Para utilizar agua de un pantano en una explotación ganadera es necesario analizarla, someterla a un tratamiento adecuado y mantener bajo control toda la red de almacenamiento y distribución. El proceso debe garantizar la calidad microbiológica, fisicoquímica y organoléptica del agua, especialmente cuando se destina al consumo de los animales.
El agua de bebida debe estar libre de microorganismos patógenos y sustancias nocivas, y el tratamiento debe mantener una desinfección eficaz hasta los puntos terminales de bebida sin alcanzar concentraciones excesivas que puedan resultar perjudiciales para los animales. El agua es el nutriente más importante en la producción ganadera y, sin embargo, a menudo se pasa por alto.
Por qué es imprescindible tratar el agua del pantano
La escasez de agua se ha convertido en un problema mundial cada vez más crítico, no sólo por la escasez de lluvias durante períodos prolongados, sino también por la inutilización del agua disponible debido a la contaminación. La producción de leche necesita una gran cantidad de agua, lo que puede tener un impacto significativo en el coste de producción, así como posibles efectos negativos en el medio ambiente.
En la granja lechera, el agua se usa para beber, para los sistemas de refrigeración, instalaciones y equipos de lavado, riego en el caso de disponer de cultivos y uso doméstico. El acceso a agua potable de calidad es clave para un rendimiento óptimo. Mejorar la calidad del agua permite reducir la presión de patógenos, prevenir enfermedades y aumentar la ingesta de alimento.
El agua es el segundo nutriente más importante para el ganado, después del oxígeno. Los animales necesitan un suministro abundante de agua buena y limpia para la digestión y el metabolismo normales, el flujo adecuado del alimento por el intestinal, la absorción adecuada de nutrientes, el volumen sanguíneo normal y las necesidades de los tejidos.
Cuando el agua se ensucia, tiene un sabor rancio o está contaminada, disminuye el consumo de agua y de pienso, lo que afecta negativamente el crecimiento, la producción y la reproducción. El agua está involucrada directa e indirectamente en cada proceso fisiológico.
Primera fase: analizar el agua del pantano
¿Cuándo fue la última vez que comprobó la calidad del agua en su granja? En cualquier caso, es muy recomendable realizar, al menos una vez al año, una analítica en laboratorio de las propiedades químicas y microbiológicas del agua de la que se suministra la explotación.
El dato de pH es sólo una medida rápida para detectar problemas serios de la misma. De esta forma, nos podemos asegurar de una calidad óptima del agua mediante un análisis que nos indique el pH exacto, evitando así futuras incidencias.
La calidad del agua utilizada en estas actividades puede tener un impacto significativo en la productividad y el rendimiento. Para determinar cuál de todos los tratamientos es más eficaz, es necesario realizar una analítica previa (pH del agua) y estudiar cada caso de manera individual atendiendo a los factores externos que puedan afectarle.
Parámetros que deben comprobarse
- El pH.
- La presencia de bacterias, virus y otros patógenos.
- Los sólidos disueltos totales o residuo a 105 °C.
- La concentración de sodio, cloruros, sulfatos, carbonatos, calcio y magnesio.
- La presencia de nitratos, arsénico, flúor y otros elementos químicos.
- La turbidez, los sedimentos, las algas y la materia orgánica.
- La formación de biofilm en depósitos, tuberías y bebederos.
La concentración de iones de Hidrógeno en el agua determina el nivel de pH. Un valor pH de 7 indica agua “neutral”. Con valores menores que 7, son cada vez más ácidas, y con valores mayores que 7, cada vez más alcalinas.
Así, la mayor parte de las aguas entran en un rango de 6.5 a 8.5, considerándose aceptable. Para detectar el pH de tus abrevaderos, puedes utilizar un medidor de pH o papeles tornasol.
Evaluar la salinidad del agua
Este es el factor individual más importante para determinar si un agua de bebida es o no adecuada para el ganado. En los análisis de agua se encuentran bajo la denominación de sólidos disueltos totales o residuo a 105 °C, expresándose los valores en partes por millón (ppm) o miligramos por litro (mg/l).
