Exceso de clarificante en el vino: efectos y cómo corregirlo

El exceso de clarificante en el vino puede provocar una sobreclarificación: pérdida de aromas, disminución de la estructura, reducción del color y mayor volumen de lías y mermas. La corrección debe comenzar con un diagnóstico mediante análisis y catas, porque no existe un tratamiento único para todos los clarificantes ni para todos los vinos.

La pauta más importante que se debe seguir es que la dosis de clarificante debe ser la mínima necesaria para conseguir los objetivos, puesto que puede afectar a la composición aromática del vino. Una dosis excesiva puede aumentar las lías, incrementar la merma, afectar al volumen útil, ralentizar la operación y, en ciertos vinos, impactar negativamente en aromas o sensación en boca.

Qué es la clarificación del vino

La clarificación del vino es una técnica enológica utilizada para separar y depositar en el fondo las partículas naturales que se hallan en suspensión durante el proceso de elaboración del vino. Se utiliza principalmente para obtener vinos más limpios, que no se enturbien ni pierdan transparencia en botella.

La clarificación del vino es el conjunto de operaciones destinadas a separar, precipitar o retirar sustancias que permanecen en suspensión o en estado coloidal dentro del vino. Su objetivo principal es mejorar la limpidez, pero en una bodega profesional también influye en la estabilidad, la filtrabilidad, la seguridad microbiológica y la presentación final del producto.

Durante la elaboración, el vino arrastra numerosos elementos: restos de pieles, pepitas, pulpa, levaduras, bacterias, tartratos, proteínas, polisacáridos, materia colorante, taninos, compuestos fenólicos, tierras, residuos de fermentación y partículas procedentes de operaciones anteriores. Algunas de estas sustancias sedimentan por gravedad. Otras permanecen suspendidas durante semanas o meses.

Por eso, clarificar no significa únicamente conseguir que el vino “se vea transparente”. En términos técnicos, significa preparar el vino para que pueda evolucionar de forma controlada, responder bien a la filtración y llegar al consumidor con el perfil visual, aromático y gustativo definido por la bodega.

Por qué se clarifica el vino

Después de la fermentación alcohólica y de la fermentación maloláctica, los vinos pueden contener levaduras muertas, bacterias y otras materias naturales en suspensión. Estas partículas otorgan al vino una apariencia turbia u opaca y pueden modificar su aspecto, aroma, sabor y sensación en boca.

Más allá de las lías que se generan mediante la sedimentación, que opera como una clarificación del vino espontánea, existen otras partículas de menor tamaño que no se sedimentan, sino que se mantienen en suspensión. Si bien mediante el trasiego se pueden separar las lías del vino, no sucede lo mismo con estas pequeñas proteínas.

La clarificación del vino se realiza para equilibrar y ofrecer limpieza a los vinos en botella y en copa para el consumidor. También permite reducir el riesgo de turbidez posterior, mejorar la filtrabilidad y preparar el vino para las operaciones de estabilización y embotellado.

  • Evitar que las partículas modifiquen las características organolépticas del vino.
  • Eliminar compuestos nocivos para la salud.
  • Conseguir un producto más atractivo.
  • Hacer el vino más estable para su embotellado.
  • Mejorar la sensación en boca.

La clarificación no elimina únicamente las partículas en suspensión enturbiadoras del vino, también sedimenta algunas partículas coloidales que posteriormente podrían generar un enturbiamiento como es el caso de la materia colorante. Los turbios pueden ocasionar alteraciones del sabor del vino y muestran signos de una mala conservación, quiebra química o alteración microbiana.

Qué significa que haya demasiado clarificante

Existe exceso de clarificante cuando la cantidad añadida supera la necesaria para alcanzar la limpidez, estabilidad o corrección sensorial buscada. También puede producirse una sobreclarificación cuando el tratamiento es adecuado en principio, pero se mantiene demasiado tiempo en contacto con el vino o se combina con otros clarificantes sin haber realizado ensayos previos.

