Las personas depuradas por Mussolini fueron, sobre todo, opositores políticos, disidentes fascistas, periodistas, funcionarios, judíos y ciudadanos excluidos de la vida pública mediante la violencia, la policía política, el exilio, el confinamiento y las leyes raciales. La dictadura desmanteló progresivamente el Estado liberal, eliminó la competencia electoral y convirtió la persecución en un mecanismo permanente de control social.
La represión no se limitó a los asesinatos políticos. El régimen clausuró periódicos, disolvió partidos, sustituyó los ayuntamientos electos por administraciones designadas, expulsó a miles de italianos al exilio o al confinamiento y, a partir de 1938, excluyó a los judíos de la educación, el Ejército, la banca, las organizaciones culturales, la propiedad de grandes compañías y terrenos y determinados derechos civiles.
La llegada al poder y el inicio de la depuración política
Uno de los primeros actos que Mussolini llevó a cabo con la finalidad de dominar Italia se sucedió en 1922. Ese año, partió junto a sus seguidores sobre Roma en un intento de hacerse con el poder. «La marcha marcó el final del régimen parlamentario y el principio del fascista, aunque la manera en la cual se convirtió en jefe de gobierno estaba paradójicamente de acuerdo la constitución italiana. Podemos decir que fue un golpe de estado sui generis», afirma Álvaro Lozano, autor de «Mussolini y el Fascismo italiano» (Marcial Pons, 2012).
Concretamente, Mussolini partió sobre la ciudad junto a 40.000 de sus aliados con la intención de presionar al rey Víctor Manuel III para que le permitiera encabezar el gobierno italiano. Por su parte, el monarca, en lugar de convocar al ejército y acabar con los fascistas, le entregó el país en bandeja. Gracias a la intimidación, Mussolini se había hecho con el poder.
«Es posible que, dado que los principales políticos italianos parecían aceptar que Mussolini entrase en el Gobierno, no tuviera mucho sentido resistirse. El rey sabía bien que el Ejército contaba con muchos simpatizantes fascistas y que no sería fiable en caso de crisis, además del riesgo evidente de que se provocaran embarazosos actos de insubordinación. La resistencia a los fascistas podía haber ocasionado una guerra civil de la que el rey hubiera sido considerado el responsable», destaca el experto.

La violencia contra los opositores y el asesinato de Giacomo Matteotti
Tras la llegada del «Duce» al gobierno, se sucedieron una serie de elecciones, las cuales estuvieron marcadas por la presión y la violencia de los seguidores de Mussolini hacia sus opositores políticos. Uno de los casos de asesinato más misteriosos se produjo precisamente bajo este contexto en 1924.
Ese año se acaban de suceder los últimos comicios electorales, que habían dado la victoria a Mussolini. No obstante, tras el recuento, el diputado socialista contrario al fascismo Giacomo Matteotti dio un discurso en el que se atrevió a desvelar la intimidación a la que habían sido sometidos por parte de los seguidores del «Duce».
Esas fueron sus últimas palabras, pues al día siguiente fue raptado y asesinado por tropas fascistas. En la actualidad, se sabe que fueron sicarios fascistas los que raptaron y dieron muerte al político, pero no se llegó nunca a probar que fuera Mussolini el que ordenara su asesinato.
«A pesar de que todos los indicios apuntan a Mussolini, hasta hoy no se han podido encontrar evidencias concluyentes de que fuera éste quien dio la orden directa de ejecutar a Matteotti», afirma Lozano. «Sin embargo, los hechos apuntan, al menos, a la culpabilidad moral y política del "Duce".»
La pista del automóvil utilizado en el secuestro llevaba a los colaboradores más próximos a Mussolini. El líder del comando que raptó a Matteotti era el organizador de un grupo que operaba desde el Ministerio del Interior y que ya había propinado numerosas palizas a opositores y a disidentes fascistas.
«Además, uno de los implicados en el crimen era Cesare Rossi, que trabajaba en el gabinete de prensa de Mussolini y Giovanni Marinelli, un miembro destacado del Partido Nacional Fascista. Lo que en un principio parecía un crimen perfecto, se convertía en una chapuza que parecía llevar directamente a Mussolini», explica Lozano.
Con todo, se tiene constancia de que, «al término del discurso de Matteotti contra los fascistas, Mussolini comentó en público ante el jefe de la policía secreta fascista que la persona que lo había pronunciado no debía "seguir en circulación"».

Las «Leyes fascistísimas» y la destrucción del Estado liberal
Por otro lado, una de las primeras reformas que el «Duce» llevó a cabo tras hacerse con el poder en Italia fue la aprobación de una serie de normas conocidas como las «Leyes fascistísimas». «Eran un conjunto de decretos que desmantelaron el viejo estado liberal que heredó Mussolini y pusieron el esqueleto de lo que iba a ser el estado fascista», explica Iñigo Bolinaga, autor de «Breve historia del fascismo» (Nowtilus, 2008).
