El contagio de COVID-19 al aire libre es posible, pero las posibilidades se reducen enormemente en comparación con los espacios interiores. El aire libre dispersa y diluye el virus, ayuda a evaporar las gotitas de líquido en las que se transporta y la luz solar ultravioleta debería matar cualquier virus que esté al aire libre.
Sin embargo, estar al aire libre no garantiza que estés libre de contagio de COVID-19. El riesgo aumenta cuando existe contacto cercano y prolongado, hay aglomeraciones, el espacio está parcialmente cerrado o una persona infectada tose, habla o respira cerca de otra. La mascarilla puede reducir la emisión y la inhalación de partículas, especialmente cuando se usa de forma constante, se ajusta correctamente y se coloca de forma adecuada.
¿Qué riesgo existe de contagiarse al aire libre?
El consenso general es que el riesgo de transmisión de COVID-19 es más elevado en interiores y que el riesgo de transmisión en exteriores es muy bajo o inexistente. Además, hay que tener en cuenta que, de forma general, las personas pasan solo una pequeña parte de su tiempo al aire libre cerca de otras personas, si es que lo hacen.
De hecho, alrededor del 90% de nuestro tiempo lo invertimos en interiores. Toda la evidencia apunta a que la gran mayoría de los contagios de COVID-19 ocurren en interiores.
El virus se transmite a través de la interacción humana, especialmente cuando las personas están juntas durante un largo período de tiempo. Eso significa que el virus se puede propagar de varias formas diferentes.
Las gotitas infectadas pueden caer sobre las personas cercanas o contaminar las superficies que otros tocan. Y si las habitaciones están congestionadas, pequeñas partículas de virus pueden acumularse en el aire y ser inhaladas.
Cómo se transmite el virus al aire libre
El COVID-19 se transmite cuando una persona infectada expulsa gotitas muy pequeñas que contienen el virus al estornudar, toser, hablar o cantar. Estas gotitas pueden ser respiradas por otras personas o caer sobre sus ojos, nariz o boca.
Algunas veces, pueden contaminar las superficies que tocan. Quienes están a menos de 1 metro y medio de distancia de una persona infectada tienen mayor probabilidad de infectarse.
La enfermedad puede propagarse de persona a persona a través de las gotículas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona infectada tose o exhala. Estas gotículas caen sobre los objetos y superficies que la rodean, de modo que otras personas pueden contraer el COVID-19 si tienen contacto con estos mismos objetos o superficies y luego se tocan los ojos, la nariz o la boca.
También pueden contagiarse si inhalan las gotículas que haya esparcido una persona con coronavirus al toser o exhalar. Las partículas más pequeñas, llamadas aerosoles, pueden permanecer suspendidas en el aire durante más tiempo, aunque en el exterior deberían dispersarse rápidamente.
Por qué el aire libre suele ser más seguro
Los investigadores dicen que los contagios pueden ocurrir al aire libre, pero las posibilidades se reducen enormemente. El aire libre dispersa y diluye el virus.
También ayuda a evaporar las gotitas de líquido en las que se transporta. Además, la luz solar ultravioleta debería matar cualquier virus que esté al aire libre.
En el interior, los aerosoles pueden acumularse en el aire y ser un peligro; en el exterior deberían dispersarse rápidamente. Por eso, una conversación breve en un espacio abierto suele implicar menos riesgo que permanecer durante mucho tiempo en una habitación cerrada y mal ventilada.
El tiempo y la distancia importan
Caminar cerca de alguien en la calle o que un corredor te pase por delante significa que ambos están juntos durante unos segundos como máximo. Es muy poco probable que los encuentros fugaces sean lo suficientemente largos como para que te llegue suficiente cantidad del virus.
“No queremos que la gente tenga miedo de cruzarse en la calle”, dice la profesora Cath Noakes, asesora del gobierno británico que habla a título personal. Ella dice que alguien tendría que toser directamente y que inhalaras en el momento equivocado para que ocurra un contagio.
