Pegar un salvaslip en el interior de una mascarilla quirúrgica no la convierte en una mascarilla FFP2 o FFP3 y puede reducir su eficacia. El adhesivo y el material del salvaslip dificultan el paso del aire, favorecen que este se desvíe por los bordes sin filtrar y pueden causar irritaciones o lesiones al contacto con la piel.
El salvaslip tampoco funciona como filtro de partículas. Al colocarlo sobre la mascarilla disminuye la superficie filtrante disponible y puede anular la función para la que está diseñada la mascarilla quirúrgica: filtrar el aire que sale de la nariz y la boca de quien la lleva y reducir el riesgo de contagiar a otras personas.
El bulo del salvaslip dentro de la mascarilla
Desde hace días circula por WhatsApp un vídeo de un supuesto médico que propone este truco para convertir una mascarilla higiénica en una FPP2.
Desde hace días circula por Whatsapp un vídeo de un supuesto doctor en el que se recomienda pegar un salvaslip en el interior de las mascarillas quirúrgicas para reforzar su eficacia.
De esta forma, se explica la grabación, además de proteger a los demás de una posible infección por nuestra parte, también, supuestamente, nos protegeríamos nosotros de una infección proveniente de otras personas.
Es más, el supuesto doctor -que aparece en la grabación con una bata blanca- se atreve a afirmar que este simple truco puede convertir una sencilla mascarilla quirúrgica en una FPP2 o FPP3.
El remedio se volvió rápidamente viral e incluso Esperanza Aguirre reconoció en un programa de televisión que utiliza este truco para aumentar la eficacia de su mascarilla.
Pero ¿Qué hay de cierto?
Los expertos alertan de que esta recomendación además de ser falsa puede llegar a ser perjudicial para nuestra salud.

Por qué el salvaslip no convierte una mascarilla quirúrgica en FFP2
La mascarilla quirúrgica es un producto sanitario, no es un EPI.
Se compone de una capa que actúa como filtro, que se coloca entre capas de tela.
No hace un sellado completo alrededor de la cara del paciente.
Por ello, el hecho de poner un elemento en medio como un salvaslip puede producir que el aire se escape por los lados o por donde no está sellando evitando que ese aire sea filtrado hacia el exterior.
De esta forma pierde su efectividad, que es filtrar todo el aire que sale de nuestra nariz y boca al hablar y respirar.
Además, el salvaslip no filtra el aire, contiene una parte adhesiva y al colocarlo en la mascarilla disminuye la superficie filtrante disponible.
Este supuesto truco no sólo no protege sino que también anula la función de la mascarilla.
El salvaslip “no deja pasar el aire” por lo que acaba saliendo sin filtrar (potencialmente contaminado) por los extremos de la mascarilla.
El salvaslip anula la función real de la mascarilla quirúrgica (proteger al resto) y no ofrece tampoco protección a uno mismo.
Incorporar un salvaslip a la mascarilla, no la convertiría en una mascarilla FPP2 como se afirma en el vídeo; lo único que haría es dificultar la entrada del aire, no filtrarlo.
Qué ocurre con el aire al añadir un salvaslip
Las mascarillas deben permitir respirar.
“Si haces esto claro que no pasa el aire, pero entonces pasa por arriba o por abajo y lo haría sin filtrar”, afirman fuentes solventes.
El material adhesivo puede impedir que el aire atraviese correctamente la superficie filtrante de la mascarilla.
Como consecuencia, el aire buscará las zonas de menor resistencia, normalmente los márgenes y los espacios que no quedan sellados alrededor de la nariz, la boca y las mejillas.
Se seguiría “sin asegurar un cierre adecuado entorno a la zona buconasal del portador de la mascarilla, por tanto no creo que se consiga una mayor protección”.
El aire saldría por los márgenes de la mascarilla perdiendo o disminuyendo su función: filtrar el aire de la persona que la lleva para frenar la propagación del virus.
Este consejo no está recomendado por los expertos, ya que pegar un salvaslip podría incluso dificultar la respiración.
Diferencias entre mascarillas quirúrgicas y FFP2 o FFP3
Las mascarillas más alcance de los ciudadanos para hacer frente al coronavirus son las denominadas quirúrgicas.
