El tratado de 1929 sobre las aguas del Nilo se encuentra en el origen de una de las disputas hídricas más prolongadas de África. Firmado durante la época colonial, el acuerdo otorgó a Egipto una posición privilegiada en la gestión del río y limitó el margen de actuación de los países situados aguas arriba.
Las aguas del Nilo tienen un potencial enorme como motor de desarrollo social y económico… y como fuente de disputas y controversias. En un tratado de 1929 y a través de otros pactos, Egipto y su vecino del Sur, Sudán, recibieron la mayor parte de las aguas del Nilo.
La importancia histórica y geográfica del Nilo
La importancia del rio Nilo, el segundo río más largo después del Amazonas, se remonta a la antigüedad, tanto que Heródoto (420 a.C.) llegó a afirmar que “Egipto era el don del Nilo”, para significar que el nacimiento como Estado de ese país se debía casi a su totalidad a sus aguas.
Estas tuvieron un papel destacado en el desarrollo de las civilizaciones antiguas que lo atravesaron. Egipto, concretamente, es un país totalmente dependiente del río Nilo. Recibe más del 90% del agua dulce de este río, y su industria y agricultura necesitan del Nilo para sobrevivir.
El Nilo nace en diversos países, y termina pasando por Sudán y Egipto para desembocar en el Mar Mediterráneo. El gran Nilo depende de dos grandes fuentes afluentes que son el Nilo Blanco y el Nilo Azul.
El Nilo Blanco recorre Burundi, Ruanda, Tanzania, la República Democrática del Congo, Uganda, Kenia, Sudán del Sur, Sudán y desemboca en Sudán con el Nilo Azul. Por su parte, el Nilo Azul nace en Etiopía, país sin salida al mar, que a su vez se nutre de otros ríos de la región.
El Nilo depende en más de un 85% del Nilo Azul, por lo que los etíopes se sienten soberanos de un río que nace en sus tierras. Hay grandes disputas relacionadas con el origen de sus aguas, pues países como Etiopia se atribuyen la fuente principal de su nacimiento, mientras que otros afirman que su principal fluente es el Lago Victoria (rodeado por Uganda, Tanzania y Kenia), que a su vez es alimentado por otros ríos.
Hay otras fuentes de que el Nilo nace en Burundi y en Uganda. Otros exploradores han afirmado que el Nilo se nutre de diversas fuentes y lagos, que “nace de todas las aguas y de ninguna”.

El acuerdo colonial de 1929
Desde principios del siglo XX algunos tratados y convenios han impuesto regulaciones sobre el uso y goce de sus aguas, y estos convenios siempre estuvieron impuestos por los países colonialistas como Inglaterra, que se beneficiaron de su explotación.
En 1929 se firmaron unos acuerdos durante la época colonial, en los que se repartían las aguas del Nilo. En dichos acuerdos (que se reafirmaron en 1959), Egipto obtenía la mayor parte del agua para su uso, mientras que Sudán obtenía una pequeña parte. Los 9 países restantes de la cuenca del Nilo fueron apartados del tratado.
Según un reportaje del diario Panorama del 28 de marzo de 2016, las pugnas vienen del período colonial, ya que en 1929 el gobierno anglo-egipcio refrendó un acuerdo con Sudán (reformado en el Acuerdo de 1959), “que ofrecía a El Cairo la mayor parte de las aguas del Nilo (55,5 mil millones de metros cúbicos) y la segunda parte para Sudán (18,5 mil millones de metros cúbicos): el 87 por ciento del caudal”.
Por lo que Etiopía podía usar el restante de las aguas no comprometidas. Lo que sucede es que ese texto solo hablaba del curso central y no del flujo del Nilo Azul que es casi exclusivo de Etiopía.
En 1929, con la región bajo control británico, se firmó un tratado internacional que ha regido la gestión de estos recursos hídricos hasta nuestros días. Modificado en 1959, el acuerdo otorga a Egipto una posición privilegiada: más de 50.000 millones de metros cúbicos de un total de 84.000, y el derecho a vetar la construcción de cualquier embalse más allá de sus fronteras.
