Mascarillas con filtro de cafeteras: eficacia, riesgos y alternativas seguras

Los filtros de cafeteras no están diseñados, ensayados ni certificados como equipos de protección respiratoria, por lo que no pueden considerarse una alternativa segura a una mascarilla autofiltrante, quirúrgica o higiénica que cumpla los requisitos correspondientes. Una mascarilla solo ofrece el nivel de protección para el que ha sido diseñada cuando cubre correctamente la nariz, la boca y la barbilla, y cuando el aire pasa por un material filtrante adecuado sin entrar por los huecos laterales.

La eficacia alcanzada por las mascarillas autofiltrantes depende principalmente de un sellado adecuado (ajuste) entre el EPR y la cara del usuario. Por lo tanto, adquiere un papel decisivo la correcta selección y colocación del equipo ya que solo así ofrecerán el nivel de protección para el que han sido diseñados y ensayados. Un filtro de cafetera colocado sobre la cara, dentro de una mascarilla casera o sujeto con gomas no proporciona por sí mismo una protección equivalente a la de un EPI certificado.

Por qué un filtro de cafetera no equivale a una mascarilla de protección

Los filtros respiratorios son dispositivos diseñados para purificar el aire que respiramos, eliminando partículas, gases o vapores nocivos antes de que ingresen a nuestros pulmones. Estos filtros, integrados en equipos de protección respiratoria como mascarillas o respiradores, actúan como una barrera frente a contaminantes que pueden dañar la salud. Su importancia radica en la protección que brindan contra riesgos asociados a la exposición prolongada o puntual a sustancias peligrosas.

Las mascarillas autofiltrantes (FFP1, FFP2 y FFP3) que se comercializan en Europa se someten a una serie de controles normativos y ensayos técnicos que son los que determinan su factor de protección. Estas pruebas se realizan en condiciones controladas de laboratorio y en ellas participan individuos afeitados, formados y familiarizados con el uso de estos equipos, por lo que parece razonable plantear que, durante su uso en ambientes y atmósferas de trabajo reales, en las que intervienen muchos más factores, no se lleguen a obtener unos resultados tan óptimos como los alcanzados en el laboratorio.

Un filtro de cafetera puede estar fabricado con fibras capaces de retener parte de las partículas, pero esa posible capacidad de filtración no basta para convertirlo en un equipo de protección respiratoria. No existe una garantía general de que el material mantenga una eficacia determinada frente a partículas de distintos tamaños, aerosoles líquidos, microorganismos, humos o contaminantes químicos.

Tampoco existe necesariamente compatibilidad entre el filtro de cafetera y el diseño de la mascarilla. El material puede desplazarse, arrugarse, humedecerse, romperse o crear una resistencia excesiva a la respiración. Además, el aire puede entrar por los bordes sin atravesar el filtro, de modo que una hipotética eficiencia del material no representa la protección real del conjunto.

La diferencia entre filtrar partículas y proteger al usuario

La protección respiratoria es un elemento clave dentro de la prevención de riesgos laborales, especialmente en aquellos entornos donde los trabajadores pueden estar expuestos a contaminantes como polvo, gases, vapores o partículas en suspensión. Una elección inadecuada del equipo o un uso incorrecto puede reducir su eficacia y poner en riego la salud de la plantilla.

La inhalación de agentes nocivos puede provocar desde irritaciones leves en las vías respiratorias hasta enfermedades profesionales graves, como neumoconiosis, asma ocupacional o daños pulmonares crónicos. Por ello, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece la obligación de las empresas de evaluar los riesgos y proporcionar a los trabajadores equipos de protección individual (EPI) adecuados.

La filtración de un material y la protección respiratoria del usuario son conceptos relacionados, pero no idénticos. Para que un equipo proteja frente a un contaminante deben conocerse, como mínimo, el tipo de contaminante, su concentración, la duración de la exposición, la capacidad del filtro, la resistencia a la respiración, la estanqueidad del conjunto y las limitaciones de uso.

Un filtro de cafetera no ofrece información normalizada sobre estos aspectos. Por ello, no es posible asignarle de forma fiable una categoría FFP, una clase P, una capacidad de absorción frente a gases o una duración de uso segura.

