La calidad del río Tajo a su paso por Toledo depende de dos factores inseparables: la reducción de la contaminación que llega desde toda la cuenca situada aguas arriba y la garantía de un caudal suficiente para diluir los contaminantes y mantener los procesos naturales de recuperación del agua. Los datos disponibles muestran una mejora histórica de la depuración, pero también evidencian que la situación continúa siendo insuficiente para recuperar el uso recreativo del río.
La principal carga contaminante procede del sistema del Jarama y de las aguas residuales del área metropolitana de Madrid, aunque el estudio de la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss no atribuye las bacterias exclusivamente a la Comunidad de Madrid. Entre las fuentes posibles también se encuentran las poblaciones situadas entre la cabecera del Tajo y Toledo, Aranjuez, la comarca de La Sagra y la propia ciudad de Toledo, cuya depuradora del Polígono vierte al río.
Por qué la depuración es decisiva para el Tajo en Toledo
Un meandro del río Tajo describiendo una curva fluvial perfecta, alojado en una clusa hendida por el río en materiales graníticos y migmatíticos, conocido como el Torno del Tajo, ciñe en sus tres cuartas partes a la colina coronada por la ciudad de Toledo, constituyendo un paisaje geomorfológico y cultural único en el mundo. La conservación de este singular paisaje, patrimonio de la humanidad, exige que el Tajo mantenga su caudal y la calidad de sus aguas.
Hablar de la calidad del Tajo en Toledo es hablar de la depuración de las aguas residuales de la Comunidad de Madrid (6,5 millones de habitantes) que, tras su tratamiento, afluyen al Tajo a través del Jarama y su tributario Manzanares. Y hablar del caudal que transporta el Tajo por el pie de la ciudad, es tener que referirse a las detracciones de su cabecera para el riego de las huertas levantinas a través del trasvase Tajo-Segura.

La investigación de la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss se basa en un análisis de los datos registrados en las diferentes redes de control de calidad del agua, de los caudales circulantes y de los vertidos autorizados en el tramo entre la desembocadura del río Jarama en río Tajo y la ciudad de Toledo, recogiendo distintos días de presencia de espuma en esos años.
El estudio analiza las fuentes de contaminación del río Tajo a su paso por Toledo en relación con las concentraciones de nutrientes (amonio, nitratos y fosfatos). El río Tajo presenta habitualmente unos niveles de contaminación de nutrientes muy por encima de los valores de referencia de la legislación española.
Resultados sobre nutrientes y vertidos autorizados
El análisis de los datos de las redes SAICA y CEMAS (Control del Estado de las Masas de Agua Superficiales) reflejan unos niveles de contaminación muy altos por presencia de nutrientes, muy superiores a los valores de referencia establecidos por la normativa española. Así, el 74 % del tiempo (entre 2014 y 2021) el río Tajo en Toledo estuvo por encima del valor máximo permitido de amonio y de fosfatos.
Se han encontrado valores de amonio 50 veces superiores a lo permitido y de fosfatos 25 veces superiores. Los nitratos superaron su valor máximo permitido en el 56 % del tiempo, alcanzando valores hasta del doble de lo permitido.
| Indicador | Resultado observado |
|---|---|
| Amonio y fosfatos | Por encima del valor máximo permitido el 74 % del tiempo entre 2014 y 2021 |
| Amonio | Valores 50 veces superiores a lo permitido |
| Fosfatos | Valores 25 veces superiores a lo permitido |
| Nitratos | Superaron el valor máximo permitido el 56 % del tiempo |
| Nitratos | Valores de hasta el doble de lo permitido |
El análisis de los puntos de vertido autorizados de la cuenca del Tajo hasta que llega a Toledo indica que la principal causa de la baja calidad de sus aguas en este punto se encuentra en los aportes provenientes del río Jarama. El 92,2 % de los vertidos autorizados con carga orgánica considerable que soporta el río Tajo hasta Toledo provienen de este río.
La práctica totalidad, el 87,4 %, provienen de depuradoras. Este escenario implica que, aproximadamente, las dos terceras partes del agua que circula por el río Tajo en Toledo proviene de vertidos autorizados con carga orgánica destacable (vertidos urbanos y vertidos industriales que no provienen de piscifactorías, sistemas de refrigeración y de centrales térmicas), si se vertiera el máximo autorizado.
