Planta depuradora de aguas servidas La Farfana: funcionamiento, capacidad e impacto en Santiago

La Planta de Tratamiento de Aguas Servidas La Farfana es una infraestructura sanitaria ubicada en la comuna de Maipú, Santiago de Chile, que comenzó a operar en 2003 dentro del Plan de Saneamiento de Aguas Servidas de Santiago. Su puesta en marcha permitió ampliar de forma significativa el tratamiento de las descargas de la capital y se convirtió en uno de los principales complejos de depuración de aguas residuales de América Latina.

La Farfana utiliza una tecnología de punta denominada "lodos activados", que tendrá la capacidad para tratar un flujo de aguas servidas de 8,8 metros cúbicos por segundo. Tras completar su marcha blanca, este miércoles 29 de Octubre se inauguró la planta de tratamiento La Farfana, de Aguas Andinas, que cuenta con el doble de capacidad que El Trebal y que permitirá subir la cobertura total a 75%.

Origen y función dentro del saneamiento de Santiago

Este proyecto estuvo enmarcado dentro del Plan de Saneamiento de Aguas Servidas de Santiago, para mejorar la red de servicios, donde esta planta tuvo como hito ser la más grande de Sudamérica. La construcción de esta planta demandó suministro en forma simultánea en distintos sectores de la obra, en grandes volúmenes, lo que significó un gran despliegue logístico.

Santiago es una gigantesca máquina de contaminación. Al mes, una vivienda promedio consume 20 metros cúbicos (20 mil litros) de agua potable y descarga en ese período 16 metros cúbicos (16 mil litros) de aguas servidas. Que traen de todo.

Hasta hace poco, sólo los residuos que generan cerca de 1,7 millones de habitantes de la capital recibían tratamiento, gracias a la apertura en 2001 de la planta El Trebal, complejo que sanea el 23% de las descargas de la ciudad. Esta realidad cambiará.

Gracias a ella habrá saneamiento para las aguas sucias generadas por unos 5 millones de habitantes. Ejecutivos de Aguas Andinas afirman que ésta es la planta más grande en su tipo en América Latina y la quinta en el mundo, con una inversión privada que se aproxima a 315 millones de dólares.

AspectoDato
MandanteAguas Andinas
ContratistaTSK (Tecsa-Sigdo Koppers)
Período de construcción2002-2004
Tecnología"lodos activados"
Flujo de tratamiento8,8 metros cúbicos por segundo
Superficie construidacerca de 40 hectáreas
Superficie total del sitio145 hectáreas
Cobertura total proyectada tras su puesta en marcha75%

Ubicación y dimensiones de la planta

La planta de tratamiento posee cerca de 40 hectáreas construidas y se encuentra al final del camino La Farfana, cerca de avenida Pajaritos en la comuna de Maipú. Está encerrada en un sitio que tiene en total 145 hectáreas, las que finalmente quedarán cercadas por vegetación.

Ubicación de la planta La Farfana en Maipú

La planta se incorporó a un territorio que posteriormente experimentó un importante crecimiento residencial y educacional. La villa Parque Residencial Santa María, Santa María I, II y III, la nueva villa El Conjunto, el Liceo Bicentenario de Niñas, el Colegio Alicante, los terratenientes y trabajadores de parcelas alrededor de la planta, son algunos de los puntos críticos identificados como los más damnificados.

Capacidad de tratamiento y variación del caudal

La Farfana utiliza una tecnología de punta denominada "lodos activados", que tendrá la capacidad para tratar un flujo de aguas servidas de 8,8 metros cúbicos por segundo. Pero en el momento peak, en las primeras horas de la mañana de un día hábil, puede llegar a un flujo de 15 metros cúbicos por segundo.

La diferencia entre el flujo habitual y el caudal máximo responde a la variación diaria de las descargas urbanas. Durante las primeras horas de la mañana de un día hábil se concentra una parte importante del consumo y de la generación de aguas servidas de la ciudad.

Cómo funciona el tratamiento mediante lodos activados

Planta elevadora de aguas servidas

Esta maquinaria recibe las aguas servidas domésticas provenientes del alcantarillado y las impulsa mediante bombas a la etapa de pretratamiento. La empresa destaca el trabajo con dos filtros de carbón activos.

«Una planta elevadora, si está con la tapa puesta, no va a generar malos olores a la comunidad. En este caso, ellos están yendo más allá de lo que te pide la norma, porque tienen un filtro de carbón activado que tiene un soplador con presión negativa, que está sobre lo que te pide la norma», explica Seal.