El clarificante se une por su carga a las proteínas que han quedado en suspensión en el vino, formando flóculos de mayor tamaño que se van precipitando. Cuando se utiliza en una cantidad excesiva, puede arrastrar no solo los compuestos indeseables, sino también sustancias que contribuyen al aroma, el color, la estructura y la complejidad del vino.

El resultado depende del producto empleado, del tipo de vino, de la dosis, del pH, de la acidez, del contenido de taninos, de la temperatura, del tiempo de contacto y de la forma de aplicación. Por este motivo, un mismo tratamiento puede resultar insuficiente en un vino y excesivo en otro.

Efectos del exceso de clarificante

Pérdida de aromas

Una dosis excesiva puede disminuir la intensidad aromática y reducir la complejidad del vino. La bentonita, por ejemplo, también arrastra aromas, por lo que siempre hay que intentar usar la dosis mínima necesaria.

La pérdida puede afectar especialmente a los aromas varietales, frutales y florales, así como a determinados compuestos responsables de la frescura y de la expresión aromática. El vino puede quedar visualmente limpio, pero sensorialmente más neutro.

Reducción de la estructura y del volumen

Algunos clarificantes pueden retirar taninos, polifenoles, proteínas y otros compuestos que contribuyen a la estructura y a la sensación de volumen. En vinos tintos, una clarificación demasiado intensa puede hacer que el vino parezca más delgado, menos persistente o menos equilibrado.

La filtración tampoco debe plantearse de forma agresiva, ya que además de las partículas indeseables, el filtrado se lleva por delante importantes compuestos que contribuyen a dar complejidad al vino, así como taninos y materias colorantes que aportan longevidad.

Pérdida de color

Los vinos tintos pueden perder intensidad cromática cuando el tratamiento arrastra materia colorante, taninos o compuestos fenólicos. En vinos blancos y rosados, una aplicación inadecuada puede afectar a la expresión visual y a la sensación de frescura.

Disminución de la persistencia

La eliminación excesiva de compuestos fenólicos, polisacáridos o proteínas puede reducir la duración del vino en boca. La bebida puede parecer limpia y suave, pero también más corta y menos compleja.

Aumento de lías y mermas

Una dosis excesiva aumenta la cantidad de sedimento que debe separarse mediante trasiego o filtración. Esto puede reducir el volumen comercializable y elevar las pérdidas de vino retenido en los flóculos, las tuberías, los depósitos y los medios filtrantes.

Colmatación de los filtros

Un vino tratado con una cantidad excesiva de clarificante puede generar una carga elevada de finos. Si estos no sedimentan o no se separan correctamente, pueden llegar a las placas, cartuchos o membranas y reducir drásticamente el rendimiento de la filtración.

Filtrar demasiado pronto un vino mal clarificado suele provocar colmatación, pérdida de caudal, aumento de presión diferencial, consumo excesivo de placas o cartuchos y más merma de producto. La filtración no corrige por sí sola una clarificación mal planteada.

Alteraciones de la sensación en boca

La clarificación del vino no solo mejora la apariencia del vino, sino que también puede mejorar sus cualidades organolépticas, haciéndolo menos áspero al paladar. Sin embargo, cuando se aplica de forma excesiva, la reducción de taninos y compuestos estructurales puede provocar un vino excesivamente plano, débil o desequilibrado.

Cómo identificar un exceso de clarificante

La sospecha de sobreclarificación debe confirmarse mediante una combinación de observación visual, análisis, control de la sedimentación y evaluación sensorial. Un vino excesivamente tratado puede presentar una limpidez alta, pero mostrar al mismo tiempo pérdida de color, menor intensidad aromática, reducción de volumen y una caída de la persistencia.

  • Reducción evidente de los aromas varietales.
  • Color menos intenso de lo esperado.
  • Sensación de vino delgado o sin volumen.
  • Final de boca más corto.
  • Exceso de sedimento o lías voluminosas.
  • Filtración lenta o colmatación prematura.
  • Persistencia de una turbidez pese a haber utilizado una dosis elevada.

