Paciente con mascarilla: tipos, elección y cuidados durante la oxigenoterapia

En un paciente con dificultad respiratoria, hipoxemia o una situación de emergencia, la mascarilla debe seleccionarse según el flujo de oxígeno necesario, la concentración de oxígeno que se busca alcanzar y la condición clínica del paciente. La mascarilla simple proporciona concentraciones bajas o moderadas, la mascarilla de reinhalación parcial permite alcanzar concentraciones más altas mediante una bolsa reservorio y la mascarilla de no reinhalación se utiliza cuando se necesitan concentraciones muy elevadas de oxígeno con rapidez.

La elección incorrecta puede provocar hipoxemia persistente o agravada, retención de dióxido de carbono, ineficiencia de la terapia, complicaciones respiratorias, retrasos en la recuperación o necesidad de una intervención avanzada, como la intubación. La administración de oxígeno debe realizarse con monitorización clínica y siguiendo la prescripción y los protocolos del equipo de salud.

Qué es una mascarilla de oxígeno

Una mascarilla de oxígeno es un dispositivo médico utilizado para suministrar oxígeno a un paciente que no puede respirar adecuadamente por sí solo. La mascarilla se ajusta alrededor de la nariz y la boca y se conecta a un tubo que se conecta a un suministro de oxígeno, que puede ser una botella de oxígeno o un sistema de suministro de oxígeno conectado a una fuente central en un hospital.

Una mascarilla de oxígeno es un dispositivo médico que permite administrar oxígeno suplementario a pacientes con dificultad respiratoria, hipoxemia o como soporte en terapia de emergencia. Su diseño varía dependiendo del flujo de oxígeno necesario, la concentración de oxígeno que se busca alcanzar y la condición clínica del paciente.

Objetivo de la oxigenoterapia

El déficit agudo de oxígeno se manifiesta, fundamentalmente, por cambios a nivel de los aparatos cardiovascular, respiratorio y cerebral que pueden ir ligados a efectos funestos, especialmente si la situación desencadenante se prolonga de forma indefinida o persiste su gravedad. Es importante diferenciar los conceptos de hipoxemia e hipoxia; el primero indica que existe una disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, mientras que el segundo hace referencia a la probreza a nivel tisular de dicho gas.

Cabe, así, distinguir cuatro tipos de hipoxia: hipoxémica, anémica, circulatoria e histotóxica. Por tanto, no nos podemos olvidar de que, a excepción de aquélla cuyo origen obedezca a una disminución de la concentración de oxígeno ambiental, en el resto de las causas de hipoxia aguda la oxigenoterapia no es más que una medida paliativa para mantener vivo al paciente en espera de que se consiga la corrección del factor etiológico que motivó dicha deuda de oxígeno.

Lo que se pretende con la oxigenoterapia es satisfacer las necesidades de oxígeno a los tejidos. Esta medida terapéutica se basa en aumentar la fracción inspirada de oxígeno (FiO2) y consecuentemente el contenido arterial de oxígeno (pO2, SaO2) para así mejorar el transporte de este gas y, en definitiva, evitar la hipoxia tisular.

Es importante recordar que el transporte de oxígeno está en función de tres factores, que son la saturación de oxígeno de la hemoglobina, la concentración de hemoglobina y el volumen minuto. Por tanto, las condiciones patológicas que los alteren serán, lógicamente, las indicaciones de oxigenoterapia: disminución de la saturación de oxígeno, disminución de la hemoglobina, disminución del volumen minuto y todo enfermo en situación crítica.

Indicaciones de oxigenoterapia en el paciente con mascarilla

  • Insuficiencia respiratoria aguda.
  • Anemia severa.
  • Intoxicación por monóxido de carbono.
  • Insuficiencia cardíaca.
  • Shock.
  • Situaciones críticas que requieren estabilización respiratoria.

En la intoxicación por monóxido de carbono, aunque en realidad no disminuye la hemoglobina, deja de estar disponible para el transporte de oxígeno. En la insuficiencia respiratoria hipoxémica grave, el aporte inmediato de altas concentraciones ayuda a prevenir el deterioro clínico y las complicaciones asociadas a la hipoxia tisular.

También se emplean mascarillas durante la preoxigenación y estabilización respiratoria, en maniobras de intubación endotraqueal o durante traslados intrahospitalarios de pacientes críticos. Además, forman parte de procedimientos en áreas críticas como salas de emergencia, hospitalización y unidades de cuidados intensivos, donde resulta fundamental estabilizar la vía aérea y garantizar un adecuado intercambio gaseoso para prevenir complicaciones mayores.

Sistemas de administración de oxígeno

El criterio más utilizado para clasificar los sistemas de administración de oxígeno es la cantidad de flujo de la mezcla gaseosa que llega al paciente, y así se habla de sistemas de alto flujo y de bajo flujo. Pero, ¡atención!, el flujo al que nos referimos no es el marcado a la entrada del sistema en el caudalímetro de la pared o de la bombona, sino el que hay a la salida del sistema, delante de la vía aérea del enfermo.

Sistemas de bajo flujo

Se caracterizan porque el flujo de oxígeno que proporcionan es insuficiente para satisfacer los requerimientos inspiratorios del paciente, por lo que éste toma además aire ambiente. La cantidad de oxígeno que se mezcla con el aire es variable, ya que depende de varios factores: flujo de oxígeno, patrón respiratorio y características anatómicas del paciente, y tipo de dispositivo, esto explica que la FiO2 sea impredecible.

Los sistemas manejados habitualmente son las gafas nasales y las máscaras con reservorio. Las mascarillas simples, las mascarillas de reinhalación parcial y las mascarillas de no reinhalación pertenecen a sistemas en los que la concentración final puede verse influida por el flujo, el sellado y el patrón respiratorio del paciente.

Sistemas de alto flujo

Los sistemas de alto flujo aportan mezclas preestablecidas de gas con FiO2 altas o bajas a velocidades de flujo que exceden las demandas del paciente, es decir, el flujo total de gas que suministra el equipo es suficiente para proporcionar la totalidad del gas inspirado.

Las necesidades se logran mezclando aire y oxígeno mediante el efecto Venturi que se basa en el principio de Bernouilli: al pasar un flujo de oxígeno a gran velocidad por un orificio central arrastra gas ambiental por otro orificio al interior de la corriente. Así, el flujo de salida será el resultado de la suma del marcado en el caudalímetro más el flujo de aire ambiente arrastrado por succión de los alrededores de la mascarilla.

Los dispositivos de alto flujo utilizan el sistema Venturi con base en el principio de Bernoulli, en el que el equipo mezcla en forma estandarizada el O2 con el aire ambiente a través de orificios de diferente diámetro. Proporciona FiO2 conocidas entre el 24 y el 50%.

Tipos de mascarillas para el paciente

DispositivoFuncionamientoFiO2 aproximadaFlujo recomendado
Mascarilla facial simpleAdministra una mezcla de oxígeno y aire ambiente sin reservorio ni válvulas.35%-50%; puede suministrar hasta un 60% según el ajuste.5-10 l/min; se necesita un mínimo de 6 l/min.
Mascarilla de reinhalación parcialUtiliza una bolsa reservorio y permite que parte del aire exhalado, rico en oxígeno, regrese al paciente.50%-70%; los sistemas con reservorio pueden alcanzar concentraciones más altas en condiciones óptimas.6-10 l/min; el reservorio debe mantenerse lleno.
Mascarilla de no reinhalaciónUtiliza bolsa reservorio y válvulas unidireccionales para impedir la entrada del aire exhalado.80%-100%; puede aportar hasta un 95%-100%.10-15 l/min.
Mascarilla VenturiMezcla oxígeno y aire ambiental mediante el efecto Venturi y ofrece una FiO2 fija.24%-50%.Según el adaptador y la FiO2 seleccionada.

Mascarilla facial simple

La mascarilla facial simple administra oxígeno de bajo flujo a la nariz y a la boca del paciente. Puede suministrar hasta un 60% de oxígeno con velocidades de flujo de 6 a 10 l/min, pero la concentración última de oxígeno depende en gran medida del ajuste de la mascarilla.

Administra una mezcla de oxígeno y aire ambiente. No tiene reservorio ni válvulas. La concentración aproximada de oxígeno es de 35%-50% de FiO₂ y el flujo recomendado es de 5 a 10 litros por minuto.

Es un dispositivo de plástico blando y transparente que cubre boca y nariz. Posee unos orificios laterales que permiten la salida del aire espirado. Se utiliza para suministrar un flujo controlado de oxígeno al paciente y puede ser útil en el tratamiento de enfermedades respiratorias, lesiones traumáticas y otros problemas que afecten la capacidad de respiración.

Sus principales ventajas son que es económica y fácil de colocar. Su principal limitación es la dilución variable del oxígeno por el aire ambiente. Impide expectorar, comer y dormir, por lo que es menos práctica que las gafas nasales.

Elementos de la mascarilla facial simple

  • Perforaciones laterales, por las que sale el aire espirado.
  • Cinta elástica, que sirve para ajustar la mascarilla.
  • Tira metálica adaptable, situada en la parte superior de la mascarilla para adaptarla a la forma de la nariz del paciente.

Colocación de una mascarilla facial simple

  1. Preparación del material: mascarilla y fuente de oxígeno.
  2. Lávese las manos.
  3. Informe al paciente de la técnica que va a realizar y solicite su colaboración.
  4. Conecte la mascarilla a la fuente de oxígeno.
  5. Sitúe la mascarilla sobre la nariz, la boca y el mentón del paciente.
  6. Pase la cinta elástica por detrás de la cabeza del paciente y tire de sus extremos hasta que la mascarilla quede bien ajustada en la cara.
  7. Adapte la tira metálica al contorno de la nariz del paciente.
  8. Seleccione en el caudalímetro el flujo de oxígeno prescrito.

Precauciones con la mascarilla facial simple

Se necesita una velocidad de flujo de oxígeno mínimo de 6 l/min para evitar que el paciente vuelva a respirar el CO2 exhalado y para mantener una mayor concentración de oxígeno inspirado.

Compruebe que la cinta no irrita el cuero cabelludo ni los pabellones auriculares. Vigile que no haya fugas de oxígeno por fuera de la mascarilla, especialmente hacia los ojos. Valore las mucosas nasal y labial y lubríquelas si es necesario.

Mascarilla de reinhalación parcial

La mascarilla de reinhalación parcial cuenta con una bolsa reservorio que almacena el oxígeno inhalado. Parte del aire exhalado, rico en oxígeno, regresa al paciente. La concentración aproximada de oxígeno es de 50%-70% de FiO₂ y el flujo recomendado es de 6 a 10 litros por minuto.

Está indicada en pacientes con hipoxemia moderada o en recuperación postquirúrgica. Su principal ventaja es que mejora la oxigenación sin necesidad de utilizar un flujo extremadamente alto. Su limitación es el mayor riesgo de reinhalación de CO₂ si el flujo es insuficiente.

La mascarilla facial de oxígeno con reservorio es una mascarilla de reinhalación parcial compuesta por una mascarilla facial y un reservorio adjunto. En este sistema, un flujo constante de oxígeno entra en un reservorio adjunto.

Mascarilla con reservorio

Dentro de los sistemas de bajo flujo, es la que más concentración de oxígeno proporciona. Se trata de una mascarilla facial simple con una bolsa de reservorio en su extremo inferior, esta bolsa tiene una capacidad de unos 700ml aproximadamente. El flujo que administremos puede ir de 6-10 litros y la FiO2 oscilará entre el 60-99%.

Las mascarillas con reservorio, también conocidas como mascarilla de oxígeno con reservorio, constituyen un sistema de bajo flujo de oxigenoterapia diseñado específicamente para suministrar altas concentraciones de oxígeno a pacientes críticos, gracias a su capacidad de almacenar grandes volúmenes de gas.

Este dispositivo médico combina una mascarilla facial de PVC suave y flexible con una bolsa reservorio de aproximadamente 1000 ml de capacidad. La composición de los gases administrados por la mascarilla depende de la mezcla de oxígeno puro y aire ambiente, lo que permite alcanzar diferentes niveles de FiO2 según el flujo y el ajuste del dispositivo.

La mascarilla incluye válvulas unidireccionales que permiten la salida de aire exhalado mientras impiden la entrada de aire ambiente, maximizando así la alta concentración y la cantidad de oxígeno suministrada. La bolsa reservorio puede almacenar una cantidad significativa de oxígeno, asegurando que la persona reciba el volumen necesario para mantener una saturación adecuada y evitar el grado de hipoxia en situaciones críticas.

Características técnicas

  • Capacidad de reservorio: bolsa con volumen mínimo de 1 litro, diseñada para almacenar suficiente oxígeno y asegurar un flujo continuo durante la inhalación.
  • Refuerzo nasal: incorpora una pinza o clip nasal metálico ajustable que optimiza la adaptación anatómica y minimiza fugas de oxígeno.
  • Versatilidad de tallas: se encuentra disponible en presentaciones para adulto y pediátricas, adaptándose a las necesidades anatómicas.
  • Partes principales: bolsa reservorio, válvulas unidireccionales, conector, adaptador o clip nasal y banda elástica de ajuste que permite una fijación cómoda y segura.

Cada parte de la mascarilla y su composición de materiales médicos han sido diseñados cuidadosamente para garantizar un aporte de oxígeno seguro, eficiente y adaptado a las necesidades anatómicas del paciente, a través de un sistema que permite dirigir y regular el flujo de oxígeno de forma precisa.

Estos elementos trabajan de forma conjunta para optimizar el flujo de oxígeno, mantener una alta concentración inspirada y ofrecer comodidad durante todo el tratamiento, tanto en usuarios adultos como pediátricos.

Funcionamiento del sistema de bajo flujo

El sistema de bajo flujo es esencial para el funcionamiento de la mascarilla con reservorio. Por sus características este dispositivo, fabricado de un plástico blando, permite concentraciones próximas de oxígeno, proporcionando concentraciones de hasta el 90% en condiciones óptimas.

Las mascarillas están diseñadas con unas válvulas laterales unidireccionales que permiten facilitar la exhalación y previenen la entrada de aire ambiental durante la inhalación, asegurando una salida de la exhalación eficiente.

Para un funcionamiento óptimo del sistema de bajo flujo, la mascarilla de oxígeno con reservorio requiere flujos de oxígeno entre 10 y 15 litros por minuto, asegurando que el reservorio se mantenga lleno. Estos dispositivos permiten que el oxígeno administrado se mezcle con el aire que el paciente inhala, haciendo que la fracción inspiratoria de oxígeno (FiO₂) dependa del flujo de oxígeno y del patrón respiratorio.

Para impedir que la bolsa reservorio pueda llegar a vaciarse, debemos marcar unos flujos altos en el caudalímetro, al menos de 7-8 litros por minuto, de ahí que no tenga sentido utilizar en las mascarillas con reservorio flujos menores de dichas cantidades. En definitiva, la bolsa debe estar siempre llena, no colapsada.

Indicaciones clínicas

Insuficiencia respiratoria hipoxémica grave con saturación de oxígeno inferior al 90% representa una de las indicaciones más frecuente. Estos pacientes requieren aporte inmediato de altas concentraciones para prevenir el deterioro clínico y las complicaciones asociadas a la hipoxia tisular.

Intoxicación por monóxido de carbono constituye una emergencia médica donde el oxígeno al 100% es fundamental. El objetivo es suministrar la mayor cantidad de oxígeno posible para desplazar el gas tóxico de la hemoglobina, donde las mascarillas con reservorio ofrecen alta concentración disponible sin ventilación mecánica.

Pacientes críticos pre-intubación se benefician de la preoxigenación intensiva para crear un margen de seguridad durante procedimientos invasivos. Las altas concentraciones proporcionadas minimizan el riesgo de desaturación durante la maniobra.

Las mascarillas de oxígeno con reservorio se emplean en emergencias médicas como crisis asmática severa con hipoxemia, edema pulmonar agudo, neumonía grave con insuficiencia respiratoria, politraumatismos con compromiso torácico y paro cardiorrespiratorio post-reanimación.

En estas situaciones, su capacidad para proporcionar altas concentraciones de oxígeno es crucial para estabilizar primero al paciente, la rapidez de implementación convierte a estas mascarillas en la primera línea de tratamiento mientras se preparan medidas más invasivas.

Factores que reducen la FiO2 efectiva

En función de su diseño, teóricamente podría proporcionar una fracción inspirada de oxígeno (FIO2) del 100 %, eso sí con flujo bajo si el sellado fuese hermético y funcionasen las válvulas unidireccionales. No obstante, la gran mayoría de las mascarillas con reservorio disponibles no tienen estas características.

Para pacientes cuyo flujo inspiratorio y por tanto su volumen de aire respirado por minuto supera el de la mascarilla, se produce mezcla de gases, por un lado el procedente del dispositivo y por otro el aire ambiente. Como consecuencia la FIO2 efectiva real es menor al 100 %.

En situaciones donde el paciente maneja más volumen minuto, como estrés o taquipnea, la FIO2 disminuye todavía más debido al incremento del volumen minuto, lo que significa que el porcentaje de aire ambiente respirado por el enfermo aumenta.

La causa más frecuente de fallo es el sellado imperfecto entre los bordes de la mascarilla y la cara del paciente; dado que éste se mueve, la mascarilla se desplaza, de ahí que el sellado deba comprobarse periódicamente. Otra causa frecuente de fallo es la pérdida de uno de los disquitos que hacen de válvula unidireccional en la mascarilla.

Mascarilla de no reinhalación

La mascarilla de no reinhalación, también llamada NRB, tiene válvulas unidireccionales y una bolsa reservorio. No permite que el aire exhalado entre de nuevo. La concentración aproximada de oxígeno es de 80%-100% de FiO₂ y el flujo recomendado es de 10 a 15 litros por minuto.

Está indicada en emergencias, hipoxemia severa y preoxigenación antes de la intubación. Su principal ventaja es que proporciona concentraciones altas de oxígeno rápidamente. Requiere monitorización constante y flujo alto para evitar el colapso del reservorio.

Una mascarilla facial de oxígeno con reservorio, mascarilla de no reinhalación, aporta hasta un 95%-100% de oxígeno con velocidades de flujo de 10 a 15 l/min. La mascarilla incorpora unas válvulas laterales unidireccionales que permiten la salida de la exhalación e impiden la entrada de aire ambiente en la inhalación.

La bolsa debe permanecer inflada durante la administración. Si se colapsa durante la inspiración, el flujo puede ser insuficiente para cubrir las necesidades ventilatorias del paciente o puede existir un problema de conexión, sellado o funcionamiento de las válvulas.

Mascarilla Venturi

La mascarilla de oxígeno tipo Venturi succiona el aire del medio ambiente y lo mezcla con el flujo de oxígeno. El sistema ofrece altos flujos de gas en una FiO2 fija. Se obtienen concentraciones de O2 inspirado de una forma más exacta, independientemente del patrón ventilatorio del paciente.

La mascarilla tipo Venturi favorece una administración más fiable y controlada de concentraciones de oxígeno entre el 24% y el 50%. Las concentraciones de oxígeno administradas se pueden ajustar al 24%, 28%, 35% y 40% empleando una velocidad de flujo de 4 a 8 l/min y del 40% al 50% utilizando una velocidad de flujo de 10 a 12 l/min.

Tiene las mismas características que la mascarilla simple, pero con la diferencia de que en su parte inferior posee un dispositivo que permite regular la concentración de oxígeno que se está administrando. Ello se consigue mediante un orificio o ventana regulable que posee este dispositivo en la parte inferior.

La FiO2 que proporcionan será conocida, fija e independiente del patrón respiratorio del paciente. Es conocida porque nosotros mismos fijamos la cantidad que queremos y es fija, ya que los flujos de la mezcla gaseosa que entran en la mascarilla son tan altos que es imposible que la mezcla sea «rebajada» por entrada de aire ambiente durante el tiempo inspiratorio a través de los orificios de la mascarilla.

Funcionamiento del efecto Venturi

La fuente de oxígeno envía el gas, el cual va por la conexión que une a la fuente con la mascarilla. Cuando el O2 llega a la mascarilla, lo hace en chorro, jet de flujo alto, y por un orificio estrecho lo cual, según el principio de Bernoulli, provoca una presión negativa.

Esta presión negativa es la responsable de que, a través de la ventana regulable del dispositivo de la mascarilla, se aspire aire del ambiente, consiguiéndose así la mezcla deseada.

El oxígeno entra en la mascarilla a través de un orificio más estrecho, lo que crea un efecto Venturi que, merced a unas aperturas laterales en la conducción entre la zona de la estrechez y la mascarilla, arrastra aire ambiente hacia el interior de ésta.

Al final todo se reduce, una vez decidida la FiO2 que queremos administrar, a girar la ruedecilla y la llave del caudalímetro según las indicaciones grabadas en la mascarilla.

Indicaciones de la mascarilla Venturi

Se emplean en las insuficiencias respiratorias en que no estén indicadas por una u otra razón las gafas ni la mascarilla con reservorio, bien porque las gafas no consigan una FiO2 suficiente y continuada, bien porque el paciente no esté tan mal como para necesitar una mascarilla con reservorio o bien porque consideramos muy importante emplear una FiO2 ideal y mantenerla.

La mascarilla de oxígeno Venturi debe ser utilizada por profesionales de la salud entrenados en su uso, ya que un uso incorrecto puede llevar a complicaciones graves.

Colocación de una mascarilla Venturi

  1. Preparación del material: mascarilla y fuente de oxígeno.
  2. Lavado higiénico de manos.
  3. Informe al paciente de la técnica que va a realizar y solicite su colaboración.
  4. Conecte la mascarilla a la fuente de oxígeno.
  5. Seleccione en el dispositivo de la mascarilla la FiO2 que desea administrar.
  6. Sitúe la mascarilla sobre la nariz, la boca y el mentón del paciente.
  7. Pase la cinta elástica por detrás de la cabeza del paciente y tire de sus extremos hasta que la mascarilla quede bien ajustada en la cara.
  8. Adapte la tira metálica al contorno de la nariz del paciente.
  9. Seleccione en el caudalímetro el flujo de oxígeno prescrito.

