La calidad del aire en las grandes ciudades sigue siendo un problema de salud pública, aunque algunos indicadores hayan mejorado. El último informe estatal de calidad del aire 2024, elaborado por Ecologistas en Acción, ha puesto de manifiesto una realidad preocupante: dos tercios de la población española respiraron durante 2024 un aire contaminado por encima de los nuevos límites legales que deberán cumplirse antes de 2030, según la nueva Directiva de calidad del aire de la Unión Europea.
En total, cerca de 31 millones de personas se han visto afectadas, lo que subraya la magnitud del problema y la necesidad de actuar con rapidez para garantizar un entorno urbano más saludable. Aunque el informe constata una ligera mejora respecto a los niveles de años anteriores, gracias en parte al aumento de las energías renovables y la reducción del uso de combustibles fósiles en la generación eléctrica, la calidad del aire sigue sin alcanzar los estándares necesarios para proteger la salud de la población.
Qué revela el informe sobre la calidad del aire urbano
El estudio analiza datos procedentes de 790 estaciones oficiales de medición repartidas por todo el Estado y refleja un diagnóstico exhaustivo de la calidad del aire en España. Entre los principales contaminantes analizados destacan las partículas en suspensión (PM10 y PM2,5), el dióxido de nitrógeno (NO2) y el ozono troposférico (O3).
El NO2, muy vinculado al tráfico motorizado, sigue siendo el contaminante que más afecta a las grandes áreas urbanas. De hecho, la mayoría de las ciudades españolas incumplieron ya en 2024 el nuevo límite legal de este contaminante, fijado para 2030. El ozono, por su parte, se mantiene como el contaminante más extendido en el territorio, muy relacionado con las olas de calor y el cambio climático.
En el aire que respiramos día tras día, reside una crisis invisible pero palpable; ninguna de las grandes ciudades de España cumple con los límites europeos de contaminación del aire, una realidad que nos obliga a confrontar el impacto de nuestras acciones y la urgencia de adoptar medidas sustentables.
Esta situación no solamente refleja el reto inmediato de adaptar nuestras políticas y prácticas a los estándares medioambientales necesarios para proteger la salud pública y el planeta; también subraya la importancia de reevaluar nuestra relación con el medio ambiente y la manera en que concebimos el desarrollo y el progreso.
De dónde procede la contaminación del aire
La contaminación del aire es uno de los problemas más graves para la salud humana. Aunque afecta a todo tipo de territorios, es en los entornos urbanos donde se producen más episodios de este tipo de contaminación asociados en su mayoría a la quema de combustibles fósiles.
La principal causa es el uso de combustibles fósiles. Aunque algunos procesos industriales emiten sustancias contaminantes, es el transporte terrestre el responsable de cerca del 80% de la contaminación del aire. Por eso, es un problema que se concentra mayoritariamente en zonas urbanas y periurbanas.
Otra fuente principal es el sector residencial por el uso de combustibles para calentar los hogares. Los principales agentes contaminadores de las ciudades son los medios de trasporte, el uso de energía y combustible a nivel doméstico, la actividad industrial o la quema de residuos.
Si nos fijamos en las fuentes de esta contaminación vemos que están directamente relacionadas con nuestras formas de movernos, habitar en el hogar, consumir o producir bienes y servicios. La contaminación del aire está estrechamente ligada a los modelos de vida y consumo que predominan en las ciudades.
Contaminación atmosférica y gases de efecto invernadero
Pese a que generan impactos muy relacionados, los gases de efecto invernadero (provocan el efecto de calentamiento global) son un tipo de contaminante diferente a los que producen lo que entendemos por contaminación del aire.
Entre los primeros destacan el dióxido de carbono (CO2) y el óxido nitroso (N2O), mientras que en los segundos los más habituales son óxidos de nitrógeno (NOX), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2), partículas en suspensión (PM2,5 y PM10), compuestos volátiles y ozono troposférico, entre otros.
Aunque coinciden en otro aspecto: somos nosotros, los seres humanos, los responsables de su propagación debido a nuestros modelos de vida y consumo. Si a ello le añadimos que es un problema al que durante muchos años no se le puso límite, quizás porque al igual que el cambio climático no se percibía como un riesgo de manera generalizada, nos encontramos ahora con territorios, especialmente urbanos, con altos índices de contaminación en el aire.