Comparando las concentraciones de nutrientes provenientes del río Tajo antes de la confluencia del río Jarama con las que provienen de este, se puede confirmar que el río Jarama es la principal fuente de la mala calidad en cuanto a fosfatos, amonio y nitratos. Sin embargo, el análisis de los puntos de control entre el Jarama y Toledo constatan que el río Tajo tiene otras fuentes de contaminación en su camino hacia Toledo que contribuyen a la degradación de la calidad del agua.
La contaminación fecal detectada en Toledo
Más de medio siglo después de que se prohibiera el baño en el Tajo en la provincia de Toledo, volver a refrescarse en el río a su paso por Toledo continúa siendo una posibilidad muy lejana. Un nuevo estudio impulsado por la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss ha encontrado en las aguas que atraviesan la capital regional concentraciones de bacterias fecales.
Algunos análisis apuntan parámetros que llegan a multiplicar por 40 los límites establecidos para que el agua pueda considerarse apta para el baño. El trabajo analizó muestras tomadas entre noviembre de 2025 y mayo de 2026 en lugares tradicionalmente utilizados para el baño antes de su prohibición: Safont, la playa de la Incurnia y el tramo próximo a la antigua central de Buenavista.
Los investigadores buscaron dos indicadores de contaminación fecal. La normativa establece que para poder alcanzar una calidad suficiente para el baño deben obtenerse valores inferiores a 900 unidades por cada 100 mililitros para E. coli y 330 para los enterococos.
Ninguna de las estaciones analizadas se acercó a esos niveles. En otoño, las concentraciones de E. coli fueron 4,7 veces superiores al límite; en primavera, 7,3 veces, y durante el invierno llegaron a multiplicarlo por 40.
En el caso de los enterococos, fueron 3,4 veces superiores en otoño, 3,1 en primavera y hasta 41,2 veces mayores durante el invierno. El estudio detectó además bacterias E. coli resistentes a antibióticos.
| Indicador | Otoño | Primavera | Invierno |
|---|---|---|---|
| E. coli | 4,7 veces superiores al límite | 7,3 veces superiores al límite | Hasta 40 veces superiores al límite |
| Enterococos | 3,4 veces superiores | 3,1 veces superiores | Hasta 41,2 veces superiores |
La propia Cátedra advierte de que los resultados deben considerarse orientativos, porque la legislación exige muestras durante varias temporadas de baño y el estudio no incluye el verano. Aun así, considera que los resultados muestran un problema estructural de saneamiento y depuración.
¿Toda la contaminación procede de Madrid?
Los investigadores no atribuyen las bacterias exclusivamente a la Comunidad de Madrid. Al tratarse de microorganismos de origen fecal, consideran que pueden proceder de las aguas residuales generadas en toda la cuenca situada aguas arriba de Toledo.
Eso incluye la cuenca del Jarama y sus afluentes, que recibe buena parte de las aguas residuales del área metropolitana madrileña, pero también las poblaciones situadas entre la cabecera del Tajo y Toledo, Aranjuez, la comarca de La Sagra y la propia ciudad de Toledo, cuya depuradora del Polígono vierte al río.
La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital han rechazado las acusaciones de la consejera de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha, Mercedes Gómez, sobre la responsabilidad de Madrid en la presencia de bacterias fecales en el río Tajo a su paso por Toledo y han cuestionado que el estudio en el que se apoyan permita establecer el origen de la contaminación.
Ambas administraciones han señalado que comparten la preocupación por la calidad ambiental del Tajo, pero han defendido que los datos difundidos no permiten atribuir científicamente a la Comunidad de Madrid las bacterias detectadas en Toledo.
En este sentido, han apuntado que el estudio, realizado por un estudiante de fin de grado y que no comprende un año hidrológico completo, analiza varios puntos del entorno de Toledo, pero no realiza un seguimiento continuo desde las salidas de Madrid ni caracteriza los distintos afluentes y puntos de vertido existentes a lo largo del recorrido.
Además, según han indicado, el trabajo no incorpora trazadores que permitan determinar si la contaminación tiene un origen humano o animal. Por ello, han advertido de que, sin conocer también el tiempo de viaje del agua, los caudales, las condiciones meteorológicas y las cargas incorporadas en cada tramo, “no puede afirmarse que las bacterias encontradas en Toledo procedan de Madrid”.
