¿Los pesticidas depuran el agua? Efectos de los pesticidas en la calidad del agua

¿Los pesticidas depuran el agua? Efectos de los pesticidas en la calidad del agua

No, los pesticidas no depuran el agua. Al contrario, pueden contaminar las aguas superficiales y subterráneas mediante la escorrentía, la filtración, la lixiviación, la volatilización y el transporte atmosférico. Aunque las plantas de tratamiento pueden eliminar muchos contaminantes antes de que el agua llegue al grifo, esto requiere procesos cada vez más complejos y costosos.

Los plaguicidas se utilizan para proteger los cultivos de las plagas, pero su uso puede ocasionar efectos adversos no deseados sobre la salud humana y el medio ambiente. La contaminación de las aguas por plaguicidas causa pérdida de biodiversidad y deterioro de la calidad del agua cuando sus concentraciones superan las normas ambientales o sanitarias.

Qué son los pesticidas y cómo llegan al agua

El término «plaguicida» comprende todos los productos químicos utilizados para destruir las plagas o controlarlas. En la agricultura se utilizan herbicidas, insecticidas, fungicidas, nematocidas y rodenticidas.

Los plaguicidas o productos fitosanitarios son sustancias que se utilizan para proteger los cultivos de las plagas, entendiendo por plaga a cualquier especie de agentes patógenos, animales o vegetales parásitos que sean nocivos para los vegetales o productos vegetales. Se emplean normalmente en agricultura, aunque también pueden utilizarse para otros usos no agropecuarios, como el control de malas hierbas en carreteras y líneas férreas.

Los plaguicidas son imprescindibles para la producción agrícola, tanto bajo los sistemas convencionales de agricultura, como otros sistemas, como la integrada o la ecológica. Sin el uso de plaguicidas muchos cultivos no serían viables, o bien, los productos cosechados no podrían mantenerse almacenados.

Cuando se rocía un campo, sólo una parte del producto llega a la planta objetivo. El resto se esparce por el suelo, se evapora o se disuelve con la lluvia, terminando en ríos, fuentes y acuíferos.

La lluvia, el riego y el drenaje del suelo arrastran en silencio los restos de los campos hasta las acequias, los arroyos y los ríos. Desde ahí recorren cuencas enteras hasta acabar, finalmente, en los lagos y en los acuíferos.

Algunos pesticidas se disuelven en el agua de lluvia y van a parar directamente a los arroyos cercanos por escorrentía superficial. Otros se filtran lentamente a través de las capas del suelo y entran en los acuíferos subterráneos.

Los plaguicidas llegan al medio acuático a través de escorrentía, filtración o lixiviación de fuentes puntuales o difusas. También pueden evaporarse tras su aplicación o adherirse a partículas de polvo.

Ruta de pesticidas desde el campo hasta acuíferos

El ciclo del agua también transporta pesticidas

Los pesticidas pueden incorporarse a distintas fases del ciclo hidrológico. Una vez que se aplican al suelo o a los cultivos, pueden desplazarse con el agua de lluvia, infiltrarse en el terreno, alcanzar las aguas subterráneas o ser transportados por el aire.

Una vez en los ríos, los pesticidas no suelen ir solos. El seguimiento revela con frecuencia mezclas de herbicidas, fungicidas e insecticidas presentes al mismo tiempo. Los científicos describen esto a veces como un «cóctel químico».

Algunos pesticidas se evaporan tras su aplicación o se adhieren a partículas de polvo. Una vez en el aire, pueden desplazarse por la atmósfera y entrar en las nubes.

Los estudios de seguimiento detectan regularmente residuos de pesticidas en el agua de lluvia, encontrando a veces una docena o más de productos químicos en un solo episodio de lluvia. En las regiones agrícolas, los investigadores han registrado hasta 35 pesticidas diferentes en una sola muestra de agua de lluvia.

En efecto, los pesticidas pueden sumarse al ciclo global del agua: se fumigan en el campo, suben a la atmósfera, se quedan un tiempo en las nubes y vuelven a la tierra con la siguiente tormenta.

