«Del aire la limpia grandeza el alma señala de luz»: sentido espiritual de la pureza interior

La expresión «del aire la limpia grandeza el alma señala de luz» condensa una imagen espiritual en la que la limpieza del aire representa la claridad del alma, mientras que la luz señala su orientación hacia Dios, la verdad y el amor puro.

Su sentido se comprende dentro de una doctrina de purificación interior: el alma debe desprenderse de apetitos, asimientos, vanidad y deseos desordenados para conservar un espíritu claro, sencillo, libre y dispuesto a recibir la luz divina.

La luz como claridad del alma

Amas tú, Señor, la discreción, amas la luz, amas el amor sobre las demás operaciones del alma. Por eso, estos dichos serán de discreción para el caminar, de luz para el camino y de amor en el caminar.

El espíritu bien puro no se mezcla con extrañas advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego sabroso se comunica con Dios, porque su conocimiento es en silencio divino.

No te hagas presente a las criaturas si quieres guardar el rostro de Dios claro y sencillo en tu alma, mas vacía y enajena mucho tu espíritu de ellas y andarás en divinas luces, porque Dios no es semejante a ellas.

Si purificares tu alma de extrañas posesiones y apetitos, entenderás en espíritu las cosas; y si negares el apetito en ellas, gozarás de la verdad de ellas entendiendo en ellas lo cierto.

Pureza, vacío y libertad espiritual

Más indecencia e impureza lleva el alma para ir a Dios, si lleva en si el menor apetito de cosa del mundo, que si fuese cargada de todas las feas y molestas tentaciones y tinieblas que se pueden decir, con tal que su voluntad razonal no las quiera admitir.

Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón. ¿Qué sabes tú si tu apetito es según Dios?

Pues se te ha de seguir doblada amargura de cumplir tu voluntad, no la quieras cumplir, aunque quedes en amargura.

Eso que pretendes y lo que más deseas no lo hallarás por esa vía tuya ni por la alta contemplación, sino en la mucha humildad y rendimiento de corazón.

Mira que la flor más delicada más presto se marchita y pierde su olor; por tanto, guárdate de querer caminar por espíritu de sabor, porque no serás constante; mas escoge para ti un espíritu robusto, no asido a nada, y hallarás dulzura y paz en abundancia; porque la sabrosa y durable fruta en tierra fría y seca se coge.

El que de los apetitos no se deja llevar, volará ligero según el espíritu, como el ave a que no falta pluma.

La mosca que a la miel se arrima impide su vuelo; y el alma que se quiere estar asida al sabor del espíritu impide su libertad y contemplación.

La luz y el camino de la vida interior

Aunque el camino es llano y suave para los hombres de buena voluntad, el que camina caminará poco y con trabajo si no tiene buenos pies y ánimo y porfía animosa en eso mismo.

El camino de la vida, de muy poco bullicio y negociación es, y más requiere mortificación de la voluntad que mucho saber.

El que tomare de las cosas y gustos lo menos, andará más por él.

Como el que tira el carro la cuesta arriba, así camina para Dios el alma que no sacude el cuidado y apaga el apetito.

Bienaventurado el que, dejado aparte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas.

El que obra razón es como el que come sustancia, y el que se mueve por el gusto de su voluntad, como el que come fruta floja.

Entra en cuenta con tu razón para hacer lo que ella te dice en el camino de Dios, y valdráte más para con tu Dios que todas las obras que sin esta advertencia haces y que todos los sabores espirituales que pretendes.

Mira que tu ángel custodio no siempre mueve el apetito a obrar, aunque siempre alumbra la razón; por tanto, para obrar virtud, no esperes al gusto, que bástate la razón y entendimiento.

La humildad como condición de la claridad

El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente. El alma dura en su amor propio se endurece.

Si tú en tu amor, ¡oh buen Jesús! no suavizas el alma, siempre perseverará en su natural dureza.

Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco: cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual está con los atribulados; cuando estás aliviado, estás junto a ti, que eres tu misma flaqueza; porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma.

Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener.

Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es razón, que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación.

No es de voluntad de Dios que el alma se turbe de nada ni que padezca trabajos; que, si los padece en los adversos casos del mundo, es por la flaqueza de su virtud, porque el alma del perfecto se goza en lo que se pena la imperfecta.

La necesidad de guía y compañía

El que solo se quiere estar, sin arrimo de maestro y guía, será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que, por más fruta que tenga, los viadores se la cogerán y no llegará a sazón.