«El 25 de noviembre de 1926 se aprobó este paquete legislativo que incluyó, entre otras medidas, la creación de un Tribunal de Delitos Políticos y de una policía política, la Obra Voluntaria de Represión Anti-fascista (la OVRA), el restablecimiento de la pena de muerte, la disolución definitiva de los partidos y el cierre de numerosos periódicos», explica el experto.
Estas medidas afectaron especialmente a quienes se oponían al fascismo, a los periodistas críticos, a los militantes de partidos disueltos y a los propios fascistas considerados disidentes. Unos 300.000 italianos se exiliarían; otros 10.000 fueron confinados en islas alejadas (Lípari, Ustica…) o en pueblos remotos e insalubres.
| Instrumento de represión | Consecuencia |
|---|---|
| Tribunal de Delitos Políticos | Persecución judicial de los opositores |
| OVRA | Creación de una policía política |
| Disolución de partidos | Eliminación de la oposición organizada |
| Cierre de periódicos | Control de la información pública |
| Confinamiento | Destierro a islas o pueblos remotos e insalubres |
| Pena de muerte | Restablecimiento de la máxima sanción penal |
La sustitución de los gobiernos locales
En 1926, el régimen suspendió todos los Ayuntamientos electos y los sustituyó por otros designados desde arriba, a cuyo frente se nombró, con las funciones de los antiguos alcaldes, a una “podestà”. Así, Prefectos (gobernadores civiles) y jefes locales del Partido Nacional Fascista integraron la administración local y provincial.
La depuración alcanzó de este modo a las instituciones municipales y provinciales. Los representantes elegidos por los ciudadanos fueron reemplazados por autoridades dependientes del régimen, mientras que la administración local quedó integrada en la estructura del Partido Nacional Fascista.
El final de las elecciones competitivas
Apenas dos años después, Mussolini volvería a «decretar» una ley que mejoraba notablemente su posibilidad de ser elegido electoralmente. En 1928 cambió el sistema electoral y estableció que, partir de entonces, se llevaría a cabo un plebiscito sobre una lista única elaborada por el Gran Consejo Fascista.
«En las elecciones de 1929, las elecciones eran ya una farsa. El Parlamento era una cámara oficialista sin más funciones que la aclamación de las disposiciones legales del gobierno», afirma el creador de «Mussolini y el Fascismo italiano».
La exclusión política no se produjo únicamente mediante detenciones o asesinatos. También se realizó eliminando las condiciones que permitían la participación democrática, impidiendo la existencia legal de partidos rivales y reduciendo el Parlamento a una institución subordinada al Gobierno.

La policía política y el control de la sociedad
La creación de la OVRA y del Tribunal de Delitos Políticos convirtió la persecución de la oposición en una política institucional. La violencia de los grupos fascistas, las investigaciones policiales, los procesos judiciales y el confinamiento formaron parte de un mismo sistema de intimidación.
La depuración también afectó a los disidentes fascistas. El líder del comando que raptó a Matteotti era el organizador de un grupo que operaba desde el Ministerio del Interior y que ya había propinado numerosas palizas a opositores y a disidentes fascistas.
El régimen, por tanto, no toleraba únicamente la oposición externa. También vigilaba y castigaba las desviaciones dentro del propio movimiento fascista cuando podían debilitar la autoridad de Mussolini o cuestionar la disciplina del partido.
La persecución racial y la exclusión de los judíos
El culmen del régimen del «Duce» se produjo con su acercamiento al nazismo antes de la Segunda Guerra Mundial. De forma concreta, Mussolini decretó durante esos años una serie de leyes raciales en contra de los judíos a pesar de que siempre había afirmado que Italia nunca viviría el racismo.
«La primera muestra de que el régimen estaba siendo influenciado por el nazismo apareció en 1938 cuando se otorgó el visto bueno a la publicación del “Manifiesto de los científicos raciales”. En el mismo se señalaba, de forma sorprendente y absurda, que: «El pueblo de la Italia actual es de origen italiano y su civilización es aria […]. Ya existe una raza italiana pura. […] los judíos no pertenecen a la raza italiana”», añade Lozano.
Junto a estas leyes, se publicó además Il Diritto Razzista. «Era una ley racial que introducía medidas para "proteger a la raza italiana". Su contenido era una copia exacta de las Leyes de Núremberg, introducidas en Alemania dos años antes», sentencia el autor.