La presencia de turbidez después de añadir mucho clarificante no demuestra necesariamente que falte producto. Puede indicar que el clarificante elegido no es adecuado, que el vino contiene coloides protectores, que la mezcla fue insuficiente, que la temperatura no era apropiada, que el tiempo de contacto no se respetó o que el problema no era de clarificación.

Clarificación, estabilización y filtración: diferencias

En bodega se utilizan a menudo los términos clarificación, estabilización y filtración como si fueran equivalentes. Sin embargo, cada operación tiene una función diferente. Confundirlas puede llevar a intentar resolver con filtración un problema que requiere clarificación previa, o a dosificar clarificantes sin comprobar si el vino necesita realmente ese tratamiento.

Clarificación

La clarificación actúa sobre partículas y sustancias que afectan a la limpidez, al brillo o al comportamiento coloidal del vino. Puede realizarse mediante sedimentación natural, trasiego, centrifugación, flotación, adición de agentes clarificantes o combinación de varias técnicas.

Cuando se añaden agentes clarificantes, estos interactúan con compuestos del vino por mecanismos de carga eléctrica, adsorción, floculación o precipitación. El resultado buscado es formar agregados más grandes que sedimenten y puedan retirarse mediante trasiego o filtración.

Estabilización

La estabilización busca evitar alteraciones futuras. Puede ser proteica, tartárica, microbiológica, oxidativa o coloidal. Un vino puede estar claro hoy y no estar estable mañana.

Por ejemplo, un vino blanco aparentemente brillante puede desarrollar turbidez proteica si contiene proteínas inestables sensibles a cambios de temperatura. La bentonita ocupa un papel importante porque se utiliza para clarificación y para estabilización proteica, especialmente en mostos y vinos blancos, rosados y espumosos.

Filtración

La filtración es una separación física. El vino pasa a través de un medio filtrante que retiene partículas, microorganismos o coloides según el tipo de filtro, grado de retención y condiciones de operación.

Puede ser una filtración desbastadora, clarificante, de seguridad, microbiológica o final antes del embotellado. La filtración no debe verse como una etapa aislada, porque su rendimiento depende de la fermentación, los trasiegos, la clarificación, la estabilidad, la temperatura, la turbidez, la carga microbiológica, la viscosidad, la presencia de coloides y la compatibilidad del medio filtrante.

OperaciónQué buscaRiesgo si se plantea mal
ClarificaciónLimpidez, reducción de turbidez y mejora de filtrabilidadSobreclarificación, pérdida aromática o clarificación insuficiente
EstabilizaciónEvitar turbidez, depósitos o alteraciones futurasProblemas en botella pese a tener vino aparentemente limpio
FiltraciónRetirar partículas o microorganismos antes de conservación o embotelladoColmatación, aumento de presión, mermas y paradas de línea

Un método clarificante no es por fuerza un método estabilizador. Por otro lado, los productos estabilizadores no clarifican. El ácido cítrico, la goma arábiga no son clarificantes pero estabilizan. La filtración no sustituye una clarificación necesaria.

Qué hacer inmediatamente después de detectar una sobredosificación

1. Detener nuevas adiciones

Cuando se sospecha que se ha añadido demasiado clarificante, no debe incorporarse una cantidad adicional para intentar acelerar la sedimentación. El error más habitual es pensar que más bentonita equivale a más seguridad. No siempre es así.

2. Identificar el producto y la dosis real

Es necesario comprobar qué clarificante se utilizó, la cantidad añadida, la concentración de la solución, el volumen real de vino tratado, el momento de aplicación y el tiempo de contacto. También debe revisarse si se emplearon varios productos en combinación.

La clarificación profesional exige elegir el clarificante, determinar la dosis, hacer la dilución madre, pasar a la disolución de aplicación, poner el vino en movimiento, aplicar poco a poco el clarificante, mantener el reposo y trasegar con cuidado para que no se remuevan los flóculos.

