El periodismo de investigación es una actividad periodística cuya función principal es investigar a partir de un indicio. La información filtrada puede ser ese indicio, pero no constituye por sí misma periodismo de investigación: debe ser confrontada, contrastada, estudiada y verificada antes de publicarse.
La diferencia fundamental es el origen del trabajo. El periodismo de investigación parte de las pesquisas del periodista, mientras que el periodismo de filtración se inicia con el testimonio, los documentos o los datos proporcionados por una fuente más o menos interesada. En ambos casos, la calidad del resultado depende de la veracidad, la contextualización, la honestidad y la comprobación de la información.
Qué es el periodismo de investigación
El periodismo de investigación es una actividad periodística cuya función principal es investigar a partir de un indicio. Las fronteras entre ambos tipos de periodismo están bien delimitadas. Según Daniel Santoro, periodista argentino del diario Clarín, la investigación periodística tiene tres características sobresalientes: “1) La realiza el periodista, no la policía, la justicia o particulares interesados; 2) Algún poder está interesado en mantener oculta la información y 3) Sus temas interesan a la opinión pública”.
La investigación periodística no consiste únicamente en revelar un dato oculto, sino en reconstruir una realidad de interés público mediante un proceso sistemático. Ese proceso exige reunir documentos, consultar fuentes, comprobar versiones, identificar responsabilidades y explicar el contexto de los hechos.
Cuando nieva en Madrid la noticia no es que “está nevando en Madrid”. “Todo el mundo, cuando sale a la calle, sabe que está nevando”. Pero, ¿por qué los madrileños no llegaron a sus trabajos aquel 9 de enero? ¿Por qué se colapsó Madrid? ¿Por qué no hubo información en Barajas cuando cientos de personas se afincaron sin remedio en el aeropuerto madrileño? Estas son las respuestas que hay que contestar.
Y se contestan de una sola manera: investigando. La investigación busca explicar lo que no resulta evidente, determinar por qué ocurrió un hecho y establecer qué decisiones, omisiones o intereses contribuyeron a producirlo.
Qué es una filtración periodística
Cuando un periodista se acerca a una fuente de información sabe que casi siempre va a obtener datos que de forma directa o indirecta benefician a la persona que los suministra. Se trata de una afirmación común y lógica. Ninguna fuente de información suministra a un periodista datos que le perjudican.
Una fuente desconocida para el medio de comunicación o cuya identidad es mantenida en secreto por el propio medio puede ampararse en el anonimato para suministrar por iniciativa propia al periodista una información que le beneficia especialmente. Se trata de una táctica empleada habitualmente por personas de relevancia que ocupan lugares estratégicos en empresas, instituciones, partidos políticos, etc.
En muchas ocasiones, en el proceso de una investigación periodística, el medio de comunicación o el periodista pueden recibir anónimamente documentos o datos que son importantes para su investigación. En ese caso, sin duda alguna, nos situamos ante una filtración.
Sin embargo, aunque una buena parte de las filtraciones provienen de fuentes anónimas, una fuente no anónima -que es conocida por el medio de comunicación o por el periodista- puede suministrar importantes informaciones con la condición de que se preserve su identidad ante el público. En este caso también nos podemos encontrar ante una filtración.
Lo que caracteriza a una filtración, en definición de Héctor Borrat, no es que la fuente de información sea o no anónima, sino que el periódico la mantenga ante el lector en el más estricto secreto.
Este enfoque acerca de las filtraciones nos lleva a la necesidad de distinguir entre una filtración y las informaciones con atribución reservada. Si el periodista y el medio de comunicación conocen la identidad de la fuente que filtra y publican sus revelaciones manteniendo en secreto la procedencia, nos encontramos ante una situación similar a la que conocemos como información con atribución reservada, tan frecuente en el periodismo de investigación.
El filtrador y el interés oculto de las fuentes
La fuente de información se convierte en el principal elemento para el periodista. Hay que ser conscientes de que casi todas las fuentes de información tienen un interés oculto cuando deciden revelar al periodista cierta información.
