Criterios del agua potable: características, parámetros y controles de seguridad

El agua potable es la que se puede beber sin riesgo para la salud durante toda la vida, también por parte de poblaciones sensibles como los bebés y los ancianos. Para que sea apta para el consumo humano, debe ser salubre y limpia, no contener microorganismos patógenos ni contaminantes en concentraciones capaces de afectar adversamente a la salud y cumplir los valores establecidos por la normativa sanitaria.

El agua potable debe ser limpia y segura, incolora, inodora e insípida, no presentar turbidez ni elementos en suspensión, estar libre de contaminantes orgánicos, inorgánicos o radiactivos, mantener una proporción determinada de gases y sales disueltas y no contener microorganismos patógenos que puedan poner en peligro la salud.

Qué se entiende por agua potable

El agua es indispensable para la vida y su calidad está íntimamente relacionada con el nivel de vida y con el nivel sanitario de un país. El agua de consumo puede considerarse de buena calidad cuando es salubre y limpia; es decir, cuando no contiene microorganismos patógenos ni contaminantes a niveles capaces de afectar adversamente la salud de los consumidores.

Llamamos agua potable a la que se puede beber sin riesgo para nuestra salud. El agua potable, el agua de consumo y el agua del grifo representan diferentes clasificaciones dentro de las normas de calidad del agua.

El agua potable se refiere específicamente al agua que cumple todos los requisitos reglamentarios para el consumo humano, mientras que el agua de consumo es un término más amplio que incluye cualquier agua destinada al consumo. El agua del grifo representa el producto final que se suministra a los consumidores a través de los sistemas municipales de agua, que debe cumplir o superar todas las normas de agua potable.

La calidad del agua determina factores tan importantes como la salud de los ecosistemas, la seguridad del contacto humano, en el baño, por ejemplo, y su idoneidad para el consumo. Los estándares requeridos dependen del uso que se vaya a hacer de ella: no se exigen los mismos parámetros de calidad para su consumo, para su uso industrial o para garantizar el equilibrio biológico de un ecosistema.

Principales criterios del agua potable

Seguridad microbiológica

El agua de consumo humano no debe contener bacterias, dado que son el gran enemigo de la salud pública. No debe contener microorganismos patógenos que puedan poner en peligro la salud.

Para ello se deben realizar análisis exhaustivos sobre la concentración de bacterias coliformes y otras de origen fecal. El Real Decreto 140/2003 sitúa en 0 UFC, Unidad Formadora de Colonias, en 100 ml de agua el límite de presencia de estos microorganismos, es decir, que no puede haber ninguna bacteria viable en la muestra tomada.

La bacteria Escherichia coli indica contaminación fecal y puede causar enfermedades gastrointestinales graves a las pocas horas de su consumo. Los parásitos Giardia forman quistes resistentes que sobreviven a la cloración estándar, por lo que se requiere una filtración avanzada o un tratamiento con rayos UV para su eliminación.

En los parámetros microbiológicos se incluye Legionella spp. con un valor de 100 UFC/L, y cuando se supere el valor paramétrico se deberá identificar si es Legionella pneumophila y su serogrupo, y se seguirá lo dispuesto en el Real Decreto 487/2022, de 21 de junio, por el que se establecen los requisitos sanitarios para la prevención y el control de la Legionella.

Ausencia de contaminantes químicos

El agua potable debe estar libre de contaminantes orgánicos, inorgánicos o radiactivos. También debe mantener una proporción determinada de gases y sales inorgánicas disueltas.

Los contaminantes químicos crean riesgos para la salud tanto agudos como crónicos, dependiendo de la concentración y de la duración de la exposición. Aunque los principales productos químicos presentes en este tipo de agua que acarrean riesgo son el arsénico, los fluoruros y los nitratos, hay nuevos contaminantes, como determinados fármacos, plaguicidas, moléculas perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, y microplásticos que también son peligrosos.

Además, el agua para consumo humano, sobre todo si procede del subsuelo, puede contener productos químicos, como arsénico y fluoruros, y cantidades elevadas de otros productos químicos, como plomo, a causa de la lixiviación de tuberías de conducción.

