Las jarras de agua con filtro son uno de los sistemas más vendidos para mejorar el agua del grifo, pero las Autoridades Sanitarias Europeas y las organizaciones de consumidores advierten de sus limitaciones y de los riesgos de un mal uso.
En algunas ciudades el sabor del agua del grifo es fuerte. Principalmente es debido a su dureza (lo que habitualmente se conoce como cal), por lo que mucha gente bebe agua embotellada. Las jarras filtrantes pueden mejorar el sabor y el olor del agua, pero no convierten un agua no potable en potable ni eliminan todos los contaminantes.
¿Cómo funciona una jarra filtrante?
Las jarras purificadoras tienen un depósito incorporado en su interior donde se coloca un cartucho filtrante.
- Las jarras filtrantes funcionan a través de un sistema de filtración por gravedad. Este tipo de filtros tienen una velocidad de filtración muy lenta y necesitan una gran superficie de filtración.
- A diferencia del PAC (carbón activado en polvo), el GAC deja pasar entre los gránulos un mayor número de sustancias sin adsorber. Su sistema de filtración no es del todo efectiva y existe agua que no llega a tratarse por infiltración entre los espacios vacíos.
- La jarra con filtro emplea una tecnología básica poco eficaz, basada únicamente en carbón activado.
El funcionamiento de una jarra filtrante clásica como las de Brita, Philips u otras que puede encontrar en el mercado, especialmente en Amazon, se basa en una pieza: su cartucho.
En su interior se colocan dos tipos de esferas: las de carbón activado y otras hechas de resinas intercambiadoras de iones.
El carbón, gracias a su estructura ultra porosa, tiene la capacidad de retener ciertas impurezas como el cloro, los residuos orgánicos o los pesticidas.
Las resinas, por su parte, actúan sobre las sales minerales (calcio/magnésio) sustituyéndolas por sal de mesa (sodio).
Solo queda verter el agua del grifo en la parte superior de la jarra. Luego fluye a través del filtro, para llegar al depósito inferior.
Qué sustancias retienen y cuáles no eliminan
El problema central es que los filtros de carbón de estas jarras eliminan principalmente el cloro, despotabilizando el agua sin eliminar la cal, los nitratos, los metales pesados ni los microplásticos.
El carbón activado granulado atrapa el cloro, entre otras sustancias, pero sólo hasta cierto punto, ya que cuando alcanza su capacidad máxima, éste se satura.
En su último estudio, la OCU recalca que además, el tamaño del poro del carbón activado también influye en la capacidad de filtración de la jarra.
Las jarras con filtro de agua que contienen carbón activo y resinas sintéticas como intercambiadores de iones transmiten la sensación de que el agua está limpia porque se ha ablandado y se han reducido los gases de cloro (no los residuos de cloro).
No obstante, no hay filtración en el sentido de eliminar contaminantes como los pesticidas, los metales pesados, los residuos de cloro, los gérmenes, las bacterias, las hormonas o los residuos de medicamentos.
Lo único que se consigue con estos dispositivos es tratar el agua en el sentido de mejorar su sabor y eliminar los olores.
Cal y dureza del agua
No. Los filtros de carbón de las jarras estándar no eliminan la dureza del agua (carbonato de calcio y magnesio).
El agua sigue siendo igual de dura para el consumo, con las mismas implicaciones para los riñones, la piel y el cabello.
Está equipado con un polvo especial (arena o resina) que permite intercambiar calcio y magnesio presentes en el agua con otros iones inofensivos, como el sodio y el potasio, presentes en el filtro gracias a una reacción química.
Las jarras filtrantes, para ser efectivas deben reducir la dureza y el cloro que pueden dar un sabor desagradable al agua.
También deben ser capaces de eliminar sustancias peligrosas como pesticidas, nitratos o pequeñas cantidades de metales pesados que pueden estar presentes en algunos suministros.
Nitratos, metales pesados y microplásticos
Más allá del cloro, el agua de red en zonas de agua dura contiene:
- Cal (carbonato de calcio y magnesio): contribuye a la formación de piedras en el riñón. La jarra de filtro no la elimina.
- Nitratos: presentes especialmente en zonas agrícolas de la costa mediterránea. El filtro de carbón no los elimina. Son especialmente peligrosos para bebés y mujeres embarazadas.
- Metales pesados: plomo, cobre, cadmio. El filtro de carbón apenas los reduce.
- Microplásticos: no se eliminan con filtros de carbón estándar.
Todas las jarras retienen fácilmente las moléculas más grandes y persistentes.
El principal peligro: la pérdida de protección microbiológica
Y eso es exactamente el problema, por dos razones:
- Despotabilizan el agua. El cloro es la barrera microbiológica que protege el agua de red de bacterias, virus y microorganismos como la Legionella. Al eliminarlo, el agua queda sin protección. Si la jarra filtrada no se consume inmediatamente o se guarda en condiciones inadecuadas (temperatura ambiente, luz solar), el riesgo de contaminación bacteriana es real.
- No eliminan los contaminantes relevantes. Más allá del cloro, el agua de red en zonas de agua dura contiene cal, nitratos, metales pesados y microplásticos que los filtros de carbón estándar no eliminan correctamente.
Y sin cloro, el agua pierde su principal barrera microbiológica.
Las jarras de agua con filtro tienen un factor de riesgo muy alto de contaminación bacteriológica por ser sistemas de filtración abiertos.
Muchos sistemas filtrantes utilizan sal de plata para impregnar el carbón activado granular con el fin de eliminar y evitar la formación de colonias bacterianas.
No obstante, la plata es un metal pesado y puede migrar al agua.
Al guardar el agua filtrada en botellas a temperatura ambiente y con exposición a la luz, las bacterias y algas microscópicas presentes en el agua proliferan libremente.

Qué contaminantes pueden liberar los filtros
La Agencia Nacional para la Seguridad Alimentaria y Medio Ambiente (ANSES) ha emitido una opinión científica sobre la evaluación de la seguridad y efectividad de las jarras de agua con filtro de agua.
No obstante, añade que el uso de este tipo de jarras puede llevar a la liberación de varios contaminantes (iones de plata, sodio, potasio, amonio) en el agua filtrada, así como a una disminución del pH y a un deterioro en la calidad microbiológica del agua.
Si bien el informe de la ANSES garantiza que no hay un riesgo para la salud de los consumidores derivado del empleo de jarras con filtro, sí concluye que su utilización puede conducir a la liberación de diversos contaminantes (iones de plata o amonio) en el agua de bebida, además de los problemas ya citados.
En cuanto a la plata, aunque las concentraciones analizadas del agua filtrada no exceden el límite máximo de 100 μg/l establecido por la OMS, la Agencia recomienda que este valor sea examinado a la luz de los datos toxicológicos recientes.
Los expertos afirman que se encuentran con ciertas complicaciones al determinar los riesgos reales de estos objetos, ya que hay una gran diversidad de materiales utilizados, de sistemas de filtración y una falta de conocimiento preciso de la composición de los filtros.
También recuerdan un punto muy importante: que los materiales, tanto de jarras como de botellas y filtros, cumplan con los reglamentos relativos a los componentes que entran en contacto con los alimentos.
El riesgo de saturación y contaminación del cartucho
Las jarras filtrantes tienen todo para tranquilizar sobre el papel. Pero en el día a día, su uso puede a veces hacer más daño que bien.
El carbón activado granulado atrapa el cloro, entre otras sustancias, pero sólo hasta cierto punto, ya que cuando alcanza su capacidad máxima, éste se satura.
Ya que las partículas microscópicas en suspensión obstruyen los poros de los materiales filtrantes en los cartuchos que no se reemplazan a tiempo, lo que crea una especie de biopelícula que favorece la descomposición y la formación de bacterias.
Esto tapona la gran superficie interior del carbón activo.
Literalmente se pega, por lo que ya no hay fuerza de atracción del carbón activo, es decir, no hay adsorción.
Esto es como un imán que pierde su fuerza cuando está encapsulado.
Si el filtro no se ha utilizado durante algún tiempo, la contaminación retenida, junto con la biopelícula que se ha formado, puede acabar de nuevo en el agua.
Las arenillas negras son restos del carbón activo que contiene el cartucho filtrante.
No es tóxico, pero sí desagradable.
Cómo utilizar una jarra filtrante con menos riesgos
Las jarras purificadoras son productos seguros y bien diseñados, siempre que se sigan las indicaciones de los fabricantes.
