Mascarilla de lavanda: beneficios, ingredientes y cómo hacerla

La mascarilla de lavanda es una preparación casera que puede ayudar a limpiar, calmar, hidratar y suavizar la piel, especialmente cuando se combina con arcilla blanca, agua floral o infusión de lavanda y un aceite vegetal suave. La lavanda tiene propiedades antiinflamatorias y calmantes de pieles sensibles, y es hidratante y reparadora.

Una de las recetas más equilibradas combina 10 ml de infusión de flores de lavanda, entre 10 y 15 g de arcilla blanca y 6 gotas de aceite de almendras. También puedes preparar una mascarilla más nutritiva con manzanilla, yogur natural, miel y lavanda, o una fórmula sencilla de arcilla blanca y agua floral de lavanda.

Beneficios de la mascarilla de lavanda

La lavanda es una de las plantas más conocidas del mundo, muy valorada por sus flores y su intenso aroma. ¡Además es una gran aliada de la belleza y una joya en aromaterapia!

Está cargada de propiedades para el cuidado de la piel y el cabello, de ahí que sea un ingrediente muy frecuenta en la cosmética natural. También son muchos sus beneficios desde el punto de vista de la aromaterapia, sobre todo por su acción calmante.

Acción calmante y antiinflamatoria

La lavanda tiene propiedades antiinflamatorias y calmante de pieles sensibles, y es hidratante y reparadora. En la piel esto significa que puede ayudar a reducir el enrojecimiento y las irritaciones.

Ayuda a mejorar afecciones cutáneas como los eccemas, calma los picores y reduce la inflamación. Esto hace que sea un ingrediente estupendo para hacer stocks o pomadas que calmen las picaduras de insectos.

La lavanda al ser un antinflamatorio reduce la picazón, el enrojecimiento y la inflamación de la picadura. Su acción calmante hace de la lavanda un ingrediente estupendo para combatir la ansiedad o el estrés.

Limpieza, purificación y equilibrio

La lavanda tiene propiedades astringentes. Ayuda a combatir las bacterias que causan el acné. Además contribuye a purificar la piel.

Su acción antiséptica y antibacteriana ayuda a mitigar los efectos de la piel grasa, sobre todo el acné. Además purifica la piel.

La lavanda actúa como un tónico hidratante y antinflamatorio. Por sus propiedades tonificantes, equilibrantes y relajantes se utiliza para pieles grasas.

Regeneración y cuidado de la piel

Sus activos hacen de esta planta un gran antioxidante que contribuye a reducir la aparición temprana de arrugas. Además, favorece la regeneración de la piel, retrasando así los signos de la edad y la aparición de manchas.

La lavanda actúa como revitalizador de la piel, ayuda a regenerar las células y mantiene el tejido firme. A esto hay que sumar su acción regenerativa.

Su suave efecto antirritante ofrece una sensación refrescante, contribuyendo a la producción de colágeno y facilitando la reparación de tejidos dañados.

Hidratación y suavidad

La lavanda revela propiedades hidratantes y emolientes, integrándose perfectamente en la rutina de cuidado de la piel y manteniéndola elástica y suave.

Además, ¡también te aportará un extra de hidratación! El aceite de almendras dulce es muy suave para la piel, es calmante, reconstituyente y emoliente.

Ingredientes principales

Arcilla blanca o caolín

La arcilla se ha usado para limpiar la piel desde la antigüedad. También es un secreto de belleza que se ha compartido durante siglos por su efecto rejuvenecedor de la piel.

De hecho, la arcilla funciona como un peeling suave, eliminando las impurezas de la piel y reduciendo el tamaño de los poros.

La arcilla blanca es una de las formas más suaves de arcilla para la piel, ya que no tiene un efecto deshidratante. Esto lo hace ideal para pieles secas y sensibles.

La arcilla blanca o Caolín tiene propiedades depurativas, antiinflamatorias y regeneradoras de la piel.

Agua floral o hidrolato de lavanda

El agua floral o hidrolato de lavanda que lleva suaviza aún más el efecto sutil de esta mascarilla que es perfecta para pieles delicadas e irritadas.