Sin embargo, estas piezas sirven para evitar que el portador de la mascarilla no contagie a los demás, pero no impide que nos contagien a nosotros.
Esa función la hacen las denominadas FFP2 o FFP3.
El uso de mascarillas quirúrgicas e higiénicas como las que se puede comprar en las farmacia con la tarjeta sanitaria, evita que quien la lleve pueda contagiar a otras personas, pero no nos protege frente a una posible infección por parte de quien no la lleva, ya que no filtra el aire que entra en la mascarilla.
Hasta aquí lo único cierto del vídeo.
Mascarillas quirúrgicas
Respecto a las mascarillas quirúrgicas, protegen de dentro hacia afuera.
Según la norma UNE-EN 14683:2019+AC sobre mascarillas quirúrgicas, su utilización principal es proteger al paciente de los agentes infecciosos que puede diseminar quien lleve la mascarilla.
Además, protege a quien lleva puesta la mascarilla contra las salpicaduras de líquidos potencialmente contaminados.
En situaciones de epidemia o pandemia como la que nos encontramos, pueden utilizarse también para que se reduzca el riesgo de propagación de infección porque, como se ha comentado, no protegen al que la lleva, si no que es el que la lleva el que protege a los demás.
Mascarillas FFP2 y FFP3
Las mascarillas FFP2 y FFP3, codificadas así en España, sí son consideradas equipo de protección individual.
Están destinadas a profesionales sanitarios que están en contacto con el paciente y lo que hacen es proteger al portador del exterior y al exterior del portador.
Esta última condición no se cumple al 100% si tienen válvula que permita que el aire del portador salga, pero no lo filtra, por eso si la llevas no proteges al exterior.
Están reguladas por la norma UNE-EN 149:2001+A1:2010 además de por el Reglamento (UE) 2016/425 del Parlamento Europeo y del Consejo de 9 de marzo de 2016 relativo a los equipos de protección individual.
Las mascarillas FPP2 son las que tiene que utilizar el personal sanitario, porque ellos no pueden guardar la distancia de seguridad como debemos hacer la población general.
Y ellos necesitan mascarillas serias, homologadas, no estos inventos.

Requisitos de seguridad de los equipos de protección individual
La fabricación, producción y distribución de mascarillas y de equipos de protección individual está regulada por diversas normativas y legislación.
Las normas europeas y la legislación regulan la calidad y producción de las mascarillas, tanto las que son producto sanitario (mascarillas quirúrgicas) como las que son consideradas parte de lo que se denomina Equipos de Protección Individual o EPI: las FFP1, FFP2 y FFP3.
Los EPI deberán diseñarse y fabricarse de tal manera que no ocasionen riesgos u otros factores de molestia en las condiciones de uso previsibles.
Los materiales constitutivos de los EPI, incluido cualquiera de sus posibles productos de descomposición, no deberán afectar a la salud o la seguridad de los usuarios.
Toda parte de un EPI que esté en contacto o pueda entrar en contacto con el usuario que lo lleve puesto deberá carecer de superficies ásperas, aristas vivas, puntas salientes u otros elementos similares que puedan causar irritaciones excesivas o lesiones.
Ninguno de los tres puntos puede ser cumplido por solo colocar un salvaslip a una mascarilla quirúrgica: probablemente moleste, no se puede saber si el material del salvaslip en contacto con la cara pudiera provocar daños, irritaciones o lesiones.
Y por supuesto: no cumple las características ni las pruebas a las que tiene que someterse un EPI: fijación completa a la cara, fuga, compatibilidad con la piel, resistencia a la respiración, penetración del material filtrante inflamabilidad y del resto de requisitos determinados por la norma UNE.
Riesgos para la piel y la respiración
Además, su uso también es contraproducente para la piel ya que el pegamento puede provocar “irritaciones y daños al contacto con la cara”.
Asimismo, según los expertos el material del salvaslip en contacto con la cara puede provocar daños, irritaciones o lesiones en la piel.
Las mascarillas deben permitir respirar.
El uso de un elemento adhesivo en el interior puede dificultar la respiración y favorecer que el aire se desvíe por zonas no filtradas.
