Países que aún usan mascarilla: normas, diferencias y motivos

El uso de la mascarilla ha dejado de ser obligatorio en muchos países, pero no ha desaparecido por completo. Las normas dependen del país, del espacio -interior o exterior-, del nivel de transmisión, de la vacunación, de la ventilación y de la situación epidemiológica.

Además de las leyes, la utilización de mascarillas está influida por la cultura, la experiencia previa con epidemias, la contaminación atmosférica y la percepción del riesgo. En algunos lugares sigue siendo una obligación; en otros, una recomendación; y en ciertas sociedades forma parte de la vida cotidiana incluso cuando ya no existe un mandato general.

Países europeos que todavía mantienen el uso de mascarilla

En abril de 2022, seis países de la Unión Europea todavía mantenían la mascarilla en interiores como medida vigente: Portugal, Malta, Eslovaquia, Italia, Chipre y Grecia.

PaísSituación descrita
PortugalLa mascarilla seguía siendo obligatoria en la calle y en espacios interiores; también se exigía en hospitales y centros de salud.
MaltaEra obligatoria en espacios interiores, salvo en restaurantes y establecimientos donde se sirvieran comidas.
EslovaquiaSe recomendaba continuar llevándola en el interior de edificios, el transporte público y otros servicios cuando se compartía espacio con personas no convivientes.
ItaliaMantenía las mascarillas, como mínimo, hasta finales de abril.
ChipreLa mascarilla en interiores seguía formando parte de las medidas vigentes.
GreciaLa mascarilla en interiores seguía formando parte de las medidas vigentes.

En el caso de Portugal, tanto la obligatoriedad de presentar una prueba negativa o certificado de vacunación en hospitales y centros de salud como el uso de mascarilla en espacios interiores seguía vigente.

En Portugal es obligatorio todavía el uso de mascarilla en la calle, aunque desde este jueves ya no es necesario presentar un test negativo para ingresar por vía aérea en el país.

La situación portuguesa también estaba relacionada con la evolución de los contagios. Abandonar la mascarilla en exteriores seguía siendo impensable en un momento en que los contagios en Lisboa y su entorno no paraban de aumentar: la incidencia estaba en torno a 300 casos y concentraba casi el 70 % de los nuevos contagios registrados en el país, en parte debido a la prevalencia de la variante delta.

Países europeos que eliminaron la mascarilla en interiores

El único país que nunca había obligado a sus ciudadanos a llevar mascarilla en espacios interiores era Finlandia. En este país europeo, la medida había sido siempre una recomendación para los ciudadanos mayores de 12 años no vacunados o aquellos con riesgo de sufrir una enfermedad arterial coronaria grave.

El resto de los países sí había incluido la obligatoriedad del cubrebocas en sus paquetes de medidas, pero la mayoría ya había retirado esta restricción con alguna excepción.

  • Dinamarca e Irlanda eliminaron las mascarillas en interiores en febrero.
  • Bélgica, Hungría, Rumanía, Luxemburgo, Francia, Países Bajos y Polonia lo hicieron un mes más tarde.
  • En abril, Alemania, Bulgaria, Suecia, Letonia, Estonia, Croacia, República Checa, Eslovenia, Austria, Lituania y España retiraron esta medida.

En Bélgica, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Letonia, Austria o Lituania, al igual que en España, seguía siendo obligatorio llevarla en hospitales, centros sanitarios y transporte público.

Por su parte, Alemania recomendó volver a emplear las mascarillas en interiores durante las vacaciones de Semana Santa.

Mapa europeo del uso obligatorio de mascarilla

¿Qué países mantienen la mascarilla al aire libre?

Una ojeada al mapa de Europa mostraba que la obligación de ponerse la mascarilla al aire libre se circunscribía a los países del sur: España, Italia, Grecia, Rumanía, Bulgaria, Malta y Chipre.

En cierto modo, también Portugal formaba parte de este grupo, porque el pasado 10 de junio había renovado por tres meses la obligación de usar mascarillas en espacios públicos en los que no fuera posible mantener la distancia social de dos metros.

En países como Alemania, Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia nunca habían sido obligatorias en el exterior.

Las diferencias entre los países europeos no respondían únicamente a la geografía. En esa pauta había quien veía una mayor predisposición a interiorizar las medidas preventivas contra la COVID-19 en los países del norte que en los meridionales.