Filtrar es una política muy bien pensada por los funcionarios que quieren influir sobre una decisión política, promover una línea de actuación, persuadir al legislativo y alertar a los países y gobiernos extranjeros. La filtración es el aceite informativo de la máquina de gobernar. Requiere una gran dosis de experticia para manejarla con éxito.
El filtrador puede actuar por motivos políticos, institucionales, personales o estratégicos. Puede pretender perjudicar a un adversario, defender una posición, anticiparse a una decisión, condicionar a la opinión pública o desviar la atención de otro asunto. Por eso, el dato recibido no debe confundirse con una verdad ya demostrada.
Las fuentes de información que efectúan esta práctica están manipulando al periodista, porque muchas veces lo hacen de una manera anónima o con reserva de la identidad. Tiene razón el lector cuando insinúa que quien filtra información puede tener intenciones perversas de hacerle daño a alguien.
No obstante, los periodistas y los medios no deben descartar las filtraciones. De aquí se desprenden pistas valiosas que pueden conducir a la comprobación de hechos ocultos que la opinión pública merece conocer. O bien, que se demuestre la falsedad de la filtración.
La filtración como punto de partida
Desde un punto de vista estricto, el periodismo de investigación no tiene nada que ver con las grandes filtraciones, sean interesadas o no, a los medios de comunicación. Sin embargo, las filtraciones son muy importantes en el periodismo de investigación, ya que muchos temas surgen a través de datos que han sido filtrados a través de una fuente de información.
Es más, todos los periodistas trabajan habitualmente con filtraciones y mucho más los que se dedican a la investigación. Las filtraciones siempre están ahí. Llegan por todas partes y el periodista puede analizarlas, comprobarlas y estudiarlas para ver si finalmente conducen a algo o, simplemente, no interesarse por ellas porque es consciente de que detrás existe una intencionalidad demasiado turbia.
La información filtrada es el indicio, la cuota inicial para adelantar una investigación periodística. Es el punto de partida para confrontarla y contrastarla con otras fuentes distintas y distantes, antes de sentarse en la mesa de redacción o de edición.
Cuando la filtración aporta pistas al redactor para iniciar una investigación o sirve para confirmar datos que previamente ha investigado, no existen problemas sobre su utilización. El problema en el uso de las filtraciones puede surgir cuando una fuente filtra informaciones completas y aporta al medio de comunicación un trabajo acabado que el periodista se limita a resumir para posteriormente publicarlo.
Por qué el rumor no es noticia
Para hacer uso de las filtraciones hay que tener siempre presente que los primeros datos filtrados adquieren simplemente la consideración de un rumor, por lo que se deben verificar antes de ser publicados. Es durante el proceso de la investigación donde se depuran los datos que finalmente acaban por publicarse. No todo lo que entra inicialmente en ese embudo es finalmente publicado.
Las filtraciones son a veces graduadas, dosificadas, que surgen inicialmente como un rumor. Y con ese mero dato el periodista da comienzo a una relación pecaminosa con la fuente malintencionada. Ésta le filtra información a medida que el periodista da crédito a los rumores.
El rumor no es noticia. No puede serlo. ¿Cómo publicar algo sin contrastar las fuentes? ¿Con qué fines el informante manipula al periodista? No es ético dar crédito a rumores. Y mucho menos cuando implican cargos contra personas.
Los rumores son apenas el indicio y la primera pista para conseguir la información. Una filtración puede orientar una búsqueda, pero no sustituye la búsqueda. El periodista debe comprobar si el hecho ocurrió, qué alcance tuvo, quiénes participaron, qué documentos lo respaldan y qué versión ofrecen las personas afectadas.
Filtrar documentos no equivale a investigar
La publicación de documentos filtrados no es periodismo. Aunque lleguen informes a la redacción, no se pueden publicar así como así. La información siempre debe ser estudiada.
No es periodismo de investigación publicar la información obtenida mediante la filtración, sin esfuerzo del periodista ni del medio. Es más, no es ético hacerlo en esas condiciones. El periodista no puede caer en el error de publicar aquello que una fuente oculta desea que se publique por intereses personales.
Hay que diferenciar lo que es periodismo de investigación con lo que es la publicación de dosieres. El documento puede contener información verdadera, parcialmente verdadera, incompleta o manipulada. También puede haber sido seleccionado para producir una determinada reacción pública.
