto legales cómo técnicos para poder ejecutar ese proyecto.

En resumen, un sistema automático correctamente dimensionado combina análisis del agua, filtración cuando sea necesaria, dosificación proporcional o controlada, tiempo de contacto, medición de cloro residual, recirculación en depósitos y mantenimiento periódico.

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