Platón: la virtud como purificación del alma

Para Platón, la virtud como purificación consiste en liberar progresivamente el alma del dominio de los deseos, las pasiones y las necesidades corporales, orientándola hacia la razón, la verdad y el mundo de las Ideas. El hombre virtuoso no elimina toda relación con el cuerpo, sino que impide que los apetitos sensibles gobiernen su vida y procura que el alma recupere su dirección natural hacia lo inteligible.

La purificación es, por tanto, una tarea moral, intelectual y espiritual. Desde el punto de vista moral, exige moderar los apetitos sensibles; desde el punto de vista intelectual, requiere llevar una vida guiada por el conocimiento y el ejercicio de la razón. La virtud se completa cuando la parte racional del alma domina y armoniza sus partes irascible y apetitiva, haciendo posible la justicia, la templanza, la fortaleza y la sabiduría.

La relación entre ética, antropología y metafísica

La ética platónica mantiene una estrecha relación con su visión antropológica y metafísica. Alma y cuerpo constituyen dos elementos no sólo distintos, sinó irreconciliables entre sí: el cuerpo es la cárcel del alma, el lugar donde ésta se hace esclava de lo material y lo pasional.

Mientras el hombre permanezca ligado a su cuerpo, se encontrará incapacitado para la felicidad y para el verdadero conocimiento. Alcanzar estos sólo será posible si dominamos nuestra parte material.

Platón se enfrenta así al conocimiento de lo que es (las ideas o formas) y de lo que uno es (cuidado de sí). Por eso la escisión entre un orden inteligible y otro sensible no se impone en su doctrina de forma arbitraria, sino que obedece más bien a una necesidad: que las ideas no se vean afectadas por la multiplicidad y el incesante cambio, con el objetivo de alcanzar un conocimiento estable y verdadero que constituye precisamente el principio del devenir.

En definitiva, existe un proyecto de otorgar consistencia a la realidad. Platón defiende la superioridad de lo racional frente a lo sensible porque nuestra capacidad de conceptualización refleja, en cierto modo, la estructura que subyace a la realidad, es decir, que la realidad se asienta sobre patrones inteligibles estables y perdurables.

La virtud como sabiduría

A la doctrina que equipara sabiduría y virtud se la denomina intelectualismo ético y ya fue formulada por Sócrates, en un intento de superación del relativismo de los Sofistas. Los conceptos morales no son fruto de una convención o pacto entre hombres, ya se refieren a realidades existentes y permanentes (ideas) que son independientes de la razón y la voluntad humanas.

Sin embargo, es a través de la razón como el hombre puede tomar contacto con la realidad moral, realizándola en su persona. A la manera socrática, Platon afirma que sólo el sabio es el virtuoso, porque únicamente conociendo qué es la virtud, es decir, la idea a la que se refiere el concepto "virtud", hay posibilidad de serlo en la vida práctica.

El saber y la virtud coinciden y se necesitan recíprocamente. Lo Justo en sí, la bondad en sí, la prudencia,etc., esto es, los valores morales existen por sí mismos, y por ello es posible definirlos y, una vez conocidos, llevarlos a cabo en la vida práctica.

El sabio no podrá ser malo, ya que el mal es fruto de la ignorancia, un defecto que no radica en nuestra naturaleza sino en el no cumplimiento de lo esencial de nuestra naturaleza (la racionalidad). Esta concepción aparece resumida en la afirmación: «Nadie se dirige hacia lo malo queriendo» (Platón, Protágoras, 358 c).

Platón no entiende la sabiduría como una acumulación de información ni como la simple erudición. La sabiduría se presenta en el Protágoras como un tipo de conocimiento alejado del científico o del que posee el erudito; este especial conocimiento alberga el poder de tornar el temor en confianza, el enfado en serenidad, lo desmedido en perfecta medida.

El auténtico sabio es el que alcanza la virtud del saber, un conocimiento que permite el dominio de sí y, por tanto, el control racional de nuestros actos (sophrosyne). Pues si lo agradable es bueno, nadie que sepa ni crea que hay otras cosas mejores que las que él hace, siendo realizables, hará éstas, siendo posible hacer las mejores.

Y el ser vencido por esto mismo no es más que ignorancia y el dominarlo no es más que sabiduría (Protágoras, 358b-c). Basta ser sabio para obrar bien: el sabio conoce el bien, lo desea siempre y obra en consecuencia, por mucho que pudiera exigirle renuncias y sacrificios.

