Inconvenientes de las piscinas de agua salada: costes, mantenimiento y problemas técnicos

Las piscinas de agua salada no funcionan sin cloro: utilizan un clorador salino que convierte la sal disuelta en hipoclorito sódico mediante electrólisis. Por eso, sus principales inconvenientes no están relacionados con la ausencia de desinfectante, sino con la inversión inicial, el control constante del pH, la corrosión, el mantenimiento de la célula electrolítica y las limitaciones de funcionamiento.

Antes de elegir este sistema conviene valorar que una piscina salina no es simplemente una piscina llena de agua de mar ni un sistema completamente automático. La concentración de sal suele situarse alrededor de 4-6 g/l, mientras que el agua del mar contiene aproximadamente entre 34 y 38 g/l, y el clorador salino no sustituye al filtro, a la bomba ni a las tareas generales de limpieza y mantenimiento.

Cómo funciona realmente una piscina de agua salada

Las piscinas de agua salada utilizan un sistema de electrólisis salina para desinfectar el agua. En lugar de agregar cloro directamente, se disuelve sal común en el agua y, a través de un clorador salino, se convierte en cloro, que actúa como desinfectante.

La electrólisis ocurre enviando electricidad a través del agua salada (agua con cloruro de sodio o NaCl). La electricidad reacciona con el ion de cloruro en la sal. Esto crea cloro en el agua y un subproducto de pH muy alto conocido como hidróxido de sodio.

Las piscinas de agua salada no son simplemente grandes recipientes llenos de agua de mar, sino que utilizan un sistema especializado que convierte la sal en cloro. Este proceso garantiza una desinfección efectiva del agua, manteniéndola limpia y libre de microorganismos patógenos.

El generador de cloro salino es un componente esencial de este sistema. Este dispositivo se conecta al circuito de filtración de la piscina y, mediante la aplicación de corriente eléctrica, separa las moléculas de sal en sodio y cloro.

Como resultado, la sal disuelta se disocia obteniéndose sodio [Na] y cloro [Cl2] en forma de gas. Este cloro gaseoso desinfectará el agua, y volverá a combinarse con el sodio, repitiéndose el ciclo.

El agua ahora clorada fluye hacia la piscina, ¡y listo! Se tiene una piscina de cloro que sabe a agua salada.

La reacción química se expresa de la siguiente manera:

2NaCl + 2H2O → Cl2 (gas) + H2 (gas) + 2NaOH

El proceso debe realizarse con un valor de pH en el agua de 7,0 - 7,4 pues es el de mayor eficacia para que este cloro en forma de gas se combine con el agua para formar ácido hipocloroso [HClO]. Es justo el mismo principio activo que se consigue si se añade cloro líquido para desinfectar del agua de la piscina.

1. No son piscinas sin cloro

El primer gran mito a derribar es que estas piscinas «no tienen cloro». Sí lo tienen. Un clorador salino es, en esencia, una pequeña fábrica de cloro instalada en su propia casa.

Los sistemas de sal son en realidad generadores de cloro, que utilizan un proceso llamado electrólisis. Esta "piscina de sal no tiene cloro" es más un mito que el público cree por alguna razón.

Quizás se piensa que las piscinas de sal no usan cloro debido a que no se tiene que agregar este químico manualmente, pero la verdad es que, las piscinas de sal TAMBIÉN son piscinas de cloro.

La gran ventaja es que este cloro es puro, no contiene los estabilizantes (ácido isocianúrico) que saturan el agua en las pastillas tradicionales, y vuelve a convertirse en sal tras desinfectar, cerrando un ciclo infinito. Pero químicamente, usted sigue bañándose en una piscina desinfectada por cloro.

2. El pH tiende a subir constantemente

El control del pH es uno de los inconvenientes más importantes de la cloración salina. El proceso de electrólisis genera hidróxido de sodio, una sustancia con un pH muy alto, por lo que el agua tiende a volverse progresivamente más alcalina.

El Problema: En una piscina de sal, el pH siempre tenderá a subir. Si supera el 7.6, el cloro pierde eficacia y el agua se enturbia.