Pretratamiento: rejas, desarenado y desengrasado

Hay tres procesos en esta etapa: desbastar o retirar sólidos finos suspendidos, desarenar o retirar la arena y desengrasar.

«En esta área pueden generarse malos olores. El tipo de residuos que sacamos de la cámara de reja y de los desarenadores son residuos domiciliarios, o sea que caben en la categoría para ser retirados por un camión de la basura. Este proceso no debería generar malos olores, siempre y cuando, haya un buen retiro», señala cauto el ingeniero.

Reactor biológico

Según la sanitaria, «el agua residual es tratada con bacterias y otros microorganismos que remueven la materia orgánica presente, en un proceso donde se inyecta oxígeno y se forman flóculos que van al fondo del sedimentador, separándose el agua del lodo».

Al trabajar con lodos activados, la aireación es una condición esencial para el funcionamiento del proceso biológico. «Al trabajar con lodos activados, si tienen buena aireación, no te deberían generar olores, pero si no tiene aire, ahí es cuando huele mal», puntualiza el profesional.

Sedimentación

En el sedimentador, los flóculos biológicos se separan del agua y se concentran en el fondo en forma de lodo. «Este no genera olores, tendría que quedarse parada el agua y estar a lo menos dos días sin recirculación o sin operar para que el lodo de al fondo comience a fermentar y genere malos olores», menciona Seal.

Deshidratación y disposición de lodos

El último proceso es crítico. El lodo del fondo del sedimentador es llevado al deshidratador, donde se le extrae el agua. Una vez seco es cargado a un contenedor para luego ser llevado a un relleno sanitario autorizado y/o reutilizado como abono o fertilizante en predios agrícolas.

«Todos estos microorganismos que se generan en la planta de tratamiento tienen que tener un proceso donde se les saca el agua y bajar el contenido de materia orgánica ¿Cómo se hace esto?, se colocan en un digestor, al que nosotros le damos aire y los microorganismos se van a canibalizar entre ellos. Entonces, el contenido de materia orgánica baja hasta lo que se pide en la norma y dependiendo de cómo ellos lo dispongan este va para relleno sanitario o como mejoramiento de suelo, ya que a estos desechos uno le agrega cal, la que por PH evita que se descomponga la materia y genere olores», comenta Christian Seal.

La conclusión del ingeniero es clara pero condicionada: «Una planta bien diseñada y bien operada, no debería generar olores. El único problema que debería tener la comunidad, es si se opera mal la planta de tratamiento. Si la planta tiene fallas en el sistema de aireación, ahí si puedes tener problemas de olores».

Esquema del proceso de lodos activados

Ampliación de la cobertura sanitaria

La apertura de La Farfana modificó de manera sustancial la cobertura del tratamiento de aguas servidas en Santiago. El complejo El Trebal había permitido sanear el 23% de las descargas de la ciudad, mientras que La Farfana incorporó una capacidad equivalente al doble de la instalación anterior.

Tras la inauguración de La Farfana, el último paso es interceptar las descargas de las comunas del sector norte de Santiago que aún son vertidas al río Mapocho. Ellas serán desviadas a la futura planta Los Nogales, que entrará en operaciones en 2009.

Con esta nueva instalación, se concluirá con el plan de saneamiento de la cuenca de Santiago. Además, Aguas Andinas está en proceso de construir 13 plantas menores en localidades rurales y semirurales de la periferia de la capital para sanear las aguas servidas que generan unos 600 mil habitantes.

Biogás y producción de biometano

Ubicada en la comuna de Maipú, en Santiago de Chile, la planta de biometano La Farfana se ha consolidado como una de las iniciativas más relevantes de producción de gas natural renovable del país.

Desarrollado en su momento por Metrogas - una compañía del Grupo Naturgy- y Aguas Andinas, el proyecto opera dentro de la Biofactoría La Farfana, propiedad de esta empresa sanitaria, transformando el biogás generado durante el tratamiento de aguas residuales en biometano de alta calidad, que luego se inyecta a la red de distribución de Metrogas.

Con una producción de cerca de 10 millones de metros cúbicos anuales, equivalentes al consumo de aproximadamente 30 mil hogares, actualmente la infraestructura es propiedad de Aguas Andinas, y todo el biometano producido es adquirido por Metrogas para la distribución y comercialización a sus clientes.