Pero también advierte sobre los amigos que pasan mucho tiempo juntos al aire libre y creen que están completamente a salvo. Salir a correr con alguien y seguirlo de cerca durante 20 minutos o más y respirar su estela podría ser un problema, afirma.
“La triste realidad es que tu mayor riesgo proviene de las personas que conoces”.
Si alguien está infectado, tal vez sin darse cuenta porque no tiene síntomas, liberará el virus al respirar, especialmente si tose. Parte de eso se transportará en gotas, la mayoría de las cuales caerán rápidamente al suelo, pero podrían llegar a tus ojos, nariz o boca si te encuentras a dos metros de distancia.
Así que el consejo es evitar estar cara a cara si estás tan cerca. Mantener la distancia reduce la exposición, pero no representa una garantía absoluta de seguridad.
La distancia de seguridad no es una frontera exacta
La teoría de que la COVID-19 no se puede contagiar a más de 1,5 metros está equivocada, según un modelo matemático de expertos en mecánica de fluidos. “En un ambiente con un viento entre los 4 y los 15 km/h las gotas (con coronavirus) pueden alcanzar una distancia de alrededor de los 6 metros”, alerta una investigación del Instituto Indio de Tecnología.
Una de las pautas más habituales de los expertos durante la pandemia de COVID-19 ha sido que es más difícil que el coronavirus se contagie cuando las personas se encuentran en espacios abiertos. Sin embargo, una investigación del Instituto Indio de Tecnología de Mumbay avisa de que precisamente en lugares con ráfagas de aire los aerosoles pueden viajar hasta seis metros y contagiar a otra persona.
“Las gotículas del ser humano pueden habitualmente trasladarse a una distancia de 2 metros en un ambiente estático. Sin embargo, en un ambiente con un viento entre los 4 y los 15 km/h las gotas pueden alcanzar una distancia incluso mayor (alrededor de los 6 metros)”, explica la investigación publicada en la revista científica Física de Fluídos.
Evidentemente, el peor escenario hipotético se dispone cuando el contagiado se sitúa a favor de la brisa. “El estudio confirma que aumenta significativamente el riesgo de infección cuando se tose en la misma dirección del viento”, aseguró Amit Agrawal, coautor de la investigación y profesor del Departamento de Ingeniería Mecánica.
Otro punto se cuestionaron los investigadores es si en espacios abiertos las gotas más grandes tenían más posibilidades de desaparecer o caer al suelo cuando hay brisa o una ráfaga de viento. Según estos expertos en fluidos, ocurre todo lo contrario.
La propia ráfaga expande todavía más estas partículas y las más grandes quedan en el chorro de aire, lo que evita que caigan con rapidez. Esto, a su vez, aumenta la carga viral de las gotas porque se agrupan al transmitirse con la tos.
La investigación de la Universidad de Cambridge también señala que no existe un corte brusco en los dos metros. Una persona contagiada puede infectar a otra a esa distancia, incluso cuando están al aire libre.
“Hemos cuantificado las grandes variaciones en las distribuciones de las gotas y hemos visto que cada tos es diferente”, explica a SINC Epaminondas Mastorakos, experto en mecánica de fluidos que ha dirigido la investigación, “y, por tanto, el riesgo correspondiente a cada tos también es distinto, de forma que, a 2 metros, una puede resultar perfectamente segura, pero otra ser muy arriesgada”.
La distancia ‘segura’ podría haberse fijado entre uno y tres o más metros, dependiendo de la tolerancia al riesgo que se quiera asumir, señalan los investigadores. La regla de los dos metros es un mensaje eficaz y fácil de recordar para el público, aunque no es una marca de seguridad, dado el gran número de variables asociadas a un virus transmitido por el aire.
“Hemos visto que la duración y la distancia que puede recorrer una gota depende tanto de su tamaño como de las condiciones del entorno”, explica Shrey Trivedi, primer autor de la investigación.