Qué significa purificar el alma

Purificación Práctica moral encaminada al cuidado del alma a partir del rechazo de los deseos y necesidades corporales. Influido por la religión órfica, Platón defendió una concepción pesimista de la realidad humana: en este mundo el alma vive prisionera del cuerpo y sus urgencias o necesidades.

En la medida en que el destino del alma no es el mundo corporal y sus valores sino el mundo espiritual, y que ambos mundos están enfrentados, la tarea moral, religiosa e intelectual del hombre consistirá en intentar liberarse de las exigencias del cuerpo y de sus limitaciones.

La purificación o ascesis, es precisamente este proceso de liberación. Desde un punto de vista moral consiste en intentar eliminar o moderar los apetitos sensibles (apetito sexual, deseo de bienes materiales como la riqueza, gula…); desde un punto de vista intelectual consiste en intentar llevar una vida de conocimiento, de ejercicio de la razón.

Virtuoso y feliz será aquel que purifique su alma de las pasiones y "desórdenes" del cuerpo y se vuelque hacia el mundo eidético, el único capaz de realizar humanamente a el hombre.

Platón no sostiene que la liberación consista en satisfacer sin límites los deseos ni en conceder al placer un valor supremo. La purificación exige establecer una medida racional, pues el auténtico placer ha de estar siempre acompañado de cierta medida que, además, es necesario conocer.

En el Filebo, Platón admitirá sin embargo que una vida "buena" y virtuosa es una vida "mixta" en la que hay que saber aceptar también el placer con cierta moderación.

La purificación en el Fedón

«Purificarse es separar lo más posible el alma del cuerpo, acostumbrar al alma a dejar la envoltura del cuerpo, para concentrarse en sí misma, a solas consigo» (Fedón, 67,e.)

«La realidad verdadera es que la templanza, la justicia y la virtud no son sino purificaciones de todas las pasiones, y hasta el pensamiento es quizá un medio de purificación» (Fedón, 69,b.)

Esto es lo que parece indicar la extraña afirmación platónica según la cual filosofar es aprender a morir: la auténtica filosofía obliga al sujeto a dirigir los ojos del alma fuera del mundo corporal, hacia el mundo de las Ideas, separándose en cierta forma del cuerpo, «muriendo» en un cierto sentido.

Platón y la purificación del alma

Platón presenta en el siguiente texto de Fedón su idea de la filosofía como una forma de purificación del alma y preparación para la muerte.

La razón no tiene más que un camino que seguir en sus indagaciones; mientras tengamos nuestro cuerpo, y nuestra alma esté sumida en esta corrupción, jamás poseeremos el objeto de nuestros deseos; es decir, la verdad.

En efecto, el cuerpo nos opone mil obstáculos por la necesidad en que estamos de alimentarle, y con esto y las enfermedades que sobrevienen, se turban nuestras indagaciones. Por otra parte, nos llena de amores, de deseos, de temores, de mil quimeras y de toda clase de necesidades; de manera que nada hay más cierto que lo que se dice ordinariamente: que el cuerpo nunca nos conduce a la sabiduría.

Porque, ¿de dónde nacen las guerras, las sediciones y los combates? Del cuerpo con todas sus pasiones. En efecto; todas las guerras no proceden sino del ansia de amontonar riquezas, y nos vemos obligados a amontonarlas a causa del cuerpo, para servir como esclavos a sus necesidades.

He aquí por qué no tenemos tiempo para pensar en la filosofía; y el mayor de nuestros males consiste en que en el acto de tener tiempo y ponernos a meditar, de repente interviene el cuerpo en nuestras indagaciones, nos embaraza, nos turba y no nos deja discernir la verdad.

Está demostrado que si queremos saber verdaderamente alguna cosa, es preciso que abandonemos el cuerpo, y que el alma sola examine los objetos que quiere conocer. Sólo entonces gozamos de la sabiduría, de que nos mostramos tan celosos; es decir, después de la muerte, y no durante la vida.

La razón misma lo dicta: porque si es imposible conocer nada en su pureza mientras vivimos con el cuerpo, es preciso que suceda una de dos cosas: o que no se conozca nunca la verdad, o que se la conozca después de la muerte, porque entonces el alma, libre de esta carga, se pertenecerá a sí misma.

