Últimas noticias sobre las mascarillas FFP2: recomendaciones, uso y novedades

Las últimas recomendaciones sobre las mascarillas FFP2 distinguen entre la protección necesaria para profesionales sanitarios y colectivos vulnerables, y el uso general por parte de la población. En España, las mascarillas EPI, entre las que se encuentran las FFP2, están recomendadas para profesionales en contacto con la COVID-19 y colectivos vulnerables bajo prescripción médica, pero no para la población en general.

Para las personas sanas y sin contacto con el virus, el Ministerio de Consumo señala que deben utilizar el modelo de mascarilla higiénica, junto con el distanciamiento físico y la higiene de manos. Para quienes hayan resultado contagiados, tengan síntomas o sean positivos asintomáticos, se aconseja el uso de mascarillas quirúrgicas.

Qué son las mascarillas FFP2 y qué las diferencia

Estas mascarillas forman parte del grupo de las denominadas Equipos de Protección Individual. Tienen una mayor capacidad filtrante que muchas otras. Se les reconocen dos condiciones ventajosas.

Por un lado, actúan en doble sentido, es decir, evitan contagiar y ser contagiado. Frente a los aerosoles que portan el virus, estornudos, gotas de saliva al hablar, por ejemplo, las mascarillas FFP2 actúan como un filtro impenetrable. Si el que la lleva puesta porta el virus, no lo contagiará a otras personas. Y si es a la inversa, si está en contacto con portadores, el virus no pasará por la mascarilla.

Por otro lado, estas mascarillas tienen mejor adaptabilidad. Se ajustan perfectamente y cubren bien boca y nariz. Es cómoda y permite hablar y respirar sin problemas. Estas propiedades hacen que se considere a las mascarillas FFP2 como un muy buen sistema de protección para evitar los contagios.

A diferencia de las quirúrgicas -holgadas y diseñadas para proteger a terceros de las gotas expulsadas al toser o estornudar-, las FFP2 sellan el rostro y filtran tanto el aire inhalado como el exhalado.

Comparativa mascarillas FFP2 quirúrgicas higiénicas

La transmisión aérea y el papel de las FFP2

La llamada transmisión aérea se produce a través de aerosoles: partículas microscópicas que expulsamos al respirar, hablar o toser y que pueden permanecer en el aire, especialmente en espacios cerrados y mal ventilados. Esta vía explica también la propagación de otras infecciones respiratorias, como la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS).

Para reducir estos contagios, además de vacunar y de prácticas sociales, las medidas más eficaces incluyen ventilar bien, usar filtros de aire y mascarillas de alta filtración, como las FFP2.

La pandemia de la covid impulsó de forma masiva el uso de mascarillas, dentro y fuera del ámbito sanitario. En los primeros compases de la crisis, la transmisión aérea del SARS-CoV-2, causante de la enfermedad, fue objeto de intenso debate, y numerosos expertos criticaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no subrayar esta vía de contagio, que con el tiempo se ha confirmado como la principal responsable de su propagación.

La efectividad de la mascarilla para la reducción de la transmisión del SARS-CoV-2 y de otros virus respiratorios ha sido fuertemente probada. En los centros sanitarios ha demostrado reducir la transmisión de las infecciones respiratorias, tanto en pacientes como en profesionales sanitarios.

Debate actual sobre el uso generalizado de FFP2

Ahora, un grupo internacional de médicos, científicos y expertos en salud pública e ingeniería de aerosoles pide a la OMS que dé un paso más y recomiende el uso generalizado de mascarillas tipo FFP2 para el personal sanitario, también fuera de los picos epidémicos.

En una carta abierta enviada el pasado 7 de enero al director general del organismo, Tedros Adhanom, los firmantes instan a que los profesionales sanitarios utilicen esta protección “en cada encuentro, en todos los entornos sanitarios”.

“Estamos profundamente alarmados de que la OMS siga respaldando políticas que permiten a los trabajadores sanitarios usar mascarillas quirúrgicas -o ninguna protección respiratoria- al atender a pacientes. Esta posición no solo es científicamente indefendible, sino también peligrosa”, advierten los firmantes.

El texto está firmado por siete científicos -varios de ellos vinculados a la organización World Health Network- y ha sido respaldado por cerca de 50 expertos de alto nivel, entre ellos Martin McKee, catedrático de salud pública europea en la London School of Hygiene and Tropical Medicine, y Trisha Greenhalgh, catedrática de ciencias de la salud en atención primaria en la Universidad de Oxford.

En la carta, los expertos cuestionan las recomendaciones actuales de la OMS, que diferencian entre mascarillas según el tipo de procedimiento y el riesgo percibido. A su juicio, este enfoque no se ajusta al conocimiento científico más reciente sobre transmisión aérea.

Recuerdan que este tipo de contagio puede producirse en situaciones clínicas habituales y no solo durante los llamados procedimientos “generadores de aerosoles”, como la intubación traqueal. Aun así, los firmantes admiten cierta flexibilidad y plantean que la OMS defina criterios claros para prescindir de ellas en ciertos contextos.

Por otro lado, aunque no piden una obligación formal para los pacientes, sí defienden la conveniencia de normalizar su uso.

La posición de la OMS y de los profesionales sanitarios

En respuesta a SINC, la OMS reconoce haber recibido la carta y afirma que sus recomendaciones se basan en revisiones de la evidencia y en consultas con expertos de distintos contextos geográficos, sanitarios y económicos.

“Las recomendaciones de la OMS son de alcance global y tienen en cuenta valores y preferencias, recursos disponibles, equidad, aceptabilidad y viabilidad del uso de mascarillas en todos los países, incluidos los de ingresos bajos y medios”, señala la organización por correo electrónico.

Además, indica que “las autoridades nacionales adaptan estas pautas a sus realidades locales” y que actualmente está revisando sus directrices de prevención y control de infecciones respiratorias agudas epidémicas y pandémicas, “con el objetivo de garantizar la protección continua de los trabajadores sanitarios”.

Mientras tanto, algunos clínicos cuestionan la viabilidad de un uso universal de FFP2. Desde atención primaria, Ricardo González, médico de familia y director del centro de salud San Fermín (Madrid), cree que hay que adaptar su uso al riesgo de cada entorno.

En consultas por patologías no infecciosas, el profesional no está sometido a un riesgo de contagio. En cambio, en ámbitos con alta carga de infecciones respiratorias -como urgencias, UCI o picos epidémicos- el uso de FFP2 por parte los sanitarios debería ser obligatorio.

En cambio, en ámbitos con alta carga de infecciones respiratorias -como urgencias, UCI o picos epidémicos- defiende que el uso de FFP2 por parte del personal sanitario “debería ser de obligado cumplimiento”, de forma análoga a otras medidas de protección habituales, como el uso de guantes.

González subraya además la importancia de reforzar la responsabilidad colectiva: “debería calar en la población la obligación de proteger a los demás con mascarilla cuando se tienen síntomas respiratorios”, una práctica, recuerda, mucho más interiorizada en países asiáticos.

FFP2 en hospitales: protección y comunicación

Como señala a SINC Laura Cabanes, jefa de neumología infantil del Hospital Universitario Infanta Elena de Madrid, la propuesta plantea una tensión con la humanización de la asistencia. “Hay que favorecer la protección biológica, pero también cuidar el vínculo médico-paciente”, subraya.

En pediatría, añade, el impacto sobre la comunicación es especialmente relevante, ya que las FFP2 “interfieren mucho en la comunicación, sobre todo con niños pequeños o con discapacidades neurológicas y TEA [trastorno del espectro autista]”.

