Para convertir agua de pozo, manantial, lluvia, río, acequia o cisterna en agua potable es necesario analizarla, eliminar la turbidez y aplicar un tratamiento de desinfección adecuado para los contaminantes presentes. El agua debe estar libre de microorganismos como bacterias, virus o parásitos y de productos químicos a niveles que podrían suponer un riesgo para tu salud.
La filtración por sí sola no siempre potabiliza el agua: los filtros pueden retirar sedimentos, bacterias y parásitos, pero no necesariamente eliminan todos los virus, sales, metales o sustancias químicas. Para conseguir agua segura hay que elegir el tratamiento según el resultado de una analítica y comprobar posteriormente la calidad tanto en el punto de captación como en el grifo.
Qué significa potabilizar y depurar el agua
Cuando hablamos de potabilizar el agua, nos referimos a un proceso por el que se trata este líquido. De esta manera, pasa de no ser apta para su consumo a serlo, sin suponer ningún riesgo para la salud de las personas.
Para que llegue agua potable de calidad a nuestros grifos ésta pasa por un importante proceso conocido como filtrado del agua. Este proceso elimina los sólidos y agentes contaminantes (virus, parásitos y bacterias) que tiene el agua en su origen para que podamos consumirla sin riesgo de enfermar.
Por lo tanto, el agua purificada tiene propiedades buenas para la salud en la medida en que no contiene patógenos ni sustancias nocivas. La respuesta es sencilla: no lo hace. De hecho, lo que ocurre es que el líquido se purifica para proteger a nuestro cuerpo de enfermedades derivadas de la polución del agua de consumo.
Por qué el agua transparente no siempre es segura
Un pozo bien ubicado, bien construido y protegido de la contaminación exterior, puede ser una fuente de agua potable durante muchos años. No obstante, al contrario de lo que sucede con la red de abastecimiento de agua en grandes municipios y ciudades, con demasiada frecuencia apenas existe regulación, ni reglas relativas a la calidad de los suministros privados de agua.
Con un análisis previo se pueden evitar posibles contaminantes indeseados, principalmente virus patógenos y bacterias que pueden estar presentes en cada vaso de agua. Los contaminantes microbiológicos o parásitos en el agua de pozos o manantiales como, por ejemplo, la Giardia, la E. coli o el Cryptosporidium, no alteran el olor, sabor, ni el aspecto del agua, son invisibles a simple vista.
Debemos ser cautos, ya que el agua, aunque sea clara, no siempre es sinónimo de agua segura. En la mayoría de ocasiones, es muy fácil distinguir el agua potable del agua contaminada y es que, si por ejemplo, hablamos de aguas estancadas o de aguas turbias y sucias, no hay ninguna duda.
Qué contaminantes puede contener el agua
Las fuentes de contaminación en un pozo pueden ser de origen natural, agrícola, industrial y urbano o residencial. El agua de un pozo se puede contaminar tanto por encima como también por debajo de la superficie.
Episodios como inundaciones, aguas pluviales de tormentas o escorrentía, sobre todo en primavera, pueden llegar a contaminar incluso a los pozos de agua más modernos, bien construidos y mejor diseñados e infiltrar aguas superficiales en el acuífero de debajo dando lugar a bacterias, virus, parásitos, metales, nitratos y otros químicos en el agua.
Contaminación microbiológica
El agua de tu pozo debe estar libre de microorganismos como bacterias, virus o parásitos que pueden causar enfermedades y de productos químicos a niveles que podrían suponer un riesgo para tu salud.
Entre los microorganismos que pueden contaminar el agua se encuentran las bacterias coliformes, Escherichia coli, Salmonella, Vibrio cholerae, Giardia y Cryptosporidium. Entre otras, las enfermedades que puede provocar beber agua no potable son la anemia, la polio o la disentería.
Los patógenos que contaminan el agua pueden ser:
- Virus: son los microorganismos más pequeños.
- Bacterias: son más grandes que los virus, pero más pequeñas que los parásitos.
- Parásitos: son los microorganismos de mayor tamaño.