Contaminación difusa y procesos naturales del río
La Comunidad y el Ayuntamiento han destacado asimismo que el propio estudio señala que “las estaciones depuradoras contribuyen a la carga global, pero no se comportan como puntos calientes aislados en comparación con la contaminación difusa ya presente en el cauce principal”.
Según ambas administraciones, esta contaminación difusa puede superar ampliamente a la procedente de fuentes puntuales, de acuerdo con el Plan Hidrológico del Tajo, y durante el recorrido entre Madrid y Toledo se producen procesos naturales de autodepuración, mortalidad bacteriana, sedimentación, dilución y posibles aportes intermedios.
Entre Madrid y Toledo, recuerdan también, se producen procesos naturales de autodepuración: mortalidad bacteriana, sedimentación, dilución y posibles aportes intermedios que modifican la carga contaminante a lo largo del recorrido. Esos procesos, explican, pueden reducir de forma significativa la concentración de bacterias a medida que el agua avanza kilómetros por el cauce, sobre todo en los tramos con mayor insolación y oxigenación.
La distinción entre los criterios sanitarios aplicables a las aguas de baño y los límites que rigen las autorizaciones de vertido de las depuradoras resulta clave. Un mismo nivel de bacterias en el agua puede tener orígenes muy distintos, desde vertidos puntuales hasta escorrentías agrícolas o ganaderas, sin que ello implique necesariamente el incumplimiento de una autorización vigente.
Superar un indicador de calidad para el baño demuestra un riesgo para ese uso recreativo concreto, explican, pero no acredita por sí solo que una depuradora determinada haya vertido aguas sin tratar ni que haya incumplido su autorización.
La respuesta de Madrid sobre su sistema de depuración
Frente a las críticas de la consejera castellanomanchega, que ha atribuido a Madrid incumplimientos en parámetros de nitrógeno y fósforo y ha apuntado a posibles vertidos directos sin tratamiento, la Comunidad ha defendido que la región cuenta con “uno de los sistemas de saneamiento y depuración más avanzados de Europa”, gestionado por Canal de Isabel II.
El sistema presta servicio de saneamiento en la Comunidad y depura más de 500 hectómetros cúbicos de aguas residuales al año. Además, según el Gobierno regional, “no existe actualmente ningún expediente sancionador por la operación de las depuradoras madrileñas por incumplimiento de los parámetros de vertido”.
Las administraciones madrileñas subrayan que ese volumen de depuración, gestionado íntegramente por Canal de Isabel II, somete a la región a un control constante de sus vertidos antes de devolver el agua al cauce del Tajo y sus afluentes.
Asimismo, han recordado que el control de la calidad de las masas de agua, la vigilancia de los vertidos autorizados, la inspección de posibles vertidos ilegales y la evaluación del estado ecológico del Tajo corresponden a la Confederación Hidrográfica del Tajo, organismo de cuenca dependiente de la Administración General del Estado.
La evolución histórica de la depuración en Madrid
Madrid y su área metropolitana fue el gran atractor de la migración del campo a las ciudades en el centro peninsular, multiplicando su población por 7 a lo largo del siglo XX, con un crecimiento acelerado ─demográfico e industrial─ entre 1950 y 1980.
Para darle de beber se incrementó la regulación de los ríos cercanos, afluentes del Tajo, que pasaron a estar muy domados, con un caudal prácticamente uniforme procedente principalmente de los retornos urbanos. Si bien se resolvió el problema del abastecimiento, apenas se prestó atención a la depuración.
De esta forma, se fue incrementando el deterioro de la calidad del agua en los ríos aguas abajo de Madrid antes de llegar a Toledo. Quedan lejos las evocativas fotografías de los años 60 del siglo XX, con bañistas en las playas del Tajo, disfrutando del río con la silueta de Toledo al fondo.
A finales de la misma década tomaron el relevo los icebergs de espuma navegando por el río, acompañados de pestilencias y una degradación extrema. El Tajo pasó de ser el orgullo de Toledo a un gran problema, obligando a la ciudad a vivir de espaldas a él.
