Descontaminación de aguas y suelos: proceso, técnicas y criterios de recuperación

La descontaminación de suelos y aguas es el conjunto de técnicas aplicadas para eliminar, reducir o inmovilizar los contaminantes presentes en el terreno y en las aguas subterráneas hasta alcanzar unas condiciones de calidad compatibles con el uso previsto. Forma parte del proceso más amplio de remediación, que incluye la investigación previa, la evaluación de riesgos, la actuación directa y la monitorización posterior.

La descontaminación es necesaria cuando se identifican sustancias contaminantes en concentraciones que representan un riesgo inaceptable para la salud humana, los ecosistemas o los recursos hídricos. El objetivo de la remediación es eliminar las sustancias contaminantes o reducir su presencia hasta concentraciones admisibles, tanto en el suelo como en las aguas subterráneas asociadas.

Qué se entiende por suelo contaminado

La descontaminación de suelos, también llamada remediación, es un tratamiento o conjunto de operaciones que se realizan en lugares en los que la contaminación industrial o urbana ha ocasionado una degradación del medio que puede suponer un riesgo para la salud humana y/o el entorno. Entendemos por suelo contaminado aquel cuyas características químicas, físicas o biológicas han sido alteradas negativamente por la presencia de componentes químicos de carácter peligroso y de origen humano, en concentración tal que comporte un riesgo inaceptable para la salud humana por contacto, ingestión, inhalación de vapores u otras vías, o para el medio ambiente.

Un suelo se declara contaminado cuando sus características físicas, químicas o biológicas han sido alteradas negativamente por la presencia de componentes peligrosos de origen humano, suponiendo un riesgo para la salud humana o el medio ambiente. La declaración de un suelo como contaminado y las consecuencias con relevante trascendencia para los titulares que se derivan de esta situación se relacionan con la concurrencia de una situación de riesgo inadmisible.

La contaminación puede afectar simultáneamente al suelo, a la zona no saturada, al nivel freático y a los acuíferos. La incorporación de las aguas subterráneas y el desarrollo por parte de la administración hidráulica competente de una estructura equivalente para la caracterización y evaluación de su estado de calidad se valora como una necesidad dada la relación indivisible entre ambos recursos y la existencia en ocasiones de una elevada vulnerabilidad de las aguas subterráneas frente a situaciones de afección o contaminación del suelo, comprometiendo su funcionalidad y potencial de aprovechamiento.

Tipos de contaminación del suelo

La FAO diferencia entre estos dos tipos de contaminación del suelo:

  • Contaminación puntual: se debe a razones concretas. Tiene lugar en áreas reducidas y sus causas son fáciles de identificar. Esta contaminación terrestre es habitual en las ciudades, los emplazamientos de antiguas fábricas, los alrededores de las carreteras, los vertederos ilegales y las depuradoras.
  • Contaminación difusa: abarca territorios muy amplios y sus causas son diversas o difíciles de identificar. Este suceso implica la dispersión de contaminantes a través de sistemas aire-suelo-agua. Tiene un impacto importante sobre la salud humana y el medio ambiente.

La contaminación puntual suele permitir una delimitación más directa de la fuente y del área afectada. La contaminación difusa exige analizar procesos de transporte y dispersión en el sistema aire-suelo-agua, así como la posible interacción entre diferentes medios ambientales.

Cuándo es necesario descontaminar un suelo o un acuífero

La necesidad de descontaminar un suelo surge cuando se confirma la presencia de sustancias contaminantes en concentraciones que representan un riesgo inaceptable para la salud humana o el medio ambiente. La descontaminación de suelos y aguas subterráneas es necesaria cuando se identifican contaminantes que pueden afectar a la salud humana, los ecosistemas o los recursos hídricos como el suelo, el agua superficial y el agua subterránea en el subsuelo.

Los escenarios más habituales son:

  • Declaración administrativa de suelo contaminado: cuando el Análisis Cuantitativo de Riesgos, la Evaluación de Riesgos a la Salud y el Ambiente o el Human Health Risk Assessment determina que las concentraciones detectadas superan los niveles de riesgo admisible, la administración declara el suelo contaminado y su responsable queda obligado a ejecutar la descontaminación.
  • Operaciones inmobiliarias y cambios de uso: la compraventa de terrenos industriales o el cambio de uso urbanístico, de industrial a residencial, por ejemplo, exige verificar la calidad ambiental del suelo y, en caso necesario, proceder a su descontaminación.
  • Descontaminación voluntaria: el responsable puede optar por actuar proactivamente, presentando un proyecto de descontaminación ante la administración competente sin esperar a una declaración formal.
  • Emergencias ambientales: vertidos accidentales, fugas de depósitos subterráneos o incidentes industriales pueden requerir actuaciones de descontaminación inmediata para evitar la propagación de la afectación a acuíferos o terrenos colindantes.

En siniestros con derrames de líquidos peligrosos, el daño al medio ambiente y el riesgo para la salud humana aumenta progresivamente en los primeros días, y en las posteriores semanas y meses. Por ello, es imprescindible prever inmediatamente los posibles daños y tomar las medidas de recuperación adecuadas lo antes posible, para reducir su coste económico.

Marco normativo y responsabilidades en España

La descontaminación de suelos en España está regulada principalmente por la Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular, y el Real Decreto 9/2005 que establece los criterios para declarar un suelo como contaminado. Este marco legal define las actividades potencialmente contaminantes y las obligaciones de los responsables.

En el ámbito estatal, este desarrollo se materializa especialmente en el Real Decreto 9/2005, la Ley 26/2007 de responsabilidad ambiental y en el título VIII de la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular. En un marco autonómico, son diversas las comunidades que han aprobado legislación sectorial específica de desarrollo de este régimen jurídico, incluyendo la publicación de Niveles Genéricos de Referencia, así como la publicación de guías metodológicas.

El Real Decreto 9/2005 establece la relación de actividades potencialmente contaminantes del suelo y los criterios y estándares para la declaración de suelos contaminados. El Real Decreto 665/2023 busca mejorar la protección y gestión del dominio público hidráulico, especialmente las aguas subterráneas, estableciendo procedimientos de actuación para la investigación, diagnóstico y recuperación de acuíferos contaminados, fijando valores genéricos de calidad y detallando el contenido del análisis cuantitativo de riesgos y del proyecto de descontaminación.

Los causantes de la contaminación son los principales responsables de la descontaminación. Subsidiariamente, los poseedores y propietarios del suelo también pueden ser obligados a realizar las tareas de limpieza y recuperación.

En España, las encargadas de realizar estas declaraciones e inventariar los suelos contaminados en su territorio son las Comunidades autónomas. La legislación nacional atribuye a las Comunidades Autónomas la competencia en la gestión de los suelos contaminados.

En concreto, las Comunidades pueden:

  • Declarar, delimitar y elaborar un Inventario de Suelos Contaminados.
  • Elaborar una lista de prioridades de actuación en atención al riesgo de la contaminación del suelo para la salud humana y el medio ambiente.
  • Declarar que un suelo ha dejado de estar contaminado tras comprobar que las operaciones de limpieza y recuperación se han realizado de forma adecuada.
  • Determinar la forma y plazo en que ha de procederse a las actuaciones de descontaminación de suelos.
  • Autorizar acuerdos voluntarios o establecer convenios de colaboración entre los obligados a realizar los trabajos de descontaminación de suelos y las administraciones públicas competentes.

La declaración de un suelo como contaminado obliga al propietario a descontaminar el mismo, y para ello se deberán acometer las actuaciones necesarias diseñadas y supervisadas por una empresa especializada en este aspecto. Las limitaciones que implican un suelo contaminado son, entre otras, la suspensión de la ejecutividad de los derechos de edificación y otros aprovechamientos del suelo.

La descontaminación del suelo implicará la eliminación de la nota marginal en el Registro de la Propiedad, restableciendo los derechos originales del propietario sobre el terreno.

Recuperación voluntaria

La legislación española permite la «remediación voluntaria», donde el responsable puede llevar a cabo la descontaminación sin una declaración previa de suelo contaminado, presentando un proyecto a la administración competente. También se puede efectuar la descontaminación del suelo por vía voluntaria.

La recuperación voluntaria es una alternativa de recuperación sin previo proceso de declaración de suelo contaminado, gestionado a través de la comunidad autónoma competente sobre la base de un Proyecto de Recuperación Voluntaria y un trámite administrativo regulado, con unos objetivos finales análogos a un proyecto de remediación.

Tras la ejecución del proyecto se acreditará que la descontaminación se ha llevado a cabo en los términos previstos en el proyecto, y se registrará en la Administración competente. Se recomienda que este tipo de proyectos sea desarrollado por ingeniero ambiental.

Fases del proceso de descontaminación

La descontaminación de suelos es un proceso complejo. Requiere un enfoque multidisciplinario y una planificación cuidadosa para garantizar la protección de la salud humana y el medio ambiente.

  1. Caracterización exhaustiva del sitio contaminado.
  2. Evaluación de riesgos.
  3. Diseño del proyecto de remediación.
  4. Implementación de las técnicas de descontaminación.
  5. Monitoreo y seguimiento.

1. Estudio preliminar y modelo conceptual

La fase previa incluye el estudio en gabinete y la recopilación de la información del emplazamiento, el estudio histórico, el medio físico y la visita de campo. En el análisis y caracterización de suelos se han de seguir una serie de fases, comenzando por estudios preliminares dirigidos a elaborar un “Modelo Conceptual” del emplazamiento que sirve como base para las etapas posteriores del proyecto.

Los estudios preliminares comprenden visitas de campo, estudio histórico de los usos del suelo, climatología, geología e hidrogeología locales, entre otros aspectos. El modelo conceptual permite relacionar las fuentes de contaminación, los medios afectados, las rutas de exposición y los receptores potenciales.

2. Plan de muestreo e investigación

Una vez que está definido el Modelo Conceptual, se diseñan las campañas de toma de muestras en campo atendiendo a la legislación vigente y a los procedimientos establecidos. En esta fase se determinan las metodologías de muestreo, como sondeos manuales o mecánicos y calicatas, el número y distribución de puntos de muestreo, el tipo de muestras a analizar y los paquetes analíticos en laboratorios acreditados.

Los trabajos de investigación incluyen la toma de muestras, el análisis en laboratorio y la valoración de resultados, tanto en investigaciones exploratorias como detalladas. En una primera aproximación, la identificación de sustancias contaminantes relevantes, la determinación de su presencia o no, la aproximación al rango de concentraciones presentes y, en su caso, la delimitación espacial de la alteración detectada, constituyen objetivos asociados al proceso de inspección.

El estudio y caracterización ambiental de un emplazamiento en el ámbito de la declaración del estado de calidad del suelo y/o aguas subterráneas asociadas constituye una etapa clave dentro del esquema de protección integral del suelo. Los resultados permiten aportar la información necesaria para la evaluación de las condiciones del suelo en función de sus usos y la necesidad de abordar una valoración de riesgos.

3. Comparación con valores de referencia

En esta etapa delimitaremos la contaminación, tanto horizontal como verticalmente, y determinaremos los parámetros que están por encima de los valores normativos límite recogidos en el Real Decreto 9/2005, que marca los criterios y estándares que permitan evaluar los riesgos que pueden afectar a la salud humana y al medio ambiente según la naturaleza y los usos de los suelos.

El resultado final en esta fase es la elaboración de un informe preliminar de la calidad del suelo, donde se sintetiza toda la información recabada hasta ese momento, y se determina su conformidad mediante la comparación de los valores de contaminación en las muestras obtenidos en laboratorio, con los Niveles Genéricos de Referencia del órgano competente en cuestión.

Si los niveles de contaminación entran dentro de los baremos legales, entonces los trabajos habrán concluido y se considerará el suelo como no contaminado. Si, por el contrario, la afección está por encima de los NGR, se debe avanzar en el proceso.

4. Análisis Cuantitativo de Riesgos

Cuando la contaminación del suelo supera los NGR, se hace necesario conocer si éste supone un riesgo para la salud humana y/o de los ecosistemas. Esto se determina mediante el empleo combinado de herramientas informáticas y todos los datos recabados en los estudios e investigaciones preliminares.