Para asegurar un empleo eficiente de las jarras de agua con filtro, la ANSES hace una serie de recomendaciones:
- Leer las instrucciones de uso, limpieza de la jarra y sustitución regular del filtro en contacto con el agua.
- Guardar la jarra con el agua en la nevera y consumirla dentro de las 24 horas después de la filtración.
- Prestar atención a los consejos de los fabricantes.
- Consumir el agua inmediatamente tras filtrarla cuando sea posible.
- Guardar el agua en frío y evitar la temperatura ambiente y la luz solar.
- Cambiar el filtro con la frecuencia recomendada.
En general, el agua filtrada debe consumirse el mismo día y la jarra no debe mantenerse sin usar durante demasiados días.
Las jarras deben estar siempre muy limpia.
Para evitar la proliferación de microbios en el agua y en las superficies internas de la jarra, es bueno vaciarla cuando no se vaya a usar durante días y lavarla a fondo.
No uses esponjas abrasivas que pueden rayar las superficies y retira siempre el filtro antes del lavado, porque es la única parte no lavable.
Las jarras de filtro están destinadas al tratamiento del agua potable, no a tratar agua que no es potable.
Debe considerarse, recuerda la agencia francesa, que las jarras de filtro son dispositivos destinados al tratamiento de agua en el hogar para consumo humano.
No están diseñadas para hacer que el agua no potable pase a serlo.
Cuándo sustituir el cartucho
Los filtros normalmente deben reemplazarse después de 2 a 4 semanas.
Los cartuchos duran entre 30 y 90 días.
La vida útil teórica del cartucho se muestra en el embalaje de los cartuchos y la jarra, aunque es mejor comprobar la durabilidad en el propio cartucho, ya que algunas jarras funcionan con diferentes tipos de cartucho.
El coste de la jarra, filtro incluido, tiene un rango de precios muy grande, aunque no suelen llegar a 100 euros.
A este gasto hay que añadir el de los filtros de recambio, que se reemplazan regularmente según las indicaciones del fabricante: el precio por cartucho puede oscilar entre 3 y 30 euros, dependiendo de la marca, la vida útil del cartucho y del tamaño del envase.
Los cartuchos están compuestos de diferentes materiales y generalmente no son reciclables.
El pH y la supuesta alcalinización
Muchas jarras se publicitan destacando que producen agua alcalina y sus supuestos beneficios para la salud.
El filtro de carbón de las jarras sube ligeramente el pH del agua, pero el cambio es tan pequeño que no tiene relevancia fisiológica.
El filtro de carbón sube ligeramente el pH del agua, pero de forma tan pequeña que es prácticamente imperceptible.
Los expertos también advierten de una posible disminución del pH durante el uso de algunas jarras, por lo que no se debe asumir que todos los sistemas producen agua alcalina de manera significativa.
La publicidad de una jarra no demuestra por sí sola que el agua resultante tenga beneficios médicos.
¿Puede el agua con cal provocar piedras en el riñón?
Un mito muy extendido, y que ya he desmentido otras veces, es que si bebes agua con cal pueden salirte piedras en el riñón.
Un agua dura quiere decir que tiene niveles altos de calcio y magnesio, normalmente en forma de bicarbonatos.
Muy posiblemente hayas comprado leche enriquecida con calcio o algún producto alto en magnesio, porque es bueno para los huesos, por ejemplo para tus hijos.
Un agua de muy baja mineralización sólo es recomendada por los médicos para personas con ciertos problemas de salud, pero para una persona sana no es algo ni necesario ni siquiera beneficioso.
Por lo tanto es importante distinguir entre las necesidades de una persona sana y las indicaciones médicas concretas para personas con problemas de salud.
El agua del grifo y el agua embotellada
El agua del grifo no sólo es sana sino que tiene un exhaustivo control de calidad y sus parámetros químicos y biológicos están muy por debajo de los límites máximos permitidos.
Antes de llegar a las casas, el agua sigue un largo camino en el que desempeñan un papel importante los controles, la vigilancia y los análisis que garantizan su potabilidad para minimizar posibles riesgos microbiológicos o químicos.
El objetivo es que el agua cumpla con una calidad sanitaria apta.