El hidrolato se obtiene del vapor de destilar las flores, ramas y hojas de la planta. Comparte propiedades con el aceite esencial de lavanda.

¿La diferencia? El hidrolato es soluble en agua y es mucho menos concentrado. El agua ayuda a frenar el acné y a reducir la grasa de la piel.

Infusión de flores de lavanda

Con las flores de lavanda haremos una infusión. La infusión puede emplearse como fase líquida para hidratar la arcilla y aportar las propiedades calmantes de la planta.

La cantidad de agua que vas a necesitar es muy poca, así que puedes hacer por ejemplo 50 ml. de infusión, y lo que te sobre puedes utilizarlo como ambientador o incluso como tónico para la cara.

Eso sí tendrás que guardarlo en la nevera máximo 3 dias porque sin conservante la infusión se llenará de bacterias indeseables.

Aceite de almendras dulces

Las personas con piel muy seca también pueden agregar una cucharadita de aceite de almendras dulces.

El aceite de almendras dulce es muy suave para la piel, es calmante, reconstituyente y emoliente. Como siempre te digo, utiliza un aceite de almendras virgen de primera presión en frío.

Aceite esencial de lavanda

El aceite esencial de lavanda se destaca como un tesoro botánico cargado de beneficios y propiedades que potencian la salud y el bienestar de la piel. Extraído cuidadosamente de las fragantes flores de lavanda, este elixir natural es reconocido por su capacidad para equilibrar y regenerar la piel.

Este aceite esencial es una rica fuente de vitaminas A, B1, B2, B3 (niacina), B6, C, E, ácido fólico y minerales como calcio, cobre, selenio, zinc, cromo, magnesio, sodio, hierro, potasio y manganeso, proporcionando a la piel un cóctel nutricional incomparable.

Entre sus beneficios, destaca su acción equilibrante, antiinflamatoria y calmante, actuando como un bálsamo que rejuvenece la piel.

El aceite esencial es un producto muy concentrado, por lo que debe utilizarse respetando la dosificación y las indicaciones del fabricante.

Receta de mascarilla facial calmante con lavanda

Esta mascarilla lleva tres ingredientes que combinados pueden servir para todo tipo de pieles, pero al final del post te daré algunos Tips dependiendo de tu tipo de piel.

Realmente no son necesarios muchos ingredientes para hacer una mascarilla, incluso a veces con dos es suficiente. En este caso los ingredientes son Arcilla Blanca o Caolin, infusión de flores de lavanda, y aceite de almendras.

Ingredientes

  • 10 ml de infusión de flores de lavanda
  • 10/15 gr. de arcilla blanca
  • 6 gotas de aceite de almendras

Cómo preparar la infusión

Para 50 ml. de agua vas a necesitar 5 gramos de flores de lavanda. Coloca las flores de lavanda en un recipiente de cristal o resistente al calor y les añades agua que hayas llevado a ebullición.

Déjalo reposar 10 minutos tapado. Se cuela con un colador fino o una tela muy fina de gasa o muselina.

Déjala enfriar antes de utilizarla para hacer la mascarilla.

Preparación de la mascarilla

Una vez tengas la infusión pesa la arcilla. En un recipiente de cristal o cerámica pon los 10 ml. de infusión de lavanda, y añade poco a poco la arcilla mezclando con cuidado disolviendo la arcilla.

Muy importante no utilices utensilios metálicos para hacer la mezcla, los metales pueden interferir con la arcilla.

Te recomiendo que la arcilla la añadas poco a poco, la disuelves y vuelves a añadir un poco más de arcilla. Así conseguirás una mascarilla perfecta.

Cuando ya tengas la mascarilla con una consistencia suave y que no parezca terrosa, añade el aceite vegetal hasta que tenga una textura adecuada para la mascarilla.

Aplicación

Utiliza un pincel o tus dedos para poner la mascarilla sobre la piel de tu cara. Tiene que formarse una capa ni muy fina ni muy gruesa.

Es muy importante que no pongas la mascarilla en la zona del contorno de ojos, siempre rodeando los ojos como si llevaras unas gafas.

Deja la mascarilla puesta entre 10/15 minutos y luego retírala con agua, o con una esponja suave o una toalla de algodón.

Una vez que te retires la mascarilla aplica sobre la piel tu crema hidratante habitual o un aceite vegetal para nutrir y regenerar la piel.

Mascarilla facial de arcilla y lavanda

Mascarilla de arcilla con agua floral de lavanda

La arcilla blanca es una de las formas más suaves de arcilla para la piel, ya que no tiene un efecto deshidratante. Esto lo hace ideal para pieles secas y sensibles.

Además, al estimular la circulación sanguínea en la piel, las mejillas adquieren un brillo agradable y saludable. El agua floral o hidrolato de lavanda que lleva suaviza aún más el efecto sutil de esta mascarilla que es perfecta para pieles delicadas e irritadas.

Ingredientes

  • 2 cucharadas de arcilla blanca
  • 2 cucharadas de agua floral de lavanda
  • 1 cucharadita de aceite vegetal de almendras dulces, opcional

Elaboración

Mezclar cantidades iguales de arcilla y agua floral de lavanda en un recipiente de madera, vidrio o piedra (no de metal).

Dos o tres cucharadas soperas de cada ingrediente es suficiente. Mezclar bien hasta obtener una pasta homogénea.

Agregar más arcilla si la mezcla es demasiado líquida, o bien añadir más agua floral si la consistencia es demasiado seca.

Consejo: las personas con piel muy seca también pueden agregar una cucharadita de aceite de almendras dulces.

Modo de uso

Aplicar la máscara en la cara (o en alguna otra parte del cuerpo). Dejar actuar sobre la piel durante 10 minutos y luego enjuagar con agua.

Mascarilla de manzanilla y lavanda

La mascarilla de manzanilla y lavanda es de las opciones naturales más recomendadas gracias a sus dos ingredientes conocidos por sus propiedades calmantes y regeneradoras.

Esta mascarilla no solo es un regalo para la piel, sino también para los sentidos, gracias al relajante aroma de la lavanda y la delicadeza de la manzanilla.

Ideal para todo tipo de pieles, especialmente aquellas sensibles o propensas a irritaciones, esta mezcla aporta una sensación de frescura y suavidad, perfecta para incorporar en tu rutina de cuidado facial.

Ingredientes

  • 1 taza de té de manzanilla a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de flores secas de lavanda o unas gotas de aceite esencial de lavanda
  • 2 cucharadas de yogur natural
  • 1 cucharada de miel

Preparación

  1. Prepara una taza de té de manzanilla y déjala enfriar.
  2. Mezcla el té con las flores de lavanda o el aceite esencial de lavanda.
  3. Agrega el yogur y la miel, y mezcla bien hasta obtener una pasta homogénea.
  4. Aplica la mascarilla en el rostro limpio, evitando el área de los ojos.
  5. Deja actuar durante 15-20 minutos y relájate.
  6. Enjuaga con agua tibia y seca suavemente tu rostro con una toalla.

La manzanilla, conocida por sus propiedades antiinflamatorias, actúa como un calmante natural, mientras que la lavanda, famosa por sus efectos relajantes, ayuda a desinflamar y combatir los efectos del estrés en la piel.

Juntas, estas dos plantas forman una poderosa mezcla que deja el rostro radiante, fresco y renovado.

Mascarilla facial de lavanda con miel y salvia

Por el uso de la lavanda como ingrediente principal, la mascarilla que traemos para ti el día de hoy sirve como un estímulo natural y completamente sano para calmar la piel y los sentidos.

A la misma le agregaremos miel, la cual es perfecta para tonificar la piel y actúa como un rejuvenecedor natural.

Ingredientes

  • 1/4 de taza de miel orgánica
  • 4 gotas de aceite esencial de lavanda
  • 1 cucharada de pasta de salvia

Preparación y aplicación

Una vez tengas a mano todos los ingredientes, lo primero que harás es colocar la salvia en el procesador de alimentos para conseguir una pasta.

A continuación, utiliza una espátula para agregar todos los ingredientes al tazón y mueve hasta conseguir una mezcla uniforme.

Aplica directamente sobre tu rostro y deja reposar de 10 a 20 minutos. Para finalizar, enjuaga tu rostro con agua tibia.

Cómo adaptar la mascarilla al tipo de piel

Piel grasa

Si tienes la piel grasa, en lugar de arcilla blanca puedes utilizar arcilla verde o amarilla, en lugar de aceite de almendras puedes utilizar aceite de jojoba, y puedes sustituir la infusión de lavanda por infusión de romero.

La acción antiséptica y antibacteriana de la lavanda ayuda a purificar la piel y a mitigar los efectos de la piel grasa, sobre todo el acné.

Piel seca y sensible

Si tienes la piel muy sensible y seca en lugar de arcilla blanca puedes utilizar arcilla rosa. No utilices entonces la infusión de lavanda, utiliza únicamente aceite de almendras.

Puedes sustituir el aceite de almendra por aceite de jojoba ó también por oleato de caléndula.

Para las pieles secas, la combinación de manzanilla y miel aporta una hidratación intensa y repara las áreas más secas del rostro.

Piel mixta

Si tienes la piel mixta puedes utilizar arcilla roja o arcilla verde. Puedes reducir la cantidad de infusión de lavanda y aumentar la de aceite de almendras.

Piel madura

La lavanda contiene antioxidantes que ayudan a retrasar la aparición temprana de arrugas. A esto hay que sumar su acción regenerativa.

Sus activos hacen de esta planta un gran antioxidante que contribuye a reducir la aparición temprana de arrugas, favorece la regeneración de la piel y aporta un extra de hidratación.

Frecuencia de uso y momento de aplicación

Se recomienda usar esta mascarilla una o dos veces por semana, dependiendo de las necesidades de tu piel.

La mascarilla si tienes la piel grasa puedes hacerla una vez por semana, si tienes la piel seca y sensible cada diez días es mucho mejor.

El paso previo para hacer una mascarilla facial es una exfoliación suave de la piel. De verdad, una exfoliación no lleva mucho rato y hará que la mascarilla pueda cumplir su función mucho mejor.

Esta mascarilla es ideal para esos días de ajetreo que parece no tener fin. Mientras esperas que la mascarilla actúe túmbate cómodamente con una música tranquila de fondo.

Precauciones antes de aplicar la mascarilla

Si no estás seguro de si eres alérgico a la crema de lavanda, lo mejor que puedes hacer es realizar una prueba de parche.

Escoge una zona de tu piel que sea sensible, usualmente se usa la parte interior del codo o detrás de la oreja, ya que la piel ahí es más fina y reaccionará más rápido si hay alguna alergia.

Limpia bien la zona donde vas a aplicar la crema, sécala suavemente. Aplica una pequeña cantidad en esa área de tu piel.

Espera unas 24 horas. Durante este tiempo, trata de evitar que esa zona entre en contacto con el agua o cualquier otro producto.

Pasado ese tiempo, revisa cómo está la piel en esa zona. Si ves enrojecimiento, picor, inflamación o cualquier otro signo de irritación, es posible que seas alérgico a alguno de los componentes de la crema.

En ese caso, es mejor que no uses la crema. Si no ves ninguna reacción, puedes empezar a usar tu crema con tranquilidad.

Evita aplicar la mascarilla en el contorno de ojos y no la utilices sobre heridas abiertas o zonas con irritación intensa. Si aparece ardor persistente, picor, inflamación o enrojecimiento, retírala con agua y suspende su uso.

¿Aceite esencial o esencia aromática de lavanda?

¡No son lo mismo! Aunque ambos se pueden utilizar para perfumar hay muchas diferencias entre ellos.

En primer lugar hay que destaca que el aceite esencial de lavanda es un producto completamente natural que, además de aportar aroma, tiene muchas propiedades beneficiosas para el cuidado de la piel y el cabello.

Mientras, la esencia aromática recrea el aroma de la planta y solo se puede utilizar para perfumar tus elaboraciones. En su caso, no tiene propiedades, así que solo aporta un agradable olor a lavanda.

Si quieres hacer productos naturales entonces tienes que decantarte por el aceite esencial de lavanda. Eso sí, en ambos casos es muy importante respetar la dosificación y las indicaciones del fabricante.

Otras formas de utilizar la lavanda en el cuidado personal

La lavanda también se utiliza para hacer jabones, limpiadores, cremas, agua micelar, mousse corporal, aceites de masaje, baños relajantes, velas de lavanda, saquitos aromáticos y brumas de almohada.

El aceite esencial de lavanda destaca por su acción antiinflamatoria, antiséptica, cicatrizante y drenante. Además, tiene propiedades relajantes y un agradable aroma.

El extracto de lavanda destaca por su acción seborreguladora, antiséptica, relajante y antiinflamatoria. Ayuda a purificar la piel, por eso es ideal para hacer cosméticos destinados a las pieles grasas o con tendencia al acné.

Las flores secas o en polvo son una opción ideal para hacer saquitos aromáticos. Además se usan para decorar jabones, velas y también se pueden utilizar para hacer macerados naturales, tónicos y decocciones.

Baño relajante de lavanda

La lavanda ayuda a calmar los nervios, sobre todo en casos de ansiedad, irritabilidad e insomnio. También tiene una importante acción antiséptica, cicatrizante y calmante sobre la piel y se aplica en baños para tratar dolores reumáticos, infecciones o heridas.

  • Flores de lavanda secas: 1 cucharada
  • Flores de caléndula: 1 cucharada
  • Sal de Epsom: 1 cucharada
  • Leche de cabra en polvo: 1 cucharada
  • Sal rosa del Himalaya: 1 cucharada
  • Bolsas de té

En un recipiente limpio, mezclamos las flores: una cucharada de lavanda seca y otra de flores de caléndula.

Añadimos las sales, una cucharada de sal rosa del Himalaya y otra de sal de Epsom, y la leche de cabra en polvo y removemos bien.

Rellenamos las bolsas de té, las cerramos y las dejamos preparadas para utilizarlas en el baño.

Llena la bañera con agua tibia e introduce la bolsita que acabamos de hacer. Deja que haga su efecto durante unos minutos antes de sumergirte.

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Bruma de almohada

Medir 100 ml de agua desmineralizada y añadir 50 ml de agua de lavanda. Mezclar bien y reservar.

En otro recipiente, medir 5 ml de alcohol y añadir 40 gotas de aceite esencial de lavanda. ¡Recuerda que hay que respetar esta proporción!

Verter esta mezcla sobre las aguas y agitar bien durante varios minutos para que se integre por completo.

Agita la bruma de almohada antes de utilizarla. Para usarla solo hay que pulverizar unas gotas sobre la almohada antes de irse a dormir para que ayude a conciliar el sueño.

Crema casera de lavanda

Para preparar esta maravillosa crema necesitarás muy pocas cosas, pero es necesario que todas ellas sean de calidad:

  • Flor de lavanda seca: 2 cucharadas bien llenas
  • Aceite vegetal, preferiblemente de almendras o coco: 1 taza
  • Cera de abeja: aproximadamente 28 gramos

Toma dos cucharadas de flores de lavanda secas y colócalas en un frasco de vidrio. Añade una taza de aceite vegetal.

Deja que la mezcla repose durante 3-4 semanas en un lugar fresco y oscuro, agitándolo de vez en cuando.

Una vez pasado el tiempo de maceración, filtra el aceite para retirar las flores.

En un recipiente a baño María, añade la cera de abeja y el aceite infusionado. Revuelve bien hasta que la cera de abeja se derrita por completo y se mezcle con el aceite.

Retira del fuego y deja enfriar unos minutos. Luego, revuelve nuevamente y viértelo en un recipiente limpio.

Espera a que se solidifique, ¡y ya tendrás lista tu crema de lavanda casera!

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