Características organolépticas

El agua potable ha de ser transparente, aunque a veces, por el cloro, pueda parecer blanquecina. No puede incluir nada en su composición que pueda generar olor en ella y no puede tener sabor.

Si puede percibirse algún tipo de sabor u olor, existe contaminación en el agua. El sabor y el olor del agua pueden explicarse por causas naturales o artificiales.

Las causas artificiales suelen estar relacionadas con el proceso de desinfección, cloración, de ahí que percibamos que el agua de una zona de una ciudad tiene un sabor distinto a la de otra. Sin embargo, existen causas naturales para el sabor y el olor, como la acción de algunas impurezas naturales disueltas en el agua.

Algunos compuestos que dan sabor y olor al agua pueden ser tóxicos, por lo que es imprescindible que el agua potable tenga el menor sabor y olor posible. En el Real Decreto 140/2003, el olor y el sabor presentan una concentración máxima admisible de 3 diluciones a 25 ºC.

Ausencia de turbidez y partículas

El agua potable no puede presentar turbiedad alguna, salvo aquella que provoque la presión de las tuberías. En este caso, deberá desaparecer en un breve lapso de tiempo.

La turbidez en el agua se produce cuando hay materiales sólidos en suspensión o disueltos o cargas microbianas, aunque existen diferencias entre ellos en su capacidad de absorber la luz. Generalmente se considera el agua turbia no apta para el consumo, dado que diversos materiales responsables de la turbidez pueden ser tóxicos o crear las condiciones óptimas para productos químicos tóxicos.

Una turbidez elevada interfiere en los procesos de desinfección y sugiere problemas en los sistemas de filtración. La OMS recomienda que la turbidez sea la mínima posible y señala que los valores deben estar por debajo de 5 UNF, Unidades Nefelométricas de Turbidez, idealmente por debajo de 1 UNF.

Hay diversas maneras de medir la turbidez del agua, dependiendo de la norma aplicada: luz infrarroja o luz blanca o visible que pasa a través de una muestra de agua, usando nefelómetros o turbidímetros ópticos, que determinan la intensidad de la luz dispersada.

Color

El agua pura no tiene color, es totalmente transparente. De esta manera, cualquier tipo de coloración en el agua indica contaminación, generalmente por materiales ajenos al sistema, y se suele deber a un material suspendido o a uno disuelto.

El color provocado por un material suspendido se denomina color aparente, mientras que el que produce un material disuelto, incluso después de haber eliminado el material suspendido, se conoce como color verdadero o real.

El color del agua se mide en el laboratorio mediante comparación visual o por método espectrofotométrico. La OMS no da un valor guía en relación con la salud, solo recomienda un valor por debajo de 15 mg/L Pt/Co, platino-cobalto, y así lo expresa también el Real Decreto 140/2003.

pH

El pH es la medida que determina la concentración de iones de hidrógeno en el agua. El control del pH es una de las referencias más importantes para el control de agua apta para el consumo.

Los parámetros de pH considerados aceptables para el consumo humano deben estar entre 6,5 y 9,5. El Real Decreto 140/2003 especifica un valor paramétrico mínimo de 6,5 y un máximo de 9,5 unidades de pH.

Por debajo de 7 se considera ácida, pero no por ello deja de ser potable, a no ser que llegue a niveles inferiores a 5,5, generalmente por la presencia de metales en disolución por vertidos industriales o pesticidas o purines, o incluso por causas naturales.

El agua alcalina es la que tiene un pH por encima de 7, y puede producirse de forma natural al pasar sobre rocas y recoger minerales, como ocurre en algunos manantiales, o artificialmente por electrólisis. No hay estudios concluyentes que respalden la afirmación de que el agua alcalina sea beneficiosa para la salud porque neutraliza la acidez en sangre.

Conductividad y sales disueltas

La conductividad es la habilidad del agua para conducir corriente eléctrica. El agua pura tiene un nivel de conductividad muy bajo, mientras que la presencia de sales, metales e iones aumenta su capacidad conductora.