Principales contaminantes del aire urbano
La calidad del aire que respiramos depende sobre todo de cuatro contaminantes. Conocerlos ayuda a interpretar el ranking y los patrones de estacionalidad de cada ciudad española.
| Contaminante | Características principales | Fuentes o comportamiento habitual |
|---|---|---|
| PM2.5 | Partículas en suspensión de menos de 2,5 micras. Por su tamaño penetran hasta los alvéolos pulmonares y el torrente sanguíneo. | Combustión, tráfico, climatización, industria, construcción y otras actividades. |
| PM10 | Partículas de menos de 10 micras, como polvo, polen, aerosoles e intrusiones de polvo sahariano. | Afectan sobre todo a las vías respiratorias altas. |
| NO₂ | Dióxido de nitrógeno asociado principalmente al tráfico y la combustión. | Es un buen indicador de la contaminación urbana y suele marcar picos en hora punta. |
| O₃ | Ozono troposférico, contaminante secundario que se forma con la radiación solar. | Alcanza su máximo en las horas centrales del día y en verano. |
Partículas PM2.5 y PM10
El principal indicador de la contaminación del aire es la materia particulada. Con este nombre se conoce a pequeñas partículas sólidas y líquidas de sustancias orgánicas e inorgánicas suspendidas en el aire, con un diámetro de 2,5 micrones o menos (materia particulada fina o ≤ PM 2.5) o de 10 micrones o menos (materia particulada gruesa o ≤ PM10).
Estas partículas (conocidas también como partículas totales en suspensión o PST), se componen de sulfatos, nitratos, amoníaco, cloruro de sodio, hollín o polvos minerales mezclados con agua. Las partículas finas son el contaminante del aire con mayor impacto en la salud.
Tienen muchos tamaños y formas, y pueden estar compuestas por cientos de sustancias químicas diferentes. Pero tienen algo en común: son muy pequeñas, por lo que pueden pasar al torrente sanguíneo a través de la respiración.
Muchas de estas partículas se forman en la atmósfera, como resultado de reacciones de sustancias químicas como el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno, por ejemplo. Otras se emiten directamente desde diferentes fuentes, como obras de construcción o chimeneas.
Los principales emisores de estos contaminantes son sectores que utilizan combustibles fósiles, como por ejemplo el transporte o la climatización. Los vehículos emiten partículas finas debido a la combustión incompleta de sus combustibles, y a otros factores como el desgaste de los frenos y de los neumáticos.
La industria, la manufactura, la construcción y la agricultura también están detrás de la contaminación por partículas. Por ello, las principales medidas que toman las ciudades para reducir su contaminación por partículas buscan establecer prácticas para reducir el tráfico y aumentar la sostenibilidad en estos sectores.
Dióxido de nitrógeno
El NO2, muy vinculado al tráfico motorizado, sigue siendo el contaminante que más afecta a las grandes áreas urbanas. El dióxido de nitrógeno está asociado principalmente al tráfico y los procesos de combustión.
Es un buen indicador de la contaminación urbana y suele marcar picos en hora punta. Sus concentraciones suelen aumentar cuando se intensifica la circulación de vehículos y cuando las condiciones atmosféricas dificultan la dispersión de los contaminantes.
Ozono troposférico
El ozono troposférico es un contaminante secundario que se forma con la radiación solar. A diferencia del resto, alcanza su máximo en las horas centrales del día y en verano.
El ozono, por su parte, se mantiene como el contaminante más extendido en el territorio, muy relacionado con las olas de calor y el cambio climático. En 2024, el tercer año más cálido desde que existen registros, se registraron numerosos episodios de mala calidad del aire vinculados a olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos.
Cómo se mide la calidad del aire
Cada vez son más las ciudades que incluyen sistemas de monitoreo para controlar su contaminación atmosférica. Para analizar la calidad del aire, se miden las concentraciones medias, diarias o anuales, de partículas PM2.5 y PM10 por metro cúbico (m3) de aire.