Afortunadamente la situación ha mejorado gracias a la aplicación de diversos planes y actuaciones de depuración. Mejora que se puede observar y medir, como así se desprende de los datos de calidad facilitados desde la Confederación Hidrográfica del Tajo.
Pero esta mejora es, a día de hoy, insuficiente. Todavía la calidad del Tajo dista de ser buena.
Primeras actuaciones de saneamiento
Las referencias, que se remontan al fuero de 1202, documentan problemas graves de higiene y salubridad en Madrid, con frecuentes brotes epidémicos, asociados a la evacuación de las aguas negras. En el siglo XV, la abundancia de hospitales dedicados específicamente al tratamiento de enfermedades infecciosas muestra que con el crecimiento de la villa los problemas del saneamiento se incrementaron.
Hasta el siglo XVIII durante el reinado de Carlos III no se desarrolló el alcantarillado ─que tímidamente se había iniciado en el siglo anterior─, junto con la construcción de los “pozos inmundos”. A mediados del siglo XIX, tras la epidemia de “cólera morbo”, se hizo prioritaria la mejora de este sistema de alcantarillado, considerado muy deficiente.
Costó siglos que Madrid se dotara de un sistema eficiente de evacuación de las aguas residuales, que se vertían directamente al río Manzanares. En los años 20 del siglo XX se construyó la primera planta de tratamiento en Méndez Álvaro, de carácter experimental, con una tecnología de fangos activos.
Ante su éxito, en 1927 se proyectó la depuradora de La China, en la confluencia del arroyo Abroñigal ─actualmente M‑30 Este─ con el río Manzanares, pero su construcción se difirió en el tiempo.
En 1945 aparece publicado en el Revista de Obras Públicas el artículo de José María Gutiérrez Pajares “La depuración de las aguas residuales de Madrid”, que expone claramente la realidad de una situación alarmante, con valores de DBO5 (demanda bioquímica de oxígeno a cinco días) en el río Manzanares a su salida de Madrid de 360 mg/l.
Como referencia, la Instrucción de Planificación Hidrológica establece un valor de referencia máximo de la DBO5 de 6 mg/l; es decir, en 1945 el río Manzanares tenía una DBO5 60 veces la que ahora se toma como referencia.
No es sólo que el río ya estuviera degradado, sino que con sus aguas se regaban directamente huertas del sur de Madrid, con brotes de fiebres tifoideas asociadas a las temporadas de consumo de las frutas y hortalizas de esas huertas. Se aprecia también en el artículo que en esa fecha la calidad del Tajo en Toledo se encontraba resentida.
De la expansión urbana a la depuración integral
Se reactivó la depuradora de La China, que entró en funcionamiento en la década de 1950. Desde su puesta en servicio su capacidad fue insuficiente, a lo que se sumó el fuerte crecimiento demográfico de esos años.
Como consecuencia el deterioro del Manzanares fue en aumento, afectando por tanto al Jarama y al Tajo. Ya era mala la calidad del agua en las idílicas escenas de baño al pie del Alcázar toledano que nos muestran las fotografías de los años 60.
Sin embargo, abordar el problema de la mejora de los ríos Manzanares, Jarama y Tajo no se encontraba dentro de las prioridades hídricas de la época centradas básicamente en el incremento de la regulación de los ríos.
Las actuaciones en la década de 1960 se limitaron a depuradoras pequeñas, como El Pardo y Viveros para mejorar la calidad del Manzanares a su paso por Madrid, o las de Manoteras y el Zoo.
Así, sólo parecía preocupar lo que se veía dentro de Madrid pues parecía interiorizada la idea de que era inevitable la degradación ambiental de los ríos para facilitar el desarrollo económico.
En 1967 se plantea el “Plan General de Estaciones Depuradoras”, en el que además de la ampliación de La China, se acometen otras depuradoras en la capital (Rejas, Butarque y Sur), empezando a estar operativas las instalaciones a partir de 1975.
A pesar de la puesta en servicio de estas actuaciones la situación seguía siendo mala, por lo que se en 1977 se diseña el “Plan de Saneamiento Integral de Madrid” (PSIM), que se desarrolló entre 1980 y 1984.
Con su puesta en servicio se logró cubrir la depuración de las aguas de toda la superficie de la ciudad de Madrid y se obtuvo una mejora en la calidad en el Manzanares, Jarama y Tajo, con una reducción significativa de la DBO5.