Cómo influyen el viento, la tos y la dirección del aire
Esta investigación reciente ha tenido en cuenta la diferente manera en que se expanden las partículas cuando una persona tose o estornuda. En ningún caso suele ser una difusión uniforme y por ello los expertos diseñaron un modelo de predicción que abarcara las diferentes maneras en que los aerosoles del coronavirus podían trasladarse sin perder su poder de contagio.
Los autores han utilizado modelos computacionales para simular y cuantificar cómo se propagan las gotitas cuando la gente tose. De esta forma han demostrado que la transmisión aérea de la COVID-19 es muy aleatoria y han comprobado que, en ausencia de mascarillas, una persona contagiada puede infectar a otra a dos metros, incluso cuando están al aire libre.
Los modelos computacionales y las simulaciones ayudaron a los investigadores a resolver ecuaciones de flujo turbulento, describir y visualizar el movimiento de las gotas y su evaporación a lo largo del tiempo. Así descubrieron que no hay un corte brusco en los dos metros.
Cuando una persona tose y no lleva mascarilla, la mayoría de las gotas más grandes caen sobre las superficies cercanas. Sin embargo, las más pequeñas, suspendidas en el aire, pueden extenderse rápida y fácilmente más allá.
La distancia y la rapidez de propagación de estos aerosoles dependerán de la calidad de la ventilación de la sala. Las variaciones en la velocidad así como en la temperatura y la humedad, que afectan a la tasa de evaporación, la flotabilidad y el movimiento vertical de las gotitas, hacen que la cantidad que alguien recibe a dos metros pueda ser muy diferente cada vez.
“Cada vez que tosemos, podemos emitir una cantidad diferente de líquido, por lo que si una persona está infectada con COVID-19, podría estar emitiendo muchas partículas de virus o muy pocas, y debido a la turbulencia se propagan de manera diferente en cada tos”, explica Trivedi.
“Pero incluso si expulso el mismo número de gotas cada vez que toso, como el flujo es turbulento, se producen fluctuaciones”, añade Mastorakos.
Respecto a los límites entre ‘gotitas’ y ‘aerosol’, el profesor señala: “Personalmente no me gusta la distinción: todo son ‘gotas’, lo único que cambia es el tiempo que tarda en caer al suelo o quedar flotando, lo que depende de su tamaño, pero también del movimiento del aire”.
“En otras palabras -continúa-, si hay un día de viento o un sistema de ventilación potente en una habitación, incluso las gotas más grandes pueden permanecer suspendidas. No creo que sea muy útil asociar un tamaño fijo para hacer esa distinción, por eso pensamos que son útiles las simulaciones como la nuestra que demuestran lo que ocurre con ‘todas’ las gotas”.

Cuándo es necesario usar mascarilla al aire libre
El uso de mascarillas es importante en espacios públicos interiores y en reuniones de grupos más grandes en lugares privados. Por lo tanto, el uso de mascarillas es importante en espacios públicos interiores y en reuniones de grupos más grandes en lugares privados.
El uso de mascarilla al aire libre puede ser especialmente útil cuando no es posible mantener distancia, hay una aglomeración, existe contacto cercano y prolongado o el lugar está parcialmente cerrado. Los científicos concuerdan en que los riesgos de contagio son bajos en espacios completamente abiertos.
Pero les preocupa las áreas que no solo están llenas de gente sino que también están parcialmente cerradas, como los puestos de mercado o las paradas de autobús. Siempre que el aire está quieto puede estancarse y contaminarse.
Es en entornos como caminos estrechos o filas con muchas personas donde los asesores gubernamentales dicen que es posible que sea necesario cubrirse la cara. También puede ser recomendable usar mascarilla cuando una persona presenta síntomas respiratorios, ha tenido contacto reciente con un caso positivo, está en contacto con personas vulnerables o se encuentra en un espacio cerrado o mal ventilado.