La cifra obtenida se expresa en concentraciones de materia particulada en microgramos (μ)/m3. La concentración máxima que debe alcanzar el aire es 5 μg/m3 de media anual/ 15 μg/ m3 de media diaria (materia particulada fina) o 15 μg/ m3 de media anual / 45 μg/m3 24 de media diaria (materia particulada gruesa).
Otros valores que el Sistema Mundial de Vigilancia del Medio Ambiente (GEMS) establece para controlar la calidad del aire de las ciudades son:
- Cantidad de monóxido de azufre (SO) en el aire.
- Cantidad de dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire.
- Cantidad de dióxido de carbono (CO₂) en el aire.
- Cantidad de ozono (O3) en el aire.
Además, la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) y la Comisión Europea también tienen su propio Índice europeo de Calidad del Aire (ICA) para comprobar este valor en las ciudades de Europa.
Índice de calidad del aire
El sitio web es presentado por el proyecto World Air Quality Index. El mapa de arriba muestra la calidad del aire en tiempo real para más de 10,000 estaciones en el mundo.
La escala AQI utilizada para indexar la contaminación en tiempo real en el mapa anterior se basa en la última norma de la EPA de EE. UU. , usando la fórmula de informe Instant Cast .
| IQA | Situación | Implicaciones para la salud |
|---|---|---|
| 0 - 50 | Bueno | La calidad del aire se considera satisfactoria y la contaminación del aire representa poco o ningún riesgo. |
| 50 - 100 | Moderado | La calidad del aire es aceptable; sin embargo, para algunos contaminantes puede haber un problema de salud moderado para un número muy pequeño de personas que son inusualmente sensibles a la contaminación del aire. |
| 100 - 150 | No es saludable para grupos que son sensibles. | Los miembros de grupos sensibles pueden experimentar efectos en la salud. El público en general no es probable que se vea afectado. |
| 150 - 200 | Insalubre | Todos pueden comenzar a experimentar efectos en la salud; los miembros de grupos sensibles pueden experimentar efectos de salud más graves. |
| 200 - 300 | Muy poco saludable | Advertencias sanitarias de condiciones de emergencia. Existe la posibilidad que la población entera se vea afectada. |
| 300 - 500 | Peligroso | Alerta de salud: todos pueden experimentar efectos de salud más graves. |
Los niños y adultos activos y las personas con enfermedades respiratorias, como el asma, deben limitar la exposicion prolongada al aire libre cuando la calidad del aire es moderada.
Los niños y adultos activos, y las personas con enfermedades respiratorias, como el asma, deben evitar el esfuerzo prolongado al aire libre; todos los demás, especialmente los niños, deben limitar el esfuerzo prolongado al aire libre cuando el aire es insalubre.
Los niños y adultos activos, y las personas con enfermedades respiratorias, como el asma, deben evitar todo esfuerzo al aire libre; todos los demás, especialmente los niños, deben limitar el esfuerzo al aire libre cuando el aire es muy poco saludable.
Todos deberian evitar todo esfuerzo al aire libre cuando la calidad del aire alcanza niveles peligrosos.
Índices urbanos comparables
El ICA de esta página es un índice propio de 0 a 100 que combina PM2.5 (50%), PM10 (30%) y NO₂ (20%), normalizados sobre las guías OMS 2021.
Cuanto mayor es el valor, peor es la calidad del aire: 0-25 excelente, 26-50 buena, 51-75 regular y 76-100 mala. Permite comparar ciudades con una sola cifra y seguir su evolución a lo largo del día, la semana y el año.
Los datos del modelo europeo Copernicus CAMS cubren 53 ciudades en España. Los datos públicos se actualizan dos veces al día y las variables son PM2.5 y PM10 (partículas), NO₂ (dióxido de nitrógeno) y O₃ (ozono).
Se toma la medición más reciente disponible de cada estación. La sección de estacionalidad muestra el patrón medio por hora, día de la semana y mes para cada ciudad.
Cómo afecta la contaminación a la salud
La calidad del aire no es solo una cuestión ambiental: se trata de un problema de salud pública de primer orden. La contaminación del aire supone un importante riesgo medioambiental y para la salud de las personas.