Ortí considera que en países como España, por carecer de suficiente concienciación y disciplina, se tuvo que hacer una obligación explícita de usar mascarilla en exteriores en lugar de distinguir entre posibles escenarios de más o menos riesgo, en función de la aglomeración de personas y la ventilación.

Hemos vivido meses teniendo que llevar una mascarilla en la toalla de la playa o la piscina o paseando en solitario por parques y bosques.

“Con gente responsable y cumplidora de las normas no habría hecho falta, como ha ocurrido en países nórdicos y otras partes del mundo. En España, la ley ha sido necesaria para mantener la homogeneidad y la amenaza de las sanciones a quien no cumplía”, señala.

La retirada de la mascarilla en España

España se preparaba para eliminar la obligatoriedad de la mascarilla en exteriores el sábado 26 de junio, a falta de que lo ratificara un Consejo de Ministros extraordinario y se conocieran los detalles.

España adoptaba así una medida que ya se había aplicado en países de su entorno y que se había hecho esperar ante las crecientes expectativas de tener un verano parecido a la normalidad.

Posteriormente, España eliminaría el uso de las mascarillas en interiores una vez se publicara el Real Decreto correspondiente en el Boletín Oficial del Estado el miércoles 20 de abril. De esta forma, desaparecería una restricción que había estado en vigor durante 700 días, según recogía Efe.

Sin embargo, la necesidad de llevar cubrebocas no desaparecía por completo, pues seguía siendo obligatorio en el transporte público -metro, autobús y tren-, servicios hospitalarios, residencias, aviones y en el interior de los barcos cuando no se pudiera respetar la distancia de seguridad.

El Consejo de Ministros español eliminaría la obligatoriedad de las mascarillas en exteriores el martes siguiente, una medida que entraría en vigor el jueves 10 de febrero, explicó la ministra de Sanidad, Carolina Darias.

Las mascarillas eran obligatorias al aire libre, salvo que se estuviera practicando deporte individual o en espacios naturales, desde el pasado 24 de diciembre. Fue una de las medidas que el Ejecutivo acordó con los responsables autonómicos para frenar el avance de la sexta ola.

Qué países ya habían retirado la obligación en exteriores

En la carrera por sacarse la mascarilla en los espacios públicos, España se preparaba para cruzar una meta que ya habían pasado desde abril países como Israel y Estados Unidos.

En Europa, el primero fue el Reino Unido, el 22 de abril, con un experimento inicial en Gibraltar, cuyos ciudadanos pudieron pasear ya sin mascarilla el 28 de marzo.

  • Gibraltar: 28 de marzo.
  • Reino Unido: 22 de abril.
  • Polonia: 15 de mayo.
  • Hungría: 23 de mayo.
  • Bélgica: 9 de junio.
  • Austria: 10 de junio.
  • Francia y Andorra: 17 de junio.

Dinamarca, además, era desde el día 14 de ese mes el primer país europeo en eliminar el uso obligatorio de mascarilla en interiores, y solo la mantenía en el transporte público.

En Israel, sus ciudadanos no estaban obligados a cubrirse la boca en áreas abiertas desde el 18 de abril. Desde el 15 de junio ya no tenían que usarla tampoco en el interior de bares, oficinas, comercios o transporte público, donde ya no era usual verlas.

Desde el jueves, ya no era necesario en Francia llevar la mascarilla en el exterior, aunque seguiría siendo necesaria cuando se estuviera en grupo y en lugares concurridos, como una cola, un mercado, las gradas de un estadio y los patios de las escuelas.

En Inglaterra, las mascarillas habían pasado a ser opcionales tanto en espacios interiores como exteriores y se había dejado de exigir una prueba de vacunación o test negativo a la entrada de eventos multitudinarios.

Normas distintas según el lugar

La eliminación de una obligación general no significa que la mascarilla deje de utilizarse en todos los espacios. En varios países se mantuvieron excepciones para hospitales, residencias, transporte público, escuelas, comercios o lugares con aglomeraciones.

Austria mantenía la obligación de llevar una mascarilla de tipo FFP-2 en los espacios interiores y en el transporte público, así como en el exterior cuando no fuera posible mantener una distancia de protección de dos metros con otras personas.