Principales vías de contaminación

Vía de transporteCómo ocurreConsecuencia
Escorrentía superficialLa lluvia o el riego arrastran residuos desde el suelo hacia arroyos, ríos y lagos.Contaminación rápida de aguas superficiales.
Filtración y lixiviaciónLos compuestos atraviesan las capas del suelo.Contaminación de acuíferos y pozos.
VolatilizaciónEl pesticida pasa a la atmósfera después de la aplicación.Transporte a distancia y deposición posterior.
Agua de lluviaLos residuos atmosféricos regresan al suelo con las precipitaciones.Redistribución de mezclas de pesticidas.
Fuentes puntualesVertidos, almacenamiento o distribución inadecuados de productos agroquímicos.Concentraciones localizadas y elevadas.

En Lituania, si bien la contaminación debida a plaguicidas ha disminuido debido a factores económicos, se dan casos frecuentes de contaminación del agua por plaguicidas como consecuencia del almacenamiento y distribución inadecuados de los productos agroquímicos.

Qué sustancias intervienen en la contaminación

Los efectos de los plaguicidas en la calidad del agua están asociados al ingrediente activo en la formulación de los plaguicidas, a los contaminantes que existen como impurezas en el ingrediente activo, a los aditivos que se mezclan con el ingrediente activo y a los productos degradados que se forman durante la degradación química, microbiana o fotoquímica del ingrediente activo.

Entre los aditivos pueden encontrarse humectantes, diluyentes o solventes, aprestos, adhesivos, soluciones reguladoras, conservantes y emulsionantes.

El proceso de degradación puede llevar a la formación de «productos degradados», cuya toxicidad puede ser mayor, igual o menor que la del compuesto original. Por ejemplo, el DDT se degrada en DDD y DDE.

Los programas de seguimiento agrícola analizan cada año más de 300 compuestos de pesticidas en miles de ríos y lagos. Herbicidas como el MCPA y el metolacloro aparecen regularmente en las muestras, junto con insecticidas como el imidacloprid, un miembro de la familia de los neonicotinoides conocido por afectar al sistema nervioso de los insectos.

Efectos de los pesticidas sobre la calidad del agua

La contaminación por pesticidas puede modificar la calidad química del agua, afectar a los organismos acuáticos, deteriorar los ecosistemas y aumentar los costes de tratamiento del agua destinada al consumo humano.

Si la concentración de un plaguicida es superior a su norma de calidad ambiental puede tener efectos adversos sobre el medio acuático o la salud humana a través de él. Además, si la concentración de un plaguicida individual supera el valor de 0,1 µg/L y el total de 0,5 µg/L, el agua no es apta para el consumo humano.

La normativa europea establece un límite estricto de 0,1 microgramos por litro para pesticidas individuales en las aguas subterráneas, un umbral destinado a mantener las concentraciones extremadamente bajas.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre el 19 % y el 27 % de los ríos europeos contienen concentraciones de pesticidas por encima de los umbrales de seguridad ecológica. Las aguas subterráneas no están mucho mejor: entre el 11 % y el 18 % de las masas monitorizadas superan los límites de seguridad.

En toda la red de seguimiento de Europa, alrededor del 23 % de las masas de agua superficial superaron los estándares de calidad de pesticidas en 2023, lo que significa que aproximadamente uno de cada cuatro ríos y lagos no alcanzó los umbrales ecológicos diseñados para proteger la vida silvestre.

En total, se analizaron más de 8.800 ríos y 1.500 lagos entre 2018 y 2023, lo que ofrece una de las imágenes más completas hasta la fecha de la contaminación por pesticidas en los sistemas de agua dulce.

Consecuencias para los ecosistemas acuáticos

Los insecticidas diseñados para alterar el sistema nervioso de las plagas de los cultivos también afectan a los insectos acuáticos, que constituyen la base de las redes tróficas de agua dulce. El declive de estas poblaciones repercute en cascada en peces, anfibios y aves.

La pérdida de biodiversidad se produce porque los plaguicidas son sustancias capaces de reducir o eliminar fauna o flora perjudicial para la agricultura y, por lo tanto, pueden tener efectos similares sobre otros organismos presentes en el medio ambiente.

Un río puede parecer perfectamente sano mientras su vida desaparece silenciosamente. La contaminación por nitratos y pesticidas degrada ecosistemas, empobrece la biodiversidad y pone en riesgo la sostenibilidad agraria.

Los acuíferos contaminados pueden tardar décadas en recuperarse, y muchas zonas rurales deben hacer frente a restricciones de uso o costes elevados de tratamiento. La pérdida de biodiversidad es alarmante: insectos polinizadores, anfibios y aves acuáticas se ven afectados por la acumulación de residuos químicos.

