El término «síndrome de cloración blanca» no identifica una enfermedad infecciosa reconocida en la información disponible. El material relacionado describe dos problemas diferentes: la leptospirosis, causada por la bacteria Leptospira, y las reacciones adversas provocadas por el consumo de dióxido de cloro o clorito de sodio. También se describe la legionelosis, una infección asociada a la inhalación de microgotas de agua contaminada.
Qué puede significar el nombre
Es importante diferenciar estas afecciones, porque no se contagian de la misma manera. La leptospirosis se adquiere principalmente mediante el contacto con agua o suelo contaminado con orina de animales; la legionelosis suele transmitirse al inhalar aerosoles contaminados procedentes de sistemas de agua; y el dióxido de cloro no causa una infección contagiosa, sino intoxicaciones y reacciones adversas cuando se consume.
Cómo se transmite la leptospirosis
Es una infección causada por la bacteria leptospira.
La bacteria Leptospira puede encontrarse en aguas dulces que han sido ensuciada por la orina de animales.
Puede infectarse si consume o entra en contacto con agua o suelo contaminado.
La infección ocurre en climas cálidos.
La leptospirosis no se propaga de una persona a otra, excepto en casos muy poco comunes.
El contagio puede producirse cuando el agua o el suelo contaminados entran en contacto con la piel, especialmente si existen heridas, o con las mucosas de los ojos, la nariz o la boca. También puede producirse al consumir agua contaminada.

Situaciones que aumentan el riesgo
Algunos de los factores de riesgo incluyen:
- Exposición ocupacional: agricultores, granjeros, trabajadores de los mataderos, cazadores (tramperos), veterinarios, leñadores, personas que trabajan en el alcantarillado, personas que trabajan en arrozales y personal militar.
- Actividades recreativas: nadar en aguas dulces, hacer canotaje, hacer kayak y ciclomontañismo en áreas cálidas.
- Exposición en el hogar: tener perros como mascotas, ganado doméstico, sistemas de recolección de agua de lluvia y roedores infectados.
El riesgo aumenta especialmente en áreas tropicales, después de inundaciones o cuando existen aguas estancadas contaminadas por animales.
La enfermedad de Weil, una forma grave de leptospirosis, es poco frecuente en la parte continental de los Estados Unidos.
Hawái tiene la mayor cantidad de casos en los Estados Unidos.
Síntomas de la leptospirosis
Los síntomas pueden tardar de 2 a 30 días (un promedio de 10 días) en aparecer y pueden incluir:
- Tos seca.
- Fiebre.
- Dolor de cabeza.
- Dolor muscular.
- Náuseas, vómitos y diarrea.
- Escalofríos.
Los síntomas menos comunes incluyen:
- Dolor abdominal.
- Ruidos pulmonares anormales.
- Dolor de hueso.
- Enrojecimiento sin fluido de la conjuntiva (superficie de la parte blanca de los ojos).
- Inflamación de los ganglios linfáticos.
- Agrandamiento del bazo o el hígado.
- Dolores articulares.
- Rigidez muscular.
- Sensibilidad muscular.
- Erupción cutánea.
- Dolor de garganta.
Diagnóstico y tratamiento de la leptospirosis
Se analiza la sangre en busca anticuerpos contra la bacteria.
Durante algunas fases de la enfermedad, las bacterias en sí pueden ser detectadas con un examen de reacción en cadena de polimerasa (RCP).
Otros exámenes que se pueden hacer son:
- Creatina cinasa.
- Enzimas hepáticas.
- Análisis de orina.
- Hemocultivo.
Los medicamentos para tratar la leptospirosis incluyen:
- Ampicilina.
- Azitromicina.
- Ceftriaxona.
- Doxiciclina.
- Penicilina.
Los casos complicados o graves pueden necesitar tratamiento complementario.
Podría necesitar tratamiento en una unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital.
El pronóstico generalmente es bueno.
Sin embargo, un caso complicado puede ser mortal si no se trata de manera oportuna.
Posibles complicaciones
Las complicaciones pueden incluir:
- Reacción Jarisch-Herxheimer cuando se administra penicilina.
- Meningitis.
- Sangrado severo.
Cómo se contagia la legionelosis
La legionela es una bacteria que suele encontrarse en aguas estancadas con temperaturas superiores a los 35 °C, aunque su relevancia como patógeno surge cuando coloniza sistemas de agua artificiales que generan aerosoles.