La medida regía para los mayores de catorce años, mientras que los niños de entre seis y catorce podían usar una mascarilla quirúrgica, algo que también se aplicaba a mujeres embarazadas.

En Polonia también regía la obligatoriedad de llevarlas en interiores y en espacios públicos donde existiera un contacto estrecho con otras personas, como el transporte público, escuelas y universidades, cines y teatros, comercios y oficinas públicas.

El uso obligatorio de mascarillas en Países Bajos se aplicaba solo a los espacios cerrados de acceso al público, aunque se recomendaban en zonas aglomeradas al aire libre, como las calles comerciales.

En Bélgica, el uso de mascarilla no era obligatorio en la vía pública, pero sí para mayores de seis años en el transporte público y espacios interiores, desde peluquerías a museos, así como en eventos al aire libre.

Qué criterios utilizaron los gobiernos

El uso obligatorio de la mascarilla fue una decisión política amparada en los datos epidemiológicos, así que parecía lógico que su abandono también lo fuera.

Los países que habían invitado a sus ciudadanos a quitársela en los espacios abiertos lo habían hecho como consecuencia de una tendencia favorable en los contagios, las hospitalizaciones y la vacunación, y condicionado a estas.

Pero los criterios no habían sido siempre los mismos.

En Polonia, se suspendió la necesidad de llevar mascarilla en exteriores siempre y cuando la incidencia acumulada se mantuviera bajo control, por debajo de 15 casos.

En Hungría se adoptó la medida cuando se superaron los cinco millones de vacunados en un país de 9,8 millones de habitantes.

Si Israel se había vuelto a la vida cotidiana sin barbijos era porque había destacado desde el principio en su campaña de vacunación. El día que las mascarillas dejaron de ser obligatorias se habían detectado solo 25 casos nuevos tras realizar más de 30.000 tests, con un 0,1 % de positividad, y contabilizaba más de 5,1 millones de personas vacunadas con la pauta completa, en una población total de 9,3 millones.

La situación epidemiológica de Francia -con una incidencia inferior a 100 casos y con el número de ingresados en UCI por coronavirus en descenso- era favorable, pero el país aún no llegaba a un 25 % de la población con la pauta completa de la vacuna.

Los partidos de la oposición veían oportunismo político en esta medida, cuatro días antes de la primera vuelta de las elecciones regionales.

En el Reino Unido, donde se retiró la obligación de mascarilla en exteriores el 22 de abril, los contagios reiniciaron una tendencia creciente a causa de la variante delta.

Vacunación, transmisión y retirada segura

El epidemiólogo y profesor en la Universidad de Alcalá Manuel Franco no se atrevía a poner “una raya” arriba o abajo mientras la tendencia en casos, hospitalizaciones y muertes se mantuviera favorable.

El experto creía que “es obvio que se puede permitir” relajar el uso de mascarilla en exteriores, donde el riesgo de contagio es muy bajo, y que había lugares donde “científicamente no se sostiene” la obligación de llevar esta protección.

Tanto él como el presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva creían necesario un nivel de cobertura alto de vacunación y bajo de transmisión.

Rafael Ortí sí cifraba en el 50 % de los ciudadanos con la vacuna completa -a los que se sumarían aquellos que tenían inmunidad por haber pasado la enfermedad- y una incidencia acumulada por debajo de 50 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

Bajo ese punto de vista, la retirada de la mascarilla en España llegaba demasiado pronto. Aunque el objetivo del Gobierno era llegar a los 15 millones de personas vacunadas con la pauta completa en los próximos días, eso supondría tener a menos de un tercio de la población española inmunizada.

Si el umbral ideal para deshacerse de la mascarilla estaba en el 50 % de la población vacunada, de seguir el ritmo de vacunación de entonces ese objetivo no se alcanzaría hasta la última semana de julio, según la proyección calculada por DatosRTVE.

Por el momento, solo nueve comunidades autónomas habían puesto la pauta completa de la vacuna a más del 30 % de su población.

Además, aunque la incidencia descendía en España, lo hacía lentamente. La mayoría de los territorios estaban por debajo de la media nacional, pero persistía la variabilidad entre comunidades y se observaban los primeros repuntes en regiones como Canarias y Comunidad Valenciana.