El periodista debe analizar la autenticidad del material, su fecha, su contexto, la forma en que fue obtenido y aquello que omite. También debe comprobar si las afirmaciones contenidas en el documento coinciden con otras evidencias independientes.
| Elemento | Periodismo de investigación | Periodismo de filtración |
|---|---|---|
| Punto de partida | Las pesquisas de un periodista | El testimonio, los documentos o los datos de una fuente |
| Función de la filtración | Puede aportar pistas o confirmar datos | Constituye el origen inmediato de la información |
| Tratamiento de los datos | Investigación, contraste, verificación y contextualización | Debe ser investigado antes de publicarse |
| Riesgo principal | No llegar hasta el fondo de una cuestión | Convertir una maniobra interesada en una noticia |
| Resultado periodístico | Información privilegiada, informativa y contrastada | Un indicio que puede conducir a una investigación o quedar descartado |
La verificación como obligación profesional
La calidad de un texto se mide por la verificación de aquello que se cuenta. Lo que hace prestigioso a un medio, o a un periodista, no son las filtraciones sino información privilegiada, informativa y contrastada.
El Manual de estilo y redacción, primer capítulo sobre los principios éticos, contempla la obligación de verificar antes de publicar: “Por eso, el deber de verificarlas es anterior y de mayor obligatoriedad que el de publicarlas”.
Y agrega. “Es preferible publicar una noticia con retraso, pero verificada en todos sus términos, a una publicación inmediata pero sin la seguridad que da una verificación”. La urgencia no elimina la obligación de comprobar, especialmente cuando la información puede afectar la reputación, la seguridad o los derechos de otras personas.
Hay muchos profesionales que son criticados por no llegar hasta el fondo de una cuestión, como en el caso del espionaje madrileño. No obstante, debemos ser conscientes de que el periodista en una investigación adquiere la calidad de informador, no de fiscal, ni de juez.
La función del periodista es revelar hechos de interés público y aportar elementos para que la sociedad los conozca, no reemplazar a los tribunales. La investigación debe mantener una separación clara entre la comprobación periodística, la acusación y la condena judicial.
La confidencialidad de las fuentes
Y tal y como dicen diversos profesionales de la información, “no podemos revelar nuestra fuente. A nadie. Debemos mantener el secreto profesional”. Es importante que la fuente confíe en nosotros y se sienta segura de que no será revelada.
Si el periodista comete algún error, puede perder fuentes fiables e importantes, núcleo de partida de su investigación. Por lo tanto, cuidado. La protección de la fuente puede resultar esencial cuando la persona que entrega información enfrenta riesgos profesionales, políticos o personales.
Sobre la identificación de las fuentes de información el catedrático opina que “algunas de las polémicas más importantes acerca del trabajo con informaciones filtradas en el periodismo de investigación es la necesidad o no de citar en los textos de investigación la identidad de la fuente que suministra la información…. Cuando el periodista cita con nombre y apellidos a la fuente el texto final es altamente creíble y ve incrementado su valor informativo”.
Sin embargo, en el periodismo de investigación es muy difícil, por la especial característica que en ocasiones adquieren las confidencias, que la fuente de información acceda a ser identificada públicamente. Lo normal es que la fuente que suministra los datos los ponga en conocimiento del periodista bajo la condición de que se preserve su identidad.
La confidencialidad no significa que el periodista pueda renunciar a conocer la identidad de su fuente. El medio puede mantenerla en secreto ante el público y, al mismo tiempo, valorar internamente su credibilidad, su acceso a la información y sus posibles intereses.
El papel del periodista frente al filtrador
La fuente puede proporcionar una pista, pero el periodista debe decidir si existe un interés público suficiente para investigarla. También debe valorar la credibilidad de quien filtra, su capacidad real para conocer los hechos y la posibilidad de que esté utilizando al medio para una disputa particular.
El periodista no puede limitarse a reproducir una información completa que le entrega una fuente. Debe separar los hechos comprobados de las interpretaciones, identificar las lagunas, buscar voces afectadas y determinar qué elementos pueden publicarse de forma responsable.