Gafas nasales como alternativa a la mascarilla

Las cánulas o gafas nasales son baratas, fáciles de usar y en general muy bien toleradas. Permiten hablar, comer, dormir y expectorar sin interrumpir el aporte de O2.

El flujo de oxígeno oscila entre 1-4 litros por minuto, lo que equivale a una FiO2 teórica de 24-35%. Constan de dos pequeñas cánulas que se introducen por los orificios nasales. Se ajusta sobre la nariz y las mejillas.

Es el sistema más usado para administrar oxígeno a bajos flujos. Aportan hasta un 44% de oxígeno. En este sistema de flujo bajo, el aire inspirado se mezcla con el aire ambiente.

La concentración última de oxígeno inspirado se determina por la velocidad de flujo del oxígeno que circula por la cánula y por la profundidad y la rapidez de la respiración del paciente. Al aumentar el flujo de oxígeno en 1 l/min, a partir de 1 l/min, aumenta la concentración de oxígeno inspirado en aproximadamente un 4%.

Son el recurso ideal para aquellos enfermos con una buena respiración nasal y que no están en insuficiencia respiratoria aguda ni en estado crítico. Por supuesto, el enfermo tiene que poder respirar por la nariz y tener en cuenta que la FiO2 será mayor cuando respira tranquilo que cuando hiperventila.

Por tanto, jamás administraremos oxígeno en gafas a flujos superiores a 6 l/m, pues el exceso «se lo lleva el viento». Si se requiere una FiO2 mayor del 45% será necesario aumentar el tamaño del reservorio y recurrir a otro tipo de aparato.

Colocación de las gafas nasales

  1. Preparación del material: cánula nasal, fuente de oxígeno y pañuelos de papel.
  2. Lavado higiénico de manos.
  3. Informe al paciente de la técnica que va a realizar y solicite su colaboración.
  4. Pídale que se suene la nariz.
  5. Conecte el extremo distal de la cánula a la fuente de oxígeno.
  6. Introduzca los dientes de la cánula en las fosas nasales.
  7. Pase los tubos de la cánula por encima de las orejas del paciente y ajuste la cánula con el pasador, de manera que éste quede por debajo de la barbilla.
  8. Seleccione en el caudalímetro el flujo de oxígeno prescrito.

Cuidados durante el uso de gafas nasales

Controle regularmente la posición y el ajuste de la cánula nasal, ya que puede soltarse fácilmente. Compruebe que las fosas nasales del paciente están libres de secreciones.

Vigile las zonas superiores de los pabellones auriculares y la mucosa nasal. Lubrique los orificios nasales si es necesario, sin emplear vaselina.

Mascarilla para nebulización

Las mascarillas para nebulización son dispositivos médicos diseñados para administrar medicamentos en forma de aerosol, permitiendo que las partículas lleguen directamente a las vías respiratorias inferiores.

Son especialmente útiles para pacientes con enfermedades respiratorias obstructivas como el asma o la EPOC, ya que mejoran la distribución del fármaco en los bronquios y bronquiolos.

Una mascarilla para nebulizar se conecta a un nebulizador, que convierte la solución líquida del medicamento en partículas finas a través de presión de aire o ultrasonido. El sistema de bajo flujo suele operar entre 6 y 8 L/min para optimizar la generación de aerosol y evitar la pérdida de medicamento.

Características de la mascarilla para nebulización

  • Generación de aerosol: está diseñada para administrar medicamentos en forma de partículas finas, optimizando la deposición en las vías respiratorias bajas.
  • Flujo de nebulización: funciona correctamente con un flujo de gas, generalmente aire comprimido u oxígeno, entre 6 y 8 litros por minuto.
  • Versatilidad de tallas: disponible en versiones pediátricas y para adultos.
  • Partes principales: incluye mascarilla facial, cámara de nebulización, tubo conector y banda elástica de sujeción.

Usos clínicos

La nebulización de fármacos broncodilatadores o mucolíticos se utiliza especialmente durante crisis asmáticas, exacerbaciones de EPOC o infecciones respiratorias agudas.

En el manejo de crisis asmáticas agudas, la nebulización de broncodilatadores de acción rápida, como salbutamol, es la estrategia más efectiva para revertir la broncoconstricción severa.

En pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las mascarillas para nebulización permiten administrar fármacos broncodilatadores y corticosteroides inhalados que disminuyen la inflamación de la vía aérea y optimizan el intercambio gaseoso.