La presencia creciente de la variante delta en varias comunidades y los contagios entre la población menor de 40 años aún sin vacunar hacían necesario mantener la prudencia.

Si se consideraba el criterio marcado por Sanidad como nivel de bajo riesgo -una incidencia acumulada inferior a 50 casos-, con los últimos datos disponibles tan solo cinco territorios, Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia, Murcia y la ciudad autónoma de Ceuta, se encontraban en esa situación que invitaría a retirar la mascarilla con seguridad.

El uso de mascarilla en Asia

La imagen de personas usando mascarillas en las calles está muy extendida en muchos lugares de Asia, incluyendo China.

Salir de casa sin usar una mascarilla en Hong Kong, Seúl o Tokio probablemente provocaba miradas reprobatorias de los transeúntes.

En la China continental, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Tailandia y Taiwán, la gente asumía que cualquiera podía ser portador del virus, incluso una persona que pareciera sana.

Entonces, de forma solidaria, era necesario proteger a los demás de la posibilidad de contagiarles.

En algunas partes de China, se podía arrestar o sancionar a quienes no usaran mascarilla.

En Singapur, que solía desincentivar el uso de mascarillas por parte de sus ciudadanos, pasó a ser obligatorio hacerlo en espacios públicos, bajo pena de recibir una multa de US$300.

En Indonesia y Filipinas, donde se sospechaba que había muchos casos sin reportar, la mayor parte de las personas en las grandes ciudades las usaban para protegerse de los demás.

Para muchos de esos países, el uso de mascarillas era una norma cultural incluso antes del brote de covid-19. En el este de Asia, muchas personas estaban acostumbradas a usarlas cuando estaban enfermas o durante la época de alergias por el polen.

El brote del virus del SARS de 2003, que afectó a varios países de la región, también les hizo aprender la importancia de usar mascarillas, especialmente en Hong Kong, donde muchas personas murieron a causa del virus.

Una diferencia clave entre estas sociedades y las occidentales era que habían experimentado el contagio antes y las heridas que este causó aún estaban frescas.

En algunas partes de Asia, la contaminación estacional del aire o la causada por el pesado tránsito de vehículos en grandes ciudades también había hecho normal el uso de mascarillas al aire libre.

Personas con mascarilla en calles asiáticas

Uso social y cultural de las mascarillas

Por qué algunas personas usan las máscaras mientras otras las rechazan no es solamente un asunto de lineamientos del gobierno o de recomendaciones médicas. También tiene que ver con la cultura y la historia, con el debate sobre las evidencias e incluso con las libertades individuales.

Colocarse una mascarilla cada día antes de salir de casa puede funcionar como un ritual, como vestir un uniforme. En el comportamiento ritual, una persona puede sentir que tiene que estar a la altura de lo que el uniforme representa: un comportamiento más higiénico, no tocarse el rostro, evitar lugares atestados o practicar el distanciamiento social.

También estaba la idea de que cada pequeña medida contaba en la guerra que el mundo libraba contra el virus.

“No podemos decir si las mascarillas son ineficaces, pero presumimos que tiene algún efecto porque esa es la protección que le damos a los trabajadores sanitarios”, dijo Benjamin Cowling, un epidemiólogo de la Universidad de Hong Kong.

“Si las mascarillas son usadas por muchas personas en áreas atestadas, creo que tendrían algún efecto sobre la transmisión pública y, en este momento, estamos tomando en cuenta cada pequeña medida que podamos aplicar para reducir el contagio. Todo suma”, agrega.

En algunos países, las mascarillas se convirtieron incluso en una forma de expresar los gustos de moda, al punto de que las mascarillas con la imagen de Hello Kitty causaban furor en los mercados callejeros de Hong Kong.

Qué muestran las encuestas sobre su uso

El Covid 19 Behaviour Tracker Data Hub, una colaboración entre YouGov y el Instituto de Innovación en Salud Global del Imperial College de Londres, ofrecía una de las bases de datos más completas al respecto, con una selección de 29 países y 21.000 entrevistas cada semana desde el mes de abril.

Los resultados mostraban datos muy dispares entre los países analizados.