Producción de biometano a partir de aguas residuales

Tal ha sido el impacto de este proyecto en el país andino, que ha recibido destacados reconocimientos tales como el Premio Nacional de Eficiencia Energética, el Premio Nacional de Innovación AVONNI en la categoría “Mejor de los Mejores”, y el primer lugar en la categoría Fuego del Premio Nacional de Medio Ambiente.

En ese sentido, más allá de su aporte energético, La Farfana es también un referente en economía circular. Al valorizar un residuo producido diariamente en la ciudad y convertirlo en energía limpia que vuelve a los hogares, el proyecto demuestra cómo la gestión de aguas residuales puede integrarse a soluciones de eficiencia energética.

Esta articulación entre infraestructura sanitaria y energética posiciona a La Farfana como un modelo replicable en otros sectores que buscan avanzar hacia sistemas más sostenibles.

Olores, lodos y relación con la comunidad

En 2003 se instaló en el territorio la Planta de Tratamiento La Farfana, propiedad de Aguas Andinas, que envolvió a los vecinos en malos olores y una baja calidad de vida, además de daños medioambientales.

«Nosotros llegamos a Santa María cuando la planta de tratamiento de Aguas Andinas ya estaba en construcción y alrededor del 2003 nos comenzamos a dar cuenta de los problemas por el mal olor, los ratones y las moscas. Estos se producían cuando ellos trabajaban con los camiones de lodo a la intemperie», cuenta Jeanette.

Fue justamente la cancha de secado de lodos la que liberó, en aquel momento, los malos olores, producto de malos procesos de oxigenación. «En La Farfana tuvieron un problema en la línea de digestión anaeróbica y el lodo que estaba en condición anaeróbica lo tiraron en la cancha de secado y eso generó problemas en la comunidad. Al haber problemas de oxígeno, uno tiene problemas de olores», explicó el ingeniero sanitario, Christian Seal.

Este antecedente se suma a lo que vecinos de Colina compartieron sobre las instalaciones de Aguas Santiago Norte en ese sector. «Los vecinos nos dijeron que se sentían ruidos en la noche y que habían malos olores todo el día, siendo que allá abastecen 600 casas y acá van a ser 2.500», cuenta Jeanette.

El proyecto Santa María y la controversia ambiental

Este jueves 6 de noviembre de 2025, la Municipalidad de Maipú publicó un comunicado categórico donde rechazan la aprobación emitida por la Comisión de Evaluación Ambiental (Coeva) al proyecto «Planta de Tratamiento de Aguas Servidas Santa María de Aguas Santiago Norte S.A».

La entidad, en apoyo a la comunidad, denuncia que su ejecución «implica agravar una existente sobrecarga ambiental para la comuna, particularmente a los vecinos y vecinas del barrio La Farfana».

La noticia cae como una bomba en un sector que ya alberga la planta de tratamiento con mayor capacidad de América Latina, la Factoría de Aguas Andinas, la cual procesa el 90% de aguas servidas de la Región Metropolitana.

Ahora, después de seis años de resistencia ciudadana, el proyecto Santa María está más cerca que nunca de convertirse en realidad.

Antecedentes del proyecto

La historia comienza en febrero de 2019, cuando el gerente general de la Sociedad Aguas Santiago Norte S.A., Enrique Guevara Castro, envió una carta al Superintendente de Servicios Sanitarios solicitando la concesión para su empresa de los «servicios públicos sanitarios de producción y distribución de agua potable, y de recolección y disposición de aguas servidas, para una sección de 97,30 hectáreas aproximadamente, ubicadas en el sector La Farfana de la comuna de Maipú, Provincia de Santiago, Región Metropolitana».

En dicho escrito, Guevara Castro detalló: «Esta planta será del tipo lodos activados con pretratamiento y desinfección y estará ubicada aledaña a la zona de concesión, en la comuna de Maipú. Las aguas tratadas se efectuará mediante descarga al Zanjón de la Aguada».

El contexto era claro: en 2020, la constructora Bricsa anunció su proyecto inmobiliario en La Farfana. Sin embargo, ni la sanitaria municipal SMAPA ni Aguas Andinas -empresa ya instalada en el sector- se presentaron a la licitación del paño donde se construiría el proyecto.

«Aguas Santiago Norte fue la única empresa interesada en factibilizar la construcción de viviendas y en descontaminar el sector de Santa María y reutilizar las aguas tratadas que se generan, dada la construcción de nuevas viviendas en el sector», expresó la compañía detrás de Santa María.

Así, el 11 de diciembre de 2020, Aguas Santiago Norte S.A. tramitó con el Ministerio de Obras Públicas la concesión sanitaria que les permitiría instalar una planta de tratamiento de aguas servidas en el sector.

