Fernando Simón defendió que el uso de la mascarilla debía adaptarse a la situación epidemiológica, la disponibilidad de equipos y el riesgo de transmisión. En mayo de 2020 consideraba prioritarios el distanciamiento social y la prudencia, aunque reconocía que las mascarillas podían reducir los contagios cuando no era posible mantener la distancia.
En 2021, con el avance de la vacunación y el descenso de la incidencia, previó que el uso de la mascarilla podría reducirse en exteriores “en no muchos días”. En 2023, cuando la situación sanitaria había cambiado, pidió mantenerla especialmente como medida de protección hacia otras personas cuando se padecieran síntomas de una infección respiratoria.
La posibilidad de retirar la mascarilla en exteriores
“Tenemos ya a 7,2 millones de personas vacunadas con la pauta completa y a al menos 15 millones con una dosis. Es posible que en exteriores, en no muchos días, se pueda reducir el uso de la mascarilla”. Con estas palabras, el director del Centro Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón ha celebrado el éxito de la campaña de inmunización y el descenso en la incidencia acumulada por cada 100.000 habitantes que, este lunes, se sitúa en 151 puntos frente a los 162,03 registrados el pasado viernes.
No obstante, Simón ha instado a la población a “ser prudente y tener cuidado”. El director del CCAES ha explicado que si bien “estamos viviendo un proceso muy bueno de vacunación contra el coronavirus SARS-Cov-2, todavía no estamos donde nos gustaría”.
“Tenemos a día de hoy 224.000 personas más con la pauta completa y al 100% de los mayores de 80 años con al menos una dosis”, ha afirmado Simón antes de anunciar que estos datos dan pie a la modificación de “protocolos y procedimientos”. Una de ellas es la posibilidad de prescindir de mascarillas en exteriores, algo que Simón prevé que podría ocurrir “en no muchos días”.
El mismo día que el secretario general del Departament de Salut, Marc Ramentol, abría la puerta a relajar el uso de las mascarillas en Cataluña, a medida que vaya progresando la campaña de vacunación, Simón ha asegurado que “hay que tener mucho cuidado”, aunque la verdad es que gran parte del territorio “tendrá en unos días una situación de inmunidad que permitirá que algunas de estas medidas sean generalizadas”.
Para que esto ocurra --ha afirmado el epidemiólogo-- hay que garantizar que la situación en todos los territorios “sea más o menos similar”. "Lo que no podemos es volver a exponernos a riesgos de brotes", ha advertido.
Asimismo, ha recordado que pese al incremento en el nivel de inmunidad de la población que crece entre un 0,5 y un 1% diariamente, no se puede descartar “que se vaya a dar un incremento por las concentraciones de los últimos días”. “Vamos poco a poco acercándonos a la inmunidad de rebaño", ha señalado.

Vacunación, inmunidad y evolución de los casos graves
Durante la habitual rueda de prensa de los lunes, Fernando Simón también ha anunciado que “la revacunación es una opción para la que tenemos que estar preparados”. Aunque hay muchos aspectos a tener en cuenta, “es una opción que está muy presente”.
Actualmente se están estudiando los riesgos para decidir qué vacuna poner en el caso de que haya personas que pierdan la inmunidad antes de tiempo. Simón, sin embargo, ha evitado pronunciarse sobre la vacuna que se inoculará a la población menor de 50 años que comenzará a vacunarse en el mes de junio.
El director del CCAES ha explicado también que los fallecidos han pasado de tener una edad media de 81 años en marzo y abril del año pasado a 68 años actualmente. La evolución de la campaña de vacunación ha tenido un impacto en la población más vulnerable que, en estos momentos, está mejor protegida que hace un año.
Los casos graves siguen siendo los más vulnerables, pero cada vez menos. “Al tener menor población vulnerable con probabilidad de fallecer, las personas que van a sobrevivir ocuparán más tiempo las camas UCI”, por lo que la ocupación descenderá a un ritmo más lento, ha explicado.
Aun así se ha mostrado optimista y ha insistido en que “no podemos comparar la situación de hoy con la de agosto porque antes la evolución de la pandemia era hacia arriba y, ahora, hacia abajo”.