A ello se suma el disconfort físico, tanto para los profesionales -“plantearse llevar una FFP2 durante una guardia de 17 o 24 horas se hace muy cuesta arriba”- como para los propios niños, que “ya toleran mal las quirúrgicas, y las FFP2 aún peor por su mecánica respiratoria”.

Por ello, Cabanes defiende un enfoque más contextual y progresivo, que reserve las FFP2 para situaciones de mayor riesgo y se combine con mejoras en la ventilación de los centros sanitarios, en lugar de una implantación generalizada “demasiado radical”.

De forma similar, Cristina Rius, jefa del servicio de epidemiología de la Agència de Salut Pública de Barcelona y profesora asociada de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), advierte de que el foco en el tipo de mascarilla puede eclipsar otras medidas clave.

“La discusión se centra en el tipo de mascarilla sin profundizar en otras intervenciones muy eficaces, como la vacunación del personal sanitario (con coberturas siempre por debajo de lo recomendable), la autorresponsabilidad en el uso de mascarillas cuando las personas están enfermas o la decisión de acudir o no al trabajo frente a las bajas laborales, un asunto especialmente controvertido”, considera.

Recomendaciones actuales en España

En España, este debate se inserta en un contexto de prevención más amplio. A principios de diciembre pasado, coincidiendo con el inicio de la epidemia gripal, la Comisión de Salud Pública aprobó nuevas recomendaciones para el control de las infecciones respiratorias agudas.

Aunque aconseja el uso de mascarilla quirúrgica por parte de personas con síntomas respiratorios, en especial en hospitales y residencias, no contempla el uso sistemático de FFP2, ni siquiera en escenarios epidémicos de intensidad baja o media.

Desde el inicio de la pandemia de la COVID-19 en marzo de 2020, el uso de la mascarilla ha constituido un pilar fundamental para el control de la transmisión del SARS-CoV-2 en diferentes ámbitos.

A lo largo de este periodo, la evaluación continuada de su uso ha demostrado de forma reiterada la efectividad para prevenir de la propagación, no sólo de la COVID-19, sino también de otros virus respiratorios como el Virus de la Gripe o el Virus Sincitial Respiratorio.

Con el cese de la obligatoriedad de uso de la mascarilla se corre el riesgo de volver a situaciones previas a la pandemia, en las que la ausencia de mascarilla en determinadas circunstancias (fundamentalmente, en la exposición a personas enfermas asintomáticas) producía la transmisión de infecciones respiratorias en los centros sanitarios, derivada de las complejas y diversas interacciones que se producen entre profesionales sanitarios, pacientes y visitantes/acompañantes en distintos escenarios.

Las recomendaciones anteriores podrán ser actualizadas según la evolución de la situación epidemiológica de las IRA.

Cuándo deben utilizar FFP2 los profesionales sanitarios

Se debe utilizar mascarilla quirúrgica en la atención a cualquier paciente, con o sin sospecha de IRA, siempre que exista riesgo de salpicaduras de sangre o fluidos biológicos, complementado además con el uso de protección ocular.

Cuando se realicen maniobras con riesgo de generación de aerosoles, como aspiración de secreciones, intubación o administración de nebulizaciones, se sustituirá la mascarilla quirúrgica por una mascarilla FFP2 o N95 o FFP3.

En la atención a pacientes con sospecha de IRA si se está a menos de 1,5 metros. En la atención a pacientes con IRA confirmada se utilizarán las Precauciones Estándar más las Precauciones Ampliadas que correspondan según el microorganismo.

Por ejemplo, Gripe: Gotas; VRS: Contacto; COVID-19: Aérea o Gotas más Contacto.

Siempre que se esté a menos de 1,5 metros de cualquier paciente durante la temporada de Gripe, semana epidemiológica cuarenta a semana veinte, si el profesional sanitario no está vacunado frente a la Gripe en la temporada correspondiente.

Siempre que se esté a menos de 1,5 metros de cualquier paciente si el profesional sanitario no está correctamente vacunado frente al SARS-CoV-2.