Los lugares más comunes donde la legionela puede crecer y dispersarse son las torres de refrigeración y los sistemas de aire acondicionado, especialmente aquellos mal mantenidos.
También se encuentra en sistemas de agua caliente sanitaria, como grifos, duchas y calderas, así como en spas, jacuzzis, fuentes y otros equipos que generan aerosoles de agua.
La legionelosis se contrae al inhalar gotas de agua contaminadas que se generan en sistemas de agua que producen aerosoles, aunque en la actualidad no se sabe que cantidad de bacterias son necesarias para infectar a una persona, aunque depende de cómo se dispersen y si es una persona vulnerable la concentración de bacterias será menor.

La transmisión de la legionela no ocurre de persona a persona, sino que está asociada a la inhalación de microgotas contaminadas.
Lo más importante a destacar es que la legionelosis no es contagiosa de persona a persona, ni de animal a persona, ni bebiendo agua contaminada, ni ingiriendo alimentos que hayan estado en contacto con la bacteria.
Por este motivo, los brotes suelen darse en lugares donde hay una mala gestión de sistemas de agua y aire, como hospitales, hoteles, edificios de oficinas o instalaciones recreativas.
Personas con mayor riesgo
Aunque las personas sanas tienen menor probabilidad de desarrollar la enfermedad, algunos grupos, como los mayores de 50 años, fumadores, personas con enfermedades pulmonares previas o sistemas inmunológicos debilitados, son más susceptibles.
Cualquier persona puede contraer la enfermedad.
Formas clínicas de la legionelosis
Enfermedad del legionario: Es la forma más grave y se manifiesta como una neumonía severa.
Los síntomas incluyen fiebre alta, tos, dificultad para respirar, dolor en el pecho, fatiga extrema, dolores musculares y, en algunos casos, síntomas gastrointestinales como diarrea o náuseas.
Fiebre de Pontiac: Es una forma más leve de la enfermedad, parecida a una gripe, que no afecta los pulmones.
Fiebre de Pontiac: fiebre acompañada de dolores musculares, articulares y tos.
La legionelosis es una enfermedad causada por una bacteria cuya sintomatología es fiebre, neumonía y congestión y, en muy contadas ocasiones, puede producir la muerte.
La sintomatología de Legionella suele confundirse con las de otras enfermedades (entre ellas la gripe) por lo que puede resultar complicada de diagnosticar.
Diferencias entre leptospirosis y legionelosis
| Aspecto | Leptospirosis | Legionelosis |
|---|---|---|
| Agente | Bacteria Leptospira | Bacteria Legionella |
| Fuente principal | Agua o suelo contaminado con orina de animales | Sistemas de agua artificiales que generan aerosoles |
| Vía de exposición | Contacto o consumo de agua o suelo contaminado | Inhalación de microgotas contaminadas |
| Transmisión entre personas | No se propaga de una persona a otra, excepto en casos muy poco comunes | No es contagiosa de persona a persona |
| Situaciones de riesgo | Inundaciones, aguas dulces, animales infectados y determinados trabajos o actividades recreativas | Torres de refrigeración, duchas, grifos, spas, jacuzzis, fuentes y sistemas mal mantenidos |
Dióxido de cloro: no es una infección contagiosa
Durante la pandemia del SARS-CoV-2 se promocionaron productos para la prevención y tratamiento frente al citado coronavirus.
Algunos de estos productos incluyen dióxido de cloro o clorito de sodio, también conocido como Miracle Mineral Solution (MMS)1.
El dióxido de cloro es un potente agente oxidante que se disocia rápidamente en los tejidos biológicos produciendo su agente activo, el clorito de sodio2.
Actualmente no existe evidencia científica que acredite seguridad o eficacia en el empleo de dicha sustancia y sus derivados contra el SARS-CoV-2.
Asimismo, desde el 2010 diferentes autoridades sanitarias, como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) o la Therapeutic Good Administration (TGA), han alertado de los severos efectos secundarios relacionados con su consumo3,4.
El consumo de dióxido de cloro ha aumentado de forma exponencial durante la pandemia debido a la divulgación de información errónea en medios de comunicación y redes sociales sobre su posible efecto profiláctico en el desarrollo de una infección por SARS-CoV-2.