El árbol cultivado y guardado con el beneficio de su dueño, da la fruta en el tiempo que de él se espera.

El alma sola, sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo: antes se irá enfriando que encendiendo.

El que a solas cae, a solas se está caído y tiene en poco su alma, pues de sí solo la fía.

Pues no temes el caer a solas, ¿cómo presumes de levantarte a solas?

Mira que más pueden dos juntos que uno solo.

El que cae ciego, no se levantará ciego solo; y, si se levantare solo, encaminará por donde no conviene.

El amor como principio de transformación

¡Oh dulcísimo amor de Dios, mal conocido! El que halló sus venas descansó.

El amor no aparece aquí como simple emoción, sino como fuerza que transforma la voluntad, suaviza la dureza interior y orienta todas las acciones hacia Dios.

A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición.

No pienses que el agradar a Dios está tanto en obrar mucho como en obrarlo con buena voluntad, sin propiedad y respetos.

¿Qué aprovecha dar tú a Dios una cosa si él te pide otra? Considera lo que Dios querrá y hazlo, que por ahí satisfarás mejor tu corazón que con aquello a que tú te inclinas.

La obra pura y entera hecha por Dios en el seno puro hace reino entero para su dueño.

Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres.

La imagen del aire limpio y el rostro de Dios

La limpieza del aire puede entenderse como una figura de la transparencia espiritual: allí donde no hay humo de vanidad, ruido de pasiones ni apego a las criaturas, el alma conserva el rostro de Dios claro y sencillo.

No te hagas presente a las criaturas si quieres guardar el rostro de Dios claro y sencillo en tu alma, mas vacía y enajena mucho tu espíritu de ellas y andarás en divinas luces, porque Dios no es semejante a ellas.

El espíritu bien puro no se mezcla con extrañas advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego sabroso se comunica con Dios, porque su conocimiento es en silencio divino.

Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es digno de él.

Para lo insensible, lo que no sientes; para lo sensible, el sentido; y para el espíritu de Dios, el pensamiento.

La razón frente al gusto y la consolación

No te conocía yo a ti, ¡oh Señor mío!, porque todavía quería saber y gustar cosas.

No te canses, que no entrarás en el sabor y suavidad de espíritu, si no te dieres a la mortificación de todo eso que quieres.

Cata que tu carne es flaca y que ninguna cosa del mundo puede dar fortaleza a tu espíritu ni consuelo; porque lo que nace del mundo, mundo es, y lo que nace de la carne, carne es; y el buen espíritu sólo nace del espíritu de Dios, que se comunica no por mundo ni carne (Jn. 4, 6).

Verdaderamente aquél tiene vencidas todas las cosas que ni el gusto de ellas le mueve a gozo ni el desabrimiento le causa tristeza.

Si quieres venir al santo recogimiento, no has de venir admitiendo sino negando.

No podrá llegar a la perfección el que no procura satisfacerse con nonada, de manera que la concupiscencia natural y espiritual estén contentas en vacío; que para llegar a la suma tranquilidad y paz de espíritu esto se requiere; y de esta manera el amor de Dios en el alma pura y sencilla casi frecuentemente está en acto.

La paz interior y la ausencia de temor

Mira que no te entristezcas de repente de los casos adversos del siglo, pues que no sabes el bien que traen consigo ordenado en los juicios de Dios para el gozo sempiterno de los escogidos.

No te goces en las prosperidades temporales, pues no sabes de cierto que te aseguran la vida eterna.

En la tribulación acude luego a Dios confiadamente, y serás esforzado, y alumbrado y enseñado.

En los gozos y gustos acude luego a Dios con temor y verdad, y no serás engañado ni envuelto en vanidad.

Toma a Dios por esposo y amigo con quien te andes de continuo, y no pecarás, y sabrás amar, y haránse las cosas necesarias prósperamente para ti.

Mira que no reina Dios sino en el alma pacífica y desinteresada.

Date al descanso echando de ti cuidados y no se te dando nada de cuanto acaece, y servirás a Dios a su gusto y holgarás en él.

La pureza de intención

Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer.

Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujeción que todos esos servicios que le piensas hacer.

Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es razón, que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación.

Porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor.

No pienses que porque en aquél no relucen las virtudes que tú piensas, no será precioso delante de Dios por lo que tú no piensas.

Cata que no te entremetas en cosas ajenas, ni aun las pases por tu memoria, porque quizá no podrás tú cumplir con tu tarea.

Aunque obres muchas cosas, si no aprendes a negar tu voluntad y sujetarte, perdiendo cuidado de ti y de tus cosas, no aprovecharás.