La mascarilla durante la apertura del confinamiento
De cara a la apertura del confinamiento para evitar que la epidemia resurja en nuestro país ya se está estudiando la mejor manera de hacerlo. A este respecto, y de cara a reducir el riesgo de transmisión en los contactos que se puedan producir según se levanten estas medidas.
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CAES) del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, ha asegurado que tenemos que aprender de otras sociedades, como los japoneses, en la manera de afrontar epidemias de virus respiratorios, como la gripe.
En este sentido, ha asegurado que “tenemos que aprender a utilizar los equipos de protección personal, a medida que empiecen a estar disponibles en grandes cantidades”. De este modo, ha insinuado que en esta nueva etapa sí que se recomendará el uso de mascarillas para disminuir el riesgo de transmisión en los contactos entre personas que se vayan produciendo, eso sí, cuando el stock sea suficiente.
La afirmación del responsable del CAES podría suponer un giro con respecto a la estrategia y recomendaciones que se han venido realizando a lo largo de las últimas semanas en relación con el uso de mascarillas, que se limitaba a profesionales sanitarios y enfermos con síntomas.
Una estrategia que ha sido criticada por diversos expertos en los últimos días, como es el caso de George Gao, director general del Centro chino para el Control y Prevención de Enfermedades, que en una entrevista en Science, una de las cuestiones que puso encima de la mesa era la falta de utilización de mascarillas en los países occidentales, algo que calificó con "un gran error". Gao no es el único que piensa así y ya empiezan a aparecer informes que van en la misma línea.
El distanciamiento social como medida prioritaria
Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, quien nunca ha sido muy partidario de la obligación en el uso de las mascarillas en espacios abiertos, obligatorias desde mañana jueves, argumentó esta tarde en su comparecencia diaria que “en una situación de escasez en el mercado de mascarillas quisimos ser muy prudentes a la hora de hacer recomendaciones que no se pudieran aplicar”.
Preguntado el epidemiólogo si las mascarillas son también obligatorias a la hora de hacer deporte, comentó: “Hay que hacer un uso razonable. Si vas a practicar una actividad física de alto esfuerzo, (como el correr), entiendo que no las tienes que usar”.
Fernando Simón insistió en su tesis de no considerar decisivo el uso de la mascarilla: “No es el factor clave. El factor clave es el distanciamiento social. Lo más importante es llevarla, aunque sea en el bolsillo. Así, cuando estemos en una zona donde no podamos mantener una cierta distancia, menor de esos dos metros, habrá que ponérsela. Creo que tenemos que ser razonables”.
El número de fallecidos el martes repuntó hasta los 95, lo que supone un ligero incremento respecto a los 83 de lunes, pero se mantuvo por cuarto día consecutivo por debajo de los 100. Catalunya fue de nuevo la comunidad más golpeada pues registró 40 de los 95 fallecidos, por delante de los 18 decesos de Madrid y los 13 de Castilla-La Mancha.
El número de los nuevos contagiados se elevó a 412, si bien solo 172 de ellos han iniciado síntomas los últimos siete días.
Valoración de la situación epidemiológica
Simón, que ha participado por teleconferencia en la rueda de prensa diaria de los portavoces de los distintos ministerios, ha valorado también la situación de lo conseguido hasta el momento y los próximos pasos a dar.
Según este responsable, “vamos bien” ya que se está observando una “evolución continuista respecto a los días anteriores” por lo que las tendencias que se observan “son correctas”.
El responsable del CAES ha recordado que las medidas tomadas en las últimas semanas iban enfocadas a evitar el colapso de los hospitales y las UCI en los próximos días. “Las tendencias por ahora nos indica que el objetivo se está consiguiendo”, ha asegurado ya que los datos de UCI y casos se encuentran “estabilizados, están siguiendo lo que se preveía, por lo que llegaremos a principios de la semana que viene sin haber saturado las capacidades en todo el territorio”, ha explicado.
“Teníamos que tener muy claro que lo conseguíamos y para ello se pusieron las medidas tomadas”. De este modo, es posible que ahora estemos con un número de transmisión por debajo de 1 y, por ello, se observa una reducción del número diario de casos.
No obstante, ha alertado de que “hay riesgo” de repunte si no se sigue con “las medidas necesarias el tiempo necesario”, si bien, ve probable que se vayan poniendo en marcha aperturas controladas del confinamiento, así como instaurando las medidas de protección individual como equipos de protección para reducir los riesgos de transmisión en los contactos.