Los expertos califican por tanto de “inútil” esta ocurrencia y subrayan que lo que en ningún caso se puede asegurar es que con este invento la mascarilla quirúrgica equivalga a una FPP2, tal y como se indica en el vídeo.
Otros bulos relacionados con las mascarillas
Darle la vuelta a la mascarilla
Si las personas enfermas deben llevar la parte azul hacia fuera para no contagiar, las personas sanas deberían llevarla hacia dentro para no contagiarse.
NO. Nada más lejos de la realidad.
La parte azul (externa) es una capa impermeable y la blanca (interna) retiene la humedad.
“Ponerla hacia fuera NO es buena idea porque puede retener la humedad externa en lugar de tener la misión impermeable de la capa azul”, asegura la farmacéutica Boticaria García.
De esta manera la mascarilla puede absorber, en lugar de repeler, gotículas con virus presentes en el ambiente.
A esto se une un problema extra, ya que las mascarillas no se ajustarían bien a la cara, y dejaríamos un hueco mayor por donde puedan pasar esas gotículas potencialmente contaminadas.
Ponerse dos mascarillas quirúrgicas
Una con la capa impermeable hacia fuera para proteger y otra con la capa impermeable hacia dentro para protegerse.
A priori el razonamiento tiene lógica, pero lo cierto es que no tiene ninguna validez.
Es otro bulo más de los que circulan por WhatsApp.
Aunque pongamos varias mascarillas quirúrgicas superpuestas, nunca se van a convertir en una mascarilla filtrante, FFP2 o FFP3, que proteja a quien la lleve de contagios.
El motivo tiene que ver con la estructura de las mascarillas quirúrgicas, ya que éstas no tienen filtros de micropartículas que impidan la circulación del virus de fuera hacia dentro como sí tienen las otras.
De ahí que sea imposible conseguir ese efecto.
“No están hechas para filtrar de fuera hacia adentro y no lo van a hacer así las pongamos del derecho, del revés o haciendo el pinopuente”, advierte Boticaria García.
“Tampoco poniendo dos, una en cada sentido. No olvidemos que están diseñadas para ajustar bien a la cara y los experimentos pueden alterar esta función”.
Uso correcto de una mascarilla
Las mascarillas son obligatorias en estado de alarma y lo seguirán siendo cuando llegue la nueva normalidad.
El Real Decreto que regula su uso recomienda las mascarillas higiénicas y quirúrgicas para el grueso de la población mayor de seis años, tanto en espacios públicos cerrados como en espacios abiertos en los que no se pueda mantener la distancia de seguridad de dos metros.
El problema, según algunos, es que estas mascarillas protegen a los demás de posibles contagios y no a uno mismo -para eso están las FFP2-, de ahí que desde que se estableció esta norma no paren de circular trucos por WhatsApp para optimizar la eficacia de estos sistemas de protección.
La mayoría no funciona e incluso algunos son contraproducentes.
Las mascarillas FPP2 son las que tiene que utilizar el personal sanitario y deben estar homologadas.
Por lo tanto, si ponemos en práctica la teoría del salvaslip no solo no reforzaríamos la mascarilla, si no que podríamos anular completamente su efectividad.
¿Cómo usar correctamente el tapabocas para una protección efectiva?
Qué hacer en lugar de modificar la mascarilla
La falta de mascarillas en el mercado ha hecho que muchos facultativos médicos tiren de imaginación para idear como fabricar mascarillas para vitar la propagación del coronavirus de de una forma asequible para la ciudadanía.
Cierto es que ante la pandemia mundial del SARS-CoV-2 estamos teniendo que utilizar medios de fortuna en ciertas ocasiones (como las máscaras de protección facial caseras, que también están reguladas por normativas).
Pero las cosas tienen un límite.
El límite está en uno de los bulos difundido incluso en medios de comunicación nacionales: poner un salvaslip a una mascarilla quirúrgica para convertirla en FFP2 o FFP3.
La alternativa no consiste en añadir materiales a una mascarilla, sino en utilizar el tipo de protección adecuado para cada situación y seguir las indicaciones de uso correspondientes.
Lo que en ningún caso se puede asegurar es que con este invento la mascarilla quirúrgica equivalga a una FPP2, tal y como se asegura en el vídeo.
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