Las bacterias tienen un tamaño entre 0’2 y 5 micrones. Causan cólera, tifus, etc. Escherichia coli, Salmonella, etc. Son eliminadas por los purificadores físicos.
Los parásitos tienen un tamaño entre 1 y 15 micrones. Amebas, Protozoos como Giardia, Gusanos. También son eliminados por los purificadores físicos.
Giardia y Cryptosporidium
La Giardia y el Cryptosporidium se encuentran habitualmente presentes en fuentes de agua superficial, sobre todo en entornos rurales. Estos parásitos intestinales pueden encontrarse cuando existe contaminación fecal o filtración de aguas superficiales dentro del pozo o acuífero.
Ambos parásitos se adhieren al intestino de humanos y animales y se transmiten a través de las heces. Es importante saber que estos organismos son altamente resistentes al cloro y a otros muchos desinfectantes que se usan para matar bacterias y virus en el agua potable.
Por lo que se recomienda, con el fin de su total eliminación, un tratamiento ultravioleta (UV-C) para potabilizar el agua del pozo. Si has tenido problemas con alguno de estos parásitos, recuerda que debes analizar periódicamente el agua de tu pozo al menos una vez al año después de la desinfección para asegurarte de que el problema no se repite.
Contaminantes químicos
Las inundaciones, las aguas pluviales y la escorrentía pueden introducir metales, nitratos y otros químicos en el agua. El agua de riego es agua no tratada que proviene de acequias o canales agrícolas.
Principales problemas con el agua de riego:
- Bacterias como E.coli y coliformes.
- Suciedad.
- Dureza (cal).
- Contaminantes orgánicos y pesticidas.
Sin embargo, al hervir o desinfectar el agua, no se eliminan otros contaminantes, como los metales pesados, las sales y la mayoría de otras sustancias químicas.
Por qué hay que analizar el agua antes de tratarla
Utilizar agua potable de un pozo privado, ya sea para beber, preparar alimentos o hacer hielo, puede ser el origen de enfermedades para ti, la familia y tus mascotas. Los bebés, los niños, las mujeres embarazadas, personas mayores o personas con problemas de salud tienen mayor riesgo de sufrir efectos sobre su salud por consumir agua de pozo contaminada.
Por tu propia tranquilidad y a efectos de responsabilidad, es importante analizar el agua del pozo y conocer la calidad organoléptica, físico-química y microbiológica para confirmar cualquier problema y así adoptar las medidas necesarias para protegerte a ti mismo y a tu familia. No te puedes enfrentar con un problema que ni siquiera sabes que existe.
Si, lo primero es realizar una analítica para saber exactamente que contiene el agua. De esta manera sabremos que sistema de tratamiento es necesario.
Estos parámetros de control a analizar darán como resultado si el agua es apta para el consumo humano según el Real Decreto 3/2023 que establece los criterios sanitarios de calidad del agua de consumo público.
Parámetros que conviene controlar
Los parámetros de control a tener en cuenta para analizar la potabilidad del agua de pozo suelen ser los siguientes:
- Alcalinidad.
- Dureza.
- Nitrato.
- Nitrito.
- pH.
- Amonio.
- Arsénico.
- Calcio.
- Cobre.
- Hierro.
- Plomo.
- Sodio.
- Bacterias coliformes.
- Escherichia coli.
- Compuestos orgánicos volátiles.
- Pesticidas y herbicidas.
Otros parámetros a controlar en el grifo del consumidor, como el cobre, plomo, níquel o el hierro, se pueden añadir si se sospecha que la instalación interior de la vivienda (tuberías u otros elementos) tiene instalado este tipo de material.
Frecuencia de los análisis
El agua de pozo privado debe analizarse como mínimo una vez al año para buscar la presencia de bacterias coliformes. Los suministros de agua potable obtenidos de pozos poco profundos y fuentes de agua superficial se aconsejan analizar con mayor frecuencia (es decir, estacionalmente), ya que son más susceptibles a la contaminación.