Pero mientras estemos en esta vida, no nos aproximaremos a la verdad sino en razón de nuestro alejamiento del cuerpo, renunciando a todo comercio con él, y cediendo sólo a la necesidad; no permitiendo que nos inficione con su corrupción natural, y conservándonos puros de todas estas manchas, hasta que Dios mismo venga a libertarnos.

Entonces, libres de la locura del cuerpo, conversaremos, así lo espero, con hombres que gozarán la misma libertad, y conoceremos por nosotros mismos la esencia pura de las cosas; porque quizá la verdad sólo en esto consiste; y no es permitido alcanzar esta pureza al que no es asimismo puro.

He aquí, mi querido Simmias lo que me parece deben pensar los verdaderos filósofos, y el lenguaje que deben usar entre sí.

Y bien; purificar el alma, ¿no es, como antes decíamos, separarla del cuerpo, y acostumbrarla a encerrarse y recogerse en sí misma, renunciando al comercio con aquel cuanto sea posible, y viviendo, sea en esta vida, sea en la otra, sola y desprendida del cuerpo, como quien se desprende de una cadena?

-Es cierto, Sócrates.

-Y a esta libertad, a esta separación del alma y del cuerpo, ¿no es a lo que se llama la muerte?

-Seguramente.

-Y los verdaderos filósofos, ¿no son los únicos que verdaderamente trabajan para conseguir este fin? ¿No constituye esta separación y esta libertad toda su ocupación?

-Así me lo parece, Sócrates.

Es cierto, por consiguiente, Simmias, que los verdaderos filósofos se ejercitan para la muerte, y que esta no les parece de ninguna manera terrible.

Si desprecian su cuerpo y desean vivir con su alma sola, ¿no es el mayor absurdo, que cuando llega este momento, tengan miedo, se aflijan y no marchen gustosos allí, donde esperan obtener los bienes, por que han suspirado durante toda su vida y que son la sabiduría, y el verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio?

El cuerpo, los apetitos y el límite del placer

Un aspecto importante de cara al estudio del Protágoras es tomar en consideración el papel del cuerpo, que no parece rechazado o vilipendiado sin más por Platón; más bien, la meta se sitúa en ofrecer límites a los apetitos siempre crecientes, y que suponen en este sentido un obstáculo para la culminación de las actividades intelectuales.

El asunto del placer en Platón supone un punto central de su pensamiento, pues de una buena educación en y sobre él dependerá que pueda o no erigirse un proyecto no sólo de excelencia personal, sino también política.

Ello supondrá dirimir la relación existente entre cuerpo y alma: ¿de qué manera nos influye lo sensible? Platón se enfrenta así al conocimiento de lo que es y de lo que uno es.

En el Protágoras, Sócrates sostendrá que el placer es un bien, e incluso llega a parecer en cierto momento que es el criterio para medir los demás bienes. Sin embargo, en el Gorgias afirma que el bien y el placer no son lo mismo, y que sólo aquél ha de ser el fin de las acciones.

En ciertos diálogos como el Gorgias, Protágoras, Fedón o Filebo, e incluso en algunos fragmentos de la República, predomina una temática que parece preocupar mucho a Platón: el auténtico placer ha de estar siempre acompañado de cierta medida que, además, es necesario conocer.

Es decir, el sabio no es el que sabe mucho, un simple erudito, sino el que escucha, el que pone oídos atentos a lo que los apetitos tienen que decirle, sin colocar como última meta de su acción al placer.

En el Protágoras el placer se anuncia como un bien, aunque, en primer lugar, el verdadero placer es un bien solamente en tanto que lo encontramos medido por la sabiduría, y en segundo lugar, el placer se vuelve engañoso si no está secundado por un certero (prudente) cálculo -que podría verse malversado por la ignorancia-.

Centrándonos en el Protágoras, Platón subraya el poder de la sabiduría sobre nuestras acciones; cuando ésta se halla presente, el deseo da certera y justamente con lo que buscaba, el auténtico placer. De esta manera, el ánimo, el alma, encuentra la paz.

Así, lo que se dice en el Protágoras seguiría vigente en República, a saber, que cuando el sujeto sufre una suerte de división entre deseos contrarios no armonizados por la sabiduría (la única y apropiada fuerza directriz), en ese caso, no podría darse una verdadera satisfacción del sujeto como un todo: estaríamos, pues, en el caso de aquella moral de esclavos, atados a los dolorosos y aguijoneantes vaivenes del deseo.