Exclusión de la educación pública
A partir de ese momento, los judíos empezaron a ser expulsados de cientos de lugares. En agosto de 1938, por ejemplo, los judíos nacidos en el extranjero fueron excluidos de los colegios públicos.
Al mes siguiente la prohibición se extendió también a aquellos alumbrados en Italia. También fueron excluidos de la enseñanza en los colegios públicos y se establecieron colegios privados para estudiantes judíos.
Expulsión de organizaciones y limitaciones económicas
Algunos meses después, también se expulsó a los judíos de las organizaciones culturales y no se les permitió ser los poseedores de grandes compañías o terrenos.
Desde noviembre de 1938, se les prohibió contraer matrimonio con no judíos o tener sirvientes “arios”. A los judíos también se les apartó de los puestos en el Ejército y la banca.
Propaganda y justificación de las medidas discriminatorias
Se ordenó a los italianos que tenían que aprender a sentirse como una raza superior. Los periódicos se vieron obligados a publicar artículos justificativos de las medidas discriminatorias y se prohibió que se diera a conocer la protesta que expresó el Papa.
| Grupo o ámbito afectado | Medida de exclusión |
|---|---|
| Estudiantes judíos | Exclusión de los colegios públicos |
| Organizaciones culturales | Expulsión de los judíos |
| Grandes compañías y terrenos | Prohibición de ser sus poseedores |
| Matrimonios | Prohibición de contraer matrimonio con no judíos |
| Servicio doméstico | Prohibición de tener sirvientes “arios” |
| Ejército y banca | Exclusión de los puestos |
| Prensa | Publicación obligatoria de artículos justificativos |
La guerra colonial y el uso de armas químicas
A nivel militar, el «Duce» cometió varios crímenes de guerra al hacer uso de armas prohibidas para acabar con sus enemigos. «Mussolini ya había hecho uso de armas químicas en la guerra de Etiopía, como el gas mostaza, lo que contravenía las disposiciones jurídicas de la Convención de Ginebra», explica en este caso Bolinaga.
La violencia ejercida por el régimen no se dirigió únicamente contra los opositores italianos. La expansión colonial y las campañas militares extendieron la represión a los pueblos sometidos por Italia, dentro de una política imperial que también utilizó medios prohibidos por las normas internacionales.
El proyecto imperial y la militarización del régimen
Varios años después, en 1936, Mussolini volvió a convertirse en el protagonista del mundo cuando anunció la salida de Italia de la Sociedad de Naciones (creada tras la Primera Guerra Mundial para tratar de promover una paz duradera en el mundo).
A partir de ese momento, su intención fue en todo momento dominar el Mediterráneo. «El Duce estaba decidido a desarrollar y expandir el imperio colonial en África y a lograr una esfera de influencia en los Balcanes. “El Mediterráneo, para los mediterráneos”, afirmó en una ocasión», completa el experto.
La política exterior fascista reforzó la concentración de poder, la exaltación del líder y la subordinación de la sociedad a los objetivos militares. La represión interna y la expansión imperial formaron parte de una misma concepción del Estado fascista.
Benito Mussolini- Discurso De Bari de 6 de setembro de 1934
La propaganda del «Duce» y la construcción del líder
Si hay algo que el fascismo hizo muy bien fue hablar de sí mismo. La propaganda fascista fue muy eficaz porque era primitiva, sencilla y directa. La retórica del «Duce» fue una revolución mundial, y por eso sus mensajes y su lenguaje siguen circulando con fuerza hasta hoy.
Mussolini fue el primero en entender la importancia de los medios de comunicación y del contacto directo con las masas. Luego tanto Hitler, quien declaró su admiración por Mussolini, como las democracias occidentales entienden la importancia de visibilizar al líder.
El «Duce» celebraba periódicamente discursos desde el balcón de Palacio Venezia, en Roma, a los que asistían miles de personas. La propaganda presentaba al dictador como un dirigente fuerte, cercano al pueblo y capaz de resolver problemas complejos mediante decisiones simples.
En las imágenes de propaganda más comunes del fascismo aparecía Benito Mussolini mientras realizaba trabajos manuales como cortar el trigo en el campo.
Los mitos sobre las supuestas obras del fascismo
En Italia, una de cada cinco personas cree que "Mussolini fue un gran líder que solo cometió algunos errores", según una encuesta del centro estadístico Eurispes de enero de 2020. Es decir, 75 años después de la muerte de "Il Duce" y casi 100 desde su toma de poder, millones de italianos creen que a Mussolini le deben el actual sistema de jubilaciones, la construcción de carreteras y acueductos o la reducción de los índices de criminalidad.
En definitiva, muchos italianos creen que el legado de Mussolini no es tan negativo, sobre todo si se le compara con la clase política actual. Pero, ¿son ciertas todas estas creencias?