Sin embargo, la mejora fue insuficiente. Las actuaciones de depuración no debían restringirse a la ciudad de Madrid, sino que se tenía que extender a toda la cuenca (Plan integral de mejora de la calidad de las aguas).
Tratamiento de nutrientes y nuevas exigencias ambientales
En 1998 entró en vigor la Directiva 91/271 del Consejo, de 21 de mayo de 1991, sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas. En los primeros años del siglo XXI se desarrolló el “Plan Cien por Cien Depuración” de la Comunidad de Madrid, que extendió la depuración a la totalidad de los municipios de la Comunidad de Madrid, aunque no a todos los núcleos de población, quedando todavía urbanizaciones con depuración deficiente o inexistente.
Posteriormente se puso en funcionamiento el Plan Dpura Madrid, con el que se dotó a plantas depuradoras existentes de tratamiento terciario con el fin de obtener agua regenerada para su uso posterior; no para mejorar la calidad de los ríos.
La aplicación de la Directiva 91/271 está siendo un avance significativo. Además, se ha puesto de manifiesto que no basta con la reducción de la DBO5, sino que se ha de realizar una reducción de nutrientes (nitrógeno y fósforo).
En este sentido, las depuradoras de Madrid han adoptado eficazmente tratamientos de eliminación de fósforo, consistentes por lo general en favorecer su decantación mediante el añadido de cloruro férrico por su facilidad de adaptación a las infraestructuras existentes, planteándose procesos biológicos en plantas de nueva construcción.
Sin embargo, la remoción del nitrógeno ─en sus diferentes compuestos─ está siendo más problemática y no está resuelta. Adicionalmente, están surgiendo nuevas preocupaciones, consecuencia en parte de una mejora de las analíticas realizadas, como es el caso de los contaminantes emergentes o los patógenos del agua.
En este contexto se produce la aplicación de la Directiva Marco del Agua. El Programa de Medidas del Plan hidrológico de la parte española de la Demarcación Hidrográfica del Tajo tiene como base las actuaciones pendientes del Plan Nacional de Calidad de las Aguas ─planteado para la aplicación de la Directiva 91/271─ complementado con actuaciones adicionales de depuración.
Se ha de considerar que las concentraciones de contaminantes permitidos en los ríos son más bajas ─más estrictas─ que las consideradas límite de los vertidos de las depuradoras, lo que puede derivar ─como así ocurre en el caso de Madrid─ en una necesidad de mejorar la depuración.
El saneamiento de Toledo y el Plan de Vertidos Cero
El Ayuntamiento de Toledo ha aprobado la clasificación de ofertas correspondiente al procedimiento de licitación del servicio de depuración de las aguas residuales de Toledo y ejecución de las inversiones asociadas al mismo. La oferta más ventajosa para el Ayuntamiento ha sido la presentada por la empresa Sociedad de Fomento agrícola Castellonense S.A. (FACSA).
Un contrato que cuenta con un presupuesto de 54.972.646,60 euros y una duración de 120 meses. Lo que se pretende con esta nueva contrata, ha explicado el portavoz, es “eliminar el mayor foco de contaminación al río Tajo y por el que el Ayuntamiento ha sido sancionado en multitud de ocasiones por la Confederación Hidrográfica del Tajo, porque ese es el compromiso de este Gobierno y del propio alcalde de Toledo con el río, eliminar vertidos, y para ello estamos trabajando”.
En este sentido ha recordado que a través del Plan de Vertidos Cero ya se han eliminado tres puntos contaminantes y con esta obra se eliminará uno más, “no podemos exigir a otros que no contaminen cuando el Ayuntamiento conoce que hay vertidos ilegales y eso es lo que estamos haciendo, ser parte de la solución de un problema dentro de nuestras competencias”, ha indicado.
Modernización de la EDAR de Santa María de Benquerencia
Carlos Velázquez ha visitado las obras de la EDAR de Santa María de Benquerencia, donde se destinan 3 millones de euros para transformar por completo la instalación. El Ayuntamiento de Toledo y Aqualia invierten 5 millones de euros para modernizar la depuración en la ciudad.
El alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, ha visitado esta mañana las obras de modernización y mejora de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) del Polígono de Santa María de Benquerencia, acompañado por Jesús Martínez Molina, director de la delegación regional de Aqualia, y los concejales de Medio Ambiente, Río Tajo y Deportes, Rubén Lozano; y la de Obras y Servicios, Loreto Molina, donde el alcalde ha destacado el «esfuerzo conjunto para transformar una infraestructura clave para la salud ambiental de la ciudad”.
El proyecto se enmarca en un ambicioso plan de inversión que alcanza los 5 millones de euros, 4 de inversión directa y 1 millón indirecta. De esta cantidad, 3 millones se destinan específicamente a la depuradora de Benquerencia que tiene un plazo de ejecución de doce meses, “estamos hablando de que se va a tratar de una depuradora nueva, no va a tener nada que ver con lo que había antes», ha afirmado Velázquez.
Hasta la fecha, ya se han ejecutado 20 inversiones por valor de 700.000 euros y se encuentran en marcha otras 30 actuaciones por un importe cercano a los 2 millones de euros, según ha explicado Jesús Martínez.
En este sentido, el alcalde ha recordado que esta planta “ha sido, lamentablemente, protagonista de episodios de contaminación en el pasado”, y es que entre 2021 y marzo de 2025, este punto de vertido acumuló 11 sanciones de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), con un coste de casi 160.000 euros para las arcas municipales.
“Gracias a estas inversiones podemos garantizar que la situación va a ser radicalmente distinta y que vamos a acabar de manera definitiva con el punto de vertido más contaminante que tenía Toledo», ha aseverado.
Esta intervención forma parte del Plan de Vertidos Cero impulsado por la Concejalía del Río Tajo, que ya ha logrado eliminar 11 puntos contaminantes del visor de la Cátedra del Tajo, además de otros tres detectados por los técnicos municipales.
Además, Velázquez ha subrayado que este ejercicio de responsabilidad permite al Ayuntamiento «exigir con autoridad» al resto de administraciones, a la Comunidad de Madrid una mejor depuración de sus aguas arriba; a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, “la puesta en marcha efectiva de su plan de depuración en municipios de la provincia que aún no depuran sus aguas”; y a la Confederación Hidrográfica del Tajo, que «no se dedique única y exclusivamente a sancionar, sino a colaborar en la limpieza de cauces y arroyos rústicos de su competencia”.
Otros puntos de contaminación aguas arriba
También hay que considerar un efecto colateral de la situación histórica de degradación del río, ya que el grado de tratamiento ─o la falta de él─ de las aguas residuales que se realizaba por el resto de municipios vertientes aguas abajo de Madrid pasaba desapercibido.
Pero al mejorar la depuración aguas arriba, el tratamiento del agua en estos municipios tiene mayor repercusión, quedando en evidencia cuando no alcanza los niveles adecuados. Así, para la mejora de la calidad del río Tajo en Toledo no hay que fijarse únicamente en el tratamiento de las grandes depuradoras de Madrid, sino en todos los núcleos y municipios, incluso urbanizaciones pequeñas, que viertan aguas arriba de la imperial ciudad.
Las soluciones propuestas incluyen mejorar las depuradoras, separar las redes de aguas pluviales y fecales y aumentar la capacidad de los tanques de tormenta, para evitar que durante episodios de lluvia las instalaciones de saneamiento se vean desbordadas y terminen llegando al río aguas insuficientemente tratadas.
El caudal del Tajo y su capacidad de dilución
La depuración es solamente una parte de la ecuación. La otra es la cantidad de agua que lleva el río. Cuanto menor caudal, menor también la capacidad del Tajo para diluir contaminantes y desarrollar procesos naturales que contribuyen a recuperar la calidad del agua.
Mercedes Gómez sostiene que el Tajo está tan regulado que se impide que el agua circule de manera natural y ha llamado la atención sobre las imágenes de este verano, cuando en algunos puntos del cauce a su paso por Toledo han quedado al descubierto amplias zonas del lecho.
Hay varios factores que están afectando la cantidad de agua que circula por el Tajo en Toledo. Por una parte, se encuentra la alta capacidad de regulación y de usos consuntivos ─especialmente para el abastecimiento de Madrid─, ubicados aguas arriba de Toledo.