Hansen continúa explicando que el proceso de electrólisis crea cloro a partir de cloruro de sodio, pero también libera hidróxido de sodio (NaOH). El hidróxido de sodio aumenta su nivel de pH.

En una piscina salina el pH tiende a subir y será necesario añadir reductores del pH para mantener su valor entre 7,2 y 7,6. Esto es imprescindible para asegurar la eficacia desinfectante del cloro generado por el equipo y evitar que se produzcan incrustaciones calcáreas en los electrodos de la célula.

Problemas provocados por un pH elevado

  • Turbidez en el agua.
  • Formación de incrustaciones en la instalación.
  • Disminución de la eficacia del desinfectante.
  • Irritación en los ojos.

Si supera el 7,6, el cloro pierde eficacia y pueden aparecer algas. Mantenerlo dentro del intervalo adecuado exige medirlo con frecuencia y corregirlo con un reductor de pH.

No puede instalar un clorador salino sin instalar también una bomba dosificadora automática de pH (minorador). Si intenta controlarlo manualmente, vivirá esclavo de las tiras reactivas y el salfumán.

Los equipos de electrólisis salina deben complementarse, como se ha dicho, con un sistema de control del pH del agua, por lo que encareceremos el presupuesto.

No compres un sistema de cloración sin regulación automática de pH, ya que te obligará a medir el agua frecuentemente para corregir las variaciones de pH y agregar productos correctores a mano.

Lo anterior conlleva adquirir y disponer permanentemente de ácido (reductor de pH) por lo que se desvanece nuestro sueño de no manipular productos químicos.

Además, en caso del mal funcionamiento del controlador podemos encontrarnos con pH muy bajos y muy altos si no comprobamos manualmente este parámetro ni el funcionamiento óptimo de los reguladores.

3. Mayor riesgo de incrustaciones y sarro

Los depósitos de sarro son frecuentes en el agua salada, aunque es fácil confundir la sal seca con sarro. El efecto húmedo/seco de la sal puede verse muy similar al sarro.

El sarro de los minerales en el agua salada ocurre más comúnmente dentro del generador de cloro, principalmente en los ánodos metálicos. A partir de ahí, solo se extiende.

El sistema de electrólisis favorece la formación de depósitos porque dentro de la célula se combinan pH elevado, temperatura y concentración de minerales. Además, el proceso genera más calor, lo que provoca altas temperaturas, facilitando la creación de este fastidioso sarro.

Para ser justos, el sarro también ocurre en piscinas cloradas regularmente, pero los sistemas de sal aumentan el pH (lo que requiere más ácido para compensar), lo que permite una mayor formación de sarro (específicamente de carbonato de calcio).

Con la acumulación de sarro, se incrementa la presión en las tuberías y por ende la necesidad de mantenimiento para mantener el sistema limpio y eficiente.

Cómo reducir las incrustaciones

Más allá de solo controlar el pH, lo que realmente importa es la saturación de calcio en el agua, lo cual medimos con el índice de saturación de langelier.

Para minimizar el riesgo de la formación de sarro puede dejar la circulación encendida durante 20-30 minutos después de apagar su celda de sal (y calentador). Esto permitirá que la celda se enfríe y se elimine el hidróxido de sodio.

Enjuague regularmente con agua fresca. De manera inevitable, por alguna razón u otra, el agua salada se va a salpicar o salir de la piscina a lugares donde no debería.

La sal deja un residuo blanco que se endurecerá en las superficies alrededor de su piscina. Enjuague bien estas superficies con la manguera (no con cubetas de agua de la piscina por razones obvias).

4. La célula electrolítica tiene una vida útil limitada

El clorador no es una compra única, es una suscripción. El corazón del sistema es la célula electrolítica (los electrodos de titanio).

El Problema: Estas células tienen una vida útil limitada, generalmente entre 5.000 y 10.000 horas de uso. Cuando se agotan, dejan de producir cloro.

Según especialistas, la célula suele durar de 2 a 5 años, dependiendo de la calidad y las horas de funcionamiento, y su reemplazo supone el 40%-60% del valor del equipo completo.