El posterior análisis cuantitativo de riesgos para la salud y el medioambiente proporciona la información necesaria para concluir si existe un riesgo para la salud y/o el medioambiente. El análisis considera el tipo y grado de contaminación, las características hidrogeológicas, los receptores potenciales y las vías de exposición.

El análisis de riesgos ambientales incluye:

  • Modelo conceptual de riesgos.
  • Planteamiento de escenarios de riesgos.
  • Selección de contaminantes de interés y concentraciones representativas.
  • Valoración cuantitativa del riesgo tóxico y carcinogénico.
  • Toma de decisiones y planteamiento de niveles objetivo.
  • Análisis del riesgo potencial y definición de rutas de exposición críticas.
  • Contribución diferencial de determinados contaminantes al riesgo global calculado.
  • Simulación de escenarios alternativos.
  • Planteamiento de concentraciones objetivo de referencia para el desarrollo de actuaciones de recuperación de la calidad del suelo.

El resultado del ACR, teniendo en cuenta factores que dependerán de cada caso particular como el tipo y grado de contaminación, las características hidrogeológicas, los receptores potenciales y las vías de exposición, será el siguiente:

  • Riesgo aceptable: el suelo tendrá la calificación de alterado, y en principio, ahí acabaría el estudio.
  • Riesgo inaceptable: el suelo tendrá la calificación de contaminado, y tendremos que emprender acciones correctoras encaminadas a devolver al suelo a un estado que no represente peligro para la salud ni los ecosistemas.

5. Proyecto de remediación

En caso de que exista este riesgo, se elaborará un proyecto de descontaminación o remediación específico para la instalación y los contaminantes encontrados en ella. La remediación es el conjunto de soluciones técnicas y de ingeniería integradas en un Proyecto de Remediación destinadas a reducir la carga contaminante en un emplazamiento declarado hasta alcanzar objetivos de calidad establecidos de forma específica y que permitan, en última instancia, alcanzar una situación de riesgo aceptable para la salud de las personas y/o del medio ambiente, integrando el escenario de usos del emplazamiento.

El objetivo es ajustar al máximo los costes de la descontaminación, definiendo con la mayor precisión los objetivos que se quieren alcanzar. Un mayor esfuerzo en la fase de investigación y definición del problema repercutirá en un menor coste en la remediación.

6. Ejecución, control y seguimiento

La ejecución comprende la instalación de los sistemas de extracción, bombeo, tratamiento o contención, así como la puesta en marcha de los equipos y el control de su funcionamiento. El seguimiento permite comprobar si las concentraciones disminuyen de acuerdo con los objetivos establecidos y si las aguas subterráneas, el suelo y los receptores potenciales permanecen protegidos.

El control del proceso se realiza de dos formas: por un lado, mediante visitas periódicas a las instalaciones para comprobar el perfecto funcionamiento de los equipos y realizar las tareas que contribuyan a conocer la evolución de los niveles de contaminación; por otra parte, mediante un control en remoto de las instalaciones de descontaminación que permite detectar desviaciones y posibles caídas del sistema y subsanarlos rápidamente.

Los programas de monitorización continua permiten garantizar que los suelos y aguas subterráneas contaminados no generen riesgos adicionales a la salud humana o los ecosistemas. La monitorización posterior puede incluir actualizaciones de datos ambientales y programas de muestreo para la comprobación final de la calidad del suelo y/o aguas subterráneas tras las actuaciones de recuperación.

Clasificación de las técnicas de descontaminación

Los métodos o tecnologías de saneamiento utilizan diferentes principios de acción para recuperar suelos contaminados, entre ellos el físico-químico, el biológico o el térmico. Además, dependiendo de la forma de implantación, estos métodos se pueden considerar in situ o ex situ.

Tratamientos in situ

Los tratamientos in situ se aplican sin excavar el suelo, como el lavado, la inyección de aire comprimido o la biorremediación. In situ significa que el suelo se trata en el propio terreno, sin excavación.

Las técnicas in situ son menos invasivas y generalmente más económicas, aunque su eficacia depende de la permeabilidad, la distribución de los contaminantes, la profundidad de la afectación y el control que pueda ejercerse sobre el subsuelo.