  • España, India, Italia, Francia y China habían adoptado el uso de la mascarilla de forma masiva, con un 80% de los encuestados declarando que la utilizaban “siempre” o “frecuentemente”.
  • En Reino Unido y Suecia, menos de la mitad de la población utilizaba la mascarilla.
  • En el caso de los británicos, su uso empezó a tomarse en serio a mediados de julio y ya superaba el 60% entre los encuestados.
  • En Suecia, en ningún momento se había superado el 10% de encuestados que declaraban utilizarla a menudo.

Los hombres eran menos propensos a emplearla en todos los países analizados excepto en Suecia, donde la baja penetración de las mascarillas impedía identificar estas dinámicas.

En España, a inicios de abril, los hombres usaban la mascarilla un 5% menos, aunque a mediados de julio la brecha se redujo a tan solo dos puntos porcentuales: 96% frente a un 98%.

En la comparación entre grupos de edad, las personas mayores de setenta años mostraban en general mayores índices de utilización de la mascarilla.

No obstante, no existían grandes diferencias con el resto de grupos de edad, incluidos los de menor edad -las personas entre 18 y 30 años-, que también habían respondido positivamente a la adopción de la mascarilla como medida de protección en casi todos los países.

Por qué algunas personas siguen usando mascarilla

La OMS declaró terminada la fase de emergencia, pero eso no significa que la pandemia en sí haya terminado.

El COVID-19 no es un simple resfriado: es una infección vascular y multisistémica que sigue causando una cantidad considerable de enfermedad y muertes, y una proporción significativa desarrolla COVID persistente.

Siguen apareciendo nuevas variantes, y el virus continúa causando enfermedades y muertes significativas en todo el mundo, aunque las hospitalizaciones no estén en el nivel máximo que alcanzaron antes.

El COVID persistente, también llamado síndrome post-COVID-19 o Long COVID, puede aparecer tras infecciones de cualquier gravedad, incluso en casos leves o asintomáticos, y puede provocar problemas de salud prolongados y multisistémicos.

Decidir si usar una mascarilla respiratoria bien ajustada -N95/FFP2 o superior- en interiores se trata de limitar la propagación de un virus que no ha desaparecido.

El hecho de que haya pasado la “fase de emergencia” no significa que el riesgo haya desaparecido.

¿Las mascarillas funcionan?

Sí funcionan, pero solo si se usan correctamente, y no todas las “mascarillas” son iguales.

Los respiradores bien ajustados -N95/FFP2 o mejores- reducen tanto las partículas que exhalamos como las que inhalamos.

Las mascarillas capturan partículas aunque “los agujeros parezcan más grandes que el virus”. No funcionan simplemente como un filtro mecánico.

Otro mecanismo es que las fibras de la mascarilla tienen una carga eléctrica que atrae las partículas como un imán.

Esta eficacia se ve afectada si la mascarilla se moja. Así que cambia tu mascarilla si se moja.

La dosis importa. El riesgo de infección aumenta con la dosis inhalada; reducirla, incluso parcialmente, disminuye el riesgo.

Cuando ambas personas usan mascarilla, la reducción se multiplica, disminuyendo la exposición mucho más que si una sola persona la usara.

El ajuste es crucial. Los respiradores están diseñados para sellar y mantener una alta filtración en un amplio rango de tamaños de partículas.

Las mascarillas quirúrgicas o médicas holgadas ayudan principalmente a controlar la fuente de la exposición y pueden tener fugas en los bordes; un respirador bien ajustado protege tanto al usuario como a los demás.

Los resultados “nulos” de los estudios a menudo reflejan métodos, no física.

Cuando las mascarillas se usan de forma constante, tienen una alta capacidad de filtración y se ajustan bien, la protección es sólida.

Mascarillas, ventilación y filtración del aire

Mejorar la calidad del aire interior es una de las formas más efectivas de reducir las partículas virales en el aire.

La transmisión aérea a través de aerosoles es el principal impulsor de la propagación de virus de transmisión respiratoria como el COVID-19, la influenza y el virus respiratorio sincitial.

La mayor parte de la transmisión se produce a través de la inhalación de partículas finas de aerosol en lugar de gotitas “balísticas” más grandes.

Cada vez que las personas hablan, tosen o simplemente respiran, producen tanto gotas como aerosoles.

Las gotas más grandes caen rápidamente, pero en general contienen menos virus. Mientras tanto, los aerosoles pueden permanecer suspendidos y dispersarse por la habitación, aumentando el riesgo de infección con el tiempo.