La duración real depende de la calidad del equipo, las horas de funcionamiento, la temperatura del agua, la limpieza de los electrodos y la estabilidad química del agua.

Una célula de repuesto original puede costar entre 300€ y 800€, dependiendo del modelo. También hay referencias de recambios que suelen rondar las 200-250€.

Debe amortizar este coste en su presupuesto a 5-7 años vista.

Limpieza y sustitución de la célula

Las células electrolíticas de los equipos de electrólisis salina requieren de una limpieza y mantenimiento periódico de depósitos calcáreos y de suciedad en general.

Si no se realiza correctamente, su rendimiento disminuye, se deterioran muy rápidamente y hay que cambiarlas.

Por ello, debemos limpiar los electrodos de restos de cal y óxido, para asegurar así el correcto funcionamiento. Utilizaremos productos desincrustantes fabricados expresamente para este cometido.

La célula de un clorador salino tiende a acumular depósitos de cal (sarro) y otros minerales, especialmente en aguas duras. Es necesario limpiarla periódicamente para eliminar incrustaciones calcáreas y asegurar su eficacia.

Si no se realiza esta limpieza, la producción de cloro disminuye y la vida útil de la célula se acorta dramáticamente.

En sistemas sin función autolimpiante implica desmontar la célula y sumergirla en una solución ácida o usar limpiadores específicos, un procedimiento que conlleva cierto trabajo y cuidado (¡el ácido muriático mal manejado también es corrosivo!).

Revisa las placas cada 3 meses. Limpia la cal sumergiendo en vinagre o limpiador específico.

PROHIBIDO RASPAR: Nunca uses objetos metálicos. Si rayas el recubrimiento de rutenio, la célula dejará de funcionar irreversiblemente.

5. La inversión inicial es elevada

La instalación del sistema de cloración salina, es la principal desventaja de las piscinas saladas, pues su inversión es elevada.

Mientras que un dosificador de pastillas cuesta 50€, un sistema de cloración salina de calidad con control de pH automático parte de los 1.200€ - 1.500€.

Un clorador salino básico, para una piscina de unos 45.000 L, suele costar (dependiendo de la calidad) entre 400 y 500 €. Sin embargo, si nos vamos a un sistema de última generación con control remoto por aplicación y gestión automática de desinfección, el precio supera los 2.000 €.

Para implementar la cloración salina se debe adquirir un clorador salino (que genera de cloro activo a partir de sal) e instalarlo en el circuito de la piscina.

Este equipo no es barato: un buen clorador salino puede costar entre 2000 y 16000 euros, según marca y capacidad.

Además, deben instalarse equipos adicionales como controladores automáticos de pH y bombas dosificadoras, lo cual incrementa el presupuesto inicial.

El precio de la instalación de este sistema también hay que sumarlo: aproximadamente sube a 300 euros. Además, hay que calcular el precio de la sal necesaria, que para empezar serán unos 80-90 euros.

Aunque se ahorra en compra de cloro químico mensual, el retorno de la inversión (ROI) tarda varios años en materializarse.

6. El ahorro a largo plazo no elimina todos los gastos

Aunque la sal es muy barata y el gasto en productos químicos disminuye, la cloración salina conlleva otros gastos: la célula electrolítica (electrodos) tiene una vida útil limitada y deberá reemplazarse cada cierto tiempo.

Igualmente, componentes como sondas de pH/ORP tienen que sustituirse cada 1-2 años en los sistemas automatizados.

Otro aspecto económico a considerar es el consumo eléctrico. El clorador salino necesita electricidad para generar cloro y normalmente debe funcionar en conjunto con la bomba de filtración varias horas al día.

En comparación, las piscinas de cloro tradicional también necesitan filtración diaria, pero el sistema salino requiere tiempos de funcionamiento más prolongados para mantener el nivel de desinfectante, especialmente en verano.

De hecho, el cloro generado in situ tiende a degradarse más rápido con el sol (al no llevar estabilizante), lo que obliga a incrementar las horas de filtración y generación de cloro, aumentando el gasto de electricidad y el desgaste de la célula.