La conductividad en el agua puede estar causada por la presencia de metales como hierro y aluminio, iones con carga positiva, o compuestos inorgánicos como nitrato, sulfato y fosfato. De ahí que el agua del mar tenga una conductividad un millón de veces mayor que la dulce, ya que las sales presentes en ella se disocian en iones.

La conductividad del agua se determina midiendo la resistencia AC de una solución entre dos electrodos. El Real Decreto 140/2003 determina un máximo de 2.500 µS/cm-1 a 20 ºC.

Amonio, nitritos y nitratos

El amonio está presente de forma natural en el agua, proveniente de la descomposición de materia orgánica, proteínas y aminoácidos, así como de los procesos de desinfección del agua con cloramina.

Al oxidarse primero en nitrito y luego en nitrato, medir el amonio y estos dos elementos permite predecir cuánto tarda en contaminarse el agua con materia orgánica: cuando la concentración por amonio es más elevada que la del nitrito y el nitrato, la contaminación con materia orgánica ha sido reciente.

El Real Decreto 140/2003 establece un valor máximo de amonio en el agua de consumo humano de 0,50 mg/l.

Parámetros principales y valores de referencia

ParámetroCriterio o valor de referencia
ColorPor debajo de 15 mg/L Pt/Co
TurbidezPor debajo de 5 UNF; idealmente por debajo de 1 UNF
Olor y saborConcentración máxima admisible de 3 diluciones a 25 ºC
pHEntre 6,5 y 9,5 unidades de pH
ConductividadMáximo de 2.500 µS/cm-1 a 20 ºC
AmonioMáximo de 0,50 mg/l
Bacterias coliformes y Escherichia coli0 UFC en 100 ml
Legionella spp.100 UFC/L

Normativa española sobre la calidad del agua de consumo

El pasado 11 de enero de 2023 se publicó el Real Decreto 3/2023, de 10 de enero, por el que se aprueban los criterios técnico-sanitarios de la calidad de las aguas de consumo, su control y suministro.

El nuevo texto legal traspone parcialmente en España la Directiva (UE) 2020/2184, relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano, y con esta publicación se derogan el Real Decreto 140/2003, el Real Decreto 314/2016 y el Real Decreto 902/2018, que quedan incorporados al nuevo texto legal.

El Real Decreto 3/2023 actualiza los parámetros y valores paramétricos para la calidad del agua de consumo basándose en el conocimiento científico disponible y en el principio de precaución, y cumple con las nuevas directrices establecidas en la Directiva (UE) 2020/2184 sobre calidad del agua de consumo humano.

Enfoque basado en el riesgo

Para garantizar la alta calidad del agua potable, la normativa incluye normas de seguridad actualizadas e introduce una metodología para identificar y gestionar los riesgos para la calidad en toda la cadena de suministro de agua.

El enfoque basado en el riesgo se aplica a las zonas de captación, a las zonas de abastecimiento, desde la captación hasta la entrega al usuario, y a las instalaciones interiores en edificios.

El Plan Sanitario del Agua incorpora la formación de un equipo capacitado, la identificación de peligros microbiológicos, físicos y químicos, el análisis y la evaluación de riesgos potenciales y el seguimiento de la calidad del agua de consumo en la instalación.

Parámetros y contaminantes emergentes

La normativa establece la vigilancia de sustancias como los microplásticos y los disruptores endocrinos, así como de nuevos tipos de sustancias químicas que deben controlarse.

La lista de observación es una nueva herramienta de control que incluye los diferentes contaminantes, compuestos, microorganismos o cualquier sustancia nociva que se considere peligrosa para la salud de las personas y que pueda estar presente en el agua.

También se regulan los materiales orgánicos, metálicos, cementosos, esmaltes y materiales cerámicos que están en contacto con el agua, para los que se utilizarán sustancias y componentes incluidos en la Lista Europea Positiva de sustancias y en la Lista Europea Positiva de componentes.