Con Egipto y Sudán acaparando cerca del 90% del caudal del Nilo, el resto de los países de la cuenca hace tiempo que piden renegociar un reparto que consideran injusto.
| Aspecto | Contenido del acuerdo |
|---|---|
| Periodo | 1929, con reafirmación en 1959 |
| Beneficiario principal | Egipto |
| Asignación mencionada para Egipto | 55,5 mil millones de metros cúbicos |
| Asignación mencionada para Sudán | 18,5 mil millones de metros cúbicos |
| Proporción conjunta señalada | 87 por ciento del caudal |
| Derecho controvertido | Vetar la construcción de cualquier embalse más allá de sus fronteras |
La posición de Egipto y la exclusión de los países aguas arriba
La lógica -filtrada a través de décadas de política y luchas de poder- fue que Egipto no podía sobrevivir sin el río. Solo países de la parte alta de su cuenca, entre ellos Etiopía, Uganda, Kenia y Tanzania, tienen lluvias estacionales y otras fuentes de agua.
Los países río arriba siempre tuvieron un uso restringido del recurso por los términos del acuerdo colonial. El nuevo texto del acuerdo pone un freno al tratado de 1929, según el cual los estados ribereños debían obtener permiso antes de usar el agua del Nilo.
Ésta discusión es una oportunidad para que países como Uganda corrijan las anomalías históricas, señaló la ministra de Agua, Jennifer Namuyangu. Egipto quiere introducir una cláusula que estipule que un país de la cuenca no puede usar el agua en perjuicio de otro.
El tratado actual tiene otras cinco grandes cláusulas que fueron motivo de discrepancias en anteriores negociaciones. Entre ellas, el artículo 4, que se refiere al uso equitativo y razonable del Nilo.
El artículo que paralizó el proceso fue el 14b, sobre el uso seguro del agua.
La Iniciativa para la Cuenca del Nilo
En 1999 se creó la Iniciativa de la Cuenca del Nilo: una comisión encargada de organizar un reparto justo del agua y los recursos del río Nilo.
Los 10 países que comparten el río, en el marco de la Iniciativa para la Cuenca del Nilo, negocian desde hace 10 años un nuevo acuerdo marco para la gestión del río.
El artículo 6 del Marco Cooperativo de la Cuenca del Río Nilo se refiere a la protección y conservación de la cuenca y su ecosistema.
Un impasse en las negociaciones puede socavar la conservación y las actividades de desarrollo regional bajo la Iniciativa para la Cuenca del Nilo, según Frank Muramuzi, de la ugandesa Asociación Nacional de Ambientalistas Profesionales.
“El protocolo dará un marco para que se haga un uso sustentable del recurso”, indicó Muramuzi.
Pero al no tener el efecto esperado, en 2010 se firmó, como consecuencia del reparto desigual de las aguas, el Acuerdo de Entebbe (por Etiopía, Ruanda, Uganda, Kenia, Tanzania y Burundi).
Este acuerdo, profundamente discutido por Egipto y Sudán, permite a los países ribereños construir presas y otros proyectos, rompiendo así con las restricciones impuestas por los tratados coloniales.
En mayo de 2010 se llevó a cabo el tratado de Entebbe, firmado por Etiopía, Uganda, Ruanda y Tanzania, y al que posteriormente se unió Kenia, donde se comprometían a un uso compartido de las aguas del Nilo y rechazaban el derecho a veto que tiene Egipto sobre sus aguas.
Inmediatamente Egipto y Sudán se opusieron a esta alianza que debilitaba la ventaja hegemónica de la que han gozado desde hace siglos sobre el Nilo, y en ese entonces Mufid Shehab, Ministro egipcio de Asuntos Parlamentarios y Jurídicos, dijo que mientras Sudán y Egipto no firmaran el Tratado de Entebbe, éste no tendría validez.
Tanzania y Ruanda ratificaron recientemente el Acuerdo Marco Común de la Cuenca del Nilo al cual Egipto se opone, ya que presiona por su propio CFA renegociado y actualizado que, según alegan, aborda sus preocupaciones.
Mientras que en Tanzania, el presidente John Magufuli expresó la comprensión de su país por la importancia que tiene el Rio Nilo para Egipto como su fuente principal de agua dulce, pero no pudo hacer un compromiso en el apoyo de la posición de Egipto.
“Creo que los países de la Cuenca del Nilo llegarán a un acuerdo en el que todas las partes aceptarían. El líder egipcio admitió que no podían llegar a un acuerdo durante la reunión, pero ambos acordaron nuevas negociaciones sobre cómo manejar mejor la cuestión de la Cuenca del Nilo.
Hace cuatro meses se desperdició una oportunidad para firmar el tratado en la cumbre de la Unión Africana, en El Cairo, a raíz de los desacuerdos.
Etiopía y la Gran Presa del Renacimiento
Por tanto, la confrontación ha surgido básicamente entre Egipto y Etiopía (en donde nace el Nilo Azul).