El objetivo de Platón es que el sujeto invierta toda su energía y todas sus fuerzas de manera satisfactoria y en el buen camino. Sócrates no sostendría entonces una posición meramente hedonista-sensual (algo es bueno si nos parece inmediatamente placentero), pero tampoco un hedonismo-racionalista-calculador (algo es bueno si parece potencialmente productor de placer en lo venidero).

El Sócrates del Protágoras no estima que el placer constituya un fin suficiente de la vida, ni que la vida pueda reducirse al placer. «Calcular» los placeres no es más que conocer su medida, más allá de cualquier apariencia.

Platón no niega en el Protágoras que un deseo irracional pueda prevalecer en nuestra acción; más bien defiende que, si se halla presente la sabiduría, su aparición será suficiente para elegir el bien.

En definitiva: existe la posibilidad de ser vencido por el placer, pero quien conoce la medida justa y apropiada de los placeres y aprende mediante la práctica a obrar bien, no podrá ser nunca avasallado por él, y por ello quien es sabio mide y obra bien, y además vive tranquilo, en paz consigo mismo.

El sujeto que ha comprendido esto se obligará a sí mismo, no sin esfuerzo, a no dejarse llevar por el deseo: el conocimiento ofrece la clave para obrar bien indefectiblemente.

En el Filebo, Platón se propone investigar si existe algún tipo de disposición o estado que procuren al ser humano una vida feliz, y con este objetivo se interroga en qué medida la propia felicidad es ofrecida por el placer, la prudencia, el intelecto o el recuerdo.

En este complejo diálogo Sócrates concluye que el placer no es el bien más primordial, y da prioridad a lo mesurado y medido, lo relativo a la proporción, lo hermoso, lo perfecto, el intelecto y las ciencias.

En último lugar estarían los placeres, pero aquellos que Platón denomina «puros», es decir, los que acompañan al ejercicio de las tales ciencias.

El que quiera ser feliz ha de perseguir y ejercitar la moderación, así como huir de la indisciplina lo más rápido que uno pueda […], de modo que haya justicia y moderación para el que se propone ser dichoso, y así debe obrar, sin dejar que los apetitos se queden sin recibir disciplina y que por intentar colmarlos, mal inacabable, se lleve vida de bandido (Gorgias, 507 d-e).

Las tres partes del alma y la armonía

La virtud puede entenderse tambien como un equilibrio y armonía entre las distintas partes del alma. Debe desarrollarse tal acuerdo entre ellas que se unifiquen los distintos elementos que conforman el compuesto humano, sometiéndolos a la razón.

Es esta la única que puede regir esta armonización. La justicia surge cuando cada parte cumple su función propia y acepta el gobierno de la razón.

Parte del almaNombre griegoCarácterSituaciónVirtud
RacionalNous, lógosInmortalCabezaPrudencia, sabiduría (Phrónesis, sophía)
IrascibleThymósMortalTóraxFortaleza, valor (andreía)
ApetitivaEpithymíaMortalEstómagoTemplanza (Sophrosyne)

La Justicia es considerada como la virtud fundamental y consiste en "el acuerdo de las tres partes del alma, exactamente como los tre términos de un armonía, el de la cuerda grave, el de la alta y el de la media".

La armonía surge cuando "cada parte hace lo propio" de tal manera que "dominen o sean dominadas entre sí conforme a la naturaleza".

La purificación no consiste únicamente en apartarse de los placeres corporales, sino también en ordenar interiormente la vida del alma. El alma irascible debe ponerse al servicio de la razón y la parte apetitiva debe aceptar la medida que la razón establece.

Cuando los deseos contrarios no están armonizados por la sabiduría, el sujeto queda dividido y no alcanza una verdadera satisfacción como totalidad. La virtud aparece entonces como una forma de unidad interior.

Correspondencia entre alma, virtud y Estado

Esta división del alma le permitirá justificar la desigualdad social: ésta tiene un origen natural. Los hombres deben pertenecer a una clase social u otra dependiendo de la clase de alma predominante en ellos.

En el cuadro de arriba se muestra un esquema de la correspondencia entre las clases de alma, sus virtudes inherentes y la clase social a la que pertenecen.

Parte del almaVirtud correspondienteClase social
RacionalPrudencia, sabiduríaGobernantes-filósofos
IrascibleFortaleza, valorGuardianes
ApetitivaTemplanzaProductores

Para Platón, la dialéctica y el a mor son los caminos hacia las ideas. Pero por sí mismos no bastan: es necesaria la virud, que también es el camino hacia el Bien y la Justicia.