3. Mantener el vino en reposo

Una vez finalizada la adición, conviene permitir que el clarificante forme flóculos y que estos sedimenten. La clarificación espontánea supone esperar para que, transcurrido tiempo, todas las materias estén en el fondo; y trasegando se pasa tan sólo el 95% limpio, separándolo del sedimento.

El trasiego debe realizarse con cuidado para no volver a poner en suspensión los flóculos. Las partículas gruesas caen pronto, mientras que las menores caen muy tarde y muy difícilmente.

4. Evitar la filtración prematura

La filtración inmediata puede arrastrar una gran carga de clarificante y sedimentos hacia el filtro. Esto favorece la colmatación, aumenta la presión diferencial y eleva las mermas.

La filtración debe plantearse cuando el vino haya terminado las fermentaciones correspondientes, se hayan separado las lías gruesas y se haya controlado la turbidez. La estabilidad proteica también debe haberse evaluado, especialmente en blancos, rosados y espumosos.

5. Realizar ensayos de laboratorio y catas

En clarificación profesional, la prueba de laboratorio no es un trámite. Es la forma de evitar tratamientos innecesarios, pérdidas sensoriales y costes operativos. Además, el ensayo permite anticipar cómo llegará el vino a la filtración.

Los ensayos deben comparar muestras del vino tratado y del vino testigo, valorando limpidez, estabilidad, color, intensidad aromática, volumen, astringencia, amargor y persistencia. La dosis óptima debe determinarse mediante ensayos a pequeña escala.

Cómo corregir un exceso de bentonita

La bentonita es una arcilla de origen mineral, formada principalmente por silicatos de aluminio hidratados del grupo de la montmorillonita. En enología se utiliza como agente clarificante y como herramienta de estabilización proteica.

La bentonita tiene capacidad de adsorción. En el vino puede unirse a proteínas inestables y favorecer su precipitación. Una vez formados los flóculos o sedimentos, estos deben separarse mediante trasiego y, posteriormente, mediante una filtración adecuada.

Si el tratamiento acaba de realizarse

La primera medida es dejar que el vino repose el tiempo suficiente para que la bentonita sedimente. La bentonita se emplea en dosis de 30 grs/Hl; se prepara pesando la dosis y echándola poco a poco sobre 10 veces su peso en agua.

Se deja 48 horas en reposo. A las 48 horas, se revuelve y se aporta otro volumen igual de agua, por lo que queda al 5%. Se pone en movimiento el vino y 5 minutos después se aplica el clarificante poco a poco, manteniendo el movimiento. Se para la agitación y se espera 12 días.

Los tiempos de preparación y contacto deben entenderse como referencias del procedimiento utilizado, no como una autorización para repetir automáticamente la misma dosis. Si ya se ha producido una sobredosificación, añadir más bentonita no corrige el problema y puede aumentar las pérdidas.

Trasiego cuidadoso

Cuando el sedimento está compacto, debe separarse el vino limpio sin arrastrar la fracción inferior. La clarificación espontánea puede ser lenta, pero permite retirar una parte importante de la bentonita sin someter inmediatamente el vino a una filtración exigente.

En teoría, con paciencia y esperando 6 meses, el vino se presentará limpio y brillante. En la práctica, cambios atmosféricos de presión pueden facilitar que la materia sedimentada vuelva a ascender y enturbiar el vino; por tal razón, los trasiegos se hacen en época de alta presión, cuando este sedimento está muy asentado.

Filtración posterior

Después del trasiego puede ser necesaria una filtración adecuada para retirar los finos restantes. La secuencia debe adaptarse a la carga de partículas y a la estabilidad del vino, evitando comenzar directamente con un medio demasiado cerrado.

La filtración puede ser desbastadora, clarificante, de seguridad, microbiológica o final antes del embotellado. Elegir el tipo correcto permite reducir la carga progresivamente y limita la colmatación de placas, cartuchos o membranas.