El lector Luis Guillermo Tobón pone como tema de reflexión la validez periodística de algunas informaciones que están sustentadas solo en las filtraciones. Dice en uno de sus apartes: “Señor Defensor del Lector: no hablo de un caso particular, pero deseo que nos explique a los lectores si es ético que los periodistas se respalden en funcionarios desconocidos, y puede que malintencionados, que se aprovechen para hacer revelaciones de todo tipo. ¿En qué queda la ética y en qué queda la credibilidad de estos periodistas?”.
Esta inquietud del lector desencadena una serie de temas relativos a la ética y a la práctica del periodismo, muy especialmente los que definen la metodología del llamado periodismo de investigación, que es diferente al también llamado periodismo de filtraciones.
Cómo cambia el periodismo cuando aparecen filtraciones masivas
Los papeles de Panamá, la mayor filtración de documentos de la Historia, no sólo han generado debate en torno a las cuestiones económicas y políticas que implican los datos que contienen, sino que ha sentado un precedente en el mundo del periodismo: pone de manifiesto la nueva forma en que los medios harán investigación a partir de ahora.
Sin embargo, también hay que prestar atención al contenido: ¿estamos dejando que el periodismo de investigación consista únicamente en publicar filtraciones? “Estamos tratando de recuperar el terreno que robaron o tomaron porque hemos sido perezosos, descuidados y arrogantes en lo que se suponía que debíamos hacer: que la luz brille en las zonas oscuras”, explica Gerard Ryle, director del ICIJ, al New York Times.
Y es que tras años de parálisis, la prensa ha comenzado a reaccionar, pero no como se esperaba: se ha perdido el encanto cinematográfico del joven reportero que va contactando con fuentes hasta crear un puzle que finalice en una gran exclusiva.
Ahora parece que basta con chatear con un empleado desmotivado, un idealista antisistema o un simple hacker para obtener en cuestión de minutos lo que antes llevaba horas de arduo (y periodístico) trabajo.
La “wikileakszación” del periodismo
Es lo que algunos ya llaman la “wikileakszación” del periodismo, un paso que fusiona el cuarto poder con un nuevo “quinto poder” compuesto por blogueros, hackers y activistas digitales.
Una era basada en la violación de bases de datos y su publicación íntegra o mínimamente trabajada, y en la que los periodistas a veces son meros espectadores que caminan a rebufo de nuevos actores que no necesitan respetar las reglas del periodismo.
Estos actores no son periodistas o, aun siéndolo, “trabajan” con otros objetivos en mente. Su papel no es el de garantes de la libertad y la democracia como les pasa a los medios, sino, sencillamente, el de “hacer justicia”.
Sin embargo, incluso dentro de este modelo existe la competencia: Wikileaks ha trabajado con algunos medios de comunicación, pero también tiene libertad y publica, como un medio más, sus propios contenidos.
Además, estos entes tienen distintas formas de trabajar. Se vio de forma clara con las filtraciones masivas publicadas por Wikileaks: mientras que la plataforma de Julian Assange se limitó a publicar en bruto todos los documentos que poseían, los medios colaboradores se esmeraban por clasificar las filtraciones y creaban con esos datos historias que protegían identidades o datos especialmente sensibles.
Algo que Wikileaks no hizo en ningún momento, por lo que fue acusado por algunos gobiernos de haber puesto en peligro de manera innecesaria a personas inocentes. En el caso de los papeles de Panamá, Wikileaks ha criticado que el ICIJ haya ocultado parte de los datos filtrados que obtuvo.
“Si censuras más del 99% de los documentos solo estás hacienda un 1% de periodismo”, explicó la plataforma en un tuit, lo cual demuestra los distintos puntos de vista que existen incluso en este nuevo sector de las filtraciones.
Publicar todo o seleccionar lo relevante
¿Deberían publicar los periodistas todo lo que logren obtener o, por el contrario, deberían seguir ostentando el papel de controladores de lo que se publica y lo que no?
¿Tiene sentido seguir ocultando algunos datos en la era de las filtraciones o el periodismo necesita irremediablemente no sucumbir a los excesos derivados de poder acceder a miles de documentos a golpe de clic para mantener su estatus como garante de la calidad de la información que llega al público?