El proyecto se concretó formalmente el 21 de julio de 2021, cuando la empresa ingresó al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) para construir la «Planta de Tratamiento de Aguas Servidas Santa María», ubicada en Camino La Farfana s/n, lado sur, Parcela Las Encinas, 1.259 metros al interior, en la comuna de Maipú.

Con una inversión aproximada de 1.181 millones de pesos, el proyecto incluía «la construcción y operación de una planta de tratamiento de aguas servidas mediante un pretratamiento de eliminación de sólidos y grasas, homogenización, tratamiento biológico».

Resistencia vecinal y evaluación ambiental

Pero había un detalle que encendió las alarmas: el DIA no contemplaba participación ciudadana. «Esto ha sido un terremoto para nosotros, porque llevamos años tratando de que Aguas Andinas solucione sus problemas acá y ahora se nos avisa sobre esta nueva construcción para el otro año», expresaba Patricia Bravo, presidenta Junta de Vecinos Pueblito La Farfana, por esos días.

La comunidad se organizó. La Coordinadora Ambiental La Farfana lideró la resistencia y logró que 1.435 observaciones llegaran al SEA.

El movimiento vecinal fue implacable. «Nos tocó un año muy duro contra el proyecto de la Planta Santa María, lo cual en el minuto fue muy difícil, pero al instante recibimos el apoyo del alcalde (…) Ha sido un camino unido y sostenido entre la ayuda del Municipio, más la ayuda de los vecinos y la comunidad. Esto formó esta fuerza en conjunto que hoy nos da el triunfo», señaló Mayka Martínez, presidenta de la Coordinadora La Farfana.

El triunfo llegó el 3 de octubre de 2022: la Comisión de Evaluación Ambiental (Coeva) rechazó el DIA. El proyecto, además de los problemas medioambientales y efectos negativos a la calidad de vida de los pobladores, contaba con una serie de incumplimientos a las normas.

Segundo ingreso del proyecto

El viernes 23 de agosto de 2024, Aguas Santiago Norte volvió a subir su proyecto al Servicio de Evaluación Ambiental. Esta vez, la empresa asegura que el proyecto cuenta con mejoras significativas.

«El proyecto Planta de Tratamiento de Aguas Servidas Santa María es diferente al presentado anteriormente. No es el mismo. Esta nueva versión, considera el encapsulamiento del pretratamiento el cual incluye un sistema de mitigación de emisiones odorantes, y el proceso de higienización del lodo se realizará al interior de un galpón cerrado, provisto de un robusto sistema de tratamiento de olores para evitar cualquier emanación odorante al exterior», explicaron desde la empresa.

Para demostrar su compromiso, la empresa organizó visitas a su planta de Colina, inaugurada en 2017 tras superar el movimiento «No a La Farfana de Colina».

Cecilia Castro fue una de las vecinas que asistió, pero no quedó convencida. «La planta que fuimos a ver a Colina era chica, no estaba encapsulada, no estaba funcionando al 100% e igual se sentían ciertos olores. Así que nos debieron llevar a una planta igual a la que se va a instalar para tener una visión real de lo que ellos nos dicen», comentó Cecilia.

Proximidad a viviendas y establecimientos educacionales

La ubicación del proyecto Santa María es una de las principales complicaciones. La villa Parque Residencial Santa María, Santa María I, II y III, la nueva villa El Conjunto, el Liceo Bicentenario de Niñas, el Colegio Alicante, los terratenientes y trabajadores de parcelas alrededor de la planta, son algunos de los puntos críticos identificados como los más damnificados.

Cecilia Castro vive en la nueva Villa El Conjunto La Farfana de Maipú desde septiembre de 2022, último barrio residencial instalado en el sector y que se encuentra a 1,5 kilómetros del terreno donde se ubicaría la nueva planta.

Además de ser vecina, es secretaria del Comité de Allegados de La Farfana. «Ellos te dicen en todo momento que las observaciones del anterior proyecto ya las aplicaron a este nuevo, pero eso no te da una certeza de que este proyecto va a terminar cumpliendo con lo que promete», señala Cecilia.

«La misma empresa menciona que no va a haber ningún tipo de emisión, en un inicio ese era su slogan y ahora se ven orillados a tener que asumir que van a producir emisiones, pero te dicen que será poco. Entonces, mi principal malestar es la desprotección que hay desde las instancia gubernamentales y de la capacidad legal con la que uno puede y tiene para defenderse», complementa otro vecino del sector Santa María III.