Tratamientos ex situ

Los tratamientos ex situ requieren excavación, como la biorremediación en pilas o el tratamiento térmico. Ex situ implica excavar el suelo y tratarlo en superficie, en el mismo emplazamiento o en una instalación externa.

Las técnicas ex situ ofrecen resultados más rápidos y controlables, pero requieren movimiento de tierras, medidas de seguridad, gestión de materiales y, en determinados casos, transporte y tratamiento en instalaciones autorizadas.

Técnicas fisicoquímicas

Las técnicas fisicoquímicas utilizan procesos de ingeniería para separar, destruir o inmovilizar los contaminantes. Son las más versátiles y se aplican tanto a contaminación orgánica como inorgánica.

Extracción de vapores del suelo

La extracción de vapores del suelo, o SVE, se aplica mediante vacío en pozos de extracción instalados en la zona no saturada para arrastrar los compuestos orgánicos volátiles y semivolátiles en fase vapor. Los vapores se capturan y tratan en superficie mediante carbón activo u oxidación térmica.

Esta técnica in situ es eficaz para tratar hidrocarburos ligeros, BTEX y disolventes en suelos permeables. Los vapores que se concentran en los poros del suelo por encima del nivel freático constituyen la fase vapor que debe extraerse y tratarse.

Extracción multifase y bioslurping

La extracción multifase consiste en la extracción simultánea de agua subterránea, producto libre en fase no acuosa y vapores mediante un solo sistema de pozos. Está especialmente indicada para emplazamientos con hidrocarburos sobre el nivel freático.

La fase libre es el líquido inmiscible en agua que, en procesos de contaminación de aguas subterráneas, constituye una capa diferenciada en el agua. Una variante, el bioslurping, combina la recuperación de producto con la estimulación de la biodegradación.

Oxidación química in situ

La oxidación química in situ, o ISCO, consiste en la inyección de agentes oxidantes como permanganato potásico, persulfato sódico, peróxido de hidrógeno, reactivo Fenton u ozono en el subsuelo para destruir los contaminantes orgánicos mediante la rotura de sus enlaces moleculares.

Es eficaz para disolventes clorados, hidrocarburos y HAP, aunque puede requerir varias campañas de inyección. La selección del oxidante y el diseño de las inyecciones dependen de la distribución del contaminante y de las características del terreno.

Lavado de suelos

El lavado de suelos es una técnica ex situ en la que el suelo excavado se mezcla con agua y, en ocasiones, agentes tensioactivos o quelantes para separar los contaminantes de las partículas de suelo.

Se aprovecha que la mayoría de contaminantes se concentran en la fracción fina, formada por arcillas y limos, permitiendo limpiar la fracción gruesa, formada por arenas y gravas, para su reutilización. La idoneidad de esta técnica depende de la granulometría del suelo, del contaminante y de la posibilidad de gestionar adecuadamente las fracciones y aguas generadas.

Estabilización y solidificación

En la estabilización y solidificación, los contaminantes se inmovilizan en una matriz sólida formada por cemento, cal o materiales puzolánicos que reduce su movilidad y lixiviabilidad.

Esta técnica no elimina los contaminantes, pero controla el riesgo al controlar su movilización y, por ende, su potencial contacto con receptores finales. Es aplicable a metales y contaminación mixta cuando la eliminación no es viable.

Técnicas biológicas

Las técnicas biológicas emplean organismos vivos, como bacterias, hongos y plantas, para degradar, transformar o extraer contaminantes. Son generalmente más económicas y de menor impacto ambiental que las fisicoquímicas, pero requieren plazos más largos y condiciones favorables del medio.

Bioventilación

La bioventilación consiste en la inyección de aire a bajo caudal en la zona no saturada para suministrar oxígeno a los microorganismos del suelo y estimular la biodegradación aerobia de hidrocarburos adsorbidos.

Es especialmente eficaz para diésel, queroseno y fracciones medias de petróleo. Su aplicación depende de que el aire pueda distribuirse adecuadamente por la zona afectada.