Por tanto, el uso de artículos como las jarras con filtro no sería necesario, excepto en casos donde la calidad del agua puede mejorar.
Cualquiera de las dos opciones, tanto el agua del grifo como la embotellada, son válidas desde el punto de vista de la calidad y la seguridad.
Siempre que el agua de distribución siga las normas y aplique las condiciones que establecen las autoridades sanitarias respecto a la estabilidad biológica de la red de distribución, las ventajas sanitarias son similares.
Sí debe tenerse en cuenta que en el caso del agua del grifo el origen es diverso, ya que puede proceder de ríos, lagos o acuíferos.
Esta diversidad hace que el agua tenga una composición muy variable y, por tanto, requiera de técnicas distintas de tratamiento para que el resultado sea un agua con las mismas garantías de seguridad.
El agua embotellada también es un producto de alta calidad que sigue estrictos controles en todos y cada uno de los eslabones de producción.
El objetivo es envasar el agua de manera que queden garantizadas sus características originales de composición y pureza y que llegue al consumidor siguiendo todas las normas de calidad y seguridad alimentarias.
El del agua embotellada es uno de los sectores más reglamentados, tanto en el ámbito europeo, como estatal y autonómico.
En el ámbito europeo, el sector de las aguas de bebida envasadas ha creado la ‘Guía de Buenas Prácticas’ a partir de la que se establecen los requisitos de autocontrol que se basan en la metodología del Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (APPCC), una herramienta con la que las industrias del sector garantizan la seguridad del agua a través de los autocontroles en todas las fases: captación, conducción, envasado y almacenamiento.
Aunque las jarras han ido mejorando gradualmente a lo largo de los años, beber agua del grifo sigue siendo la opción más conveniente: el coste medio para un hogar con consumo medio no llega al euro al día, no nos obliga a llevar peso a casa y evita producir montañas de residuos plásticos.
Es una opción más barata que el agua embotellada.
El hidrolizador de agua y el engaño visual
Este timo es muy sencillo, para “mostrarte” que el agua del grifo es malísima y llena de impurezas y cosas dañinas, lleva a tu casa un hidrolizador de agua, que no es más que un aparato que hace pasar corriente eléctrica por el agua.
El comercial introduce el aparato en un vaso agua sacada de tu grifo y se empieza a poner de un color marrón negruzco y empiezan a salir unos pizcos negros.
Claro, porque tu agua, aunque tú no lo veas, es un potaje potencialmente mortal.
Pero claro, la explicación real es mucho más sencilla pero menos conveniente.
Se basa en algo que a lo mejor no sabías y es que el agua no conduce la electricidad.
El agua normalmente tiene una cierta cantidad de sales disueltas.
La electricidad se transmite por ella, y en una de las dos barras (en el llamado ánodo) se produce una oxidación.
Como hemos dicho que contenían hierro, este se oxida y se disuelve en el agua, y por eso se tiñe el agua de un marrón negruzco.
Como hemos podido ver no son un timo en sí mismos, funcionan.
Pero la coloración producida por el aparato no demuestra que el agua del grifo sea peligrosa ni que contenga la cantidad de impurezas que sugiere la demostración.
Ósmosis inversa frente a una jarra filtrante
Una alternativa que está cada vez más de moda son los aparatos con filtros de ósmosis, pero cuidado, ni son tan buenos como dicen los fabricantes, ni tan útiles.
Y en algunos casos, lejos de mejorar el agua, la empeoran.
Cómo funcionan los equipos de ósmosis
Los aparatos de ósmosis inversa que te venden para tu casa, de esos que se ponen debajo del fregadero y de los que se saca un pequeño grifo, tienen un funcionamiento bastante sencillo.
Normalmente te hablan de un filtro de 4 etapas o de 5 etapas.
Eso simplemente son los pasos que hay para filtrar el agua.
Podríamos pensar en un filtro de ósmosis como en un colador con el tamaño de los agujeritos tan finos, que prácticamente sólo deja pasar el agua, quedándose retenidas sales y casi todo lo que acompañe al agua.
Realmente no funcionan exactamente así, se trata de un fenómeno de difusión, un poco más complejo, pero no creo necesario entrar en esos detalles.
Desperdicio de agua
Al pasar por el filtro de ósmosis, no toda el agua atraviesa la membrana.