Además, el hombre aislado no puede ser bueno ni sabio: necesita de la comunidad política (el Estado). Así, la virtud y el Estado permiten el acceso a las Idas. Pero éstas, a su vez, son su fundamento último.

La ciudad platónica se compone de tres clases sociales que se corresponden con las tres partes del alma, a cada clase, se le asigna una tarea y una virtud.

La organización social se encuentra estrictamente jerarquizada ya que no todos los hombres se encuentran dotados por la naturaleza ni deben ocuparse de las mismas tareas. Cada clase social manifiesta el predomino de una parte del alma y por lo tanto debe ser educado de acuerdo con las funciones que deba desemepeñar.

El estado platónico es pues, una institución educaativa. La existencia de los ciudadanos, se entiende en función del bien de la comunidad.

Platón prevee un "comunismo" total par ala clases sociales superiores: abolición de la propiedad privada y de la familia, de este modo, gobernantes y guerreros estarían a salvo de los peligros de su ambición personal o las de su casta.

Educación, ejercicio y adquisición de la virtud

Para comprender lo que es la virtud del conocimiento, hay que distinguir, por un lado, entre facultad y virtud, y, por otro lado, entre la virtud del conocimiento y las demás virtudes, por las que el alma domina el cuerpo.

La educación es el proceso por el que las facultades se perfeccionan en virtudes y por el que las virtudes morales hacen posible la virtud suprema del conocimiento.

Las virtudes no se pueden infundir o transmitir: son perfecciones de nuestras propias facultades, que cada uno puede y debe lograr. Las virtudes morales, por las que el alma domina el cuerpo, son hábitos que se pueden desarrollar gradualmente mediante el ejercicio.

La virtud del conocimiento, en cambio, es la virtud -el poder- de la razón o la inteligencia, facultad innata del alma, cuya perfección no es gradual, sino que se da o no se da, según el alma dirija o no su inteligencia hacia lo inteligible, que es lo que corresponde a su natural capacidad de conocer.

Antes de encarnarse en un cuerpo, el alma contempla naturalmente las Ideas. Al encarnarse, ya no las contempla directamente, pero puede recuperar su capacidad de tomar las ideas en consideración mediante la educación.

Lo que hace la educación en el ser humano (cuerpo y alma) es desarrollar la virtudes morales (de dominio del alma sobre el cuerpo) para que el alma pueda dirigir su natural capacidad de conocer hacia donde debe, para ser eficiente, que es hacia lo inteligible, perfeccionando así su virtud suprema del conocimiento.

De ese modo, No puede haber virtud del conocimiento sin virtud moral (y, por tanto, sin educación), y A quien alcanza la virtud suprema del conocimiento se le presupone la virtud moral.

… Y en eso consiste el intelectualismo moral de Platón.

La educación socrático-platónica, mediante la mayeútica y la dialéctica, es una educación moral, integral, en la virtud, en la que el propio alumno es ‘sujeto‘ de la educación (es el alumno el que aprende la realidad contrastando su visión con otras visiones).

La educación sofista, en cambio, mediante la retórica, es una instrucción en técnicas o habilidades que se suponen moralmente indiferentes, en la que el alumno es ‘objeto‘ de educación… (es el maestro el que instruye de determinada manera al alumno).

La purificación como práctica filosófica

La virtud exige cierta praxis: no basta con saber, es preciso ejercitarse, y la bondad, por tanto, será aprendida mediante una práctica portadora de aquella sabiduría, que traerá consigo todas las demás virtudes, pues podrá escrutar en cada caso el lugar donde se encuentra el bien.

Lo que nos queda a los seres humanos, y no es ligera tarea, es llegar a ser buenos, esforzarse por ello, siendo siempre conscientes de que no es un estado definitivo, permanente: «Lo difícil, aunque posible, es llegar a ser cabal; serlo es imposible» (Protágoras, 344 e).

La purificación es gradual en el plano moral porque los hábitos de dominio de sí se forman mediante el ejercicio. La razón debe aprender a gobernar los impulsos, moderar los apetitos y orientar cada acción hacia el bien.

La sabiduría no actúa como una información externa que se añade al alma, sino como una transformación de la manera de vivir. Quien conoce verdaderamente el bien debe aprender a desearlo, elegirlo y realizarlo incluso cuando ello exige renuncias.