Se prohíbe la instalación de cualquier material en base a plomo y se da un plazo de sustitución del mismo para las instalaciones ya existentes.

Control de laboratorios y muestreos

El nuevo real decreto da pautas de implementación en el tiempo de algunos parámetros nuevos descritos en el Anexo II, tipos de análisis y frecuencia de muestreos, así como sobre la realización de la toma de muestra, los métodos de ensayo, la validación de métodos y el uso de kits, del Anexo III.

Los laboratorios que tengan en gestión más de 5.000 muestras de agua de consumo anuales deberán acreditar sus métodos según la ISO 17025 antes del día 2 de enero de 2024. Si esta gestión es de entre 300 y 5.000 muestras, la acreditación con la ISO 17025 deberá ser antes del 2 de enero de 2028.

También se aborda la formación requerida para el personal de las zonas de abastecimiento y para el personal de fontanería de las instalaciones interiores de los edificios.

Control del agua desde la captación hasta el grifo

La gestión del agua presenta gran complejidad, por lo que normalmente intervienen diversos agentes, como los municipios, las empresas abastecedoras, los laboratorios de control y las administraciones sanitarias.

Todos ellos velan por que el suministro de agua de consumo humano sea de buena calidad, sin riesgos para la salud, fácilmente accesible y en la cantidad requerida. Para ello, el agua se somete previamente a un tratamiento de potabilización y a diversos controles sanitarios.

Las aguas continentales destinadas a la producción de agua de consumo humano constituyen un valor estratégico para la sociedad, por lo que resulta necesario establecer un control de estas aguas con objeto de garantizar la cantidad suficiente de agua de calidad adecuada para el fin al que se destina y evitar su deterioro.

Este control persigue la protección cuantitativa y cualitativa de los recursos hídricos disponibles, la eficiencia en los usos a los que se destinan y la adopción de medidas adecuadas contra la contaminación de las masas de agua.

Protección de las zonas de abastecimiento

El artículo 7 de la Directiva Marco del Agua establece que en las masas destinadas al consumo humano se debe evitar el deterioro de la calidad al objeto de no suponer un riesgo para el cumplimiento de los requisitos establecidos en la normativa sanitaria una vez que las aguas han sido sometidas a potabilización.

Se incumpliría el objetivo si, como consecuencia del deterioro de la calidad, fuera necesario intensificar el tratamiento de potabilización.

Una masa de agua superficial incumple los requisitos adicionales de las zonas protegidas por abastecimiento si en los puntos de muestreo se observa una tendencia ascendente, significativa y sostenida, de la concentración de los contaminantes de riesgo.

Deberá tomarse especial atención a las sustancias prioritarias vertidas, a los contaminantes vertidos en cantidades significativas y a los parámetros químicos del Anexo I del Real Decreto de aguas de consumo.

El subprograma muestrea las masas de agua que proporcionan un promedio de más de 100 metros cúbicos diarios destinados al abastecimiento de población. Se miden los contaminantes e indicadores de riesgo en la masa de agua, en especial las sustancias prioritarias vertidas y los contaminantes vertidos en cantidades significativas.

La frecuencia de control varía de trimestral a anual dependiendo del tamaño de la población abastecida.

Fuentes de agua para consumo humano

Aguas superficiales

Las aguas superficiales incluyen las fuentes de agua dulce como ríos, lagos, embalses y canales, entre otras, que se encuentran en la superficie del suelo. Estas aguas abastecen a la mayoría de los hogares en todo el mundo.

Estas fuentes requieren un tratamiento exhaustivo debido a la exposición a contaminantes ambientales, escorrentías agrícolas y contaminación urbana. Los procesos de potabilización de las aguas superficiales son muy importantes debido a la cantidad de residuos que arrastran a su paso.

Aguas subterráneas

Las aguas subterráneas se mantienen almacenadas en el interior de la tierra, en la corteza terrestre, mediante acuíferos que se instalan en los poros o fisuras de las rocas.

Por lo general, requieren menos tratamiento que las aguas superficiales debido a la filtración natural a través de las capas de suelo y roca, pero pueden contener contaminantes naturales como arsénico, flúor y radón.