Estas preguntas, extremadamente complejas y con respuestas que difícilmente podrían ser genéricas, sólo demuestran que el modelo está en plena transición. Los periodistas, los medios y el público deberán acostumbrarse a este funcionamiento y a estos productos.
Porque no es el futuro: es el presente. La abundancia de documentos no elimina la necesidad de seleccionar, contextualizar y proteger a las personas que pueden resultar afectadas por una publicación.
Filtraciones digitales, privacidad y delito
Desde Wikileaks, las filtraciones se han intensificado tanto a nivel global como local. En España, por ejemplo, en los últimos años por la prensa han desfilado fotocopias de agendas, facturas, mensajes SMS y chats de WhatsApp de políticos, celebridades e incluso de la Familia Real.
El mundo digital deja rastro y ese rastro es demasiado apetitoso como para no publicarlo, especialmente si tiene algún interés para el público. El dilema, y a la vez la salvación, para algunos periodistas es si publicar o no información que no se sabe muy bien cómo se ha obtenido.
Aunque “ojos que no ven, corazón que no siente” puede ser una buena estrategia, muchos medios no tienen claro hasta qué punto podrían meterse en problemas por publicar contenidos excesivamente privados, como un mensaje de WhatsApp, sin saber cómo se ha obtenido.
No es lo mismo que uno de los interlocutores lo comparta a que un hacker piratee un móvil y lo obtenga. La diferencia entre un caso y otro es sencilla: delito.
La existencia de interés público no convierte automáticamente en legítimo cualquier método de obtención ni justifica la publicación completa de toda la información. El medio debe valorar la privacidad, la proporcionalidad y las posibles consecuencias para personas que no tienen responsabilidad en los hechos investigados.
El cambio tecnológico y la permanencia de las filtraciones
Esto abre, a la par que una guerra interna entre el bien y el mal, una guerra despiadada entre los periodistas y sus potenciales objetivos. Mientras que los primeros buscan la forma de poder acceder a nuevas filtraciones, los segundos buscan a la desesperada fórmulas para proteger sus comunicaciones digitales.
Sin embargo, y como en todo lo que se refiere al mundo digital, a menudo se le da más vueltas de lo necesario a la realidad: filtraciones ha habido siempre. ¿O acaso el Watergate no lo fue?
Las gargantas profundas han sido la base del periodismo de investigación durante mucho tiempo. Sólo que antes eran adultos trajeados de influyentes amistades y ahora son jóvenes solitarios que visten pantalones vaqueros con sudaderas de capucha.
El “problema”, por llamarlo de algún modo, es que mientras que los adultos trajeados no salían del sistema a pesar de su filtración, los jóvenes hackers nunca han entrado en él y su poder es tan grande y peligroso que han creado su propio ente: el Quinto Estado. Son el Quinto Poder.
Casos que muestran la diferencia entre filtrar e investigar
A lo largo de la historia del periodismo, sacar a la luz información privilegiada e investigada ha dado honra y prestigio a muchos medios de comunicación. Uno de los más conocidos fue el “caso GAL”, publicado principalmente por El Mundo.
Otra investigación, que ha sido recordada recientemente, fue la que realizó en los años 70 el periodista inglés Harold Evans. Ganó la batalla contra el Gobierno al demostrar que era culpable de la comercialización de la talidomida, un medicamento que producía graves efectos secundarios en el feto de la madre que tomaba el tratamiento.
Las informaciones publicadas en El País de la mano del periodista de investigación Francisco Mercado, es el ejemplo más comentado recientemente en el periodismo de investigación. La trama de espionaje en la Comunidad de Madrid ha sido abierta y ahora que todo se sabe, debe investigarse para verificar su certeza.
Según Mercado, “esta historia no acaba aquí”. Una filtración o una revelación inicial puede abrir un asunto, pero la investigación periodística debe continuar hasta comprobar la información y establecer qué hechos pueden sostenerse públicamente.
