Una mascarilla quirúrgica está diseñada principalmente para bloquear gotas, aerosoles o salpicaduras que pueden contener microorganismos y reducir la dispersión de saliva y secreciones respiratorias de la persona que la lleva. No debe confundirse con una mascarilla filtrante FFP2, FFP3 o N95, cuyo objetivo principal es proteger al usuario frente a la inhalación de partículas suspendidas en el ambiente.
La capacidad de una mascarilla quirúrgica no se expresa únicamente mediante un tamaño máximo de partícula, sino mediante ensayos normalizados de eficacia de filtración bacteriana, eficacia de filtración de partículas, respirabilidad y resistencia a líquidos. Por ello, una mascarilla quirúrgica certificada puede filtrar partículas de distintos tamaños, pero su rendimiento depende del tipo de ensayo, del material, del ajuste facial y de la dirección del flujo de aire.
Qué tamaño de partículas filtra una mascarilla quirúrgica
La eficiencia de filtración bacteriana mide el porcentaje correspondiente a la carga bacteriana de tamaño superior a tres micras realmente filtrada por la mascarilla.
La eficiencia de filtración de las partículas mide, de manera similar, el porcentaje de partículas de tamaño inferior a una micra que la mascarilla consigue filtrar.
Estos datos muestran que las mascarillas quirúrgicas se someten a pruebas con partículas superiores a tres micras y también con partículas inferiores a una micra. Sin embargo, el resultado de un ensayo no significa que todas las mascarillas quirúrgicas filtren el cien por cien de las partículas de un tamaño determinado ni que puedan proporcionar el mismo nivel de protección que un respirador ajustado.
| Parámetro | Qué evalúa |
|---|---|
| Eficacia de filtración bacteriana | El porcentaje de carga bacteriana de tamaño superior a tres micras filtrada por la mascarilla. |
| Eficacia de filtración de partículas | El porcentaje de partículas de tamaño inferior a una micra que la mascarilla consigue filtrar. |
| Resistencia a la penetración de líquidos | La capacidad de retener en el exterior fluidos procedentes de salpicaduras o pulverizaciones. |
| Diferencial de presión | El esfuerzo respiratorio y la transpirabilidad de la mascarilla. |

Qué significa la filtración de partículas inferiores a una micra
La filtración de partículas inferiores a una micra se evalúa mediante pruebas específicas de eficacia de filtración de partículas. Este dato indica el comportamiento del material filtrante frente a partículas pequeñas en condiciones de ensayo, pero no equivale automáticamente a una protección completa frente a aerosoles en una situación real.
La protección efectiva depende también de la presencia de fugas en los bordes, del ajuste de la mascarilla a la cara, del tiempo de uso, de la humedad, de la integridad del material y de la forma en que se coloca y se retira.
Las mascarillas quirúrgicas tienen una estructura de diferentes capas que se obtiene mediante la combinación de distintos materiales: la capa más externa y la más interna se fabrican con tejido no tejido, principalmente polipropileno, que asegura una mejor filtración de las bacterias y más permeabilidad y adherencia.
Entre estas dos capas se colocan uno o más filtros, según el tipo de mascarilla, de acuerdo con la normativa. El filtro antipartículas y antibacteriano permite retener en el exterior la gran mayoría de partículas y patógenos de determinado tamaño, carga y concentración.
Cómo funciona el material filtrante
La capa más externa es hidrorrepelente, para bloquear la entrada de cualquier tipo de líquido. En cambio, la capa más interna, en contacto directo con la cara del trabajador que la utiliza, es hidrófila, es decir, permite absorber y retener el sudor, la humedad o pequeñas partículas de saliva que, de lo contrario, se dispersarían en el aire.
El filtro polimérico asegura la resistencia a los fluidos. La combinación de capas permite que la mascarilla actúe como una barrera frente a gotas, salpicaduras y parte de las partículas presentes en el flujo respiratorio.
Las mascarillas quirúrgicas son un producto sanitario destinado a minimizar la transmisión directa de agentes infecciosos, compuestas por tres capas, de las cuales una es de papel, la intermedia es un filtro y la última es una capa de TNT.