La presencia de sales en las aguas de bebida del ganado limita en muchos casos el rendimiento de la producción pecuaria. Por lo tanto se hace necesario conocer las tolerancias del ganado a las sales para evitar efectos nocivos y pérdidas de rendimiento.
| Tipo de ganado | Tolerancia máxima indicada | Equivalencia |
|---|---|---|
| Ovejas con alimentación verde | 1,5% | 15.000 ppm |
| Ovejas con alimentación seca o vegetación halófila | 1,3% | 13.000 ppm |
| Vacunos para carne | 1% | 10.000 ppm |
| Vacunos lecheros o caballos | 0,7% | 7.000 ppm |
Se deben tener muy en cuenta que los valores dados de tolerancia máxima son afectados, en gran medida, por los requerimientos en agua libre. La mayor tolerancia del ganado ovino respecto del vacuno está relacionado en gran medida con su mayor habilidad para deshidratar la materia fecal, lo cual significa un ahorro de agua libre.
Una vaca seca puede tolerar 2% de NaCl, pero una vaca en lactancia solamente 1,5%. A medida que aumenten los requerimientos del animal por agua libre, debido a cualquier combinación de los factores mencionados, su tolerancia a la salinidad irá disminuyendo.
Agua obligatoriamente urinaria y agua libre
La proporción de agua salina que es obligatoriamente urinaria dependerá, obviamente, de la concentración salina del agua en cuestión y de la menor o mayor capacidad del riñón para concentrar dichas sales en la orina. El agua libre es el volumen total de agua menos la cantidad de agua obligatoriamente urinaria.
El agua libre es la porción de agua disponible por el animal, para los procesos de evaporación, evacuación de heces, excreción normal de orina y producción de leche. Cuanto mayor es el contenido salino del agua, mayor será el volumen de agua que el animal deberá ingerir para satisfacer los requerimientos de su organismo en agua libre.
Los factores que afectan la tolerancia en aguas salinas son el contenido total de sales en el agua, la composición de las sales en solución, la habilidad de concentración de los riñones, la disipación del exceso de calor, el contenido de agua en los alimentos, el contenido de sales y/o nitrógeno en los alimentos y si se trata de animales secos o en lactación.
Sales especialmente relevantes
Los componentes químicos predeterminantes en esas aguas son sodio (Na) y cloro (Cl), carbonatos (CO3), sulfatos (SO4), calcio (Ca) y magnesio (Mg). También suelen estar presentes nitratos (NO3), arsénico (As), flúor (F) y otros elementos químicos.
Con 0,7% de Na2SO4 (Sulfato de Sodio) tampoco se notaron disminuciones en el promedio diario de ganancia de peso, pero con 1% el efecto fue muy severo, mucho mayor que el observado para NaCl en la misma concentración. Bajo otras condiciones, concentraciones de 0,7% produjeron diarreas permanentes, disminución de la ganancia diaria de peso y de la producción de leche.
Con 1% de Na2SO4, aparte de la sensible disminución en la producción, se observaron alteraciones del sistema óseo, con artrosis articulares, osteoporosis y fracturas espontáneas. Se recomienda suministrar en forma permanente o periódica, sales minerales ricas en calcio y fósforo a los animales que ingieren aguas con altos niveles de sulfatos, a fin de evitar los efectos desmineralizantes de los mismos.
Los cloruros más comúnmente presentes en aguas salinas son el cloruro de sodio (NaCl), el de magnesio (MgCl2) y el de calcio (Cl2Ca), los dos últimos de efecto pugnante. La tolerancia de los animales a los cloruros varía de acuerdo al elemento químico que entre en su constitución.
Los ovinos pueden tolerar hasta 1,3% de NaCl en el agua de bebida, sin mayores inconvenientes; sin embargo, una concentración de 1,1% de NaCl más 0,2% de Cl2Mg es tóxica. En general no se considera que los carbonatos y bicarbonatos sean particularmente nocivos para el ganado siempre que no pasen los límites de concentración dados para el contenido de sales totales.
La toxicidad del flúor depende, en gran parte, de la forma en la cual sea ingerido. En forma soluble, por ejemplo fluoruro de sodio, NaF, es más tóxico que en forma sólida, por ejemplo fluoruro de calcio, CaF2, contenida en rocas fosfáticas.