Para otros parámetros como los compuestos inorgánicos (alcalinidad, dureza, nitrato, nitrito, pH, amonio, arsénico, calcio, cobre, hierro, plomo, sodio, etc.) se recomienda un análisis cada 2 o 3 años. Para compuestos orgánicos volátiles, así como también pruebas de pesticidas y herbicidas, está indicado hacerlo cada 5 años.
Además de analizar el agua de tu pozo, también es importante analizar el agua de tu grifo. La prueba de ambos te ayudará a determinar si necesitas un tratamiento de agua para potabilizar agua de pozo, si tu sistema de tratamiento, en caso de tenerlo, está funcionando correctamente y si la calidad del agua de tu acuífero ha cambiado.
Cómo interpretar un análisis microbiológico
Si hemos solicitado y tenemos en nuestro poder la analítica del agua, puede que los resultados nos sean algo confusos pero no difíciles de interpretar. Su interpretación puede variar en función del laboratorio elegido.
En cuanto al análisis de tipo microbiológico, se busca si el agua tiene o no contaminación de origen fecal. El resultado de la medición más relevante es el recuento de bacterias coliformes totales (CT).
Si el resultado del recuento es positivo, será necesario analizar el agua para detectar otras bacterias específicas. Los coliformes totales forman un grupo heterogéneo de bacterias de origen fecal y ambiental.
De hecho, la mayoría de las especies proliferan de manera natural en el suelo y en la vegetación en estado de descomposición. Su presencia en el agua generalmente no indica contaminación fecal o un riesgo para la salud, sino más bien un deterioro de la calidad bacteriana del agua.
Este deterioro puede atribuirse, entre otras cosas, a la infiltración de agua superficial en el pozo, o al crecimiento gradual de una capa de bacterias en las paredes, llamada biopelícula.
El análisis de coliformes totales permite obtener información sobre la vulnerabilidad potencial de un pozo por la contaminación de la superficie. Recuerda que debes hacer esta prueba en el agua de tu pozo todos los años.
Qué hacer si el análisis da positivo
Si los resultados del análisis de agua te indican presencia de bacterias, lo primero que tienes que hacer es una cloración de choque o desinfección para eliminar la contaminación bacteriana del pozo.
Este tratamiento ayuda a controlar bacterias durante un período de tiempo, entre las que se incluyen los coliformes, Escherichia coli y bacterias fecales. La cloración de choque para desinfectar el pozo se basa en combinar suficientes químicos a base de cloro con agua de pozo para formar una solución que contenga 200 miligramos por litro de cloro libre a lo largo de toda la red de distribución de agua (pozo, bomba, tubería de distribución, etc.).
Si lo vas a hacer por tu cuenta, hay que tener presente que el cloro es altamente corrosivo y se tiene que utilizar con sumo cuidado. Deja que el cloro actúe en el pozo entre 12 y 24 horas y después purga el agua para vaciar por completo la instalación.
¡El agua con abundante cloro no es segura para su consumo! Si la contaminación bacteriana continúa, lo mejor es ponerse en contacto con un profesional para encontrar la fuente de contaminación o utilizar algún tratamiento de desinfección como la luz ultravioleta para radicar de manera efectiva las bacterias dañinas.
Por qué una desinfección puntual puede no ser suficiente
Si al final se hizo una cloración de choque en el pozo, solicitaste más pruebas en el laboratorio y el agua dio como resultado «apta para el consumo humano», puedes pensar que ya no existen riesgos y por ello no preocuparte de nuevo. ¡PIÉNSALO UNA VEZ MÁS!
Si tu pozo privado ha estado contaminado una vez, ¿por qué no puede contaminarse de nuevo? La calidad del agua no es siempre estática y puede cambiar de un día para otro y de una estación a otra.
A menos que quieras limitarte a la compra de agua embotellada para tu consumo, la cual puede ser costosa y generar residuos, puede que quieras tomar en consideración la desinfección continua y no temporal de tu suministro de agua.