Según la OMS, la contaminación atmosférica en ciudades y zonas rurales provoca cada año 4,2 millones de defunciones prematuras en el mundo, y la entidad internacional afirma que una mala calidad del aire “repercute directamente en la carga de morbilidad derivada de accidentes cerebrovasculares, cánceres de pulmón y neumopatías crónicas y agudas, entre ellas el asma”.
Unos niveles de contaminación del aire más bajos también mejoran la salud cardiovascular y respiratoria de la población. Respirar aire contaminado altera la salud y puede acarrear serias consecuencias físicas.
Los casos más habituales son las enfermedades respiratorias, cáncer, accidentes cardiovasculares, deterioro cognitivo o dificultades en el desarrollo infantil, entre otras afecciones. Tampoco es menor el impacto psicológico que puede derivar en depresión, o ansiedad.
Según datos recogidos en el informe, hasta 30.000 muertes prematuras al año en España están vinculadas a enfermedades agravadas por la contaminación atmosférica, incluyendo 10.000 fallecimientos durante episodios de alta contaminación.
Estas cifras, proporcionadas por la Agencia Europea de Medio Ambiente y el Instituto de Salud Carlos III, reflejan el coste humano de no actuar frente a la contaminación. Establecer límites a la contaminación del aire es una cuestión de salud a todos los niveles.
El coste económico de un aire contaminado
El impacto económico también es considerable. El Banco Mundial estima que la mala calidad del aire supone un coste equivalente al 3,5 % del PIB español, debido a gastos sanitarios y pérdidas laborales.
Esto pone de manifiesto que mejorar la calidad del aire no solo salvará vidas, sino que además contribuirá al bienestar económico del país. La reducción de la contaminación disminuye la presión sobre los sistemas sanitarios y limita las pérdidas relacionadas con enfermedades y ausencias laborales.
Contaminación atmosférica y cambio climático
El informe destaca el papel del cambio climático como factor que agrava los episodios de contaminación. En 2024, el tercer año más cálido desde que existen registros, se registraron numerosos episodios de mala calidad del aire vinculados a olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos.
El ozono troposférico muestra especialmente la relación entre temperatura, radiación solar y contaminación. Este contexto hace aún más urgente abordar de forma conjunta las políticas de calidad del aire y las de mitigación y adaptación al cambio climático.
A medida que avanzamos hacia la tercera década clave de 2030, la necesidad de un cambio significativo y sostenible nunca ha sido más apremiante.
Los límites legales y las recomendaciones sanitarias
La mínima expresión de contaminación ya es negativa de por sí. Respirar aire limpio es un derecho, pero a la hora de legislar e implantar medidas de reducción hay que tener referentes de medición.
Hay dos grandes esquemas para medir la calidad del aire que definen unos límites a cumplir: las directrices de la Organización Mundial de la Salud, OMS (actualizadas en 2021) y, en nuestro entorno cercano, los límites establecidos por la Unión Europea.
Los primeros son mucho más estrictos que los segundos, y por ello el Pacto Verde Europeo aprobado en 2020 abrió el camino para que la UE asuma los límites de la OMS (o al menos se acerque a ellos).
| Contaminante | Límite de la Unión Europea | Recomendación de la OMS |
|---|---|---|
| PM10 | 40 microgramos por metro cúbico | 15 |
| PM2,25 | 25 microgramos por metro cúbico | 5 |
La UE lanzó en 2021 su Plan de Acción “Hacia una contaminación cero del aire, el agua y el suelo” como primer paso para acercarse más a las recomendaciones de la OMS.
La nueva Directiva europea de calidad del aire, aprobada en 2024, es una gran oportunidad para obligar a gobiernos y comunidades autónomas a implementar medidas ambiciosas sin más demoras. Los nuevos límites permisibles de contaminación del aire para 2030 son más duros que los actuales y se acercan bastante a las recomendaciones de la OMS, aunque no llegan a ellas.
El nuevo reto para las ciudades europeas
Esto supone un nuevo (y necesario) reto para las ciudades europeas, pues tienen seis años para seguir imponiendo límites a la contaminación del aire y mejorar la calidad de su aire.
Algunas, las que llevan trabajando en esto desde hace años, lo tendrán más fácil porque sus índices ya son bajos, pero otras se verán en problemas para cumplir. De las 375 urbes medidas, las ciudades de Faro (Portugal) y Umea (Suecia) son las que cuentan con la mejor calidad del aire.