La polémica sobre la obligación de llevar mascarilla
Sanidad confía en que "se normalice" el uso de las mascarillas en un futuro, pero defiende que "se debe tener cuidado" al "sobreactuar" sobre este asunto. Así ha respondido Fernando Simón, director del Centro de Alertas Sanitarias, al ser preguntado por las CCAA que, como Madrid, plantean el uso obligatorio de las mascarillas en espacios públicos.
"La mascarilla es una buena medida de prevención siempre que se utilice bien. Se deben priorizar para los lugares, colectivos y personas de mayor riesgo", ha añadido Simón, que apunta que su uso prolongado no es recomendable para todo el mundo.
"Personas con crisis de ansiedad, enfermedades respiratorias o pulmonares, niños pequeños pueden presentar complicaciones con el uso prolongado". Simón considera "razonable" que sea obligatorio en los transportes colectivos y recuerda que es de "muy alta recomendación" para todas las personas.
"Hay alternativas que, sin reducir el uso importante de las mascarillas, pueden garantizar que la transmisión residual se pueda evitar", ha defendido en su comparecencia diaria.
Horas antes, en una entrevista en Espejo Público, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso se mostraba partidaria del uso obligatorio de la mascarilla "en comercios cerrados": "Lo que queremos hacer es que los ciudadanos rompan ya con el estigma de ponerse o no una mascarilla, que sé que es incómodo sobre todo ahora que llega el verano, pero esto es mucho más que el casco de la moto, es beber y conducir. Es el mismo peligro porque pueden contagiar".
Además, la presidenta regional ha explicado que estudian "plantear establecimiento 'libre de COVID-19'". "Las personas más vulnerables sabrán que en este establecimiento estarán más seguros. Lo fundamental es cómo llegar a la libertad y no prohibir constantemente".
La explicación de Simón sobre el cambio de recomendaciones
Seguramente, la palabra mascarilla ha sido la más pronunciada en España, y quizás en el mundo, durante los últimos cinco meses. Y muchas de las veces lo ha sido por parte de los políticos y sus asesores.
El día 25 febrero, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, declaró: “…para garantizar que, donde son necesarias las mascarillas y los productos sanitarios, estos van a estar disponibles. No hay mascarillas para todo el mundo, pero es que no es necesario el uso de mascarilla”.
El 26 febrero, el Dr. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad y principal asesor del gobierno durante esta crisis, dijo: “El uso de las mascarillas sí que puede ser interesante en los pacientes que tengan alguna sintomatología”.
En el colmo de su proverbial política errática, el 18 de mayo el ministro de Sanidad Salvador Illa declaró que “hay unanimidad en reforzar el uso de la mascarilla” y dice que “el Gobierno nos va a anunciar que va a ser obligatoria, pues está elaborando una orden para hacer obligatorio el uso de las mascarillas en todos los espacios públicos y no, como ocurre hasta ahora, solo en el transporte masivo.
Esta actitud inexplicablemente errática, además de confusa y contradictoria, que seguramente habrá hecho mucho daño a la salud de los españoles, quedó perfectamente aclarada cuando el día 20 de mayo pasado el inefable Dr. Simón cerró el círculo declarando en comparecencia pública: “No aconsejamos el uso de mascarillas al principio porque no las había”, añadiendo: “Esto generó un importante problema para todos los países europeos a la hora de dar recomendaciones de uso de un equipamiento que apenas estaba disponible en prácticamente todo el entorno europeo. Las medidas de prevención y control deben ser siempre factibles, que se puedan llevar a cabo”, lo que escandalizó a casi todos los que lo oímos, que pensamos masivamente que eran de juzgado de guardia.
Disponibilidad de mascarillas y decisiones de compra
Casi un mes después, el día 25 de marzo, Salvador Illa anunció en rueda de prensa que el Gobierno había cerrado un contrato con China por valor de 432 millones de euros para la adquisición de 550 millones de mascarillas -¿para qué tantas si no eran necesarias?-.
Nunca llegaron. El 23 de abril la Agencia EFE informa: “El Ministerio de Sanidad ha recuperado hasta el último céntimo de los 17 millones de euros del coste de las mascarillas Garry Galaxy -un lote de las cuales resultó defectuoso- que compró a través de una empresa que figura en la lista oficial de suministradores autorizados por el gobierno chino”.