La factura de la luz puede aumentar en las piscinas salinas.

En resumen, el ahorro en hipoclorito comercial puede verse parcialmente compensado por costos de electricidad ligeramente mayores en un sistema salino.

ConceptoPiscina de agua salada
Inversión inicialElevada
Clorador salino básico para unos 45.000 LEntre 400 y 500 €
Sistema con control de pH automáticoParte de los 1.200€ - 1.500€
Instalación aproximada300 euros
Sal inicial80-90 euros
Recambio de células200-250€ o entre 300€ y 800€
Vida útil habitual de la célulaEntre 5.000 y 10.000 horas de uso

7. El cloro generado se degrada rápidamente con el sol

El cloro generado a partir de un clorador salino se degrada rápidamente por efecto de los rayos ultravioleta del sol, sin llegar a ser útil.

Las tabletas de cloro habituales, por el contrario, contienen estabilizantes que hacen que esté disponible en el agua progresiva y lentamente.

Por ello, con un clorador salino puede que tengamos que incrementar las horas de funcionamiento del equipo (y de la depuradora).

Si su piscina está abierta y expuesta al sol y la suciedad, el sol destruye el cloro generado en minutos (UV) y la suciedad consume el cloro restante.

Resultado: Su clorador debe trabajar al 100% de potencia durante 8-10 horas al día. La célula de titanio se agotará en 3-4 años y el pH se disparará constantemente.

La demanda de cloro también puede aumentar después de lluvias, periodos de calor, un uso intenso de la piscina o acumulación de materia orgánica.

8. El clorador no siempre puede responder a una demanda elevada

Un clorador salino produce cloro de forma constante hasta cierta capacidad máxima (dependiente de su tamaño y amperaje).

Si la piscina experimenta un uso muy intenso (muchos bañistas en poco tiempo) o si sufre un evento que dispare la necesidad de desinfección (por ejemplo, lluvias fuertes que introduzcan materia orgánica, brote de algas incipiente, etc.), el sistema puede quedarse corto para aportar cloro suficiente rápidamente.

Dado que el generador de sal produce cloro a una velocidad fija, puede ser difícil superar la demanda de cloro causada por una gran cantidad de contaminantes.

Dependiendo de la magnitud de la demanda, pueden ser necesarios múltiples choques de cloro añadidos manualmente para resolver el problema.

En tales casos, el propietario debe estar preparado para complementar con cloro adicional de forma manual (añadir cloro líquido o granulado como shock puntual) para evitar que el agua se vuelva verde.

Esto supone un contratiempo, ya que se confía en la automatización pero ante circunstancias extremas hay que intervenir de forma similar a una piscina tradicional.

Tratamientos antialgas: los usaremos al acabar de llenar la piscina, y hasta que el equipo de electrólisis comience a funcionar. También deberemos usarlos si observamos color verdoso en el agua o en las paredes de la piscina.

Floculantes: sirven para mantener el agua cristalina, por ello si observamos que el agua está turbia, deberemos contar con ellos.

9. La corrosión afecta a metales y componentes

El agua salada es un conductor eléctrico excelente (mucho mejor que el agua dulce). Esto acelera un proceso llamado corrosión galvánica.

La corrosión en realidad es peor en las piscinas de sal por al menos dos razones. En primer lugar, la sal en sí misma es corrosiva. En segundo lugar, el agua salada conduce electricidad, por lo que la corrosión puede ocurrir incluso más rápido.

Un problema técnico importante de las piscinas salinas es la potencial corrosión que la sal puede causar en ciertos materiales. Aunque la concentración de sal en el agua es relativamente baja (alrededor de 4-6 g/L, aproximadamente una décima parte de la salinidad del mar), con el tiempo el agua salinizada puede afectar a elementos metálicos o porosos que estén en contacto frecuente con ella.

En realidad, la sal en sí no es el problema. el problema es realmente eléctrico.

La conexión incorrecta (a tierra) permite que la corriente eléctrica viaje a través del agua hasta llegar al metal. Este proceso corroe el metal mucho más rápido de lo normal.