En España, por ejemplo, Madrid aparece en el puesto 131 y Barcelona en el 247. Precisamente, estas dos ciudades españolas han tenido (y siguen teniendo) problemas con la calidad de su aire.
De hecho, el Tribunal de Justicia de la UE multó a España a finales de 2022 por no cumplir con los límites de calidad del aire en Madrid y en el Área Metropolitana de Barcelona.
Ciudades europeas con mayor calidad del aire
A unos 78 kilómetros al noreste de Estocolmo se encuentra Uppsala. Esta ciudad es famosa por albergar la universidad más antigua de Escandinavia y por su animada vida estudiantil.
Desde hace unos meses, esta localidad sueca destaca también por liderar la lista de las ciudades europeas con mayor calidad del aire. Le siguen muy de cerca Umeå, también en Suecia, y Faro, en Portugal.
La primera ciudad española en aparecer en el ‘ranking’ elaborado por la Agencia Europea del Medioambiente (EEA), es Santiago de Compostela, que ocupa el puesto 27. Pocas ciudades pueden presumir de disfrutar de un aire limpio.
De acuerdo con la EEA, sólo 13 de las 375 ciudades europeas analizadas respiran aire de buena calidad. El motivo es que el análisis de la agencia europea tiene en cuenta las últimas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación con la contaminación por partículas finas.
De acuerdo con la OMS, no debería haber una concentración mayor de cinco miligramos de estas partículas por cada metro cúbico de aire (5mg/m3). La mayoría de las políticas establecidas por la Unión Europea para mejorar la calidad del aire se fijaron en 2008.
Entonces, las recomendaciones establecían un límite de 25mg/m3. Sin embargo, algunas ciudades -como Uppsala, Umeå y Faro o Reikiavik y Tallin- se han adelantado a las políticas europeas y han dado pasos en firme para mejorar su calidad del aire.
Todas ellas presentan una concentración de partículas finas inferior a 5mg/m3.
Uppsala y Umeå
Hace ya varios años, el Ayuntamiento de Uppsala puso en marcha un plan para mejorar la calidad del aire que ha demostrado ser eficiente. El primer paso fue identificar las principales fuentes de contaminación en la zona, que resultaron ser el tráfico rodado, la actividad de las industrias y la calefacción de viviendas y locales, y establecer medidas para reducir sus emisiones.
Una de las claves de la estrategia de Uppsala fue favorecer el transporte sostenible. En esta y otras ciudades suecas se ha promovido el uso del transporte público y se ha aumentado la flota de vehículos eléctricos.
También se ha mejorado el sistema de carriles-bici y se ha incentivado a la población a disfrutar de la ciudad caminando. Otras de las medidas más relevantes han sido establecer zonas de bajas emisiones y restricciones horarias a los vehículos más contaminantes, como los camiones.
El plan de Uppsala pasa también por favorecer el uso de energías renovables, adoptar medidas de eficiencia energética en los edificios y aumentar la limpieza de carreteras (para evitar el polvo en suspensión).
La acción se completa con un monitoreo constante de la calidad del aire y el énfasis puesto en la concienciación de la ciudadanía.
Faro
La buena calidad del aire de Faro está determinada por factores naturales, la propia forma de la ciudad y las medidas establecidas por el Gobierno portugués.
Esta localidad está rodeada de vegetación y áreas rurales, y ubicada muy cerca del océano, lo que facilita la dispersión de las partículas. Además, cuenta con poca densidad de tráfico y una reducida actividad industrial, lo que los niveles de contaminación no son elevados.
A esto se suma que, en los últimos años, el gobierno del país ha establecido diferentes medidas enfocadas sobre todo a reducir las emisiones.
Reikiavik
Reikiavik, en Islandia, ocupa el cuarto puesto del ranking de la EEA. Esta ciudad lleva monitorizando la calidad de su aire desde 1990 y tiene un sistema de alerta para actuar cuando se superan los niveles de contaminantes que pueden afectar a la salud.
Se rige también por lo estipulado en el plan ‘Aire limpio para el futuro’, con el que Islandia establece medidas para tener en cuenta durante esta década.