Qué riesgos presenta utilizar filtros de cafeteras

Falsa sensación de protección

Las mascarillas artesanas no están recomendadas Asepal desaconseja el uso de mascarillas de fabricación artesanal, ya que en muchas ocasiones “no hay garantías” de que ofrezcan una protección eficaz frente al COVID-19. “En muchos casos, las mascarillas producidas de manera artesanal utilizan materiales que no han pasado los correspondientes procedimientos de aseguramiento de la conformidad. Por tanto, pueden crear una falsa sensación de protección”, explica el director general de ASEPAL, Luis Gil Palacios.

El problema de un sellado inadecuado radica en que a medida que la protección disminuye, el riesgo aumenta y, además, de tal manera que puede pasar desapercibido con el peligro que ello conlleva. En ocasiones resulta complicado percatarse de la importancia del ajuste del EPR, ya que no ocurre lo mismo con la efectividad de otros EPI (casco, guantes…), o al menos no de una manera tan decisiva como en el caso de los equipos de protección respiratoria filtrantes.

Entrada de aire por los laterales

Las mascarillas con filtros son una herramienta indispensable en la protección de las vías respiratorias tanto en entornos industriales como en ambientes sanitarios. La correcta elección del tipo de filtro para mascarillas suele depender del tipo de contaminante al que los trabajadores están expuestos, lo cual permite brindar una protección adecuada.

Las mascarillas autofiltrantes (FFP2 y FFP3) disminuyen “sensiblemente” su función si no se encuentran perfectamente ajustadas a la cara, de tal modo que forme un espacio hermético que permita que todo el aire que expira una persona sea filtrado. “La barba o una mascarilla con holguras en la nariz o en la cara hacen que sean menos seguras, ya que por estos huecos se pueden colar los patógenos que están flotando en el aire en aerosoles sin pasar por el sistema de seguridad de la mascarilla”, relata Gil Palacios.

Un filtro de cafetera no resuelve el problema del sellado facial. Aunque se introduzca dentro de una mascarilla, el conjunto puede dejar espacios entre el rostro y el borde de la mascarilla, y esos huecos pueden convertirse en la vía principal de entrada y salida del aire.

Resistencia excesiva a la respiración

Los filtros de cafeteras no se han diseñado para utilizarse como filtros respiratorios durante una jornada o una exposición prolongada. Si se añaden varias capas o se combinan con tejidos densos, puede aumentar la resistencia al paso del aire y dificultar la respiración.

Si un material dificulta demasiado la inspiración, el usuario puede aflojar la mascarilla, retirarla parcialmente, modificarla o respirar por los laterales. El resultado puede ser una reducción adicional de la protección y un mayor riesgo de uso incorrecto.

Humedad, deterioro y desplazamiento

Las mascarillas deben usarse de manera adecuada y consistente, teniendo en cuenta el tipo de mascarilla, su debida colocación y renovación en caso de ya estar caducada. Cámbiate de mascarilla cuando esté húmeda y no reutilices las mascarillas ni filtros que son de un solo uso.

La humedad procedente de la respiración puede alterar la estructura de un filtro de papel. El material puede perder rigidez, deformarse o romperse, y su comportamiento puede variar durante el uso. Un filtro desplazado deja zonas sin cubrir y puede obstruir parcialmente la respiración.

Ausencia de protección frente a gases y vapores

Los filtros para gases y vapores han sido diseñados para proteger contra gases peligrosos, que contienen carbón activo tratado de distintas maneras para filtrar los distintos contaminantes que pueden existir en diferentes entornos. Un filtro de cafetera no sustituye a un filtro de carbón activo ni ofrece protección acreditada frente a disolventes, cloro, amoníaco, dióxido de azufre, monóxido de carbono u otros gases.

En ambientes donde el oxígeno está desplazado por gases peligrosos (como en espacios confinados), los filtros convencionales no son suficientes. En estos casos, se utilizan sistemas de respiración asistida con suministro de oxígeno o aire comprimido (no filtros pasivos). Es importante destacar que los filtros estándar no generan oxígeno y no deben usarse en estas condiciones.