Siempre que el profesional tenga síntomas compatibles con una IRA. En este caso, además, deberá realizarse una evaluación individualizada por parte de Medicina Preventiva para valorar emitir otras recomendaciones adicionales.

Cuándo se recomienda la mascarilla quirúrgica en centros sanitarios

Se recomienda utilizar mascarilla quirúrgica durante la asistencia en las áreas en las que se atienda a pacientes con mayor riesgo de resultado de gravedad de una IRA, como Oncología, Hematología, Hospitales de Día, Unidades de Críticos, Unidades de Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos.

También se recomienda siempre que se atienda a pacientes con condiciones de inmunosupresión o considerados vulnerables por otro motivo en cualquier área o unidad.

Se recomienda utilizar mascarilla quirúrgica durante la asistencia a cualquier paciente en las áreas en las que hay mayor probabilidad de atender a pacientes con IRA, como Servicios de Urgencias, Atención Primaria, Puntos de Atención Continuada y Pediatría.

En otros ámbitos distintos de la asistencia a pacientes, se contempla la preferencia personal para su uso según el riesgo en actividades distintas a la asistencia sanitaria, como reuniones o sesiones multitudinarias, o en cualquier otra circunstancia.

Recomendaciones para pacientes

Los pacientes deben utilizar mascarilla quirúrgica si tienen sospecha o confirmación de una IRA. Además, se complementará con el resto de las recomendaciones sobre Higiene Respiratoria, como cubrir boca y nariz al estornudar e higiene de manos.

Se recomienda utilizar mascarilla quirúrgica cuando se esté a menos de 1,5 metros de otra persona de la que se tenga sospecha de IRA.

También se recomienda cuando el paciente sea considerado de alto riesgo y evolución desfavorable si adquiriera una IRA, por inmunosupresión, vulnerabilidad, edad avanzada, gran fragilidad o embarazo.

Asimismo, se recomienda cuando el paciente esté en un área en las que haya una mayor probabilidad de que haya pacientes con IRA, como en espacios compartidos de Servicios de Urgencias, Atención Primaria, Puntos de Atención Continuada y Pediatría.

Recomendaciones para visitantes y acompañantes

Los visitantes y acompañantes deben evitar visitar las instalaciones del centro sanitario si el familiar o acompañante tiene sospecha o confirmación de una IRA.

Si por diferentes motivos, como ser único acompañante o familiar o acompañar en últimos momentos de la vida, tuviera la necesidad de acudir como visitante o acompañante a las instalaciones del centro sanitario, deberá utilizar la mascarilla quirúrgica si tiene sospecha o confirmación de una IRA.

Se recomienda utilizar mascarilla quirúrgica en el caso de visitantes o acompañantes de pacientes de alto riesgo y evolución desfavorable si adquirieran una IRA, por inmunosupresión, vulnerabilidad, edad avanzada, gran fragilidad o embarazo.

También se recomienda a los visitantes o acompañantes con alto riesgo de evolución desfavorable si adquirieran una IRA.

La recomendación se aplica igualmente cuando el visitante o acompañante esté en un área en el que haya mayor probabilidad de presencia de pacientes con IRA, como Servicios de Urgencias, Atención Primaria, PAS, PAC y Pediatría.

Cómo comprar una mascarilla FFP2 correctamente

En primer lugar, hay que comprar bien. El Ministerio de Consumo establece algunas condiciones que aseguran la legitimidad de las mascarillas FFP2.

Es importante mirar el etiquetado. En primer lugar debe tener marcado ‘CE’ seguido de cuatro números. Esta marca asegura que el producto cumple con la legislación.

La referencia a la norma UNE EN-149 indica el cumplimiento de estándares de calidad. La marca NR o R marca que la mascarilla es o no reutilizable.

También hay que constatar que la etiqueta dice que se trata de una mascarilla FFP2 con filtro P2. Para asegurar la compra, se sugiere acudir a farmacias o establecimientos especializados.

De esta forma, se evitan fraudes, especialmente en épocas de gran demanda como la actual.

Información obligatoria del etiquetado

Es imprescindible que las mascarillas contengan una etiqueta con la información obligatoria según la legislación aplicable, al menos en castellano.

Esto incluye los datos relativos a su reutilización y, si procede, los usos permitidos y número de lavados que pueden hacerse sin que el producto se resienta, así como método de lavado.

En lo referente a su certificación, antes de usar una mascarilla EPI, en caso de que incluya el marcado CE, hay que comprobar que está acompañado de los cuatro dígitos que indican la conformidad de un organismo notificado reconocido previsto en el reglamento UE (2016/425).

El ajuste es esencial para que la FFP2 proteja

El tema del ajuste es fundamental en el uso de estas mascarillas. Si no ajusta bien a la cara, no es segura, pues deja resquicios por los que el virus puede colarse.

Un hueco del 2% del área de la mascarilla dejará pasar el 50% del aire sin filtrar. Si no se consigue un ajuste correcto, los filtros no lograrán su objetivo.

Lo importante no es tanto qué mascarilla usar, sino usar siempre mascarilla y hacerlo bien, ajustándola al rostro, tapando la nariz y cambiándola con la frecuencia necesaria.

Para proteger y protegerse, hay que colocarla bien, ajustada a la cara, por lo que es importante elegir una mascarilla del tamaño adecuado. También hay que cubrir bien la nariz.

Duración, reutilización y caducidad

Las mascarillas FFP2 no reutilizables tienen caducidad. No son del tipo de las que se lavan o se desinfectan y vuelven a usar.

Se estima que tienen una duración estimada entre las 8 y las 12 horas. Después de ese uso, pierden efectividad y ya no garantizan la protección. Y deben ser descartadas si se dañan antes de ese tiempo.

Muchas personas ven que su mascarilla está en buenas condiciones, y deciden seguir usándola más allá de ese tiempo. Es una mala decisión.

Hay un modelo de mascarillas FFP2 reutilizables que se lava y se vuelve a usar. Es necesario comprobar en el etiquetado que realmente lo sea.

Los médicos recuerdan que caducan a los dos o tres años en caso de las FFP2.

Respirabilidad y posibles inconvenientes

Consumo recuerda que, en el caso de mascarillas tipo FFP2, es necesario que el usuario sea consciente de que su uso puede dificultar la respiración más que las mascarillas higiénicas o quirúrgicas.

Por ello, personal no especializado puede tender a tocarlas y recolocarlas continuamente, con el consiguiente riesgo de contaminación.

Por otro lado, al ser material principalmente destinado a profesionales, puede generar una falsa sensación de seguridad, que relaje el mantenimiento del resto de medidas de seguridad y prevención de imprescindible cumplimiento, como son la distancia física y el lavado de manos.

También pide que se tenga en cuenta que las personas que realizan actividades físicas o algunas personas con dificultades respiratorias pueden no tolerar su uso.

Por esa razón, su utilización social, por parte de quienes no son profesionales, debe realizarse con prescripción médica.

Qué otros tipos de mascarillas existen en España

Tipo de mascarillaCaracterísticasEficacia indicada
Quirúrgica tipo IProducto sanitario desechable, con marcado CE y referencia UNE EN 1468395%
Quirúrgica tipo II y tipo IIRDestinadas a uso sanitario98%
Higiénica desechableHomologada con UNE 006495%
Higiénica reutilizableHomologada con UNE006590%
FFP1, FFP2 y FFP3Mascarillas EPI con marcado CE y homologadas con UNE EN-149Protección en entornos de riesgo

En España hay a la venta varios tipos de mascarillas. Las mascarillas quirúrgicas son productos sanitarios, desechables, con marcado CE y referencia UNE EN 14683.