Elementos que pueden deteriorarse

  • Escaleras.
  • Barandillas.
  • Pasamanos.
  • Tornillería.
  • Focos subacuáticos.
  • Bombas.
  • Filtros.
  • Intercambiadores de calor.
  • Tuberías de metal.
  • Luces y componentes electrónicos.
  • Equipos de climatización y ventilación en piscinas interiores.

El Problema: Si tiene escaleras, intercambiadores de calor o bombas con componentes de acero inoxidable de baja calidad (AISI 304), se oxidarán rápidamente.

Partes de la piscina como escaleras de acero inoxidable, barandillas, tornillería, focos subacuáticos, e incluso elementos del sistema de filtración (bombas, intercambiadores de calor, resortes, etc.) pueden sufrir corrosión acelerada debido a la presencia constante de sal.

Los componentes metálicos de la piscina, como escaleras, barandillas y otros accesorios, pueden verse afectados por la corrosión, requiriendo sustitución o mantenimiento frecuente.

Materiales porosos y superficies exteriores

No solo los metales sufren. Ciertas piedras naturales y baldosas porosas usadas en coronamientos o playas alrededor de la piscina pueden ser vulnerables.

Las salpicaduras de agua salada que se evaporan dejan depósitos de sal que con el sol pueden cristalizar y deteriorar piedras calcáreas o baldosas blandas, provocando manchas o desconchones.

La sal deja un residuo blanco que se endurecerá en las superficies alrededor de su piscina.

Si se vacía o purga agua salina al jardín con regularidad, la sal puede acumularse en el suelo y afectar al césped o plantas sensibles.

El agua que procede de piscinas modernas que tienen instalados sistemas de cloración salina no se debería verter directamente al desagüe, porque el agua salada es muy dañina para la vegetación.

Cómo limitar la corrosión

La Solución Técnica: Debe asegurarse de que todos los metales sumergidos sean de Acero Inoxidable AISI 316 (calidad marina) y utilizar ánodos de sacrificio de zinc para proteger el equipo.

Para mitigar estos efectos corrosivos se suelen tomar precauciones especiales en piscinas salinas. Por ejemplo, instalar ánodos de sacrificio de zinc en el agua, lo cual ayuda a desviar la corrosión (el zinc se corroe en lugar de otros metales más valiosos).

El agua salada acelera la corrosión galvánica. Instala un Pool Earth (ánodo de sacrificio) para que el óxido ataque al zinc de 10€ y no a tu escalera de inox o al motor de la bomba.

También se recomienda que todas las piezas metálicas estén correctamente puestas a tierra y unidas equipotencialmente.

Primero, si está construyendo una nueva piscina y planea usar sal, asegúrese de que su arquitecto, ingenieros (específicamente ingeniero eléctrico), contratista general y electricista sepan unir todo a un terreno común o tierra.

Es aconsejable en estos casos elegir materiales resistentes a la sal o aplicar selladores, así como enjuagar con agua dulce las superficies expuestas de vez en cuando.

Enjuague bien estas superficies con la manguera (no con cubetas de agua de la piscina por razones obvias).

10. El mantenimiento no desaparece: cambia de naturaleza

Existe la idea de que una piscina salina es prácticamente automática y libre de mantenimiento, pero esto no es cierto.

Si bien reduce ciertas tareas (como añadir cloro manualmente cada semana), el sistema de electrólisis salina requiere un mantenimiento específico y supervisión regular.

Un clorador salino “no implica menos trabajo de mantenimiento”, sino que se intercambian unas tareas por otras.

Es cierto que no tendremos que manipular ni almacenar grandes cantidades de productos clorados, lo cual mejora la comodidad y seguridad, pero a cambio debemos atender el equipo de sal (limpiarlo, comprobar que esté produciendo cloro correctamente, etc.).

Controles químicos

Debe monitorearse periódicamente el nivel de cloro residual en el agua (sí, la piscina salina también contiene cloro, solo que generado a partir de la sal) y especialmente el pH.