Las reacciones adversas más frecuentes del mismo son insuficiencia respiratoria, alteraciones del ritmo cardíaco, insuficiencia hepática aguda, hipotensión, alteraciones gastrointestinales o lesión renal aguda5,6.
Se han descrito cuadros digestivos graves vinculados al consumo de esta sustancia que podrían causar hiponatremia secundaria a la situación de pérdidas del paciente.
Síndrome pierde sal cerebral asociado al dióxido de cloro
Se trata de un varón de 61 años sin antecedentes personales, y no vacunado frente al SARS-CoV-2, que comenzó a consumir por voluntad propia de forma diaria dióxido de cloro con la creencia de prevenir la infección.
A las 2 semanas presentó cuadro encefalopático de instauración progresiva con bradipsiquia, desrealización, irritabilidad e inquietud.
A la exploración física se evidenció deshidratación cutáneo-mucosa.
Se realizó tomografía computarizada (TC) craneal que reveló edema cerebral e hipertensión intracraneal idioptica (fig. 1).
Se retiró de forma inmediata el dióxido de cloro iniciándose tratamiento para reposición hidroelectrolítica según déficit de sodio progresivamente, con restablecimiento paulatino del estado neurológico y normalización de parámetros analíticos (tabla 1).
En el caso descrito se estable como diagnóstico de presunción un síndrome pierde sal cerebral, caracterizado por hiponatremia (sodio plasmático inferior a 135mEq/l), hipotónica (osmolaridad plasmática <280mOsm/kg), hipovolémica (presencia de signos de deshidratación), con pérdidas renales de sodio con sodio urinario >40mEq/l y osmolaridad urinaria alta (>100mOsm/kg) acompañada de hipouricemia (ácido úrico inferior a 4mg/dl) y una excreción fraccional de ácido úrico (FEUa) elevada (>10-12%).
La severidad del cuadro se encontraba determinada por la aparición de clínica neurológica de instauración lenta y progresiva, siendo descartada organicidad encefálica mediante prueba de imagen y punción lumbar.
Por lo tanto, los datos clínicos y analíticos expuestos, la ausencia de tratamiento diurético y los niveles plasmáticos dentro de la normalidad de urea, creatinina, cortisol y aldosterona sugieren el diagnóstico de síndrome pierde sal cerebral7.
La patogenia del mismo es poco conocida y suele ser transitorio con resolución completa en semanas, resultando fundamental el diagnóstico diferencial con el síndrome de secreción inadecuada de ADH (SIADH)8.
Prevención de la exposición y del contagio
Consulte con su proveedor de atención médica si tiene algún síntoma o factores de riesgo para la leptospirosis.
Evite áreas de aguas estancadas o de inundaciones, especialmente en los climas tropicales.
Si usted está expuesto a un área de alto riego, tome precauciones para evitar la infección.
Utilice ropa, zapatos o botas de protección cuando se acerque a agua o suelo contaminado con orina animal.
La prevención de la legionelosis pasa por el control adecuado de los sistemas de agua, especialmente en instalaciones grandes y de uso frecuente.
Las empresas y los edificios de uso público deben cumplir con las normativas sanitarias vigentes (Real Decreto 487/2022) para asegurar que sus instalaciones sean seguras y minimicen el riesgo de legionelosis.
La eliminación de los microorganismos que conforman la biocapa de la cual se alimenta la Legionella.
En lugares donde la presencia de Legionella es más probable (piscinas, hospitales, spas, hoteles…), se deben aplicar controles de higiene específicos y asegurarse de que se aplican los estándares de seguridad establecidos por las autoridades sanitarias.
El agua contiene bacterias de manera natural, no pasa nada, no hay riesgo de desarrollar enfermedades si su concentración es baja.
Ahora bien, si el agua de un sistema contiene Legionella, existen protocolos estrictos para evitar que la bacteria prolifere y ponga en riesgo a las personas.
El nivel máximo permitido de bacterias de legionela es 100 UFC/l.
Los sistemas de control de calidad y el análisis constante de los niveles de legionela son esenciales para evitar que estas instalaciones se conviertan en focos de contagio.
Prevención de la legionela en instalaciones de grifería / TRES
La legionelosis es una enfermedad de declaración obligatoria en España y en Europa, aunque se sospecha que está infradiagnosticada.
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