El agua de pozo debe pasar obligatoriamente por un proceso de potabilización si queremos que sea apta para el consumo. Esta agua es susceptible de contener contaminantes derivados de las actividades agrícolas, ganaderas, industriales o vertederos.

Antes de proceder a su potabilización, primero hay que realizar un análisis del agua de pozo, ya que puede contener sustancias químicas o microorganismos filtrados como plomo, mercurio o patógenos.

Manantiales y agua de lluvia

El agua de manantial son aguas subterráneas que surgen del agua de lluvia y que brotan en la superficie de la tierra. Esta agua conserva toda su pureza, pero antes de ser accesible para el consumo humano debe pasar estrictos controles de seguridad y saneamiento.

El agua de lluvia no contiene ningún tipo de aditivo y es un agua purificada, pero, si se quiere utilizar para los diferentes usos que tiene el agua potable, debe tener sus elementos de control, ya que en su caída desde la atmósfera puede arrastrar diversos contaminantes acumulados en las capas bajas de la atmósfera.

Agua de mar y fuentes alternativas

En el agua de mar se concentran muchas sales minerales disueltas, 36 gramos de sal por litro de agua, por lo que es necesario realizar un proceso de desalinización para que sea agua apta para el consumo humano.

El proceso de desalación del agua marina consiste en un proceso de tratamiento por el cual se transforma el agua de mar en agua potable. Suele realizarse en aquellos lugares donde el acceso a agua dulce es realmente complicado, debido a su escasez en los entornos más próximos o al alto grado de contaminación.

Las fuentes alternativas han cobrado cada vez más importancia a medida que las fuentes tradicionales se enfrentan a la presión del crecimiento demográfico y el cambio climático. Con el cambio climático, habrá más fluctuaciones en la cantidad de agua de lluvia recogida y los recursos hídricos tendrán que gestionarse mejor para garantizar el abastecimiento y la calidad del agua.

Proceso de potabilización

Para que el agua sea apta para el consumo humano debe ser sometida a un proceso de potabilización en una planta potabilizadora. La potabilización del agua se realiza en las Estaciones de Tratamiento de Agua Potable, ETAP, siguiendo la normativa establecida por las diferentes autoridades nacionales e internacionales.

1. Captación y pretratamiento

La captación del agua se realiza desde fuentes naturales como ríos, lagos o embalses. A través de un conjunto de electrobombas se colecta el agua y durante su transporte se va filtrando por una serie de rejas de distintos tamaños que van reteniendo los sólidos.

2. Coagulación y floculación

La coagulación-floculación consiste en transportar el agua desde una fuente natural hasta una cámara de mezcla donde se incluyen los componentes necesarios para la potabilización del agua.

Con este tratamiento se eliminan las algas, el plancton y otros tipos de sustancias. Los productos que se usan en esta fase son los que pueden producir, después, olor y sabor al agua.

3. Decantación o sedimentación

La decantación es la separación por gravedad de las partículas en suspensión que lleva el agua. La sedimentación elimina los flóculos mediante la acción de la gravedad.

4. Filtración

La filtración consiste en pasar el agua a través de un filtro o un medio poroso con el objetivo de reducir la turbidez del agua y los quistes de organismos parásitos.

La filtración elimina los sedimentos menos densos pasando el agua por un medio poroso. Las aguas turbias tienen incidencia en la capacidad fotosintética del fondo, ya que evitan la propagación de la luz en las capas más profundas.

5. Desinfección

La desinfección consiste en la eliminación de los microorganismos patógenos del agua. La cloración del agua se utiliza para eliminar los microorganismos patógenos.

El cloro garantiza la limpieza y seguridad del agua durante su recorrido a través de la red de abastecimiento o saneamiento. La cloración proporciona un residual desinfectante para mantener el agua dentro de los parámetros establecidos hasta el grifo del consumidor.

6. Análisis final

El análisis es el procedimiento para asegurar que el proceso de potabilización del agua se ha realizado con éxito. Los parámetros de calidad del agua son los que miden la ausencia, o mejor dicho, un rango determinado controlado de contaminantes.