Biosparging

El biosparging consiste en la inyección de aire por debajo del nivel freático para aumentar la concentración de oxígeno disuelto y potenciar la actividad microbiana en la zona saturada.

Esta técnica puede utilizarse como parte de una estrategia de tratamiento de aguas subterráneas y suelos afectados por contaminantes biodegradables, siempre que las condiciones hidrogeológicas permitan controlar la circulación del aire y evitar una dispersión no deseada.

Biopilas

Las biopilas se forman disponiendo el suelo excavado en montones controlados con aireación, adición de nutrientes y control de humedad para optimizar la biodegradación.

Es una técnica ex situ eficaz para hidrocarburos de petróleo y ciertos pesticidas. La excavación permite controlar las condiciones del tratamiento, aunque requiere espacio, manejo del suelo y medidas para evitar emisiones o lixiviados.

Fitorremediación

La fitorremediación utiliza plantas y los microorganismos de su rizosfera para degradar, estabilizar, volatilizar o extraer contaminantes del suelo. Incluye mecanismos como la fitoextracción, que consiste en la acumulación de metales en la biomasa vegetal; la fitoestabilización, que inmoviliza contaminantes en la zona radicular; y la rizodegradación.

Es una solución de bajo coste y bajo impacto ambiental adecuada para grandes superficies con contaminación moderada, aunque los plazos de tratamiento se miden habitualmente en años.

Atenuación natural monitorizada

La atenuación natural monitorizada no implica intervención activa, sino la verificación de que los procesos naturales, como la biodegradación, la dispersión, la dilución y la adsorción, reducen progresivamente las concentraciones de contaminantes.

Requiere un programa de monitorización exhaustivo y se aplica generalmente como complemento a tratamientos activos previos. No es una ausencia de control, sino una estrategia basada en demostrar mediante datos que los procesos naturales reducen el riesgo de forma estable.

Técnicas térmicas

Las técnicas térmicas utilizan calor para volatilizar, destruir o vitrificar los contaminantes. Se encuentran entre las técnicas más eficaces para contaminaciones severas, pero tienen costes energéticos y operativos elevados.

Desorción térmica

En la desorción térmica, el suelo se calienta a temperaturas de 250 a 550 °C en unidades rotativas, provocando la desorción de los contaminantes orgánicos volátiles y semivolátiles. Los vapores se capturan y tratan.

Es una técnica ex situ eficaz para HAP, PCB, mercurio e hidrocarburos. El suelo tratado puede reutilizarse, aunque pierde su actividad biológica.

Tratamiento térmico in situ

El tratamiento térmico in situ aplica calor al subsuelo mediante resistencias eléctricas, inyección de vapor o conducción térmica para movilizar contaminantes recalcitrantes.

Está indicado para disolventes clorados, incluidos DNAPL, en suelos de baja permeabilidad donde otras técnicas in situ no son efectivas.

Extracción, contención y control de la contaminación

Cuando la eliminación de los contaminantes no es viable técnica o económicamente, puede valorarse la opción de confinar la contaminación para evitar su dispersión. La contención no destruye necesariamente los contaminantes, pero puede reducir la exposición de los receptores y controlar el transporte hacia las aguas subterráneas o la superficie.

Barreras reactivas permeables

Las barreras reactivas permeables son muros subterráneos de material reactivo, como hierro zerovalente o carbón activo, que interceptan el flujo de agua subterránea contaminada y degradan o retienen los contaminantes a su paso.

Sellado superficial y confinamiento

El sellado superficial y el confinamiento consisten en impermeabilizar la superficie del suelo para evitar la infiltración de agua de lluvia y la movilización de contaminantes. Se combina con sistemas de control de lixiviados.

Excavación selectiva y gestión autorizada

En aquellos casos en los que no sea técnica o económicamente viable la aplicación de otras técnicas, puede ser más ventajoso retirar el material contaminado y gestionarlo directamente en vertedero autorizado.

La excavación selectiva y la gestión directa en vertederos son especialmente adecuadas para contaminaciones localizadas, emergencias o materiales cuya composición y concentración impiden un tratamiento eficaz en el propio emplazamiento.