Tratamiento completo del agua del pantano
El tratamiento debe definirse a partir de los resultados analíticos. El proceso de potabilización del agua de bebida de los animales se realiza mediante el tratamiento del agua con un producto desinfectante (biocida), que deberá garantizar la máxima calidad microbiológica, fisicoquímica y organoléptica del agua tratada.
El biocida debe aplicarse a una dosis que asegure su efectividad desinfectante a lo largo de toda la red de distribución de agua, garantizando su actividad hasta los puntos terminales de bebida. Por otro lado, también se deberán evitar concentraciones excesivas, que podrían ser nocivas para los animales.
1. Captación y prefiltrado
El agua del pantano puede contener sedimentos, sólidos suspendidos, materia orgánica, algas y otros contaminantes. Por ello, antes de la desinfección es necesario reducir la carga física del agua mediante sistemas de filtración adecuados a la calidad de la fuente.
La filtración avanzada permite eliminar sedimentos, sólidos suspendidos y contaminantes químicos presentes en el agua, garantizando una fuente de agua limpia y segura para el ganado. Los sistemas de purificación por ósmosis inversa y ultrafiltración eliminan los contaminantes y minerales no deseados.
2. Filtración y acondicionamiento
El acondicionamiento del agua permite ajustar el pH y la composición química del agua de bebida, asegurando una hidratación óptima y una mejor absorción de nutrientes por parte de los animales. Al eliminar minerales duros, los descalcificadores previenen la acumulación de cal en los bebederos y equipos de abastecimiento de agua.
Los excesos de iones específicos o del tenor salino total producen distintos efectos sobre la sanidad animal que pueden ser fácilmente corregidos con un adecuado tratamiento de agua. En general se podrá tomar un límite de sales totales como referente del nivel de desmineralización, por ejemplo 2000 ppm, siempre y cuando no aparezca algún ion o sal específica que sea nociva para el consumo y se transforme en el limitante de la relación de mezcla de aguas.
3. Desmineralización por ósmosis inversa
Los sistemas de desmineralización por ósmosis inversa pueden producir un agua apta para el consumo animal. La relación entre agua desmineralizada y agua cruda debe establecerse a partir del análisis, de la cantidad y del tipo de ganado, de las dimensiones del almacenamiento y del tipo de suministro eléctrico disponible.
Los datos necesarios para dimensionar un sistema de tratamiento de agua son los siguientes:
- Análisis del agua a tratar.
- Tipo de fuente de abastecimiento, indicando profundidad si se tratase de un pozo.
- Dimensiones del almacenamiento de agua existente.
- Cantidad de cabezas y tipo de ganado a abastecer.
- Tipo de suministro eléctrico disponible en el lugar.
Esta información servirá para dimensionar el equipo, suponiendo por ejemplo un consumo de 80 l/d por cabeza, y por otra parte determinar el tipo de membranas, bombas y cañerías que se deberán utilizar en el equipo, así como la relación agua desmineralizada / agua cruda que puede utilizarse.
Los equipos pueden operar las 24h por lo que conviene dimensionar la producción en base a esta consideración, utilizando al máximo la capacidad de almacenamiento disponible, y eventualmente si fuera necesario, puede ser más conveniente aumentar la capacidad de almacenamiento antes que incrementar el tamaño de los equipos de producción.
4. Desinfección
La desinfección es el proceso por el cual se eliminan microorganismos patógenos mediante agentes químicos o físicos. De este modo, podremos prevenir a nuestros animales de enfermedades infecciosas, para incrementar y mejorar la producción y calidad de los productos de origen animal.
La cloración del agua es importante para mantenerla libre de contaminantes microbianos. Si una vaca consume agua contaminada, será más propensa a enfermarse. Bajo estas condiciones, la importancia de la cloración del agua resulta más evidente: reduce la transmisión de enfermedades como la Salmonella, E coli y Coccidiosis, remueve algas y microorganismos de los estanques y abrevaderos.
Hipoclorito de sodio
Actualmente, el cloro, en forma de hipoclorito sódico, sigue siendo el desinfectante para agua de bebida más utilizado a nivel mundial, ya sea para consumo animal o para consumo humano. El cloro garantiza una excelente eficacia desinfectante a un coste de aplicación muy económico, permitiendo al mismo tiempo una sencilla dosificación y un fácil control del residual.