Y esto genera un círculo vicioso: a menor biodiversidad, mayor dependencia de productos químicos, y mayor contaminación.

Pesticidas, nitratos y eutrofización

Los pesticidas no son la única fuente agraria de contaminación. El uso excesivo de fertilizantes también puede contaminar las aguas superficiales y subterráneas. La contaminación más común es la generada por el nitrato que llega a las aguas por filtración o escorrentía.

Otra fuente agraria de nitratos es la oxidación de amoníaco procedente de residuos animales. Este exceso de nutrientes provoca un fenómeno conocido como eutrofización, que favorece el crecimiento de algas en ríos y lagos, agota el oxígeno del agua y pone en peligro la vida acuática.

El exceso de nutrientes en el agua, especialmente nitrógeno y fósforo, provoca el crecimiento acelerado de fitoplancton y otras especies de flora acuática, causando trastornos en el equilibrio del ecosistema acuático.

En ocasiones este crecimiento es tan brusco que puede ser invasivo y se manifiesta en forma de floraciones, proliferaciones o «bloom». Además de alterar al ecosistema, las floraciones causan efectos negativos a la calidad del agua.

Pueden aparecer y dominar ciertas especies como las cianobacterias, capaces de segregar toxinas al agua, entre ellas las microcistinas. El agua puede adquirir coloración verdosa, verde-azulado, rojiza o parda, según sea la especie dominante en la floración.

La turbidez y materia en suspensión aumentan impidiendo el paso de la luz a capas profundas; se reduce el oxígeno disuelto, hasta agotamiento o anoxia, que puede alternar con estados de sobresaturación; se generan malos olores por emisión de metano y sulfuro de hidrógeno; aumenta el volumen de fangos orgánicos en el lecho.

Todos estos cambios alteran la vida acuática, siendo muy relevante la anoxia que causa mortandad de peces. La eutrofización, además, puede producir el incremento significativo de la vegetación asociada a los cauces y favorecer el desarrollo de especies invasoras.

Eutrofización de un lago por exceso de nutrientes

El papel de la calidad del agua en las mezclas de insecticidas

La contaminación del agua por pesticidas debe diferenciarse de la calidad del agua utilizada para preparar una mezcla de pulverización. En este segundo caso, el agua no depura el insecticida, sino que puede modificar su estabilidad y su eficacia.

La calidad del agua puede afectar el desempeño de ciertos principios activos. Comprender las características del agua y la sensibilidad del producto puede mejorar los resultados del control de plagas.

El pH, los minerales disueltos, los sólidos en suspensión y la temperatura pueden afectar el rendimiento de los insecticidas líquidos. No debería sorprendernos que la calidad del agua es un factor clave en la efectividad de una aplicación.

Después de todo, la gran mayoría de una mezcla de pulverización está compuesta por agua, a menudo más del 95 por ciento. Generalmente la única atención que recibe el agua suele ser la medición del volumen específico de la mezcla para lograr la dilución deseada.

Es fundamental conocer el tipo de agua con el que vamos a trabajar, y corregirlo en caso de necesidad antes de agregar un insecticida domisanitario al tanque. Este es un paso simple y de bajo costo que puede aumentar la efectividad de ciertos ingredientes activos.

Cómo influye el pH del agua

El pH es un factor crítico en la eficacia de la mayoría de los insecticidas. El pH varía de 0 a 14. Un pH de 7 se considera neutral, un pH menor de 7 es ácido y un pH mayor de 7 es alcalino.

Dado que la mayoría de estos son formadores de ácido, es fundamental que el pH del agua sea ácido, siendo el óptimo entre 5,0 y 6,0, para evitar la hidrólisis química, o disociación.

Algunos insecticidas, en particular los insecticidas carbamatos y organofosforados, son sensibles al pH y se descomponen al reaccionar con el agua a través de un proceso conocido como hidrólisis.

Experimentan una reacción química en presencia de agua alcalina, con un pH superior a 7. Básicamente, el ingrediente activo del pesticida se divide en moléculas más pequeñas y se vuelve inútil.

La hidrólisis puede ocurrir desde el momento en que se agrega el pesticida a la solución de pulverización, y una vez que se rompe la molécula del pesticida ya no será efectiva.

En las reacciones de hidrólisis se rompe una molécula por adición de una molécula de agua. La velocidad y la intensidad de esta descomposición depende de las propiedades químicas específicas del ingrediente activo, el pH del agua de la mezcla y el tiempo que el insecticida está en contacto con el agua.