Es imprescindible vigilar el pH al menos cada día, porque estos sistemas suelen provocar una subida gradual del pH del agua.

También es fundamental seguir realizando los controles de concentración de sal periódicamente (mínimo uno a la semana) para verificar que los valores de sal que tenemos son los adecuados.

Los niveles de sal fluctúan y pueden disminuir por causas tan sencillas como la lluvia o el movimiento del agua de los chapuzones.

Por ello, hay que medir la salinidad del agua y reponer sal si es necesario.

Limpieza general de la piscina

No hay que olvidar que una piscina salina sigue siendo una piscina convencional en cuanto a limpieza física.

Se deben continuar las rutinas de aspirar el fondo, cepillar paredes, limpiar skimmers y mantener el filtro en buen estado.

El clorador salino no evita tener que eliminar hojas, suciedad o controlar la filtración.

Control de la salinidad

Aunque la sal en la piscina no se consume (solo se recicla en el ciclo de generación de cloro), con el tiempo puede diluirse por lluvias o perderse por lavados de filtro y salpicaduras.

Luego, durante la temporada, también habrá que añadir cantidades más pequeñas para compensar el agua perdida por el lavado del filtro (en las depuradoras por arena o vidrio con válvula selectora).

Asimismo, si por error se echa demasiada sal y la concentración supera lo recomendado, será necesario diluir el agua (añadir agua nueva o vaciar parte de la piscina) hasta volver a los valores adecuados.

Deberemos ajustar y controlar la concentración de sal en el agua de la piscina al llenarla y al instalar por primera vez el equipo.

Para saber cuánta sal necesita una piscina primero calculamos su volumen. Añadiremos entre 4 y 6 kg de sal por cada m3 de agua.

Volumen de la piscinaSal necesaria
10,00 m por 5,00 m y 1 m de profundidadEntre 200 y 300 kg de sal
10,00 m por 5,00 m y 2 m de profundidadEntre 400 y 600 kg de sal

Antes de añadir la sal, el agua de la piscina debe estar limpia, sin algas y con un pH adecuado. Debe tener un nivel de cloro libre de 1,5 ppm (partes por millón).

La temperatura del agua no debería ser inferior a 15ºC para garantizar una buena y rápida solubilidad.

Con la depuradora en marcha vierte el contenido de sal necesario repartido por la superficie de la piscina.

11. El funcionamiento está limitado por la temperatura

La mayoría de cloradores salinos estándar dejan de funcionar correctamente cuando el agua baja de 15ºC.

La conductividad del agua fría disminuye, y forzar el equipo puede dañar la célula.

En invierno, deberá apagarlo y usar pastillas o invernador líquido.

También hay que invernar la piscina si el clima lo requiere, lo cual en piscinas salinas implica apagar y desconectar el clorador en épocas frías (incluso guardar la célula en lugar seco) ya que por debajo de 15 °C estos equipos dejan de funcionar correctamente.

pH máximo en el agua: 7,6.

Desconectar el clorador si la temperatura del agua baja de 15ºC. Es decir, no lo dejes funcionando todo el invierno para que el agua no se estropee. Te puede salir caro.

12. La elección del equipo influye en el coste y la duración

Es importante elegir el modelo adecuado. Si colocamos un modelo de menos capacidad de la necesaria buscando un ahorro, nos saldrá caro, ya que consumiremos mucha más electricidad y acortaremos la vida útil de las células electrolíticas del equipo.

También debemos pensar que si producimos menos cloro del aconsejado deberemos añadir productos químicos manualmente.

Los equipos de electrólisis salina deben complementarse, como se ha dicho, con un sistema de control del pH del agua, por lo que encareceremos el presupuesto.

Los sistemas con automatismos (sondas de pH, ORP, temporizadores, etc.) añaden conveniencia pero también pueden requerir calibración y eventual sustitución.

Por ejemplo, las sondas pH/redox suelen durar 1 a 2 años antes de desgastarse.

Además, el propio clorador tiene una fuente de alimentación y placas electrónicas que con el tiempo podrían fallar y necesitar reparaciones.