La ventilación introduce aire fresco, diluyendo la concentración de partículas virales.

Los dispositivos de filtración, como los purificadores de aire HEPA, capturan los aerosoles y reducen su presencia en el aire.

En este momento, muchos ambientes interiores todavía carecen de ventilación y filtración adecuadas, y las pruebas antes de las reuniones no son una norma generalizada.

En estas condiciones, el uso de mascarillas es una forma sencilla de reducir el riesgo.

Los aerosoles respiratorios permanecen en una habitación durante horas, y es solo cuestión de tiempo antes de que otras personas los respiren.

Ninguna medida es infalible, pero la combinación de mascarillas, ventilación y filtración ofrece la mejor protección.

Filtro HEPA // Que es y para que sirve?

Mascarilla y vacunación

La vacuna es como un cinturón de seguridad, que controla los daños en el peor de los casos; la mascarilla respiratoria es como una conducción cuidadosa que, en primer lugar, evita un accidente.

Las mascarillas son la primera capa de protección, mientras que las vacunas son la última.

Las vacunas reducen significativamente el riesgo de enfermedades graves, pero su protección contra infecciones disminuye con el tiempo, especialmente desde Ómicron.

Muchas infecciones en personas vacunadas son inicialmente más leves o incluso asintomáticas, lo que significa que muchas personas pueden transmitir el virus sin saberlo.

Las mascarillas reducen el riesgo de propagación del virus por el aire, lo cual es vital para frenar esta transmisión silenciosa.

Aunque la vacunación reduce el riesgo de COVID persistente, no lo elimina por completo. Prevenir la infección en primer lugar sigue siendo la mejor defensa.

Protección de la comunidad

No es necesario ser de alto riesgo para preocuparse por prevenir infecciones.

Incluso si una persona no se enferma gravemente, aún puede transmitir el virus a alguien que podría hacerlo.

Las cadenas de transmisión suelen ser invisibles. Sin saberlo, se podría infectar a un amigo o familiar, quien luego, de forma sintomática o asintomática, transmitiría el virus a alguien vulnerable, como un familiar inmunocomprometido.

Las mascarillas reducen la posibilidad de propagar el virus, especialmente en interiores.

No se trata solo de la salud personal, sino de proteger a la comunidad en general: amigos, familiares y extraños por igual.

Otra consideración crucial es el riesgo de COVID persistente, que puede afectar a personas de cualquier edad o estado de salud.

Incluso si una infección inicial parece leve, un número significativo de personas desarrolla síntomas a largo plazo que pueden afectar su vida diaria durante meses, o incluso más.

Además, estar enfermo, con o sin efectos a largo plazo, también puede conllevar cargas emocionales y financieras: días de trabajo perdidos, visitas al médico e interrupciones en las rutinas diarias.

Uso de mascarilla en niños

El sistema inmunitario de un niño no necesita exponerse a patógenos peligrosos para desarrollarse.

La exposición diaria a microbios comunes en el ambiente es suficiente “entrenamiento”.

El sistema inmunológico aprende constantemente de bacterias inofensivas en el suelo, las superficies y los encuentros diarios.

No expondríamos deliberadamente a los niños a otros patógenos graves, como el SARS1, la gripe aviar, la gripe porcina o la tuberculosis, en nombre del “entrenamiento inmunológico”.

La misma lógica se aplica al COVID-19: no vale la pena arriesgarse a una enfermedad grave solo para exponerse.

Tenemos vacunas para proteger contra patógenos específicos precisamente porque no queremos que los niños contraigan enfermedades graves.

Infectarse con patógenos como el COVID-19 u otros virus respiratorios no es un paso necesario para el desarrollo inmunológico; es un riesgo que podemos reducir.

¿El uso de mascarillas debilita la inmunidad?

Usar una mascarilla parte del tiempo, especialmente en interiores y en entornos de alto riesgo, no crea una burbuja estéril alrededor de una persona.

Todavía se está expuesto a microbios en las superficies, a través de los alimentos y en otros entornos.

El sistema inmunológico puede manejar los gérmenes típicos que encontramos todos los días; el uso de mascarillas simplemente reduce el riesgo de inhalar grandes concentraciones de patógenos en el aire.

La idea de que el uso ocasional de mascarillas debilita la inmunidad no se basa en evidencia.