Corrección sensorial posterior

Si la bentonita ha provocado pérdida de volumen o una sensación demasiado plana, las técnicas aditivas con taninos, polisacáridos derivados de levaduras o gomas arábigas pueden ser útiles para corregir o minimizar defectos como falta de estructura, exceso de astringencia, sensación de amargor o reducción.

Estas sustancias no eliminan la bentonita ni revierten una pérdida aromática completa, pero pueden ayudar a recuperar parte del equilibrio sensorial. Se requieren ensayos previos para determinar las dosis óptimas.

Cómo corregir un exceso de albúmina de huevo

La albúmina de huevo se emplea principalmente en vinos tintos y puede suavizar los taninos agresivos. La clarificación del vino con clara de huevo es una de las maneras más prestigiosas y tradicionales de llevar a cabo este proceso, y su origen se remonta al siglo XVII.

La clara de huevo arrastra las impurezas y otorga al vino esa limpieza deseada para su consumo de una forma orgánica y natural. Además de clarificar, la albúmina de huevo mejora el aroma y paladar del vino tinto.

Para un vino muy tinto se han indicado 2 claras por hectolitro y, para uno moderado, 1,5 claras por hectolitro. En otro procedimiento tradicional se añade una clara de huevo por hectolitro de vino para clarificarlo y suavizar los taninos antes del embotellado.

Estas diferencias muestran por qué la dosis debe adaptarse al vino y comprobarse previamente. No debe extrapolarse una cantidad fija a todas las elaboraciones.

Medidas de corrección

  • Dejar que los flóculos sedimenten por completo.
  • Evitar agitación, remontados o movimientos innecesarios.
  • Realizar un trasiego cuidadoso.
  • Evaluar la intensidad aromática, el color y la estructura del vino.
  • Aplicar una filtración progresiva si quedan partículas.
  • Valorar una corrección sensorial mediante ensayos con manoproteínas, taninos o goma arábiga.

La albúmina de huevo sólo para tintos. Si la sobredosificación ha reducido en exceso los taninos, el vino puede requerir una estrategia aditiva, pero esta debe definirse después de la cata y de los ensayos comparativos.

Cómo corregir un exceso de gelatina, caseína o cola de pescado

Dentro de los clarificantes proteicos están la clara de huevo, la caseína de la leche, la sangre de ternero o la gelatina, que puede ser de cerdo o de pescado. La caseína es el principal componente proteico de la leche y puede utilizarse para tratar ciertos problemas de blancos.

La gelatina interactúa especialmente con taninos y compuestos fenólicos. Una dosis excesiva puede reducir la astringencia, pero también retirar demasiada estructura y provocar un vino más débil. La caseína puede mejorar el color y la limpieza sensorial en determinados blancos, aunque debe evaluarse su impacto organoléptico y la presencia de alérgenos.

La corrección práctica consiste en separar el sedimento, esperar a que termine la floculación, hacer un trasiego limpio y analizar el perfil sensorial antes de intentar recuperar volumen o estructura mediante otros productos.

En los últimos años se ha reducido el uso de algunos clarificantes de origen animal por razones sanitarias, regulatorias, de alérgenos y de filosofía de elaboración. Por eso, cualquier corrección debe tener en cuenta el tipo de vino y los requisitos aplicables a su elaboración.

Cómo corregir un exceso de PVPP o de clarificantes sintéticos

Entre los agentes sintéticos está el PVPP, polivinilpolipirrolidona. Se trata de una especie de pegamento con capacidad para reducir, entre otras cosas, la astringencia en tintos jóvenes.

El PVPP también se utiliza para reducir polifenoles oxidables. Una aplicación excesiva puede disminuir la intensidad de ciertos compuestos fenólicos y afectar al color, al aroma y a la complejidad.

Una vez separado el sedimento, deben realizarse ensayos sensoriales para determinar si el vino presenta falta de color, menor estructura, pérdida de frescura o reducción de la persistencia. Las técnicas aditivas con taninos, polisacáridos derivados de levaduras o gomas arábigas pueden ser útiles para corregir o minimizar defectos, pero requieren ensayos previos.