Qué mascarillas sí están diseñadas para filtrar partículas

En el ámbito laboral, las mascarillas se dividen principalmente en dos grandes grupos:

  • Mascarillas filtrantes de partículas: son aquellas que protegen frente a polvos, humos y aerosoles.
  • Mascarillas con filtros específicos: se utilizan para proteger frente a gases y vapores, y requieren el uso de filtros intercambiables.

Las mascarillas autofiltrantes (FFP1, FFP2 y FFP3) que se comercializan en Europa se someten a controles normativos y ensayos técnicos. En el caso de las mascarillas FFP2, la referencia específica es la norma EN 149:2001+A1:2009.

ClaseEficacia indicada en el materialProtección descrita
FFP1Filtran al menos el 80% de las partículas.Protegen de los polvos no tóxicos y suelen usarse en trabajos de la construcción o incluso el bricolaje.
FFP2Filtran al menos el 94% de las partículas.El filtro protege de partículas finas y tóxicas, como los virus u hongos.
FFP3Filtran al menos el 99% de las partículas.Protegen frente a partículas con mayor eficiencia de filtración.

Una mascarilla sólo será FFP2 si, en su marcado sobre la mascarilla se especifica la referencia de la norma EN 149 y la clasificación FFP2. Otras mascarillas, como las evaluadas según la PPE-R/02.075 versión 2, no se consideran FFP2, ya que no han sido evaluadas según la EN 149:2001+A1:2009.

El filtro de estas mascarillas en concreto, deben ser capaz de filtrar, al menos, el 94% las partículas sólidas presentes en el medio, y como máximo, deberá permitir una penetración de l a atmósfera exterior hacia el interior de la mascarilla del 11%.

Al ser un EPI de categoría III, las mascarillas FFP2 y FFP3 deben llevar marcado CE con el símbolo de cuatro dígitos del organismo notificado que realiza la evaluación de la conformidad. El marcado CE debe representarse sobre el propio equipo o, si resulta imposible, en su embalaje.

Asimismo, los EPI deben incluir tanto los marcados, como los pictogramas y avisos obligatorios. Estos elementos informan del tipo y nivel de protección que brinda el EPI. Además, los EPI deben ir acompañados de un folleto informativo que, en España, debe comercializarse al menos en castellano.

Mascarillas FFP2 FFP3 capas filtrantes

Mascarillas quirúrgicas e higiénicas: para qué sirven

Las mascarillas higiénicas y las quirúrgicas están destinadas a evitar la dispersión de las gotas respiratorias en las que se transportan patógenos como el SARS-CoV-2 mientras que las mascarillas autofiltrantes (FFP2 y FFP3) evitan la respiración de aerosoles que pueden contener los patógenos.

Las mascarillas quirúrgicas son un medio eficaz para reducir la emisión de agentes infecciosos a través de la nariz o de la boca, y lleva usándose con éxito durante décadas en quirófanos y otros entornos médicos. Están previstas para reducir el riesgo de propagación de infecciones en situaciones epidémicas o pandémicas.

En el caso de las mascarillas quirúrgicas, el ajuste hermético no resulta un factor crítico para su eficacia aunque es importante que su colocación permita la cobertura total de la nariz, la boca y la barbilla de quien la lleve puesta.

Por su parte, las mascarillas higiénicas complementan las medidas higiénicas en personas sanas. Al cubrir la nariz, boca y barbilla, evitan la dispersión de gotas respiratorias. No deben llevar marcado CE ya que ni son un EPI ni un dispositivo médico.

Las mascarillas quirúrgicas y las higiénicas no deben confundirse con una mascarilla autofiltrante. Su función, nivel de protección, marcado y condiciones de uso son diferentes. Sin embargo, pueden ser alternativas adecuadas cuando el objetivo principal es reducir la emisión de gotas respiratorias y no existe una exposición específica que requiera un EPI respiratorio.

La importancia decisiva del ajuste facial

La eficacia de una mascarilla autofiltrante depende principalmente de que el aire atraviese el material filtrante y no entre por los huecos. La correcta colocación y ajuste de la mascarilla en la cara son fundamentales, pues de no hacerlo correctamente disminuye el nivel de protección.

La presencia de vello facial (barba, perilla. ) en la zona de contacto entre la mascarilla y el rostro, reduce de forma “muy severa” el ajuste, aunque éste sea muy corto. Por ello, para un ajuste correcto de la mascarilla autofiltrante, debe eliminarse completamente todo vestigio de vello facial o cabello en la zona de contacto entre la mascarilla y el rostro.

Asimismo, es “imprescindible” seguir las indicaciones de ajuste que debe dar el fabricante en el folleto informativo. Además deben realizarse las comprobaciones de sellado que el fabricante determine, que suelen consistir en realizar respiraciones enérgicas para detectar si se producen fugas de aire, lo que indicaría un ajuste incorrecto o la elección de un producto que no se ajusta bien al rostro.

Para realizar una correcta selección del modelo y/o la talla de mascarilla autofiltrante más adecuada a la morfología de cada trabajador existen dispositivos que permiten realizan un “test de ajuste”. Estos resultados han sido obtenidos en base a la observación, y en ningún momento sustituyen a la realización de un test de ajuste.

Características que pueden favorecer el sellado

  • En general, presentan mejores resultados en un mayor número de usuarios aquellas mascarillas más flexibles frente a las de mayor rigidez, salvo que estas últimas dispongan de anillo de sellado facial.
  • Es recomendable que la mascarilla disponga de clip de ajuste nasal.
  • En este sentido se ha observado que aquellas con clip nasal metálico conservan mejor el ajuste realizado por el usuario trascurrido un tiempo, si este se compara con los clips de material plástico.
  • Existen diversos elementos que favorecen la estanqueidad del equipo, tales como: anillo de sellado facial (completo o parcial), almohadillas nasales, .
  • Las cintas/gomas ajustables permiten realizar un ajuste más personalizado del EPR.

Sin embargo, esta relación de características puede resultar útil de cara a seleccionar la mascarilla más adecuada entre varias alternativas, tanto para entornos laborales como para la población general.

¿Aporta más protección usar doble mascarilla?

Por otro lado, el director general de Asepal subraya que, en contra de lo que piensan muchas personas, utilizar doble mascarilla “no aporta una protección extra”, ya que dificultan ese ajuste perfecto y forman holguras.

En lugar de añadir un filtro de cafetera o superponer capas improvisadas, es preferible utilizar una mascarilla adecuada para la situación, comprobar que cubra completamente la nariz, la boca y la barbilla, y sustituirla conforme a las instrucciones de uso.

Tipos de filtros respiratorios certificados

Filtros contra partículas y aerosoles

Los filtros para partículas se suelen identificar con la letra «P», y se utilizan para proteger contra aerosoles sólidos y líquidos. El material principal usado para la filtración son fibras plásticas.

TipoEficacia o capacidad descritaAplicación indicada
P1Baja eficaciaAdecuados para partículas no tóxicas y de baja toxicidad.
P2Eficacia mediaProtegen contra partículas de toxicidad media.
P3Alta eficaciaIdeales para partículas tóxicas o muy finas.

P1. Se trata de filtros de faja eficacia, que resultan adecuados para partículas no tóxicas en ambientes de baja concentración de agentes contaminantes. P2. Son los de eficacia media, que se suelen indicar para entornos con partículas de toxicidad moderada, como polvo de madera, metal, plásticos no PVC, nieblas de aceite o fibras sintéticas. P3. Se trata de filtros de alta eficacia, que se suelen utilizar para partículas que pueden resultar altamente tóxicas como metales pesados, maderas duras, polvo de freno, sustancias radiactivas y patógenos, tales como virus, bacterias y esporas.

La efectividad de estos tres niveles filtros depende también del tipo de mascarilla empleada. Por ejemplo, si utilizamos una máscara completa obtendremos un nivel de protección más alto en comparación con una semimáscara.

Filtros para gases y vapores

En los filtros contra los gases y vapores utilizan el carbón activo como material de protección. El carbón activo se somete a un tratamiento según el tipo de contaminante que se quiera proteger.

TipoProtecciónColor
AContra gases y vapores orgánicos con P.E. > 65 ºCMarrón
AXContra gases y vapores orgánicos con P.E. < 65 ºCMarrón
BContra gases y vapores inorgánicosGris
EContra dióxido de azufre y vapores ácidosAmarillo
KContra amoniaco y derivados orgánicos del amoniacoVerde
PContra partículas sólidas y líquidasBlanco

Los filtros múltiples que combinan dos o más filtros, salvo los SX que ya protegen contra gases y vapores específicos. Todos estos filtros se clasifican según la capacidad: Clase 1: Baja capacidad; Clase 2: Media capacidad; Clase 3: Alta capacidad.

Los filtros combinados ofrecen protección tanto contra partículas como contra gases y vapores. Se identifican combinando las letras y colores correspondientes a cada tipo de filtro. Por ejemplo, un filtro A2B2E2K2-P3 brindaría protección contra una amplia gama de contaminantes.

Los filtros combinados son una solución versátil y eficiente que ofrecen protección integral contra una variedad de contaminantes en el aire, incluyendo partículas sólidas y líquidas, gases y vapores. Están diseñados para entornos donde coexisten múltiples riesgos, proporcionando una defensa completa en un solo filtro.

Qué filtro utilizar ante polvo, humo, virus o productos químicos

Los filtros contra partículas y aerosoles están diseñados para protegerte de contaminantes sólidos y líquidos suspendidos en el aire. Son ideales en situaciones donde las partículas pueden ser inhaladas y causar daños a la salud.

  • Polvo y polen: son ideales en entornos con alta concentración de partículas, como fábricas, talleres de carpintería o durante actividades al aire libre en temporada de alergias.
  • Humo: para trabajos de soldadura o exposición al humo generado por combustibles, se recomienda el uso de filtros de alta eficiencia P2 o P3, ya que el humo contiene partículas muy finas que pueden ser tóxicas.
  • Aerosoles líquidos: este tipo de filtros protege contra nieblas o aerosoles generados por productos químicos líquidos.
  • Agentes biológicos: los filtros de clase P3 son los más indicados para proteger contra microorganismos como bacterias, virus o esporas.

Es importante recordar que, además de los filtros, se necesita un ajuste adecuado del equipo y otras medidas de control.

Los filtros para gases y vapores orgánicos están diseñados para protegerte de contaminantes químicos presentes en el aire que se derivan de compuestos orgánicos. Estos filtros contienen materiales especiales, como carbón activado, que adsorben los gases y vapores, evitando que ingresen a tus pulmones.

Los filtros para gases y vapores inorgánicos están diseñados para proteger contra contaminantes químicos derivados de compuestos no orgánicos presentes en el aire. Este tipo de filtro se clasifica como Tipo B según la norma EN 14387:2022 y utiliza materiales específicos para adsorber gases y vapores inorgánicos, excluyendo monóxido de carbono (CO).

Para gases específicos como monóxido de carbono (CO), se requieren filtros especializados marcados para ese uso (filtros CO), ya que los filtros Tipo B no son efectivos contra este contaminante.

Riesgos específicos en cocinas y limpieza

En las cocinas las superficies calientes, el contenido de los recipientes y la misma fuente de calor (fogones, hornos, freidoras…) son factores de riesgo que provocan accidentes graves provocando quemadura. En los trabajos de cocina también es frecuente la exposición a vapores producidos al cocinar alimentos, productos de limpieza, aerosoles y contaminantes biológicos.

Ventilar adecuadamente el puesto de trabajo y utilizar campanas extractoras para retirar los vapores producidos al cocinar alimentos. Antes de utilizar el producto lea detenidamente la etiqueta e indicaciones de peligro y cumpla todas las medidas de seguridad.

Existen una gran variedad de productos químicos para la limpieza de cocinas que por su composición implican una serie de riesgos para la salud, ocasionando quemaduras por contacto, salpicaduras y proyecciones a los ojos e inhalación de vapores nocivos. Mantenga estos productos en su envase original siempre que sea posible y convenientemente cerrados.

Almacenar los detergentes y desinfectantes alejados de los alimentos. Para manipular estos productos será necesario la utilización de los Equipos de protección Individual (Epis) como guantes, mascarillas y gafas de seguridad.

Una mascarilla con filtro de cafetera no debe utilizarse para sustituir la ventilación, la campana extractora, la evaluación del riesgo, la información de la etiqueta ni el equipo específico indicado para un producto químico. La protección requerida depende del contaminante y de su concentración.

Cómo elegir una alternativa segura

Antes de seleccionar una mascarilla o filtro, es fundamental:

  1. Identificar el riesgo: tipo de contaminante, concentración y forma de exposición.
  2. Analizar la duración de la exposición: no es lo mismo un uso ocasional que un uso prolongado durante la jornada.
  3. Comprobar la normativa: asegurarse de que el equipo cumpla con la certificación CE y las normas UNE-EN aplicables.
  4. Verificar la compatibilidad con otros EPI: gafas, cascos o protectores auditivos.
  5. Comprobar el ajuste y la talla antes de utilizar el equipo.

Elegir el filtro adecuado y realizar un mantenimiento correcto son factores fundamentales para preservar la salud en cualquier entorno laboral donde exista exposición a sustancias perjudiciales.

La elección de los Equipos de Protección Individual (Epis), debe realizarla un técnico competente y seleccionarlo según las necesidades profesionales que se vayan a cubrir.

En entornos laborales con polvo, humos, aerosoles o agentes biológicos, la alternativa segura debe ser una mascarilla autofiltrante certificada y adecuada al riesgo, como una FFP2 o FFP3 cuando corresponda. En situaciones de exposición a gases o vapores se necesita un equipo con el filtro específico y compatible con la concentración del contaminante.

En situaciones de baja exposición y cuando el objetivo sea reducir la dispersión de gotas respiratorias, pueden utilizarse mascarillas quirúrgicas o higiénicas adecuadas. Estas no deben presentarse como equivalentes a una FFP2 o FFP3.

Uso correcto, sustitución y mantenimiento

Un equipo de protección respiratoria solo es eficaz si se utiliza correctamente. Las principales recomendaciones son:

  • Ajustar la mascarilla correctamente al rostro para evitar fugas.
  • Comprobar el estado del equipo antes de cada uso.
  • Sustituir los filtros según las indicaciones del fabricante o antes si presentan saturación.
  • No modificar ni manipular el equipo de forma no autorizada.
  • Guardar las mascarillas en un lugar limpio y seco.

Antes de ponerte una mascarilla, es importante que te laves las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón. Cúbrete la boca y la nariz con la mascarilla y asegúrate de que no hay espacios entre tu rostro y la mascarilla.

Evita tocar la mascarilla mientras la usas, de lo contrario, lávate las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón. Cámbiate de mascarilla cuando esté húmeda y no reutilices las mascarillas ni filtros que son de un solo uso.

Para quitarte la mascarilla debes hacerlo por detrás sin tocar la parte delantera. Después, debes desecharla en un recipiente cerrado y lávate las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón.

Cuándo cambiar los filtros respiratorios

Uno de los errores más comunes que suelen cometer muchos trabajadores es pensar que los filtros de las mascarillas deben cambiarse solo cuando el usuario comienza a percibir el olor o sabor del contaminante. Sin embargo, cuando esto ocurre, significa que la sustancia ya ha pasado a través del filtro y puede estar afectando negativamente la salud del trabajador.

Para garantizar una protección óptima, los fabricantes recomiendan reemplazar los filtros respiratorios después de un período de uso determinado. En general, se aconseja cambiar los filtros después de que hayan pasado de 4 a 8 horas de uso continuo, dependiendo de la concentración de los contaminantes en el ambiente.

Por supuesto, es importante seguir las recomendaciones del fabricante e ir sustituyendo los filtros cuando sea necesario para evitar riesgos en el entorno laboral.

Formación y evaluación del riesgo

La empresa debe proporcionar formación específica a los trabajadores sobre:

  • Identificación de riesgos respiratorios en su puesto.
  • Uso, ajuste y mantenimiento de las mascarillas.
  • Reconocimiento de signos de mal funcionamiento o deterioro.

La prevención comienza por una buena elección. Invertir en protección respiratoria adecuada no es solo un requisito legal, sino una medida esencial para preservar la salud de los trabajadores.

Una correcta selección y uso de mascarillas y filtros puede marcar la diferencia entre un entorno laboral seguro y uno con riesgos evitables.

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