El debate entre investigación y filtración
Consultados los reporteros de investigación protagonistas del XVIII Laboratorio de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid, celebrado el 22 de abril en la sede de la APM, acerca de si el periodismo que ha desvelado los últimos casos de corrupción en España es de investigación o de filtración, convinieron en que no debe existir tal categórica distinción, sino que solo existe periodismo del bueno y del malo.
Es decir, o informaciones veraces, contrastadas con varias fuentes, contextualizadas, con un componente de investigación y, sobre todo, honestas, o todo lo contrario. En definitiva, creen en el periodismo, sin apellidos.
Así lo atestiguó Manuel Marlasca, jefe de investigación de La Sexta, para quien todo buen periodismo tiene que incluir cierta dosis de investigación y debe ser siempre un periodismo de fuentes de información, que las conocen y mantienen “los periodistas de verdad, profesionales”. “No se enseña a tener y consultar fuentes”, deploró.
Marlasca avisó de que los reporteros de investigación son “una especie en extinción”. Su labor es compleja, necesita tiempo, sus resultados se obtienen a largo plazo y, consecuentemente, es cara, por lo que “los medios cada vez invierten menos en ella”.
Fernando J. Pérez, de El País, es “escéptico con el término de periodismo de investigación. Es periodismo en esencia”. Apostó por la investigación, no solo en el ámbito de la corrupción, sino en muchos otros.
Dichos reportajes los pueden elaborar no solo los periodistas de un equipo de investigación, también los del resto de las secciones, consideró. “Se empiezan a echar en falta periodistas especialistas en determinados temas -lamentó-, como, por ejemplo, en Tribunales”.
Joaquín Gil, también de El País, reconoció que todo periodismo debería ser de investigación, “pero, por desgracia, no existen suficientes medios” para llevarlo a cabo.
En su opinión, por ejemplo, un equipo como “Spotlight” del “Boston Globe” formado por varios periodistas y con tiempo suficiente para investigar antes de publicar es algo “absolutamente inconcebible” en España; a no ser que, sin esa prudente espera, se publique parte del caso y se judicialice, lo que posibilitaría continuar la investigación.
Según Gil, los reporteros de investigación deberían anticiparse a los tribunales y aportar valor añadido, lo que serviría de antídoto contra el periodismo declarativo que invade los medios.
“Hemos hecho muchas investigaciones en España, pero hemos ido por detrás de la policía, de los jueces; necesitamos anticiparnos, y para eso necesitamos tiempo y medios”, esclareció Javier Chicote, de ABC.
La exigencia de productividad e inmediatez que imponen los medios dificulta la labor investigativa. Chicote sí que diferenció claramente entre periodismo de investigación, que parte de las pesquisas de un periodista, y periodismo de filtración, que se inicia con el testimonio de una fuente más o menos interesada.
“Apenas hay periodismo de investigación; los papeles de Panamá no los considero como tal, porque parten de una filtración”, concluyó.
La presión sobre los periodistas de investigación
Victoria Prego, presidenta de la APM, que ejerció de moderadora del debate, alertó del riesgo de las presiones a las que son sometidos los medios y los periodistas: “Nuestro oficio, habitualmente maltratado, corre el riesgo en los últimos tiempos de ser incluso coaccionado”.
Y añadió que los periodistas de investigación que publican casos de corrupción, los cuales “tienen que hacer un esfuerzo ímprobo, lento, que requiere mucha paciencia, determinación, tiempo, valentía y, además, estar en disposición de demostrar lo publicado al día siguiente”, son los “más susceptibles de ser atacados”.
“Si el periodismo de investigación se ahoga en este país, se ahoga también la democracia”, remató. No obstante, Prego quiso mandar un mensaje de optimismo, afirmando que el grado actual de información de los ciudadanos españoles es más alto que nunca, debido a la cantidad y a la variedad de medios de comunicación existentes.
Tono Calleja, de InfoLibre, remarcó la obsesión de los poderosos por intentar controlar a los periodistas y a los medios. “El periodismo de investigación choca con ese intento de coacción”, dijo Manuel Marlasca.
“Uno de los problemas principales del periodismo son los coacciones de gente muy poderosa, la banca es un ejemplo”, agregó Marlasca. “¿Quién puede investigar sobre el Banco Santander, La Caixa, El Corte Inglés…?, se quejó José Yoldi, de Cuarto Poder.