Este último es un país con más de 100 millones de habitantes, que dispuso en 2011 un proyecto de construcción de una presa: la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD).
La Gran Presa Etíope Renacimiento, cuyo proyecto inició en el 2011,es un proyecto calculado en casi 5.000 millones de dólares.
Con una inversión de 4.700 millones de dólares, esta presa solucionaría el déficit energético de Etiopía, y llegaría a convertir a este país en exportador neto de electricidad (produciría 6.000 MW al año).
Esta represa que planea terminarse entre este año y el 2018 tendrá una planta hidroeléctrica que podrá generar 6.000 MW., lo que la convertiría en la mayor central eléctrica de toda África y la segunda más grande del mundo después de la represa china Las Tres Gargantas.
La presa se nutrirá con agua del Nilo Azul, tributario del río Nilo. El peligro de la evaporación de más de 3 billones de metros cúbicos por año y la reducción del caudal para llenar la reserva podría afectar de una manera catastrófica a Egipto.
A pesar de que el Gobierno etíope ha repetido que el objetivo de la presa es generar energía hidroeléctrica, y no aumentar su consumo de agua destinada al regadío, el proyecto ha suscitado una enorme inquietud en Egipto.
Con una capacidad prevista de 63.000 millones de metros cúbicos, será una de las más grandes del mundo.

El acuerdo tripartito de 2015
En marzo de 2015, Abdel Fattah al-Sisi firmó con el Primer Ministro etíope Haile Mariam Desalegne, y su homólogo sudanés, Omar Al-Bashir, una declaración que autoriza la construcción de la Represa del Renacimiento, siempre y cuando esta no afectara a los países río abajo.
Pero no todo el futuro es tan negro. En marzo del 2015 se firmó en Jartum un acuerdo preliminar entre Egipto, Etiopía y Sudán sobre la presa del Renacimiento y el reparto del agua, en el que se aceptaba el derecho de Etiopía a construir la presa sin dañar el abastecimiento de agua de Egipto y Sudán.
Los líderes de Egipto, Etiopía y Sudán firmaron el lunes en Jartum, la capital sudanesa, una histórica declaración de principios sobre la distribución del agua del río Nilo, un asunto que ha provocado fuertes tensiones entre los tres países durante los últimos años a causa de la construcción de un gran embalse en Etiopía.
El acuerdo reconoce, de forma implícita, el derecho de Etiopía a construir la controvertida presa del Renacimiento a cambio de compartir la energía eléctrica que generará.
“Reafirmo que el gran embalse del Renacimiento no causará ningún daño a los países norteños de la cuenca del Nilo”, declaró el primer ministro etíope, Hailemariam Desalegn, en un nuevo intento de calmar los recelos que ha generado el proyecto en las opiniones públicas de Sudán y, sobre todo, Egipto.
“Egipto y el resto de países de la cuenca del Nilo son una familia”, añadió el etíope.
“Vosotros os desarrollaréis y creceréis y yo estaré de vuestro lado, pero tened en cuenta que en Egipto, la gente solo vive del agua que viene de este río”, advirtió el presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi.
“Teníamos dos opciones: podíamos cooperar para conseguir grandes cosas, o bien enfrentarnos y hacernos daño... Hemos escogido cooperar”, agregó el general egipcio.
Aunque estos dos países están alarmados ante lo que sucederá una vez la reserva empiece a llenarse, este es un primer paso hacia una era de cooperación.
El mismo Abdel Fattah el-Sisi (presidente de Egipto) dijo en la convención: “hemos escogido cooperar y confiar entre nosotros, en pro del desarrollo”.
La firma del acuerdo ha sido acogido con escepticismo entre algunos expertos egipcios. “El documento indica que Egipto renuncia al principio de notificación previa, así como al de no dañar”, explicó al diario al-Masry al-Youm Hany Raslan, analista del think tank Centro de Estudios Estratégicos Al Ahram.
Riesgos económicos, sociales y ambientales
El déficit del caudal del agua, que será de un 10 a un 20%, que generará la puesta en marcha de la represa en Etiopía, no sólo debe preocupar por los intereses económicos que están involucrados y lo que estos estarían dispuestos a hacer desde el punto de vista bélico para defender sus intereses económicos, sino que su gravedad que radica en las consecuencias que pagarán las poblaciones más humildes cuyas actividades económicas dependen en su totalidad de las aguas del Nilo.
Algunas de las naciones que recorren el Nilo se encuentran entre las más pobres del mundo, por lo que la mayoría de sus habitantes subsiste y depende directamente de la riqueza natural de los ecosistemas del río.