En solución acuosa, el hipoclorito sódico da lugar a un equilibrio de las siguientes especies químicas: cloro (Cl2), ácido hipocloroso (HClO) e ion hipoclorito (ClO-). Según el valor de pH de la solución, varían las proporciones de cada especie.
Con un pH inferior a 5 todo el cloro está en forma de ácido hipocloroso (HClO), de gran poder oxidante y desinfectante, pero de baja estabilidad. Sin embargo, a medida que el pH aumenta, este ácido se disocia en hipoclorito (ClO-), disminuyendo significativamente su poder oxidante y efectividad desinfectante a partir de pH superiores a 7,0, aunque su estabilidad aumenta.
El hipoclorito sódico requiere de un adecuado control de dosificación para minimizar la formación de subproductos indeseables durante las reacciones de oxidación, tales como trihalometanos (THM), que además pueden aportar sabor y olor desagradables al agua tratada. Finalmente, también es importante remarcar que el hipoclorito sódico presenta poca penetración en los biofilms que se pueden formar en las instalaciones.
Peróxido de hidrógeno
Otra alternativa frecuentemente utilizada, segura y efectiva para la desinfección del agua de bebida de consumo animal es el peróxido de hidrógeno, también conocido como agua oxigenada. Se trata de una solución eficaz que no altera las características organolépticas del agua, aportando una buena eficacia desinfectante sin gran dependencia del pH.
El peróxido de hidrógeno permite una sencilla dosificación y un fácil control analítico, mostrándose activo en presencia de materia orgánica y efectivo frente a biofilms. Su uso minimiza los riesgos de corrosión en las instalaciones en comparación con los productos clorados, además de tener un menor impacto medioambiental, ya que no genera subproductos nocivos, al degradarse en agua y oxígeno.
Dióxido de cloro
La potabilización de agua de consumo animal con dióxido de cloro presenta una menor reactividad y mayor especificidad en comparación con el uso de cloro, hipoclorito sódico. Su gran actividad desinfectante tiene poca dependencia del pH, es efectivo en un amplio rango de 4 a 9, presenta menor corrosividad y garantiza un excelente poder de penetración frente a los biofilms.
Además, el dióxido de cloro produce una menor alteración organoléptica del agua tratada y una menor formación de subproductos indeseables, por ejemplo THM, durante las reacciones de oxidación. El dióxido de cloro es un gas inestable que se descompone rápidamente, por lo que difícilmente puede ser comprimido o almacenado.
En la mayoría de aplicaciones de potabilización, el dióxido de cloro debe generarse in situ por activación de un producto basado en clorito sódico mediante un agente oxidante o ácido, y siempre tomando las medidas de seguridad necesarias para evitar posibles riesgos.
Requisitos del desinfectante
Un desinfectante ideal debe ser soluble en agua, de amplio espectro, activo en presencia de materia orgánica, estable, no tóxico ni generar sustancias tóxicas en contacto con otros materiales o con materia orgánica, de rápida acción, con acción residual, penetrante, compatible con todos los materiales y que no afecte al medio ambiente.
Los productos utilizados para la desinfección del agua de bebida deben cumplir lo establecido en el Reglamento 528/2012, relativo a la comercialización y el uso de los biocidas. Para la potabilización de agua de consumo, ya sea humano o animal, solo se pueden utilizar las sustancias que se encuentren aprobadas por la Agencia Europea de Químicos (ECHA), o en su Programa de Revisión, para el Tipo de Producto 5.
Control del biofilm y limpieza de la red
Es importante limpiar todo el sistema: conductos de agua, tuberías verticales, reguladores y tuberías de distribución. Una limpieza inadecuada supone una pérdida de tiempo y esfuerzo.
El cloro es un desinfectante popular y eficaz para las tuberías de agua aunque no es perfecto. Una alternativa al cloro es el peróxido de hidrógeno. Asegúrate de documentar qué productos utilizas y cuáles funcionan mejor.
- Abra los conductos de agua y drénelos completamente.
- Bombea el limpiador o desinfectante a través de las tuberías de agua.
- Asegúrate de que el agua que sale de la tubería de desagüe muestra signos del producto, como espuma, para comprobar que está pasando.