Más de 4.000 estudiantes en el área de preocupación

Uno de los aspectos más preocupantes del proyecto es su cercanía con establecimientos educacionales. El Liceo Bicentenario de Niñas de La Farfana recibe alrededor de 900 estudiantes, cifra que sumada a los 3.200 matriculados en el Colegio Alicante, hacen que la posible población estudiantil afectada sea de más de 4.000 alumnos, sin mencionar a los docentes, directivos y trabajadores de ambos recintos.

«Ambos colegios tienen un porcentaje alto de vecinos que viven en el sector e independiente de esto, los alumnos y comunidad del liceo serán los primeros en recibir el impacto ambiental de la planta», señalan los vecinos.

«No solamente va a afectar la matrícula del colegio, sino que va a bajar la plusvalía de todo el sector. Además, contamos con un microclima en el sector que sumado a una nueva planta concentrará aún más los olores. Los alumnos que quieran hacer actividad física no lo van a poder hacer», complementa la presidenta del Centro de Padres.

Emisiones, reutilización del agua y crecimiento proyectado

Las preocupaciones ambientales son concretas. Desde el anterior proyecto, se identificaron problemáticas que van desde la emisión de ciertos contaminantes nocivos para el ambiente hasta malos olores que interrumpen el diario vivir.

«Las plantas de tratamiento van a expulsar muchos componentes que son los derivados del tratamiento de aguas servidas, que son principalmente los residuos del baño y de la loza», explicó Claudio Morales, Presidente de la Comisión de Medioambiente del Consejo de Sociedad Civil de Maipú.

Aunque el Resumen Ejecutivo del proyecto indica que «el agua será tratada asegurando un suministro seguro para fines de riego en la agricultura, protección de la vida acuática, todo tipo de reutilización de aguas residuales y una mejora de la calidad del agua», los vecinos desconfían del crecimiento proyectado de la planta.

La superficie aumentará desde los 1.821,1 metros cuadrados iniciales hasta los 10.000 en 2055.

«Los litros que va a descargar el Proyecto de Planta Santa María, en un principio, será de 3,3 litros diarios por segundo y después pasará a 25,5 en 2055, lo que es una diferencia brutal. En este proceso es donde las comunidades entran en desconfianza respecto a si es posible mantener este proceso en el agua durante los más de 30 años que dura el proyecto», comentó Claudio Morales.

Gestión sanitaria y desafíos posteriores

Ya con las grandes inversiones hechas en cobertura, alcantarillado y tratamiento, una mejora constante de su gestión es uno de los desafíos planteados para Aguas Andinas.

Nunca hay que pensar que uno lo hace completamente bien, sino que siempre hay cosas que mejorar. Hay una lista larga de inversiones que se tendrán que abordar a lo largo de los próximos diez años.

Y posiblemente tendrán mucho énfasis en la reposición de redes y en mantener un servicio de calidad. Son cerca de US$ 465 millones hasta 2010.

La inauguración de La Farfana también se relacionó con cambios tarifarios para los clientes del Gran Santiago. Desde el 20 de septiembre de 2003 comenzó a aplicarse el alza de tarifas de agua potable a los clientes del Gran Santiago. Así, las cuentas de esa compañía subirán en promedio 14%.

Proceso de tratamiento y control de olores

Durante el recorrido, el gerente de operaciones, Rodrigo González, explicó las fases que se realizan en las instalaciones. La Voz de Maipú consultó al ingeniero sanitario y profesor de la Universidad de Santiago, Christian Seal, quien evaluó técnicamente cada proceso.

Una planta bien diseñada y bien operada depende de la continuidad de sus sistemas de aireación, del control de los lodos, del retiro oportuno de los residuos y del funcionamiento adecuado de los sistemas de confinamiento y tratamiento de emisiones.

En el reactor biológico, el oxígeno permite que los microorganismos remuevan la materia orgánica sin producir las condiciones asociadas a la descomposición anaeróbica. En la deshidratación, la reducción del agua y de la materia orgánica disminuye el potencial de generación de olores, mientras que la disposición final requiere trasladar el material a un relleno sanitario autorizado y/o reutilizarlo como abono o fertilizante en predios agrícolas.

¿Cómo funciona una planta de tratamiento de aguas residuales?

La preocupación de las comunidades se concentra especialmente en las fallas operacionales, la cercanía con viviendas y colegios, la evolución futura de los caudales, el cumplimiento de las medidas de mitigación y la capacidad de las instituciones para fiscalizar el funcionamiento de las instalaciones.

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