Tratamiento de las aguas subterráneas

El objetivo de la remediación es eliminar las sustancias contaminantes o reducir su presencia hasta concentraciones admisibles, tanto en el suelo como en las aguas subterráneas asociadas. Por este motivo, la recuperación de un emplazamiento suele requerir actuaciones coordinadas sobre la fuente de contaminación, el suelo, la fase libre, el contaminante disuelto y la fase vapor.

Los sistemas de bombeo y tratamiento permiten extraer aguas subterráneas contaminadas y conducirlas a módulos de tratamiento. También pueden utilizarse dispositivos de bombeo y tratamiento de plumas de hidrocarburo, técnicas de recuperación selectiva de producto libre mediante barreras de intercepción, dispositivos skimmer en pozos de extracción y métodos pasivos basados en materiales oleofílicos.

El tratamiento de agua por decantación y coalescencia se utiliza para hidrocarburos y otras sustancias. Para disolventes y compuestos orgánicos volátiles pueden emplearse torres de stripping. También se incluyen procesos de oxidación química y tratamientos secundarios con filtros de carbón activo.

Los sistemas de tratamiento de suelo y aguas subterráneas pueden eliminar la fase libre, tratar el contaminante disuelto en las aguas subterráneas y extraer la fase vapor. Las unidades de descontaminación pueden instalarse en módulos controlados en remoto mediante un Controlador Lógico Programable.

Selección de la técnica adecuada

Cada caso requiere su propia valoración. No sólo depende del tipo de contaminante a reducir o contener, sino del tipo de suelo, el contexto normativo, el entorno, el alcance y las urgencias en su recuperación.

No existe una técnica universalmente mejor: la selección depende de un análisis integrado de múltiples variables del emplazamiento. Los principales criterios son:

  • Tipo de contaminante: los hidrocarburos ligeros responden bien a SVE y bioventilación; los disolventes clorados requieren ISCO o tratamiento térmico in situ; los metales pesados exigen estabilización o fitoextracción.
  • Características del suelo: la permeabilidad condiciona la viabilidad de las técnicas in situ como SVE, ISCO y biosparging. Los suelos arcillosos limitan la circulación de fluidos y favorecen técnicas ex situ o térmicas.
  • Profundidad y extensión: las contaminaciones superficiales y localizadas permiten la excavación; las afectaciones profundas o extensas favorecen tratamientos in situ.
  • Presencia de aguas subterráneas: la profundidad del nivel freático, la dirección de flujo y la posible conexión con captaciones de abastecimiento condicionan tanto la selección técnica como los objetivos de descontaminación.
  • Plazos: si existe urgencia por operaciones inmobiliarias o requerimientos administrativos, se priorizan técnicas rápidas como la excavación o ISCO. Si hay margen temporal, las técnicas biológicas ofrecen ventajas de coste.
  • Uso futuro del suelo: un uso residencial exige objetivos de limpieza más estrictos que un uso industrial, lo que puede condicionar la elección de la técnica.
  • Sostenibilidad: la huella de carbono, el consumo energético y la generación de residuos de cada alternativa son factores cada vez más relevantes en la selección.

En la práctica, es habitual aplicar un tren de tratamiento que combina varias técnicas en secuencia, por ejemplo, extracción multifase para retirar el producto libre, seguida de bioventilación para tratar la contaminación residual, optimizando la eficacia global del proyecto.

Comparación de las principales técnicas

TécnicaTipoAplicaciónContaminantes objetivoPlazo típicoCoste relativo
SVE, extracción de vaporesFisicoquímica, in situZona no saturada permeableCOV, BTEX, disolventes6-24 mesesMedio
ISCO, oxidación químicaQuímica, in situZona saturada y no saturadaDisolventes clorados, HAP, hidrocarburos3-12 mesesMedio-alto
Lavado de suelosFisicoquímica, ex situSuelos arenosos y gravososMetales, hidrocarburos, contaminación mixtaSemanas-mesesAlto
BioventilaciónBiológica, in situZona no saturadaHidrocarburos medios, diésel1-3 añosBajo
BiopilasBiológica, ex situSuelos excavadosHidrocarburos, pesticidas6-18 mesesBajo-medio
FitorremediaciónBiológica, in situGrandes superficiesMetales, orgánicos moderados2-10 añosBajo
Desorción térmicaTérmica, ex situContaminación severaHAP, PCB, mercurio, hidrocarburosSemanas-mesesAlto
EstabilizaciónFisicoquímica, in situ o ex situMetales no eliminablesMetales, arsénicoSemanasMedio
Excavación y gestiónFísica, ex situContaminación localizadaCualquieraSemanasAlto, por transporte