En infecciones respiratorias con secreciones densas, el uso de mucolíticos por nebulización ayuda a fluidificar las secreciones bronquiales, facilitando su expulsión y mejorando la permeabilidad de la vía aérea en patologías como bronquitis o neumonía.

En casos específicos, como infecciones pulmonares crónicas con fibrosis quística, la nebulización de antibióticos tópicos permite alcanzar concentraciones altas directamente en el sitio de la infección, maximizando la eficacia terapéutica y reduciendo efectos sistémicos.

Mascarilla para nebulizar pediátrica

La mascarilla para nebulizar pediátrica se distingue de la versión para adultos por sus características como tamaño reducido, diseño anatómico y materiales más suaves que se adaptan mejor a la fisonomía infantil.

A diferencia de la mascarilla adulta, incorpora bordes flexibles y ajuste ergonómico para lograr un sellado efectivo en rostros más pequeños, evitando fugas y garantizando que la mayor cantidad de medicamento nebulizado llegue a la vía aérea inferior.

Además, suele fabricarse con materiales hipoalergénicos y libre de látex para reducir reacciones adversas en pieles sensibles. En la práctica clínica, esta mascarilla es esencial en el tratamiento de crisis asmáticas, bronquiolitis o cuadros obstructivos en pacientes pediátricos que requieren aerosolterapia.

Gracias a su forma y ajuste diferenciado, permite administrar dosis precisas en niños con menor cooperación y tiempos de inhalación más cortos, optimizando la efectividad del tratamiento a través de una distribución más uniforme del medicamento.

Mascarilla para nebulizar adulto

La mascarilla para nebulizar adulto cumple la misma función que la de edad pediátrica, pero con un tamaño mayor para ajustarse a la anatomía facial de los adultos.

La principal diferencia radica en el volumen de la cámara de nebulización y el sellado facial, que son más grandes en la versión adulta para garantizar una administración eficiente del fármaco en distintas condiciones clínicas.

Las diferencias clave entre la mascarilla de edad pediátrica y la adulta incluyen el flujo, la cámara de nebulización y la adaptación anatómica. Estas diferencias son esenciales para asegurar una administración eficiente y segura del fármaco en niños.

Diferencia entre mascarilla de oxígeno y mascarilla para nebulización

Las mascarillas para nebulizar están diseñadas para administrar medicamentos en forma de aerosol directamente a las vías respiratorias, facilitando el tratamiento de enfermedades como el asma o la EPOC.

En cambio, las mascarillas de oxígeno con reservorio se utilizan específicamente para proporcionar oxígeno suplementario a pacientes con dificultad respiratoria, permitiendo una alta concentración gracias a su bolsa reservorio que almacena oxígeno puro.

Las mascarillas con reservorio requieren una alta concentración de oxígeno y constante, a diferencia de las de nebulización, que operan con un sistema de bajo flujo.

AspectoMascarilla de oxígeno con reservorioMascarilla para nebulización
ObjetivoProporcionar oxígeno suplementario a alta concentración.Administrar medicamentos en forma de aerosol.
Componente principalBolsa reservorio y válvulas unidireccionales.Cámara de nebulización y tubo conector.
Uso habitualInsuficiencia respiratoria, hipoxemia grave y emergencias.Asma, EPOC, broncoespasmo e infecciones respiratorias.
Flujo habitual10-15 l/min.6-8 l/min.

Cómo elegir la mascarilla adecuada

La FiO2 se selecciona por ensayo y error. Es decir, se inicia con la cantidad que creamos oportuna y al cabo de un tiempo comprobamos bien clínicamente, con gasometría o pulsioximetría que es eficaz.

Para ello hay que tener en cuenta la edad, los antecedentes, el esfuerzo respiratorio, el estado mental, otros signos posibles de insuficiencia respiratoria, el estado hemodinámico, la anemia conocida o probable y el estado cardíaco.

Edad y antecedentes

Hipoxemia no es sinónimo de insuficiencia respiratoria. Entre otras cosas hay que recordar que la pO2 cambia con la edad de tal manera que, por ejemplo, a los 80 años se considera que la pO2 normal es de 60 mmHg, valor evidentemente bajo para un paciente de 20 años.

También debe valorarse si se trata de un paciente con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cardiópata, anémico o si necesita oxigenoterapia domiciliaria.

Esfuerzo respiratorio

Con dicho término se hace referencia a una serie de signos: frecuencia respiratoria, tiraje, pulso paradójico, dificultad para hablar, incoordinación toracoabdominal, aleteo nasal, uso de musculatura respiratoria accesoria, etc.