Por qué algunas personas rechazan la mascarilla

Pese a las indicaciones de las autoridades, mucha gente sigue sin usar mascarillas y algunos gobiernos aún dudan sobre el fundamento científico de esta medida.

La postura oficial de la OMS al inicio del brote del nuevo coronavirus era que solamente dos tipos de personas debían usar mascarillas: aquellas que estaban enfermas y mostraban síntomas de la enfermedad y aquellas que cuidaban de personas sospechosas de haberla contraído.

Algunos expertos argumentaban que las mascarillas no ofrecían una protección tan confiable como otros métodos.

Quitarse la mascarilla requería prestar atención para evitar la contaminación con las manos y además podía alimentar una falsa sensación de seguridad que llevara a ignorar o a olvidar la buena higiene.

En los lugares donde el uso de la mascarilla aún no era la norma, pese a las recomendaciones del gobierno, quienes las usaban habían sido evitados e incluso atacados.

En Estados Unidos se convirtió en un asunto de libertades personales, en el que algunas personas argumentaban que obligar a todo el mundo a usar mascarillas era una violación de los derechos individuales.

La ciudad de Stillwater, en Oklahoma, fue obligada a convertir en una recomendación su ley sobre uso de estas protecciones luego de que hubiera amenazas de violencia.

Escasez, reutilización y calidad

En algunos lugares como Japón, Indonesia y Tailandia hubo escasez, y Corea del Sur tuvo que racionar las máscaras quirúrgicas.

Japón y Singapur entregaron mascarillas reutilizables a sus ciudadanos.

Existía miedo de que las personas terminaran reutilizando mascarillas desechables, algo antihigiénico, o usando algunas de calidad inferior vendidas en el mercado negro.

En estos países, quienes no las usaban también resultaban estigmatizados, hasta el punto de que la gente los evitaba y se les impedía el ingreso a tiendas y edificios.

El riesgo de transmisión silenciosa

Existe una creciente evidencia de que hay muchos más “portadores silenciosos” -personas saludables con el virus que muestran pocos o ningún síntoma- de lo que inicialmente pensaban los expertos.

En China, se estimaba que un tercio de todos los casos positivos no mostraba síntomas, de acuerdo con información clasificada del gobierno de ese país publicada por el South China Morning Post.

En el Diamond Princess, el crucero que estuvo atracado en Yokohama, en torno a la mitad o más de los 600 casos positivos registrados a bordo no tenían síntomas.

Una proporción similar de casos asintomáticos se reportó en Islandia.

Un estudio sobre casos en China determinó que los “casos de infección no registrados”, aquellos que no tenían o apenas mostraban síntomas leves, podían ser responsables de casi 80% de los casos positivos del virus.

Al mismo tiempo, un estudio en Hong Kong estimó que hasta 44% de la transmisión del virus de una persona infectada podía ocurrir antes de que esta comenzara a presentar algún síntoma.

Las investigaciones seguían adelante y los estudios futuros añadirían nuevos matices al cuadro general.

La mascarilla como medida adaptable

Las mascarillas son una herramienta que podemos usar cuando y donde tenga sentido, especialmente en interiores, en áreas mal ventiladas o cuando la transmisión comunitaria es alta.

A medida que crece nuestra comprensión de la transmisión aérea, vemos que el aire interior limpio, mediante ventilación y filtración, marca una gran diferencia en cuanto a si se necesitan o no mascarillas.

Si las habitaciones están bien ventiladas o tienen sistemas eficaces de filtración de aire, la necesidad de usar mascarillas continuamente disminuye porque disminuye la prevalencia general de patógenos transmitidos por el aire.

Esperamos innovaciones futuras, como pruebas más rápidas y accesibles o prácticas estándar de aire limpio, que podrían hacer que el uso rutinario de mascarillas fuera menos necesario.

Pero hasta entonces, usar una mascarilla bien ajustada en interiores es una decisión obvia en muchas situaciones.

Desde el momento en que la mascarilla deja de ser un complemento obligatorio por ley, la prevención apela directamente a la responsabilidad individual y a la concienciación social.

El peligro continúa en los lugares cerrados, especialmente en reuniones sociales en espacios privados, el interior de bares y restaurantes y los locales de ocio nocturno.

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