Duración y costes de la descontaminación

La duración de un proceso de descontaminación de suelos industriales depende de varios factores: el tipo y concentración de los contaminantes y su difusión en los diferentes medios, el tipo de suelos o geología presente, la profundidad del nivel freático, la cercanía a captaciones de agua o masas de agua dulce y la técnica de remediación seleccionada, entre otros.

Los proyectos de emergencia pueden resolverse en semanas o meses. Las remediaciones avanzadas suelen requerir meses, e incluso años, cuando se trata de contaminaciones profundas y/o extensas, con un histórico dilatado en el tiempo, o incluso fuentes activas.

Los costes varían enormemente en función del tipo y extensión de la contaminación, la técnica seleccionada, la profundidad de la afectación y las condiciones logísticas del emplazamiento. Las técnicas biológicas in situ suelen ser las más económicas; las térmicas y las excavaciones extensas, las más costosas. Un estudio de viabilidad previo es imprescindible para obtener estimaciones fiables.

La investigación detallada permite definir con mayor precisión la distribución de la contaminación, los objetivos de recuperación y la técnica más adecuada. Un mayor esfuerzo en la fase de investigación y definición del problema repercutirá en un menor coste en la remediación.

Control de la eficacia y sostenibilidad

Con la aplicación de técnicas de descontaminación adecuadas y el diseño de sistemas eficaces, podemos reducir el riesgo derivado de la contaminación del suelo, prevenir daños irreversibles y diseñar acciones regenerativas del medio alterado, recuperando o modificando el uso futuro de los emplazamientos afectados.

De igual manera, podemos eliminar o reducir la contaminación remanente a niveles de riesgo aceptables que permitan al terreno obtener la resolución administrativa que lo declare suelo descontaminado.

La sostenibilidad se valora mediante la huella de carbono de las diferentes alternativas de remediación, desde su diseño hasta la propia operación y el desmantelamiento final. También se implementan avances en la medición de parámetros in situ mediante sensores remotos y aplicaciones que permiten el control y la monitorización de sistemas de tratamiento en tiempo real.

La prevención de la contaminación del suelo es fundamental para evitar futuros problemas y los costes asociados a la descontaminación. Evitar episodios de fugas y derrames accidentales es más ventajoso que afrontar un escenario de descontaminación de suelos.

Importancia de la prevención y la recuperación ambiental

La importancia de descontaminar un suelo es un aspecto relativamente moderno, ya que debido a su escasa percepción ha pasado inadvertido hasta que se han descubierto las graves consecuencias que produce.

La falta de legislación y de conciencia medioambiental conducía a las industrias a deshacerse de sus residuos, peligrosos o no, con el mínimo coste y sin precaución de ningún tipo. Por eso, en numerosas ocasiones, la gestión de residuos se limitaba a enterrar los desechos en algún lugar de la parcela y taparlos con tierra.

Esta situación ha cambiado drásticamente gracias al avance de la conciencia social por el respeto al medio ambiente. Actualmente, la sociedad y las empresas se han dado cuenta de los beneficios de la sostenibilidad y de la importancia de mantener unas buenas condiciones en el medio ambiente.

La protección del suelo como recurso, la preservación y recuperación de su funcionalidad y la contribución a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas han impulsado en los años recientes un desarrollo normativo específico y un avance en una metodología normalizada para la identificación, caracterización y recuperación de suelos contaminados.

La remediación de un suelo contaminado es la puesta en práctica de todo un conjunto de medidas correctoras cuyo fin es devolver los suelos a su estado inicial, o al menos a aquel que no suponga un riesgo potencial para la salud humana o de los ecosistemas.

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