Conocer estos parámetros es de gran importancia para gestionar sus efectos sobre la salud de las personas, sobre el equilibrio de los ecosistemas y sobre la seguridad del suministro.

Desinfección y métodos de tratamiento

El tratamiento del agua puede realizarse de diferentes formas con el objetivo de eliminar las impurezas y los microorganismos patógenos. Puede incluir tratamiento físico, químico y biológico.

  • Tratamiento físico: consiste en la separación de las partículas sólidas del agua.
  • Tratamiento químico: trata de eliminar los organismos contaminantes o radiactivos del agua.
  • Tratamiento biológico: se encarga de eliminar los contaminantes coloidales, que actúan sobre la materia en suspensión transformándola en sedimentos.

Cloración

El cloro es uno de los principales elementos que se utilizan para la desinfección del agua potable de posibles bacterias y microorganismos patógenos. Este proceso se realiza tras la potabilización, desalación o depuración del agua con el objetivo de eliminar aquellos microorganismos que hayan sobrevivido a los procesos de purificación anteriores.

Tipo de cloroValor paramétrico indicado
Cloro combinado residual2,0 mg/l
Cloro libre residual1,0 mg/l

El cloro combinado es la porción de cloro que ha reaccionado al mezclarse en el agua y que se ha combinado con los contaminantes y compuestos que se encuentran en el agua. El cloro libre se refiere a la porción de cloro que está disponible para mezclarse con los contaminantes y desinfectar el agua.

Ozono

El tratamiento de agua mediante generadores de ozono tiene como objetivo eliminar la materia orgánica que se encuentra en el agua, a partir de la capacidad de oxidación que tiene este gas.

El agua ozonizada destruye microorganismos, virus y bacterias de manera rápida y efectiva, si bien hay que reconocer que su efecto residual es muy limitado.

Radiación ultravioleta

La esterilización por medio de UV se encarga de eliminar células, bacterias, hongos, protozoos y virus. Los rayos UV pueden utilizarse como tratamiento complementario cuando es necesario reducir la presencia de microorganismos resistentes a otros procesos.

Ósmosis inversa

El sistema de ósmosis inversa consiste en la desalinización del agua de mar. Es un sistema muy extendido y avanzado en todo el mundo que se realiza mediante energía exterior en forma de presión, de manera que esta presión vence a la presión osmótica natural presente en el agua marina.

También se utiliza para el tratamiento de aguas de interior o superficiales con una carga muy alta de minerales o contaminantes diversos, donde los tratamientos tradicionales no son suficientes para eliminar todos los contaminantes.

Cómo interpretar el aspecto del agua

El agua potable no debe tener ningún olor, porque eso puede indicar que algún compuesto está provocando que el agua se encuentre en mal estado. No debe tener ningún color extraño, sino que debe ser completamente transparente.

Tampoco debe presentar ningún sabor cuando la bebemos. En caso de que no se cumpla alguno de estos factores, debemos poner en duda si el agua es apta para el consumo.

Los cambios de color en el agua potable suelen indicar contaminación química o proliferación de algas, mientras que un sabor u olor inusual puede indicar la presencia de compuestos orgánicos o productos químicos industriales.

La observación doméstica puede alertar de una alteración, pero no permite confirmar por sí sola que el agua sea potable. La seguridad se determina mediante análisis microbiológicos, químicos y físicos realizados conforme a los métodos establecidos.

Agua potable, agua tratada y agua depurada

El agua tratada es el agua residual que ha sido sometida a un proceso de purificación para eliminar las características no deseables. El tratamiento variará en función del uso que se le quiera dar y de las propiedades que contenga el agua desde su punto de partida.

El agua tratada puede ser utilizada para cualquiera de las diferentes actividades del ser humano, desde lavar la ropa hasta servir de riego para la agricultura. No es apta para beber.