Una aparte se filtrará, con muy poca concentración de minerales, que es la que tú beberás, y otra parte donde se han quedado todos los minerales, por lo tanto más concentrada, se tirará por el desagüe.
Aunque los fabricantes te hablan de proporciones de 1 a 4 (cuatro litros tirados por cada litro filtrado), la cifra suele ser mucho mayor, este sólo es el óptimo y no se alcanza tan fácilmente.
Pero como esa agua va directamente al desagüe no lo percibes, y como el agua del grifo es barata no lo notas en la factura.
Problemas de mantenimiento y pH
Si no se mantiene bien el aparato y se cambian los filtros cuando se debe, no sólo no filtrarán bien, sino que empeorará la calidad del agua.
Y controlar el rendimiento y el estado de los filtros no es tarea fácil.
En las potabilizadoras de las ciudades lo hacen expertos con muchos años de experiencia, en este caso lo tienes que hacer tú.
Y no tiene mucho sentido que te valgan las recomendaciones de tu fabricante, cuando en cada lugar la composición del agua del grifo es distinta.
Al eliminar las sales reducimos el pH del agua, por lo que podría corroer metales como grifos u ollas, incorporando ese metal al agua.
Incluso la reducción del pH del agua puede estar por debajo de los límites legales.
Existen muchas marcas y modelos en el mercado y un rango de precios desde menos de 100 € hasta miles.
Dependen de la tecnología que tengan, de si necesitan una bomba de presión o de la cantidad de agua por día que puedan generar.
Para dejarlo claro, los aparatos de ósmosis no mejoran la calidad del agua en general, sólo mejoran su sabor.
Yo ni me lo compraría ni los aconsejo por todo lo que he explicado.
Cuándo puede tener sentido filtrar el agua
Las jarras de agua con filtro tienen como objetivo limpiar el agua antes de consumirla.
La eficacia de este utensilio, según la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, el Medio Ambiente y Trabajo francesa (ANSES), plantearía ciertas dudas.
Se estima que estas jarras mejoran la calidad del agua en términos de sabor y olor y eliminan el sabor a cloro o reducen la concentración de sustancias como el plomo.
Por tanto, deberá tenerse en cuenta que su uso es sobre todo para mejorar las cualidades organolépticas del agua o para eliminar algunos metales como el plomo.
Si es usted un amante del té, le gusta beber café o disfruta de una buena sopa gourmet, entonces una jarra con filtro de agua satisfará sus exigencias de un agua de buen sabor.
Si esto es lo que busca, entonces una buena jarra filtrante es la elección correcta para usted.
Una opción mucho más barata y bastante efectiva es eliminar el cloro del agua de manera natural.
Y es que si dejas el agua en una jarra abierta, el cloro simplemente se evapora.
Las jarras filtrantes tienen su lugar cuando se usan correctamente.
Costes, residuos y sostenibilidad
El coste de la jarra, filtro incluido, tiene un rango de precios muy grande, aunque no suelen llegar a 100 euros.
A este gasto hay que añadir el de los filtros de recambio, que se reemplazan regularmente según las indicaciones del fabricante: el precio por cartucho puede oscilar entre 3 y 30 euros, dependiendo de la marca, la vida útil del cartucho y del tamaño del envase.
Si las jarras filtrantes clásicas pueden parecer más ecológicas que el agua embotellada, su impacto ambiental sigue siendo discutible.
De hecho, el uso de filtros desechables, que deben cambiarse cada 3 a 5 semanas, genera una cantidad importante de residuos plásticos nunca reciclados.
Estos filtros, una vez saturados de contaminantes, terminan en la basura.
Mejora el gusto.
Genera menos plástico que el agua embotellada, pero el cartucho también se desecha.
Alternativas de filtración y sus limitaciones
A pesar de que considere que una buena jarra filtrante debería ser suficiente para usted, le aconsejamos que instale adicionalmente un pequeño filtro de agua doméstico después de la llave de paso de su vivienda.
Estos filtros de carbón en bloque no son muy caros y retienen las partículas en suspensión, los residuos de cloro, los metales pesados y otros contaminantes a través del carbón activo fuertemente comprimido, que de este modo no llegan a su jarra filtrante.