Con los flujos observados con el modelo científico, la mascarilla emerge como una de las medidas preventivas más útiles para evitar la difusión de COVID-19 también en lugares al aire libre. “Con la base de estos datos, recomendamos ponerse mascarilla al aire libre, especialmente cuando hay condiciones de brisa o viento”, avisa Amit Agrawal.
Por un lado, evita la salida de estas gotas de los enfermos a personas sanas que podían contagiarse, mientras que quienes no tienen el coronavirus tienen una pantalla que obstaculiza la llegada.
En resumen, todas las condiciones cuestionan la idea extendida de que en situaciones al aire libre con ventilación el riesgo de contagio del coronavirus es menor. “En general, el estudio destaca el aumento de las posibilidades de infección en presencia incluso de una ligera brisa”, avisa Amit Agrawal.
La mascarilla reduce el riesgo, pero no lo elimina
El virus que causa la COVID-19 se trasmite principalmente por el aire cuando una persona tose, estornuda, canta, habla o respira. Las partículas del virus pueden flotar en el aire y ser inhaladas, especialmente en lugares concurridos con poca ventilación.
Las mascarillas y los respiradores son productos que cubren la nariz, la boca y el mentón. La mayoría de las investigaciones concluyen que estos productos pueden hacer más lenta la propagación del virus que causa la COVID-19 cuando se usan de forma constante, se ajustan correctamente y se colocan de forma adecuada.
Use una mascarilla si tiene síntomas de enfermedad, si está cerca de otras personas enfermas o si se encuentra en un espacio interior concurrido. Esto tiene especial importancia si las tasas de COVID-19 en su zona son elevadas.
La mascarilla no sustituye la distancia, la ventilación, la vacunación, la higiene de manos ni evitar el contacto con personas enfermas. El distanciamiento social no es una medida de mitigación eficaz por sí sola, y la vacunación, la ventilación y las mascarillas siguen siendo esenciales para combatir la pandemia.
Qué mascarilla ofrece mayor protección
Existen varios tipos de mascarillas, y no todas ofrecen el mismo nivel de protección. Elegir la adecuada depende del lugar, la exposición al riesgo y la condición de salud de la persona.
| Tipo de mascarilla | Uso recomendado | Protección |
|---|---|---|
| Mascarilla de tela | Situaciones de bajo riesgo y al aire libre | Baja |
| Mascarillas quirúrgicas o médicas | Espacios cerrados, transporte público o al presentar síntomas | Moderada |
| Mascarillas KN95, N95 o equivalentes | Lugares de alto riesgo, aglomeraciones o contacto con personas vulnerables | Alta |
| Mascarillas con válvula | No recomendadas para prevenir contagios a otras personas | Permiten la salida del aire sin filtrar |
Las mascarillas de tela están hechas con materiales comunes como el algodón. No filtran bien partículas pequeñas si no tienen capas adicionales o filtro.
Las mascarillas quirúrgicas, también conocidas como mascarillas médicas, son holgadas y desechables. Están diseñadas para protegerlo de las gotas y salpicaduras, como la mucosidad de un estornudo.
Las mascarillas médicas filtran las partículas grandes presentes en el aire cuando inhala. Para que las mascarillas médicas se ajusten mejor, anude las tiras detrás de las orejas donde se unen a la mascarilla.
Luego, doble y coloque el material sobrante debajo de los bordes. Además, asegúrese de presionar la pieza flexible de la nariz si la mascarilla la tiene.
Los respiradores deben cumplir estándares específicos y están diseñados para bloquear casi todas las partículas de virus presentes en el aire. Entre estas mascarillas se incluyen las N95, FFP2, KN95 y otros tipos.
Los respiradores aprobados en los EE. UU. se denominan N95. Los respiradores europeos se denominan FFP2 y los respiradores de China se denominan KN95.
Este tipo de mascarilla puede estar disponible en diferentes tamaños y está diseñada para ajustarse a la cara. Estas mascarillas tienen piezas nasales y bandas o tiras ajustables.