Además de las detracciones y mermas, el régimen de caudales se encuentra fuertemente alterado. Por otra parte, la reducción de aportaciones registrada a partir de 1980 unida a la puesta en funcionamiento del trasvase Tajo-Segura en esa misma fecha, ha causado que el caudal que llegue procedente de la cabecera del Tajo se haya reducido a la cuarta parte.
Adicionalmente, la legislación que regula el trasvase Tajo-Segura ha impuesto recientemente unos nuevos condicionantes, con el nombre de “desembalses de referencia”, que han de ser tenidos en cuenta.
Combinando estos factores, y añadiendo las detracciones para regadíos aguas arriba de Toledo en la propia cuenca del Tajo, en los meses de verano se tiene una reducción de caudal importante, limitada en parte con la implantación de un caudal mínimo de 10 m³/s en Plan hidrológico del Tajo de 1998, que se ha mantenido en los planes hidrológicos aprobados en 2014 y 2016.
Caudales ecológicos previstos para Toledo
La situación tiene detrás una larga batalla judicial sobre los caudales ecológicos. En 2019, el Tribunal Supremo dictó varias sentencias a raíz de los recursos presentados, entre otros, por los ayuntamientos de Toledo, Talavera de la Reina y Aranjuez y por organizaciones en defensa del Tajo.
El Alto Tribunal anuló distintos artículos del Plan Hidrológico de 2016 al considerar que incumplía la obligación de establecer un régimen completo y vinculante de caudales ecológicos. Aquellas resoluciones tuvieron después reflejo en el nuevo Plan Hidrológico del Tajo aprobado en 2023, que por primera vez introdujo un régimen escalonado de caudales ecológicos en el eje central del río.
El Supremo ha avalado en recursos posteriores la implantación progresiva prevista por el nuevo plan. El Plan Hidrológico establece para el tramo del Tajo en Toledo hasta la desembocadura del Guadarrama un mínimo de 11 metros cúbicos por segundo entre julio y septiembre de 2026.
A partir del 1 de enero de 2027, el mínimo previsto para esos mismos meses ascenderá a 13 m³/s. En otras épocas del año los valores son superiores: durante 2026 llegan a 19,2 m³/s entre enero y marzo.
| Periodo | Caudal mínimo previsto en Toledo |
|---|---|
| Julio-septiembre de 2026 | 11 metros cúbicos por segundo |
| Julio-septiembre desde el 1 de enero de 2027 | 13 m³/s |
| Enero-marzo durante 2026 | 19,2 m³/s |
| Octubre-diciembre desde 2027 | 15 m³/s |
| Enero-marzo desde 2027 | 23 m³/s |
| Abril-junio desde 2027 | 18 m³/s |
| Verano desde 2027 | 13 m³/s |
El objetivo final previsto desde 2027 supone en Toledo caudales trimestrales mínimos de 15 m³/s entre octubre y diciembre, 23 entre enero y marzo, 18 entre abril y junio y 13 durante el verano.
Ahí está buena parte del debate actual. Cumplir estrictamente el mínimo legal no garantiza por sí solo que el río presente un aspecto o unas condiciones ambientales adecuadas.
Este mismo verano el Tajo ha registrado caudales muy reducidos en Toledo y han reaparecido bancos de arena y zonas prácticamente sin circulación de agua. La Cátedra del Tajo lleva tiempo advirtiendo, además, de los efectos que las oscilaciones bruscas de caudal pueden provocar sobre peces, invertebrados y otros organismos del ecosistema fluvial.
Competencias de las administraciones
Ambas administraciones recuerdan, además, que el control de la calidad de las masas de agua y la vigilancia de los vertidos autorizados corresponden a la Confederación Hidrográfica del Tajo. Este organismo, dependiente de la Administración General del Estado, es también el encargado de inspeccionar los vertidos ilegales y de evaluar el estado ecológico del río.
La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid han defendido que no existe actualmente ningún expediente sancionador contra las depuradoras madrileñas por incumplir los parámetros de vertido autorizados. También han señalado que el Ayuntamiento de Madrid está realizando importantes inversiones en sus instalaciones de depuración, como las de Rejas y Valdebebas.
La situación es distinta en el caso de las estaciones depuradoras de La China, Butarque y Sur, cuyas actuaciones estructurales fueron declaradas de interés general del Estado y dependen del impulso del Ministerio para la Transición Ecológica.