El plan contempla objetivos como reducir las muertes prematuras causadas por la contaminación del aire en Islandia a menos de cinco antes de 2029; o limitar el número actual de días en los que las partículas exceden los límites sanitarios definidos.
Para alcanzarlos, se proponen medidas como limitar el uso de vehículos con motores diésel, aumentar la limpieza de carreteras y calles (para evitar que se acumulen partículas) y mejorar los sistemas de concienciación e información de la ciudadanía.
Otras ciudades con buenos resultados
El resto de ciudades del listado cuenta con características que favorecen la escasa contaminación o con medidas que la reducen (y que son similares a las de Uppsala y Reikiavik).
Algunas urbes han optado también por iniciativas diferentes y aparentemente sencillas que están dando buenos resultados: es el caso de Helsinki, que con su Urban Woodshed Project favorece que los ciudadanos almacenen la leña de forma más eficiente.
De este modo, se seca mejor y se reducen las emisiones de partículas finas que se liberan cuando se quema.
Ciudades con aire limpio en otros rankings
Según la empresa suiza IQAir, el ránking de las ciudades con un aire más limpio estaría encabezado por Vancouver (Canadá), seguido de Bruselas (Bélgica), Kaohsiung (Taiwán), Praga (República Checa) y Oslo (Noruega).
Por su parte, un estudio de Mercer Global Financial establece que las ciudades con aire más limpio del mundo son:
- Calgary (Canadá)
- Adelaide (Australia)
- Honolulu (Hawái)
- Singapur
- Kobe (Japón)
Respecto al TOP 5 de ciudades con el aire más limpio del mundo según la ONG Ecologistas en Acción, basándose en datos de la OMS, sería:
- Estocolmo (Suecia)
- Auckland (Nueva Zelanda)
- Brisbane (Australia)
- Wellington (Nueva Zelanda)
- Boston (Estados Unidos)
Estocolmo fue la primera ciudad en Europa en recibir el reconocimiento de Capital Verde en 2010 gracias a sus esfuerzos por reducir la contaminación. Estos esfuerzos estaban centrados en la mejora de los sistemas de climatización domésticos y en el servicio de transporte urbano.
Además, las autoridades locales pretenden que la ciudad esté libre de combustibles fósiles a partir del año 2050. Auckland, a pesar de ser la ciudad más grande y poblada de Nueva Zelanda, con aproximadamente 1,5 millones de habitantes, mantiene una concentración de partículas relativamente baja.
La concentración de partículas de Auckland es de 5,7 microgramos de partículas PM2,5 por metro cúbico de aire (ug/m3) gracias a su baja densidad de población, la proximidad al mar y la lejanía con otros continentes o ciudades.
En el año 2016, Brisbane fue nombrada ciudad más sostenible de Australia gracias a una serie de políticas puestas en marcha desde su ayuntamiento y centradas en tres áreas: promocionar el transporte verde, eliminar la basura e implementar medidas de innovación energética.
La capital de Nueva Zelanda es conocida por su estilo de vida al aire libre y por su aire fresco. En los últimos años, la ciudad ha apostado por la implementación de programas de eficiencia energética y por el desarrollo de proyectos de gestión de residuos para reducir al máximo sus emisiones de CO₂.
Actualmente, tiene 6,2 (ug/m3) PM2,5. En el año 2015, Boston recibió el premio de la Conferencia del Cambio Climático de la ONU por iniciativa Greenovate Boston, cuyo objetivo era la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta 25% en 2020 y hasta el 80% en 2050.
Según la OMS, Boston tiene 6,6 microgramos de partículas (ug/m3) PM2,5 en su aire, cerrando este TOP 5 de ciudades con el aire más limpio.
Medidas para mejorar la calidad del aire en las grandes ciudades
La única forma de mejorar de manera sostenida la calidad del aire es reducir el tráfico motorizado, promover la movilidad activa (como el caminar y la bicicleta) y reforzar el transporte público eléctrico.
Poner límites a la contaminación del aire pasa por transformar la movilidad y el sistema energético, nada menos. Las principales medidas que toman las ciudades para reducir su contaminación por partículas buscan establecer prácticas para reducir el tráfico y aumentar la sostenibilidad en estos sectores.