El día 8 de mayo de 2020, El Español informa: “España queda fuera del reparto de 1,5 millones de mascarillas de la Comisión Europea porque no lo solicitó. No figura en la lista de países que señalaron su interés por participar en este reparto de mascarillas para el personal sanitario”.
La Vanguardia añade: “La Comisión Europea (CE) repartirá en los próximos días 1,5 millones de mascarillas entre los trabajadores sanitarios de 17 Estados miembros de la Unión Europea (UE) y el Reino Unido, el primer lote de un paquete de 10 millones de máscaras, informó el Ejecutivo comunitario este viernes.
El millón y medio de mascarillas se distribuirán entre el personal sanitario de Austria, Polonia, Malta, Chipre, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Países Bajos, Francia, Italia, Croacia, Eslovenia, Grecia, Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia y Hungría, y también de Reino Unido aunque no sea Estado”.
Así pues el Gobierno, por un lado, decía que no eran necesarias pero por otro parecía hacer notables esfuerzos, siempre fallidos, de adquirir un gran número de unidades.
El valor de las mascarillas en la práctica sanitaria
Los médicos, y particularmente los cirujanos, llevamos más de un siglo tapándonos la nariz y la boca con una mascarilla con el objetivo de impedir la contaminación de las heridas sobre las que actuamos. Y hasta hace cuarenta años, todas ellas eran de tela, de algodón generalmente, las ahora llamadas mascarillas higiénicas.
Recordemos que, con las mismas, a lo largo de la historia se han realizado intervenciones quirúrgicas complejísimas, incluidos trasplantes, donde la infección es un problema de particular importancia al ser obligada la inmunosupresión de estos pacientes.
Solo en las últimas cuatro décadas, las mascarillas han sido fabricadas de forma reglada con el objetivo de obtener dispositivos normalizados de los que se conoce su capacidad exacta de filtración de partículas de todas las densidades y dimensiones.
Parece poco discutible que esa medida, no suprimida en ningún momento en la práctica quirúrgica desde entonces, ha evitado la complicación infecciosa de muchas de ellas. Es algo intuitivo que el hecho de dificultar la circulación de aire presuntamente contaminado es eficaz para evitar su sobreinfección por agentes que se transmitan por vía aérea.
Es imposible saber cuántas heridas exactamente se han librado de la infección con esta medida a lo largo de más de cien años, pero estaremos todos de acuerdo en que habrán sido muchas más que si no se hubieran usado.
También estaremos de acuerdo en que es más eficaz el uso de mascarillas con alto poder de filtración, como las que se fabrican actualmente, que una de las llamadas higiénicas -para entendernos, de tela- pero, más allá de esta evidencia, la pregunta clave es: ¿Es más seguro para el conjunto de la población llevar una mascarilla de cualquier tipo o no llevar nada en presencia de una epidemia de una enfermedad infecciosa cuya vía de transmisión es aérea?
Y esto cuando, además, el uso de la mascarilla no evita, ni siquiera dificulta, la puesta en práctica del resto de medidas aconsejadas como el distanciamiento social o la higiene exhaustiva de manos.
Del desconsejo inicial a la obligación
Según la información que nos han ido transmitiendo sobre la conveniencia o inconveniencia de su uso, empezaron no siendo necesarias, siguieron con la actitud de desaconsejarlas, después fueron convenientes y ahora, al parecer son imprescindibles.
Durante los primeros días se ridiculizaba a quien la llevaba y en los hospitales, todos los sanitarios hemos vivido cómo los gestores afeaban la conducta de quien las llevaba puestas porque decían que “íbamos a alarmar en exceso a los pacientes ingresados y sus familias”.
Quizás, en vez de eso, lo que hicimos fue evitar algunos contagios.
Tal actitud pone de manifiesto una vez más la actuación altamente irresponsable del Gobierno de España y sus asesores -¿quién ha asesorado a quién, los unos a los otros o los otros a los unos?-.
Una nación que, a pesar de todas nuestras dificultades, pertenece al primer mundo y ocupa un lugar entre los más industrializados del mismo se merece unos políticos más sensatos, más sagaces y más responsables.