Las quirúrgicas tipo I, de uso más extendido y de venta preferente en farmacias, garantizan una eficacia de filtración del 95%. Las quirúrgicas tipo II y tipo IIR, destinadas a uso sanitario, garantizan una eficacia de filtración del 98%.

Las mascarillas higiénicas se pueden adquirir en cualquier establecimiento pues no son productos sanitarios. Las mascarillas higiénicas desechables se homologan con UNE 0064 y deben garantizar una eficacia de filtración del 95%, como las quirúrgicas.

Las mascarillas higiénicas reutilizables, norma UNE0065, deben garantizar una eficacia de filtración del 90%.

Las mascarillas EPI o equipos de protección personal, con marcado CE y homologadas con UNE EN-149, son las mascarillas de protección FFP1, FFP2 y FFP3.

Estas mascarillas están concebidas para la protección en entornos de riesgo, por parte de profesionales sanitarios, para cuidadores de personas infectadas o para su uso específico en personas especialmente vulnerables.

Como contrapartida, tienen una peor respirabilidad, y su uso es problemático, por ejemplo, en el caso de los niños.

En el mercado hay otros tipos, algunas siguen otras normas y así lo indican en su etiquetado. Otras ni siquiera siguen una norma, en cuyo caso no deberían hacer alusión a ningún tipo de eficacia protectora.

Mascarilla médica no es lo mismo que mascarilla FFP2

Cuando llevamos meses usando mascarillas, es preocupante que siga habiendo este nivel de desinformación, confundiendo el concepto de mascarillas médicas con mascarillas EPI o ignorando el hecho de que en España, a diferencia de lo que sucede en otros países, existe la categoría de mascarillas higiénicas, con estándares de calidad similares a los de las mascarillas quirúrgicas.

En algunos países europeos es obligatorio llevar mascarilla médica, FFP2 o quirúrgica, en espacios cerrados o en el transporte público.

A diferencia de otros países europeos, en España se aprobó hace meses una normativa aplicable a una nueva categoría de mascarillas, las mascarillas higiénicas, que deben cumplir unos requisitos mínimos de eficacia de filtración y respirabilidad que las hace equiparables a las mascarillas quirúrgicas.

Sin embargo, en otros países, las mascarillas que no son “médicas” son tapabocas, mascarillas textiles no sometidas a ningún estándar normativo, o como mucho al acuerdo europeo CWA 17553, que exige niveles de filtración menores.

Esto explica que, en algunos países, ante la alarma suscitada por el creciente número de contagios, se hayan adoptado ahora estas medidas más restrictivas que no tienen sentido en España.

La polémica sobre la obligación de usar FFP2

Hay opiniones de profesionales que no aconsejan las mascarillas FFP2 para uso de la población en general. Consideran que solo deben ser usadas por sanitarios y personas con patologías.

Sus argumentos tienen que ver con que su uso no es sencillo y que las personas no saben colocarlas adecuadamente. Por otra parte afirman que la respirabilidad es limitada.

Esto hace que la gente las suba y las baje, las toque con las manos, con los riesgos que esto supone. Estos científicos sugieren usar las higiénicas desechables o las quirúrgicas.

La Organización de consumidores y Usuarios ha desaconsejado el uso obligatorio de las mascarillas FFP2 y ha elaborado un análisis de la fiabilidad de otras mascarillas.

Desde OCU, se insiste en que no hay razón para fomentar el uso generalizado de mascarillas FFP2, concebidas para protegerse en entornos de alto riesgo.

Si hay espacios o recintos de un riesgo tal para la población que requieran una mascarilla EPI, esos lugares deberían estar cerrados al público.

Hay que escoger mascarillas homologadas y ajustadas a alguna de las normas. Las mascarillas higiénicas cumplen con creces los niveles de filtración: nuestro análisis reveló que su eficacia superaba el 95%.