El agua de mezcla por aspersión con un valor de pH entre 8 y 9 puede causar una rápida hidrólisis hasta el punto en que el grado de control de plagas se reduce o se pierde en gran medida.

Vida media y tiempo de permanencia en el tanque

La degradación química de un insecticida se denomina comúnmente en términos de su vida media. Una vida media es el período de tiempo que tarda la mitad, o 50 % de hidrólisis, de la cantidad de insecticida en el agua en degradarse.

Cuanto más tiempo se deja en solución un producto, más vulnerable será a problemas de pH como la hidrólisis. Debe hacerse todo lo posible para terminar una aplicación dentro de unas pocas horas luego de prepararse el tanque.

No guarde mezclas de productos en el tanque durante la noche ya que no mantendrán la eficacia inicial. Siguiendo sólo esta práctica podría ayudar a mejorar la eficacia de sus aplicaciones.

Cómo medir y corregir el pH

Podemos identificar el pH del agua con la que vamos a trabajar con un kit de prueba para piscinas, papel tornasol o un medidor de pH. El uso de correctores de pH también puede ayudar.

Cómo influye la dureza del agua

La dureza del agua puede influir en el rendimiento de los insecticidas. Entendemos la dureza del agua como la concentración de sales, principalmente de magnesio y calcio, en una determinada cantidad de agua.

Esta dureza total del agua viene dada en ppm o en mg/l de CaCO3. Sus niveles altos tienen efectos negativos sobre el insecticida.

El agua dura, causada por la presencia de cationes disueltos como calcio, magnesio y hierro, afecta algunos insecticidas. Los cationes cargados positivamente en agua dura se unen a las moléculas del insecticida cargadas negativamente, lo que resulta en un control menos efectivo.

Estos cationes pueden reducir aún más la eficacia de los insecticidas ácidos débiles, especialmente si el pH del agua es por encima del rango ideal.

El efecto ocurre debido a que el insecticida se disocia entre componentes cargados positiva y negativamente, y los cationes del agua se unen con la porción cargada negativamente del pesticida.

Esto deriva en problemas como que moléculas no pueden ser absorbidas por la plaga objetivo, o entran a un ritmo más lento o forman sales insolubles.

Persistencia, toxicidad y destino ambiental

Los efectos ecológicos de los plaguicidas en el agua están determinados por su toxicidad, persistencia, productos degradados y destino ambiental.

La toxicidad para mamíferos y no mamíferos se expresa en forma de DL50, o dosis letal: concentración del plaguicida que provoca la muerte de la mitad de los organismos de prueba durante un período especificado de prueba.

Cuanto más baja es la DL50, mayor es la toxicidad; los valores de 0 a 10 son extremadamente tóxicos. Las directrices sobre los alimentos y el agua potable se determinan utilizando una evaluación basada en el riesgo.

Por lo general, riesgo = exposición, cantidad o duración, multiplicada por toxicidad. La respuesta tóxica puede ser aguda, como la muerte, o crónica, como cánceres y tumores, deficiencias reproductivas, inhibición del crecimiento y efectos teratogénicos.

La persistencia se mide en términos de vida media, es decir, el tiempo necesario para que la concentración ambiental disminuya un 50 %. Está determinada por procesos bióticos y abióticos de degradación.

Los procesos bióticos son la biodegradación y el metabolismo; los procesos abióticos son fundamentalmente la hidrólisis, fotólisis y oxidación.

Los plaguicidas modernos suelen tener vidas medias breves, que reflejan el período durante el cual la plaga debe ser controlada. Sin embargo, algunos compuestos pueden permanecer años en el medio antes de degradarse.

El destino ambiental de un plaguicida depende de la afinidad natural del producto químico con respecto a la materia sólida, el líquido, la forma gaseosa y la biota.

Este comportamiento recibe con frecuencia el nombre de compartimentación y comprende, respectivamente, la determinación del coeficiente de absorción del suelo, la solubilidad, la constante de Henry y el coeficiente de partición n-octanol/agua.

Evolución histórica y persistencia de los plaguicidas

Un factor decisivo de la Revolución Verde ha sido el desarrollo y aplicación de plaguicidas para combatir una gran variedad de plagas insectívoras y herbáceas que, de lo contrario, disminuirían el volumen y calidad de la producción alimentaria.

