Los manantiales nacen cuando el agua de lluvia o de nieve se infiltra en el terreno, circula por los poros y las fisuras de las rocas y, durante su recorrido subterráneo, encuentra una capa impermeable que le impide seguir descendiendo. Entonces el agua se desplaza hasta alcanzar una salida natural y emerge en la superficie a una cota necesariamente más baja que aquella en la que comenzó la infiltración.
Este proceso forma parte del ciclo hidrológico: el agua se evapora, se condensa en la atmósfera, precipita sobre la Tierra, se infiltra o circula por la superficie y finalmente puede regresar al exterior en forma de manantial, pozo o río. Dependiendo de las precipitaciones, de la geología y de las características del acuífero, el manantial puede ser temporal o mantener un caudal constante.

Qué son las aguas subterráneas
Se trata de aquella agua que se encuentra bajo la superficie terrestre, así como la que ocupa los poros y las fisuras de las rocas más sólidas. El agua subterránea más profunda puede permanecer oculta durante miles o millones de años. Aunque gran parte se encuentra a poca profundidad y desempeña un papel discreto, pero constante, en el ciclo hidrológico.
Se puede encontrar casi en cualquier lugar: debajo de colinas, montañas, llanuras e, incluso, desiertos. Y, como mantiene la temperatura promedio del espacio que ocupa, en el caso del agua subterránea de las regiones polares esta se congela durante gran parte del año. Además son imprescindibles para entender los cambios globales.
Del mito del agua marina al ciclo hidrológico
Desde bien antiguo, el agua de los manantiales ha sido objeto de fascinación y especulación, sometida a muchos mitos e historias, debido, entre otras cosas, a su aparente pureza y cristalinidad. Así, de esta forma, se les relacionaba y consagraba a un dios o una diosa.
En la biblia lo ponía claro: “Todas las aguas van a la mar y la mar nunca se llena, porque allí de donde vinieron tornan de nuevo para volver a correr”. Cualquier teoría que se saliera de la que aparecía en la Biblia no era válida, por lo tanto se creía que un manantial nacía por la filtración del agua de mar en la tierra, y que al evaporarse se destilaba y se libraba de la sal, saliendo a la superficie por lo manantiales.
Los griegos, por ejemplo, creían que esa agua se infiltraba a través del terreno a partir del agua del mar, viajando por fisuras a través del terreno, para terminar por almacenarse en profundas cavernas por debajo de los continentes. Como si de una olla a presión se tratase, el calor interno de la Tierra la evaporaría, haciendo que se perdiera su contenido en sales; a partir de entonces, el agua evaporada se infiltraría de nuevo a través de la porosidad del suelo, muy poco a poco, hasta llegar a condensar como agua dulce cerca de la superficie.
De esta forma se alimentarían a los pozos y a los acuíferos. Los manantiales, para los griegos, serían una manifestación de este enfriamiento del agua. Creencias del mismo tipo se mantuvieron intactas y perennes hasta bien entrado el s. XVII, pasando por todo el oscurantismo de la Edad Media. La influencia de La Biblia en nuestra sociedad mantuvo a raya cualquier otro tipo de idea al respecto.
Pero en 1670, Pierre Perrault, cobrador de finanzas en el Ayuntamiento de París, comprobó que la cantidad de agua evacuada por el río Sena durante tres años, era muchísimo menor a lo que habían descargado las lluvias en la cuenca del río durante ese mismo periodo de tiempo.
A partir de esta observación y de los trabajos de otros estudios, se formuló un concepto científico a escala global: el ciclo hidrológico. Fue entonces cuando se introdujo el concepto científico del ciclo hidrológico, que tiene un alcance global y planetario, y es la base para el entendimiento del comportamiento del agua en nuestro planeta.
Cómo funciona el ciclo hidrológico
El ciclo hidrológico es el proceso mediante el cual el agua se mueve continuamente entre la atmósfera, la superficie terrestre y el subsuelo. Es un proceso continuo en el que una molécula de agua describe un ciclo cerrado pasando por varios estados de agregación de la materia diferentes.
En el ciclo hidrológico, el agua de la superficie de la Tierra se evapora y vuelve a la atmósfera, donde se condensa y luego cae en forma de lluvia otra vez a la Tierra. Este término se define, grosso modo, como el proceso por el cual las masas de agua cambian de estado y posición relativa en el planeta.
Etapas principales del ciclo del agua
- Evaporación: El calor del sol convierte el agua de los océanos, ríos y lagos en vapor de agua.
- Condensación: El vapor se enfría en la atmósfera y forma nubes.
- Precipitación: El agua vuelve a la superficie en forma de lluvia, nieve o granizo.
- Infiltración y filtración: Parte del agua se filtra a través del suelo, donde se purifica y enriquece con minerales.
- Escorrentía y transporte: Otra parte del agua se desplaza por la superficie del terreno y alimenta ríos, lagos y océanos.