La principal diferencia entre agua potable y agua tratada es que la primera es exclusiva para el consumo humano, para beber, para el baño o para cocinar los alimentos, mientras que el agua tratada es aquella que utilizamos para cualquier tipo de actividad, como lavar la ropa, lavar el coche, regar las plantas o llenar la piscina.

Riesgos para la salud asociados al agua no potable

El agua contaminada y el saneamiento deficiente contribuyen a la transmisión de enfermedades como el cólera, otras enfermedades diarreicas, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y la poliomielitis.

El agua para consumo humano contaminada con microbios puede transmitir enfermedades diarreicas, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis. Según los cálculos, esta contaminación causa cada año 505.000 muertes por enfermedades diarreicas.

Si no hay servicios de agua y saneamiento, o si estos son insuficientes o están gestionados de forma inapropiada, la población se expone a riesgos para su salud que, en realidad, se pueden prevenir.

Debido a la gestión inadecuada de las aguas residuales urbanas, industriales y agrícolas, cientos de millones de personas beben agua con contaminación biológica o química. Se calcula que cerca de un millón de personas fallecen cada año a causa de enfermedades diarreicas contraídas como resultado de la insalubridad del agua, de un saneamiento insuficiente o de una mala higiene de las manos.

Las principales enfermedades que se contraen al consumir alimentos o agua contaminados cursan con diarrea. En 2021, más de 251 millones de personas requirieron tratamiento preventivo para la esquistosomiasis, una enfermedad grave y crónica provocada por helmintos causada por la exposición a agua infestada.

También hay insectos en muchas partes del mundo que viven o crían en el agua y son portadores y transmisores de enfermedades, como el dengue. Algunos de esos insectos, que se denominan vectores, crecen en aguas no contaminadas y pueden criar en los depósitos y recipientes domésticos de agua para consumo humano.

Acceso, salud pública y desigualdad

El agua salubre y de fácil acceso es importante para la salud pública, tanto si se utiliza para beber, para uso doméstico, para producir alimentos o con fines recreativos.

En 2022 había en el mundo al menos 1.700 millones de personas que tomaban agua para consumo de fuentes contaminadas con heces. En 2022, 6.000 millones de personas, el 73 % de la población mundial, se abastecían a través de un servicio de suministro de agua para consumo humano gestionado de forma segura, es decir, ubicado en el lugar de uso, disponible cuando se necesita y no contaminado.

En 2021, más de 2.000 millones de personas vivían en países con escasez de agua, situación que probablemente empeorará en algunas regiones como resultado del cambio climático y el crecimiento de la población.

La meta 6.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible consiste en proporcionar acceso universal y equitativo a agua potable salubre y asequible. El seguimiento de la meta se realiza mediante el indicador relativo a los servicios de suministro de agua potable gestionados de manera segura.

Entre los restantes 2.200 millones de personas sin servicios gestionados de forma segura se contaban en 2022: 1.500 millones de personas que gozaban de servicios básicos, 292 millones de personas con servicios limitados, 296 millones de personas que se abastecían de agua procedente de pozos y manantiales no protegidos y 115 millones de personas que recogían agua superficial no tratada en lagos, estanques, ríos o arroyos.

A este respecto, en la actualidad sigue habiendo grandes desigualdades geográficas, socioculturales y económicas, no solo entre las zonas rurales y las urbanas, sino también dentro de las ciudades, donde muchas personas viven en asentamientos informales, ilegales o de baja renta, con escaso acceso a fuentes mejoradas de abastecimiento de agua potable.

En 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al abastecimiento de agua y al saneamiento. Todas las personas tienen derecho a disponer de forma continuada de cantidades suficientes de agua salubre, físicamente accesible, asequible y de una calidad aceptable para el uso personal y doméstico.

Qué hacer cuando no se dispone de agua potable

En caso de que no sea posible encontrar agua potable, existen tratamientos sencillos que están al alcance de todos y que se pueden utilizar para potabilizar esta sustancia.

Hervir el agua antes de consumirla asegura la eliminación de los microorganismos patógenos que puedan encontrarse en el agua, como bacterias y virus. Una vez hervida el agua, se puede beber o usar para lavar alimentos dado que puede considerarse potable.