El uso de plaguicidas coincide con la «era química», que ha transformado la sociedad desde el decenio de 1950. En lugares donde se practica el monocultivo intensivo, los plaguicidas constituyen el método habitual de lucha contra las plagas.

Por desgracia, los beneficios aportados por la química han ido acompañados de una serie de perjuicios, algunos de ellos tan graves que ahora representan una amenaza para la supervivencia a largo plazo de importantes ecosistemas, como consecuencia de la perturbación de las relaciones depredador-presa y la pérdida de biodiversidad.

PeríodoGrupo o ejemploCaracterísticas señaladas
1800-1920Primeros plaguicidas orgánicos, nitrofenoles, clorofenoles, creosota, naftaleno y aceites de petróleoCon frecuencia, carecen de especificidad y eran tóxicos para el usuario o para organismos que no eran los destinatarios.
1945-1955Productos orgánicos clorados, DDT, HCCH y ciclodienos cloradosPersistentes, buena selectividad, buenos resultados agrícolas, resistencia y efectos ecológicos nocivos.
1945-1970Compuestos organofosforados y carbamatosMenor persistencia, cierta toxicidad para el usuario y algunos problemas ambientales.
1970-1985Piretroides sintéticos, avermectinas, imitaciones de las hormonas juveniles y plaguicidas biológicosCierta falta de selectividad, resistencia, costes y persistencia variable.
1985-Organismos obtenidos por ingeniería genéticaPosibles problemas con mutaciones y fugas, perturbación de la ecología microbiológica y monopolio de los productos.

La progresión general en el desarrollo de los plaguicidas ha supuesto la evolución desde plaguicidas altamente tóxicos, persistentes y bioacumulativos, como el DDT, hasta plaguicidas que se degradan rápidamente en el medio ambiente y son menos tóxicos para los organismos a quienes no están destinados.

Los países desarrollados han prohibido muchos de los plaguicidas antiguos debido a sus efectos tóxicos potenciales sobre el ser humano o sus impactos negativos sobre los ecosistemas y han aprobado el uso de plaguicidas de formulaciones modernas.

Algunos plaguicidas prohibidos desde hace tiempo en los países desarrollados, por ejemplo, DDT y toxafeno, se encuentran con frecuencia en regiones tan remotas como la zona ártica.

Consecuencias para la salud humana

Los pesticidas pueden llegar a las personas mediante el contacto con la piel, la inhalación de polvo o pulverizaciones y la ingestión de alimentos o agua contaminados.

Los riesgos de contaminación crónica vinculados con el consumo de agua son difíciles de establecer debido a que deben considerarse muchos criterios, como la dosis o el tipo de plaguicida absorbido, la edad, la condición física del consumidor y la duración de la exposición.

Las mujeres embarazadas y los niños pequeños son los más vulnerables. La exposición prolongada a los pesticidas se ha relacionado con un aumento del riesgo de sufrir abortos naturales, malformaciones en el feto o problemas de desarrollo en el bebé.

Por otro lado, tal exposición también podría favorecer el desarrollo de ciertos cánceres y las enfermedades de Parkinson o Alzheimer. Es importante tener en cuenta que los efectos descritos anteriormente se han relacionado con una exposición general y regular a los pesticidas y no necesariamente al consumo de los restos de pesticidas presentes en el agua del grifo.

Las consecuencias a largo plazo del consumo de pesticidas en el agua potable son aún dudosas, ya que no han sido objeto de ningún análisis desde hace muchos años. Será necesario disponer de estudios adicionales para establecer con mayor precisión los riesgos concretos asociados a los residuos de pesticidas presentes en el agua potable.

Pesticidas en el agua del grifo

La legislación española sobre la calidad del agua del grifo es muy estricta. A pesar de no poder garantizar un agua libre al 100 % de contaminantes, la administración ha impuesto unos límites que aseguran el consumo sin riesgo del agua del grifo.

Los pesticidas se infiltran en el suelo llegando a las capas freáticas y a las fuentes de agua dulce. La administración central y las empresas de suministro y abastecimiento de agua están obligadas permanentemente a invertir en sistemas descontaminantes cada vez más eficaces.

Las plantas de tratamiento de agua potable eliminan muchos contaminantes antes de que el agua llegue al grifo, pero esto requiere cada vez más procesos de tratamiento complejos y costosos.