La dialéctica y el amor orientan el alma hacia las Ideas, pero la virtud hace posible que el alma permanezca ordenada durante ese ascenso. Sin purificación moral, el conocimiento puede quedar subordinado a los deseos y perder su finalidad.

La purificación y el cuidado de sí

Platón distingue entre la liberación de las pasiones y el desprecio irreflexivo de toda dimensión sensible. El cuerpo puede ser un obstáculo cuando sus necesidades y deseos reclaman el gobierno de la vida, pero la tarea filosófica consiste en establecer límites y ordenar la relación entre cuerpo y alma.

El asunto del placer no puede separarse de la educación. De una buena educación en y sobre él dependerá que pueda o no erigirse un proyecto no sólo de excelencia personal, sino también política.

La moderación no significa una mera privación externa, sino el dominio racional de los deseos. El sabio escucha los apetitos, pero no permite que determinen por sí solos el fin de la acción.

La vida buena es una vida medida, proporcionada y ordenada. El placer puede formar parte de ella cuando acompaña al ejercicio de la inteligencia y no sustituye al bien como criterio último.

En el Protágoras, la sabiduría aparece como la fuerza capaz de gobernar la acción: cuando el saber está presente, no debe ser arrastrado por el ánimo, el placer, el sufrimiento, el amor o el miedo.

¿Qué disposición tienes con respecto al saber? ¡Eres también del mismo parecer que la mayoría de los hombres o de otro? La mayoría opina sobre el saber que no es fuerte ni guía rector, y no piensa que éste es precisamente así, sino que frecuentemente, cuando se da el saber en una persona, piensa que no es el saber el que rige a ésta, sino otra cosa: a veces el ánimo, el placer, el sufrimiento, otras veces el amor, o frecuentemente el miedo.

Y considera sin más al saber como si fuera un esclavo arrastrado por todas las demás cosas. Así que, ¿tienes tú también semejante parecer sobre éste o piensas que el saber es bello y capaz de regir al hombre, y una vez que uno conoce lo bueno y lo malo, que no será dominado por nada para hacer otras cosas más que las que le ordena el saber, sino que la sensatez se basta para socorrer al hombre? (Protágoras, 352b).

El conocimiento ofrece la clave para obrar bien indefectiblemente. La purificación culmina cuando la persona deja de ser esclava de sus impulsos y adquiere una unidad interior gobernada por la razón.

✅ El mito de la caverna de Platón 😱 (Explicado FÁCIL en 15 Mins.) | Filosofía Antigua

Virtud, conocimiento y acceso al Bien

No puede decirse que existe un concepto estable de virtud para la filosofía platónica sino conceptos que se complementan entre sí.

  • Virtud como sabiduría: Es el concepto socrático, sólo que ahora es de orden superior: refiere al conocimiento de las Ideas de Bien, Justicia, Valor, Piedad. de este modo, Platón intenta superar el relativismo de la virtud tal como lo entendían los sofistas y realizar una unificación de todas las virtudes en la idea de Bien.
  • Virtud como purificación: El hombre virtuoso es el que purifica su alma y la desprende del cuerpo para poder acceder a las Ideas. Se observa en este concepto la influencia pitagórica.
  • Virtud como armonía: La Justicia es considerada como la virtud fundamental y consiste en "el acuerdo de las tres partes del alma, exactamente como los tre términos de un armonía, el de la cuerda grave, el de la alta y el de la media".

Para Platón, la virtud no se reduce a una cualidad aislada ni a una conducta ocasional. Es el proceso por el cual el alma recupera su orden, conoce el bien y actúa de acuerdo con él.

La virtud como sabiduría dirige el alma hacia las Ideas; la virtud como purificación la libera del dominio de lo sensible; y la virtud como armonía organiza sus partes bajo el gobierno de la razón.

Estas tres dimensiones se necesitan mutuamente. Sin conocimiento, la purificación carecería de orientación; sin purificación, el conocimiento no podría gobernar la vida; y sin armonía, el alma permanecería dividida entre deseos y fines incompatibles.

El camino hacia el Bien no es sólo contemplativo. La persona debe transformar sus hábitos, moderar sus deseos, ordenar sus afectos y participar en una comunidad organizada conforme a la justicia.

tags: #platon #virtud #como #purificacion

Publicaciones populares: