Comer mejillón de roca sin depurar: riesgos y alternativas seguras

Comer mejillón de roca sin depurar entraña riesgos importantes porque el molusco puede acumular biotoxinas, bacterias, virus y contaminantes presentes en el agua donde vive.

El mejillón es un molusco bivalvo filtrador: extrae su alimento del agua que va filtrando. Los mejillones filtran el agua del mar -hasta 8 litros por hora- para alimentarse y en ese proceso pueden llegar a acumular toxinas y microorganismos perjudiciales para nuestra salud.

A diferencia del mejillón procedente de viveros y comercializado legalmente, el mejillón que crece de manera natural en las rocas del litoral no pasa por los controles sanitarios ni por los procesos de depuración exigidos para los productos destinados al consumo humano.

¿Se puede comer mejillón de roca sin depurar?

Aunque se sabe desde hace mucho, no está de más recordar que está terminantemente prohibido extraer y consumir mejillón procedente de las rocas del litoral. Y no es un capricho, sino una advertencia mediante la que se puede evitar intoxicaciones.

El molusco que de manera natural se reproduce en las rocas puede estar afectado por las biotoxinas, y en este caso no existe ningún tipo de control. Además, ese producto no pasa por las depuradoras, a diferencia de lo que sucede con el cultivado en los viveros flotantes, por eso consumir el mejillón de roca es arriesgarse a sufrir graves problemas de salud, que incluso pueden provocar la muerte si se consume una cantidad excesiva de producto tóxico.

Ingerir moluscos sin cocinar ya entraña ciertos riesgos, incluso si los adquirimos en un establecimiento autorizado para su venta. Pero todavía lo es más cuando lo hacemos por nuestra cuenta y riesgo.

Según explican los expertos, esta práctica no es nada recomendable dado que, aunque estén vivos, pueden tener alojados en su interior todo tipo de bacterias, virus y otros contaminantes.

Por lo tanto, conviene frenar el entusiasmo, esta ocurrencia puede derivar en diarreas y problemas gastrointestinales que, afortunadamente, no suelen requerir intervención médica.

Mejillones de roca en litoral marino

Por qué el mejillón de roca puede ser peligroso

Los moluscos bivalvos, llamados así porque poseen una concha dividida en dos valvas unidas entre sí por un ligamento elástico denominado charnela, presentan cierta tendencia a acumular biotoxinas.

Tras su consumo, lo normal es que estas se transmitan a los humanos. Por lo tanto, las almejas, los mejillones y, ocasionalmente, las vieiras y las ostras se convierten en el perfecto asidero de estas biotoxinas.

Los bivalvos extraen su alimento del agua que van filtrando. Esto ayuda a los moluscos a crecer, pero acaban impregnando sus tejidos de posibles toxinas.

Sobre todo, si los recolectamos en una zona de contaminación elevada -aspecto del que no solemos tener mucha información-, donde abundan los vertidos de residuos ya sean urbanos, industriales, agrícolas o ganaderos.

Todas estas sustancias llegan después al tubo digestivo de los moluscos.

Las bateas de mejillones se concentran en la costa, donde llegan residuos sin depurar procedentes de las poblaciones cercanas. Vertidos urbanos o industriales, sustancias químicas en general, que llegan al agua y afectan a la vida, a su reproducción, y que se pueden acumular en el animal.

Dioxinas, benzopireno o compuestos organoclorados como los PCB son pequeñas bombas para la salud que se acumulan en el interior de éste.

Otros venenos, como los metales pesados -plomo o mercurio- no sólo se acumulan en las partes comestibles sino en mayor cantidad en la concha.

Biotoxinas y mareas rojas

Algunas especies de microalgas producen potentes venenos o toxinas.

Cuando estas microalgas son filtradas por los mejillones y otros bivalvos, las toxinas se acumulan en sus tejidos y se transmiten a niveles superiores de la red alimentaria y al hombre.

Las toxinas son tan potentes, que no se requieren elevadas concentraciones de microalgas, ni formación de mareas rojas, para que los bivalvos se conviertan en no aptos para el consumo humano.

En determinadas ocasiones, la proliferación de determinadas algas, produce una acumulación excesiva de estas en los mejillones. Son las conocidas popularmente como mareas rojas.

Atacan las conchas y producen principalmente tres tipos de toxinas que se acumulan en la carne.

Estas toxinas no se eliminan al cocinar, y pueden causar intoxicaciones alimentarias muy serias.

Si los mejillones en un área contienen estas toxinas de algas, esto también se aplica a otros moluscos en la misma área, por ejemplo, vieiras, ostras y almejas.

Las toxinas del marisco ni se ven, ni se huelen, ni tienen sabor.

Principales síndromes tóxicos asociados a los bivalvos

En concreto, las intoxicaciones paralizante (PSP), diarreica (DSP), neurotóxica (NSP) y amnésica (ASP) son las más frecuentes.

SíndromeToxina o agente relacionadoManifestaciones descritas
DSPÁcido okadaico y derivadosNáuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal
PSPSaxitoxinasHormigueo, entumecimiento, alteración del habla y parálisis respiratoria
ASPÁcido domoicoSíntomas gastrointestinales, pérdida de memoria y alucinaciones
NSPBrevetoxinasSíndrome neurotóxico

Síndrome diarreico por marisco, DSP

Los síntomas típicos del síndrome diarreico son náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, que suelen aparecer entre 30 minutos y pocas horas después del consumo de marisco.

A veces se observa fiebre, escalofríos y dolor de cabeza.

La experiencia de sufrir una diarrea pocas horas después de comer marisco es casi universal.

En general, salvo que se padezca alguna enfermedad de base, se resuelve espontáneamente, con buena hidratación.

Con frecuencia, el médico le resta importancia y la atribuye a un problema de conservación de los moluscos.

Sin dejar de ser cierta esta causa, la más frecuente suele ser la presencia de la toxina diarreica, el ácido okadaico y sus derivados, en la carne de los moluscos.

La producen diversos dinoflagelados marinos (Prorocentrum sp., Dynophysis sp.

Como la mayor parte de la toxina se elimina con la propia diarrea, normalmente no tiene efectos crónicos en las personas.

Síndrome paralizante, PSP

Hay muchas toxinas capaces de producir PSP, pero la más importante es la saxitoxina (STX).

En el mar la producen dinoflagelados y en el agua de río cianobacterias.

El síndrome se caracteriza por provocar sensación de hormigueo, quemazón en los labios o por otra parte del cuerpo, entumecimiento, somnolencia, alteración del habla (disartria) o hipotensión.

También puede generar parálisis respiratoria, que puede ser mortal si no se realizan los cuidados intensivos adecuados.

Los síntomas aparecen entre dos y doce horas después del consumo de los moluscos contaminados.

Probablemente, PSP es el peor síndrome asociado al consumo de marisco y supone un problema importante porque muchas regiones del mundo no establecen medidas de control.

Síndrome amnésico, ASP

Algunas algas, especialmente diatomeas, pueden producir una toxina peculiar, el ácido domoico.

En las primeras 24 horas después del consumo, comienzan los síntomas gastrointestinales, moderados.

En las siguientes 48 horas aparecen los síntomas mentales.

Se trata de pérdida de memoria reciente, alucinaciones.

En algunas ocasiones puede provocar el coma y la muerte.

La pérdida de memoria puede prolongarse en el tiempo y simular una enfermedad de Alzheimer en sus inicios.

Síndrome neurotóxico, NSP

El Gymnodinium breve es un dinoflagelado marino que produce brevetoxinas, causantes del síndrome neurotóxico.

La depuración no elimina todas las toxinas

En contra de lo que a veces piensa la gente, las ficotoxinas de los bivalvos no se eliminan con la depuración (que simplemente elimina bacterias y virus del aparato digestivo de los bivalvos), ni con la cocción.

A diferencia de otras infecciones, las biotoxinas son termoestables, es decir, resisten la cocción.

Es el caso de la toxina que causa DSP, el ácido okadaico, que además es un lípido, por lo que podría acumularse en la grasa de las personas intoxicadas durante mucho tiempo.

Por eso la depuración no convierte en seguro cualquier mejillón recogido de una zona desconocida o afectada por contaminación.

Los únicos lotes que pueden someterse a depuración en establecimientos autorizados son aquellos claramente identificados, procedentes de zonas controladas y que respetan las normas sanitarias establecidas.

Cómo funciona la depuración de los mejillones comerciales

No obstante, antes de su venta, todos los moluscos son sometidos a un proceso de depuración.

En concreto, la depuración consiste en la inmersión de los moluscos en tanques o piscinas por los que circula agua de mar limpia y desinfectada.

De esta manera, empleamos la propia naturaleza de los bivalvos en nuestro beneficio, pues gracias a la filtración de este agua van reduciendo paulatinamente su carga microbiana hasta situarse en un nivel aceptable.

Es importante consumir mejillones que hayan pasado los correspondientes controles y análisis, nunca tomarlos con origen fraudulento para evitar intoxicaciones.

Los mejillones se someten a un proceso de depurado más o menos intenso establecido por las autoridades sanitarias dependiendo de la zona de recolección.

Aún así, la OCU nos recomienda comprar los que lleven un etiquetado que certifique su paso por la depuradora.

El producto que luego se distribuye a los establecimientos autorizados lleva etiquetas que lo identifican como apto para el consumo.

Clasificación sanitaria de las zonas de producción

La UE establece categorías de zonas de recolección de moluscos en función de la contaminación del área.

Zonas de clase A

Los moluscos bivalvos vivos se pueden recolectar para el consumo humano inmediato.

Zonas de clase B

Únicamente pueden comercializarse tras un tratamiento previo en un centro de depuración o reinstalación.

Zonas de clase C

Son áreas muy contaminadas y, por lo tanto, exigen un mayor periodo de reinstalación a fin de eliminar cualquier rastro de sustancias contaminantes de origen microbiológico.

Habitualmente, las consejerías de las distintas comunidades autónomas publican en sus diarios oficiales información sobre las áreas existentes para la recolección de bivalvos, así como su clasificación.

En el caso de Galicia el riesgo está en moluscos bivalvos filtradores como mejillones, almejas, berberechos, navajas, ostras, vieiras y zamburiñas.

Las biotoxinas del marisco en Galicia las analiza semanalmente el INTECMAR (Vilaxoán, Xunta de Galicia) y el producto que luego se distribuye a los establecimientos autorizados lleva etiquetas que lo identifican como apto para el consumo.

Dichas normativas recogen, además de los niveles máximos permitidos de biotoxinas, la clasificación de zonas de explotación según el grado de contaminación fecal del agua.

En este caso se establecen cuatro clases (A, B, C, D).

Y la clasificación de las zonas de producción se revisa como mínimo cada trimestre mediante análisis microbiológicos y químicos del agua.

Mapa de zonas de producción de mejillón

Qué diferencia al mejillón comercial del mejillón de roca

Es importante saber que el mejillón que llega a nuestras casas proviene de los cultivos de vivero, cosa que garantiza su salubridad.

La mayoría de los mejillones producidos y consumidos en todo el mundo proceden del cultivo de las bateas gallegas, plataformas flotantes sujetas al fondo del mar.

En ellas cuelgan unas largas cuerdas a las que se adhiere la semilla o cría del mejillón.

El mejillón que llega a nuestras casas proviene de los cultivos de vivero.

Entre los más apreciados están los del Delta del Ebro y los gallegos, por tanto no hay duda que apostar por alguno de ellos es una buena elección.

Ahora bien, tienen sus diferencias.

El mejillón gallego, que se encuentra en el mercado todo el año, tiene una forma ovalada y una base puntiaguda en un extremo.

Su sabor es más firme y carnoso que el del mejillón catalán.

Galicia es uno de los productores principales de este molusco a nivel mundial.

En 2017 representaba el 40% de la producción europea y el 15% de la global.

En Galicia se consigue una talla comercial de 7-9 cm en unos 17 meses: “En el resto de Europa el mejillón necesita de 2 a 6 veces más tiempo para llegar a ese tamaño”.

Cómo reconocer un mejillón fresco y apto para cocinar

Al adquirirlos, hay que comprobar que tienen buenas características de frescura.

Deben estar vivos en el momento de la compra: ver que reaccionen cuando golpeamos la cáscara, la cual no debe estar rota ni sucia, y al mismo tiempo mojada y brillante.

Han de contener líquido intravalvar, que debe ser claro, transparente y abundante, y en cuanto al olor debe ser un agradable olor a mar.

Las cáscaras deben estar cerradas y deben ofrecer una fuerte resistencia a abrirse.

Si las cáscaras no están fuertemente cerradas, quiere decir que el animal ya no está vivo.

Si están un poco abiertas pero al tocarla o intentar abrirlas se cierran, todavía están vivos y se pueden consumir.

“Has de tener en cuenta que un mejillón abierto ya está muerto y nos puede intoxicar”.

Si lo encontramos solo un poco abierto, hemos de darle un pequeño golpecito con los dedos para ver si se cierra.

Si lo hace, es que todavía está vivo.

Un mejillón con la cáscara rota debe ser desechado inmediatamente, ya que podría haber permitido la entrada de bacterias u otros contaminantes.

Si el olor se desagradable siempre debemos rechazarlos.

Recomendamos adquiridos en establecimientos de confianza, donde deben tener expuesta la información de la procedencia e incluso de la fecha de depuración en su caso.

Cómo limpiar los mejillones antes de cocinarlos

Los mejillones pueden contener arena y algas, que por supuesto hay que eliminar antes de cocinar.

También es necesario retirar el biso, o barba que suele aparecer entre las dos valvas y que mantiene a los mejillones anclados a las rocas.

Antes de consumirlos, los aclararemos con agua abundante para eliminar posibles residuos, y para el proceso de limpieza es mejor cortar los hilos que tienen y no arrancarlos, porque se puede dañar la carne.

Para limpiarlos, primero debemos despojarlos del lino fino que es la barba que sale de la concha.

A continuación, bajo el chorro de agua, raspamos la superficie para eliminar los posibles depósitos, utilizando herramientas como un paño de cocina y un cuchillo pequeño.

Las adherencias duras en la cáscara no necesitan ser eliminadas, ya que, durante la cocción, ayudan a potenciar el sabor a mar.

Después de esta operación, están listos para ser cocinados y utilizados para cualquier receta.

Cómo conservar los mejillones frescos

Cuando vamos al mercado es conveniente que el mejillón sea lo último que compramos para que no le afecten los cambios de temperatura.

Cuanto menos rato estén fuera de la nevera, mejor.

Tampoco a temperatura ambiente más de dos horas.

Hay que guardarlos en el frigorífico siempre, preferiblemente en la parte baja, que es la menos fría.

Fran López los envuelve en un paño húmedo.

Si no los hemos de consumir al momento no es aconsejable dejarlos en un bol lleno de agua.

Consérvalos preferiblemente entre 0 a 10 grados centígrados.

Los mejillones frescos no se deben congelar, pero el almacenamiento en hielo o a baja temperatura les brindará una vida útil más larga.

Puedes almacenar los mejillones hasta por diez días antes de cocinarlos si se almacenan correctamente.

Nuestro consejo es que los consumas lo antes posible.

Congelación y descongelación

La razón por la que los mejillones no deben congelarse frescos tiene que ver con el deterioro de la calidad.

Cuando congelamos mejillones fresco en casa, la congelación no sucede de un modo rápido, ya que la realizamos con un congelador doméstico.

Los cristales de hielo se formaran de manera lenta, rompiendo las células de la carne del mejillón saldrá en el agua de cocción cuando cueza los mejillones al vapor después de congelaros.

La recomendación es congelar los mejillones, una vez cocidos al vapor para preservar tanto el contenido de alimentos como el sabor de las conchas.

Para descongelarlos, se debe hacer de manera muy lenta: sácalos del congelador, y pásalos a la nevera, hasta que se hayan descongelado por completo.

Cómo cocinar mejillones de forma segura

Es totalmente seguro y beneficioso si se consumen bien cocinados (hervidos o al vapor hasta alcanzar al menos 65°C).

Deben cocinarse con un poco de agua o vino hasta que se abran completamente.

El vapor es una cocción básica respetuosa con un producto “muy noble y sabroso al que no hace falta disfrazar”.

Hemos de echar un poco de aceite a la cazuela, unos ajitos sofritos para aromatizar, los mejillones, un chorrito de vino blanco y tapar.

Como el mejillón con el aceite ya va soltando el agua que lleva dentro, no hace falta colocar demasiado líquido adicional.

Con el chorrito de vino “para que le aporte un toque aromático” es suficiente, y, si no queremos vino, un poco de agua, tan solo 2-3 cucharadas.

El vapor resultante de la cocción los cocinará de forma natural.

Es importante tapar la cazuela para que los mejillones se cocinen bien al vapor.

No hemos de olvidarlo: nada más añadir los mejillones hay que colocar la tapa.

También hemos de tener en cuenta las proporciones y adaptar el número de mejillones al tamaño del recipiente donde los cocinamos.

“Si ponemos demasiados se amontonarán y no se cocinarán de manera homogénea, se nos harán más unos que otros”.

Para una cazuela estándar, unos 20 o 25 mejillones es una cantidad adecuada.

En uno o dos minutos, si la temperatura es alta, ya tendremos cocidos la mayor parte de ellos.

La cuestión es esperar a que se vayan abriendo por el efecto del calor, pero atención, porque si hay alguno que se resiste, no podemos esperar a que se despierte.

Una vez cocinados, no hemos de comer los que hayan quedado cerrados.

Tal vez el peor error que podemos cometer con los mejillones sea sobrecocerlos.

Cuando los hacemos al vapor hemos de evitar pasarnos de tiempo porque el resultado será que “se irá reduciendo su tamaño, y se irán deshidratando hasta que queden como una goma”.

El cocinero nos aconseja consumir todos los que hemos cocinado al momento para disfrutarlos en su punto.

“No hay que elaborar una olla y dejarla todo el día. Es importante servirlos calentitos”.

Preparación básica al vapor

Limpiamos los mejillones eliminando con la ayuda de un cuchillo todas las barbas y adherencias.

Añadimos en una olla medio vaso de agua, hojas de laurel, un cuarto de limón y un poco de sal gruesa.

Vertemos los mejillones limpios, tapamos y llevamos a fuego medio.

Poco a poco los mejillones se irán abriendo, así que es importante menear la olla de vez en cuando para asegurarnos de que se cocinen de manera uniforme.

Qué hacer con el caldo y cómo preparar otras recetas

Podemos aprovechar el caldo resultante de esta cocción para otras elaboraciones, como algún arroz, “pero hay que tener en cuenta que es un poco salado, por lo que será necesario mezclarlo con otros fondos”.

Uno de los platos más reconocibles que se elaboran con este molusco son los mejillones a la marinera.

La salsa suele contener cebolla, ajo, aceite, perejil, pimentón rojo y vino blanco (agua o fumet de pescado).

Si se le añade harina o incluso algo de miga de pan, “debemos removerla bien para que no se nos pegue al fondo de la cazuela”.

Aunque los mejillones estén asociados al aperitivo, arriesgarse a crear siempre es aconsejable.

También quedan muy sabrosos cocinados con verduras (pimiento, cebolla, tomates, ajos…), aunque los más populares y deseados por los más pequeños de la casa son los mejillones tigre.

“Hay que ligar el relleno con una bechamel hecha con mantequilla, harina, el caldo de los mejillones y leche”.

Después solo queda rellenar las cáscaras con la masa, rebozar los mejillones con harina, huevo y harina de galleta y freírlos o gratinarlos.

Mejillones a la marinera, al vino blanco, en salsa marinera, en escabeche, en empanada gallega, con arroz, paté de mejillones… las opciones son muchas y todas están deliciosas.

Quién debe evitar los mejillones crudos o poco cocinados

Por ello, debemos evitar que los grupos de riesgo coman productos del mar crudos: hay que ser conscientes del riesgo que conlleva.

No solo se pueden comer mejillones durante el embarazo, sino que resultan beneficiosos tanto para la salud de la madre como para la del niño.

Eso sí, es muy importante evitar consumir mejillones crudos o poco cocidos, ya que podrían contener bacterias o parásitos.

Cuando consumimos moluscos crudos, sobre todo aquellos que proceden de países tropicales, nos comemos también las bacterias, virus o quistes de los parásitos que portan, como puede ser el virus el de la hepatitis A.

Por ello, saber su origen es especialmente importante para pacientes inmunodeprimidos de enfermedades como el Sida o en tratamientos médicos administrados a receptores de trasplantes.

Al igual que otros mariscos, pueden causar reacciones alérgicas en algunas personas.

Desde síntomas leves como urticaria hasta reacciones graves como anafilaxia, una emergencia médica que requiere atención inmediata.

Qué hacer si aparecen síntomas después de comerlos

En todos ellos, los síntomas aparecen en las 24 horas posteriores a la ingesta del marisco.

Aunque no existe un método analítico que confirme el diagnóstico, la mayoría de estos cuadros clínicos se resuelven espontáneamente o con cuidados como la rehidratación.

Los síntomas de intoxicación por saxitoxinas pueden durar varios días e incluyen debilidad muscular, entumecimiento, hormigueo, picazón, pérdida de sensibilidad táctil, ceguera temporal, sensación de liviandad (como si flotara uno en el aire).

Si aparecen dificultad respiratoria, parálisis, confusión, pérdida de memoria, alteración del habla, somnolencia intensa o síntomas que empeoran rápidamente, es necesario solicitar atención médica urgente.

No hay que confiar en que el aspecto, el olor o el sabor del mejillón permitan detectar una biotoxina.

Cómo comer mejillones cocinados

En aperitivos, los mejillones se suelen servir sin cáscara, por ejemplo, en escabeche.

En este caso, no debería haber problemas: simplemente pincha con un palillo o tenedor, el mejillón.

La manera más habitual de consumir mejillones es al vapor, donde se sirven con sus conchas.

En este caso, toma la concha con tu mano, luego llévala a tus labios y succiona la almeja en tu boca.

Elección segura frente a la recolección particular

Hay que asegurar que provengan de zonas de producción bien controladas desde el punto de vista de la seguridad alimentaria y han sido correctamente depurados.

Las noticias suelen limitarse a anunciar la presencia de la marea roja y señalar que hay biotoxinas en el agua que impiden la extracción del marisco.

El control de biotoxinas lo ejercen las autoridades competentes, la Xunta de Galicia en nuestro caso.

Esos análisis de biotoxinas salen de nuestros impuestos y la seguridad de que el marisco es apto para el consumo depende de ellos y no de la palabra de familiares, amigos o vendedores ambulantes.

Ninguno de estos controles legales ni garantías sanitarias son aplicables al marisco furtivo.

Que nadie se haya muerto en Galicia por intoxicarse o que a usted nunca le haya pasado nada no sirve como garantía.

Tampoco que nos juren que su origen y calidad son idóneos para el consumo.

Porque lo cierto es que sí ha habido intoxicaciones, sigue habiéndolas y las habrá si nos saltamos los controles sanitarios.

Porque los únicos casos de intoxicaciones que conozco han estado asociados siempre a la ausencia de controles de biotoxinas o al marisco recogido o adquirido fuera de los cauces legales.

A lo largo de la historia se han producido diferentes intoxicaciones por este motivo, y en los últimos días se ha registrado algún episodio más, por eso hay que insistir en la necesidad de evitar el consumo de mejillón que no sea comercializado por los cauces reglamentarios.

Tanto el de roca como el de batea que llega al consumidor de manera fraudulenta, sin sus correspondientes guías y análisis previos, puede provocar en las personas episodios diarreicos, paralizantes, amnésicos e incluso, como queda dicho, la muerte.

Por el contrario, el Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino (Intecmar), un centro perteneciente a la Consellería do Mar considerado una referencia mundial en el seguimiento de las aguas y los moluscos, garantiza que sólo puede extraerse mejillón de las bateas limpias, es decir, de las exentas de biotoxinas.

Cuando estos episodios totalmente naturales son tan importantes como en la actualidad y lo que se conoce como marea roja se extiende por todas las rías, Intecmar es capaz de diferenciar entre las bateas limpias y las afectadas, de tal modo que solo se autoriza la extracción, comercialización y consumo del molusco cultivado en viveros exentos de toxicidad.

Marea roja

Valor nutricional del mejillón controlado

Los mejillones son considerados por muchos como uno de los moluscos mas sabrosos, perfectos para la elaboración de platos como unos mejillones al vapor o como complemento de otros platos y ensaladas con marisco, como por ejemplo, el salpicón.

Los moluscos son una importante fuente de proteínas -el 12% del peso en los mejillones- con pocas calorías -86 Kcal/100 g-.

Son ricos en yodo, selenio y vitamina A.

El mejillón es un alimento saludable muy recomendable con un interesante aporte de hierro, fósforo y yodo.

La Federación Española de la Nutrición (FEN) destaca su aporte de proteínas de buena calidad y su escasa grasa.

Además posee un 87% de agua.

Y es que los mejillones son muy ricos en proteínas y contienen un bajo índice de grasas malas, pero un elevado nivel de grasas buenas.

El mejor ejemplo son sus ácidos grasos omega 3, que previenen enfermedades cardiovasculares y reducen el colesterol.

Por si esto fuera poco, son una excelente fuente de vitaminas y minerales como el calcio, yodo, hierro, potasio y magnesio.

En un mejillón de apenas 8 centímetros se acumulan componentes muy beneficiosos para la salud, por esta razón se le define como un “superalimento”.

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