Muchas mascarillas se pueden utilizar más de una vez. Reemplace la mascarilla si se moja, se ensucia o se daña.
Las mascarillas con válvulas facilitan la respiración, pero no filtran el aire que exhala la persona que las usa. Por este motivo, las mascarillas con válvulas no se pueden utilizar en algunos lugares.
Cómo colocarse y utilizar correctamente una mascarilla
Lávate las manos con agua y jabón antes de colocarte la mascarilla. Cúbrete la boca y nariz con la mascarilla, revisando que no haya espacio entre tu cara y la máscara.
No toques la mascarilla mientras la usas. Si lo haces vuelve a lavarte las manos. Cambia la mascarilla tan pronto como esté húmeda y no reutilices aquellas que solo estén pensadas para un uso.
Las mascarillas son más eficaces si se ajustan bien a la cara. Use mascarillas que tengan tiras nasales plegables y tiras o bandas para las orejas.
Esto ayuda a ajustar la mascarilla perfectamente a su cara para que el aire y la respiración circulen por la mascarilla y no alrededor de los bordes. Cuando exhala, debe sentir que sale aire caliente por la parte delantera de la mascarilla.
No debería sentir que la respiración sale por debajo de los bordes de la mascarilla. Cubra la boca, la nariz y el mentón con la mascarilla.
No toque la mascarilla cuando la tenga puesta y, si lo hace, lávese o desinféctese las manos. Quítese la mascarilla desatándola o sacándose las tiras que van alrededor de las orejas sin tocar la parte delantera de la mascarilla ni la cara.
Doble las esquinas exteriores. Desheche las mascarillas de un solo uso o guarde su mascarilla reutilizable para lavarla luego.
Lávese las manos inmediatamente después de quitarse la mascarilla. Desheche las mascarillas de un solo uso después de usarlas o si se ensucian, mojan o dañan durante su uso.
Aunque pueda parecer que cuesta más trabajo respirar a través de un respirador o una mascarilla médica, la cantidad de oxígeno que inhala y la cantidad de dióxido de carbono que exhala no varían.
Los adultos sanos pueden experimentar cambios físicos menores, como una pequeña variación en la frecuencia respiratoria, mientras llevan puesta una mascarilla. Sin embargo, estos cambios no son duraderos ni causan problemas a la mayoría de los adultos sanos.
Con todas las mascarillas, es posible que sienta más calor o humedad debajo de la mascarilla. No le ponga una mascarilla a ninguna persona que tenga dificultad para respirar, que esté inconsciente, o que no pueda quitarse la mascarilla sin ayuda.
Tampoco le ponga mascarillas a niños menores de 2 años.
Situaciones al aire libre con mayor riesgo
Salir a caminar con un amigo puede implicar un riesgo bajo si ambos mantienen distancia y el encuentro es breve. El riesgo cambia si permanecen juntos durante mucho tiempo, hablan cara a cara o se colocan muy cerca.
Un estudio encontró que dos hombres en China hablando cara a cara durante al menos 15 minutos fue suficiente para propagar el virus. Este tipo de contacto prolongado puede ser más relevante que cruzarse brevemente con una persona en la calle.
Los riesgos aumentan en las siguientes situaciones:
- Contacto cara a cara a corta distancia.
- Conversaciones prolongadas entre varias personas.
- Aglomeraciones en caminos estrechos, filas o mercados.
- Paradas de autobús y otros espacios parcialmente cerrados.
- Seguir de cerca a un corredor durante 20 minutos o más.
- Estar a favor del viento respecto a una persona infectada que tose.
- Compartir objetos o tocar superficies contaminadas y después tocarse la cara.
El aire libre está ahí para que lo disfrutemos. Los espacios públicos son muy importantes para las personas, por ejemplo, para realizar actividad física mientras caminan, relacionarse con otras personas, sentirse parte de una comunidad y disfrutar de los espacios verdes y azules, todas actividades importantes para la salud.