Aclaró que sí que hay periodistas que quieren contar historias sobre estas empresas, pero que son persuadidos para no publicarlas por los responsables de los medios. “Muchas veces, el periodista de investigación se encuentra solo, teniendo en frente a subdirectores, directores adjuntos…”, reveló.
En palabras de Antonio Salvador, de El Mundo Andalucía, “mi obligación es salir a la calle, investigar y traer historias, luego ya verán ellos [los responsables de los medios] si las publican”. Como sintetizó Joaquín Gil, los periodistas tienen “la obligación de revelar los abusos del poder, sean del partido que sean”.
Investigación colaborativa y datos
Mar Cabra, del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, organismo responsable de investigar los papeles de Panamá, propuso un modelo de trabajo investigativo conjunto entre medios que no sean competencia directa.
“Creemos que hay que hacer un periodismo de investigación global. Si la corrupción, el crimen y el narcotráfico funcionan globalmente, ¿por qué no lo vamos hacer los periodistas que informemos sobre ello?”, apuntó.
Ante problemas sistémicos, habló de la necesidad de incluir en las investigaciones periodismo de base de datos, de la mano de informáticos, diseñadores y otros profesionales que deben conformar un equipo de periodismo de investigación.
Asimismo, Mar Cabra argumentó que la cualidad de trasnacional del ICIJ sirve como “escudo protector” para eludir presiones y coacciones. “Nunca me he sentido más independiente -aseguró-, porque no tenemos ninguna presión comercial ni ningún inconveniente en hablar de bancos”.
Por último, invitó a los periodistas a usar más la “mejorable” ley de transparencia española. La colaboración entre medios, especialistas y profesionales de distintas áreas permite procesar grandes volúmenes documentales sin reducir la investigación a la publicación automática de archivos.
Una metodología basada en contraste y responsabilidad
La información filtrada debe ser analizada como una hipótesis de trabajo. El periodista debe preguntarse quién entrega el material, qué pretende conseguir, qué datos aporta, qué datos omite y qué otras fuentes pueden confirmar o desmentir su contenido.
- Las filtraciones pueden aportar pistas para iniciar una investigación.
- Los primeros datos filtrados deben considerarse un rumor hasta que sean verificados.
- La identidad de la fuente puede mantenerse en secreto, pero sus intereses deben ser evaluados.
- Los documentos recibidos deben ser estudiados antes de publicarse.
- La información debe contrastarse con fuentes distintas y distantes.
- La publicación debe proteger identidades y datos especialmente sensibles cuando sea necesario.
- El periodista debe distinguir entre hechos comprobados, acusaciones, interpretaciones y opiniones.
- El interés público no justifica automáticamente cualquier método de obtención de información.
- El periodista informa y aporta pruebas, pero no actúa como fiscal ni como juez.
- El prestigio procede de la información privilegiada, informativa y contrastada, no de la mera posesión de filtraciones.
La identidad periodística de EL COLOMBIANO se funda en la clara responsabilidad social y el firme comportamiento ético. El Coordinador de Estilo del periódico, Carlos Alberto Giraldo Monsalve, apunta que en desarrollo de los objetivos de la formación continua, “el periodista Daniel Santoro del diario Clarín, visitó EL COLOMBIANO tres veces”.
Su visita pretende reforzar el periodismo de investigación como una competencia directa e indiscutida de los redactores en estos tiempos en que abundan las ofertas informativas. Casi medio centenar de periodistas repasó los elementos de esa modalidad del periodismo, la más exigente.
Este diario entiende que a mediano y largo plazos deben reflejarse los efectos de una capacitación dirigida a que periodistas y medios sigan cumpliendo con su papel de “perros guardianes de la democracia”. “Su aporte al entrenamiento de los redactores resulta capital para cualificar los contenidos venideros del periódico”, agregó.
De las filtraciones al periodismo de investigación hay un largo camino por recorrer y una gran cuestión ética y de responsabilidad social por resolver. El filtrador puede abrir una puerta, pero corresponde al periodista decidir si detrás de ella existe una información de interés público y demostrarlo mediante un trabajo propio, riguroso y verificable.

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