Cómo corregir una clarificación excesiva en vinos tintos

En vinos tintos, los principales riesgos de la sobreclarificación son la pérdida de color, la disminución de taninos, la reducción del volumen y una menor persistencia. La percepción de sequedad está directamente relacionada con el contenido de polifenoles del vino, principalmente de los taninos presentes en los hollejos y pepitas de la uva.

Si el vino ha quedado demasiado agresivo, pueden utilizarse polisacáridos y goma arábiga para aportar más volumen y dulzor y enmascarar parte de la sensación de astringencia. Las manoproteínas de levadura potencian características sensoriales como intensidad y complejidad aromática, volumen y una menor astringencia.

Los taninos también pueden contribuir a recuperar complejidad y protección antioxidante. Los taninos específicos deben elegirse en función del defecto, porque no todos aportan la misma sensación ni tienen el mismo comportamiento.

Problema sensorialPosible estrategia
Falta de volumenManoproteínas, polisacáridos o goma arábiga mediante ensayos previos
Exceso de astringenciaClarificación dirigida o enmascaramiento con polisacáridos y goma arábiga
Falta de complejidadTaninos o manoproteínas seleccionados mediante pruebas comparativas
Pérdida de colorEvaluación del estado fenólico y de la estabilidad del color antes de corregir

La corrección aditiva no debe aplicarse para ocultar una inestabilidad microbiológica, proteica o tartárica. Primero debe determinarse qué problema permanece en el vino y si la pérdida sensorial procede realmente del exceso de clarificante.

Cómo corregir una clarificación excesiva en vinos blancos y rosados

En blancos y rosados, la bentonita se utiliza para retirar proteínas que podrían enturbiar el vino y mejorar su estabilidad. Sin embargo, un tratamiento excesivo puede disminuir aromas delicados y reducir la sensación de frescura.

Los vinos blancos y rosados pueden ser especialmente sensibles a la pérdida de compuestos aromáticos. La temperatura influye en la sedimentación, la actividad microbiana, la oxidación y la conservación de los aromas, por lo que debe mantenerse estable durante el tratamiento.

Si el vino ha quedado limpio pero aromáticamente débil, puede ser necesario trabajar con lías finas, manoproteínas o determinados taninos, siempre mediante ensayos previos. La corrección debe buscar equilibrio y no simplemente aumentar la intensidad de un atributo.

Temperatura y exceso de clarificante

Se debe controlar la temperatura para que se mantenga estable y no sea ni demasiado alta ni muy baja. La temperatura influye simultáneamente en la velocidad de las reacciones, la actividad enzimática, la multiplicación microbiana, la sedimentación y la conservación de los compuestos aromáticos.

Si la temperatura supera los 25 °C, la clarificación se vuelve ineficaz y lenta. El control térmico favorece la clarificación y la estabilización tartárica.

Un aumento de temperatura aumenta la velocidad de la reacción, independientemente de su naturaleza. La velocidad de la reacción se duplica por cada 10 ºC de aumento de temperatura.

La temperatura también afecta a los microorganismos. Saccharomyces cerevisiae no tiene actividad o ésta es muy baja por debajo de 10-12 °C y muestra un crecimiento máximo en el mosto de uva en torno a los 35 °C. Las bacterias lácticas requieren 16-18 °C para crecer a una velocidad considerable.

Conservar los vinos correctamente a baja temperatura es una estrategia eficaz para reducir el crecimiento de microorganismos contaminantes, tanto en el mosto como en el vino. Un posterior aumento de la temperatura reiniciará el proceso de contaminación, por lo que es necesario llevar un control microbiológico de los vinos y actuar cuando las poblaciones lleguen a cierto nivel.

Por qué no conviene corregir el problema con más clarificante

Si el vino permanece turbio después de una dosis elevada, añadir más producto puede agravar la situación. El problema puede deberse a partículas demasiado pequeñas, coloides protectores, una elección inadecuada del clarificante, una preparación incorrecta, falta de mezcla, temperatura desfavorable o una inestabilidad que no se resuelve mediante clarificación.