La imagen del fuego y la purificación

Sentado Endimión al pie de Atlante, enamorado de la Luna hermosa, dijo con triste voz y alma celosa: «En tus mudanzas, ¿quién será constante?

Ya creces en mi fe, ya estás menguante, ya sales, ya te escondes desdeñosa, ya te muestras serena, ya llorosa, ya tu epiciclo ocupas arrogante;

ya los opuestos indios enamoras, y me dejas muriendo todo el día, o me vienes a ver con luz escasa».

Oyóle Clicie, y dijo: «¿Por qué lloras, pues amas a la Luna que te enfría? ¡Ay de quien ama al sol que solo abrasa!»

Lucinda, yo me siento arder, y sigo el sol que deste incendio causa el daño, que porque no me encuentre el desengaño tengo al engaño por eterno amigo.

El fuego amoroso puede ser causa de sufrimiento cuando el alma se aferra a una imagen cambiante, pero también puede convertirse en fuerza de purificación cuando la voluntad abandona el engaño y busca la verdad.

Quiero escribir, y el llanto no me deja, pruebo a llorar, y no descanso tanto, vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto, todo me impide el bien, todo me aqueja.

Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra el centro deste pecho que enciende le di (si en tanto bien pudieres verte), que haga de mis lágrimas la letra, pues ya que no lo siente, bien entiende, que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.

El desprendimiento de las criaturas

Si quieres que en tu espíritu nazca la devoción y que crezca el amor de Dios y apetito de las cosas divinas, limpia el alma de todo apetito y asimiento y pretensión, de manera que no se te dé nada por nada.

Porque, así como el enfermo, echado fuera el mal humor, luego siente el bien de la salud y le nace gana de comer, así tú convalecerás en Dios si en lo dicho te curas; y sin ello, aunque más hagas, no aprovecharás.

El que de los apetitos no se deja llevar, volará ligero según el espíritu, como el ave a que no falta pluma.

El que la ocasión pierde, es como el que soltó el ave de la mano, que no la volverá a cobrar.

El que cumple su apetito pena en desasirse y, después de desasido, en purgarse de lo que de él se le pegó.

Dos veces trabaja el pájaro que se asentó en la liga, es a saber: en desasirse y limpiarse de ella.

La conciencia ante la muerte y la eternidad

Si culpa el concebir, nacer tormento, guerra vivir, la muerte fin humano; si después de hombre, tierra y vil gusano, y después de gusano, polvo y viento;

si viento nada, y nada el fundamento, flor la hermosura, la ambición tirano, la fama y gloria, pensamiento vano, y vano en cuanto piensa el pensamiento,

¿quién anda en este mar para anegarse? ¿De qué sirve en quimeras consumirse, ni pensar otra cosa que salvarse?

¿De qué sirve estimarse y preferirse, buscar memoria habiendo de olvidarse, y edificar habiendo de partirse?

¿Cómo te atreves a holgarte tan sin temor, pues has de parecer delante de Dios a dar cuenta de la menor palabra y pensamiento?

Pues que en la hora de la cuenta te ha de pesar de no haber empleado este tiempo en servicio de Dios, ¿por qué no le ordenas y empleas ahora como lo querrías haber hecho cuando te estés muriendo?

La oración del alma enamorada

¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos.

Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase.

¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?

Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.

Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti.

No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre.

Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

La expresión dentro de una tradición poética

Versos de amor, conceptos esparcidos, engendrados del alma en mis cuidados, partos de mis sentidos abrasados, con más dolor que libertad nacidos;

expósitos al mundo, en que perdidos, tan rotos anduvistes y trocados, que sólo donde fuistes engendrados fuérades por la sangre conocidos;

pues que le hurtáis el laberinto a Creta, a Dédalo los altos pensamientos, la furia al mar, las llamas al abismo,

si aquel áspid hermoso nos aceta, dejad la tierra, entretened los vientos, descansaréis en vuestro centro mismo.

La poesía aparece como una forma de exteriorizar lo que nace en el alma, aunque sus versos salgan marcados por el dolor, el desorden y la lucha interior.

Quiero escribir, y el llanto no me deja, pruebo a llorar, y no descanso tanto, vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto, todo me impide el bien, todo me aqueja.

En este marco, la «limpia grandeza» del aire no designa únicamente una cualidad física, sino una condición de transparencia: el aire limpio deja pasar la luz, y el alma purificada puede reflejarla y reconocer su origen.

Recibe mi deseo. Lee si entiendes, y emienda si sabes.

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