Cualquier cosa que desaliente su uso debería estar acompañada de una buena justificación. Es importante centrar los esfuerzos en medidas más efectivas como crear más espacio público para que las personas puedan mantener la distancia física.
¿Se puede contagiar el virus al tocar un banco?
Si una persona infectada tose en su mano y luego la limpia en una superficie, el virus puede sobrevivir allí durante horas. Investigadores en EE.UU. encontraron presencia del virus en las manijas de los cubos de basura y los botones en los pasos de peatones.
Consideran que esto puede haber provocado contagios en la zona, aunque a un nivel relativamente bajo en comparación con otras formas de propagación del virus. Pero en el invierno, el virus puede durar más tiempo al aire libre.
El coronavirus sobrevive a bajas temperaturas y esa puede ser una de las razones por las que ha habido brotes en plantas frías de procesamiento de carne. Sumado a eso, en el hemisferio norte es la temporada en la que la nariz suele gotear por el frío, y una reacción común es limpiarte con la mano.
Eso podría aumentar las posibilidades de que las superficies se contaminen. Sin embargo, muchos científicos ahora piensan que la cantidad de virus que probablemente quedaría en una superficie de esta manera sería mínima y se dispersaría en una o dos horas.
“La posibilidad de transmisión a través de superficies inanimadas es muy baja”, dice el profesor Emmanuel Goldman de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey.
Medidas para reducir el riesgo de contagio
Reducir el riesgo de transmisión de la COVID-19 es extremadamente importante. Medidas de prevención tales como la higiene, por ejemplo, el lavado de manos, y el distanciamiento físico resultan esenciales y deben aplicarse a conciencia.
- Lavarnos frecuentemente las manos con agua y jabón.
- Evitar tocarnos la nariz, los ojos o la boca, ya que las manos facilitan su transmisión.
- Utilizar pañuelos desechables y hacer un solo uso de ellos.
- Cubrirse la boca y la nariz con el codo doblado al toser o estornudar.
- Mantener la distancia de seguridad de más de 1 metro (3 pies) de distancia de otras personas.
- Evitar el contacto con personas enfermas.
- Alimentarse bien para mantener fuerte el sistema inmunológico.
- Evitar compartir comida, utensilios y otros objetos sin limpiarlos correctamente.
- Quedarse en casa si se tienen síntomas compatibles con COVID-19.
Las medidas, combinadas, reducen significativamente el riesgo de transmisión. Entre estas están la vacunación y los refuerzos actualizados, el uso de mascarilla en lugares cerrados o con aglomeraciones, la ventilación adecuada de espacios interiores, la higiene de manos frecuente con agua y jabón o alcohol gel y evitar aglomeraciones, especialmente en lugares cerrados.
Una persona que se contagie de COVID-19 después de haberse vacunado, sí puede contagiar a otras personas. Se ha comprobado que las personas vacunadas frente a COVID-19 pueden padecer la infección.
Esto no implica que las vacunas no sean efectivas, ya que previenen la mayoría de las infecciones, sobre todo la hospitalización y mortalidad por el COVID-19. No obstante, al igual que otras vacunas, no son 100% efectivas.
Las personas vacunadas que se infectan pueden ser transmitir el COVID-19. Pero las cargas del virus son mucho menores y, por tanto, la transmisión también es menor.
La ventilación sigue siendo decisiva
La ventilación ayuda a dispersar las partículas virales en el aire. Una buena ventilación reduce el riesgo de contagio, especialmente en reuniones o espacios compartidos.
- Abrir puertas y ventanas en lados opuestos para crear corriente de aire.
- Usar ventiladores para mejorar el flujo.
- Si es posible, usar purificadores de aire con filtro HEPA.
- Evitar el uso de aire acondicionado sin renovación de aire.
El diseño y el trazado de un edificio, así como su ocupación y el tipo de sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado pueden afectar la posible propagación del virus por el aire.