Cómo proteger un pozo frente a la contaminación
En estos casos es el propietario del pozo el responsable de asegurar el mantenimiento y la calidad del agua desde el punto de abastecimiento hasta el grifo. Un profesional, dentro del sector, puede llevar a cabo un diagnóstico completo y ayudarte a potabilizar el agua de pozo o manantial para que esté en condiciones óptimas de explotación y reducir posibles amenazas de contaminación bacteriana en tu agua potable.
En caso de que seas propietario de un pozo antiguo, puedes tener altas posibilidades de que esté contaminado por aguas superficiales. Tu pozo, posiblemente, fue construido para obedecer a trámites o exigencias mucho menos restrictivas que en la actualidad, y es probable que no incorporase elementos de mayor protección.
Por ejemplo, la cubierta o tapa sanitaria del pozo, unos sellados de resina adecuados que eviten que el agua superficial y otros contaminantes como fertilizantes, pesticidas y bacterias ingresen al pozo o también un revestimiento o entubación que sobresalga por encima de la superficie.
Y lo peor es que, cuanto más tiempo pase, mayor peligro habrá de un posible deterioro estructural. Un pozo abandonado es un conducto directo desde la superficie hasta el acuífero de abajo.
Los contaminantes que ingresan al pozo se introducen en el acuífero sin posibilidad de filtración natural a través de suelos o materiales geológicos. Estos pozos abandonados de forma impropia pueden convertirse en posibles vías de entrada de contaminación del agua subterránea y poner en riesgo a otros pozos en el acuífero e incluso poner en contacto dos acuíferos con diferentes calidades químicas.
Fosas sépticas y conexiones cruzadas
Muchas viviendas, abastecidas por un suministro de agua privado, también dependen de un sistema propio de saneamiento de aguas residuales domésticas (fosa séptica o depósito de acumulación).
Hay que ser consciente de la importancia que tiene el mantenimiento y el control de la fosa séptica y vigilar que no se atasquen los desagües de drenaje. Estos sistemas sépticos, utilizados de forma inadecuada o mal acondicionados y conservados, pueden llegar a ser un foco de infección y un peligro para la salud humana.
También, en este sentido, existe el peligro de producirse «conexiones cruzadas» entre la red de distribución de agua potable y el sistema séptico o de aguas residuales.
Asegúrate de que tu fosa séptica se revise con cierta periodicidad, por lo menos 1 vez al año, y que se mantenga en buenas condiciones para reducir o evitar posibles problemas en cuanto a contaminación se refiere.
El acuífero también puede ser una fuente de riesgo
Aunque pienses que tu pozo se encuentra en buen estado y el agua subterránea del acuífero que lo abastece no está contaminada, pueden existir diversas fuentes de contaminación como, por ejemplo, otros pozos contaminados o sistemas sépticos dentro del mismo acuífero en donde esas condiciones de salubridad no existen.
De hecho, puede haber acuíferos conectados por medio de grietas y fisuras en las cuales el agua se abre camino a lo largo del lecho rocoso llevando los contaminantes con ella.
Con lo cual, los pozos colindantes, así como sistemas sépticos cercanos, también constituyen una amenaza para tu agua potable. Considerando que estas posibles situaciones son difíciles de controlar, la mejor alternativa es utilizar algún tipo de tratamiento de agua de pozo para consumo humano y conseguir que el agua, antes de que llegue a tu hogar, sea potable, segura y libre de contaminantes.
Filtración previa: el primer paso cuando el agua está turbia
Si el agua está turbia es conveniente filtrarla previamente al tratamiento de potabilización. Esto podemos hacerlo con un filtro de café, un pañuelo o una camiseta.
La desinfección no actúa bien cuando el agua está turbia o tiene color. Si observa turbidez, deje que se asiente. Luego, filtre el agua haciéndola pasar por un paño limpio, servilleta de papel o filtro de café.
Guarde el agua asentada y filtrada en recipientes limpios y con tapa. Si el aspecto del agua es turbio, permita que se asiente y fíltrela haciéndola pasar por un paño limpio, servilleta de papel o filtro de café.
Métodos para convertir el agua en potable
Hervir el agua
Una de las formas más simples de eliminar microorganismos es hirviendo el agua. Hervirla será suficiente para eliminar bacterias patógenas, virus y protozoos (OMS, 2015).