- Una vez llenos los conductos con el limpiador o desinfectante, cierre el grifo y deje el producto en los conductos el tiempo que recomiende el fabricante, a ser posible más de 24 horas.
- Elimine el limpiador o desinfectante de las tuberías de agua con agua que contenga desinfectante utilizado normalmente en el agua potable, como una solución de lejía 5%.
Limpiar y desinfectar las tuberías de agua desde el pozo de agua hasta las instalaciones avícolas y porcinas. Es mejor no purgar las líneas de agua exteriores a través de las líneas de agua dentro de los edificios.
Después de limpiar y desinfectar las tuberías, el suministro de agua debe ser fresco y clorado a 3-5 ppm en el bebedero más alejado de la fuente. El tratamiento debe comprobarse mediante mediciones y registros, evitando aplicar dosis superiores a las necesarias.
Limpieza y desinfección de depósitos y bebederos
Cuando tenemos una granja o algún tipo de explotación ganadera, hay que prestar especial atención al abrevadero. Las explotaciones ganaderas están sometidas a la amenaza que supone la entrada y difusión de agentes patógenos.
La limpieza y la desinfección son dos fases inseparables en la higiene de las explotaciones ganaderas. En este tipo de explotaciones es habitual que las paredes, techos y suelos sean de superficie rugosa, que las temperaturas sean bajas y que haya abundancia de materia orgánica, que representan factores limitantes para la acción de los desinfectantes.
Por ello, la limpieza previa a la desinfección de los abrevaderos es crucial. Tras haber realizado la limpieza del abrevadero, hay que dejar que se sequen. El secado reduce la contaminación.
Procedimiento periódico del bebedero
Para limpiar los comederos, una vez a la semana aproximadamente, vacíe toda el agua del depósito y frótelo hasta dejarlo limpio, asegurándose de rascar cualquier resto de suciedad, residuos o algas. A continuación, enjuague el comedero con una solución de lejía al 10% y vuelva a enjuagarlo dos veces más con agua normal.
Para controlar el crecimiento de algas, por cada 190 litros (50 galones) de capacidad de agua, añade de 59 a 89 mililitros (de dos a tres onzas) de lejía doméstica normal cada semana. Espere al menos una hora antes de dejar que sus animales beban del bebedero para dar tiempo a que el cloro se disipe.
También puedes añadir sulfato de cobre a razón de 1/8 de cucharadita por cada 100 galones (380 litros) de agua para matar las algas existentes, que luego pueden eliminarse mecánicamente. Cubra o dé sombra a su abrevadero para reducir la exposición del agua a la luz y, por tanto, el crecimiento de algas.
La sombra también permite minimizar la cantidad de suciedad y residuos que entran en el agua. Mantener aislados a los animales enfermos es otra medida importante, porque el agua sucia es un medio de crecimiento para los organismos patógenos, y las enfermedades pueden propagarse rápidamente cuando los animales beben de la misma fuente de agua.
Almacenamiento del agua tratada
El mantenimiento de los depósitos de almacenamiento de agua es fundamentalmente necesario para evitar el deterioro de la calidad de ésta. Los depósitos deben permanecer protegidos frente a la entrada de suciedad, materia orgánica, animales, algas y nuevas contaminaciones.
Los depósitos deben revisarse y limpiarse periódicamente, y las tuberías que no estén en uso deben drenarse y cerrarse. Esto reducirá el riesgo, por ejemplo, de congelaciones en invierno, rotura de esas tuberías y desperdicios de agua cuando las volvamos a utilizar.
El medidor o contador de agua se debe colocar en un lugar que sea fácilmente accesible para leer o conectar a un registrador de datos o a una unidad de telemetría. Registrar el uso de agua ayuda a detectar fugas y a comprobar si los valores registrados se corresponden con un gasto normal de agua o no.
Uso eficiente y reutilización del agua
Para un mejor aprovechamiento de este recurso escaso se deben tener en cuenta las Mejores Técnicas Disponibles (MTD) en la gestión del agua, tanto en lo que se refiere a la optimización del consumo por parte de los animales, como en las tareas de limpieza y desinfección, sin olvidar un mayor control de la refrigeración en el interior de las naves.
El objetivo principal es reducir el consumo de agua con el menor esfuerzo e inversión posibles. Es posible y necesario buscar la manera viable de cómo poder utilizar la misma agua varias veces.