Antecedentes de la distribución de mascarillas en Madrid

Madrid ha tomado su decisión. La Comunidad de Madrid ha decidido entregar mascarillas FFP2 a los mayores de 65 años. Es la población considerada ‘de riesgo’ o más vulnerable.

Se han puesto a disposición en oficinas y farmacias. Para recibirla, los interesados deben presentar en la farmacia la tarjeta sanitaria o un documento de identidad.

Las mascarillas KN95 que Madrid reparte desde el pasado lunes no tienen homologación europea.

La Comunidad de Madrid ha admitido que las mascarillas KN95 que reparte desde el pasado lunes entre su población no cuentan con homologación europea, pese a que así lo señala su etiquetado, y está a la espera de que “dos organismos notificados” evalúen la calidad del lote enviado a España por el fabricante.

La empresa que las produce, Wenzhou Haoshuo Home Textile, no superó el examen europeo que garantiza la calidad de este material.

También la Asociación de Empresas de Equipos de Protección Indivual (Asepal) ha emitido un informe en el que dice haber detectado casi una veintena de fallos en el cumplimiento de la normativa y concluye que el material “no se ajusta a las condiciones de comercialización establecidas por el Reglamento (UE) 2016/425” respecto al marcado.

Por ejemplo, “el marcado CE no va acompañado de los cuatro dígitos de identificación del organismo notificado”. Es decir, no indica quién ha otorgado el sello.

La Comunidad de Madrid indicó que “las mascarillas que se van a repartir cumplen con la normativa de la Unión Europea”, en una nota de prensa divulgada el pasado domingo, aunque ahora admite que no están homologadas por las instituciones europeas.

Deficiencias señaladas en el etiquetado

En el etiquetado de las mascarillas de la Comunidad de Madrid tampoco se remite al usuario a la “información suministrada por el fabricante”, ni se ven las indicaciones “R” o “NR”, que hacen referencia a que el elemento de protección sea reutilizable o no reutilizable.

No detalles sobre condiciones de almacenamiento, uso, limpieza, mantenimiento y desinfección. Tampoco sobre lavado.

La CAM explicó en nota de prensa que la duración de las mascarillas era “de 48 horas seguidas por lo que se puede utilizar en distintas ocasiones a lo largo de varios días cuando se vaya a estar rodeado de otras personas”.

Pero en la etiqueta no hay precisión sobre la vida útil del producto y las condiciones en que se puede usar.

Fuentes de la Consejería de Sanidad han señalado que el fabricante “ha hecho una declaración voluntaria de marcado CE”, basándose en sus propios test durante la fabricación y “ha solicitado a dos organismos notificados que procedan a la evaluación de las mascarillas en test de laboratorio del lote que ha venido a España”.

Madrid está a la espera de ambas pruebas.

Pese a admitir que el sello CE figura en mascarillas que no cuentan con esta homologación, el Ejecutivo madrileño defiende su calidad asegurando que cumplen con la norma GB 2626:2006, un certificado chino, y argumenta que el etiquetado de sus mascarillas cumple con las normas fijadas por el Gobierno de España en el BOE del pasado 25 de abril.

Cómo utilizar bien cualquier mascarilla

Lo más importante es usar bien la mascarilla. Hay que colocarla bien, ajustada a la cara, por lo que es importante elegir una mascarilla del tamaño adecuado. También hay que cubrir bien la nariz.

Debe utilizarse solo durante las horas estipuladas para garantizar su eficacia, en vez de alargarlas durante más tiempo por cuestiones económicas.

Por supuesto, es necesario cumplir el resto de medidas de precaución para evitar la transmisión del virus: higiene de manos, distancia de seguridad, priorizar lugares al aire libre o bien ventilados.

La ventilación y la reducción de la exposición en espacios cerrados complementan el uso de mascarillas de alta filtración, especialmente cuando existe circulación de virus respiratorios.

Consejos para utilizar correctamente las mascarillas FFP2

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