Según Francesco Filippi (Italia, 1981), historiador de las mentalidades y colaborador de la Universidad de Trento, no. En su libro, titulado irónicamente Mussolini ha fatto anche cose buone ("Mussolini hizo también cosas buenas", en castellano, editorial Bollati Boringhieri), Filippi explica cómo se generaron las que él define como "fake news del fascismo" y por qué consiguieron circular casi intactas hasta hoy, imponiéndose en las redes sociales y en los discursos públicos.
El mito de las jubilaciones
Uno de los convencimientos más sólidos en Italia es que Mussolini introdujo el sistema de jubilaciones para los ancianos. En realidad existían desde el 1895, ¡cuando el "Duce" tenía 12 años!
Pero insistir en que Mussolini introdujo las jubilaciones quiere decir contar el cuento del dictador que quiso mucho a nuestros abuelos y que les dio seguridad. Es dibujar el perfil de un atento arquitecto de una sociedad que piensa en los más débiles. Es mostrarlo como un dictador simpático.
La imagen del dictador protector
Seguramente, la madre de todas las fake news sobre Mussolini es la que pinta al "Duce" como un dictador bueno, que quiso a su pueblo, como si hubiese sido un padre para toda la nación.
En realidad, fue él quien, con sus decisiones, mató a más italianos en las historia del país, que provocó una guerra en la que murieron centenares de miles de personas, que causó daños irreparables al patrimonio cultural, social y económico de este país.
Eso muestra que Mussolini odiaba a una parte de sus "súbditos". Por suerte nunca hubo un genocidio del pueblo italiano, pero podemos decir que el fascismo fue el momento en el que el pueblo italiano en su totalidad estuvo más en peligro.
Por qué persiste la imagen positiva del dictador
Hay dos razones principales. Por lo que respecta a la primera, parte de la culpa la tenemos los historiadores. Porque si, 75 años después de su muerte y a pesar del enorme número de libros publicados, aún se desconoce la verdad, quiere decir que hay una separación entre la academia y la sociedad, y nosotros tenemos parte de responsabilidad.
Un segundo problema es cómo la figura del hombre fuerte, del padre autoritario, atrae a las sociedades cuando atraviesan períodos de crisis. Hay períodos en los que las personas necesitan respuestas sencillas a problemas complejos.
Es lo que yo llamo "infantilismo social": así como los niños, delante de determinados problemas, no quieren entender de soluciones difíciles, algunas sociedades, en determinados momentos, esperan que un adulto les resuelva los problemas con una varita mágica.
En el momento en que personajes históricos como Mussolini consiguen encarnar ese papel de solucionador de problemas, a la gente ya no le importa si eso es verdad o no, porque se siente tranquilizada.
La generación más joven está comprimida entre un presente en constante mutación y un futuro incierto, donde sus condiciones de trabajo y de vida serán peores que las de sus padres. Entonces, no le queda otra que refugiarse en un pasado mítico, tranquilizador, aunque sea falso: un pasado donde, por ejemplo, se podía salir de casa dejando la puerta abierta o donde todos vivían mejor.
En realidad, ese pasado sirve para proyectar las esperanzas que el presente y el futuro no pueden cumplir.
La caída del régimen y el final de Mussolini
La fama de amante desenfrenado y símbolo sexual de Mussolini era bien concida en toda italia durante su tiempo en el poder. Es más, su atractivo sexual, era una forma de imponer su dominancia, si ningún hombre podría igualar sus hazañas en la cama, ningún hombre podría disputarle el poder.
Y así fue, por muchos años, hasta que el desastre militar de la campaña italiana durante la Segunda Guerra Mundial hiciera caer al régimen fascista que lideraba en julio de 1943.
Bajo el amparo de Hitler, el ex líder en fuga creó durante un breve tiempo una nueva república que intentó comandar desdel norte del país, un estado títere del Tercer Reich que se desmoronaba.
En su última huída, su convoy fue detenido por un grupo de partisanos comunistas. Mussolini fue fusilado el 28 de abril de 1945 junto a Clara Petacci, quien prefirió morir a su lado antes que abandonarlo.
Fue el último acto de la parábola retórica del fascismo, de la relación corpórea entre el dictador y la muchedumbre. Esa misma muchedumbre que lo había apoyado se siente ahora traicionada y humillada pero también huérfana, y se rebela contra ese padre y se ensaña con su cuerpo. Fue el fascismo que se devoraba a sí mismo.

Los cuerpos del "Duce", de su pareja Claretta Petacci y de otros fascistas fueron colgados por los pies y expuestos en Piazzale Loreto de Milán el 29 de abril de 1945.
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