En este momento, resulta que son obligatorias en toda España -salvo algunas motivadas excepciones-, en el interior de locales y también al aire libre en toda circunstancia en que no se pueda respetar la distancia mínima entre personas.
Pero para mayor abundamiento, son también obligatorias, incluso al aire libre y respetando la distancia mínima entre personas de dos metros, en Baleares, Cataluña, Extremadura y Galicia.
Y lo va a ser de forma inminente -ya lo han anunciado sus respectivos gobiernos autonómicos- en Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla-León, Madrid, Murcia, Navarra y País Vasco.
¿Y cómo es que son imprescindibles ahora en casi toda España en cualquier circunstancia, al aire libre incluso, cuando hay solo rebrotes -200 a 300 contagios al día- pero no antes cuando se producían a finales de marzo del orden de los 9.000 contagios diarios?
La posición de Simón sobre el transporte público y los espacios sanitarios
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, prevé que si se mantiene la incidencia de la COVID-19 como hasta ahora, con una “gravedad moderada” de los casos, los españoles podrán pasar “un buen invierno”.
El epidemiólogo Simón, que ha hecho estas declaraciones a los medios tras la culminación del acto inaugural de las VI Jornadas de Activistas y Salud Públicas, organizadas por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, ha resaltado que si no entran variantes nuevas y la efectividad de la vacuna se mantiene “no habrá que hacer grandes cosas”.
No obstante, sí que ha alertado de que, en el caso de que lleguen otras variantes o de que la efectividad de la vacuna “baje radicalmente”, habrá que replantearse la necesidad de volver a adoptar restricciones más severas.
“Espero que no eso pase pero no lo podemos descartar”, ha dicho. En cualquier caso, el responsable del CCAES ha aclarado que este escenario no se conocerá con certeza hasta mediados de otoño.
Fernando Simón también ha indicado que España está llegando a un “periodo valle” con una incidencia “relativamente baja”, y ha destacado que, a pesar de que la movilidad de los contactos es mayor y de que las limitaciones son menores, “el impacto en hospitalizaciones y defunciones es mucho más bajo que el que había hasta ahora”.
Respecto a la posibilidad de retirar totalmente las mascarillas, el experto ha expresado que utilizarlas en centros sanitarios “no es un problema que se deba debatir” y ha subrayado que “si se estira durante unos años más, mejor que mejor”.
No obstante, en el caso del transporte público, Simón ha defendido que “ahora mismo en los medios de transporte no parece muy lógico usar las mascarillas desde el punto de vista técnico” y ha argumentado que hay muchos otros sitios donde la gente se expone a reuniones masivas, como conciertos, bares o las fiestas de los pueblos.
En consecuencia, el director del CCAES ha considerado que se podría plantear eliminar la obligación de utilizar la mascarilla en el transporte público, aunque sí que ha reconocido que si la evolución de la pandemia cambia podría ser necesario volver a instaurarla.
La mascarilla como responsabilidad hacia los demás
Fernando Simón pide que las personas con infección respiratoria sigan llevándola para evitar contagios.
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, cree la mascarilla dejará "pronto" de ser obligatoria en farmacias, hospitales y residencias de ancianos, pero apela a la responsabilidad individual y pide que las personas con infección respiratoria la lleven para evitar contagios.
Simón ha apuntado esta posibilidad, en un encuentro con periodistas, antes de participar en una jornada sobre salud laboral organizada por UGT en Santander.
Ha reivindicado las lecciones aprendidas durante la pandemia y ha recalcado que la mascarilla no es una protección contra el coronavirus, sino para proteger al resto de la población de las infecciones respiratorias, por lo que ha abogado por incorporar su uso de forma normal cuando se tienen síntomas de una enfermedad de ese tipo.
"A una persona que se pone una mascarilla cuando tiene tos se le mira mal, cuando yo creo que debería ser todo lo contrario, se le debería de agradecer que evite el riesgo para los demás", ha defendido.
Fernando Simón ha señalado que para las personas sanas el uso obligatorio de la mascarilla en las farmacias "se terminará pronto".
En los centros sanitarios y sociosanitarios, con una población vulnerable, considera que "no estaría de más mantener un tiempito más" su uso obligatorio en los espacios comunes para evitar la entrada de virus a través de visitantes y trabajadores, aunque cree que "tampoco va a durar demasiado tiempo", siempre que aquellas personas con una enfermedad respiratoria "garanticen" que no van a infectar a otros, "lo que se consigue con el uso de la mascarilla".