13. Las sondas y la electrónica pueden averiarse

Otra avería muy común es el desajuste de la sonda que mide el pH del agua, que requiere de calibraciones periódicas.

Hay que procurar que la sonda de pH esté siempre sumergida en agua, aunque la depuradora esté parada.

Y otra de las averías en equipos salinos se produce por las variaciones en la tensión de la red eléctrica, tormentas con aparato eléctrico, etc. que producen frecuentes daños en su electrónica.

Todo esto hace que el sistema sea más complejo técnicamente que una simple dosificación manual de cloro.

14. Puede ser necesario añadir otros productos

Las piscinas salinas reducen el uso de productos químicos, pero no eliminan por completo la necesidad de utilizarlos.

Tratamientos antialgas: los usaremos al acabar de llenar la piscina, y hasta que el equipo de electrólisis comience a funcionar.

También deberemos usarlos si observamos color verdoso en el agua o en las paredes de la piscina.

Floculantes: sirven para mantener el agua cristalina, por ello si observamos que el agua está turbia, deberemos contar con ellos.

En situaciones de alta demanda de desinfección, pueden ser necesarios tratamientos de choque con cloro añadido manualmente.

15. El agua salada puede resultar desagradable para algunas personas

La sensación de salinidad del agua puede ser un elemento que algunos bañistas no disfruten.

Aunque el nivel de sal en una piscina de agua salada es mucho menor que en el mar, puede ser perceptible para algunas personas.

La presencia de salinidad puede alterar la experiencia de baño de ciertos usuarios, especialmente aquellos que prefieren el agua dulce.

Aunque la salinidad no es en sí misma perjudicial, puede afectar la percepción del agua durante el nado, lo que resulta en una experiencia menos agradable para algunos bañistas.

La salinidad adecuada de una piscina para que el equipo salino funcione bien es muy inferior a la del agua del mar. Concretamente, de 6 a 8 veces inferior.

El agua de una piscina con cloración salina tiene una concentración de sal de 4 a 6 g/l. No es como llenar la piscina con agua de mar con una concentración de sal que oscila entre 34 y 38 g/l.

Por tanto, concluimos diciendo que no es lo mismo.

16. La sal por sí sola no desinfecta el agua

La sal marina, por sí sola, no desinfecta el agua de una piscina.

Es decir, una piscina con sal sin clorador no se mantendrá en condiciones higiénicas para el baño, y acabará poniéndose turbia y verdosa, por muchas horas que funcione la depuradora.

Es imprescindible que un clorador salino produzca la electrólisis en su célula.

El equipo de electrólisis salina no sustituye a ningún elemento del sistema de depuración (como el filtro o la bomba), sino que es un dispositivo añadido al circuito hidráulico de la piscina, en el mismo cuarto técnico principal.

Antes de plantearnos instalar este sistema de desinfección hay que ser consciente de que no es “echar sal a la piscina y te olvidas”. Así no es como funciona una piscina salina.

17. La cloración salina no elimina las cloraminas

Gracias a que hay cloro presente, se producirán cloraminas en algún momento.

Al igual que en las piscinas de cloro regular, las cloraminas pueden ser muy agresivas y brutales, particularmente con la calidad del aire y la corrosión.

La idea de que las piscinas de agua salada tienen menos problemas con las cloraminas es falsa.

El fuerte olor de una piscina no depende únicamente de que el agua haya sido tratada con cloro tradicional o con sal, sino de la presencia de subproductos derivados de la desinfección y de un equilibrio inadecuado del agua.

18. El vaciado y la gestión del agua requieren precaución

El agua que procede de piscinas modernas que tienen instalados sistemas de cloración salina no se debería verter directamente al desagüe, porque el agua salada es muy dañina para la vegetación.

Si se vacía o purga agua salina al jardín con regularidad, la sal puede acumularse en el suelo y afectar al césped o plantas sensibles.

Lo más recomendable es evitar descargar grandes volúmenes de agua salada directamente sobre áreas ajardinadas; en su lugar, diluirla o dirigirla al alcantarillado si es posible.

Es un tema que debería estar regulado por las administraciones competentes.