La mascarilla quirúrgica protege sobre todo de dentro hacia fuera
Las mascarillas quirúrgicas tienen como finalidad evitar la transmisión de agentes infecciosos por parte de la persona que la lleva. Están diseñadas de dentro a fuera para evitar la diseminación de microorganismos normalmente presentes en la boca, nariz o garganta.
Las mascarillas quirúrgicas evitan que las gotas con virus salgan al exterior. No están diseñadas para proteger de fuera hacia dentro, solo protegen de dentro hacia fuera.
Si se usa adecuadamente, una mascarilla quirúrgica está destinada a ayudar a bloquear las gotas de partículas grandes, aerosoles o salpicaduras que pueden contener gérmenes, ayudando a reducir la exposición a otras personas de la saliva y las secreciones respiratorias.
La eficacia de filtración bacteriana mide la efectividad de una mascarilla quirúrgica para capturar las gotitas de aerosol que emite el que la usa y la respirabilidad es un indicador de comodidad de uso, y se mide como presión diferencial.
Diferencia entre una mascarilla quirúrgica y una FFP2, FFP3 o N95
Las mascarillas con filtro de protección personal protegen al usuario ya que están diseñadas para filtrar las partículas, aerosoles líquidos y patógenos presentes en el medio ambiente, impidiendo que sean inhaladas por el usuario.
El papel de las mascarillas filtrantes de protección personal es proteger al usuario frente a la inhalación de contaminantes ambientales tales como agentes patógenos, agentes químicos, antibióticos y citostáticos. Están diseñadas para trabajar de fuera hacia dentro y se recomienda el uso para procedimientos de aislamiento o con posible generación de aerosoles infecciosos.
Una mascarilla filtrante conocida como FFP es un equipo de protección individual para proteger de la inhalación de partículas peligrosas como gotículas de hasta 0,3 micras de diámetro y de agentes infecciosos a la persona que la lleva puesta.
Antes de usarlas es necesario hacer una prueba de ajuste para asegurar que existe un sellado adecuado de la cara. Si el sellado es hermético, cuando el usuario inhala se produce una fuga mínima alrededor de los bordes, lo que significa que casi todo el aire se dirige a los filtros asegurando así su eficacia y reducción del riesgo de inhalar partículas suspendidas en el aire.
| Tipo de mascarilla filtrante | Eficacia de filtración | Fuga indicada | Uso descrito |
|---|---|---|---|
| FFP1 | 78% | 22% | Baja eficacia; no asegura protección frente a agentes infecciosos. |
| FFP2 | 92% | 8% | Eficacia media; utilizada en situaciones de riesgo medio. |
| FFP3 | 98% | 2% | Eficacia alta; utilizada en situaciones de alto riesgo y con protección frente a aerosoles. |
| N95 | 95% | No indicada en el material | Mascarilla filtrante de la normativa estadounidense. |
En función de su eficacia filtrante, según la norma de la Unión Europea EN 149, se distinguen tres clases: FFP1, con una eficacia de filtración del 78%; FFP2, con una eficacia de filtración del 92%; y FFP3, con una eficacia de filtración del 98%.
La mascarilla filtrante N95, por su parte, tiene una capacidad de filtrado de partículas del 95%.
La organización Mundial de la salud recomienda actualmente la utilización de mascarillas con un factor de protección mínimo de un 95%, lo que en la normativa americana equivaldría a una mascarilla N95 y que, si lo extrapolamos a la clasificación europea, estaría entre la FFP2 y la FFP3.

Clasificación y normas de las mascarillas quirúrgicas
Las mascarillas quirúrgicas están sometidas a una certificación, la norma UNE-EN 14683:2019 AC:2019, que establece las pruebas de eficacia de filtración bacteriana y de respirabilidad, y son consideradas productos sanitarios.
Las mascarillas quirúrgicas, al tratarse de dispositivos médicos, deben ajustarse a la norma europea UNE-EN 14683, en la que se requiere, de manera más específica, probar su resistencia con arreglo a las normas ASTM F2100.
El resultado de estos ensayos permite clasificar las mascarillas en niveles, en un rango de I a III.
Las mascarillas quirúrgicas se clasifican en dos tipos, I y II, dependiendo de su eficacia de filtración bacteriana y de su respirabilidad. El tipo II puede ser, a su vez, resistente o no a salpicaduras.
Por qué el ajuste facial modifica la protección
Una mascarilla quirúrgica puede tener una buena capacidad de filtración en el material y, aun así, ofrecer una protección limitada si queda demasiado separada de la cara. El aire puede circular por los laterales, la parte superior o la zona inferior sin atravesar completamente el filtro.
Las mascarillas quirúrgicas tienen forma rectangular plana, están exentas de látex, tienen un poder de protección frente a la filtración superior al 95% y se adaptan mediante gomas y unas tiras de aluminio para la nariz.
Para su colocación tenemos que tener una higiene previa de manos, colocar la zona azul hacia el exterior, ajustarnos las gomas y por último la zona de la nariz.
No se encontró ningún estudio que justifique ponerse una mascarilla quirúrgica al revés para que sirva de protección al usuario que la lleva.
Qué protección ofrecen frente a gotas, aerosoles y salpicaduras
Las mascarillas quirúrgicas están diseñadas para reducir la emisión de gotas respiratorias y para proteger frente a determinadas salpicaduras. La capa externa hidrorrepelente ayuda a bloquear líquidos que llegan desde el exterior.
La resistencia a la penetración de líquidos define la capacidad de retener en el exterior cualquier tipo de fluido que pueda entrar en contacto con la mascarilla como resultado de una salpicadura o pulverización.
La capacidad de filtrar partículas no significa que la mascarilla sea impermeable a todos los aerosoles ni que sustituya a un respirador de protección personal cuando existe riesgo de inhalación de partículas suspendidas.
Las mascarillas filtrantes de protección personal tienen por objeto proteger a la persona que las lleva de la inhalación de contaminantes ambientales, mientras que las mascarillas quirúrgicas se deben poner a las personas que presentan síntomas respiratorios.
Uso de mascarillas quirúrgicas en situaciones de riesgo
La prioridad más alta de uso de mascarillas filtrantes es para los trabajadores de la salud que realizan procedimientos generadores de aerosoles, incluida la intubación traqueal, la aspiración bronquial, la broncoscopia y la inducción de esputo.
El ECDC también enfatiza que tomar un hisopo nasofaríngeo como parte de una prueba para la COVID-19 es un procedimiento generador de aerosoles porque puede provocar tos.
Si hay una escasez de mascarillas FFP2, FFP3 o N95, los trabajadores sanitarios que realizan procedimientos en contacto directo con un caso sospechoso o confirmado, pero sin riesgo de generar aerosoles, pueden usar una mascarilla quirúrgica además de guantes, gafas y bata.
La prioridad de uso de mascarillas quirúrgicas es la siguiente:
- Uso por casos sintomáticos confirmados de COVID-19.
- Uso por casos sospechosos.
- Uso por personas que atienden a pacientes con COVID-19, si no hay otro tipo de mascarillas de protección personal.
Válvula de exhalación y filtración del aire
Las mascarillas pueden tener válvula de exhalación que facilita la respiración y evita la condensación; se recomiendan para largos períodos de uso.
Al no filtrar el aire exhalado por el usuario, las mascarillas con válvula no se deben colocar a pacientes con procesos respiratorios infecciosos.
Pueden tener, o no, válvula de exhalación que limita la humedad y el calor dentro de la mascarilla, pero hay que tener en cuenta que ese mismo factor de comodidad que aporta al usuario desaconseja su uso en situaciones de riesgo para evitar su transmisión al exterior a través de la válvula.
Uso, sustitución y reutilización
Las mascarillas quirúrgicas son dispositivos desechables. Al tratarse de dispositivos desechables, las mascarillas deben sustituirse en caso de exposición a sustancias pulverizadas o a líquidos y, en cualquier caso, al finalizar el tratamiento con cada paciente.
No, las mascarillas no se pueden reutilizar. La reutilización de las mascarillas comporta el riesgo de autoinoculación, es decir, entrar en contacto o transportar virus y bacterias que han quedado en las superficies interna y externa, con la consiguiente posibilidad de contagio.
Lo más importante de la esterilización no es si los contaminantes bacterianos se pueden eliminar o no de la mascarilla mediante el tratamiento con agentes químicos, vapor, radiación u otros métodos, sino el hecho de que, a través de estos, se pueda dañar el dispositivo médico comprometiendo su capacidad de protección.