Permita que el agua alcance un hervor constante durante por no menos de un minuto. En lugares que estén a una altitud superior a los 5000 pies (1000 metros), hierva el agua durante tres minutos.
Deje enfriar en forma natural y guárdela en recipientes limpios y con tapa. Colocá 2 gotas de lavandina por litro y dejarla reposar 30 minutos (debe ser lavandina común, concentrada de 60 gr/litro). O hervirla durante 3 minutos y dejarla enfriar tapada. No volver a hervir.
Lo malo de este método es que requiere de más tiempo, más equipo, consumo de gas y unas condiciones meteorológicas que faciliten el proceso. Además, tendrás que esperar a que se enfríe para poder beberla y a veces la situación puede requerir urgencia.
Sigue siendo un buen sistema para campamento, etc. En una situación de emergencia, en que el servicio de agua habitual está interrumpido (por ejemplo, ante un huracán, una inundación o la rotura de una tubería de agua), es posible que las autoridades locales recomienden consumir solo agua envasada, hervida o desinfectada hasta que se restablezca el servicio de agua habitual.
Desinfección con lejía de uso doméstico
Desinfecte el agua con lejía de uso doméstico si no puede hervir agua. Solo use productos a base de lejía de cloro sin olor que sean aptos para desinfección e higiene, según se indica en la etiqueta.
La etiqueta debería indicar que contiene 6 u 8,25 % de hipoclorito de sodio. No use lejía con aroma, para ropa de color ni con limpiadores agregados.
Busque un gotero limpio del gabinete de medicamentos o del equipo de insumos de emergencia. Busque la lejía líquida que haya estado guardada a temperatura ambiente durante menos de un año.
Mezcle y deje reposar durante 30 minutos. El agua debería tener un olor suave a cloro. De lo contrario, repita la dosis y deje en reposo durante otros 15 minutos antes de usar.
| Volumen de agua | Cantidad de lejía de 6% | Cantidad de lejía de 8.25% |
|---|---|---|
| 1 cuarto/litro | 2 gotas | 2 gotas |
| 1 galón | 8 gotas | 6 gotas |
| 2 galones | 16 gotas (1/4 de cucharaditas) | 12 gotas (1/8 de cucharaditas) |
| 4 galones | 1/3 de cucharadita | 1/4 de cucharadita |
| 8 galones | 2/3 de cucharadita | 1/2 de cucharadita |
Duplique la cantidad de lejía si el agua está turbia, tiene algún color o está muy fría. En caso de que el sabor a cloro sea demasiado intenso, vierta el agua de un recipiente limpio a otro y deje reposar durante algunas horas antes de usarla.
El agua segura es aquella que por su condición y tratamiento no contiene gérmenes ni sustancias tóxicas que puedan afectar la salud de las personas.
Hipoclorito de calcio granulado
El primer paso es preparar una solución de cloro que usará para desinfectar el agua. Por su seguridad, hágalo en un área ventilada y use protección para los ojos.
Agregue una cucharadita colmada (aproximadamente ¼ de onza) de hipoclorito de calcio (HTH) granulado de alta resistencia a dos galones de agua y mezcle hasta que las partículas se haya disuelto.
De la mezcla se obtendrá una solución de aproximadamente 500 miligramos por litro. Para desinfectar el agua, agregue una parte de solución de cloro por cada 100 partes de agua que está en tratamiento.
PRECAUCIÓN: El HTH es un oxidante muy potente. Siga las instrucciones de la etiqueta sobre la manipulación y el almacenamiento seguros de esta sustancia química.
Yodo
Agregue cinco gotas de tintura de yodo al 2 % por cada cuarto de galón o litro de agua que desinfectará. Si el agua está turbia o tiene color, agregue 10 gotas de yodo.
Mezcle y deje que el agua repose durante al menos 30 minutos antes de usarla.
Tabletas potabilizadoras
Puede desinfectar agua con tabletas que contienen cloro, yodo, dióxido de cloro u otros agentes desinfectantes. Estas tabletas están disponibles en forma electrónica o en farmacias y en tiendas de artículos deportivos.