La administración pone a disposición información que permite conocer el tipo de análisis y la fecha en la que se llevan a cabo, así como la conformidad o no del agua del grifo respecto a los requerimientos vigentes.

Para obtener información sobre la concentración de pesticidas en el agua del grifo, se puede consultar a la Consejería de Sanidad de la comunidad autónoma, a la empresa de aguas que gestiona el suministro, al municipio o al Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo.

Tratamiento y depuración del agua contaminada

La depuración del agua contaminada por pesticidas no ocurre de manera natural por el simple contacto con el agua. El tratamiento requiere tecnologías específicas y un control permanente de las concentraciones.

Los sistemas de tratamiento pueden eliminar muchos contaminantes, pero no todos los procesos tienen la misma eficacia frente a todos los principios activos, productos degradados o mezclas de sustancias.

Los filtros para agua de grifo pueden suprimir directamente algunas partículas de pesticidas a la salida del grifo. Existe el riesgo de liberar estos contaminantes si los cartuchos no se cambian durante mucho tiempo, por tanto, es imprescindible cambiarlos regularmente.

También existen sistemas de filtración por ósmosis inversa, considerados una opción eficaz frente a determinados plaguicidas presentes en el agua del grifo. Sin embargo, este sistema también elimina minerales esenciales como el calcio y el magnesio.

La eficacia de cualquier sistema depende del contaminante, de su concentración, del estado del filtro y de las características del agua. Por ello, el tratamiento debe basarse en análisis fiables y en el mantenimiento adecuado del sistema.

El suelo como barrera natural

Un suelo sano se comporta como una esponja viva, filtrando el agua y reteniendo los nutrientes. A medida que la estructura del suelo se degrada, su capacidad para absorber y filtrar el agua disminuye.

Cada tormenta se convierte entonces, de hecho, en un sistema de transporte que lleva fertilizantes y pesticidas directamente al arroyo más cercano.

Los suelos más sanos retienen más agua y nutrientes, lo que limita la escorrentía. Una mayor biodiversidad en las granjas suele mantener a raya las poblaciones de plagas sin necesidad de una carrera armamentística química.

Las prácticas asociadas a la agricultura orgánico-regenerativa, como los suelos más sanos y el control natural de plagas, pueden reducir, de entrada, la necesidad de pesticidas químicos.

Medidas para reducir la contaminación

Para minimizar los riesgos, es preciso implantar prácticas de uso sostenible de fitosanitarios, promover la gestión integrada de plagas y utilizar técnicas alternativas a los fitosanitarios, como el control con agentes no químicos.

Para evitar la contaminación de las aguas por nitratos, es preciso aplicar las buenas prácticas agrarias, de forma que los productos utilizados en la nutrición vegetal o en la mejora de las características del suelo cumplan con dos requisitos fundamentales: eficacia agronómica y ausencia de efectos perjudiciales para la salud y el medio ambiente.

La Directiva establece la necesidad de disponer de códigos de buenas prácticas agrícolas de aplicación voluntaria y programas de acción de aplicación obligatoria en las zonas vulnerables a nitratos.

La agricultura ecológica ofrece una clara alternativa. Al prescindir de fertilizantes sintéticos y pesticidas de síntesis, se reduce el riesgo de contaminación y se promueve un suelo más vivo y resiliente.

Los agricultores ecológicos trabajan con la naturaleza, no en contra de ella: realizan rotaciones de cultivos, utilizan compuestos orgánicos, control biológico de plagas y cubiertas vegetales que protegen el suelo.

Estas prácticas no sólo preservan la calidad del agua, sino que mejoran la salud de los ecosistemas y refuerzan la seguridad alimentaria a largo plazo.

La estrategia medioambiental de la Unión Europea pretende reducir el riesgo y el uso de pesticidas en un 50 % para 2030. Que esa ambición se convierta en realidad dependerá en gran medida del éxito con que la agricultura pueda virar hacia sistemas más resilientes.

La evidencia en sí es clara: los pesticidas casi nunca se quedan donde se echan; la gravedad, la lluvia y la hidrología se encargan de ello.

ELISEO HERRERO. Estado de la contaminación de las aguas por pesticidas en dos zonas de viñedo.

La reducción de esta contaminación exige actuar en el origen, mediante un uso responsable de los productos fitosanitarios, la protección del suelo, la gestión adecuada de los residuos y la prevención de vertidos. El agua puede transportar contaminantes, pero no los depura por sí misma.

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