Medidas para reducir el consumo
- Previa limpieza mecánica en seco, los alojamientos y equipos de los animales se limpiarán con máquinas hidrolimpiadoras de alta presión, equilibrando la limpieza con la minimización del uso del agua.
- El uso de agua caliente para limpiar, aunque implica un mayor coste energético, también puede reducir el uso de agua en un 50%.
- Instalar en todas las mangueras un gatillo que aumente el control sobre el consumo de agua.
- Se ha calculado un ahorro de agua del 35% al instalar válvulas de cierre en las mangueras utilizadas para el lavado.
- Verificar periódicamente la calibración de la instalación de agua potable para evitar derrames.
- Detectar y reparar las fugas en el circuito de distribución de agua.
- Seleccionar los productos de limpieza y desinfección considerando también las implicaciones ambientales.
Con media presión, el gasto de agua en la limpieza de las salas de ordeño puede oscilar entre 27 y 45 litros/animal y día, mientras que si la presión es más elevada, el consumo de agua se reduce a un rango entre 14 y 22 litros/animal y día.
El consumo puede triplicarse por causa de las fugas; de ahí la importancia de medir el consumo. Registrar el uso de agua midiendo el consumo mediante contadores, bien mecánicos o electromagnéticos, permite detectar rápidamente fugas en la red de distribución de agua en la granja, incluso cuando son pequeñas.
Reciclado, recirculación y reutilización
Se entiende por reciclado-recirculación el uso sucesivo y repetido de un caudal de agua en el mismo proceso o uso específico un determinado número de veces, consumiendo en cada ciclo un pequeño porcentaje de renovación de caudal.
El reciclado-recirculación se contempla si no es necesario un tratamiento del agua o si éste es muy simple. El agua utilizada en la limpieza hidráulica de los pasillos de circulación de las granjas lecheras, una vez decantada en las balsas adecuadas, se puede volver a utilizar varias veces en dicha limpieza de pasillos o ser empleada para el riego de cultivos.
El agua potable empleado en la limpieza de la instalación de ordeño y del tanque de leche puede ser reutilizada posteriormente en la limpieza de la sala de espera o de la propia sala de ordeño. Una vez baldeada, esta agua de limpieza de la sala de espera del ganado, que lleva heces y orina, suele acabar en la fosa de purín.
Pero si antes se procede a una decantación, el agua podría volver a reutilizarse. En el caso de disponer de un sistema de prerefrigeración de la leche mediante un intercambiador de placas, el agua empleada en enfriar la leche podría ser también reutilizada en el baldeo o como agua para usos sanitarios.
Recuperación del agua del preenfriador
En el caso de que la granja disponga de un preenfriador de leche, es muy importante recuperar el agua utilizada en el preenfriador. Si consideramos unas necesidades de 2,5 litros de agua por litro de leche prerefrigerada, y considerando una producción de leche de 35 litros/día, estaríamos recuperando:
100 vacas x 35 litros/día y vaca x 2,5 litros agua/litro leche = 8.750 litros de agua/día.
Es decir, podríamos recuperar casi el 64% de las necesidades de agua de bebida o, en su defecto, podríamos utilizar esta agua recuperada para la limpieza de la instalación de ordeño, lavado de ubres, agua sanitaria, etc.
Separación y reutilización del purín
En las granjas donde se produce purín, éste puede hacerse pasar por un separador sólido-líquido. El sólido obtenido tiene un contenido en humedad muy inferior al producto original, puede apilarse, produce menos olor y puede ser utilizado como abono, directamente o previo compostaje.
El líquido, obtenido en un volumen considerable, puede almacenarse en grandes balsas y ser reutilizado en el riego de cultivos o en la limpieza de pasillos. El manejo de aguas residuales representa actualmente uno de los problemas más relevantes en cualquier actividad económica.
¿Puede utilizarse el agua de lluvia como complemento?
La recogida de agua de lluvia de las cubiertas de los edificios de la granja puede reducir la presión sobre el agua del pantano y reservar el agua de mejor calidad para el consumo animal. El agua de lluvia puede ser empleada en la limpieza de las instalaciones o en la prerrefrigeración de la leche.