Los agentes clarificantes se seleccionan en función del elemento que se desee retirar. Si se detecta en el vino un exceso de compuestos polifenólicos astringentes o secantes, lo recomendable es adicionar proteínas de elevado peso molecular, como gelatinas de cadena larga o albúmina de huevo.

En cambio, si el vino tiene una inestabilidad proteica acusada, es recomendable adicionar compuestos inorgánicos, como bentonita o sol de sílice, para que durante el proceso arrastren este exceso de proteínas y se consiga la estabilidad buscada.

No existe un clarificante universal. Un agente útil para proteínas puede no ser adecuado para compuestos fenólicos. Un tratamiento apropiado para un blanco joven puede ser innecesario o demasiado agresivo para un tinto con estructura.

Problemas que pueden confundirse con un exceso de clarificante

Inestabilidad proteica

Un vino puede parecer limpio y, aun así, presentar proteínas inestables capaces de generar turbidez al aumentar la temperatura o durante el almacenamiento. La respuesta debe basarse en un ensayo de estabilidad y no en una nueva adición indiscriminada de clarificante.

Inestabilidad tartárica

Los cristales de tartrato no son un problema de clarificación en sentido estricto, pero sí pueden generar depósitos visuales en botella. Si la bodega detecta riesgo de precipitación tartárica, debe tratarlo como un problema de estabilidad, no intentar compensarlo únicamente con filtración final.

Contaminación microbiológica

La presencia de levaduras o bacterias puede provocar turbidez, depósitos, aromas anómalos o refermentaciones. El vino no debe considerarse listo para filtrar si presenta riesgo evidente de refermentación o contaminación microbiológica.

Oxidación

Durante la crianza, es fundamental proteger el vino de la oxidación y equilibrar el potencial redox para evitar cambios de color y aroma. Las lías finas, el ácido ascórbico, el SO2 y determinados taninos pueden reducir o estabilizar el potencial redox del vino.

Reducción

La reducción puede producir aromas de huevo podrido, caucho quemado, mofeta, fósforo quemado, espárrago, cebolla y ajo. Además, puede afectar a la sensación en boca e intensificar algunos atributos del vino, como el amargor y las notas herbáceas.

La mejor manera de determinar la causa del defecto es realizar una prueba sensorial simple con el fin de encontrar el tratamiento más adecuado. La corrección debe dirigirse a la causa y no atribuir automáticamente todos los problemas a la cantidad de clarificante.

Problema observadoPosible causaRespuesta técnica recomendada
Vino turbio tras fermentaciónLías finas, levaduras, coloides o partículas en suspensiónTrasiego, clarificación dirigida y filtración en profundidad
Riesgo de quiebra proteicaProteínas inestables sensibles al calorEnsayo de estabilidad y tratamiento con bentonita
Filtros que se colmatan rápidoClarificación insuficiente o alta carga coloidalPrefiltración, placas adecuadas y revisión del índice de filtrabilidad
Depósitos en botellaPartículas residuales, inestabilidad tartárica o microbiológicaDiagnóstico previo, estabilización, filtración final y control microbiológico

Procedimiento recomendado para evitar la sobredosificación

Ensayos previos

Hay que hacer múltiples ensayos en laboratorio para seleccionar el clarificante más adecuado para cada vino y medir con precisión la dosis idónea. Estos ensayos permiten comparar diferentes productos y cantidades antes de tratar todo el depósito.

Las muestras deben evaluarse después de un tiempo suficiente para observar la floculación, la velocidad de sedimentación, la compactación de las lías, la limpidez y la respuesta sensorial. También es necesario valorar cómo afectará el tratamiento a la filtración posterior.

Preparación correcta

Los enólogos diluyen el clarificante que vayan a emplear en agua, estableciendo con precisión la dosis adecuada, y lo introducen en el depósito donde se encuentra el vino que se desea clarificar.