En definitiva, un enfermo que tiene una pO2 aceptable, pero su frecuencia respiratoria es de 40, con tiraje y es incapaz de decir su nombre, es un paciente que mantiene esa pO2 a costa de un tremendo esfuerzo respiratorio que probablemente no podrá mantener durante mucho tiempo, por lo que la oxigenoterapia en este caso debe ser agresiva.

Estado mental y signos clínicos

Hemos de valorar el nivel de conciencia o si hay confusión o agitación y relacionarlos con la insuficiencia respiratoria o sepsis, lo que significaría estar ante un paciente grave.

La cianosis, diaforesis, taquicardia, hipertensión y asterixis, que apunta a retención de CO2, son signos posibles de insuficiencia respiratoria. La diaforesis, si no hay otras causas, es un signo ominoso y amenazante de parada respiratoria.

Estado hemodinámico, anemia y corazón

Atendemos a la presión arterial, a la perfusión periférica, estado mental, etc. Si está comprometido: oxigenoterapia agresiva.

Dado que la anemia es un problema añadido al transporte de oxígeno, además de pensar en la posibilidad de transfusión, inicialmente administramos oxígeno de forma agresiva.

Si la causa de la insuficiencia respiratoria es un fallo cardíaco o aun sin ser la causa principal es coadyuvante: oxigenoterapia agresiva.

Objetivos según la situación clínica

En la insuficiencia respiratoria aguda no hipercápnica será suficiente una pO2 >=60, con saturación >=90%, mientras que si se produce retención de carbónico nos conformaremos con una pO2 en torno a 55-60 mmHg, con saturación de 85%-90%.

En la intoxicación de monóxido de carbono se pretende reducir a valores mínimos la carboxihemoglobina, por lo que se administrará la mayor concentración de oxígeno posible, lo ideal 100%, haciendo así que se desplace el monóxido de carbono al competir con él.

En el paciente crítico se administra oxígeno siempre, aunque la pO2 no esté en rango de insuficiencia respiratoria, pretendiendo que la saturación de la hemoglobina se acerque lo más próximo al 100% para compensar al máximo posibles deficiencias en la concentración de hemoglobina y el volumen minuto.

Es importante tener en cuenta que el adecuado abastecimiento no sólo depende del transporte de oxígeno, sino que también se originarán problemas si hay un aumento de la demanda de dicho gas. Se entiende que cobran entonces importancia las estrategias que reducen el consumo de oxígeno.

La causa más frecuente de consumo de oxígeno elevado que nosotros vemos, y además podemos tratar, es la fiebre, cosa que haremos siempre en todo paciente febril con insuficiencia respiratoria.

Consecuencias de elegir mal la mascarilla

  • Hipoxemia persistente o agravada.
  • Retención de dióxido de carbono.
  • Ineficiencia en la terapia.
  • Complicaciones respiratorias.
  • Retrasos en la recuperación.
  • Necesidad de intervención avanzada, como la intubación.

La oxigenoterapia aguda contribuye a salir del paso ante una situación patológica, pero en la mayor parte de las veces no es un tratamiento curativo ni etiológico, sino una simple «muleta».

En consecuencia, habrá que tratar el problema agudo de forma global: causa, repercusiones, etc.: «de poco sirve colocarle una mascarilla con oxígeno a un ahorcado si no se le afloja la cuerda».

Comprobaciones durante la administración

  • Verificar que el dispositivo está conectado a la fuente de oxígeno.
  • Comprobar que el flujo corresponde al dispositivo y a la prescripción.
  • Revisar el ajuste de la mascarilla sobre la nariz, la boca y el mentón.
  • Vigilar fugas hacia los ojos y las mejillas.
  • Comprobar que la bolsa reservorio no se colapsa durante la inspiración.
  • Revisar periódicamente las válvulas unidireccionales.
  • Controlar la saturación mediante pulsioximetría y valorar la evolución clínica.
  • Observar frecuencia respiratoria, esfuerzo respiratorio, estado mental y signos de deterioro.
  • Vigilar la mucosa nasal, labial y las zonas de contacto con la mascarilla o las cintas.

La oxigenación del paciente crítico es una parte clave en el tratamiento de estabilización, y en pediatría es de especial relevancia dada la prevalencia de esta patología en los niños, más acentuada cuanto más pequeño es el paciente.

La elección del dispositivo debe ajustarse a la gravedad, al objetivo de FiO2, al patrón respiratorio, a la capacidad de cooperación y a la necesidad de administrar oxígeno o medicamentos inhalados.

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