El estrés al que se somete la mascarilla durante el proceso de esterilización podría afectar a su eficiencia de filtración, alterando la estructura del material del que está compuesto el filtro antipartículas y antibacteriano.
Además, no se ha confirmado la eliminación de los patógenos después de tratar la mascarilla, por lo tanto, existe el riesgo de utilizar un dispositivo contaminado y, al mismo tiempo, ineficaz, peligroso para uno mismo y para los demás.
Cómo colocar y retirar una mascarilla
Antes de manipular la mascarilla hay que lavarse las manos durante al menos 20 o 60 segundos con jabón. La mascarilla debe sujetarse por las gomas y no directamente desde el centro de la superficie.
Para conseguir la mayor efectividad de las mascarillas de protección filtrantes FFP, es importante una buena colocación: colocarse la mascarilla desde la barbilla hacia la nariz para asegurarse de recoger la zona facial en su totalidad y ajustar el clip nasal para conseguir un hermetismo total.
De igual modo existe un protocolo para quitarse la mascarilla y demás elementos de protección para mantener una seguridad sanitaria: quitarse primero los guantes, sujetar la mascarilla por la zona de las gomas y nunca directamente desde el centro de la mascarilla, sacarla hacia delante evitando el roce con la ropa, desecharla en un contenedor y lavarse las manos con jabón.
¿Aumenta la protección al utilizar dos mascarillas quirúrgicas?
Tras la búsqueda realizada, no se han encontrado ensayos clínicos ni documentación científica que justifique que el uso de dos mascarillas quirúrgicas aumente el nivel de protección.
Tampoco se han estudiado los posibles riesgos de dicha práctica. Por tanto, duplicar las mascarillas no permite afirmar que se duplique la filtración ni que se consiga una protección equivalente a la de una mascarilla filtrante ajustada.
Mascarillas quirúrgicas, higiénicas y caseras
Las mascarillas higiénicas no son consideradas sanitarias y mucho menos filtrantes o equipos de protección individual, aunque han de cumplir normas técnicas dictadas por AENOR para poder ser comercializadas.
Las mascarillas higiénicas objeto de las especificaciones que ha publicado la Asociación Española de Normalización deben cubrir nariz, boca y barbilla, estar fabricadas de un material filtrante adecuado, estar confeccionadas con material que permita la respiración, utilizar materiales que en contacto con la piel del usuario no presenten riesgos conocidos de irritación o efectos adversos para la salud y garantizar un ajuste adecuado con la cara.
Las especificaciones indicadas establecen una eficacia de filtración bacteriana igual o superior al 95% y una respirabilidad inferior a 60 Pa/cm².
Según estos puntos y atendiendo principalmente a los dos últimos, no cumplirían los criterios de mascarilla higiénica aquellas mascarillas elaboradas de forma casera, pues estas no aseguran los criterios de aceptación determinados por la UNE.
El uso de las mascarillas de realización casera, normalmente de tela, por parte de los profesionales sanitarios solo debería considerarse como un último recurso para prevenir la transmisión de gotas por parte de individuos infectados y sería mejor que no tener protección.
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Medidas que deben acompañar al uso de la mascarilla
La utilización de mascarillas solo es efectiva en combinación con unas medidas de higiene y distanciamiento social.
- Lavarse frecuentemente las manos entre 20 y 60 segundos, friccionando con agua y jabón.
- Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca.
- Cubrirse la boca y la nariz con la flexura del codo o con un pañuelo desechable al toser y estornudar.
- Mantener una distancia mínima de 1,5 metros entre personas.
En cuanto al uso generalizado de mascarillas faciales por la población sana en la comunidad, la recomendación más extendida es aconsejar su utilización fundamentalmente en situaciones con mayor riesgo de contagio y sin que su uso suponga una relajación del resto de medidas preventivas.
Aunque se considera incierta la eficacia de las mascarillas faciales para contener la diseminación del SARS-CoV-2, los datos indirectos disponibles muestran que el uso de mascarillas disminuye la propagación de virus respiratorios.
La mayoría de los estamentos que se han posicionado recomiendan que la población no utilice mascarillas quirúrgicas ni mascarillas con filtro de protección personal, que deben reservarse para los profesionales sociosanitarios y para aquellas personas que por su situación clínica las necesitan.
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