"Si conseguimos mantener esa cultura de proteger a los demás, yo creo que esto se va a poder cambiar pronto y que la obligatoriedad de las mascarillas se eliminará pronto", ha resumido Fernando Simón.

La preparación ante futuras epidemias respiratorias
Los médicos, y particularmente los cirujanos, llevamos más de un siglo tapándonos la nariz y la boca con una mascarilla con el objetivo de impedir la contaminación de las heridas sobre las que actuamos.
De cara a la apertura del confinamiento para evitar que la epidemia resurja en nuestro país ya se está estudiando la mejor manera de hacerlo. A este respecto, y de cara a reducir el riesgo de transmisión en los contactos que se puedan producir según se levanten estas medidas.
En este sentido, ha asegurado que “tenemos que aprender a utilizar los equipos de protección personal, a medida que empiecen a estar disponibles en grandes cantidades”.
Ambos coinciden en la necesidad de reforzar el sistema sanitario público para estar mejor preparados ante futuras pandemias.
La presencia pública de Fernando Simón y el debate sobre la pandemia
El domingo, a las 21:30 horas, Jordi Évole entrevista en Lo de Évole a Fernando Simón, que reaparece para ofrecer una conversación íntima y reflexiva sobre cómo vivió aquellos días de enorme tensión, el impacto personal y profesional que tuvo la gestión de la crisis, y cómo valora la situación actual.
El 31 de enero de 2020, el Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III confirmaba el primer caso de COVID-19 en España. Llegaba así a nuestro país una pandemia que paralizó el mundo durante meses, provocando más de 120 mil muertes en España y 7 millones a nivel mundial.
Durante los meses más duros de la pandemia, un rostro se coló a diario en nuestras casas a través de la televisión: Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CAES).
Fue el técnico designado por el gobierno de Pedro Sánchez para informar de la evolución de la pandemia y de las medidas que adoptaba el ejecutivo.
Cuando la pandemia remitió, Simón desapareció de la esfera pública. Cinco años después, Jordi Évole entrevista a Fernando Simón en la sala del ministerio de Sanidad en la que se reunía a diario el grupo de trabajo que seguía la evolución de la pandemia.
Allí se tomaron las decisiones más drásticas y controvertidas, como confinar al país entero durante semanas. Además, el periodista sorprende a Simón con la incorporación de Salvador Illa.
El director del CAES reflexiona sobre las decisiones más difíciles que se tomaron durante aquellos meses y cómo se comunicaron. Habla también sin rodeos de las críticas que recibió, la tensión política que se vivía y el papel de los medios de comunicación.
En un momento de la conversación, Évole sorprende a Simón con la incorporación de Salvador Illa, ministro de Sanidad cuando estalló la pandemia y actual president de la Generalitat de Catalunya.
El reencuentro entre ambos es emotivo y cargado de recuerdos, en el que reviven los momentos más duros que compartieron durante la pandemia.
Fernando Simón aclara si realmente la mascarilla quirúrgica vale para algo
Las residencias y la gestión de la crisis sanitaria
Évole pregunta a Simón por dos de los casos que se originaron en la pandemia y siguen estando de actualidad hoy: los controvertidos protocolos de la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso para las residencias de ancianos y los casos de corrupción vinculados con la compra de mascarillas, como el caso 'Koldo'.
Sobre los protocolos aplicados en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid, Simón asegura que “esa decisión me resulta difícil de entender”, remitiendo la responsabilidad a las autoridades de la Comunidad de Madrid.
Por su parte, Salvador Illa repasa su papel durante la pandemia, la sintonía que tuvieron desde el primer momento con Fernando Simón y muestra su sorpresa e indignación ante los casos de corrupción relacionados con la crisis sanitaria.
El programa también recoge el testimonio de familiares de ancianos que fallecieron en residencias de la Comunidad de Madrid durante la pandemia. Relatan la angustia de no poder despedirse de sus seres queridos y la impotencia al ver que no los trasladaban a hospitales.
"Algunos salieron de la pandemia con más dinero en el bolsillo, ¿les ha sorprendido la corrupción alrededor de las mascarillas?", pregunta Jordi Évole a Fernando Simón y Salmador Illa.
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