- Manantiales: El agua subterránea emerge en fuentes naturales o regresa a los ríos y océanos, completando el ciclo.
Cada vez que llueve, una parte del agua acaba deslizándose en la superficie del terreno, pero otra parte de lluvia se filtra por el terreno, y da comienzo a un viaje subterráneo, hasta que en unos meses, años e incluso siglos, vuelve a la superficie en forma de manantiales, pozos o ríos.
Cómo se infiltra el agua en el terreno
Gran parte de esta tiene su origen como agua meteórica que cae en forma de lluvia o de nieve. El agua que no se pierde por la evaporación o la transpiración de las plantas se infiltra en el terreno, y así es cómo da lugar a las aguas subterráneas.
La porosidad y estructura del suelo determina el tipo de acuífero y la circulación de estas. El Agua Mineral es un producto que nace de la propia Naturaleza. Es el resultado de un proceso natural que comienza cuando el agua de lluvia o de nieve se va filtrando lentamente en las rocas de una montaña.
Aquí empieza un largo viaje subterráneo en el que el agua va adquiriendo los minerales, que le aportarán su singularidad y carácter único, para llegar finalmente a un acuífero situado en la profundidad de la tierra. Durante su viaje subterráneo, el agua atraviesa diferentes capas geológicas que actúan como filtros naturales.
Capas que atraviesa el agua
- Capa vegetal y humus: Atrapa partículas y microorganismos.
- Capas de arena y grava: Actúan como filtros físicos, eliminando sedimentos y metales pesados.
- Rocas porosas: Proporcionan una filtración adicional y aportan minerales esenciales.
Cuando el agua de lluvia se infiltra en el suelo, atraviesa múltiples capas de materiales naturales que eliminan impurezas y enriquecen su composición. Su composición es el resultado de un lento equilibrio entre el agua de lluvia filtrada y los minerales que conforman las rocas.
Por tanto, la temperatura, el tiempo de permanencia y la profundidad del acuífero, completarán la personalidad inimitable de las aguas minerales naturales. Dependiendo de la geología del terreno, el agua puede tardar décadas o incluso siglos en completar su filtración subterránea antes de emerger en un manantial.
El papel de la porosidad y la impermeabilidad
La filtración se produce en una cota determinada, y el agua “emergida” nace en otra cota de altitud diferente, necesariamente más baja. Por lo general, el agua de un manantial aparece debido a que en un nivel subterráneo esa agua se ha topado con una capa impermeable, imposibilitando que se siga infiltrando hacia cotas más bajas.
De esta forma se ve obligada a salir a superficie. Este fenómeno se conoce también como nivel freático. Dentro de las aguas freáticas se encuentran los acuíferos, que son terrenos rocosos permeables dispuestos bajo la superficie. Ahí se acumula y circula el agua subterránea.

Además, a nivel esencialmente geológico, la naturaleza del terreno es de enorme importancia, ya que suelos más arenosos, al ser menos impermeables, dan aguas menos contaminadas ya que dejan pasar el agua con menos facilidad; al contrario, suelos más arcillosos, con una impermeabilidad alta, dan aguas mucho más contaminadas debido a que las retienen más.
También es corriente que no se tenga un total conocimiento geológico sobre estas características asociadas al manantial, ni siquiera por la comunidad científica.
Tipos de aguas subterráneas
Según su origen
- De infiltración: como resultado de la penetración en la profundidad de las aguas meteóricas.
- De condensación: se encuentran en zonas climáticas como los desiertos, y surgen de la condensación del agua procedente de la niebla nocturna.
- Fósiles o congénitas: están en cuencas marinas, lacustres y fluviales. El agua se ha conservado en los sedimentos después de la transformación de estos en roca.
- Juveniles: son las aguas de muchos manantiales situados en regiones de actividad volcánicas actual o reciente de las montañas jóvenes.
Según el lugar donde se encuentran
- Aguas suspendidas: son las subterráneas que yacen a escasa profundidad bajo la superficie de la tierra, en la zona de aeración.
- Aguas freáticas: las más extendidas; descansan sobre la primera capa impermeable más o menos continua.
- Aguas confinadas: se encuentran entre dos capas impermeables continuas.
- Aguas artesianas: se encuentran en los pliegues sinclinales y monoclinales de las capas de rocas.
Cómo aparece un manantial por filtración
En efecto, y tal como pensaban los antiguos griegos, el agua de los manantiales provendría de una filtración previa, pero no tendría el origen que éstos suponían por aquel entonces, es decir, no vendría de los mares tal como se pronunciaba en el libro del Eclesiastés: “Todas las aguas van a la mar y la mar nunca se llena, porque allí de donde vinieron tornan de nuevo para volver a correr”, sino que provendría directamente del agua aportada por la nieve o la lluvia, después de haber precipitado dentro de una de las etapas descritas del ciclo hidrológico.
El agua se introduce en el terreno por infiltración y desciende gracias a la gravedad. En su recorrido, ocupa los huecos de los materiales permeables, circula por fisuras y puede acumularse sobre una capa que no permite el paso del agua.