19. La cubierta puede reducir algunos inconvenientes

La vida de su clorador depende de cuántas horas tiene que trabajar.

Al instalar una cubierta para piscina, usted elimina la evaporación y bloquea la suciedad y los rayos UV.

Su clorador solo necesitará trabajar al 20-30% de su capacidad.

La célula de titanio durará el doble (hasta 8-10 años), el consumo de minorador de pH bajará drásticamente y la corrosión se frenará al tener un agua más estable.

Cubrir la piscina no solo calienta el agua; es una forma de proteger la inversión en cloración salina.

20. Recomendaciones para reducir los problemas

  1. Instalar un sistema automático de control y dosificación del pH.
  2. Comprobar manualmente el pH aunque exista un regulador automático.
  3. Mantener el pH dentro del intervalo recomendado para preservar la eficacia del cloro.
  4. Controlar la concentración de sal periódicamente, como mínimo una vez a la semana.
  5. Limpiar la célula electrolítica de forma regular.
  6. No raspar las placas con objetos metálicos.
  7. Utilizar materiales resistentes a la sal, especialmente acero inoxidable AISI 316 en elementos sumergidos.
  8. Instalar ánodos de sacrificio de zinc.
  9. Garantizar una correcta puesta a tierra y unión equipotencial de los componentes metálicos.
  10. Enjuagar con agua dulce las superficies afectadas por salpicaduras.
  11. Desconectar el clorador cuando el agua baje de 15ºC.
  12. Elegir un equipo con capacidad suficiente para el volumen y el uso de la piscina.
  13. Complementar el tratamiento con productos específicos cuando haya algas, turbidez o una demanda excepcional de desinfección.

21. Comparación con una piscina de cloro tradicional

La piscina tratada con cloro tiene como ventaja un coste inicial mucho más bajo, ya que no requiere equipamiento especial más allá de dosificadores flotantes o sencillos cloradores de pastillas.

Las piscinas con cloro convencional utilizan productos químicos como tabletas de cloro o multiacción para mantener el agua desinfectada.

Las piscinas de cloro requieren dosis manuales frecuentes de desinfectante y otros químicos, lo cual es una carga de mantenimiento distinta (más frecuente, pero más sencilla en términos de tecnología).

En una piscina tradicional cada semana hay que medir y ajustar cloro y pH, añadir pastillas o líquido, y eventualmente efectuar tratamientos de choque.

La piscina salina automatiza la generación de cloro y mantiene niveles más estables, reduciendo la frecuencia de adiciones manuales de desinfectante.

No obstante, el sistema salino introduce tareas propias (limpieza de la célula, control de sal, mantenimiento del equipo) que la piscina de cloro no tiene.

FactorPiscina de cloroPiscina de sal
Inversión inicialBajaMedia/alta
MantenimientoManualAutomático
ComodidadMediaAlta
IrritaciónMayorMenor
OlorSíNo
Coste a largo plazoMedioBajo

A corto plazo, la piscina de cloro es más barata, ya que no requiere equipos adicionales y la inversión inicial es mínima.

En cambio, la piscina de sal necesita un clorador salino, lo que eleva el coste de instalación.

Sin embargo, a largo plazo la situación se invierte: el mantenimiento de una piscina de cloro implica un gasto continuo en productos químicos, mientras que la de sal reduce estos costes al generar el cloro automáticamente.

La decisión dependerá de factores como el mantenimiento, la comodidad y el presupuesto.

La piscina de cloro puede resultar adecuada si buscas la opción más económica en la instalación, vas a usar la piscina de forma ocasional o estacional, no te importa dedicar tiempo al mantenimiento manual y prefieres un sistema simple y sin tecnología adicional.

La piscina de sal puede resultar adecuada si quieres máxima comodidad y menos mantenimiento diario, usas la piscina con frecuencia o durante muchos meses al año, hay niños o personas con piel sensible en casa, buscas una experiencia de baño más agradable y natural y prefieres ahorrar tiempo y esfuerzo a largo plazo.

Esquema de electrólisis salina piscina

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