Si por miedo a poner agua al vino se utilizara la solución madre, que es más concentrada, se produciría una floculación tan brusca que resultaría ineficaz. La dilución de aplicación favorece una distribución más homogénea.

Mezcla controlada

Después, es necesario remover el vino para asegurarse de que el clarificante hace efecto en toda la elaboración. La aplicación debe realizarse poco a poco y con el vino en movimiento, evitando concentraciones locales demasiado elevadas.

Reposo suficiente

Tras la aplicación, debe mantenerse el reposo para que se formen y sedimenten los flóculos. El tiempo de contacto depende del clarificante, del vino, de la temperatura y del objetivo del tratamiento.

Trasiego y control

Una vez sedimentado el clarificante, se realiza el trasiego con cuidado para no remover los flóculos. Posteriormente se comprueba la limpidez, la estabilidad y el perfil sensorial antes de filtrar o embotellar.

Clarificación y filtración antes del embotellado

Aunque la clarificación del vino contribuye a estabilizarlo, es habitual que las bodegas lleven a cabo una estabilización de las elaboraciones, sometiéndolas a bajas temperaturas durante varios días de cara a evitar precipitaciones de sales tartáricas naturales.

Finalmente, tras la clarificación del vino y la estabilización, los enólogos proceden a realizar una filtración con el objetivo de esterilizar las elaboraciones y asegurarse de que son estables biológicamente antes de embotellarlas. Para ello se hace pasar a los vinos por membranas porosas.

La clarificación da brillo a los vinos, pero este brillo garantiza un consumo de 2 meses. Para embotellados que vayan a estar en mercado más tiempo se precisa filtrar también.

La bodega debe definir si necesita filtración clarificante, filtración de seguridad o filtración final previa al embotellado. La filtración no debe comenzar mientras exista una carga excesiva de partículas o un problema de estabilidad sin resolver.

¿Se puede recuperar completamente un vino sobreclarificado?

No siempre es posible recuperar por completo los aromas, el color o los compuestos estructurales que ya han sido retirados por un exceso de clarificante. La corrección puede mejorar el equilibrio sensorial, pero no garantiza la restitución exacta del estado original.

La posibilidad de recuperación depende del clarificante utilizado, del tiempo de contacto, de la intensidad del tratamiento, del tipo de vino y del momento en que se detecta el problema. Por eso es preferible prevenir la sobredosificación mediante ensayos que intentar corregirla después.

Cuando la pérdida se limita al volumen o a la sensación de boca, puede valorarse el uso de manoproteínas, polisacáridos, goma arábiga o taninos. Cuando la pérdida aromática es intensa, las posibilidades son más limitadas y deben comprobarse en pequeñas muestras antes de tratar el depósito completo.

Buenas prácticas para evitar el exceso de clarificante

  • Definir previamente el objetivo del tratamiento.
  • Determinar si el problema es de partículas, proteínas, polifenoles, microorganismos o estabilidad.
  • Realizar ensayos de laboratorio con varias dosis.
  • Utilizar la dosis mínima que alcance el resultado buscado.
  • Controlar la temperatura durante la clarificación.
  • Preparar correctamente la solución madre y la dilución de aplicación.
  • Distribuir el producto de forma homogénea.
  • Respetar el tiempo de reposo.
  • Separar los flóculos mediante un trasiego cuidadoso.
  • Evaluar la filtrabilidad antes de elegir el medio filtrante.
  • Comprobar la estabilidad proteica, tartárica y microbiológica.
  • Realizar una cata comparativa antes de aprobar el vino para embotellado.

La clarificación, la estabilización y la filtración son operaciones decisivas para controlar la limpidez, la estabilidad biológica, la conservación y el perfil organoléptico del vino. La mejor corrección de un exceso de clarificante consiste en detener la adición, favorecer una sedimentación completa, trasegar con cuidado, analizar el vino y aplicar únicamente ajustes posteriores respaldados por ensayos.

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