Cuando el flujo subterráneo encuentra una pendiente, una fractura, un contacto entre materiales con distinta permeabilidad o una salida natural del terreno, el agua puede emerger. Así se origina el nacimiento de agua que se denomina manantial.
El agua del manantial puede ser permanente o temporal, dependiendo de las características del aporte de agua en cuestión y del terreno. Los manantiales pueden ser de filtración (que se secan en los periodos de pocas precipitaciones), o de caudal constante (que siempre tienen agua, proporcionando suministro de agua local) como es el caso de nuestro manantial Fuente en Segures.
Manantiales termales
Las aguas termales tendrían un origen similar, pero éstas vendrían asociadas al contacto de, por ejemplo, rocas ígneas. De hecho, las aguas termales se caracterizarían como un tipo de manantial.
Importancia de las aguas subterráneas
Las aguas subterráneas representan, a nivel global, unas veinte veces más que el total de las aguas de superficie. Un dato que apunta hacia su importancia como reserva y recurso de agua dulce.
- Su efecto como gran reserva de agua respecto al flujo anual es esencial para mantener el caudal de muchos ríos y la humedad del suelo.
- Son la mayor reserva de agua potable en las regiones habitadas por los seres humanos.
- Pueden aparecer en la superficie en forma de manantiales o extraerse mediante pozos.
- En tiempos de sequía, mantienen el flujo de agua superficial.
- Aunque no exentas del peligro de la contaminación, tienden a tener menos residuos y microorganismos, por lo que es preferible el agua subterránea para uso humano.
¿El agua de un manantial se puede beber?
La mayoría de la población siempre han considerado a los manantiales aptos para este consumo debido a su aparente potabilidad y transparencia. Lo realmente cierto es que el agua que se encuentra en la naturaleza es a menudo muy impura, en mayor o menor grado, ya que es posible que lleve consigo materia orgánica, gases o microorganismos que ha recogido a través de todas las filtraciones por las que ha pasado en su camino antes de salir a superficie.
El proceso por el cual se garantiza que un agua natural es potable es largo y tedioso, pero el control y análisis de la potabilidad y calidad es muy importante y necesario si se entiende que el agua es un factor clave a la hora de la transmisión de algunas enfermedades por contaminación microbiológica producida por patógenos intestinales.
La legislación asociada a las fuentes naturales y a los manantiales obliga a aplicar medidas periódicas sobre aquellas fuentes que se consideran públicas, realizando los análisis de agua en laboratorio (tanto análisis químicos como análisis microbiológicos), pero en aquellos lugares alejados de los municipios y las urbes las medidas sanitarias son escasas o nulas, siendo desconocido para la mayoría de la población.
Por todo esto, antes de consumir agua en una de tus excursiones o salidas al campo en unos de esos lugares considerados puros, asegúrate de que sabes de dónde estás bebiendo y, en suma, de que esa agua ha sido sometida a los controles y análisis químicos y microbiológicos correspondientes en un laboratorio acreditado.
Cómo se contamina el agua de un manantial
La contaminación de las aguas de un manantial se produce en distintas fases, que son el abastecimiento, la captación y la conducción (en todas las etapas de producción hay que realizar los correspondientes análisis del agua). Son varios los factores que pueden entrar en juego.
- Contacto con excrementos de animales y/o humanos.
- Contacto con animales vivos o con aguas residuales.
- Escorrentías asociadas.
- Empleo de material inadecuado en la construcción.
- Ganadería o agricultura próximas.
- Filtraciones varias a través del suelo.
- Maleza circundante.
- Vertederos próximos.
- Sustancias tóxicas naturales o procedentes de vertidos de la agricultura o industria.
- Mal mantenimiento de arquetas rurales y/o urbanas.
Todo ello provoca contaminación microbiológica y química del agua. Lo cierto es que las autoridades sanitarias deberían elaborar más planes de control y análisis de aguas sobre aquellos núcleos de población más reducidos y que puedan estar relacionados con un menor control químico y microbiológico de estas aguas.

La protección de los acuíferos y el uso responsable del agua son esenciales para mantener estos recursos naturales. Evitar la contaminación de ríos y acuíferos con residuos y productos químicos forma parte de la conservación de los ecosistemas hídricos.
< h2>Relación entre filtración y composición del aguaUna vez en el subsuelo, este agua pura y enriquecida con sus minerales característicos, permanecerá protegida de cualquier contaminación. Durante la filtración, el agua recoge minerales como calcio, magnesio y bicarbonatos, que favorecen la hidratación y el equilibrio del organismo.
La composición final depende del tipo de roca, de la porosidad del terreno, de la profundidad del acuífero y del tiempo que el agua permanece bajo tierra. Por eso cada manantial presenta características propias.
El modelo global del ciclo hidrológico explica el origen y la formación de los manantiales y es clave para determinar, posteriormente, la viabilidad de esas aguas para ciertos consumos y usos.
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