Transporte urbano
Usar el transporte público para desplazamientos medios y largos, o compartir vehículo con otras personas o conducir de manera moderada.
También se aconseja promover medios de transporte como la bicicleta, gracias a la implementación de carriles bici y sendas peatonales en los trazados urbanos e interurbanos.
La implantación de zonas de bajas emisiones eficaces en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes es una de las medidas necesarias para reducir las emisiones contaminantes.
El impulso de un urbanismo que recupere el espacio público para las personas y no para los vehículos contaminantes permite modificar la relación entre movilidad, espacio urbano y salud.
Industria y gestión de residuos
La utilización de energías y tecnologías limpias, gestión optimizada de los desechos urbanos y desarrollo de alternativas a la incineración forman parte de las estrategias para mejorar la calidad del aire.
La industria, la manufactura, la construcción y la agricultura también están detrás de la contaminación por partículas. Por ello, la reducción de emisiones debe abarcar todos los sectores que utilizan combustibles fósiles o generan polvo y sustancias contaminantes.
Energía doméstica y edificios
Entre las medidas necesarias se encuentran un mayor acceso a energías renovables, la mejora del aislamiento de las viviendas y la instalación de electrodomésticos y sistemas de climatización eficientes.
El sector residencial por el uso de combustibles para calentar los hogares es una fuente principal de contaminación. Favorecer el uso de energías renovables y adoptar medidas de eficiencia energética en los edificios reduce las emisiones relacionadas con la calefacción.
Si tienes una estufa o una caldera de leña, quema menos y considera otras opciones de calefacción.
Planificación y respuesta ante episodios contaminantes
Otras medidas necesarias incluyen:
- La implantación de zonas de bajas emisiones eficaces en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes.
- El desarrollo de planes de calidad del aire y protocolos de actuación frente a episodios de contaminación.
- La mejora de la información a la ciudadanía, garantizando su derecho a conocer el estado de la calidad del aire que respira.
- El impulso de un urbanismo que recupere el espacio público para las personas y no para los vehículos contaminantes.
También hay que tener en cuenta la obligación de las administraciones públicas para gestionar adecuadamente los niveles extremos de sustancias nocivas en el aire.
La Agencia Europea del Medio Ambiente indica que el número de personas que mueren por contaminación atmosférica es menor cada año, pero también apunta que es imprescindible aumentar los controles y las estrategias para su reducción dada la dimensión del problema.
El papel de la ciudadanía
La ciudadanía desempeña un papel clave en la mejora de la calidad del aire. A través de sus decisiones de movilidad, su participación en procesos de planificación urbana y su apoyo a políticas públicas valientes, todas las personas pueden contribuir a construir ciudades más saludables y sostenibles.
Como residente de Uppsala, puedes contribuir reduciendo el número de viajes en coche y eligiendo caminar, la bicicleta o el transporte público. Si necesitas llevar el coche, recuerda utilizar un calentador de motor y neumáticos sin clavos durante el invierno.
De este modo, contribuyes a reducir las emisiones de partículas. Reducir el tráfico de vehículos en el centro de la ciudad puede parecer difícil, pero da resultados.
Aquellos de nosotros que podemos renunciar a un poco de nuestra comodidad, ayudamos a obtener un aire más limpio y a mejorar la salud de los vecinos de Uppsala. Es un esfuerzo que realmente vale la pena.
La mejora de la calidad del aire requiere también información accesible y participación pública. La mejora de la información a la ciudadanía garantiza su derecho a conocer el estado de la calidad del aire que respira.
Por qué las ciudades necesitan actuar antes de 2030
La nueva Directiva europea de calidad del aire, aprobada en 2024, es una gran oportunidad para obligar a gobiernos y comunidades autónomas a implementar medidas ambiciosas sin más demoras.
En este contexto, las administraciones deben actuar de inmediato para cumplir los nuevos límites legales y garantizar un aire limpio para todas las personas. Las ciudades europeas tienen seis años para seguir imponiendo límites a la contaminación del aire y mejorar la calidad de su aire.
El cambio climático, el crecimiento urbano, el tráfico motorizado y la exposición cotidiana a partículas y gases contaminantes hacen necesario aplicar políticas coordinadas de movilidad, energía, urbanismo, salud pública y adaptación climática.

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