Si bien las mejoras implementadas en la ventilación y la limpieza del aire no pueden por sí mismas eliminar el riesgo de que se produzca una transmisión por aire del virus SARS-CoV-2, la EPA recomienda ciertas precauciones para reducir la posibilidad de que el virus se transmita de esta manera.
Entre las precauciones, puede mencionarse el hecho de aumentar la ventilación con aire del exterior y la filtración del aire como parte de una estrategia más amplia, que incluye distanciamiento social, utilizar máscaras de protección facial o tapabocas, limpiar y desinfectar las superficies, lavarse las manos y otro tipo de precauciones.
Por sí mismas, estas medidas orientadas a reducir la exposición a la transmisión por aire del virus que provoca el COVID-19 no resultan suficientes, ya que la transmisión por aire no es la única manera en que podría tener lugar una posible exposición al SARS-CoV-2.
Qué hacer después de un contacto cercano
Las personas asintomáticas pueden transmitir el COVID-19, incluso si no se sienten enfermas. Aunque tienden a tener una carga viral más baja que quienes presentan síntomas, su papel en la transmisión comunitaria es significativo, especialmente porque no suelen aislarse ni tomar precauciones adicionales.
Si has estado en contacto cercano con alguien que tiene COVID-19:
- Observar si se presenta algún tipo de síntomas por al menos 10 días.
- Hacer una prueba, idealmente entre el día 3 y 5 del contacto.
- Usar mascarilla en lugares públicos durante al menos 10 días.
- Evitar contacto con personas vulnerables.
- Aislarse de inmediato si se desarrollan síntomas.
El período de incubación es la cantidad de días entre el momento de la infección y el momento en que puede ver los síntomas. Para COVID-19, los síntomas pueden aparecer de 2 a 14 días después de la exposición al virus.
Las personas que se infectan pueden transmitirlo a otros 2 o 3 días antes de que comiencen los síntomas y son más contagiosos 1 o 2 días antes de sentirse enfermos.
La cuarentena es una medida preventiva que se aplica a personas que estuvieron en contacto cercano con alguien que tiene COVID-19, pero que aún no presentan síntomas. El objetivo es evitar que, en caso de haberse contagiado, transmitan el virus a otras personas.
Actualmente, en la mayoría de los países ya no se exige cuarentena obligatoria para contactos cercanos, pero sí se recomienda estar atentos a síntomas durante los 10 días posteriores y usar mascarilla en espacios compartidos.
Qué hacer si aparecen síntomas o una prueba positiva
El aislamiento es la medida que se toma cuando una persona ya tiene síntomas de COVID-19 o ha dado positivo en una prueba, incluso si no tiene síntomas. Busca evitar que la persona contagie a otras, manteniéndola separada en casa o en un espacio adecuado mientras dura el período infeccioso.
- Evitar contacto cercano con otras personas, especialmente con quienes tienen riesgo de enfermedad grave.
- Permanecer en una habitación separada, si es posible, y usar un baño diferente.
- Ventilar los espacios, si se comparte el hogar.
- No compartir objetos personales como utensilios, toallas o dispositivos.
- Lavar las manos con frecuencia y desinfectar superficies de uso común.
- Avisar a personas con las que se tuvo contacto en los días anteriores para que estén atentas a posibles síntomas.
Las recomendaciones pueden variar según el país, pero en general el aislamiento mínimo es de 5 días desde el inicio de los síntomas o desde la prueba positiva si no hay síntomas.
Si al quinto día no hay fiebre y los síntomas han mejorado, se puede terminar el aislamiento, usando mascarilla 5 días más, hasta el día 10. Si aún hay síntomas fuertes o fiebre, es mejor extender el aislamiento hasta al menos 10 días o hasta mejorar completamente.
La COVID-19 se quedará con nosotros durante los próximos años y es importante mantener el riesgo de transmisión a un nivel bajo con medidas efectivas y bien respaldadas.
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