Concebida para actuar sobre un flujo continuo de agua potable, la lata filtrante Dropson necesita menos tiempo de exposición al tratamiento que una jarra filtrante.
Se adapta a todo tipo de grifos y ocupa muy poco espacio en la nevera.
Una sola lata tiene la capacidad de filtrar más de 300 litros de agua.
La lata filtrante tiene una capacidad estimada de 300L de agua, aproximadamente unos 3 meses dependiendo del consumo de cada hogar.
La lata Dropson filtra el agua directamente del grifo, al instante.
Tiene una velocidad de filtración directa de 1 a 1,5 litros por minuto, más rápida y cómoda que cualquier jarra filtrante.
La lata tiene un sistema de filtración cerrado que garantiza una perfecta higiene en el interior del sistema gracias a su efecto bacteriostático, orgánico y sin químicos.
En cambio, las jarras con filtro son sistemas de filtración abiertos, por lo que el factor de riesgo por contaminación bacteriológica es mayor.
La lata es una alternativa económica para consumir agua de calidad.
El coste medio por litro es de 0,05€.
La jarra filtrante ACALA-One, por ejemplo, es un modelo compacto que puede guardarse en la puerta del frigorífico.
La jarra ACALA-One no es una jarra filtrante corriente.
Los cartuchos filtran en varias etapas, comenzando por una microesponja especial extremadamente fina para retener las partículas en suspensión que casi siempre están presentes.
Los cartuchos ACALA duran entre 2 y 4 meses debido al filtrado por etapas y a su diseño especial.
Sin embargo, el mejor filtro de agua independiente y autárquico es el filtro de torre de ACALA.
Tampoco necesita corriente eléctrica ni entrada de agua.
Basta con llenar el depósito superior y 8 litros de agua óptimamente filtrada "gotean" en el recipiente de cristal inferior en 1 a 2 horas.
La filtración es equivalente a la de los mejores filtros de agua instalados.
Los cartuchos filtrantes para el ACALA-Quell son un complejo conjunto de unos doce materiales naturales diferentes.
De este modo es posible reducir o eliminar incluso el flúor, los microplásticos y los nitratos.
Los filtros de agua ACALA-Quell son sistemas de tratamiento de agua completos, independientes, fiables y compactos para 8 o 5 litros.
Publicidad, promesas de salud y necesidad de verificar
Pero las empresas que venden estos equipos te dicen al vendértelos cosas como “elimina elementos químicos nocivos e impurezas microscópicas del agua”, “la ósmosis inversa para el hogar 100% libre de bacterias”, “agua 100% pura”.
Muchas jarras se publicitan destacando que producen agua alcalina y sus supuestos beneficios para la salud.
La publicidad de una jarra no demuestra por sí sola que el agua resultante tenga beneficios médicos.
Los informes de las pruebas realizadas con los filtros de agua son solo una guía orientativa, ya que los diferentes intereses económicos hacen que hoy por hoy sea prácticamente imposible garantizar que un informe es objetivo.
Antes de elegir una jarra o un purificador de agua, es mejor reflexionar sobre sus necesidades reales.
La primera pregunta que debe hacerse: ¿cuál es la calidad de mi agua del grifo?
Luego, determine el presupuesto que desea destinar a una solución confiable y duradera.
Finalmente, verifique si el producto es fácil de usar a diario y si se adapta a su ritmo de vida.
Vale la pena tener en cuenta las necesidades familiares.
También conviene fijarse en la forma de la jarra para colocarla fácilmente en el frigorífico.
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Qué revisar antes de comprar
- La calidad y composición del agua del grifo de la zona.
- El tipo de cartucho y los materiales que contiene.
- Las sustancias que el fabricante demuestra que puede reducir.
- La frecuencia real de sustitución del filtro.
- Las instrucciones de limpieza y almacenamiento.
- La posibilidad de conservar el agua en frío.
- El coste total de la jarra y de los recambios.
- La gestión de los cartuchos usados.
- El cumplimiento de los reglamentos relativos a los componentes que entran en contacto con los alimentos.
No todas las jarras son iguales.
Y sobre todo, ninguna filtra absolutamente todo.
Las jarras purificadoras son productos seguros y bien diseñados, siempre que se sigan las indicaciones de los fabricantes.
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