Con el paso del tiempo, el nivel del lago Victoria, la mayor fuente de agua del Nilo, viene cayendo. En 2008, estuvo 2,5 metros más bajo que hace tres años.
Las disputas por el control de los ríos, lagos y, en definitiva, del agua, están hoy especialmente vivas y se intensificarán en un futuro próximo, ya que, según la Organización Mundial de la Salud, en 2025 la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua.
La desfiguración climática que azota el planeta provocada por los históricos saqueadores del capitalismo, y el caos inherente a la híper producción, la “tetanización y orgía” de la producción como diría Jean Baudrillard, ha generado un desorden ambiental de gran magnitud cuyas consecuencias, como el calentamiento global, el deshielo antártico, el incremento de extensas zonas desérticas, el advenimiento de sequias e inundaciones consecutivas, ha convertido el agua de un elemento imprescindible para la vida del hombre en un medio de discordia planetaria inimaginable.
La dimensión política y militar de la disputa
Ya en 1868, Egipto intentó ocupar Etiopía para hacerse con el control del cauce del Nilo.
Esta problemática ha traído tensiones entre los dos países: en 2010 se filtró en Wikileaks un correo electrónico proveniente de un alto mando egipcio en el que se afirmaba: “estamos discutiendo cooperación militar con Sudán contra Etiopía, con planes para establecer una base en Sudán para las Fuerzas Especiales Egipcias con vistas a atacar el proyecto GERD”.
Egipto también pensó en preparar apoyo a grupos rebeldes proxy en Etiopía, para desestabilizar el gobierno.
De hecho, durante el Gobierno del presidente islamista Mohamed Morsi, algunos de sus aliados llegaron a proponer sabotear la construcción de la presa mediante un bombardeo aéreo.
Sería importante identificar las conexiones económicas e intereses que las trasnacionales de la industria hidroeléctrica podrían tienen sobre el proyecto, sobre todo por la reducción de sus beneficios que este proyecto les ha traído, y pensar hasta qué punto las disputas generadas desde hace años, y las presiones ejercidas por los gobiernos de Egipto y Sudán contra Etiopía radican en el disgusto del gobierno británico y las potencias de Occidente con las relaciones chinas con Etiopía, que incluyen la transferencia de tecnológica.
El Nilo en el contexto de los conflictos por el agua
Actualmente hay diversas tensiones que giran en torno al control del agua. Uno de los casos más significativos es el referido al uso del agua del río Indo, que sustenta a 300 millones de personas y ha provocado tensiones entre Pakistán e India.
En Asia también existe la disputa sobre el río Mekong, que atraviesa Camboya, Vietnam, Laos y Tailandia. Este conflicto gira alrededor de la construcción de presas por parte de diversos países, así como la explotación de los recursos proporcionados por el río Mekong.
Un tercer foco de roces es el que afecta a la región ex-soviética de Asia Central. Durante la Guerra Fría, estas regiones compartían los recursos de la siguiente manera: las repúblicas con orografía montañosa (Tayikistán y Kirguistán) tenían agua abundante, y la suministraban a las repúblicas río abajo (Kazakstán, Turkmenistán y Uzbekistán) para generar electricidad y regar los cultivos.
El Paraná, un río fronterizo y transfronterizo que nace en Brasil y atraviesa Paraguay para desembocar en el río de la Plata, es un ejemplo muy distinto.
La represa del Itaipú (la segunda más grande del mundo y primera en producción mundial) es una represa binacional, construida por Paraguay y Brasil. Fue el resultado de intensas negociaciones (no siempre fáciles), y ahora produce de promedio 90 millones de MWh (megavatio-hora) al año.
Este es un claro ejemplo de los beneficios que puede aportar un uso razonable y compartido entre países que deciden cooperar.
Aunque el agua puede ser el origen disputas entre pueblos y naciones (como los casos citados), también ofrece oportunidades muy ventajosas (lo ocurrido en el río Paraná o el Nilo) para los países que consiguen cooperar.
Esta cooperación, iniciada para evitar conflictos por el agua, puede llevar a nuevas etapas de armonía y robustecer las relaciones comerciales, políticas y de seguridad.
La necesidad de una gestión compartida
Es prioritario el acuerdo y la gestión compartida de la cuenca del Nilo, pero sobre todo, su integración.
La cooperación y no el conflicto, aleja el fantasma de la guerra y definirá el futuro de un recurso cada vez más escaso.
El Río Nilo: La Cuna de la Civilización Egipcia - Mira la Historia
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