Siga las instrucciones que aparecen en la etiqueta, ya que cada producto puede tener diferente potencia. Las pastillas tienen la ventaja de ocupar poco espacio y ser bastante seguras y baratas.
Las tabletas de cloro pueden ser efectivas contra contaminantes biológicos (bacterias, protozoos y virus), pero el tiempo de actuación depende del producto, la temperatura y la cantidad de agua.
Se recomienda que el agua esté limpia. En caso de agua turbia, su efectividad disminuye, por lo que puede ser buena idea filtrar o decantar de alguna manera el agua.
Filtros mecánicos
Estos filtros purifican el agua de manera mecánica, no química. Se componen de una serie de membranas que eliminan el 99,9% de bacterias y parásitos.
Son filtros y membranas de 0’1 a 0’2 micrones de diámetro de poro, que eliminan el 99.9% de bacterias y parásitos, además de los virus de tamaño mayor al del filtro, que son la mayoría.
Los hay tipo “pajita” para beber directamente del agua, otros tipo “bomba”, más adecuados para llenar nuestras botellas, y de tipo “bidón” que no son más que botellas que incorporan el filtro en la boquilla.
Los filtros tradicionales sirven para abastecer rápidamente a 1 o más personas, según tamaño. Los más grandes son grupales, y son más completos que los sistemas de bidón: muchos de ellos son Duales, y no sólo filtran, sino que eliminan la turbidez del agua, el mal sabor y olor del agua, etc.
Su principal limitación es que un filtro físico no elimina necesariamente todos los virus ni los contaminantes químicos disueltos. Cada sistema indica a partir de qué diámetro filtra, y podemos cotejarlo con el tamaño de los más comunes.
Luz ultravioleta UV-C
Un sistema altamente efectivo que ha revolucionado el mundo de la potabilización, de la marca Steripen. Un pequeño aparato de apenas 140 gramos que con luz ultravioleta elimina de forma no química el 99.9 por ciento de bacterias, parásitos y virus, y que avisa con una luz LED cuando el agua está lista para beber.
La luz ultravioleta es especialmente importante cuando pueden estar presentes Giardia y Cryptosporidium, porque ambos parásitos son altamente resistentes al cloro y a otros muchos desinfectantes que se usan para matar bacterias y virus en el agua potable.
Podremos beber el agua, pero si la cargamos directamente, no filtrará los residuos que floten en ella. Purifica, según modelo, de 1 litro a 4 litros cada vez.
Para solucionar el problema del filtrado existe un prefiltro con adaptador que elimina totalmente los sedimentos. Se acopla perfectamente a los bidones de boca ancha de 1 litro del tipo Nalgene, y nos permite cargar el agua eliminando cualquier sedimento.
El tercer inconveniente es el uso de batería. Algunos modelos permiten pilas AA recargables, otros cargan por USB con batería interna.
Carbón activado
En forma granular, el carbón activado contribuye a absorber compuestos orgánicos que pueden producir olor, sabor o color al agua.
Los diminutos desechos sólidos se adhieren al carbón. Este método puede ser implementado antes o después del filtrado del agua.
Por lo general, este filtrado es utilizado para depurar agua proveniente del subsuelo. También sirve para refinar aguas tratadas, y además funciona bien para purificar el agua en la etapa final del tratamiento de agua potable.
Medios granulares
La arena es uno de los principales medios granulares para purificar el agua. Además de la arena, otros filtrantes para tratar el agua a mediana y gran escala son las gravas, arenas sílicas, resinas de intercambio iónico, calcite o corosex.
La función de estos medios granulares es disgregar sólidos suspendidos en el agua, que luego se acumulan en el material arenoso y quedan aislados como residuos. El resultado es un agua mucho más limpia.
Ósmosis inversa
En el 90% de los casos con el filtro Trio-UV de Cintropur y una osmosis inversa bajo fregadero el agua se potabiliza, pero hay que tener analítica para asegurarnos al 100% ya que esta nuestra salud en juego.