El agua de lluvia, el agua de pozo y el agua de río requieren una evaluación previa cuando se pretende destinarlas al consumo humano. Dependiendo de los resultados del análisis, pueden ser necesarios procesos de filtración, desinfección, cloración, radiación ultravioleta, carbón activado u ósmosis inversa.

Responsabilidad de la OMS y de los proveedores

Como autoridad internacional en salud pública y calidad del agua, la OMS lidera los esfuerzos mundiales para prevenir las enfermedades transmitidas por el agua y asesora a los gobiernos sobre el establecimiento de metas y reglamentos basados en la salud.

La OMS elabora una serie de directrices sobre la calidad del agua, en particular para consumo humano, el uso sin riesgos de las aguas residuales y la calidad del agua para fines recreativos.

En las Guías para la calidad del agua de consumo humano se recomienda que se establezcan metas basadas en la salud, que los proveedores de servicios de agua elaboren y apliquen planes de salubridad para definir los riesgos, que estos se eviten de la manera más eficaz desde que se capta el agua hasta su llegada al consumidor y que se lleve a cabo una vigilancia independiente para velar por la eficacia de estos planes y el cumplimiento de tales metas.

La gestión del agua requiere la participación coordinada de municipios, empresas abastecedoras, laboratorios de control y administraciones sanitarias. Los proveedores y las empresas de servicios públicos de agua desempeñan un papel fundamental en el suministro de agua.

Las personas que dependen de pozos privados o pozos sin protección deben tomar medidas adicionales. Se trata de analizar y tratar el agua para evitar la exposición a agua no apta para el consumo.

Retos actuales para garantizar el agua potable

La mejora de los sistemas de abastecimiento de agua debe lograrse haciendo frente al cambio climático, la mayor escasez de agua, el crecimiento de la población, los cambios demográficos y la urbanización.

Si queremos ofrecer una cobertura universal de los servicios básicos de agua potable en 2030, será necesario duplicar las tasas de progreso registradas hasta el momento y, para lograr el mismo objetivo con los servicios de suministro de agua para consumo humano gestionados de forma segura, las tasas tendrían que multiplicarse por seis.

Una estrategia importante para recuperar agua, nutrientes y energía es reutilizar las aguas residuales. El uso de aguas residuales y lodos es una práctica extendida en todo el mundo; sin embargo, gran parte se utiliza sin los conocimientos adecuados, sin tratar y sin otros controles que garanticen la protección de la salud humana y del medio ambiente.

Si se hace correctamente, las aguas residuales y los lodos se pueden reutilizar sin riesgos y reportar múltiples beneficios, entre ellos un incremento de la producción de alimentos, una mayor resiliencia a la escasez de agua y nutrientes y una mayor circularidad en la economía.

Las fuentes de abastecimiento de agua para consumo humano y para riego seguirán evolucionando, y cada vez se utilizarán más aguas subterráneas y de fuentes alternativas, como las aguas residuales.

La mejora del abastecimiento, el saneamiento y de la gestión de los recursos hídricos puede impulsar el crecimiento económico de los países y contribuir en gran medida a reducir la pobreza.

Cuando el agua procede de fuentes de abastecimiento mejoradas y más accesibles, se gasta menos tiempo y esfuerzo en recogerla, lo que permite dedicar más tiempo para otras actividades. Además, ello redunda en una mayor seguridad personal y causa menos trastornos osteomusculares, ya que reduce la necesidad de hacer viajes largos o peligrosos para recoger agua.

La mejora de estas fuentes de abastecimiento también ayuda a disminuir el gasto sanitario, ya que las personas enferman menos, incurren en menos gastos médicos y gozan de más salud, lo que comporta una mayor productividad.

Dado que los niños corren especial riesgo de contraer enfermedades que se transmiten a través del agua, el acceso a fuentes mejoradas de abastecimiento puede ayudar a mejorar su salud y, por tanto, a permitir que no pierdan días de escuela, con los correspondientes beneficios a largo plazo para su vida.

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