La captación de agua de lluvia es la recogida del agua que cae sobre los alojamientos y edificios y que, de otra manera, se habría ido por los desagües o escurrido por las zonas pavimentadas, normalmente ensuciándose, se habría perdido por evaporación, o empapado en el suelo.
Un sistema puede consistir en desviar el drenaje a un tanque o depósito para recoger el agua y, si es necesario, podría incluir un tratamiento para mejorar la calidad del agua para usos específicos. También pueden ser necesarias bombas y tuberías de distribución para suministrar el agua a los lugares de la granja donde se necesite.
La recogida de agua de lluvia es un medio fácil de obtener agua, estemos en una zona de alta o de baja pluviometría. Diferentes estudios han demostrado que la recogida de agua de lluvia del tejado de una instalación podría suponer cubrir entre el 5 y el 25 % de las necesidades.
El agua de lluvia ofrece alta calidad físico-química del agua, aunque, en principio, no apta para bebida. Es aplicable como agua de proceso, usos auxiliares y usos sanitarios.
La cantidad de lluvia disponible depende, fundamentalmente, de la pluviometría y de la superficie de tejado. Los canalones y bajantes deben limpiarse periódicamente porque se llenan de hojas en otoño o se rompen por algún golpe.
Las balsas deberían ser impermeabilizadas para evitar pérdidas por filtración, y estar cubiertas para limitar las pérdidas por evaporación. Asimismo, el perímetro de dichas balsas debería estar protegido a una distancia suficiente para evitar su contaminación por la aplicación de estiércol o de purín, evitando también el acceso de animales a la misma, y vallada para evitar posibles accidentes.
El agua de lluvia puede utilizarse, preferentemente, para baldear los patios, pasillos, corrales de espera y la propia sala de ordeño. La limpieza del tanque y de la instalación de ordeño, por normativa higiénica, debe hacerse con agua potable, pero el suelo de la sala de espera o suelo y paredes de la sala de ordeño puede efectuarse, perfectamente, con agua de lluvia recogida.
La fosa de purín también es una instalación susceptible de ser protegida con una cubierta. Si se evita que el agua de lluvia entre o caiga en la fosa, la composición del purín será más estable, siendo más fácil dosificarlo en el momento de su aplicación al campo.
Refrigeración y consumo de agua
También se puede ahorrar una cantidad considerable de agua diseñando adecuadamente la instalación para la aspersión de agua en el comedero como forma de refrigerar a los animales y reducir o evitar su estrés calórico.
Cuando el comedero está lleno de vacas ingiriendo su ración, es lógico que funcionen todos los aspersores o difusores del sector correspondiente. Pero el comedero no siempre está lleno de vacas y se pueden perder litros de agua, consumir mucha energía y tener los alrededores sucios y mojados.
Los modernos difusores van dotados de sensor de movimiento que se activa cuando una vaca se acerca a las proximidades, de modo que es ese el único difusor que empieza a funcionar y moja al animal, sin necesidad de que los demás se pongan en funcionamiento para no mojar animal alguno.
Control diario y seguimiento del tratamiento
La instalación debe contar con un programa de control que incluya el análisis periódico del agua de entrada, el control del tratamiento, la revisión de depósitos, la limpieza de bebederos y el seguimiento de la calidad en el punto más alejado de la red.
- Comprobar el pH y los parámetros microbiológicos con la periodicidad establecida.
- Medir el desinfectante residual en los puntos terminales de bebida.
- Registrar el consumo de agua mediante contadores.
- Revisar fugas, válvulas, flotadores, bombas, filtros y tuberías.
- Limpiar depósitos, bebederos y conducciones.
- Documentar los productos utilizados y cuáles funcionan mejor.
- Mantener aislados a los animales enfermos.
- Comprobar que el agua no presenta olores, sabores, algas, sedimentos o cambios de aspecto.
Verificar periódicamente la calibración de la instalación de agua potable para evitar derrames. Regular la válvula-flotador de los bebederos para evitar que la lámina de agua llegue casi al borde del bebedero y aumente el riesgo de desbordamiento y derrames.
Obviamente, se debe verificar el correcto funcionamiento de dicha válvula. El agua es uno de los elementos indispensables en el proceso alimentario, y como tal, el ganadero debe prestarle constante atención en sus explotaciones.

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