La ósmosis inversa bajo fregadero puede incorporarse cuando el análisis indica que es necesario reducir determinados contaminantes disueltos que no se eliminan mediante la filtración convencional o la desinfección.
Destilación
El agua de mar se puede someter a un proceso de destilación casero, utilizando plásticos y, una vez desalada, desinfectarla.
Extraída directamente del mar puede estar repleta de contaminantes. Para evitar ambos problemas, el agua de mar se puede someter a un proceso de destilación casero, utilizando plásticos y, una vez desalada, desinfectarla.
Desinfección solar SODIS
Potabilizando agua con la luz solar: el método SODIS. Por último, vamos a ver un sistema que, si bien es de difícil uso en la naturaleza y en situaciones de movilidad, pensamos que es bueno conocer y difundir.
En el año 1984, el Profesor Aftim Acra, de la Universidad Americana de Beirut, descubrió las propiedades de desinfección de agua que tenía la radiación solar.
Cómo elegir el tratamiento según el lugar de instalación
Antes de nada, hay que aclarar que existen dos localizaciones para la instalación de los sistemas de tratamiento de agua que proponemos. Elegir cuál de los dos sistemas poner va a depender de tus necesidades.
- Punto de entrada (POE): el tratamiento se instala antes de que el agua se distribuya por la vivienda.
- Punto de uso (POU): el tratamiento se coloca en un grifo o lugar concreto de consumo.
El tratamiento en el punto de entrada permite actuar sobre el agua que llega a toda la casa. El tratamiento en el punto de uso concentra la depuración en el agua destinada a beber, cocinar o preparar alimentos.
Tratamiento completo para agua de pozo, lluvia o acequia
Para filtrar el agua de riego y poder usarla en casa de forma segura necesitamos analizarla, y en base a eso, instalar un filtro para eliminar, como mínimo, las bacterias del agua, y así poder usarla de manera segura para ducharnos, lavarnos los dientes y cocinar.
Un sistema completo puede combinar varias etapas:
- Filtro de sedimentos: elimina la suciedad del agua.
- Carbón activo: mejora el sabor y olor y elimina contaminantes orgánicos y pesticidas.
- Lámpara ultravioleta: elimina las bacterias, virus y microorganismos.
Si la dureza total (cal) supera los 30ºF se debe instalar un filtro descalcificador previo para proteger la lámpara ultravioleta y para evitar la cal en electrodomésticos y griferías.
Si el agua viene con mucha suciedad, se recomienda instalar un filtro de sedimentos antes del filtro ultravioleta para que la primera etapa del filtro trio no se tapone rápidamente y tengamos que hacer el mantenimiento muy a menudo.
Cómo tratar agua en una emergencia
SOLO USE AGUA QUE HAYA SIDO DESINFECTADA EN FORMA ADECUADA PARA BEBER, COCINAR, ELABORAR CUALQUIER BEBIDA PREPARADA, LAVAR LOS PLATOS Y CEPILLARSE LOS DIENTES.
Use agua embotellada o agua que haya preparado y almacenado en forma apropiada como suministro de agua de emergencia. Si no tiene agua embotellada, hierva el agua o desinféctela según el método disponible.
Puede usar agua de ríos o lagos. Por lo general, es mejor usar agua que circula en lugar de agua quieta o estancada.
No obstante, no use agua que tenga material que flota, color oscuro u olor dudoso. Cualquiera sea la fuente, trate el agua según las instrucciones antesmencionadas en esta página.
Si en su propiedad cuenta con un pozo de agua que se inundó, asegúrese de desinfectarlo y realice una prueba en el agua del pozo después de la inundación.
Cómo recoger y almacenar el agua
Evita el agua estancada (charcos, estanques…). Mucho mejor que corra, como en pequeñas cascadas o pasos rápidos.
Cuanto más cerca del manantial mejor, en zonas altas el agua será más segura que en zonas más bajas. Aunque la vayamos a potabilizar, siempre hay que intentar que el agua que recojamos sea corriente.