Según el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, el Gobierno de la Nación adeuda 1.200 millones de euros para la construcción de esas tres depuradoras, comprometidos en un protocolo firmado con el Ministerio en 2009.
En ese convenio, recuerdan, se establecía como obligación del Ministerio -actualmente el de Transición Ecológica- ejecutar y financiar las obras declaradas de interés general del Estado, sin que hasta la fecha se hayan iniciado.
El Ayuntamiento madrileño recuerda que esa responsabilidad corresponde, según el propio convenio, a la Administración General del Estado, y no al Consistorio ni a la Comunidad de Madrid.
Actuaciones de depuración en la cuenca del Tajo
Las obras del Plan Integral de Mejora de la Calidad del río Tajo incluyen la construcción de estaciones depuradoras de aguas residuales, los colectores hasta la entrada de las plantas, los emisarios de salida y la adecuada restitución al río.
El proceso de tratamiento consiste en una oxidación prolongada a baja carga. El tratamiento de fangos incluye espesamiento, deshidratación y almacenamiento para su evacuación.
La EDAR de Valmojado se sitúa en el mismo Término Municipal al sureste de la población a unos 1.500 m. Las obras afectan únicamente al término municipal de Valmojado (Toledo).
La Presidencia de la Confederación Hidrográfica del Tajo, con fecha 22 de febrero de 2007, ha resuelto autorizar la incoación del expediente de Información Pública del proyecto básico de las obras indicadas y de los Bienes y Derechos afectados.
Las obras se incluyen entre las actuaciones del Plan Integral de Mejora de la Calidad del río Tajo que fueron declaradas de interés general por la Ley 11/2005, de 22 de junio, por la que se modifica la Ley del Plan Hidrológico Nacional.
Retos pendientes para recuperar el río
Los parámetros fisicoquímicos publicados en la web de la Confederación Hidrográfica del Tajo reflejan una tendencia positiva, consecuencia de las medidas de depuración planteadas. Pero que sean suficientes o no estas medidas se ha de comprobar con el seguimiento del plan.
En el primer informe de seguimiento, ya publicado en la red, se constata esta mejoría de la calidad del agua. Hay motivos para la esperanza, aunque no para el triunfalismo.
La situación todavía no es buena, como se ha podido comprobar en los episodios de espumas en el Tajo a su paso por Toledo en otoño de 2016. Se puede afirmar que la depuración del agua en la Comunidad de Madrid es buena o muy buena, pero es necesario mejorarla.
Las características hidrológicas, en las que los retornos de los abastecimientos son una parte importante de los caudales de los ríos, obliga a que se alcancen niveles de excelencia en la depuración, con una mejora generalizada, especialmente en el tratamiento del ciclo del nitrógeno.
También hay que considerar que los caudales que se tendrían en régimen natural en el río Manzanares o el mismo Tajo son bastante inferiores a otros ríos en grandes ciudades europeas como el Sena, Támesis, Rhin o Havel. Hecho éste que no ha de esgrimirse como excusa, sino que se ha de asumir que se requiere mayor depuración.
Una matización sobre este breve repaso histórico es que no se pretende criminalizar a una población y sus habitantes, sino simplemente poner de manifiesto que el proceso de concienciación y lucha contra la contaminación de los ríos está siendo largo y costoso, de una complejidad no prevista.
Que se manifieste que haya que mejorar la depuración no significa desmerecer lo ya realizado sino todo lo contrario, que han de valorarse y apreciarse los progresos obtenidos. Simplemente, el crecimiento y dimensión alcanzada por Madrid ha evidenciado los efectos, pero el problema de fondo existe potencialmente en todas las poblaciones.
El último estudio añade ahora otra pieza al puzle: no basta con que haya más agua si sigue llegando contaminada, pero una mejor depuración tampoco resolverá por sí sola el problema del río.
Para que Toledo pueda aspirar algún día a recuperar el baño en el Tajo será necesario actuar sobre ambas cuestiones: reducir drásticamente la contaminación aguas arriba y garantizar un régimen de caudales capaz de mantener vivo el río.
Por ahora, los datos microbiológicos dejan ese objetivo muy lejos de conseguirlo. La propia Cátedra del Tajo concluye que la distancia que separa a los toledanos de volver a bañarse en su río es todavía “enorme”.
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