Por cristalina que sea, y por cerca del nacimiento que estemos de un río, procuraremos evitar el agua de lugares con ganado, con algún animal muerto aguas arriba, excrementos, etc.
Los recipientes para almacenar y transportar agua deben estar bien tapados. Deje enfriar en forma natural y guárdela en recipientes limpios y con tapa.
El agua con la que te lavás las manos y preparás los alimentos también debe ser segura. Si el agua es segura puede consumirse sin necesidad de comprar agua envasada.
Agua de lluvia, nieve, ríos y mar
Agua de lluvia
¿Es apta el agua de lluvia para beber? Lo cierto es que no es recomendable el consumo del agua de lluvia, dado su alto nivel de ciertos químicos.
Sin embargo, cuando se trata de supervivencia, es una opción que no podemos descartar. Para aprovechar todas sus virtudes, dejando a un lado sus inconvenientes, será necesario filtrarla.
Agua de nieve
El agua de nieve suele ser segura si no hay presencia humana o animal cerca, sin embargo ten en cuenta que es un agua de mineralización muy baja, por lo que puede no ser suficiente para mantenerte hidratado.
Hay una creencia común por la que el agua de nieve puede consumirse de forma segura, pero no es del todo cierta. Suele ser seguro su consumo en la mayoría de casos porque, normalmente, la nieve se encuentra en la montaña en lugares sin contaminación animal.
Cuidado, esta falta de minerales puede deshidratarnos. Es conveniente añadirle algo, desde una gaseosa a cualquier té o isotónico.
Agua de ríos y manantiales
Aunque en la montaña es posible encontrar lugares en los que obtener agua potable, la aparente pureza de la misma puede estar contaminada por la presencia de ganado en zonas superiores, por el cuerpo de un animal sumergido, etc.
El agua de un manantial será más segura que la del río. Cuanto más cerca de su nacimiento esté, más pura será.
Por cristalina que sea, y por cerca del nacimiento que estemos de un río, procuraremos evitar el agua de lugares con ganado, con algún animal muerto aguas arriba, excrementos, etc.
Agua de mar
En pequeñas cantidades, el agua de mar es apta para el consumo humano. Aun así, no se debe priorizar su consumo, ya que en grandes cantidades puede tener consecuencias en la salud, al acelerar el ritmo cardíaco y producir náuseas y delirios.
Además, extraída directamente del mar puede estar repleta de contaminantes. Para evitar ambos problemas, el agua de mar se puede someter a un proceso de destilación casero, utilizando plásticos y, una vez desalada, desinfectarla.
Limitaciones de los métodos domésticos
La desinfección mediante hervor, cloro, yodo, tabletas o luz ultravioleta está orientada principalmente a eliminar microorganismos que causan enfermedades.
Sin embargo, al hervir o desinfectar el agua, no se eliminan otros contaminantes, como los metales pesados, las sales y la mayoría de otras sustancias químicas.
Si el análisis detecta nitratos, arsénico, plomo, pesticidas, herbicidas, sales u otros compuestos, es necesario seleccionar un tratamiento específico. La cloración por sí sola no purifica el agua en su totalidad.
Para una mejor potabilización del agua hace falta pasarla por un medio granular, carbón activado o por ambos procedimientos, si es posible.
Mantenimiento y comprobación del sistema
Un sistema de tratamiento no sustituye al análisis periódico. La calidad del agua puede cambiar de un día para otro y de una estación a otra.
El laboratorio te puede ayudar a determinar si debes volver a tomar una muestra, desinfectar el agua de pozo o tomar otras medidas de acuerdo con el resultado.
Si has tenido problemas con alguno de estos parásitos, recuerda que debes analizar periódicamente el agua de tu pozo al menos una vez al año después de la desinfección para asegurarte de que el problema no se repite.
Si la contaminación bacteriana continúa, lo mejor es ponerse en contacto con un profesional para encontrar la fuente de contaminación o utilizar algún tratamiento de desinfección como la luz ultravioleta para radicar de manera efectiva las bacterias dañinas.

Métodos de Purificación del agua 💧🌎
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